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Kinokodearu - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - Capítulo 43: Cuerpos de Demonio
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Capítulo 43: Cuerpos de Demonio

—¡Y así fue como le di su merecido a ese bravucón!- Alex exclamó, con los ojos brillando y el puño levantado hacia el cielo, demostrando orgullo.

—Lo haces sonar increíble.- Zakko oía atento las historias que el pelirrojo le relataba.

—¡Es que lo soy!- Alex se sintió bien cuando Zakko lo halagó, y lo exageró aún más haciendo una pose extravagante llevándose una mano a la cadera y la otra a su frente, además de una gran sonrisa.

Zakko pese a lo impresionante que se escuchaba Alex, no entendía de dónde sacaba tanta energía. Llevaban bastante tiempo caminando juntos, y nunca paró ni de gritar ni de hacer poses o gestos demostrativos de lo que contaba.

—¿Y qué fue de esos niños?- Zakko interpeló a Alex.

—¿Eh? No tengo… idea. Fue hace mucho, yo… me fui de ese colegio.- Alex recuperó la postura, y siguió avanzando junto a Zakko, con un tono opuesto al que llevaba manteniendo todo el recorrido que dieron.

—¿Por qué?

—Nah, sucedieron cosas entre medio. Nada que me apetezca… ya sabes, comentar.- Alex llevándose la mano a un lateral del cuello, contestó. —Pero yo seguí entrenando. ¡Sé mucho más que antes!- Pese al momento raro, no tardó nada en retomar el ánimo de siempre.

En el momento en el que Alex se mostró más desanimado, Zakko entendió que no era buena idea preguntarle nada al respecto. Motivo por el cual creyó buena idea simplemente hacerle una pregunta para que él siguiese presumiendo sus habilidades.

—¿Y te consideras fuerte?

—¡Por supuesto que sí!- Alex intentó mostrar los músculos de su brazo forzándolos, mas no se mostraba ni un poco. —El problema es que mi cuerpo cambió cuando llegué a aquí.- Murmuró, al recordar ese detalle.

—¿A qué te refieres con eso?- Zakko no entendió del todo su frase.

Alex lo observó un par de segundos sin decirle nada, pretendiendo recordar algo que debería ser importante.

«Mmm… yo sé que algo… debería ser capaz de rememorar… ah…».- Alex se tomó su tiempo haciendo gestos de estar pensando. Hasta se llevó la mano al mentón y hacía ruidos leves.

Era tan extraña la situación que Zakko se limitó a verlo los primeros segundos y luego a desviar la mirada a cualquier sitio como para no interrumpir su momento.

«¡Ah, claro! ¡Sein me dijo que no quería contárselo todavía!».- Alex consiguió recordar, volteando a Zakko. «¿Entonces qué le digo yo a este chaval?»

Transcurrieron unos cuantos segundos, hasta minutos, en los que Alex miraba a Zakko, para luego no decir nada y cambiar de dirección. Una vez perdió la mirada en la dirección de Zakko, y este agitó las manos en su rostro.

—¿Hola? ¿Hay alguien… ahí?- Zakko no entendía porqué dejó de hablar de repente.

Sin embargo, Alex no reaccionó.

—¡Ah!- Tardó bastante en darse cuenta de lo que sucedía. —¿¡Qué pasa!? ¿¡A quién debo de golpear!?- Alex movió la cabeza hacia todos lados para descubrir quién era el rufián que se entrometía en su camino… de ser el caso en el que un rufián se entrometía en el camino.

—No, a nadie… todavía.- Zakko quiso calmarlo, aún con lo extrañado que estaba.

—¿¡Qué me habías dicho!?

—Que a q-

—¡Ya recordé!- Alex interrumpió a Zakko. Como voceaba tan fuerte, Zakko se rindió al instante en el que habló por encima de él. —¡Fue tan largo el viaje desde mi tierra natal que perdí masa corporal!- Fue la mejor excusa que se le ocurrió, y la disfrazó con su comportamiento.

«¿Eso siquiera es posible?».- Zakko cuestionó en su cabeza, observándolo. «Aunque algo me dice que será mejor si le creo…»

—¡Yo solo podría acabar con la demonio de la que tanto hablas!- Alex hizo un comentario, demostrando lo seguro que estaba de lo fuerte que es.

Zakko solo lo miró un rato.

—¿Tu estadística favorable es… fuerza?

—¿Estadísti-qué? ¿Qué coño es eso?

Consulta que dejó frío al veniz.

—¿Sabes siquiera usar magia?- Zakko interrogó a quien le acompañaba.

—¡Por supuesto! ¡Soy un maestro del fuego! ¡Podrías hasta llamarme…!- A Alex no se le ocurrió nada. —Flame Master… no espera, suena raro… aunque en español es hasta peor, creo yo. No tiene aura, es lo que sucede. Debería conseguirme un nombre que me identifique en este mundo, así como Sein o Kairo…- Tuvo un monólogo en voz baja, aunque por sus gestos era más que obvio que estaba nada más que parloteando.

—¿Tu elemento es el fuego?- Zakko se interesó en ese primer detalle mencionado.

—¿Cómo que “mi elemento”?

—¿Usas fuego, no?- Zakko quiso cuestionar de forma más directa.

—¡Sí!

—¿Qué… qué tanto?

Apenas Zakko dudó de la habilidad de Alex con su magia, este la empleó hacia el frente, invocando una llamarada más que bien concentrada, que tomaba una forma distinta al llegar a un punto, volviéndose un círculo de llamas.

Comenzó a jugar con su fuego, transformándolo en distintas cosas. Al inicio era un círculo de llamas, luego se volvieron anillos de fuego, además de ajustar tamaños distintos con facilidad.

—¿¡Q-Q-Qué!? ¿¡Pero cómo sabes usar tanta magia si no sabes ni a qué me refería con la estadística!?- Zakko más que sorprendido, lo interpeló.

Alex rio con soberbia.

—¿Qué te dije, mi pequeño amigo?- Alex ignoró todas las dudas de Zakko para solo enfocarse en su enorme sorpresa como un halago.

En su cabeza, Zakko se veía como un pequeño monigote de cabello celeste con la boca abierta hecho en paint. Y al lado, él, hecho a mano y completamente realista, sujetando una llama pequeña en honor a su fuego interno.

—¡Responde!- Zakko se cansó de que ignorase sus dudas y le gritó, sacándolo así de su burbuja mental.

—¿Ah?- Alex expresó para dar a entender que no prestó atención a nada de lo que le dijo.

Zakko se llevó las manos a la frente, comprendiendo que de verdad no estaba prestando atención.

—¿Cómo sabes tanto?- Zakko reiteró su cuestión, con más calma.

—Pues… entrenando, ¿No?- Alex quiso inventarse una excusa, pues para él no fue tan difícil aprender nada, como lo hacía parecer el veniz.

—¿Sin nada en específico? ¿Solo… tirar fuego y ya?

—¿Cómo aprendiste magia tú?

—Bueno, haciendo… lo que dije, ¡Pero yo no sé hacer nada de lo que hiciste tú!

—Yo… bueno, si te dijera que no sé cómo hice las cosas… quizá te esté mintiendo. Si te dijese que son visiones que vienen a mi cabeza y yo las ejecuto como si nada… tal vez te esté mintiendo también.

—¡Responde bien!- Zakko se estresó, pidiéndole que responda directo.

—Solo repliqué cosas que sé de mi madre y mi padre. De mi padre sobre todo.

—Pero…- Zakko seguía sin creerle del todo. —Bueno, supongo que eres talentoso y ya. Qué bien.

Hubo un silencio que permaneció durante unos cuantos pasos.

«De verdad me alegro de haberme encontrado con alguien fuerte ahora. Me siento mucho más seguro».- Zakko concluyó para sí, evitando subirle el ego a Alex diciéndolo en voz alta.

Pese al rato que caminaron, no encontraban nada. De hecho, se devolvieron al mismo punto en el que empezaron varias veces ya que Zakko quería comprobar si alguno de su grupo aparecería por allí, de casualidad.

Del otro lado del abanico, Ive se encontraba decapitando a un cuerpo de Sacqui, que se deshizo tan rápido como le cortaron el cuello, esparciéndose en líquido de tonalidades oscuras con blanco.

—¿Es como la tercera, no?- Izu cuestionó, aburrido.

—Sí. La tercera desde que me sigues.- Ive afirmó, guardando su espada en la funda que cargaba en su espalda.

—¿Cuánto tiempo pasó?

—No tengo idea. Justo hoy es uno de esos días en donde no puedo medir la hora con el sol.- Ive mencionó, ya que el sol seguía expuesto, en un atardecer que parecía eterno.

—¿Un atardecer prolongado?- Izu cuestionó la forma en la que lo llamaban, ya que él la conocía así. —Aunque… por lo menos es útil. Sería peor si estuviese todo oscuro.

—Es un punto.- Ive le dio el punto y retomó la caminata, sin esperar a que lo siguiera o no.

Izu avanzó en la misma dirección que ella, solo que desde atrás.

—Al menos eso quiere decir que no estamos en alguna habilidad de la demonio.- Ive murmuró, sacando conclusiones. —Pese a que no haya nada… y solo nos encontremos cuerpos de Sacqui por ahí.

—¿Dices que podría ser una de esas técnicas de… atmosfera espiritual?- Izu la interpeló.

—Ajá, sí. Esa cosa.

—No lo estamos, no. O… eso creo. Aunque de todas formas no somos capaces de ver nada más que Sacquis débiles. Ya incluso hablamos con otros guardias civiles que dicen tampoco saber nada. Nadie ha actualizado de algún encuentro o alguna pista, ni siquiera saben lo que nosotros sabíamos.

—Eso quiere decir que o no hay mucha gente por aquí, o…

—¿Murieron?

—Es posible. Los clones de Sacqui… ¿Serán solo magia o…?

—¿Qué quieres decir?

—No lo sé. ¿No viste el primero que nos encontramos? Aún tenía pintas de ser otra persona distinta.- Ive recordaba, intentando argumentar su pensamiento.

—Seguía siendo similar a Sacqui.

—Pero la forma la adoptó mientras peleábamos. En el momento en el que la encontramos… no era así.

—Yo creo que estás loca.- Izu desconfiaba de las ideas que Ive expresaba.

—Estoy sacando conclusiones.

—Conclusiones de loca.

—Bueno, pero pensar algo es mejor que no pensar en nada.

—Deberías pensar… no sé, algo… útil por ejemplo.

—¿¡Cómo qué!?- Ive estaba a casi nada de explotar por el estrés.

—¿Tenías relación con la guardia civil, no? ¿No se te ha ocurrido involucrarla?- Izu, sin quererlo, derramó la gota que colmó el vaso en la paciencia de la chica de pelo cafe.

«¿Y a ti no se te ha ocurrido cerrar la puta boca…?».- Pensó Ive al instante, mas no lo dijo en voz alta. Aunque ganas no le faltaban.

Ive se detuvo un momento, con la vista fija hacia delante. Suspirando y molestándose por la presencia de Izu en su camino. Sobre todo por cómo la cuestionaba. Tras un momento libre en el que su cabeza hizo una lluvia de ideas provenientes de la rabia que sentía, creyó que intentar ahuyentarlo diciéndole cosas que le molestasen a él no era tan mala idea.

—¿Te llamabas… Izu, verdad?

—Sí, así mismo. Bueno, no es mi nombre, es como mi apodo, aunque es casi que mi nombre…

Ive se detuvo y se volteó para verlo.

—Izu. ¿Por qué me estás siguiendo?- Ive lo cuestionó, salvando distancias.

—¿Otra vez esa pregunta?- Izu comentó en voz baja. —Busco a Shin. Tú misma dijiste que era mejor ir en grupos para que no nos perdiéramos uno por uno.

—Sí, eso te dije yo. Pero… no te he visto con muchas ansías de buscar a tu amiga, solo me estás siguiendo. Yo no estoy buscando a tu amiga, a mí me da igual.

—¿Y por qué te detienes ahora por esto? Sé que no la buscas, pero… si encontramos a la Sacqui real, entiendo que… sabré qué habrá pasado con ella. Sigue siendo mejor que vaya contigo.

Ive se acomodaba su ropa, a la vez que retrocedía con pequeños pasos.

—¿Sabes que si mi teoría fuese real… probablemente Shin se habría vuelto un cuerpo de Sacqui? Quizás ya la matamos.

Izu se quedó paralizado mientras veía a Ive.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Para qué me dices eso, para que deje de buscarla?

—No, solo quiero que te quede claro que existe esa posibilidad.

—¿Qué sentido tiene pensar en eso?- Izu se exaltó al momento.

—¡Relájate!- Ive llevó una de sus manos al mango de su espada, amenazando con sacarla.

—Tsk.- Izu realizó un chasquido de lengua para luego suspirar. —¿Y cuál es tu plan para encontrar a Sacqui rápido? ¿Caminar sin rumbo hasta que de casualidad se meta en tu camino?

—¿¡Qué idea tienes tú!?

—¿Por qué no seguimos el rastro que dejan los cuerpos de Sacqui en primer lugar? Aunque lleven a otro cuerpo, tarde o temprano se acabarían si según tú todos son personas transformadas y no clones generados con magia.

—¿Y si llevan a una trampa?

—¿Qué trampa va a hacer? ¿Llevarnos con su cuerpo real? ¿No sería mejor si ese es el caso?

—¡Estás hablando mucho para lo poco que ayudas! ¡No has hecho nada que yo no pudiese sola! ¿¡Y encima me cuestionas!?- Ive se molestó bastante, pero entró en calma al darse cuenta de que no era un lugar adecuado como para discutir por una estupidez. Dejó su espada dentro de la vaina y se tranquilizó de a poco. —Buscar a Shin no es mi problema, te lo repito. Encontrarla entiendo que será una consecuencia de mi objetivo… así que si quieres seguirme por eso… al menos sé más amable.

—Pero si yo no dije nada…- Izu aseguró, entrando en calma también. —Pero… ya en serio, ¿No crees que no tiene sentido… esto que estamos haciendo?

—Deja de cuestionarme.- Ive le pidió, entre tanto se volteaba para seguir caminando.

—Estoy haciendo una pregunta honesta.- A lo que Izu contestó mientras la seguía.

Ive se dio el tiempo de calmarse de verdad, sin contestarle. Al cabo de unos minutos se dio cuenta de lo alterada que estaba y que no era culpa de él. Estaba molesta justamente por no saber qué hacer en esta situación.

—Izu.- Luego de ese tiempo en silencio, lo llamó.

—¿¡Ah!? ¿Qué pasa? ¿Qué?- Izu estaba perdido en su mundo, intentando usar su magia de visión para observar algo, sin encontrar nada en específico.

—Perdón.

—¿Por qué?

—Por lo de recién.

—… No pasa nada. Me da igual.

—Creo que estoy estresada porque tienes razón. Y que me dijeses loca para empezar no ayudó… pero no quiero echarte la culpa por mi reacción. Lo siento.- Ive se dirigió a él y se inclinó para pedirle perdón como mejor sabía.

—Te dije que me da igual…- A Izu tampoco es que le afectara mucho lo que pudo decir. —No deberíamos perder el tiempo hablando estas estupideces, creo yo. ¿Quieres matarla, no? Siento que ya puedo usar mi magia de visión, encontrémosla.

—Si la encontramos… déjamela a mí.- Ive comentó, entre tanto retomaba el paso.

—¿Por qué?

—Quisiera matar a los demonios con mis propias manos. Es la primera que se muestra de una manera tan… llamativa, y quiero dar un mensaje para los otros tres.

—Suenas muy agresiva. Para variar.- Eso último lo murmuró Izu. —¿Estás tan empeñada en eso por algo en especial?- Izu quiso interrogar de su vida, a ver si así calmaba el ambiente entre los dos.

«A todo mundo le gusta hablar de sí mismo, ¿No?».- Izu repitió en su cabeza. Sin embargo, no tardó nada en percatarse de que Ive no lucía muy a gusto con la pregunta. «Puta madre. ¿Otro tema de conversación negativo?».- Dedujo.

Ive tenía la mirada perdida, pensando en nada en específico. Solo no quería contestar tan rápido.

«Me recuerda a cuando Shin evita contestar preguntas también. De hecho… me sé más o menos el patrón. Tarda sus segundos en pensar si contestar o no, y cuando se siente preparada…».- Izu analizaba laos movimientos de Ive.

Ive suspiró.

«Suspira, en efecto».- Izu se reafirmó. «Con eso cree que consiguió tiempo, por lo que sigue pensando si responder o no… hasta que toma la decisión de no responder diciendo algo como…»

—No te importa.

«No puede ser».- Izu no terminaba de creérselo. «Es el mismo patrón»

—Te llevarías bien con Shin.- Izu le dijo a Ive.

—¿Tú crees?

—Sí.

Continuaron caminando recto, hasta que llegaron a donde se deberían avistar guardias, no obstante, no lograban divisar a ninguno.

—¿No deberían haber guardias allí? Hay una barrera…- Ive cuestionó, acercándose a la barrera.

Izu no quería acercarse con ella, ya que desconfiaba bastante. Usó su magia de visión para intentar encontrar algo, comenzando detrás de él, procurando que nada les siguiese la pista. Luego observó los alrededores hasta que notó algo en un edificio a su derecha.

—¿Hay alguien ahí?- Ive voceó, por si es que se encontraban escondidos o algo así.

—Creo que hay gente dentro. No veo bien… solo veo siluetas, pero son similares a… personas.- Izu señaló al edificio a su derecha, mientras se lo comentaba a Ive.

—Entremos.

Rápido, Ive fue y pateó la puerta para entrar.

—¿Hacía falta patearla?- Izu preguntó de buena manera.

—No sé.- E Ive le contestó sin más, adentrándose. —¿Dónde los viste?

—No… sé.- Izu tampoco estaba seguro, ya que donde creía haberlos visto… no estaban.

El cero ruido que había en todos lados no ayudaba mucho a encontrar a nadie. Ive se adentró un poco más en un edificio que parecía ser una tienda de ropa, yendo más hacia el mostrador y abriendo unas puertas para ver si se hallaba alguien escondido.

Sin embargo, más cerca a la entrada, Izu siguió su visión hasta finalmente encontrar el sitio en donde tuvo esa visión. Encontró muchos cuerpos de civiles, incluso de guardias.

Aún con la sorpresa y los nervios a flor de piel, procuró que no hubiese nada cerca de él, echando una ojeada rápida a sus alrededores que pudiese atacarlo usando el lugar como cebo.

Izu intenta usar su magia de visión para no tener que ver de cerca, no obstante, al momento la zona se nubla. Ive se percata y hace un movimiento rápido sacando a Izu del local a la fuerza empujándolo junto a ella.

Juntos cayeron al piso fuera del edificio, e Izu fue el primero en levantarse, sin dejar ni un segundo de usar su magia de visión a pesar de que no sirviese.

—¿Qué fue eso?- Ive se levantó lo más veloz que pudo, y llevó su mano al mango de su espada, desenvainándola y estando alerta.

—¿Yo qué voy a saber?- Izu le contestó algo alterado.

Ninguno conocía de qué se podría tratar, solo les quedaba deducir lo más obvio: Sacqui.

Sospecha que no tardó en confirmarse en el momento en el que ambos oyeron a un abanico abriéndose sin cuidado, y la vieron a ella asomándose por la entrada del local.

—¿Ustedes no se cansan? ¿No tienen algo mejor que hac-

Ive con cero intenciones de oír lo que sea que tuviera que decir, usó magia para aventar su espada como un rayo en la dirección de Sacqui. Magia la cual evitó bastante fácil, por lo que acabó estrellándose contra la pared de adentro del edificio. Ive tuvo que hacer otro esfuerzo para recuperar su espada, llamando a la empuñadura con su magia, y creando la hoja con su magia elemental de rayo.

—¿Eso no tiene un filo real?- Izu cuestionó, algo confundido al respecto del arma de la castaña.

—No.- Ive negó de la forma más tajante que pudo, sin quitarle el ojo de encima a Sacqui.

—Qué… dúo más… molesto. ¿No pueden siquiera tener un momento para entablar una conversación?

—No tengo nada que hablar con los de tu índole. Basura.- Ive mucho más agresiva, se expresó ante ella.

—Qué jovencita tan grosera.- Sacqui comenzó a echarse aire con el abanico, dejando entrever siluetas en medio de las varillas, en la parte de la tela. Destacándose entre todas las siluetas, la de Shin.

—Shin…- Izu la visualizó.

—¿Dónde está?- Ive preguntó mientras la buscaba, al oírle, no consiguiendo encontrarla.

—Fíjate en su abanico.

Con las indicaciones de Izu, Ive fue capaz de concentrarse en las siluetas, viendo así la de Shin.

—¿De qué hablan sin mí?- Sacqui con una sonrisa y los ojos cerrados, interpeló entre tanto se seguía aireando con su abanico, esperando no interrumpir.

Ive suspiró, queriendo calmarse al saber que Sacqui tenía a la amiga del pelirrosa.

—¿De qué quieres hablar?- Ive interrogó.

—Si me fijo en tu mirada, deduzco que hay algo que me quieres preguntar. ¿Qué es?

«¿Se fijó en mi mirada? Si tiene los ojos cerrados…».- Ive sin quitarse la espada de las manos, frunció el ceño por tener que limitarse esta vez.

—¿Qué es ese abanico?- Ive no supo bien qué interrogar para sacarle información valiosa, por lo que cuestionó lo primero que se le vino a la cabeza.

—¿Este abanico?- Sacqui observó su propio abanico, descuidando por completo a los dos que tenía en frente, interpretando que no les convenía pelear, ya que si les diese igual la hubiesen atacado ya. —Es un abanico mágico. ¿Te gusta? Es bonito. Tiene un diseño floral que combina con mi vestido.

Ive se dio cuenta de que con su pregunta no iba a decir nada que les sirviese, mas tenía la cabeza en blanco, no se le ocurría nada mejor.

—¿Qué hiciste con mi amiga?- Izu alzó la voz.

—¿Tu amiga? ¿Esta chica?- Sacqui señaló a donde se divisaba la silueta de Shin. —Ella está en un lugar peor. Es una lástima que no sepas cómo regresarla y yo sí.

Sacqui se dirigía a ellos con una superioridad debido a que era consciente que tenía de rehén a gente que les importaba.

—¿Quieres algo de nosotros?- Izu aguantándose las ganas de atacarla, intentaba negociar con ella.

—¿Y si le dices a tu amiguita que baje el arma? No me puedo concentrar si tengo a alguien a tu lado que me apunta con su espada.

—¡Ive!

—Aj, está bien.- Ive envainó su espada mágica.

—¿Qué quieres?- Izu insistió a Sacqui.

—¿Yo? Absolutamente nada. No hago esto por un objetivo en específico. Solo… me gusta perder el tiempo… coleccionando gente que me parezca interesante.- Sacqui iba abanicándose entre tanto se alejaba lentamente. —¿Qué podría querer una mujer como yo en un lugar como este? Pueden ser muchas cosas. Lusiudá es una ciudad muy… preciosa y llamativa. Todas esas luces… estos edificios… es algo que me encantaría experimentar por mi cuenta… y sin embargo, ustedes no me dejan.

—No entiendo a qué punto quieres llegar con esto.

—¿Te has puesto a pensar en que yo también soy una persona? ¿Por qué todos ustedes me trat-

—¡Ustedes no son personas!- Ive vociferó apenas oyó esa frase, sonando molesta.

—¿Qué crees que haces?- Izu, quien pretendía escuchar a Sacqui, se alteró cuando la chica que tenía al lado le gritó a la demonio.

—¡No tienen ningún derecho de experimentar nada de lo que esta ciudad tenga para ofrecer!- Ive ignoró por completo a Izu, señalando con el dedo a Sacqui y contestándole cada vez más furiosa.

En ese mismo momento, la mirada de Sacqui cambió a una de decepción, dándose cuenta de que intentar conversar con ellos era caso perdido.

—¡Cálmate!- Izu le gritó a Ive, intentando sostenerla. Sin embargo, Ive lo empujó y desenvainó su espada de nuevo.

—¡No pienso confiar en un demonio! ¡Si lo del abanico es una habilidad mágica, desaparecerá si la mato!- Ive arremetió contra Sacqui, yendo a cortarle el cuello con apuro.

Momento en el que se dio cuenta de que no era un clon de Sacqui de los que iba asesinando por el camino. Esta Sacqui la alejó de sí misma impulsándola con viento de su abanico hasta las cercanías de unos locales.

—¡Ive!- Izu reaccionó preocupándose por ella.

Ive aterrizó sin dificultades, no obstante, sintió cómo un líquido caía desde su mejilla.

«Qué… rápida…».- Se sorprendió de lo veloz que fue reaccionando esta vez, al mismo tiempo que se puso la mano en la mejilla, notando que lo que caía era sangre, causada por cortes de la magia de viento de Sacqui.

Ya con ese ambiente, era imposible lograr una conversación o hasta una negociación con Sacqui. Motivo más que suficiente para que Izu se pusiera a la defensiva.

—Gente como tú me da asco. No eres linda, ni educada. Me miras con unos ojos de rabia todo el tiempo. Incluso podría respetar más a quienes me tienen miedo.- Sacqui voceó a Ive, más que decepcionada de la situación.

Sacqui observó a Izu, quien se hallaba paralizado, atento a cualquier intento de Sacqui de atacarlo.

—Como quisiera… solo disfrutar de un buen rato por Lusiudá sin que unos enfermos como ustedes me ataquen. Siempre es un grupo diferente de… estúpidos.

De reojo, Izu prestaba atención a Ive, para saber en qué momento ponerse de acuerdo con ella, y pelear juntos.

Cosa que resultó ser un problema, ya que Ive se quedaría un buen rato simplemente divisando a la demonio.

«¿Es… la real…? Actuó mucho más rápido que el resto… y si es así… quiero matarla…».- Ive repetía en su cabeza, apretando el agarre a su espada.

—Izu. Detenla.- Le ordenó, una vez se levantó.

En el pequeño lapso de tiempo en el que Izu se volteó para usar su habilidad, Sacqui empleó su magia de viento cortante a su alrededor, cubriéndose, y de hecho, liberándose al momento.

Aún así, la pequeña pausa que abrió fue importante para que Ive se acercara, chocando su espada con la zona de viento que se creó Sacqui, rompiéndola e impulsándose lejos por el impacto.

Sacqui disparó cuchillos con las tonalidades de los demonios desde las varillas de su abanico, rasgando las piernas y el torso de Ive.

Para cuando se enfocaría en Izu, se percató de que este ya no estaba. Lo buscó con la mirada, hasta que acabó percibiéndolo en su espalda.

Este creó un puño de piedra gigante, que se agrandó entre tanto se llevaba a Sacqui con él. El golpe causó que Sacqui se desestabilizara un momento, estado que se prolongó al Izu usar su magia de visión, y una técnica distinta a la de parálisis.

Los ojos se posaron encima de Sacqui, quien notó que las pupilas de este cambiaron a los de un reloj. Al observarlo, el espacio se distorsionó entre ellos dos, sintiendo una distancia que antes no tenía, y dejando de apreciar el entorno de manera correcta, solo pudiendo concentrarse en el cuerpo de Izu.

Sacqui pretendió atacarlo, mas de inmediato supo que se encontraba en una técnica de Izu, al no sentir que avanzaba.

Poco después, salió de ese estado al recibir un corte lateral de Ive. Quien no contenta con ese, usaría su magia elemental: rayo, para emplear una técnica que la hacía transformarse en una esfera de energía que avanzó hasta casi cortarle la cabeza.

Casi, ya que Sacqui tuvo el tiempo para desviar la esfera y solo recibir un corte ligero en un brazo y parte del torso.

—¡Ya basta!- Sacqui exclamó, antes de que Izu tuviera tiempo de hacer nada, y usó su abanico para crear una fuerte brisa que impelió a Izu y a Ive, además de rajarlos.

Izu apenas se puso de pie, usó su magia para detenerla y asesinarla de una vez por todas. No obstante, Sacqui buscó ocupar otra consciencia, desprendiéndola del cuerpo actual hasta una que se hallaba a unas calles de distancia.

Cuerpo en el cual no le iba mejor. Se encontraba paralizada por otra persona con la misma capacidad que Izu. Y aunque fuese mucho más frágil la técnica, no le daría tiempo a escaparse de la burbuja de agua enorme que una chica de coletas verdes estaba cargando específicamente para acabar con ella.

—¿Esto… la va a matar?- Kairo cuestionó a Shair, tomándose una leve pausa debido a la falta de aire que le causó el verse lastimado para que acabasen en esta situación.

—¿Algún hechizo tuyo es mejor?

—No.

Shair cerró los ojos, comenzando a respirar profundo. Por dentro, rezando para que sea suficiente. Ella y Sein también salieron lastimadas, con cortes en distintas partes del cuerpo.

Fue cuestión de segundos que Sacqui buscara escapar también, al verse atrapada en la burbuja que arrojó Shair hacia ella. Por más que rebuscaba, no encontró otro cuerpo lo suficientemente rápido como para evitar recibir el impacto de la burbuja.

Impacto que no fue instantáneo, ya que al adentrarse, no causaba dolor. El dolor lo causó la implosión posterior, el cual recibió de lleno hasta que su consciencia pudo reencontrarse con otro de sus cuerpos, dentro de su abanico.

Dentro de su abanico, cayó en el piso de un callejón en medio de la calle, procurando recuperar la respiración y temblando debido a la fuerza de los ataques que recibió en cadena.

Su abanico cayó en frente de ella. Cuando se intentaba levantar, debido a su magia, se reflejaba entre las telas del abanico.

«¿En serio…?».- Sacqui, al ver su expresión, se indignó de ella misma. No podía creer verse levemente debilitada, o incluso llegar a sentir dolor verdadero. «Fue… un descuido estúpido…».- Pensó mientras pretendía excusarse el estar de esa manera.

Creyendo que lo mejor sería recuperarse, empezó a usar su magia para intentar localizar a uno de sus compañeros, en específico, a Val-hen.

Poco antes, en medio de una calle cualquiera, no tan lejos de donde apareció Sacqui, se hallaban Zakko y Alex, caminando juntos.

—¡Y así fue como me ligué a ese pibón!- Alex culminó una de sus anécdotas, con orgullo.

—¿Qué es “pibón”?- Zakko no entendió.

—Ah, una mujer. Una mujer hermosa.- Alex de inmediato le hizo saber. —Bueno, creo que no es su definición como tal, pero… es algo del palo.- Se corrigió en voz baja, aunque su volumen de voz baja era el volumen de la voz normal de Zakko.

—Suenas… increíble. ¿En serio solo por eso ya la conquistaste?- Zakko estaba escéptico con sus anécdotas, aunque estaba más cerca de creerle que de no hacerlo.

—Bueno, no fue solo por eso… pero me gusta creer que desde ese momento congeniamos más.- Alex un tanto avergonzado por recordar aquellos momentos, comentó. —¿Tú tienes a alguna chica en mente? Podría darte consejos de cómo ligar. O te enseño a tocar la guitarra, eso a las chicas les gusta.

Zakko al oír eso y pese a no coincidir en esa afirmación del todo, no pudo evitar imaginarse en esa situación… hasta que se dio cuenta de lo irreal que era y se sacudió la cabeza para entrar en uso de razón.

—No creo que… solo por eso le gustes a una mujer.- Zakko negó esa afirmación por más que le gustara pensar que era tan fácil.

—¡Al noventa porciento le gustarás!- Alex insistió con ese ánimo que le caracterizaba.

—¿De dónde sacaste ese porcentaje para empezar?

—¿¡Dudas de mí!?

—Eso estoy haciendo.

—¡Qué mal que decidas ponerte del lado erróneo de la vida!- Alex dramatizó. —En fin. Si de todas formas quieres que te enseñe a tocar la guitarra no me importaría. Aunque no tengo una.

—… No sé. ¿Y si mejor me enseñas a usar la magia como tú?

—¿¡Estás chalado!? ¡Son años de entrenamiento!

—Pero si…-

—¡Me ofendiste!

—Perdón.

—¡No te perdono!

—… ¿Y si acepto que me enseñes a tocar un instrumento?

—Me lo pensaría.

—Está bien, entonces… enséñame.- Zakko acabó cediendo.

—¡Si tanto insistes tendré qué!

«Quizás y… hasta la impresiono…».- Zakko pensó en esa posibilidad, con una persona en mente.

—Y claro, si tú quieres, podría enseñarte lo que sé para que puedas defenderte también, ya que me dijiste que te costaba un poco.- Alex añadió.

—¿Me estabas escuchando cuando dije eso?- Zakko se sorprendió, ya que en el momento en el que lo dijo se vio interrumpido por él.

—¡Me subestimas!- Alex voceó, y fingió ofenderse.

—… Quizás. Es que suenas como… ¿Increíble de verdad? Es como si fueras bueno en todo. Tus padres deben estar muy felices contigo.

Alex, quien caminaba con los brazos cruzados detrás de su cuello y observando el cielo violeta, se quedó callado tras escuchar ese comentario. Su mente no pensó en nada, durante unos cuantos segundos, hasta que sonrió.

—Sí, lo están.- Alex con un pequeño sentimiento de vacío en su pecho, afirmó alegre de todas formas. —Es cierto, tú no me has contado nada de ti.- Pensó en ese momento al darse cuenta de que estaba pensando en más anécdotas en vez de dejar que Zakko hablara de sí también.

—… ¿Y qué quieres que te cuente?

—No sé, de ti. ¿No tienes alguna anécdota increíble que quieras contarme? Que estéis en un grupo de aventureros debería de daros anécdotas para escribir un libro entero…

—Bueno…- Zakko rebuscó en su cabeza algo qué contar, cuando cayó en la idea de que no había vivido nada muy espectacular más que… —¡Estuvimos en un Duel’Grot!- Comentó, siendo esta su clara experiencia más llamativa, y que le apetecía contar.

—¡Hostia, qué guay…!- Alex exclamó al ver la emoción con la que Zakko lo dijo.

No obstante, se generó un silencio incómodo, ya que este último sintió raro el tono de Alex.

—… ¿Qué es eso?- Alex murmuró al ver que dudaban de la veracidad de sus emociones al expresarse.

—Es… un evento en donde… olvídalo.

—¡Solo dime!

—No quiero.- Zakko se negaba a explicarle. —No es como si hubiese hecho algo muy relevante allí…- Añadió un tanto apenado.

—Pero eso no importa. Desconozco el qué será eso que mencionaste, pero aunque no hayas hecho nada sigue siendo importante para ti, por algo me lo mencionaste. Me agradaría escucharlo aún si es algo aburrido o tonto.

Zakko lo escuchó atento, sintiéndose pequeño en ese momento.

—Bueno… es importante para mí, pero no porque sea lo que me guste. Es más que nada porque es importante para…- Zakko hizo una pausa al darse cuenta de que iba a hablar de más.

—¿Para…?

—… Ella.

—¡Así que sí hay una chica!- Alex dio un golpe leve en el brazo de Zakko.

—Sí…

Alex se percató de que el tono del veniz era más deprimente que otra cosa.

—¿Acabas de afirmarlo triste?- Alex no pensó en otra manera de decirlo que fuese menos directa.

—No. Solo… estoy preocupado. ¿Cuánto tiempo llevamos aquí? No hemos visto nada. Raramente… caminamos tanto pero no me siento ni un poco cansado, y mucho menos siento que… hayamos llegado a otro lugar. Los locales son… casi que los mismos… algunos letreros son inentendibles a este punto…

—Ah, ya. Tienes razón. Ya pensaba que era yo el que estaba medio ido de la olla por la conversación… pero estoy seguro que ese dibujito lo vi varias veces ya.- Alex apuntó a un letrero con un logo bastante deformado, pero que se seguía entendiendo, de una silueta roja de un pájaro.

—Conversar ha conseguido que no me vuelva loco… pero… estoy seguro de que deberíamos intentar hacer algo para escapar de aquí. Más que… solo caminar.

—¿Y qué tienes en mente?

—Nada en específico.

Esa conversación se alargó lo suficiente como para que se oyera hasta en los rincones de la calle en donde se encontraban. Rincones que no estaban vacíos del todo.

Ambos, Alex y Zakko, sintieron cómo algo cayó desde un callejón. Se quedaron perplejos, sin intenciones de acercarse, pero observando hacia esa direción.

Zakko pretendía utilizar la magia de Sein, pero a la hora de la verdad, no le funcionaba. No divisaba nada.

«¿Sigue sin funcionar…? Pero… yo sí veo algo… solo que muy mal…».- Intentaba enfocar lo que alcanzaba a ver, siendo una silueta de colores oscuros y formas raras levantándose dentro del callejón. «Espera…»

—Vámonos.- Zakko retrocedía lentamente, esperando que Alex le hiciera caso para ya escapar del todo.

—¿Qué te pasó? ¿Qué has visto?

—¡Vámonos!- El veniz insistió alzando la voz para que comprendiera la gravedad del asunto.

—¿Pero por…?- Alex aún sin entender, iba a darse la vuelta para hacerle caso, hasta que de reojo vio a una mujer saliendo del callejón.

Una mujer bostezando y estirándose como si nada. Unos ojos blancos como su cabello, y una piel blanca como la leche.

—¡Oh, hola! ¿¡Estás perdida!?- Alex la saludó desde lejos, procurando sonar amigable para que no se asustaste.

Cuando Alex iba a encaminarse hacia donde la muchacha, Zakko lo tomó del brazo cortándole el paso.

—¿Qué sucede?- Alex interrogó a su compañero.

—Es la demonio.- Zakko le susurró entre dientes.

—¿Qué dices?- Alex levantó la mirada un segundo, para observar a la chica. Viendo en ella a una mujer adulta joven, llevando puesto un kimono con un diseño de flores que le parecía muy bonito.

Para él, no mostraba un lenguaje corporal que indicara que en realidad era fuerte, o algo similar. Se veía como una chica asustada.

—¡Es la demonio! ¡Por favor, vámonos!

—Pero se ve… normal. ¿Y si la estás confundiendo?

—¿¡Cómo voy a confundirla!?

La discusión se oía hasta donde se hallaba la mujer, sin embargo, esta decidió ignorar lo que decían para ver en qué resultaba.

—No me voy a sentir bien dejando a una mujer abandonada en un lugar como este.- Alex comentó.

—¡No te hagas el héroe ahora!- Zakko insistió intentando jalarlo, mas la fuerza no le acompañaba.

—¡No me estoy haciendo el héroe!- Alex le gritó, ya un poco molesto. Motivo por el cual Zakko cedió y le soltó el brazo, además de retroceder un poco al intimidarse. —¡Oye! ¿¡Estás perdida o no!?- Voceó a la mujer.

—¡Sí!- Asintió la chica desde lo lejos. Con una voz tan… extrañamente preocupada, que incluso Zakko comenzó a dudar.

Usó la magia de visión de Sein para divisar a la mujer, comprobando que no fue casualidad, ella seguía observándose como un cuerpo monocromático.

—¿Ves? No puede ser un demonio. ¡Ni siquiera tiene cuernos!- Alex afirmó con Zakko poco después. —Vamos con ella. Quizás sabe cómo salir de aquí.

Alex avanzó unos cuantos pasos hasta que se percató de que él no lo seguía.

—¿Te sucede algo? ¿Todavía dudas?- Alex lo cuestionó, dándole la espalda a la muchacha.

—Yo no quiero ir con ustedes. Prefiero… irme solo.

—¿Por qué?- La mujer del kimono se acercó a Alex, rodeando un brazo de este con los suyos. —¿Por qué tu amigo no quiere venir con nosotros?

Zakko tenía un nudo en la garganta que no se podía aguantar. Quería huir, sin embargo, Alex aún no comprendía el porqué, y el veniz no quería irse sin él.

—Eh… señorita…- Alex la llamó un tanto nervioso.

—¿Sí?

—Cómo decírselo… usted está muy cerca. ¿Podría alejarse?

La escena se volvió extraña para Zakko. Tenía a Alex al frente junto a Sacqui, quien actuaba demasiado extraña para ser ella. Oía la conversación de Alex y Sacqui al mismo tiempo que su respiración se agitaba.

No quitó la mirada de encima de Sacqui en ningún momento.

—Tú…- Zakko la llamó, una vez se envalentonó.

—¿Qué? ¿Me hablas a mí?- Sacqui, quien se hallaba jugando con Alex, disimuló.

Sacqui tenía ambos brazos rodeando a Alex, y no se alejó ni un poco para ponerle atención a Zakko.

—¿Te crees que soy imbécil?- Zakko, seguía enfadándose en voz baja, dirigiéndose a ella. Como el silencio reinaba en esas calles, aunque lo dijese bajo, se oía a esa distancia.

—¿De qué habla tu amigo?- Sacqui intentaba avanzar con el pelirrojo, llevando sus manos a la clavícula de este lento y disimulando.

—Oiga… me está incomodando un poco.- Alex comentó, comenzando a forcejear para quitarse las manos de Sacqui de encima.

—¿Dónde estamos? ¿Qué es esto?- Zakko alzó la voz de a poco, encarando a Sacqui.

—Qué pendejo más mo-

Sacqui escupió sangre demoníaca por la boca, lo que le permitió a Alex alejarse lo más rápido posible de ella e ir con Zakko.

La demonio sintió cómo su vista se distorsionó de la misma manera que con Izu antes, sin embargo, ahora él no estaba presente.

«¿Por qué… me siento así? Si solo están…».- Mientras hablaba en su mente, al parpadear, percibió con una vista mucho más borrosa a Izu y a Ive delante suya. Tras el parpadeo, volvió a ver a Alex y Zakko. «… Estos… dos…».- Su cuerpo dolía, como si la estuvieran lastimando.

Jamás experimentó algo así, ya que no solía tener tantas peleas de este tipo antes de llegar a Lusiudá.

«¿Me afecta una habilidad que está recibiendo otro de mis cuerpos? ¿Pero… por qué…?».- Dudó de su magia, al mismo tiempo que se llevaba el brazo a la boca y miraba de reojo a los dos que tenía en frente.

—¿Qué está pasando?

—No sé. Pero vayámonos, rápido.- Zakko quería huir a toda costa.

—¿¡Qué dices!? ¡Si es un demonio tenemos que aprovechar esta situación para matarla!- Alex apuntó su palma hacia una Sacqui debilitada, quien no tuvo tiempo de reaccionar.

El pelirrojo recargó su maná como lo sabía hacer, y al momento de expulsar una llamarada, salió una pequeña brisa de fuego que se desintegró tras un segundo existiendo y que no llegó más lejos que unos cuantos centímetros desde su palma.

Sacqui había intentado escapar antes de que sucediese nada, hasta que percibió que la magia de Alex no llegó a nada.

—Bueno, sí, como te decía… corre.- Alex se rindió al instante, y se dio la vuelta para escapar.

Zakko sin ni siquiera intentar atacarla, huyó pensando en transformarse en limo, mas creía que como humano corría mucho más rápido. O eso era lo que pensaba en esa situación.

«No puedo… irme… necesito… tomar uno de sus cuerpos…».- Sacqui pensó entre tanto se levantaba, buscando impedir que Zakko y Alex escapasen, usando su magia y aprovechando su entorno favorecedor para irrumpirles el escape con su viento cortante.

Viento que no ocasionó muchas heridas que doliesen a Zakko, sin embargo, Alex no corría la misma suerte de ser casi inmune.

Alex cayó, tras un grito de dolor.

—¡Alex!- Zakko lo observó para caer tarde en que era mejor que se lo llevase consigo.

De inmediato, se transformó en limo para absorber a su compañero, sin consultarle nada, solo con el propósito de huir.

—¿¡A dónde crees que vas!?- Sacqui volvió a utilizar su abanico, arrojando uno demoníaco hacia la bola de limo que era Zakko.

No causó daño a pesar de atravesarlo, pero no le permitió huir tan fácil al verse impregnado en maná demoníaco, siendo una magia de encarcelamiento.

Al verse acorralado, intentó soltar un pedazo de su cuerpo para escapar, consiguiéndolo sin muchas dificultades y apartándose. Se transformó en humano al ver que no podía huir, pretendiendo enfrentarla, o como mínimo, usar magia para escapar.

—¡Tú!- Sacqui, quien ya le tenía un rencor a Zakko, ahora que estaba a solas en un lugar que le favorecía, pensaba saldar cuentas.

De inmediato, utilizó su magia para intentar cortarlo. Aunque no le afectase en demasía, algunos cortes sí que resultaban profundos para su cuerpo, ya que iban más rápidos que la velocidad a la que Zakko era capaz de llenar su cuerpo con su propio limo.

Nunca se había visto en una situación como esta, para siquiera pensar en entrenar la agilidad que tenía al realizar esta acción. Motivo por el cual se vio forzado a apartarse usando otra vez el mismo truco de agarrar un pedazo de slime de su cuerpo y arrojarlo lo más lejos que podía.

—¿¡Qué se supone que fue lo que hice para que ustedes viniesen a molestarme!?- Sacqui quería desahogarse, tornándose cada vez más furiosa por ver cómo el veniz solo huía. —¡Responde!

Aún con las insistencias de Sacqui, no recibía respuesta. De hecho, Zakko aprovechó ese leve instante para usar su magia de fuego sin ningún tipo de cuidado. Una llamarada inmensa cubrió a Sacqui, fogonazo que duró unos cuantos segundos hasta que Zakko se mareó.

«Necesito… ayuda…».- Por más que miraba a los alrededores, no había nadie más. Consideró soltar a Alex, y fue lo que hizo.

—¿¡Qué cojones fue eso…!?- Alex vociferó apenas recobró consciencia, sentado en el suelo y viendo a Zakko con cortes iguales a los suyos, sin quitar la mirada de enfrente; donde se hallaba Sacqui. —¿Dónde estamos?- Alex comprendiendo de a poco la situación, se levantó y preguntó a Zakko.

—En el mismo lugar. Nos increpó. Perdón por… no avisarte que iba a hacer eso.

—No te preocupes. Ahora… ¿Cómo nos encargamos de eso?- Alex hablaba de Sacqui, quien aún mostrándose chamuscada, se puso de pie, revelando parte de su cuerpo demoníaco.

—No… lo sé.- Zakko, pese al miedo, sabía que no se podía huir.

Alex se detuvo un momento para mirar a Zakko, quien mostraba muy abiertamente su pánico con su rostro. Cosa que no le gustó, por lo que dentro de lo que cabía, procuró tranquilizarlo de alguna manera.

—¡No me intimidas, mitad mujer mitad bicho más feo que una mierda pinchá en un palo! ¡Soy más fuerte que tú!- Alex se adelantó un poco a Zakko, queriendo ser quien dé la cara.

Ambos, se hallaban frente a frente contra Sacqui. O… uno de los cuerpos de Sacqui.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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