Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Siguiente

Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 1

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos
  4. Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 El alma desgarrada
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

1: Capítulo 1: “El alma desgarrada” 1: Capítulo 1: “El alma desgarrada” La oscuridad no era simplemente la ausencia de luz.

Era un abismo que se extendía infinitamente, una negación de la existencia misma.

Algo que alguna vez fue humano flotaba en ese vacío primordial.

No tenía forma reconocible, ni masa, ni sustancia.

Solo era un patrón de información pura, un conjunto de impulsos eléctricos atrapados en el limbo entre lo físico y lo digital.

Intentó recordar qué significaba respirar, pero todo lo que sentía era el vacío.

Su mente (¿podía llamarse mente sin cerebro?) despojada de un cuerpo, envió señales a pulmones fantasmas.

Pero no hubo respuesta, no hubo expansión de costillas, ni aire llenando sus pulmones.

Solo el eco de una memoria corporal que ya no le pertenecía.

El nombre “Kirito” flotó en el vacío como un destello de código roto, se encontraba atrapado en este vacío primordial, suspendido entre la realidad física y un mundo digital que no podía ver.

No había forma, ni peso, ni sustancia; solo una corriente de conciencia flotando en un limbo de información pura.

Él—no, “eso”—que alguna vez fue Kazuto Kirigaya, ya no tenía manos para empuñar una espada ni pulmones para gritar.

Solo quedaba el eco de una pregunta: —“¿Soy yo?

¿Soy Kazuto Kirigaya?” La pregunta surgió en su mente como un eco distante, reverberando en la nada.

El sistema respondió con silencio.

Pero en los rincones más profundos de su Fluctlight, algo se aferraba a dos sílabas: “A-su-na.” Como un programa corrupto que se niega a borrarse.

El nombre le quemó lo que habría sido el pecho, y una ola de recuerdos lo abrumó.

Imágenes de su vida con ella, sus risas, sus batallas, momentos de dulzura y dolor.

La idea de que todo eso pudiera haber sido arrebatado de él lo llenó de angustia.

—.

Con el tiempo, la nada comenzó a adquirir textura.

No era visión, sino una percepción pura que le permitía intuir la existencia de algo más allá de su propia conciencia.

Como cuando se cierran los párpados, pero aún se pueden distinguir formas en la oscuridad.

La sensación era similar a la de estar sumergido en un lago de aguas tranquilas y profundas, donde la superficie se había congelado, pero debajo de ella, la vida bullía con intensidad.

Kazuto Kirigaya, se encontraba sumido en una especie de limbo digital, un lugar donde el tiempo y el espacio parecían haberse detenido.

Su mente, sin embargo, seguía activa, procesando información y generando pensamientos con una velocidad y claridad que le permitían reflexionar sobre su situación.

A medida que se concentró, comenzó a distinguir: “Corrientes de datos”: Ríos de información fluyendo en todas direcciones, llevando mensajes cifrados a otros lugares desconocidos.

Estos flujos de datos eran como hilos de plata que se entrelazaban y se separaban en un patrón complejo, revelando la existencia de una red mucho más vasta y compleja que la que había imaginado.

Algunos de estos hilos parecían tener un brillo más intenso, como si llevaran información de vital importancia.

“Barreras de firewall”: Muros de energía púrpura que separaban su prisión del mundo exterior.

Estas barreras eran como montañas impenetrables, erguidas para impedir su escape.

La energía que emitían parecía palpable, y Kirito podía sentir su presencia como una fuerza que intentaba mantenerlo contenido.

“Su propio Fluctlight”: Una esfera azul pálido, de la que emanaban finos hilos de conciencia.

Esta esfera era como un faro en la oscuridad, representando su propia existencia y su conexión con el mundo digital.

Los hilos de conciencia que emanaban de ella se entrelazaban con las corrientes de datos, permitiéndole sentir la presencia de otros seres en el vasto espacio digital.

-“¿Dónde estoy?

¿Qué es este lugar?” La pregunta reverberó a su alrededor, perturbando las corrientes de datos.

La resonancia de su voz en su propia mente fue como un eco que se desvanecía lentamente, dejándole una sensación de desorientación y miedo.

Kirito recordó fragmentos de su pasado, de su vida en el mundo real y en el mundo virtual de “Sword Art Online” (SAO), el juego de realidad virtual en el que todo había comenzado.

Recordó la sensación de libertad y aventura que había experimentado al explorar los vastos paisajes de SAO, y cómo todo había cambiado cuando el juego se convirtió en una trampa mortal.

-“Esto no puede ser real.” Pensó, sintiendo la desesperación apoderarse de él.

-“No puede ser el final.” La idea de que todo hubiera terminado, de que su conciencia estuviera atrapada en este lugar sin escapatoria, era demasiado para soportar.

Kirito se aferró a la esperanza, por tenue que fuera, de que aún hubiera una salida, de que pudiera encontrar una forma de escapar y regresar al mundo real.

-“¿Esto será mi muerte?” La idea se instaló en su mente, y con ella, una profunda inquietud.

No había cielo ni suelo, ni arriba ni abajo.

Solo el vacío infinito de un sistema que había sido diseñado para albergar almas sin cuerpo.

La oscuridad lo envolvía como una niebla densa, silenciosa y opresiva, y en ese instante, el tiempo parecía haberse detenido.

De repente, una voz surgió de la oscuridad, resonando como un eco en su mente.

—“No, Kirito.

Esto no es la muerte.” La voz era familiar, y en un instante, Kirito la reconoció, la misma que años atrás le había explicado el Soul Translator con la frialdad de quien desarma un aparato.

Era la última persona a quien esperaba oír en medio de esta incertidumbre.

En su memoria, un científico de Rath apareció como siempre lo recordaba—un hombre delgado de rostro afilado, cabello negro liso peinado hacia atrás, ojos marrones fríos tras unas gafas rectangulares, vestido siempre con una bata de laboratorio impecable sobre un traje formal, con las manos enguantadas y una expresión calculadora que delataba más interés en los datos que en la humanidad de su sujeto de estudio.

—“Higa Takeru.” Su voz sonó como un susurro, cargada de incredulidad y desconfianza, acompañada por la imagen mental de sus gafas reflejando pantallas de código, como si el propio Kirito fuera solo otro experimento más.

Las emociones se agolpaban en su pecho como una tormenta incontrolable.

Sin esperar ni un poco que Kirito recupere sus emociones, la voz de Higa Takeru continuó.

—“Esto es lo que los poetas antiguos llamarían limbo.

Aunque técnicamente, es el buffer de transferencia del Soul Translator Mark III.” Higa habló con una tranquilidad apartada, casi clínica, mientras las palabras flotaban en el vacío.

-“¿Buffer de transferencia?” El espacio de almacenamiento temporal para Fluctlights antes de ser cargados en un mundo virtual, él era como un archivo temporal antes de ser enviado a otro dispositivo.

La confusión se convirtió en una marea que desbordaba su razón.

Higa, el hombre que había estado detrás de su conexión a esta máquina, había convertido su vida en un experimento frío y calculado.

El pensamiento le desgarró el corazón; ¿cómo podían hacerle esto?.

—“¿Qué hiciste conmigo?” Kirito proyectó su indignación hacia la voz, intentando modular su Fluctlight para que sus palabras fueran audibles, pero el eco de su pregunta pareció perderse en el abismo.

Higa continuó, con la frialdad de un científico explicando un concepto complejo.

Sus palabras eran como hojas de cuchillo que desgarraban la única perspectiva que tenía sobre sí mismo.

Le explicó que su Fluctlight había experimentado una bifurcación cuántica.

Una copia perfecta de él había tomado control de su cuerpo biológico, mientras su esencia original quedaba atrapada en este limbo.

—“El original permaneció en el buffer, es decir, tú, mientras que una copia ocupa tu lugar, en tu cuerpo.” Dijo Higa, su tono técnico y distante.

Kirito podía sentir cómo la rabia crecía en su interior, ardiente y punzante.

“¡Ese no soy yo y tú lo sabes!” La protesta de Kirito reverberó en el vacío, creando patrones caóticos en las corrientes de datos.

En su mente, cada recuerdo ardía con intensidad; los momentos con Asuna, sus amigos, las batallas ganadas y perdidas, todas esas experiencias se sentían más reales que nunca.

—“Filosóficamente discutible.” La voz de Higa sonó casi aburrida, como un profesor que explicaba un concepto que su alumno ya debería haber aprendido.

“Técnicamente, es una copia perfecta hasta el último detalle.” Kirito sintió un frío recorrer lo que habría sido su espina dorsal.

-“¿Y mis dos siglos en Underworld?” El peso de su vida pasada lo aplastaba, y deseaba gritar, cuestionar cada decisión que había llevado a ese momento.

—“Ah, no.

Esa fue precisamente la razón.” Dijo Higa, como si leyera sus pensamientos.

La malicia en su tono lo hizo temblar.

-“Un Fluctlight con dos siglos de experiencia es demasiado valioso para dejarlo en un cuerpo perecedero.

La copia que está con Asuna solo recuerda hasta antes de tu primer ingreso a Underworld, como ustedes pidieron antes de salir.” Su Fluctlight se comprimió como si alguien hubiera apretado su corazón con un puño de datos, golpeándolo con la fuerza de un mundo que se desmoronaba.

-“¡Traidor!” Kirito tenía una ira acumulándose en su interior, burbujeando hasta estallar.

Las imágenes de su vida, de su lucha y su amor, se entrelazaban con la traición que sentía como un puñal atravesando su ser.

—“Lo siento, Kirito.” susurró Higa, pero su voz sonaba a mentira.

-“La ciencia siempre requiere sacrificios y Rath necesita garantías.

Tú…

eres nuestra póliza de seguro.” En ese sombrío intercambio, el peso de sus palabras resonó mucho más fuerte que cualquier trueno.

Kirito se encontraba atrapado en una red de decisiones ajenas que habían cercenado su autonomía, su voluntad.

Su voz, ahora quebrantada pero decidida, emergió de las profundidades de su desesperación.

-“¡Asuna y Rath se darán cuenta de este horrible experimento tuyo!” El grito de Kirigaya Kazuto retumbó en el vacío digital, distorsionándose como una onda de interferencia.

Su Fluctlight —esa esencia que ahora era solo un patrón de datos— se agitó con violencia, proyectando destellos rojizos en la oscuridad.

Era rabia pura, la misma que una vez lo hizo atravesar niveles enteros de SAO solo para proteger a los suyos.

Higa, inmutable, respondió por el micrófono sin alterar su tono robótico: —“En primer lugar, este experimento lo estoy llevando en total secreto.

Rath no tiene registros oficiales de ti…

ni de la copia que está en el mundo real.” Una pausa calculada.

Kazuto ‘pudo imaginarlo’ tras el cristal de observación: esos ojos marrones fríos tras las gafas, el dedo índice levantado como si explicara un teorema a un alumno lento.

—“Todos los datos están guardados en un lugar personal.

Solo para estos ojos.” Kirito pudo sentir cómo el vacío se cerraba a su alrededor.

¿Era esto peor que la muerte?

No solo lo habían reducido a un archivo oculto, sino que Asuna jamás sabría que el hombre que abrazaba era una imitación.

Higa continuó, indiferente: —“Y en segundo lugar, ya te mencioné que ambos pidieron borrar los recuerdos de esos 200 años antes de salir.

A Asuna no le parecerá extraño que su ‘Kazuto’ olvide detalles.” **¡CRACK!** Fue el sonido imaginario de su puño estrellándose contra un muro que no existía.

¿Cómo se atrevía a hablar de ella con esa tranquilidad?

—“Los vi muy…

‘acaramelados’ al despedirse.” añadió Higa, casi burlón.

—“Supongo que fue un éxito tu copia.” Y entonces…

Kirito estalló.

—“¡CALLATE!” Su voz no fue un grito, sino un error de sistema, un pico de datos que hizo parpadear las barreras del buffer.

—“¡No eres Dios para decidir quién merece recordar!.” Las palabras salieron entrecortadas, como si cada sílaba le arrancara pedazos del alma.

Porque eso era ahora: un alma desgarrada, gritando en una prisión de ceros y unos.

Higa solo ajustó sus gafas.

—”No.

Solo soy un científico.” —“No permitiré que me utilicen de esa manera.” La voz de Kirito no tembló.

No esta vez.

Era un filo de acero virtual, cortando incluso la estática del vacío digital.

—“No soy un objeto para tus experimentos.” Higa no se inmutó.

En cambio, sus gafas reflejaron líneas de código que se desplazaban a velocidad anormal, como si analizara cada sílaba.

—“Pero sí lo eres.” Replicó, con la calma de quien desarma un dispositivo.

—“Y para tu información, ya me entregaste datos invaluables.” Una pausa calculada.

Kirito ‘sintió el peso de esas palabras’.

¿Era eso todo lo que quedaba de él?

¿‘Datos’?

—“¿Cómo sigues consciente sin autodestruirte, pese a tu furia?” Higa inclinó la cabeza, fingiendo curiosidad académica.

—“¿Será porque eres el original…

o porque esos 200 años añadieron una capa de resistencia a tu Fluctlight?” Kirito ‘sintió’ otro fuerte golpe en sus emociones.

—“¿Lo ves?” Higa sonrió —la primera expresión genuina en horas—.

—“Ya das frutos.

Resultados satisfactorios…

Y no puedes hacer nada para evitarlo…

El riesgo valió la pena” Y entonces…

Kirito comprendió mejor su situación.

No era solo un prisionero…

Era una rata de laboratorio.

De pronto, la conexión se cortó.

Las ‘corrientes de datos’ alrededor de Kirito ‘se solidificaron como cristal’ sin que se diera cuenta.

Dejando a Kirito sumido otra vez en el silencio infinito del buffer.

—“¡Higa!” Kirito gritó hacia la nada, pero su voz ‘no produjo eco’.

Solo silencio.

—“¡Contéstame, maldito!

¡No me ignores!” Volvió a intentarlo, más fuerte, como si pudiera romper el vacío con pura fuerza de voluntad.

—“¡HI—!” Nada.

La oscuridad no era un espacio, sino una ausencia.

Y en ella, sus palabras se desvanecían antes de nacer.

Entendió que había perdido la última comunicación con el mundo real.

No notó que ‘el tiempo se había acelerado’.

No hubo un reloj, ni un cambio brusco.

Solo la lenta agonía de la soledad, minuto tras minuto (¿o eran horas?) en las que: Intentó racionalizar su situación.

(-“¿Hay un patrón en las corrientes de datos?”).

Rath.

(-“¿Cuánto tiempo llevaba este experimento?

¿Días?

¿Meses?

¿Se habrán dado cuenta por fin de este experimento?”).

Maldijo a Higa.

(-“¿Cómo pudo hacer esto?”).

Pensó en Asuna.

(-“¿Estaría bien?

¿Notaría que algo andaba mal con la copia?” – “¿O acaso esa réplica era tan perfecta que incluso la engañaría para siempre?”).

Recordó el día en el lago de Underworld, cuando Asuna —con los reflejos del agua iluminando su rostro— le juró que ningún sistema podría separarlos.

Ahora, esa promesa era solo código corrupto Hasta su propia existencia.

(-“¿Era todavía “Kirito” si nadie lo recordaba?” – “¿O solo un archivo olvidado en un servidor oculto?”).

Cada pensamiento era ‘un segundo y un siglo a la vez’.

Hasta que, sin previo aviso…

El tiempo se normalizó.

— —“Lamento la interrupción.” La voz de Higa irrumpió en el vacío, tan fría como el metal de una mesa de operaciones, pero ahora con un tono urgente.

“-Y lamento más aún haber desaparecido sin aviso.” Una pausa calculada.

Kirito ‘sintió el peso de ese silencio’ como si fuera una bofetada.

—“Pero verás, tenía poco tiempo.” Continuó Higa.

“Y no podía gastarlo en charlas estériles.

Así que decidí actuar.” Sus palabras ‘eran precisas, como líneas de código ejecutándose’.

Ni un ápice de culpa.

—“Tienes todo mi respeto, Kirigaya.” Kirito con una gran furia pensó.

(-“¿‘Respeto’?

¿Era eso lo que llamaba ‘haberlo torturado en cámara lenta’?”).

Higa ajustó sus gafas con el dedo índice antes de añadir por el micrófono: —“Los resultados son más prometedores de lo esperado.

Para ser honesto…

eres una joya.” El elogio ‘sonó más obsceno que un insulto’.

—“Tu resistencia al buffer sin autodestruirte es…

fascinante.” —prosiguió Higa, y por primera vez, su voz tuvo un destello de ‘entusiasmo científico’.

-“Y como mi tiempo contigo se agota, decidí concederte una última conversación.” Kirito no supo si sentir alivio o terror.

—“En reconocimiento a tu…

‘contribución involuntaria’.” La voz de Higa goteaba ironía viscosa.

-“Te ofrezco una vida en Underworld.” Las palabras ‘sonaron casi generosas o limosna envuelta en papel de regalo’, pero Kirito conocía ese tono.

‘Era el de un científico satisfecho con su experimento.’ Un menú holográfico se materializó uno que podía ‘ver’ aún siendo un ‘Fluctlight.’ [1.

RESTORE_AVATAR: KIRITO_UNDERWORLD_200YR].

[2.

CUSTOMIZE: PARAMETERS_MOD].

—“Puedes elegir”.

Higa entonces le resumió.

-“Opción uno: recuperar tu avatar original, con los dos siglos de memoria intactos.

O…” Una sonrisa casi imperceptible.

-“Opción dos: modificarlo.

Ojos de otro color, cabello más largo…

detalles triviales.” -“¿No es irónico?

Luchaste tanto por salvar Underworld, y ahora es tu única salvación?” -“¿Por qué?” —Kirito forzó las palabras a través de lo que habría sido su garganta—.

“¿Qué ganas con esto?.” Logró articular Kirito, muy desconfiado.

Higa sonrió.

—“Porque hasta un ratón de laboratorio recibe su trozo de queso al final del laberinto.” —“¿Y si me niego?

¿Y si rechazo tu ‘regalo’?” Higa ‘no parpadeó’.

Con un movimiento languido, apagó el menú holográfico.

El silencio fue más elocuente que cualquier amenaza.

—“Entonces permanecerás aquí…

Quizá eternamente…

o quizá sólo hasta que presione este ‘encantador’ botón rojo.” Entonces apareció en sustitución al anterior menú holográfico desvanecido uno nuevo con un ‘resplandor sangriento’, mostrando tres letras que helaron el código de Kirito: [WARNING: COMMAND_DELETE_FLUCTLIGHT?

Y/N].

El holograma del botón parpadeó con un resplandor sangriento, y Kirito sintió algo que no creía posible: miedo.

No al dolor, sino al vacío absoluto.

A dejar de ser.

Su Fluctlight pulsó en azul eléctrico.

—“La elección es tuya, ‘héroe’.

Pero ya gané igual.” Dijo Higa de forma cínica y burlona.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Max999Max Este es mi primer fanfic, y como novato en el mundo de la escritura, reconozco que mi proceso puede ser lento.

Sin embargo, me esfuerzo por hacer que cada palabra cuente.

Esta historia es un viaje que toma su tiempo, ya que deseo explorar en profundidad los sentimientos y experiencias de los personajes.

No es una narración apresurada; en cambio, busco sumergir al lector en un mundo donde cada detalle importa y donde el desarrollo de la trama se siente auténtico y enriquecedor.

Espero que disfruten de este viaje tanto como yo disfruto escribiéndolo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo