Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - Capítulo 13: Capítulo 13: "Ningún muro protege de la verdad: El cazador fantasma en las sombras de su interior (Parte 2)"
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Capítulo 13: Capítulo 13: “Ningún muro protege de la verdad: El cazador fantasma en las sombras de su interior (Parte 2)”
**CLUNK—PSHHH…**
La puerta del ascensor se deslizó con un siseo metálico y profundo al detenerse en el último nivel, oculto bajo los cimientos del castillo.
**Tap—TAC—tac**
Agmar salió con rapidez, sus pasos firmes resonando contra el suelo de piedra. La presión en su pecho no era miedo… era instinto. Algo dentro de él le decía que no debía demorarse.
Frente a él se abría una sala, apenas iluminada por luces ámbar incrustadas en las paredes, aún activas gracias a sistemas de batería de emergencia.
En el centro, diez esculturas de aspecto inhumano se alzaban en círculos concéntricos: figuras delgadas y alargadas, de cuerpos simétricos y encorvados. Cada una sostenía dos machetes de filo curvo metálico, y sus rostros angulosos lucían dieciséis ojos distribuidos como los de una araña, proyectando una vigilancia imposible. Bajo sus labios cerrados, colmillos afilados se asomaban como si contuvieran una risa hambrienta.
**Tap—TAC—tac**
Agmar avanzó sin titubear hasta posicionarse en el corazón del círculo central. Allí, sobre el suelo, se dibujaban símbolos antiguos e indescifrables para la mayoría… pero no para él. Sabía exactamente lo que debía hacer.
Lo rodeaban las esculturas…
**¡Huummm!**
Alzó las manos. Luego, con voz grave, gutural y revestida de un eco arcano, pronunció una orden ritual.
**¡Zium! ¡Zium!**
**¡Fwump!**
Sus palmas comenzaron a formar en cada una una esfera oscura, cargada de energía elemental. Las arrojó con precisión al centro del círculo.
**THHRRRMMM—VVRRR…**
El suelo tembló.
**Crrrk—**
**Shlllk… Shlllk…**
El grabado se oscureció de inmediato, y los patrones trazados en la piedra comenzaron a moverse, retorciéndose como tentáculos de tinta viva.
**VHHMMMM—Ssshhh…**
Desde el centro del sello, una niebla negra emergió como un vapor consciente, arrastrándose por el aire en hilos finos, vibrantes, casi vivos.
**Tzzzt… tzzzt…**
Cada hebra se dirigió con precisión quirúrgica hacia las aberturas nasales y grietas de las esculturas.
**HhhhUUUUUURRR…**
Las criaturas inhalaron al unísono. Un sonido que no venía de pulmones…
Sino de cavernas subterráneas tragándose un viento maldito, como si hubiesen estado esperando ese aliento durante siglos.
… … …
Un silencio horrible.
Entonces, comenzó la transformación.
**CRACK—CRSHH—TCHH…**
Las esculturas se resquebrajaron con un sonido de piel endurecida rompiéndose. Pero no se hicieron añicos. Las capas exteriores se desprendieron como caparazones quemados, revelando debajo cuerpos de carne viva, músculos tensos y texturas oscuras que relucían bajo la tenue luz como cuero húmedo.
Las estatuas ya no existían. Solo quedaban esmirros.
Uno abrió la mandíbula sin emitir sonido.
**Crrrrk—Snap**
Otro giró el cuello ciento ochenta grados antes de alinearlo de nuevo. Todos, al unísono, enfocaron sus múltiples ojos rojos brillantes en Agmar.
Él no les explicó nada. No era necesario. Estaban hechos solo para obedecer a su invocador sin dudar. Solo les dio una orden:
—“Síganme y protéjanme. Nadie debe interponerse en mi camino.”
—“…”
Los esmirros no respondieron. Solo se movieron, como una sombra dividida en diez cuerpos.
**Sshhhhh…**
Agmar les dio la espalda con confianza. Y ellos le siguieron.
**KRRSH—KSHH—CLINK…**
El metal de los machetes rozaba entre sí con cada paso que daban.
**TAC… TAC… TAC…**
**TAC… TAC… TAC…**
Y juntos, empezaron a avanzar hacia el túnel de escape más adelante, donde la oscuridad aún no había decidido a quién servir esa noche…
**Tac—Tac—TAC—TAC…**
Agmar avanzaba con pasos veloces, las botas resonando contra el suelo de piedra como una cuenta regresiva grave.
Y tras él, diez pares de pies bestiales replicaban ese ritmo, cada uno con su propio eco sordo en la tenue iluminación del túnel.
**KRSH—TUMP—CLINK…**
**KRSH—TUMP—CLINK…**
Las luces eran tenues: tubos lineales empotrados en los muros, parpadeando con un zumbido eléctrico bajo, como si palpitara al ritmo de su corazón acelerado.
**Zzzzt… zzt…**
Entonces llegaron a la primera encrucijada.
Siete túneles, oscuros y angulosos, se abrían frente a él como garras talladas en piedra… cada uno igual de opresivo que el anterior.
Pero Agmar, que encabezaba la marcha, no vaciló.
—“Tercera vía.”
Giró sin dudar, y los esmirros lo siguieron al unísono, sin emitir sonido, como si fueran una sombra múltiple pero indivisible.
Pocos metros después: otra bifurcación.
Siete salidas. Eligió la sexta.
Y así continuó:
Siete cruces. Siete decisiones.
Túneles gemelos, silenciosos, traicioneros.
Pero Agmar no se perdió.
Este laberinto no fue creado para él… fue creado por su estirpe.
La familia imperial lo había diseñado siglos atrás para desorientar a perseguidores, para borrar rastros en las entrañas de la tierra.
Y él, como heredero legítimo, lo conocía de memoria.
Hoy… lo usaba para huir.
**Thok… Thok… Thok…**
Los sonidos de la marcha fueron amortiguándose a medida que los muros se abrían hacia una nueva cámara.
La última elección lo condujo a una sala amplia y silenciosa, iluminada por paneles circulares empotrados en el techo, que proyectaban una luz neutra, casi quirúrgica.
En el centro, reposaba una nave alargada y aerodinámica, con una estructura similar a los mecadragones… pero más delgada, más oscura, más letal.
Color negro absoluto, diseñado para el sigilo.
Un espectro de evacuación.
La nave apuntaba directamente hacia una puerta gigantesca que conducía a un túnel ancho y rectilíneo, largo como un suspiro contenido: la vía de escape que lo llevaría kilómetros fuera del territorio. Fuera del alcance del asedio. Lejos del castillo derrumbado.
Agmar se volvió con desdén hacia los esmirros que lo seguían y, con tono seco, les ordenó:
—“Quédense aquí y vigilen la entrada.”
**Grnn**
**Grnn**
Estos solo gruñeron como respuesta. Un sonido gutural y breve que, en su idioma mudo, era acatamiento.
**Toc… Toc… Toc…**
Entonces Agmar se acercó a los controles incrustados en una columna de metal.
**Beep, Beep, Beep**
Introdujo el código.
El sistema respondió sin retardo:
**TCHK—VRRRMMMM…**
**Whoooosh…**
La enorme puerta frontal comenzó a abrirse lentamente, dejando que el aire contenido en el túnel soplara hacia el interior con un eco profundo y antiguo.
Agmar observó el proceso sin emoción. No sonrió. No suspiró.
Pero por primera vez esa noche… sintió un atisbo de alivio.
**Beep, Beep, Beep**
Volvió a activar los controles para ejecutar una nueva orden.
**Clank**
**Zzzzzt**
Desde el suelo de la plataforma emergió un mecanismo oculto. Un zumbido seco precedió la aparición de una escalera metálica, que se elevó lentamente hasta quedar al nivel de la cabina.
**Clink—Clink—Clink**
Sin perder tiempo, Agmar subió con paso veloz la escalera metálica.
**Shhhk—Fump**
Abrió la compuerta del piloto e ingresó en la cabina. Se dejó caer en el asiento con una mezcla de fatiga y resolución.
Por un instante, se permitió creer que estaba a salvo.
Pero al tocar los controles para iniciar el encendido…
**¡Bwoop!**
Una alerta sonora resonó brevemente, y todas las pantallas parpadearon.
**Fzzzt**
…para luego apagarse de inmediato.
—“Maldita sea… No importa… solo tengo que reiniciar todo y hacerlo de forma manual…”
Se consoló en voz baja, convencido de que todavía podía imponerse al caos de aquella noche.
Pero el tiempo para maniobras técnicas… ya se había terminado.
Porque entonces lo escuchó.
**GRRRRHHK—RRRRRR…**
Un sonido gutural, sincronizado, animal.
No venía del túnel.
Venía de atrás.
Los esmirros.
Agmar sabía distinguir cuándo una alerta era mecánica y cuándo era orgánica.
Y esta…
Era advertencia pura.
Sus cuerpos estaban tensos. Las espadas alzadas.
Los dieciséis ojos de cada uno fijos en la entrada opuesta de la sala.
**Crrrk**
Agmar se giró lentamente.
La sensación que había intentado reprimir toda la noche finalmente tomó forma.
…
No estaba solo.
Su perseguidor… había llegado.
**GRRRRHHK…**
**GRRRRHHK…**
Los diez esmirros gruñían al unísono.
No por protocolo. Por amenaza real.
… …
**Toc**
Agmar lo vio por fin. Entró con un solo paso.
**Shhh…**
Una figura cubierta de pies a cabeza con una túnica oscura, como devorada por las sombras mismas del castillo. La capucha le ocultaba el rostro casi por completo, pero dejaba ver unos ojos afilados, azules como zafiros encendidos, que brillaban con una resolución absoluta.
La boca cubierta. La voz aún oculta.
**Ting**
Pero en su mano derecha enguantada, ya sostenía una espada desenvainada. No una común.
El brillo del acero era puro, pulido, casi sagrado.
Sin adornos. Sin símbolos. Pero hablaba por sí sola.
No llevaba más armas.
No había armadura.
No portaba proyectiles.
Y, sin embargo…
su sola presencia bastaba.
**Toc—Toc**
El desconocido se detuvo a unos metros de los esmirros, que ya se habían abierto en semicírculo defensivo, listos, tensos…
Esperando solo una orden de Agmar para destrozar al intruso.
Pero este apenas levantó el mentón, lo justo para que su voz retumbara en la sala.
—“Emperador Agmar. Por conspiración contra la paz del Reino… estás arrestado. Entrégate sin oponer resistencia.”
La voz era grave, joven, sin rastro de duda.
Y confirmó lo que Agmar ya intuía por su porte:
Era un hombre.
Un ejecutor.
Un rival.
El emperador frunció el ceño. El alivio del escape se desvaneció como humo golpeado por el viento.
**Tac**
Sin alternativa clara, salió de la cabina y se irguió sobre el fuselaje de la nave, mirando con condescendencia a la figura encapuchada…
solo para preservar algo de compostura al responder:
—“¿Quién eres tú?”
**Clack**
Fue como si escupiera las palabras.
Pero sus manos se tensaron, y una ya tanteaba el rifle a su espalda.
Sabía que esto… no terminaría de forma pacífica.
Agmar observó sus ojos. Esa postura de seguridad. Esa espada de otro tiempo…
Y, sobre todo, la capacidad de haber permanecido en sigilo hasta el último segundo.
Entonces lo comprendió.
—“Fuiste tú… tú destruiste mis sistemas. Apagaste la seguridad. Desmembraste mi castillo como si lo hubieras planeado tú mismo.”
**Shiiing**
La figura no se movió.
Solo bajó ligeramente la hoja al costado, y respondió con tono firme, como si su hipótesis ni siquiera requiriera defensa:
—“Tu red se quebró desde adentro, Agmar. No importa el cómo. Solo que todo esto termina aquí y ahora…”
Agmar soltó una risa seca, contaminada de rabia e incredulidad, y llegó a una nueva suposición sobre su identidad:
—“Eres uno de los Integrity Knights, ¿verdad? ¿Despertaron a uno de los antiguos durmientes de la Catedral… solo para venir por mí?”
Señaló la espada con desdén.
—“Esa hoja… parece una reliquia de la antigüedad. Apuesto a que incluso cantará al contacto, como las de los viejos mitos.”
**Toc**
La figura dio un solo paso hacia adelante.
Su voz retumbó como sentencia dictada:
—“Puedes creer eso si te da consuelo. Pero no soy un mito. Soy tu final…”
**GRRR…**
**GRRR…**
Los esmirros bajaron levemente el cuerpo, como lobos listos para saltar.
… …
Y el aire… dejó de moverse.
Agmar alzó la voz con una furia templada:
—“¡Quebraré esa espada… y tu fantasía de detenerme, caballero Integrity!”
Y luego dio la orden que los esmirros habían estado esperando.
—“¡Ataquen y mátenlo de una vez!”
**GRRRRRHHHAAAARRR!**
**GRRRRRHHHAAAARRR!**
Los esmirros rugieron al unísono, un canto gutural de acero y furia, y se lanzaron como una jauría de cuchillas, sus cuerpos sincronizados, machetes descendiendo desde todos los ángulos.
**Shiiing-Shiiing-Shiiing-Shiiing-Shiiing!**
**Whoosh-whoosh-whoosh-whoosh-whoosh!**
El intruso… no se movió.
**Fzzzt—Fzzzt—Fzzzt— fzzzt— fzzzt—**
Con la mano izquierda —libre y enguantada— formó en sus dedos cinco núcleos de energía azulada.
Pequeños orbes de hielo puro, criogénicos, girando con una vibración nítida, como cristales cantando.
**Fhzzz—BZT—CRACK!**
**Fhzzz—BZT—CRACK!**
Disparó los cinco a la vez, con la naturalidad de quien lo ha hecho mil veces.
Las cinco luces elementales volaron directo a los primeros esmirros que lideraban el asalto.
Impacto en: articulación izquierda. Hombro derecho. Codo interno. Muñeca. Tendón central.
**TCHHRK—SKRASSHH—KRK!**
Sus brazos quedaron tensos como el acero congelado, detenidos en mitad del movimiento.
Los machetes, anclados en hielo, eran ahora inútiles.
Pero los esmirros no se detuvieron.
Sus ojos aún ardían con intención de matar.
**Shiiing-Shiiing-Shiiing-Shiiing-Shiiing!**
Con sus otros brazos activos, levantaron las cuchillas gemelas, coordinando ataques desde posiciones cruzadas, laterales, descendentes.
**WHHHMMM—KRRRNNK!**
Fue entonces cuando la espada del hombre se iluminó en azul celeste, Y el aire mismo vibró, como si el mundo reconociera lo que estaba a punto de ocurrir… y Agmar, desde donde estaba, también lo comprendió: era una habilidad de espada. Al ver su potencia y el color intenso, supo que era de una calidad extrema.
**ZRRRRRRM—WHUUM!**
El aura celestial trazó un arco expansivo a alrededor de la figura misteriosa.
Y entonces, se movió.
No fue un paso.
Fue una fractura del aire.
Un destello azul atravesando a los cinco atacantes como un relámpago quirúrgico.
En un solo parpadeo, la espada impactó cinco veces, con precisión absoluta sobre los brazos aún funcionales:
**CLINK—**
– Golpe uno: cortó la hoja en pleno descenso, seccionando también el antebrazo.
**SHHK—**
– Golpe dos: interceptó desde abajo, quebrando el arma al centro.
**TZAK—**
– Golpe tres: torció con velocidad lateral, arrancando el machete del oponente.
**KRASH—THRRM**
– Golpes cuatro y cinco: una doble cruz que pulverizó las últimas cuchillas elevadas.
**KRAK—TKSHH—CHHLINK!**
Los cinco esmirros quedaron sin armas.
Pero avanzaban.
Ya sin cuchillas…
Ya sin sentido.
Impulsados por lo único que les quedaba: instinto y programación.
Entonces, abrieron las fauces.
**KRHHHHHH—SHHKHH…**
De sus bocas emergieron dientes tan afilados como cuchillas.
No para intimidar. Para arrancar.
Iban a usarlos como última arma, decididos a desgarrarle alguna extremidad al pasar.
El aura aún no había terminado; volvió a estallar desde la espada.
Celeste vibrante. Hielo con pulso.
La figura, por un instante, movió su espada, que se deslizó entre los cuerpos como una sombra líquida.
Y en menos de un segundo, cinco nuevos cortes fueron ejecutados desde ángulos alternos.
**ZRRHH—**
– Un tajo vertical que dividió la clavícula.
**SHHHK—**
– Un corte de giro ascendente, de cadera a hombro.
**FWUNN—**
– Una estocada baja que cercenó ambas piernas.
**KLIINK—**
– Una embestida que perforó el corazón.
**THSSH!**
– Y por último… un tajo horizontal que se llevó el cuello.
Cinco cuerpos partidos en dos.
Las mitades se mantuvieron erguidas un solo instante…
**SHHHRK…**
THUD—THUD—THUD—THUD—THUD.
Los fragmentos cayeron.
… …
El silencio volvió…
Solo acompañado por un eco de acero rodando.
**KCH-TCH… clink… clink…**
Fragmentos de machetes de alto grado giraban aún en el suelo.
Los otros cinco esmirros —los no afectados— dieron un paso atrás.
Un paso.
Solo eso.
Pero fue suficiente.
Sus instintos les gritaron lo que la lógica aún no aceptaba:
Lo que enfrentaban… no era humano.
Era una ejecución con rostro.
Entre los restos humeantes, el aura azul comenzó a disiparse.
La figura volvió a su posición inicial.
Espada baja. Respiración firme. Vista helada.
Los esmirros…
ya no eran invencibles.
**Tac**
Agmar dio un paso atrás. Su ceño se contrajo.
**CRRK**
La mano sobre el rifle estaba firme… pero algo dentro de él vacilaba.
Porque, por primera vez desde que comenzó esta noche… No tenía certeza de salir con vida.
Incrédulo tras presenciar una habilidad de múltiples impactos que no reconocía en ningún protocolo bélico conocido… y eran nada menos que diez golpes consecutivos, tan asombrosos como letales, Agmar murmuró, apenas audible:
—“No… eso no era un simple arte de espada.”
Los esmirros restantes no retrocedieron ni huyeron, pero por primera vez… se adaptaron.
En lugar de lanzarse como una manada, fueron hacia los flancos:
Cinco posiciones distintas, cinco ángulos de ataque, buscando encerrar al enemigo en un asalto descoordinado pero simultáneo, con la esperanza de que alguno consiguiera el golpe letal.
Tap… Tap… Tap…
Se fueron posicionando con precisión animal.
La figura encapuchada no se inmutó.
Sus ojos azul zafiro los siguieron uno por uno.
No parecía impresionado. Solo… acostumbrado a estrategias así.
**Zhhh…**
La tela de su túnica crujió apenas al girar la cabeza.
Desde la cima de la nave, Agmar —irritado por la eficacia de su oponente— tomó su rifle experimental.
**CHK—KLANK**
Ajustó la mira, el sistema óptico zumbando con un breve impulso mecánico.
*”Bzzzt…**
—“No escaparás de esta.”
Con su ventaja táctica de visión elevada sobre el campo, murmuró mientras apuntaba…
**TCHK**
Buscando la apertura perfecta entre el caos inminente.
**Toc… toc… toc…**
Los esmirros comenzaron a rodearlo.
Sus machetes reflejaban la luz tenue de la sala, parpadeando como cristales dentados a punto de caer.
Estaban por atacar.
**Shhh…**
Como lobos que bajan el cuerpo justo antes del salto.
Pero antes de lanzarse…
Entonces ocurrió.
*”FWWUUUMMM—TZHHH!**
La espada de la figura brilló de repente con una intensidad deslumbrante, como si una estrella hubiera nacido en el corazón de la sala subterránea.
**Zzzzhhkt!**
La explosión de luz crepitó con un zumbido agudo, expandiendo su aura como un latido que doblaba el aire.
Agmar entrecerró los ojos por el resplandor abrasador.
—“Tch…”
Maldijo entre dientes.
Los esmirros, como si aquella luz fuera la señal, atacaron desde las cinco direcciones a la vez.
Y al estar ya demasiado cerca…
fueron tragados por la incandescencia.
*”SHHHHHHKRRRRMM!**
El sonido de los machetes… desapareció.
Como si se hubiesen disuelto.
Agmar no dudó.
Usó ese punto de luz como blanco.
**Click—WHRRRRMM—TCHAKAKAK!”*
**TCHAKAKAK—TCHAKAKAK!**
Una ráfaga de disparos salió del rifle, impactando directamente al centro del resplandor.
**TCHNK—PANG—KRK—SKAASH!**
Los proyectiles golpearon algo: se oyeron choques metálicos, rebotes, incluso gritos distorsionados…
Los de sus propios esmirros, quizás.
—(“Un precio razonable.”)
Pensó con frialdad, descargando el cargador por completo.
Solo cuando el arma emitió un chasquido seco, se detuvo.
**Click. Click…**
Cambió el cartucho con rapidez, jadeando entre la tensión y la furia.
Fue entonces cuando lo oyó y vió.
**SHHHK—SLASH!**
Un sonido nítido, como si la luz misma hubiese sido desgarrada.
Un destello azul, horizontal, atravesando de lado a lado aquella luminiscencia que aún latía.
Agmar parpadeó, sus pensamientos desesperados filtrándose en voz baja.
—“Si sigue con vida… debe estar sangrando. Debe estar colapsando…”
Intentó convencerse.
**Drip.**
Un goteo.
Giró el rifle, apuntando hacia el origen de ese sonido.
Esperó que la luz se estabilizara y disipara su fuerza e intensidad.
Y La luz comenzó a disminuir, retrocediendo con lentitud, deshaciéndose en fragmentos como escamas flotando en el aire.
Y cuando lo hizo… su rostro perdió el color.
…
Los cinco esmirros seguían de pie.
**Drip—Drip—Drip**
Perforados.
Heridos.
Sangrando profusamente.
Como cuerpos que aún no sabían que estaban muertos.
Pero en el centro, donde sus ataques habían convergido segundos antes…
No había nadie.
**FZZzt…**
Solo una esfera de luz flotando en el aire, palpitando débilmente antes de disolverse.
Un señuelo.
Un engaño perfecto.
—“…”
Agmar, mudo, siguió con la mirada…
Y allí estaba.
Fuera del círculo. Flanco izquierdo.
Espada en alto. Postura intacta. Sin un solo rasguño.
A sus pies…
“Tump… roll… clink—clink…”
las cinco cabezas de los esmirros, rodando lentamente sobre el suelo, cortado como mantequilla con un solo golpe…
Porque se habían agrupado en el mismo punto.
Los cuerpos aún en pie temblaron una fracción de segundo, como si la muerte dudara un momento antes de abrazarlos.
Y entonces…
*”CLANK—CLANK—CLINK—TINK—KLONK.**
Sus machetes cayeron primero, resbalando de las manos sueltas y chocando contra el suelo metálico, rebotando, girando, emitiendo el canto áspero de acero despojado.
… … …
Luego, los cuerpos colapsaron al unísono, con un estruendo sordo y final que pareció retumbar por todo el hangar:
**THUD—THUD—THUD—THUD—THUD.**
**Gulp**
Agmar tragó saliva.
…
El intruso lo miraba.
Y esa mirada —afilada, azul como hielo que corta—le decía sin palabras quién sería el siguiente.
Ahora que estaba completamente solo.
Agmar no permitió que el miedo le devorara por completo. Aunque sentía cómo se le pegaba a la piel como un sudor helado, apretó los dientes, sus ojos se afilaron, y —como si disparar fuera una forma de negar el destino— apretó el gatillo.
**Click—WHRRRRMM—TCHAKAKAK!**
**TCHAKAKAK—TCHAKAKAK!**
Sus disparos surcaron el aire como relámpagos.
Proyectiles a velocidad sónica, los mismos con los que había practicado cientos de metros en campos abiertos, forjando una de las mejores punterías del Imperio.
**SHIIINK—TZAKK—KRSHH—PING—PING!**
Pero el hombre frente a él —para su horror— los desvió con su espada… sin utilizar ninguna habilidad especial.
No los esquivó…
los partió.
Cada proyectil fue interceptado con un ángulo exacto.
**TINK—CHING—TRRTTT…**
Los fragmentos de las balas saltaban al suelo como lluvia de metal cortado, repiqueteando contra la piedra, dispersándose sin dejar una sola marca en su manto oscuro.
Cada impacto era desviado con movimientos tan precisos que parecían anticipar el trayecto de cada bala:
corte, giro, desvío, corte.
**TZAKK—KRSHH**
¡Chispas!
Se esparcieron por el aire en destellos breves, dispersándose como luciérnagas metálicas.
**CLK—KCHK—TCHHK…**
Los ojos de Agmar se abrían con incredulidad, mientras apretaba el gatillo de su rifle una y otra vez, con fuerza creciente.
—“No… eso no es posible…”
**Click—Click—Click.**
Cuando el caballero dio otro paso hacia adelante sin mover más la espada, Agmar lo comprendió:
Se le había acabado el cartucho.
**TCHK!**
chasquido seco.
Casi con reflejo militar, recargó, levantó el arma y volvió a disparar, ahora con el caballero más cerca que nunca.
**WHRRRMM—TCHAKAKAK—TCHAKAKAK!**
Pero la historia se repitió.
Las balas no sirvieron de nada.
Los proyectiles chispeaban al ser cortados en pleno aire.
**TZAKK—PING—KRSHH!**
Rebotando a su alrededor como si fueran juguetes de metal.
Ya para ese momento, la figura estaba frente a la nave.
**FWUUUM—KRZZT.**
Agmar solo podía seguirlo con la mirada, incapaz de detener la tormenta que se cernía sobre él.
**Shhh—CLACK.**
El viento arremolinado levantaba su capa a espaldas, y el crujido de las botas del otro en el suelo de piedra marcaba el compás del inevitable desenlace.
Entonces, el filo de su espada volvió a brillar.
**VVVRRRM—CHNK!**
Esta vez, con un resplandor verde intenso.
Una energía viva, afilada como la voluntad que la empuñaba.
**Tssshhh—CHHRNK…**
La presión en el ambiente aumentó, el aire comenzó a zumbar con estática, y pequeñas partículas de polvo flotaron despegadas del suelo, agitadas por la energía latente.
**THWMP—ZZSSHHH.**
**FWUUUM—KRZZT.**
Antes de que Agmar pudiera cargar otro cartucho, el caballero lanzó una habilidad en forma de “V”: un corte descendente seguido de otro ascendente, ejecutados con precisión perfecta.
Dejó tras de sí una estela de luz verde vibrante, pero el objetivo no fue su cuerpo para matarlo, sino el lugar exacto donde estaba parado… la nave.
**CLANG—KRAAAASH!**
**CLANG—KRAAAASH!**
Ambas alas de la nave fueron seccionadas limpiamente.
El metal crujió al fracturarse, como si la estructura misma se rindiera ante esa energía.
**CHRRRNN—RZZZK!**
Y la estructura entera se ladeó, partiendo parte del suelo como un tajo que no solo cortaba metal, sino también el equilibrio del espacio en el que Agmar se preparaba para disparar.
**Lo tomó completamente por sorpresa.**
El punto desde el cual apuntaba se quebró bajo sus pies, y el desbalance fue inmediato.
Agmar, desequilibrado por el colapso, resbaló…
**THMP—GRMM—KLANG!**
…e intentó reacomodarse en la caída para amortiguar el impacto, incluso impulsándose un poco más lejos con un leve salto, buscando alejarse del lugar exacto donde se encontraba el caballero.
Aun así, cayó sobre el suelo de la plataforma con la respiración cortada y los ojos abiertos de par en par.
El golpe fue brutal, pero no suficiente para quebrar la furia que lo mantenía en pie.
Con furia, se incorporó y levantó el rifle para disparar a quemarropa.
Pero el filo del caballero ya venía en camino, como si lo hubiera anticipado.
**CLANG—SHNK!**
El rifle fue partido en dos.
Agmar soltó los restos del arma con rabia e incredulidad, y desenvainó su espada de dos manos con gran velocidad.
**VSSHH—TCHAK!**
El metal salió del cinto con una vibración aguda, marcando el cambio en su determinación.
Sabía que era en vano lanzar muchos ataques contra un enemigo que ya había demostrado
Que podía mover su espada contra múltiples oponentes.
Así que pensó en ganarle con fuerza… no solo con velocidad.
Y aunque sabía que su estilo veloz dejaba aberturas peligrosas, estaba dispuesto a arriesgarse a recibir uno, dos, o incluso tres impactos, confiando en que la protección oculta bajo su abrigo —una capa de blindaje tecnológico avanzado, muy por encima de lo común en esa época— resistiría el daño inmediato.
Sabía que sangraría… pero no lo suficiente como para caer. Las heridas no perforarían órganos vitales, y con el tratamiento adecuado después, podría seguir luchando hoy y seguir con vida mañana.
Todo valía la pena, si eso le permitía clavar un tajo total… algo que partiera al enemigo por la mitad.
El riesgo era inevitable.
Pero también lo era su furia.
—“¡Aaaaaahh!”
**WRRHHHRMMM—FZZAKK!**
Con un rugido ancestral, activó la técnica heredada de su linaje imperial.
La atmósfera pareció tensarse en torno a él, el suelo resonó con un eco sordo y las partículas de luz que flotaban se arremolinaron como arrastradas por una voluntad que no era del todo humana.
La hoja se tiñó de rojo oscuro, y el suelo comenzó a vibrar bajo sus pies.
“VMMMM—RRRK!”
Era fuerza bruta. Presión. Legado en forma de acero.
—“¡Muere con la historia, maldito caballero!”
**THHRRMM—BWAAAM!**
El caballero no se intimidó. Su mirada no cambió ni un poco.
Más bien, respondió con su propia habilidad de espada:
Una ráfaga verde de velocidad emergió desde el suelo con violencia repentina, ascendiendo en diagonal como una lanza de luz cruzada, lanzada para interceptar el tajo descendente de Agmar justo antes del impacto, en el punto más débil de su trayectoria.
La trayectoria del caballero era precisa y feroz, diseñada para abrir el choque en cruz… y fracturarlo desde adentro.
Sabía que la fuerza de un golpe descendente es más vulnerable justo antes del impacto o al comenzar a bajar, y que la espada es más frágil cerca de la empuñadura, donde la presión del ataque es mínima.
Y fue allí donde apuntó.
**KRHHHK—CRACK!**
El choque fue brutal, como un estallido seco entre acero y voluntad.
**FFWSSHH—FLAPFLAP—WHRRMMM!**
El aire se expandió violentamente por el impacto, sacudiendo los abrigos y capas de ambos combatientes hacia atrás.
**KRKRKRKRK—CHRRRNNNK!**
**THMP—SKRRRSHH!**
Un estruendo repentino los empujó en direcciones opuestas, mientras el suelo bajo sus pies se agrietaba en forma de telaraña, revelando la magnitud del golpe.
Agmar alzó la mirada.
Los ojos Azules del caballero lo observaban: afilados, pero serenos, como si esto también hubiese sido calculado.
Sin arrogancia. Sin odio. Solo certeza.
Eso lo encendió aún más.
—“¡AaaaaAHHHH!”
**THRRRNNK—SKRRAAK!**
Con una última exhalación de furia, Agmar apretó la empuñadura con ambas manos y rugió, **intentando forzar su ataque hacia delante para romper la presión del choque**, pero su Espada no era tan fuerte como su Voluntad y determinación.**
**Su espada familiar, por poderosa que fuera, no alcanzó la fuerza necesaria**. El caballero lo había anticipado todo.
Tenía la técnica exacta.
El momento exacto.
Y aún así, por un segundo pareció que el arma resistía…
Pero no fue suficiente.
**CRAACK—SHRRNK!**
La hoja del caballero atravesó la de Agmar, partiéndola en diagonal.
La punta pesada cayó al suelo…
**KLANK—KRRNK!**
…dejando solo la empuñadura rota temblando en su mano.
El eco de ese esfuerzo final reverberó en la plataforma…
…
Por un instante eterno, ambos cuerpos permanecieron inmóviles.
Como una estatua viviente de acero, furia y destino congelado.
El caballero estaba detrás de él, con la hoja aún elevada, en una postura pulcra, inalterada.
Mientras Agmar permanecía unos pasos atrás, congelado, con el torso levemente torcido por el esfuerzo, jadeaba con los ojos abiertos de par en par.
—“…”
Y fue entonces, entre esa quietud forzada, que alzó la mirada.
Aún sostenía la empuñadura rota en su mano, antes de bajar lentamente la vista hacia el fragmento de su espada, caído a sus pies.
Su rostro… no podía asimilarlo.
No comprendía lo que acababa de ocurrir.
Y entonces, el emperador lo entendió con la claridad de un golpe que no hace ruido:
Ya no quedaban salidas.
**BZZZT—KLIK!**
Con desesperación y ojos enrojecidos por la locura, sacó de su abrigo dos bombas esféricas con detonador de tiempo, que se activaban al presionar el botón central.
—“¡Si voy a caer, tú vendrás conmigo!”
**TCHAK—TCHAK!**
Activó los dispositivos, y se lanzó como un proyectil humano hacia el caballero que se encontraba detrás de él.
**FFWHHH—CRSSHK!**
No le importaba si lo rebanaba en dos…
Solo quería que las bombas cayeran cerca.
Pero entonces ocurrió algo que Agmar no pudo anticipar:
Velocidad total.
Una velocidad que no había mostrado antes:
De todo su cuerpo en conjunto, y no solo a través de la habilidad de su espada.
**Toc.**
El caballero dio un paso.
**SWOOSH—WHMP!**
Su mano libre se alzó como un martillo preciso y golpeó directamente debajo del esternón de Agmar.
**THOOM!**
—“¡Aaaaaa—ghhh!”
**KRRKKK—FWWMP!**
El impacto lo levantó en el aire.
A pesar del blindaje bajo su abrigo, diseñado para soportar proyectiles y choques de combate cuerpo a cuerpo, el golpe atravesó la protección como si solo llevara tela.
La violencia del impacto comprimió sus órganos y bloqueó su respiración al instante.
**”Hhk—PFFF!”**
Agmar escupió saliva con un sonido húmedo y ahogado.
Junto a un grito de dolor que se quebró en su garganta, y en el proceso soltó las dos bombas activadas.
**CLACK—CLINK…**
Las esferas giraron en el aire por un instante…
El mundo pareció detenerse.
Como en cámara lenta.
**FWWUUHH…**
Todo quedó suspendido entre el estallido que no había llegado y el destino que aún no se decidía.
**FWP—WHSSSH!**
Pero el caballero, en esas fracciones de un segundo, tomó una de las bombas con su mano izquierda y, con un giro firme, la arrojó hacia la puerta del túnel de escape, por donde debería salir la nave.
**SHHHH—KSHNN!**
**KLANG—FWOOOSH—TKTKTK!**
Luego, girando sobre sí mismo en un ángulo completo, usó el reverso de su espada para batear la segunda bomba como una pelota metálica, enviándola tras la primera.
**WHOOSH!**
**WHOOSH!**
Ambas bombas volaron por el aire, desapareciendo en la oscuridad del túnel.
Segundos después…
**BOOOOOOM!**
**KRAAAAK—RRRRMMMBBBHH!!**
La explosión sacudió toda la cámara, haciendo temblar las paredes y lanzando una ola de presión que se expandió en todas direcciones.
**CLANK—CRRSHH!**
Fragmentos de metal, humo y polvo se alzaron como una nube violenta que devoró la entrada.
El túnel colapsó, **sepultando la única salida bajo toneladas de escombros.
**TSSSHHH—KRUNK!**
Las vigas reventaron una a una, como huesos partidos bajo el peso del destino.
El último camino de Agmar…
sellado.
Ni a pie podría escapar ahora.
**FWWWWSSHH—TCHMMM.**
Y frente a él, de pie, sin un rasguño, espada aún encendida, respiración firme…
Y ojos que lo cuestionaban en silencio por semejante locura…
…La figura misteriosa, a quien él solo podía nombrar: Caballero Integrity.
**GRHHH—UGHH—KRK…**
Agmar se retorcía en el suelo, como una bestia herida que no aceptaba su jaula. El dolor del golpe aún vibraba bajo su esternón, robándole el aire. Pero era otra cosa lo que lo asfixiaba: la derrota.
En una sola noche, había sido desarmado, despojado y reducido a escombros. No solo por un espadachín desconocido… sino por un Reino al que había intentado traicionar en las sombras.
Alzó la mirada.
**Toc-toc**
El caballero avanzaba hacia él, lento y firme. La tenue luz de la sala delineaba su figura como una sombra creciente. Su capa negra ondeaba apenas, y sus ojos zafiro brillaban como veredictos sin misericordia.
Agmar se preguntó —con ese sabor amargo que solo conocen los vencidos— si todos los Integrity Knights en la Catedral eran así. O si el Reino solo necesitó uno… El mejor de todos ellos para acabarlo todo.
Con la mirada caída, rota, habló con voz ronca:
—“Ya acaba con esto… termina con mi vida y esta traición. No hay nada más que arrancar de mí.”
**Toc-toc**
El caballero no se detuvo. Pero tampoco levantó el filo de su espada para cumplir con su pedido.
—“No estoy aquí para matarte, Agmar. Estoy aquí para arrestarte. Serás juzgado por el Reino… y sus líderes.”
“Kh-haha… ha… khhh—ggh…”
“Hrk—ghhh…”
Agmar soltó una risa rota, que se quebró pronto en un sollozo áspero.
Lágrimas calientes caían por su rostro. No de arrepentimiento. De furia.
Furia por ver su fin tan humillante.
Furia por no haber logrado nada.
—“Así que es eso…”
Y entonces lo entendió.
No moriría aquí. No ahora.
No por la espada limpia de un caballero…
Sino más adelante, cuando ya no pudiera alzar la cabeza.
Juzgado públicamente. Condenado con pruebas irrefutables.
Ejecutado como traidor… sin dignidad.
¿Ese sería su epílogo? ¿Ver su nombre arrastrado en plazas, atado, humillado?
(No…)
Pensó Agmar con dolor.
Debía elegir su final, aunque fuera con la última sombra de control que le quedaba.
“Hhh—grrk…”
Susurró en su dolor. Una voz quebrada, como un eco perdido entre costillas rotas.
**TCHK—SHHK…**
De su abrigo sacó un cuchillo militar, pequeño, recubierto de una sustancia verdosa en su hoja: veneno de acción rápida.
Pero el filo no apuntó al caballero.
Apuntó a su propio pecho.
**—“¡GRAAAHHHHHH!”**
Con un grito de rabia reprimida, alzaba el cuchillo cuando…
**CLANG!**
El acero voló de su mano al ser interceptado con un golpe seco de la espada enemiga.
**TCH—KRRRNNK—clink… clink…**
El cuchillo rebotó en el suelo, rodó…
…y se detuvo como un veredicto, muy lejos de él.
—“No seas cobarde.”
Dijo el caballero con voz grave, imperturbable.
—”No intentes huir de las consecuencias de tus actos. Afróntalas como lo que fuiste: el arquitecto de tu propia condena.”
—“…”
Agmar no respondió.
Solo bajó la cabeza con expresión muy oscura.
“Hhhh—ghhh… tch…”
Un aliento tembloroso, retenido.
El crujido leve de sus hombros al tensarse, como si su cuerpo aún resistiera lo inevitable.
“Khff—huhh…”
Sus hombros se contrajeron.
Y luego se quebró.
“Hrk—hh—uhhh…”
Lloró.
No por redención.
Sino por saber que ya no tenía poder… ni siquiera sobre su propia muerte.
La voz volvió a sonar, serena pero firme:
—“Para evitar que hagas más locuras… es mejor que duermas.”
Agmar apenas alzó la vista… justo para ver una mano cerrarse en su dirección.
**THUD!**
El impacto fue seco, directo a su sien.
Y con eso, la oscuridad lo envolvió por completo.
Caído. Capturado. Condenado.
(*****)
—“Haaah”
Kirito exhaló con lentitud. Agmar yacía a sus pies, inconsciente, derrotado.
(—“No solo tuve que forzarme para no matarlo, sino también tuve que evitar que él se matara…”)
Pensó, negando con la cabeza por todo lo sucedido.
Entonces, en un susurro casi imperceptible, pronunció:
—“Perdón… Vaelinne, Lyrielle. Les mentí.”
**TCHK…**
Con delicadeza, sacó de entre sus ropas una pequeña esfera dorada, lisa, casi inofensiva al tacto.
**Fzzzzt…**
La observó por un momento, recordando todo lo que implicaba su creación… y todo lo que estaba a punto de hacer.
**SHHHK—CLANK.**
Después de enfundar su espada, se agachó junto al cuerpo de Agmar y posó la esfera sobre su frente.
**Vmmm…**
Esta reaccionó al contacto, emitiendo un brillo suave que goteó en forma líquida.
**Drip—drip—shhhh…**
Como si fuera luz derretida, entrando lentamente en la mente del emperador caído.
Era como una llave a la mente.
Un fragmento de su investigación sobre las manipulaciones mentales de Quinella. Pero en lugar de borrar o implantar recuerdos… esta forzaba la verdad.
Hacía imposible mentir, imposible callar.
Cada intento de ocultar algo se transformaría en confesión…
Y tenía aún tres más sin usar, una por cada emperador.
No lo hacía por venganza.
Sino por seguridad.
Para evitar que Agmar se quitara la vida antes de ser juzgado. Para que el Reino tuviera, de una vez por todas, todas las piezas del rompecabezas.
**Sksss**
**SHHFFF…**
Kirito se incorporó.
Conocía el riesgo moral de esa decisión… y aun así la asumía.
Porque el monstruo ante él había cruzado demasiados límites.
La verdad era que había podido acabar con él desde el inicio. Una ofensiva directa, todo su poder desatado, y no habría quedado nada.
Pero necesitaba algo más que victoria. Necesitaba una grieta.
Porque si su hipótesis era cierta, si esa esfera iba a incrustarse como debía, entonces la voluntad de Agmar tenía que estar rota. No físicamente, sino mentalmente.
En ese estado inestable, con su mente debilitada y su orgullo deshecho, las defensas psicológicas no podrían resistir.
Y en efecto, al ver lo fácil que penetró… **supo que había acertado.**
Kirito ya tenía en su mano la tableta de Agmar, que había sacado de su abrigo cuando se agachó.
Era el dispositivo que el emperador había traído consigo durante su intento de escape:
una cápsula de información encriptada, sellada con múltiples capas de seguridad.
**BLIP**
Encendió el aparato.
En la pantalla, la interfaz oscilaba entre líneas de código y símbolos de acceso restringido.
Pero Kirito ya conocía el sistema.
Y más importante aún, conocía los códigos.
Introdujo la secuencia.
**TCHK—CHK—BEEP.**
El sistema cedió.
La pantalla se desplegó por completo, liberando bloques de datos, archivos ocultos, y nodos interconectados.
Todo el contenido clasificado de Agmar:
Proyectos de armamento secreto, transcripciones militares, interrogatorios encubiertos, estudios sobre control mental…
Y nombres. Muchos nombres.
Kirito dejó el sistema en modo abierto.
Un gesto deliberado.
—“Cuando lleguen los soldados, tendrán todo lo que necesitan.”
Murmuró sin mirar atrás, la voz templada, pero cargada de determinación.
**SHHHK—CLAK.**
Guardó la tableta bajo un soporte seguro junto al cuerpo inconsciente.
El dispositivo parpadeó suavemente, como una baliza silenciosa aguardando ser encontrada.
**Bzzz…**
Entonces su comunicador vibró suavemente en su oído.
Kirito activó la línea con un leve “click”, al tocar el botón incorporado para permitirlo.
[—“¿Kirito? ¿Has terminado de atrapar a Agmar?”]
La voz de Lyrielle llegó con una nota de preocupación.
[—“Si no, apresúrate. La unidad terrestre se aproxima.”]
Kirito, sereno, respondió:
—“Todo bajo control. Ya está capturado. Continúen con el plan de esta noche tal como fue establecido… aún quedan tres emperadores más.”
[—“Entendido, Kirito. Buena suerte con lo que sigue.”]
Respondió Lyrielle, más aliviada.
—“Gracias. También les deseo lo mismo.”
Con eso, la conexión se cortó.
Kirito alzó la mirada una última vez hacia el cuerpo de Agmar, y sin más, sacó una esfera de cristal diminuta y distinta con símbolos.
Estas esferas —casi imperceptibles por su tamaño y peso— habían sido colocadas con antelación por sus arañas golem en puntos estratégicos de los bastiones imperiales: rincones ocultos de castillos, bóvedas selladas, túneles ignorados.
Cada una conectada a las demás mediante un protocolo encriptado, formando una red silenciosa de transporte.
Gracias a esa red, Kirito había logrado llegar hasta aquí desde la Catedral
Una distancia considerable…
Sin ser detectado, manteniéndose completamente en el anonimato.
**TCHK…**
El sonido breve al activarla entre sus dedos y la arrojó contra la pared.
“Click—WHUUM…”
Un portal se abrió, silencioso y ovalado, mostrándole el próximo objetivo.
Una de las entradas ocultas instaladas por sus ayudantes:
Arañas golem… programadas para esconder estas rutas y destruir los sistemas de seguridad gracias a su forma casi indetectable.
**THMP—THMP—THMP…**
Fue entonces cuando el sonido de pasos retumbó a lo lejos:
La unidad terrestre había llegado.
(Reflection Override: Adaptive Light Cloak.)
Kirito, sin perder tiempo, pronunció un comando en voz baja.
**Whssh…**
Y su cuerpo desapareció por completo, como si se diluyera con la sombra.
Cruzó el portal, que se cerró tras él con un destello final, sin dejar rastro alguno.
**FZHHHT—SHTUM…**
Un segundo después, los soldados irrumpieron en la sala…
y se detuvieron en seco.
Porque lo que vieron hizo que lo hicieran:
Cuerpos despedazados de esmirros. Sangre aún caliente. La nave destruida.
La salida también estaba completamente colapsada: escombros, piedras y vigas retorcidas bloqueaban el acceso, consecuencia directa de la explosión anterior.
Y en el centro… Agmar, inconsciente y capturado.
El comandante llegó poco después y escuchó el informe.
—“Así que lo logró…”
Dijo con una mezcla de asombro y respeto.
—“¿Quién lo hizo?”
Peguntó un soldado.
El comandante suspiró, contemplando el caos meticuloso de la sala.
Entonces uno de los oficiales se acercó con algo entre las manos: la tableta personal de Agmar, encontrada justo al lado de su cuerpo.
Estaba encendida y desbloqueada, con la información aún desplegada en pantalla.
Al recibirla, el comandante entrecerró los ojos con una expresión entre sorpresa y reconocimiento. No dijo nada… pero entendió.
—“No lo sé. Solo nos dijeron que un infiltrado ayudaría a dar el primer golpe y que nos ayudaría a desactivar los sistemas donde están resguardados los emperadores. Pero quienquiera que sea… no debería estar oculto. Con tanto potencial…”
Y sin saberlo… hablaba de Kirito. El ex rey del Reino.
Quien, para entonces…
Ya había comenzado su próxima conquista.
¡Gracias por acompañarme hasta el final de este capítulo!
Fue un proceso largo y meticuloso, con muchas horas dedicadas a pulir escenas, sonidos y emociones para que cada parte de la historia se sintiera lo más vívida posible.
Agradezco de corazón a quienes han leído hasta aquí, a quienes han comentado, y a quienes han contribuido con su apoyo durante esta semana. Todo gesto —grande o pequeño— hace una diferencia.
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¡Nos vemos pronto en el próximo capítulo!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com