Kinokodearu - Capítulo 9
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
9: Mechones Morados 9: Mechones Morados Abrí un ojo…
y luego el otro.
Ubiqué mi mano en la frente para taparme un poco el sol.
Me senté, y busqué con la mirada a mis compañeros.
A juzgar por el sol, era de tarde ya.
Y a juzgar por lo que vi, no había nadie.
Hacía un viento agradable, y un silencio al cual no estoy acostumbrado.
Decidí sentarme apoyado por una pared de la torre destruida.
No mentiré que es agradable, pero a la vez me da una sensación de soledad muy fuerte.
Al mismo tiempo me hace sentir…
¿perdido?
De verdad estoy solo en un mundo que no conozco.
No sé si he tenido el tiempo suficiente como para pensar en eso.
Por suerte aparecí en el hogar de dos personas que decidieron confiar en mí por la razón que sea…
¿En serio confían en mí?
¿O yo confío en ellos?
Entiendo que estoy con ellos porque no me queda de otra, estoy sobreviviendo rogando por que ellos no quieran abandonarme y dejarme por mi camino.
Este viento me hace tener pensamientos intrusivos.
Quisiera estar en mi casa.
Necesito a alguien en quien sí confíe…
o necesito a mi familia.
Me siento…
solo…
Creo que ya se está haciendo muy largo esto como para que termine siendo un simple sueño o algo así.
Pero…
no pude despedirme de nadie…
¿Por qué estoy pensando estas cosas recién?
Llevo un par de días aquí.
No tiene sentido…
Necesito distraerme…
lo necesito.
¿Por qué me dejaron aquí?
¿Se fueron sin mí?
¿A dónde?
…
Apoyé mi cabeza en mis rodillas.
Soy incapaz de…
entender…
o no sé si entender…
No sé qué pasó.
¿Morí, no…?
¿Simplemente pasó?
¿Qué estará viviendo mi familia?
Los…
extraño…
Me gustaría estar con ellos.
¿Qué digo?
Necesito estar con ellos.
Quiero volver a estar con ellos…
por favor, ya no es divertido esto…
No sé qué voy a hacer yo solo aquí…
—¿Kairo?- Oí, entre sollozos míos.
Intenté recomponerme lo más rápido posible.
Ni siquiera me di cuenta en qué momento me puse a llorar.
Fue estar un rato solo con mis pensamientos y…
caer.
Busqué a alguien con la mirada, para encontrarme con la chica albina que habita en el interior de la torre de castillo rota, que parece una prisión abandonada.
—Eh…- Estaba mente en blanco, no me salía su nombre.
—¿Qué pasó…?- Interrogó, sonando angustiada.
No quería responder.
Creo que ni siquiera quiero hablar.
Aunque logré calmarme, no me siento muy bien.
Evité responder, incluso me rehusé a dejar de visualizar el piso.
Pasaron unos segundos, o minutos, no tengo idea, no me puse a contar.
Decidí levantar la cabeza, esperando que se haya ido.
Para mi mala suerte, no.
—Kairo.- Dijo.
Se sentó al frente mía, yo solo la miré.
Se volvió un poco incómodo.
Sobre todo porque me seguía sin venir a la mente su nombre.
—¿Quieres hablar?- Me preguntó.
Ya empezaba a sentirme mal por no responderle.
—No.- Fui cortante.
—O…
no de eso.
—Oh, está bien.- Entendió, mientras se levantaba.
—¿Por qué te quedaste aquí?
—Ah…
me quedé dormido.
—Ya veo.- Cuando se levantó, acercó su mano hacia mí.
—¿Quieres?
Fijándome en su mano vi algo parecido a…
¿bayas?
O sea, se parecen, pero no sé si lo serán.
Yo estaba aguantando el hambre desde la mañana, así que iba a aceptar la primera cosa que me dieran para comer, y eso no se ve mal.
Acepté, y agarré al menos una de su mano, para probarla.
Al hacerlo me hizo cuestionarme si en algún momento de mi vida había probado una baya, debido a que no se me hace reconocible este sabor.
Estaba rico, no tanto como para que sea mi comida favorita, pero si me muero de hambre sería una opción, supongo.
—¿Quieres más?- Me ofreció Yaku, a lo que yo recibía con gusto.
—¿Esto es lo que has estado comiendo todo este tiempo?- Pregunté, a la vez que comía un par.
—Sí.- Respondió sin más.
—¿Quieres que te enseñe dónde las encuentro?
Lo pensé un segundo, pero tampoco tardé tanto en decidirme.
Cualquier cosa que me distraiga ahora mismo creo que me será útil.
—Está bien.- Accedí a ir con ella.
La seguí por detrás de la torre.
Me llevó a través de unos cuantos árboles y arbustos, para finalizar encontrando agua.
Parecía venir de un lago del cual sabía que nos acercábamos cada vez más por la cantidad que provenía.
Tras unos pasos ya avistaba lo que parecía ser donde crecían las bayas.
Yaku se me adelantó cuando también lo vio, así que asumo que sí.
—Mira, en estos de aquí.- Decía, acercándose a unos arbustos.
—Guau, tiene…
bayas…- Intenté sonar impresionado, pero realmente me da igual.
—Estas de aquí son las que más me gustan.- Apuntó hacia uno con bayas moradas.
—¿Porque combinan con tu pelo?- Interpelé.
Es que son casi del mismo tono que sus mechones.
Parecía a propósito.
Ella se cayó un momento por alguna razón, como si algo de lo que dije estuviese mal.
Yaku me da la impresión de que debería tener más cuidado al trato con ella, al menos más que con la peliverde y el slime.
Y es por ese motivo que quizá me preocupe un poco el que se haya callado.
—Eh…
¿dije algo malo?- Cuestioné.
—Perdón si es así.- No pretendía decir algo negativo o que pudiera incomodar.
Solo me miró un par de segundos.
—Nah, no te preocupes.
Me quedé pensando.- Afirmó a la vez que recogía un par de bayas más.
Entiendo que ella ya confía en mí, al menos lo suficiente como para llevarme a este lugar.
—¿Y..
qué más haces?
Digo, con algo te has de entretener…
¿no?- Quise sacar tema.
—En verdad no mucho.
Me gusta pasear por aquí, considero que este bosque es muy lindo.- Comentaba a la vez que se levantaba.
—¿Regresamos?
Puedo mostrarte más cosas con las que me entretengo dentro de la mazmorra.
—Claro.
Caminando me acordé que estaba recogiendo bayas.
Cuando me fijé, estas mismas habían desaparecido.
Solo que vi a su nube fuera también.
Me animé a preguntar.
—¿Esa nube…?- No se me ocurrió exactamente qué preguntar.
—¿Qué?- Yaku se quedó esperando mi pregunta.
Su nube al responder se acercó más a ella, cosa que de manera indirecta me sacó un par de dudas.
—Nada…- De verdad no sabía qué quería averiguar, solo me dio curiosidad.
La albina poco después se subió encima de su nube, para viajar sentada.
No hablamos mucho en el trayecto.
No entiendo cómo no les parece incómodo viajar callados.
No pasó mucho hasta que acabamos llegando de nuevo a la torre rota.
—Oye, ¿y sabes dónde fueron los otros dos?- Me preguntó, cuando ya estábamos bajando hacia adentro de la mazmorra.
—Eh…
creo que sí.
…
—¿Y me vas a decir?
—Ah, sí.
Perdona.- Se me fue por completo.
—Deberían estar haciendo una misión que Shair se robó…
ayer.
Limpiar una cosecha de unos bichos raros, recuerdo.
Entramos en su…
¿habitación?
No lo consideraría una…
parece más bien un escondite.
Aunque quizá pueda ser lo mismo para algunos.
Ella se sentó en el piso, y su nube se puso delante de ella tomando una forma cuadrada.
—¿Qué está haciendo?- Cuestioné mientras la nube comenzaba a convertirse en…
una especie de ajedrez.
—Es- No fui capaz de oír el nombre, el sonido blanco apareció de nuevo.
Ya era capaz de soportarlo un poco más, no obstante sigue preocupándome no saber porqué pasa.
Por instinto me senté en frente de ella y de la nube.
Quiero pensar que dijo ajedrez o algo así, ya que es una copia exacta de las piezas.
—¿Sabes jugarlo?- Me interrogó la albina.
—Eh…
creo que sí.- Dudé, cayendo en cuenta de que es otro mundo, me parece hasta curioso que el ajedrez exista aquí también.
Debe de funcionar distinto, no creo que sea igual que en mi mundo.
—¿Piedra, papel o tijera?- Propuso Yaku, a la vez que levantaba el puño.
Hicimos un piedra, papel o tijeras en el cual el claro ganador fui yo.
Me quedé mirando las piezas, y ella a mí.
—¿Eso significa que inicias tú?- Oí de ella.
Es un buen punto, Yaku solo dijo de hacerlo.
—Sí.- Decidí arrancar moviendo un peón dos casillas hacia delante…
—Es una nube, no puedo moverlo.- Exclamé.
—Ah, claro.
Bueno, haz el gesto y yo lo hago.
Eso hice, y eso hizo.
Tras eso, ella me miró fijo.
Pero su mirada era una que me hacía pensar que hice algo mal.
Procedió a realizar su movimiento, el cual consistió en agarrar el peón y moverlo en diagonal.
Definitivamente no se juega igual.
Y ahora estoy en un problema, porque el juego está iniciado y yo no sé jugarlo pese a haberle dicho que creo.
Pero…
le dije que creo, podría decirle que estaba errado…
No me daban muchas ganas de hacerlo siendo sincero.
Pese a que era obvio que ella y yo no jugábamos al mismo ajedrez, proseguí jugándolo cómo yo lo sabía jugar.
Adelanté otro peón.
Yaku apenas hice esa jugada, hizo la suya.
Aniquilando mi pieza a pesar de estar adelante de la suya y ambas ser peones.
Ella levantó la mirada en mi dirección y yo lo hice en la suya.
Los dos estábamos jugando un juego distinto.
—Oye, ¿y la capucha que te dio Zakko?- Recordé de la nada.
Cosa que distraería un poco a Yaku del juego y no se dará cuenta de que haré que un peón aleatorio mate a dos piezas suyas en una ronda.
—¿Qué estás haciendo?- Mi plan era perfecto hasta que caigo en que no es un juego de mesa real y dependo de que la albina replique mis movimientos.
Posterior a eso su nube se volvió una pelota, y ella se levantó.
—Está aquí.- Fue a recoger la capucha y a la vez colocársela.
Era una capucha de un abrigo cualquiera, pero suelta.
Color café claro con líneas rosas delgadas de dos costados.
—Me gusta, es cómoda.- Comentó, sonriendo.
¿En serio necesita eso para salir…?
De hecho, esa es una buena pregunta, cómo para hacérsela en voz alta.
Creo que la haré.
—¿En serio necesitas eso para salir?- Cuestioné en voz alta.
Ella dejó de sonreír.
—Eh…
pienso que no.
Pero me ayudará.- Explicó.
No sabía si preguntar el porqué se esconde aquí pese a que Zakko ya me haya explicado.
Me gustaría saber su versión.
—¿Por qué…
te escondes?- No sabía formular bien la pregunta, eso fue lo que me salió.
Sirve de todas formas.
Yaku tenía la mirada perdida hacia su nube.
—Hace tiempo…
no sabría decir cuánto exactamente.
Pero sucedió algo cerca de donde vivía con una chica de cabello albino idéntico al mío…
Mi mente omitió lo que siguió hablando Yaku debido a que contó casi lo mismo que ya sabía.
Seguía siendo información muy por encima, pero tampoco pretendía obligarla a contarme algo que no sé cómo le sienta eso.
Se calló un momento, el suficiente como para volver a prestarle atención.
—Creo…
que es solo que no lo he vuelto a intentar.- Decía mientras jugaba con la capucha que le regalaron.
Tiene más sentido, supongo.
—¿Y no quieres hacerlo?
—Sí quiero, para eso era la capucha.
Observaba la capucha mientras pasaba por mi cabeza lo poco necesario que me parece.
—¿En serio la necesitas?- Puse en duda, ya que pienso que es improbable que la intercepten solo por una tontería de a saber cuándo.
—No lo sé.
Tal vez no, pero no es tanto por que me oculte el cabello.
Siento que me ayudará a sentirme segura cuando salga.- Explicaba Yaku.
—Ya veo…
O sea que no es necesario.- Interpreté.
—Si lo pones así, quizás no.
Pero no querría que Zakko se sienta mal, por lo que lo usaré de todas formas.
Luego de esa conversación hubo un silencio bastante incómodo que me hacía querer que los otros dos llegaran lo más rápido posible.
Lo peor de todo era que este lugar no me permite verificar si se está haciendo de tarde o no, y no me gustaría levantarme para solo ver eso, a lo mejor se piensa que me quiero ir.
Y el punto no es que no quiera irme, si no que no quiero que lo sepa.
—¿Y qué más haces para entretenerte aquí?- Saqué un tema de conversación.
—Ah…
nada más.
Suelo dormir mucho tiempo y pasear de noche por las cercanías.- Relataba la albina a la vez que jugaba con su nube deformándola.
Sus respuestas tampoco me ayudaban mucho para realizar una conversación.
No sabía cuánto tiempo iba a pasar hasta que Shair y Zakko llegaran, así que al menos quería ver si Yaku me puede contar algo más a fondo de lo que causó que se escondiera aquí.
—Perdón por retomar el tema otra vez, pero…
¿No sabes qué sucedió con la chica de cabello blanco?- No sé si mi pregunta se entiende, espero que sí.
—Pero te lo conté…- Me dijo, sonando entre decepcionada y triste.
Aunque son cosas que van de la mano.
Es posible que me lo haya dicho cuando comenzó a narrarme la misma historia que Zakko y yo haya decidido omitir esa información pensando que no iba a agregar nada más.
Ahora no sé qué decirle para que me lo vuelva a contar.
—Lo siento.
¿Puedes repetirlo?- Fui sincero.
—Comprendo que son rumores y tal, pero oí que era algo relacionado con los héroes.
—¿”Héroes”?
¿De qué?- Cuestioné, un poco más interesado.
—¿Qué?
¿Cómo que no sabes?- Ella interpeló de inmediato, como si fuese algo que debería saber sí o sí.
Tenía que inventarme una excusa rápido…
—Ah…
es que soy de un lugar lejano…- Mi voz no me ayudaba a disimular, pero solo me salía así.
A juzgar por su mirada no se tragó el cuento.
—Es corto en realidad.
Tengo entendido que es real, pero no se sabe nada desde hace muchos años.
Se dice que unos nueve tipos con nombres clave salvaron los tres reinos que hoy por hoy son habitables.
P- —¿”Habitables”?- Interrumpí.
Cada pregunta que hacía ella se silenciaba unos segundos, no sé si juzgándome o solo porque de verdad no le entra por la cabeza que alguien no lo sepa.
—Pues sí.
En el que estamos es el más grande, Tochfold.
Luego están los otros dos…
supongo que tú eres de uno de esos, pero no entiendo cómo no sabes de ellos.
Solté una pequeña risa nerviosa para no tener que responder el porqué no los conozco y que ella siga contando.
—Bueno, eso.
Era algo relacionado con ellos, no entendí muy bien el qué era, sin embargo se me quedó en la memoria algo de forzar su aparición.- Continuó narrando.
—¿Cómo así?- Consulté.
—No lo sé.
Triste.
Me quedé con mucha intriga.
—Y…
¿Cuáles eran los nombres en clave?- Pregunté por preguntar.
No creo que me importe mucho.
—Eran…
Hongo, zanahoria, pimiento, lombriz, estrella de mar, delfín, concha de mar, alga, y ajolote.
Curioso cuánto menos.
Al que le haya tocado ser concha de mar debió querer matarse.
—Entonces por eso te llegaron a perseguir a ti…- Recapitulé.
—Sí.- Solo afirmó, nada más.
Ahí se ve, solo dijo un “sí”.
—Sin ofender, me parece un poco estúpido.
—No sé.
La gente lucía muy desesperada.
No dudo que haya gente buscando a aquella chica.- Hablaba con un tono de voz deprimido, como compadeciéndose de la chica albina.
—Ya veo, mas sigo sin comprender que buscaran a cualquier chica con un parecido.
No tiene sentido.
—Ya…- Me dio la razón, continuando con el tono triste.
No me dio tiempo a pensar algo más antes de que se oiga a las afueras a gente conversando.
Bueno, solo un poco, estábamos lo suficientemente lejos como para que no se pueda discernir lo que dicen.
Tanto Yaku como yo reaccionamos igual de sorrendidos, más que nada porque no se escuchaba como la voz de uno de los otros dos.
Eran la voz de dos hombres y una mujer.
Podría llegar a pensar que Shair y Zakko se encontraron a otro vagabundo por ahí y lo secuestraron, pero ninguna voz se parecía a la de Zakko.
Aunque he de decir que la de la mujer sí se asemejaba a la de Shair.
Luego de unos minutos, se fueron.
No sé porqué mi corazón comenzó a later un poco más rápido.
Capaz el compartir tanto rato con una tipa con miedo a la luz del sol me está contagiando.
Yaku solo miraba hacia afuera de la habitación, atenta a si bajaba alguien.
Yo no sabía dónde meter mi cabeza, la verdad.
—¿Quiénes eran ellos?- Me preguntó tras unos minutos sin ningún indicio de que sigan aquí.
Su actitud cambió, de pasiva a un tanto agresiva, su tono era un poco violento según yo.
—¿Yo qué voy a saber?- Me reí de nervios respondiendo a su pregunta con otra pregunta.
Ella se levantó en frente de mí, y su nube se puso detrás de ella.
Se acercó a la entrada, escondiéndose justo al costado, como para interceptar por si alguien llegase a entrar.
Yo por mi capacidad de identificar situaciones, decidí irme a una esquina más difícil de ver desde fuera.
Comenzaron a escucharse pasos, no sé si ella los detectó antes pero es posible.
—¿Qué hacen?- Interrogó alguien que no alcanzaba a ver por la esquina en la que me metí, pero dejándome llevar por su voz es…
Zakko.
—¿Quién viene contigo?- Cuestionó Yaku, sin ni siquiera saludar ni nada.
Bueno, es cierto que Zakko tampoco lo hizo, solo que él nos vio a nosotros escondiéndonos.
—Shair.- Contestó de inmediato.
Yaku salió a asomar la cabeza para ver a las afueras.
—¿Y dónde está?- La albina volvió a la actitud de siempre.
—Arriba…
¿Por qué están escondidos?- Interpeló el slime.
—Escuchamos unas voces desconocidas.- Afirmó Yaku.
Zakko se adentró un poco más y me vio sentado en una esquina, ya que no me he movido desde entonces.
—¿De verdad?- Interrogó mirándome a mí, pidiendo confirmación para lo que dijo la albina.
—¿Cómo que “de verdad”?- Yaku se quejó de que la pongan en duda.
—Lo siento.- Zakko se disculpó, sin embargo redirigió su mirada a mí, esperando mi respuesta.
La cual le di asintiendo con la cabeza.
—Bueno…
voy a dormir…
—¿Dormir?
¿Qué hora es?- Cuestioné, ya que para mí no pasó nada de tiempo.
—Es de noche ya…
—¿En serio?
Él asintió, imitando mi cara, creo.
—¿No vas a jugar hoy?- Preguntó Yaku, mirando al slime.
—No es que no quiera…
pasó algo mientras hacíamos la misión.- Contó él, sonando preocupado.
—¿Qué?
¿Qué pasó?
—Eh…
es largo de explicar…
pero…- Estaba haciendo larga la explicación, a la vez que gesticulaba y se movía de una manera que me hacía pensar que es más tonto de lo que parece.
—Puede que…
estemos en problemas…
—Hazla corta.- Me quejé.
—Nos retaron a un Duel’Grot.
—¿Qué es eso?- Interpeló la albina.
—Te puedo contar mañana.
Ahora necesito ir a dormir para levantarme temprano.
De hecho, Kairo…
tú también.
Increíble.
No sé ni cuánto tiempo pasó, creo que menos de dos días y ya se metieron en problemas.
—¿Puedo ir con ustedes?- Pidió, Yaku.
Zakko la miró denotando sorpresa.
—Por supuesto.- Le confirmó sonriendo.
—Pero entonces duérmete.
—Está bien…
Yo me levanté en lo que los dos hablaban.
No sé qué pudo haber pasado, sin embargo estoy metido en inconvenientes por culpa de mis compañeros.
No me queda de otra que hacer lo que pueda.
O escaparme…
Haga lo que haga tendría un montón de complicaciones.
Prefiero estar con estos desgraciados, al menos.
Considero que me caen bien.
Fui caminando hacia la salida de la mazmorra para dejar a esos dos autistas hablando a solas, y aprovechar para saludar a Shair.
Para mala suerte mía…
o buena, no sé.
La peliverde se durmió al instante.
Y en efecto, era de noche.
Más bien apenas estaba oscureciendo.
No tenía nada de sueño, así que me senté apoyándome en la torre.
Perdí la mirada en dirección al bosque, y decidí mantener los ojos abiertos para ver si eso funcionaba y me daba ganas de dormir.
Zakko salió luego de un rato.
—¿Estás despierto?- Me preguntó.
—No tengo sueño.
Él se sentó al lado mía.
—¿Y qué se hace en un Duel…?
Eso.- Decidí averiguar mediante los conocimientos de mi compañero.
—Ni idea.- Respondió seco.
—Íbamos a ir mañana con los maestros esos del otro día, para que nos ayuden.
Hicimos dos misiones durante la tarde sumando lo que me sobró de la de la mañana.
Tenemos dinero para pagar.
No voy a mentir de que algo me emociona esto.
Si significa poder aprender a usar magia o algo así, va a valer la pena por completo.
Ojalá sea así, ya estoy hasta ilusionado.
—Bueno, voy a dormir, amigo.
Buenas noches, descansa.- Dijo, para posterior volverse slime y…
según lo que deduzco, dormirse.
Me quedé con la mirada perdida entre los árboles.
Ahora que tengo ganas por mañana, tengo mucho menos sueño.
Los días se me pasan volando, pero he de decir que no la he pasado tan mal…
O no he tenido la oportunidad.
Estoy en la misma posición que cuando desperté.
Hasta me olvidé de que me sentí mal en un momento del día.
No sé qué tan bueno sea eso, pero así es…
No sé si estaba empezando a delirar, pero volví a ver aquel brillo y a aquella chica.
Albina…
Dudo mucho que se trate de ella…
¿verdad?
Una chica albina que aparece desde que por cualquier razón llegué a este mundo…
¿Alguien forzando una “aparición”?
No tendría sentido.
Una chica albina…
con…
¿mechones verdes?
Es casi como Yaku, pero los mechones los tiene del lado derecho de su cabello.
De un verde claro…
Se parece más a la albina de la nube de lo que imaginé…
Podría llegar a entender que la confundiesen…
Estuve un par de minutos observándola, notando que ella me observaba a mí de vuelta.
Era raro que no desapareciese luego de unos parpadeos.
Su mirada chocaba con la mía, pero yo no quería decir ni una palabra, y ella tampoco parecía que fuese a hacerlo.
Excepto de que sí lo hizo.
—Suerte…- Oí, ella murmuró.
Desde esa distancia casi ni se le entendía y luego de parpadear sí que desapareció.
Su tono sí se notaba clarito, estaba preocupada.
No tengo idea de casi nada de lo que me está pasando.
Pero estoy empezando a pensar que aquella mujer sí.
Espero algún día conocerla.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com