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Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 14

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Capítulo 14: Capítulo 14: “Manos que guardan Secretos: Códigos en la Piedra y el Alma“

Esa noche, los cuatro imperios humanos del Underworld fueron conquistados sin que nadie lo esperara.

La red silenciosa tejida por Kirito y sus aliadas se activó sin fallas.

En cada rincón, el sigilo fue la espada.

La estrategia, la victoria.

Y la verdad… el castigo final.

Gracias a su red de transporte personal —una creación precisa y silenciosa— Kirito logró trasladarse con velocidad entre los bastiones ocultos de cada emperador.

Cada llegada fue una fractura estratégica: las arañas golem, invisibles en la oscuridad, desmantelaron los sistemas de defensa, abrieron rutas selladas, y sembraron caos sin hacer ruido.

Simultáneamente, desde los cielos, se desplegaron múltiples escuadrones de mecadragones que ejecutaron ataques tácticos con precisión.

Aunque muchos contribuyeron a la ofensiva aérea, fue Vaelinne y Lyrielle quienes lideraron la operación desde el frente, coordinando cada trayectoria, cada descenso y cada bloqueo de rutas hostiles.

Bajo su mando, las unidades interceptaron refuerzos en vuelo, desactivaron sistemas armamentísticos antes de que pudieran sincronizar sus defensas y neutralizaron cualquier intento de contraataque aéreo desde los bastiones imperiales.

Su capacidad de reacción, combinada con el dominio absoluto sobre las formaciones de combate, permitió inutilizar incluso los escudos térmicos y las plataformas automáticas antes de que pudieran activarse, justo en el momento en que los sistemas comenzaban a fallar.

Sin ellas —y sin los escuadrones de mecadragones que ambas comandaban— los cielos habrían representado una amenaza caótica e impredecible.

Pero esa noche… se mantuvieron bajo dominio absoluto.

Kirito impidió que los emperadores se comunicaran entre sí, sellando todos los canales de auxilio antes de que siquiera comprendieran que estaban bajo ataque.

Así, ninguno de ellos estuvo alerta cuando llegó el momento de ser invadido y conquistado… esa misma noche.

Agmar fue el primero. El único que, en el instante de su derrota, intentó quitarse la vida, enfrentando a Kirito con furia descontrolada y desesperación absoluta.

A los tres restantes, Kirito los localizó en sus respectivas fortalezas, cada uno confiado en su aislamiento estratégico.

Los enfrentó directamente, uno por uno, sin evitar el combate físico… pero revelando su presencia solo en el último momento.

La batalla nunca fue justa.

Kirito se movía con una precisión quirúrgica, esquivando cada ataque, respondiendo con fuerza medida, rompiendo tácticas antes de que pudieran ejecutarse.

Cada paso que daba desarmaba la voluntad de sus enemigos más que sus armas.

Y lo más impactante: jamás los hirió. No necesitaba hacerlo.

Solo les mostró, con cada movimiento, que no había salida.

Cada movimiento era frío, calculado y definitivo.

A medida que los emperadores intentaban reaccionar, descubrían que sus ataques eran inútiles, sus defensas vulnerables, sus estrategias ya anticipadas.

Y lentamente, el miedo se convirtió en resignación.

No por un golpe fatal… sino por la certeza absoluta de que estaban frente a alguien a quien no podían vencer.

Fue entonces cuando, sin necesidad de más violencia, sus mentes comenzaron a ceder.

La derrota no vino de la fuerza… vino del entendimiento.

Y en ese momento…

Kirito implantó una esfera dorada en el centro de la frente de cada uno.

El artefacto que había perfeccionado tras años de estudio en la Biblioteca Oculta.

Una esfera diminuta, diseñada para obligar a la mente a hablar por sí sola: sin mentir, sin callar, sin distorsionar.

Fue una herramienta para blindar la justicia. No por odio, sino por prevención.Y lo más importante: ninguno de ellos pudo revelar quién era el ejecutor real.

Kirito había mantenido su identidad completamente oculta durante cada enfrentamiento, cubierto de pies a cabeza con su traje oscuro, moviéndose como un caballero Integrity, sin dejar rastros ni señales personales.

A los ojos de los caídos, era una sombra sin nombre.

Una estrategia perfecta para garantizar que, cuando todo terminara, ni siquiera los derrotados supieran a quién temían.

Mientras tanto, las fuerzas terrestres del Reino —distribuidas con antelación en cada bastión imperial— ejecutaron su parte del plan con una precisión implacable y una disciplina silenciosa.

No eran unidades veloces como los mecadragones que surcaban el cielo, pero su intervención fue igual de decisiva: tomaron control de fortalezas ocultas, bloquearon rutas internas, interceptaron refuerzos en tierra y aseguraron los accesos antes de que los emperadores tuvieran oportunidad de resistirse, ni física ni moralmente.

Durante los días previos, se habían infiltrado con sigilo en las regiones clave, esperando el momento justo: el fallo de los sistemas, el rugido en lo alto de los mecadragones… y finalmente, la apertura de las puertas internas provocada por el enigmático infiltrado.

Ese fue el instante pactado.

Y cuando las tropas ingresaban… ya era tarde para resistencias.

Los emperadores estaban inconscientes. Capturados.

Ninguno podía moverse.

Ninguno podía ordenar.

En todos los casos, el enfrentamiento real… había ocurrido antes.

Silenciosa. Precisa. Irreversible.

Y el responsable —aquel que venció y desapareció sin dejar rastros— nunca estaba allí cuando los soldados llegaban.

Eso solo alimentó las dudas.

La figura del infiltrado, ya mencionada en los informes tácticos, comenzó a convertirse en mito entre las tropas.

¿Quién podía moverse entre imperios en una sola noche?

¿Quién podía vencer líderes entrenados militarmente sin dejar huellas ni testigos?

Los soldados, aunque desconcertados, cumplieron su deber sin vacilar.

No podían quedarse esperando respuestas.

Solo podían avanzar, asegurar los bastiones… y reconocer que esa noche

el Reino había conquistado lo inconquistable.

Lo que habría sido una guerra catastrófica se transformó en una operación quirúrgica.

Una sola noche… bastó para cambiarlo todo.

*****

Habían pasado varios días desde la noche en que los cuatro imperios humanos del Underworld fueron conquistados.

El eco de aquella operación aún resonaba en los pasillos del Reino, pero ahora, la atención se centraba en los juicios públicos que se llevaron a cabo contra los emperadores capturados.

Los interrogatorios, realizados bajo estricta supervisión, no dejaron lugar a dudas.

Las confesiones fueron claras, directas… y perturbadoras.

Cada uno de los cuatro líderes admitió su participación en Conspiraciones, sabotajes y planes de golpe contra el Reino fueron confesados con claridad, revelando detalles que solo podían extraerse desde lo más profundo de sus mentes.

Incluso revelaron que, en el planeta Admina —gracias al apoyo de sus aliados— habían establecido una base experimental casi completa, destinada a llevar a cabo desarrollos ocultos, preparaciones ofensivas contra el Reino, y sistemas diseñados para manipular y controlar el crecimiento tecnológico de su civilización.

Lo extraño —lo inquietante— fue que ninguno pudo resistirse.

No hubo gritos.

No hubo negaciones.

Solo palabras que salían como si fueran arrancadas por una fuerza invisible.

Antes de ser sentenciados, sus rostros mostraban una mezcla de impotencia y desconcierto.

Algunos intentaron culpar a los interrogadores, acusándolos de haber manipulado sus mentes.

Otros, simplemente, repetían que no comprendían cómo habían dicho lo que dijeron desde el momento en que recuperaron la conciencia.

Era como si las palabras se hubieran pronunciado sin su control… como si su mente hubiese revelado más de lo que ellos deseaban recordar.

Pero cuando los cuatro coincidieron en describir al mismo individuo —una figura encapuchada, vestida de negro, con una presencia imposible de ignorar— el Reino comprendió que aquel infiltrado no era un simple espía.

Era alguien que había logrado lo impensable.

Alguien que había vencido a los cuatro sin ser reconocido.

Alguien que había hecho que la verdad se revelara sin violencia… pero sin opción de escape.

Al inicio de la operación, los altos mandos del Reino recibieron informes que indicaban la presencia de al menos un infiltrado en cada fortaleza donde se ocultaban los emperadores.

Pero la verdad fue revelada por labios que no podían mentir:

no eran cuatro infiltrados… sino uno solo.

Uno con un poder tal, que según los propios emperadores, superaba a cualquier Caballero Integrity jamás registrado en la historia.

En cuanto a la sentencia de los emperadores y sus aliados, fue inevitable.

Los crímenes eran demasiado graves.

La paz que había reinado durante años había sido puesta en riesgo por sus conspiraciones ocultas, sabotajes y planes de dominación.

El Reino no podía permitirse indulgencias ni excepciones.

Fueron condenados públicamente, y sus nombres quedaron marcados como traidores a la estabilidad del mundo humano.

Sin embargo, la promesa más importante —no dañar a las familias inocentes relacionadas con los traidores— fue cumplida sin falta.

No se llevaron a cabo represalias colectivas, ni se permitió que el castigo se extendiera más allá de lo justo.

Ese gesto mostró no solo el dominio del Reino, sino también su misericordia.

Y con ello, se ganó el respeto tanto de sus ciudadanos como de antiguos aliados que observaban desde lejos.

Se llevó a cabo una limpieza sistemática en todo el territorio,

una reestructuración profunda que, si bien dejó cicatrices, trajo consigo un nuevo equilibrio…

y una paz distinta, más consciente, más difícil de romper.

Poco después de la ejecución de los traidores y la limpieza estructural en todo el territorio, el Reino dio inicio a un proceso de reconocimiento formal.

Todos los involucrados en la operación nocturna —aquellos que arriesgaron su vida para evitar que un error transformara el éxito en una guerra extendida— fueron recompensados.

Recibieron medallas, aumentos de sueldo, ascensos de rango, y prestigio para sus familias.

A quienes tenían deseos más modestos, se les concedieron beneficios personalizados: acceso a armamento mejorado, autorizaciones técnicas, o privilegios logísticos.

Además, todos ganaron el derecho a tomar descansos cuando lo consideraran necesario, siempre y cuando se coordinara el orden interno para garantizar el buen funcionamiento del Reino.

Los escuadrones de mecadragones —en especial los pilotos Integrity que lideraron la ofensiva aérea— fueron honrados públicamente.

Al igual que las unidades terrestres, cuyos operadores estratégicos consolidaron la victoria en suelo imperial con disciplina ejemplar.

Pero hubo una excepción.

Un nombre que nunca fue mencionado, ni reconocido.

Uno que, de hecho, se prohibió nombrar en los registros oficiales, por estar bajo investigación y escrutinio: El Infiltrado Oscuro.

Aquel que se movió como un fantasma.

Aquel que dio forma al plan, ejecutó la red de sabotaje, y desapareció sin dejar rastro.

Nadie sabía que era Kirito.

Y el Reino… temía lo que no comprendía.

El miedo puede cegar.

Esque aunque hubo aquellos que intentaron defenderlo y hablar del hecho de que también merecía mérito y reconocimiento, fueron más los que se opusieron que los que se pusieron de acuerdo en ello. Al final, ganaron los que no querían darle ese mérito.

Y ese temor llevó a rechazar todo mérito, ignorar el sacrificio, y evitar siquiera pronunciar su existencia.

Vaelinne y Lyrielle, aunque fueron recompensadas como se esperaba, también fueron vigiladas como nunca antes.

Fueron las únicas que tuvieron contacto directo con el Infiltrado Oscuro.

De él recibieron los planos estratégicos, los documentos clave, y las instrucciones para ejecutar el golpe nocturno.

Todo esto, unido a sus capacidades sobresalientes y sus ideas revolucionarias —muchas de las cuales beneficiaron al Reino y al desarrollo de Admina— comenzó a levantar sospechas.

Lo que antes parecía brillante…

ahora se veía con desconfianza.

No por lo que hicieron.

Sino por con quién lo hicieron…

Ajeno a toda mirada inquisitiva, ese personaje se encontraba finalizando los últimos detalles de su próximo plan.

No por mandato. No por deber.

Sino por decisión propia.

La más difícil que tomaría… En toda su vida… Hasta ahora.

*****

Gran parte de la Biblioteca Oculta estaba en silencio…

**Tsssss… chik-chik…**

**Krrrk… tink!**

Pero en el centro de ella, justo donde Kirito había instalado su estación de trabajo, se escuchaba un leve zumbido constante, un sonido sutil pero lleno de propósito.

**Tsssss… chik-chik…**

**Krrrk… tink!**

El único ruido que rompía la quietud era el de la herramienta que Kirito sostenía entre sus dedos: un bolígrafo de precisión, delgado y metálico, con una punta iluminada que emitía una luz blanca y cortante, como una aguja de energía.

**Bzzzzzz… Bzzzzzz…**

El zumbido leve que emitía se mezclaba con el susurro de energía procesada por la batería de prueba que descansaba a su lado.

Kirito estaba sentado en una silla de soporte bajo, con respaldo firme y estructura metálica, diseñada para largas horas de trabajo.

Frente a él, una mesa de trabajo amplia y robusta, originalmente pensada para lectura, pero ahora transformada en un laboratorio improvisado.

Su superficie metálica estaba cubierta por herramientas, placas, cables y componentes distribuidos con orden meticuloso.

Vestía una camisa azul de manga media, ligeramente arrugada por el uso, con manchas de aceite y polvo en los bordes.

Sus pantalones oscuros, resistentes y funcionales, mostraban marcas de desgaste en las rodillas.

Los zapatos, de suela firme, estaban manchados con residuos de soldadura y partículas metálicas.

Era evidente que había estado trabajando durante horas, tal vez días, sin descanso.

Sobre la mesa, sostenidas por una base metálica articulada, se encontraban las dos manos golem.

Cada una estaba alzada en posición semi-caída, con los cinco dedos extendidos en ángulos naturales.

Aunque estaban construidas con materiales no orgánicos, mostraban un esplendor inesperado y una delicadeza que desafiaba la lógica mecánica.

Su tamaño correspondía al de una mano humana promedio, y especialmente los dedos —por su diseño meticuloso, sus curvas precisas y sus proporciones reales— parecían moldeados a partir de una figura viva.

Toda la estructura hablaba del esfuerzo invertido, de horas incontables de estudio y refinamiento.

Quien las viera de un solo vistazo… podría pensar que eran humanas.

La primera ya estaba terminada:

sus articulaciones eran suaves, sus surcos definidos, y su textura imitaba la piel humana con sorprendente realismo.

La segunda, aún en proceso, recibía toda la atención de Kirito.

**Tsssss… chik-chik…**

**Krrrk… tink!**

Kirito movía la herramienta con pulso firme y controlado, como un cirujano en plena operación.

Cada vez que la acercaba a la superficie de la mano golem, se podía oír un chisporroteo suave, como el roce de electricidad sobre metal tratado.

**Tsssss… Chik-chik… krrrk…**

Su muñeca giraba con delicadeza, trazando líneas curvas sobre la articulación del pulgar, luego bajaba lentamente hacia el índice, donde tallaba un canal de conexión con movimientos cortos y precisos.

Cada gesto estaba medido: no había temblores, no había dudas.

Solo concentración absoluta.

**Clink…Shff…**

De vez en cuando, inclinaba ligeramente la cabeza, ajustando el ángulo de sus lentes de aumento, que le permitían ver los detalles más finos del trabajo.

No era un trabajo microscópico, pero sí minucioso, como quien interviene en tejidos delicados.

Sus ojos azules seguían cada trazo con intensidad, y sus labios se movían apenas, como si murmurara cálculos o recordara patrones memorizados.

**Tink!**

**Fsshhh… Fsshhh…**

Cada trazo del bolígrafo iluminado abría canales finos en la superficie de la mano, permitiendo que los sensores internos se alinearan con los circuitos de respuesta.

Alrededor de las manos, distribuidas en semicírculo sobre la mesa, había placas de conexión.

Cada una tenía una forma distinta: algunas rectangulares, otras curvas, otras con bordes irregulares.

Estaban hechas de materiales diversos —metal, cristal, polímeros térmicos— y mostraban zonas de condensación, puntos de recalentamiento, y líneas de transmisión que brillaban tenuemente.

Cada placa cumplía una función específica: algunas procesaban señales, otras distribuían energía, y otras se encargaban de traducir gestos en comandos.

**Click… click… whirr…**

Kirito extendió la mano izquierda para ajustar una de las placas, girando un pequeño dial que regulaba la temperatura de una sección térmica.

**Tsssss… krrrk…**

Luego volvía a la mano golem, bajando la herramienta con precisión milimétrica, y trazaba una línea que conectaba dos nodos más de respuesta.

**Bzzzz… pip… pip… pip…**

A su lado izquierdo, la batería de prueba emitía pulsos rítmicos, enviando energía a través de los cables conectados a las placas distribuidas sobre la mesa.

**Hummm…**

El sonido era un susurro eléctrico, constante, como una respiración artificial que mantenía vivo el sistema.

No era la fuente definitiva, pero servía para simular el comportamiento real del sistema.

Desde ella, cables finos se extendían hacia las placas, y de las placas hacia las manos golem, formando una red compleja pero perfectamente organizada.

A la derecha de Kirito, sobre una plataforma elevada, descansaba un sensor en forma de corona.

Su estructura era ligera, con filamentos flexibles que se ajustaban a la cabeza.

En el centro, una ranura circular permitía insertar una esfera —una piedra de memoria— que, al activarse, conectaba con las placas distribuidas en la mesa.

El sensor podía ser colocado sobre la cabeza, y luego desconectado, permitiendo que los gestos imaginados por el usuario se tradujeran en patrones de movimiento para las manos golem.

Todo el sistema estaba interconectado:

La corona al sensor.

El sensor a las placas.

Las placas a las manos.

La batería a todo.

Era una obra de ingeniería avanzada, construida en un mundo donde la tecnología de ese nivel era inexistente o ignorada.

Cada componente, cada ajuste, cada decisión… era el resultado de años de trabajo, de estudio, de adaptación.

Kirito no buscaba reconocimiento.

Solo buscaba que funcionara.

El ambiente era casi sagrado.

Cada movimiento tenía un propósito.

Cada sonido era parte de una sinfonía silenciosa de ingeniería.

Y en medio de ese espacio amplio, rodeado por estanterías lejanas y tecnología que parecía fuera de lugar en ese mundo…

Kirito trabajaba.

Con precisión.

Con paciencia.

Con propósito.

No era un trabajo mecánico.

Era una extensión de su pensamiento.

Una forma de preparar lo que vendría muy pronto… Su Escape.

(—“Está casi Listo.”)

**Zzt… Wuhhhm… Blink!**

Mientras meditaba, un sonido familiar resonó en el aire: el portal de acceso.

Kirito no se detuvo.

Ni siquiera alzó la vista.

Ese pulso energético —esa vibración cortante en la atmósfera— ya era algo que conocía bien.

Lo había escuchado demasiadas veces.

Sabía distinguirlo…

Y ahora, esa fluctuación específica… le decía que eran ellas: Vaelinne y Lyrielle.

(—“Así que están aquí…”)

Pensó Kirito con una leve sonrisa…

Pero estaba en medio de un punto crítico.

La línea que tallaba debía cerrarse en armonía con los nodos internos.

Bastaba un error mínimo para comprometer la respuesta total del sistema.

Además, no lo esperaba.

En días anteriores había calculado el momento probable en que ellas podrían llegar.

Pero no aparecieron.

Tuvo que seguir con su rutina, preparando los últimos detalles para su plan, sin saber cuándo volvería a verlas.

Ahora… habían llegado.

**Fwooshhh**

El zumbido del portal se desvaneció, como una respiración que se apaga.

**Tsssss… krrrk…**

Kirito aún trazaba la última conexión, pero en ese instante, escuchó a lo lejos:

—“¡¿Kiritoooo? ¿Dónde estás?!”

La voz fuerte de Vaelinne resonó entre los pasillos.

—“¡Aquí!”

Respondió sin levantar la mirada, pero proyectando la voz con firmeza para que lo escucharan desde donde estaba.

—“¡Ah! ¿Estás en la mesa de trabajo?!”

Al poco tiempo recibió la respuesta de Vaelinne, que no le importaba gritar con ánimo, a diferencia de Lyrielle…

—“¡Sí!”

Kirito volvió a dar una respuesta muy corta.

—“¡Ya vamos, Kirito!”

La voz animada de ella regresó…

Con eso, Kirito volvió a concentrarse en su trabajo al frente.

**Tap… tap… tap… **

**Tap… tap… tap…**

**Fsshhh… Fsshhh…**

Kirito terminaba la última línea sobre la articulación, mientras escuchaba los pasos suaves pero pesados de las chicas acercándose.

Aún antes de que sus figuras se hicieran completamente visibles en el pasillo de ingreso, la voz de Vaelinne rompía la calma como un rayo entre nubes.

—“Te juro que si me miraban una vez más como si fuera una sospechosa…”

—“Shhhss… Vaelinne… silencio.”

Lyrielle la interrumpió en el momento en que vio a Kirito tan concentrado en las manos golem.

Con un leve gesto de los ojos, le indicó el motivo.

Vaelinne siguió la dirección de su mirada, lo comprendió de inmediato y no dijo nada más.

(—“Entiendo.”)

**Shff… tap… tap… tap…**

**Shff… tap… tap… tap…**

Asintió con la cabeza y empezó a caminar con más cuidado.

Ambas vestían sus uniformes terrestres estándar para pilotos en tierra, una exigencia habitual para evitar sospechas al salir del perímetro de vigilancia.

Vaelinne llevaba su traje rojo, con líneas blancas laterales que marcaban su rango y estilo característico.

Lyrielle vestía el suyo azul, sobrio y ajustado, también con detalles blancos en los bordes del torso y las mangas, mostrando una discreta elegancia y autoridad.

**Rustle… thump… clink-clink…**

**Rustle-rustle… bump… clink… thmp-thmp…**

Cada una cargaba una bolsa de tela reforzada, llena de provisiones.

Era normal traer algo cada vez que venían, pero esta vez habían traído más de lo acostumbrado.

**Tsssss… tink…**

Kirito, aún sin levantar la mirada, hizo el último ajuste sobre el circuito de la muñeca golem.

**Zzzzip… hum…**

El canal brilló suavemente al completar su conexión interna.

Desde su perfil, reconoció sin esfuerzo el sonido de los pasos, el crujido de las bolsas, el roce de la tela y el contacto de las suelas contra el suelo metálico.

No necesitaba verlas para saber que habían llegado.

—“Bienvenidas, chicas. Denme un momento… Ya podremos hablar con normalidad.”

Lo dijo con voz calmada, sin voltear aún, manteniendo el pulso completamente estable.

La estabilidad no era casual… era el resultado de tantos años de práctica silenciosa.

**Rustle… thmp… mmh…**

Vaelinne, con una sonrisa contenida, murmuró mientras dejaba su bolsa a un lado, en una esquina de la mesa:

—“Tranquilo. No estamos para interrumpirte… por ahora.”

Lyrielle lo observó con atención antes de asentir en silencio.

**Rustle… thmp… mmh…**

Colocó su bolsa junto a la otra y respondió:

—“Gracias, pero está bien.”

**Thmp… rustle…**

Las chicas tomaron asiento en los bancos bajos junto a la mesa de trabajo.

—“Haaaah…”

Vaelinne soltó un suspiro largo, como si al fin pudiera respirar tranquila después de tanto tiempo.

**Shff… tap… mmh…**

Lyrielle cruzó una pierna sobre la otra y bajó la mirada, permitiendo que el entorno hablara por sí solo.

(—“Esto se ve sorprendente…”)

(—“Fantástico.”)

Aunque ambas guardaban silencio, sus pensamientos eran muy distintos. Sin embargo, el origen de cada uno estaba justo frente a ellas.

Era un paisaje que nunca habían visto antes: un espacio lleno de componentes, placas conectadas, piezas distribuidas con intención, y una atmósfera de precisión difícil de ignorar.

Y el creador de todo eso era Kirito.

Durante todos estos años, les había contado muy poco sobre los planes de su escape y la tecnología que usaría para hacerlo realidad.

Siempre les dijo que saber más de lo necesario podría afectar el resultado.

Por eso, verlo ahora en pleno trabajo, sin ocultarlo, era una rareza.

Un momento que no pensaban desaprovechar.

**Tsssss… tink…**

El material reaccionó con un leve destello, señal de que el flujo energético se había cerrado correctamente.

**Hummm… tik… ssssrrrk…**

**Whrrrr… tap-tap…**

Y como si la mano tuviera vida propia, se movió levemente al finalizar la unión de todo su complejo sistema.

El gesto fue súbito, involuntario… pero completamente real.

—“¡…!”

—“¡…!”

Las chicas se sobresaltaron, atrapadas por la sorpresa de ver algo tan avanzado reaccionar por sí mismo.

Un reflejo no planeado.

Un indicio de que lo que estaban viendo no era solo un conjunto de piezas… sino algo que comenzaba a cobrar vida por sí solo.

—“Listo, está terminado…”

dijo Kirito en voz baja.

A diferencia de la reacción de ellas ante lo ocurrido, él simplemente sonrió con satisfacción al ver que había logrado terminarlo.

Sabía que esa reacción era más que un movimiento aleatorio.

Era una buena señal.

La sincronización entre componentes había alcanzado su punto estable.

La conexión estaba viva.

**Clink… slide… tssshhh…**

Kirito levantó por fin la vista de su trabajo, y retiró con cuidado los lentes de aumento de sus ojos, colocándolos sobre la mesa.

Una sonrisa serena cruzó su rostro. Al verlas, la tensión que lo rodeaba pareció disiparse por un segundo.

—“¿Cómo están? Ha sido más tiempo del habitual desde la última vez que estuvieron aquí.”

—“Bueno, estás en lo cierto… estamos agotadas, pero bien.”

Respondió Lyrielle con calma, asintiendo. El cansancio se notaba en su rostro.

—“No me hagas recordar lo que nos costó llegar ahora, Kirito.”

Vaelinne puso un rostro de molestia al pensar en todo lo que habían pasado.

—“¿Es así? Bueno, esperaré a que me lo cuenten más adelante…”

Kirito no continuó por ese tema. Cuando Vaelinne respondió, Lyrielle, muy sutilmente, se tensó.

Es algo que habría escapado de la vista de otros… pero no de él, que la conocía muy bien.

A pesar del saludo, ambas seguían observando las manos golem, las placas, los sensores, las herramientas distribuidas con orden sobre la mesa.

Era como mirar un mapa viviente de lógica y precisión.

Vaelinne, al notar que Kirito había captado la curiosidad en su expresión, desvió la mirada con un leve gesto incómodo.

Con la mano, señaló las bolsas que habían dejado sobre la mesa auxiliar, buscando una excusa para justificar el gesto anterior.

—“Trajimos más de lo habitual, como puedes ver. Queremos preparar un banquete de victoria… y celebrar como se debe.”

—“Lo que hiciste por el reino, por nosotros, merece eso y mucho más, Kirito.”

Lyrielle agregó a su lado con sinceridad.

Sin embargo, Kirito, al seguir observando con total concentración su comunicación fisiológica, pudo notar que ambas guardaban algo que les molestaba en su interior… además de cierta tristeza.

(“—No debo sacar el tema… Es mejor dejar que sean ellas quienes lo hagan.”)

Pensó Kirito con seriedad en su interior, mientras en el exterior respondía con una sonrisa:

—“Muchas gracias… pero lo hice de corazón. No importa si no recibo nada más que esta celebración con ustedes, chicas.”

Luego bajó la mirada hacia su ropa manchada, sus dedos aún marcados por el trabajo.

—“Supongo que me tocará ser el cocinero para el gran banquete de victoria, sin importar que ustedes tengan que esperar a que me bañe… ¿no?”

Vaelinne le devolvió una sonrisa juguetona. No quiso dejar escapar ese comentario y dijo:

—“Por supuesto que serás tú. ¿Quién más? Yo no soy buena cocinando… y mi amiga aquí, aunque mejor que yo por el doble, sabe más teoría que práctica. Aunque eso sí: hemos mejorado mucho gracias a ti.”

Lyrielle giró el rostro y le lanzó una mirada neutral, casi afilada, al comentar:

—“¿Así me agradeces, Vaelinne…? Después de todo lo que hice por ayudarte a mejorar en la academia con la teoría, ¿me llamas una mediocre en la cocina?”

Vaelinne se dio cuenta de su desliz. Levantó ambas manos rápidamente, como si confesara el crimen más grave.

—“¡No, no! No quise decir eso, Lyrielle…”

Lyrielle negó lentamente con la cabeza y respondió sin levantar el tono:

—“No te preocupes… está bien. Aunque ciertamente he mejorado mucho más.”

Kirito las observaba, medio divertido, medio resignado.

—“Les soy sincero. Son mucho mejores que antes… pero creo que no me libraré de esto.”

—“Así es… Te toca a ti.”

Dijo Vaelinne sin ningún reparo.

Kirito soltó una leve risa, y Lyrielle, contagiada por el momento, sonrió mientras se tapaba la boca para contener la carcajada que ya se le escapaba. Vaelinne, incapaz de resistirse, se unió con su risa inconfundible, creando una cadena de contagio que envolvió a los tres.

Las risas que compartieron no nacieron del comentario en sí, sino de algo más profundo y antiguo entre los tres. Las chicas sabían que aquella aparente resistencia de Kirito a cocinar era solo una fachada—una costumbre que solía adoptar por orgullo o por juego. En realidad, hacía muchos años que sentía verdadera fascinación por la comida deliciosa. No fue algo que descubriera mientras cocinaba, sino mucho antes. Fue esa pasión silenciosa, ese gusto arraigado, lo que lo llevó a tomar las riendas cuando notó que no habría nadie más que pudiera prepararla como la imaginaba.

Así, se empeñó en mejorar. No como una competencia, sino como una progresión lógica, casi matemática. Cada plato que salía de sus manos era un experimento sensorial y una forma de liberar tensiones. Cocinar se convirtió en su refugio—un punto de fuga frente a tantos esquemas futuros e inciertos. Allí, frente a los ingredientes y el calor del fuego, se reencontraba consigo mismo. Sentía calma, pero también propósito.

Y aunque no buscaba reconocimiento, disfrutaba genuinamente cuando los demás saboreaban sus platillos. Esa expresión de sorpresa, ese momento breve de silencio en que el sabor habla por sí solo… era algo que le generaba un placer sutil pero profundo. A veces, los cumplidos lo incomodaban, y las chicas lo criticaban cariñosamente por no celebrar sus propias mejoras. Pero él tenía una forma distinta de evaluar: no por halagos, sino por precisión, por percepción interna, por la posibilidad de hacerlo aún mejor la próxima vez.

Por eso, cuando surgían las bromas sobre su evolución culinaria, se reía sin necesidad de responder. Porque esa mezcla de afecto, costumbre y complicidad estaba impregnada de significado. Porque cocinar no era solo una actividad: era una pequeña victoria íntima que compartía con quienes más lo entendían.

—“Está bien, lo haré…”

**Fssh… Tap**

Kirito se incorporó ligeramente de su asiento y miró a las chicas con renovada atención al posar su mano izquierda sobre la mesa.

—“Pero antes de irnos a ello, quisiera probar esto… ¿No quieren saber qué hace?”

Ambas lo miraron con evidente curiosidad.

Vaelinne ladeó la cabeza con emoción contenida, mientras Lyrielle, más reservada, escaneaba los dispositivos sobre la mesa con la mirada.

—“Si es algo privado, como dijiste antes… ¿es realmente necesario?”

Preguntó Lyrielle con cautela, intentando contener la curiosidad y respetar los posibles secretos de Kirito.

—“Es cierto, Kirito… No queremos obligarte a mostrarnos algo que prefieras mantener en secreto.”

Añadió Vaelinne al recuperar un poco la compostura tras escuchar a su compañera.

—“No se preocupen.”

Respondió Kirito con tono seguro pero relajado, mientras señalaba las manos de golem.

—“Pueden verlo. De hecho… necesitaré la ayuda de ambas para la prueba final.”

Las dos sonrieron ante el gesto de confianza.

**Rustle… Step…**

**Rustle… Step…**

Se levantaron de sus propias sillas y, sin tocar nada, se acercaron lentamente, observando cada detalle con atención: las placas conectadas, las herramientas dispuestas con precisión, la base de las manos golem, el lector y el sensor con forma de corona. Cada elemento brillaba suavemente bajo la luz del taller.

Kirito señaló el sensor en forma de corona, cuyas fibras se extendían como ramas de una colmena adaptativa.

—“¿Qué hace exactamente?”

Preguntó Lyrielle tranquilamente, pero sus ojos contaban otra historia.

—“Es una corona muy extraña…”

Dijo Vaelinne, al borde de lanzarse para probarla.

—“Bueno… ¿por qué no lo ven con sus propios ojos? ¿Quién quiere ser la primera?”

**Clink… **

Kirito respondió con una sonrisa misteriosa y al tomarla de la mesa la sostuvo con cuidado.

Para sorpresa de todos, incluida la siempre efusiva Vaelinne, fue Lyrielle quien se adelantó con determinación casi científica.

**Swish…**

Con un movimiento silencioso, se le adelantó por apenas un segundo, tomando la corona suavemente de las manos de Kirito.

—“¿Eh?”

Vaelinne se quedó con las manos extendidas justo donde había estado la corona y, al verla en manos de Lyrielle, exclamó:

—“¡Eso no vale Lyrielle! ¿Cómo te moviste más rápido que yo?”

Lyrielle la ignoró con elegancia y se giró hacia Kirito, que le sonreía divertido.

Ella preguntó:

—“¿Qué debo hacer exactamente? ¿Simplemente ponérmela?”

—“Correcto. Primero póntela… Luego te indicaré qué hacer.”

Vaelinne se cruzó de brazos al sentirse excluida por no ser la primera.

—“Esto es injusto…”

—“Vamos, Vaelinne. No es como si no fueras a usarla también. Solo tienes que esperar un poco más.”

Le dijo Kirito, compasivo.

Ella, al escucharlo, sonrió y bajó los brazos.

—“Tienes razón… Bueno, qué más da. Esto me permitirá ver qué sucederá cuando sea la siguiente.”

**shfff… zzzt… click… whummm…**

Mientras tanto, Lyrielle colocó la corona sobre su cabeza. Los filamentos se ajustaron sin esfuerzo ni presión. La colmena se amoldó suavemente a su forma, como si la reconociera.

—“Wow… Te queda bien”

Dijo Vaelinne, admirada.

—“Pareces una princesa… o una reina.”

Lyrielle esbozó una leve sonrisa. Al mirar a Kirito, sus ojos le transmitieron que estaba lista para el siguiente paso.

—“Bueno… ahora necesitamos esto…”

**Plink…**

Dijo Kirito al tomar una pequeña esfera blanca brillante.

Sus facetas internas estaban pulidas y sin imperfecciones.

La colocó en el núcleo vacío de la corona, encajándola con un leve sonido:

**Klik… Vmmmm…**

**Vwoom…**

La esfera brilló con un azul profundo.

**Fwoooosh… Crackle… Shimmer…**

La corona, que hasta ese momento parecía inactiva, cobró esplendor. Líneas con símbolos del mismo azul comenzaron a encenderse, revelándose por primera vez.

**shfft… zzzrmm… fssssss… tchak!**

—“¡…!”

Lyrielle se sorprendió… y también se sobresaltó. Sintió una presencia ligera penetrando brevemente su conciencia, aunque el momento fue tan fugaz como intenso.

—“¿Estás bien, Lyrielle?”

Preguntó Vaelinne, un poco preocupada al notar su reacción.

**Tap… tap…**

Kirito colocó sus manos sobre los hombros de Lyrielle y dijo con tono tranquilizador:

—“No te preocupes ni tengas miedo Lyrielle… Esa sensación es normal. Es necesaria para que funcione.”

Luego miró a Vaelinne y añadió:

—“Es algo que yo he experimentado miles de veces… Jamás las pondría en riesgo con algo que no haya probado o que no me genere seguridad.”

Lyrielle bajó ligeramente la mirada, pero una sonrisa leve se dibujó en su rostro, manteniendo la calma.

—“Lo sabemos, Kirito… Si dices que es seguro, lo es.”

Luego se volvió hacia su amiga.

—“Gracias por estar pendiente Vaelinne. En serio.”

Le dijo con calidez.

—“Solo fue un instante intenso… como un escalofrío. Me tomó por sorpresa, pero nada grave. Ya pasó.”

Vaelinne asintió, aliviada por la respuesta.

—“Está bien… Me alegro.”

Un poco avergonzada por su reacción, miró a Kirito y añadió:

—“Es solo que me preocupé por la sorpresa Kirito… aunque haya sido breve. Y sé que eres alguien en quien confiar.”

—“Es normal sentirse así Vaelinne… así que no le den más vueltas al asunto.”

Kirito levantó la mano derecha frente a ellas y la movió de un lado a otro, restando importancia al tema.

Lyrielle, ahora con los ojos más tranquilos y una expresión confiada, le dijo:

—“Entonces, seguimos con la prueba… Solo dime qué necesitas que haga, Kirito.”

—“Ahora… imagina que saludas o te despides a la distancia de alguien. Imagina tu mano moviéndose. Nada más. Solo el pensamiento, sin mover en realidad tu mano.”

**Shhhft… shhhft…**

Indicó Kirito, mientras acompañaba sus palabras con el gesto claro de su propia mano.

—“Entiendo…”

Dijo Lyrielle, antes de cerrar los ojos con serenidad.

Visualizó la acción con detalle: su brazo extendido, la mano abierta, el gesto de despedida que Kirito le había mostrado con precisión.

Sin mover un solo músculo, simplemente lo imaginó.

…

Pero las manos golem no reaccionaron.

Ni siquiera un pequeño gesto.

No como lo habían hecho momentos antes cuando Kirito finalizó su ensamblaje.

Vaelinne frunció el ceño, sin apartar la vista de las manos inmóviles.

—“¿No deberían moverse?”

Lyrielle abrió los ojos lentamente, sin perder la calma, pero con cierta duda en la voz.

—“¿Falló…? ¿O hice algo mal?”

Kirito negó suavemente con la cabeza.

—“No. Está funcionando. Sigue imaginando… Lo que tiene mejor efecto es usar un recuerdo nítido.”

Lyrielle cerró los ojos de nuevo.

Esta vez con más concentración.

La imagen mental se volvió más firme, más precisa… gracias al recuerdo que usó siguiendo la sugerencia de Kirito…

*****

**Thffft… ssshh… pmm-pmm…**

El jardín estaba lleno de sonidos apagados, hojas susurrantes y pasos perdidos.

Pequeña, Lyrielle corría entre los senderos del laberinto, jugando con Vaelinne… hasta que se dio cuenta de que estaba sola. Las paredes verdes parecían cerrarse.

**Hic… hic… fffsshhh… crk-crk…**

Lloraba, buscando sin hallar salida.

Entonces, desde lo alto, escuchó su voz:

—“Con que aquí estabas… Tranquila, Lyrielle. Todo está bien… todos te han estado buscando, especialmente tu madre.”

**Fffsssshhhhhh…**

Elevó los ojos. Kirito descendía desde el cielo, como una silueta luminosa en medio de la confusión.

**Tap-tap-tap… ffffshfft…**

**Thmm—shhhfft… krrk…**

Ella corrió hacia él sin pensarlo. Él la sostuvo con firmeza.

—“Vamos a buscarla.”

—“Hummm…”

Ella solo asintió desde su lugar, apoyada en el pecho de Kirito, en señal de acuerdo.

**Ffffsshhhhh… woooosh…**

Mientras surcaban con suavidad el aire sobre el jardín, Lyrielle divisó la figura de una mujer idéntica a ella, preocupada.

—“Mírala.”

Murmuró Kirito en su oído.

—“¿Por qué no la saludas desde aquí… y le muestras cómo te sientes?”

**Shhhft… shhhft… shhhft**

Lyrielle, aún con las mejillas húmedas, agitó tímidamente la mano, pero su sonrisa brotó con fuerza. La mujer sonrió también y devolvió el gesto.

**Hhfff… tchk… whmm**

En ese instante, mientras abrazaba a Kirito con gratitud, algo en su interior se iluminó. Ese saludo grabó una verdad: que alguien siempre vendría por ella…

*****

**Vmmm…**

El brillo de la piedra azul sobre la corona se intensificó por un instante, como si respondiera al peso del recuerdo.

**Vmmm… vmmm…**

**Whmm… kchhh—glint—tmmm…**

El brillo de la piedra azul continuaba intensificándose, pero de pronto, un punto mínimo en su superficie comenzó a resplandecer de forma distinta.

Aunque la piedra era pequeña y pulida, ese nuevo resplandor destacaba: una luz blanca, firme, como un pulso congelado en el centro de su núcleo.

**Tmmm… kchhh—etching—whhhss…**

A simple vista parecía solo un fragmento reflejado, pero Kirito y Vaelinne —que observaban desde fuera— vieron cómo ese punto blanco comenzaba a dibujar inscripciones diminutas, como símbolos incrustados en su interior, casi imperceptibles.

—“¡Veo algo Kirito!”

Exclamó Vaelinne, señalando con emoción contenida la pequeña piedra.

Al escucharla, Lyrielle entreabrió los ojos apenas un poco. Su mirada buscó instintivamente las manos golem, esperando alguna reacción mecánica.

…

Pero no había movimiento.

Kirito la notó de inmediato.

—“Sigue concentrándote. Lo que ocurre no viene de las manos… es de la piedra, arriba.”

Le dijo con suavidad, casi susurrando.

Lyrielle asintió sin responder, y cerró los ojos con más firmeza, enfocando todo su pensamiento nuevamente.

Ahora comprendía que el sistema no era solo reactivo… también registraba.

Y sabía que, cuando fuera el turno de Vaelinne, ella también lo vería con sus propios ojos, como espectadora.

Vaelinne, mientras tanto, preguntaba con ansiedad:

—“¿Qué es eso…? ¿Qué está haciendo?”

Preguntó Vaelinne, sin apartar la vista de la inscripción luminosa.

Kirito mantuvo su tono tranquilo, sin ceder:

—“Aún no Vaelinne…”

—“¿Cómo que aún no? ¿Vas a hacerme esperar justo ahora?”

Insistió, entre curiosidad creciente y un ligero reclamo juguetón.

—“Espera tu turno. Al fin y al cabo, eso era lo que querías, ¿no?”

Replicó él con una media sonrisa, casi en tono de juego.

—“Haaaah…”

**Hhhfff… shhh**

Vaelinne soltó un suspiro y cruzó los brazos con resignación.

—“Está bien… Te lo concedo, pero solo por esta vez.”

Kirito volvió a observar a Lyrielle, quien mantenía la visualización con constancia, su expresión más serena que antes.

—“Ya puedes detener el pensamiento, Lyrielle. La prueba está hecha.”

**Fffssh… blink—whmm… **

Justo en ese momento, la luz blanca se desvaneció con un leve destello, y aunque la piedra seguía iluminada en su tono azul, la intensidad original ya no estaba.

Parecía como si la marca se hubiese impreso, como un código que había dejado de transmitirse activamente.

Lyrielle abrió los ojos con suavidad.

**Shffft… clink—hfff…**

Con ambas manos, retiró la corona con extremo cuidado, como si el artefacto pudiera romperse al mínimo contacto —aunque ella sabía que no era así.

Volvió su mirada hacia su amiga y le extendió la corona con elegancia.

—“Bueno… ahora es tu turno.”

**Clink… ffffsshh… thmm**

Vaelinne tomó la corona con una mezcla de expectativa y respeto, por lo que acababa de ver.

La sostuvo un instante, observando los delicados filamentos y el núcleo brillante aún encendido, aunque ya comenzaba a apagarse por no estar conectado a nadie.

Una sonrisa cruzó su rostro, más emocional que juguetona.

—“Verlo fue impresionante… pero sentirlo será otra historia…”

Dijo en voz baja, mientras se la colocaba con determinación.

**shfff… zzzt… click… whummm…**

Sin vacilar, ajustó la corona sobre su cabeza tal como lo había hecho Lyrielle.

Los filamentos volvieron a adaptarse al contorno de su cráneo, reconociendo a la nueva portadora con precisión sutil.

**Zzzzt… Vmmm…**

La luz azul volvió a encenderse al instante.

Y apenas pasaron unos segundos, una sensación peculiar nació en el centro de su mente, como si una corriente mental se hubiese encendido, sutil pero profunda.

**shfft… zzzrmm… fssssss… tchak!**

Desde ese punto, un escalofrío suave recorrió su cuerpo, como una línea de energía que bajaba por su espalda, haciendo que cada fibra respondiera al estímulo sin que ella lo ordenara.

Sabía que llegaría, lo había visto…

Pero sentirlo directamente desde su mente le dio una nueva perspectiva: una conexión que no era solo física, sino interna.

No se asustó.

Solo cerró los ojos un momento y murmuró, con un tono que mezclaba asombro y respeto:

—“Así que esto era lo que decías…”

Vaelinne, aún con la corona colocada, dirigió su mirada directamente hacia Kirito.

—“¿Tengo que pensar en lo mismo… saludar?”

Preguntó, aunque con una curiosidad contenida.

Kirito negó suavemente con la cabeza.

—“No. Tú pensarás en algo diferente…”

Y luego hizo como si estuviera aplaudiendo y dijo.

—”Imagina que estás aplaudiendo. Que acabas de presenciar una obra… algo que realmente te conmovió. Ese instante en que tus manos desean celebrar… y si además está acompañado por un buen recuerdo, aún mejor.”

Vaelinne frunció ligeramente el ceño, no por incomodidad, sino por la sorpresa ante el giro de las instrucciones. Lyrielle, que permanecía en silencio junto a Kirito, asintió en señal de acuerdo con él: era cierto.

—“Ah… está bien.”

Movió la cabeza con una mezcla de reconocimiento y ligera confusión, pero aceptó el reto.

Al igual que Lyrielle había hecho antes, cerró los ojos lentamente.

Recordó las indicaciones: no mover el cuerpo, solo visualizar…

Así que enfocó su mente en ese instante perdido entre memorias cálidas.

*****

Era día de celebración en el reino, y Vaelinne, aún pequeña, le había pedido a Kirito que la llevara a caballito sobre sus hombros.

—“¡Más alto, Kirito, más alto! ¡Quiero verlos bien de cerca!”

—“Está bien, pero no te vayas a soltar como la otra vez…”

Respondió él con una mezcla de alegría y resignación.

—“¡No lo haré! ¡Ya no me da miedo!”

**Thmm… fffshhh—tap-tap… shffffft…**

Con sus manos pequeñas se aferraba al cabello de Kirito como si quisiera tocar el cielo. Desde su nueva altura, podía ver a Asuna abajo, sonriéndole con ternura. Cerca de ella estaban los padres de Vaelinne, junto a los de Lyrielle, todos reunidos y atentos al espectáculo. La pequeña Lyrielle, tomada de la mano por su madre, miraba desde abajo con una mezcla de fascinación y envidia silenciosa, deseando estar allí arriba también.

El rugido se aproximó:

**KRRRRCHHH-VMMMSSHH**

Los mecadragones surcaban el cielo en formación, sus alas de metal reflejando la luz dorada del mediodía.

**Clap-clap-clap-clap!**

Vaelinne aplaudía sin parar desde lo alto, con los ojos brillando de emoción.

—“¡Cuando sea grande, yo también pilotaré uno!”

Gritó con convicción.

Kirito le sostenía con firmeza desde los tobillos y, entre risas, le dijo:

—“Bueno Vaelinne… espero que me apoyes cuando llegue ese momento.”

—“¡Claro que sí!”

Respondió ella con entusiasmo, como si esa promesa fuera el primer paso de una gran aventura.

*****

**Vmmm… vmmm…**

El resplandor en la corona volvió a intensificarse.

**Whmm… kchhh—glint—tmmm…**

La piedra del núcleo brilló con fuerza… y entonces apareció otro punto blanco, sutil, pero claramente visible.

Este nuevo punto resplandeciente surgió junto al que había nacido durante la prueba de Lyrielle.

Pero lo que ocurrió después fue diferente…

**Kchhh—glint**

Una línea de luz, delgada y precisa, se formó entre los dos puntos.

Como un puente energético, una inscripción se desplegó entre ellos, uniéndolos con una secuencia de símbolos breves que se reconfiguraban en tiempo real.

Vaelinne no lo vio.

Sus ojos seguían cerrados, totalmente enfocada.

Pero Kirito y Lyrielle —que ahora miraban la corona desde afuera— captaron cada detalle.

Aquello no era solo otro registro…

Era una conexión.

Una respuesta conjunta.

(—“Ya veo… Ah eso se referían…”)

Lyrielle pensó para sí misma con una mano en su mentón y gran interés por lo que estaba sucediendo en la corona, o mejor dicho en la piedra esférica que mostraba un nuevo patrón con una conexión con el anterior de ella.

Kirito a su lado sonrió con satisfacción, ya que él había logrado tener éxito una vez más…

—“Ya puedes Quitarte la Corona Vaelinne, ya está hecho.”

**Sfffshh… click-click… rrrustle—thff**

Vaelinne abrió los ojos de una vez al escuchar a Kirito y con rapidez, pero con cuidado se lo quitó mientras comentaba:

—“Supongo que esta es la parte que nos muestra qué hacen esas manos de allá.”

**Clink… shhhfft—tap… clack**

—“Claro, esa es la idea…”

Kirito le dijo al tomar la corona de sus manos y colocarla cuidadosamente sobre la mesa.

**Click… kreeenk… shh—tap**

“Solo tienen que esperar un momento… Y gracias ambas por su ayuda.”

Agregó Kirito al retirar la piedra cuidadosamente del núcleo de la corona y voltearse a ellas en agradecimiento.

—“De nada…”

—“Más bien, nosotras deberíamos agradecerte a ti por permitirnos ver algo jamás visto… ¿Verdad Lyrielle?.”

Lyrielle fue la primera en comentar con brevedad, pero fue su amiga Vaelinne quien expresó lo que realmente sentía al verla de reojo. Aquello la motivó a asentir mientras decía esas palabras, justo al observar la espalda de Kirito, que ya estaba en proceso de activar las manos:

—“Es correcto… Gracias Kirito.”

—“Bueno, me alegra que se sientan así, chicas…”

Kirito dijo al dirigir la piedra esférica a un hueco vacío del mismo tamaño que la de la corona.

**Fsshh… klik…**

La esfera fue colocada dentro de un lector secundario, justo al lado de las placas principales.

Encajó a la perfección. Y Kirito activo el sistema en una de las placas.

**Fzzzmmm… tik… shhh—plín**

La runas de la piedra brillaron más levemente que antes, pero la primera tuvo más fuerza que la otra.

**Zzzzt… Ping!**

Las manos golem se iluminaron…

**Khhhrrr… shhhht… krnnn… pssshhh—tok**

De repente, ambas manos golem se levantaron lentamente desde su posición inmóvil.

Su movimiento fue preciso, equilibrado… como si salieran de un reposo profundo…

**Sshhhfff… sshhhfff… sshhhfff…**

Y una de ellas levantó la palma, más precisamente la mano derecha, realizando el gesto exacto que Lyrielle había imaginado. Fue suave y tranquilo, como el recuerdo que Lyrielle conservaba.

(—“Es la misma mano que imaginé mover cuando lo pensé… y es como yo.”)

Lyrielle penso y no paso por alto ese pequeño detalle…

**Fzzzzmm—plin… shhhhhnk**

La segunda runa en la esfera se iluminó con fuerza al mismo que la primera perdía fuerza de forma automática.

**Krrrrnk… tik… shhhhhh—tok**

La mano como en reconocimiento a ese cambio se detuvo de saludar y en concordancia con ella la mano izquierda se pusieron en paralelo y…

**Clap-clap-clap-clap!**

Con gran fuerza y entusiasmo empezaron a aplaudir con el mismo Vigor como si fuera la mismísima Vaelinne que estuviera haciéndolo.

(“—¡Es igual a como lo recuerdo…!”)

Esta vez fue Vaelinne quien no pudo comparar con su pensamiento anterior, con la sorpresa reflejada en sus ojos…

**Krrrnk… shhht… psshhh—tok**

Al poco tiempo las manos golem se detuvieron y volvieron a su posición de reposo cuando Kirito apagó el sistema y la piedra con las runas dejaron de brillar.

… …

Las dos se quedaron en silencio absoluto… Aún procesando el experimento.

El impacto era evidente. Sabía que se moverían, pero la manera tan natural y fluida en que lo hicieron, como si fueran manos humanas sin el menor retraso, era algo digno de reconocimiento.

Además Aquello no era simplemente lectura mental.

Era algo más.

—“¿Cómo es posible?“

Fue Lyrielle que hizo la pregunta al ver a Kirito… Él entendió a qué se refería y empezó a explicar.

—“Es una transferencia de intención…”

Dijo Kirito con calma.

—“La piedra no mueve las manos directamente. Lo que hace es capturar el pensamiento y almacenarlo en forma de runa. Solo entonces, el sistema lo interpreta, lo valida… y finalmente lo ejecuta.”

**Cling—hum… tok**

Lyrielle tocó ligeramente los bordes de la corona, aún sobre la mesa al escucharlo.

—“Es impresionante.”

—“Puedes ser más detallado al respecto Kirito.”

Dijo Vaelinne que miraba ahora con los brazos cruzados y que le costaba un poco entender su complejidad.

**Klik… tzz… shhh…**

Kirito asintió en reconocimiento y dijo al apoyarse en la mesa y tocar el lector y la piedra esférica en su interior:

—“Usa tus recuerdos como base…”

Explicó Kirito con voz firme.

—“Seguramente pudieron sentir que sus recuerdos fueron más fáciles de imaginar… y se sintieron un poco más en sincronía con ellos. ¿O me equivoco?”

Las chicas asienten con suavidad.

—“Sí…”

Respondió Lyrielle, con la voz baja pero clara.

—“Fue como… ver algo desde afuera, pero sintiéndolo desde adentro…”

Vaelinne cruzó su mirada con la de Lyrielle y asintió también. Luego, comenzó a explicar su propia experiencia:

—“Pensé que era solo yo, que mi mente me estaba jugando una ilusión más vívida… pero no. Fue distinto. Sentirlo así… tan real, aunque sea por instantes, es otra cosa.”

Kirito respondió sin mostrar sorpresa, con un tono sereno y pedagógico, tras escucharlas:

—“Eso es completamente normal. Esa es, precisamente, la función de la corona. Está diseñada como un sensor que, junto con la piedra esférica, facilita la sintonía con los recuerdos del portador…”

Colocando una mano en su frente y otra en la nuca, añadió algo más a lo dicho.

—“Esa fue también la causa del escalofrío repentino en sus mentes que tuvieron cuando se lo pusieron la primera vez.”

Kirito señala primero la corona —el sensor— sobre la mesa, y luego la piedra esférica mientras dice:

—“No se trata solo de recordar. Se trata de conectar. La corona amplifica la señal emocional y la esfera la estabiliza. Es un sistema diseñado para facilitar que la esencia de ese recuerdo quede impregnada… en la piedra en forma de runa…”

Kirito se detuvo, concediendo un instante de silencio para observar, con atención, cómo asimilaban lo dicho al mirar la corona.

…

…Entonces, se instaló un tenue silencio entre ellos.

—“…”

—“…”

**Tk-tk… plffff… clssssh**

**Fsshhh… mmmhhh—tk**

Las chicas permanecen de pie, en silencio. Lyrielle, al notar el leve temblor en su mano, la sujeta discretamente con la otra, intentando detenerlo sin que se note. Vaelinne, en cambio, baja apenas la mirada y se muerde suavemente el labio inferior..

Kirito percibe los gestos de ambas, pero opta por no mencionarlos. Les concede espacio para asimilar lo dicho, permitiéndoles respirar en medio de la revelación.

Sin hacer comentario alguno, Kirito simplemente continúa con la explicación.

—“El cuerpo humano realiza miles de gestos automáticos cada día. No los pensamos… solo los hacemos.”

Lo dice mientras entrelaza los dedos, como si esculpiera ideas invisibles en el aire.

—“Estoy aplicando ese principio aquí. Gestos que se repiten tanto, que quedan arraigados en tu memoria corporal. No requieren conciencia directa… solo intención. Y esa intención, cuando es lo bastante clara y emocionalmente definida, puede ser interpretada, procesada, replicada.”

Los ojos de Kirito brillaban con convicción.

—“Durante años estudié cómo se forma el pensamiento motor, la relación entre lo que se imagina y lo que el sistema nervioso activa. Nuestro cerebro crea mapas de movimiento. Son redes neuronales que almacenan patrones comunes. Aplaudir, saludar, girar la muñeca… no son solo acciones, son códigos.”

Volvió a señalar la corona.

—“Este dispositivo escanea la actividad cognitiva y la sincroniza con una base de datos de gestos que lleva incorporada… No traduce palabras, sino impulsos modelados por la intención emocional y la repetición.”

Miró ahora hacia las manos golem, aún inertes.

—“Es como enseñar a un sistema artificial a reconocer la firma energética de una memoria… y reproducirla sin necesidad de comandos físicos. Siempre que haya espacio sobre la piedra especial, esta captura la señal y la convierte en información codificada en forma de runa, que las manos golem pueden interpretar.”

Se volvió hacia ellas con una media sonrisa.

—“Así, no solo imitan el gesto… lo ejecutan como tú lo harías. Con tu ritmo. Tu fuerza. Tu estilo. Tal como acaban de ver.”

… …

El silencio volvió a apoderarse del taller.

Tras la explicación de Kirito, ni Lyrielle ni Vaelinne dijeron una palabra de inmediato.

Él no los interrumpió; los observaba con atención, sabiendo que había mucho en juego más allá de lo técnico.

Entonces notó que Vaelinne había fijado su mirada, con creciente intensidad, en la piedra esférica insertada en el lector.

Sus ojos rojizos no parecían buscar luz ni reacción, sino algo más profundo.

Murmuró en voz baja, casi inaudible… pero no para él.

—“…Recuerdos… Mente…”

Kirito giró ligeramente el rostro, sin decir nada.

**Crssshh… tap… clack**

Vaelinne apretó levemente una mano contra su muslo y se mordió el labio inferior con más fuerza que la vez anterior… como si intentara contener algo que no debía decir ahora.

—“Hhhhkk—hhhaaa…”

Su respiración se volvió más tensa, como si una herida antigua se hubiera activado.

Lyrielle lo notó.

Con un gesto contenido, intentó tomarle la mano…

Pero antes de que lo hiciera, Vaelinne habló con un tono más firme.

—“Nos mentiste, ¿verdad, Kirito?”

Lyrielle abrió los ojos con fuerza ante la pregunta directa.

**Crssh… thmmm—tk**

Esta vez, con una expresión seria, sujetó con suavidad el brazo de su compañera y le dijo con voz más baja, pero firme:

—“Habíamos acordado no hablar de esto Vaelinne…”

Vaelinne cerró los ojos, como si esa advertencia fuera una tormenta que no podía detener.

—“Lo sé… pero no puedo evitarlo…”

Volvió su rostro hacia Kirito.

Sus ojos no lo juzgaban, pero estaban llenos de una mezcla de dolor y convicción.

—“Nos mentiste… y no cumpliste tu promesa con nosotras. Dijiste que no usarías los recuerdos… que no los manipularías contra nadie. Pero lo hiciste. Lo hiciste contra los emperadores… y ni siquiera tuviste la decencia de decírnoslo.”

Lyrielle bajó la cabeza con resignación.

Sabía que no podía detener la conversación.

Pero aún así, sus palabras salieron como un suspiro:

—“Te entiendo Vaelinne… pero ¿por qué no lo dejaste así?”

Vaelinne continuó, sin agresividad, pero con la firmeza de alguien que cuida su lealtad:

—“Kirito… tiene que haber confianza en una amistad.

Y el hecho de que lo hayas ocultado hasta ahora… no está bien.”

—“Haaaah.”

Kirito cerró los ojos un momento… luego suspiró de forma audible.

**Tssk… hmm…**

Cruzó los brazos sobre el pecho y dijo, con voz contenida:

—“Sabía que este momento llegaría… sin importar cuánto intentara evitarlo.”

Las miró con claridad y mucha sinceridad al decirles:

—“Para serles sincero, lo lamento. Me disculpo por no haberles dicho la verdad desde el principio… pero fue algo que ocurrió en el último momento. Y había razones para no decirles nada…”

Lyrielle levantó la vista con calma. Ahora que todo estaba al descubierto, nada le impedía formar parte de la conversación.

—“¿A qué te refieres con ‘último momento’?”

Vaelinne lo apoyó, sin perder la tensión en su voz.

—“¿Y cuáles fueron esas razones?”

Kirito bajó los brazos, luego señaló con una mano extendida todos los dispositivos sobre la mesa.

—“Cuando les dije que no usaría la manipulación de recuerdos ni mental ese día… fui sincero. En ese momento, no tenía ninguna intención de hacerlo contra nadie. Solo en mí. Como lo han visto en estas pruebas, en estos sistemas.”

Se giró hacia ellas, manteniendo el control de sus palabras.

—“Pero mientras investigaba más a fondo… me fui adentrando en algo mucho más oscuro. Verdades enterradas. Traición. Los cuatro emperadores… estaban ocultando algo más profundo… Y descubrí que, en ciertas condiciones, es posible revelar la verdad al debilitar la voluntad de una persona. Vi una oportunidad durante el operativo de hace unos días… Fue el momento justo. Y no quise dejarlo pasar.”

Vaelinne negó lentamente con la cabeza.

—“Aun así… pudiste habérnoslo dicho. Seguramente no nos opondríamos a la idea… y lo entenderíamos.”

—“…”

Lyrielle asintió suavemente, pero se quedó en silencio. Estaba pensando más allá de la reacción inmediata.

Kirito volvió a negar, esta vez con una calma grave. Levantó un dedo, como quien marca un punto clave.

—“Esa es precisamente una de las razones por las que no lo hice.”

Los miró directamente, primero a Vaelinne, luego a Lyrielle.

—“Era algo que iba a poner presión mental sobre ustedes. Y necesitaban estar completamente concentradas.”

Sus ojos azules se mantuvieron firmes mientras exponía lo sucedido.

—“Después de esa operación… las interrogaron, ¿no es cierto? Les preguntaron sobre lo ocurrido. Sobre los emperadores. Sobre los “infiltrados” misteriosos… Los emperadores no negaron nada. Dijeron demasiado…”

Kirito bajó la vista hacia el suelo, como si aquello aún lo afectara.

—“Esa es una de las razones por las que llegaron tarde aquí. Están bajo sospecha. Sus familias están siendo vigiladas. Y hay ojos buscando al que alteró las mentes de los Emperadores… al que provocó el cambio…”

Se volvió hacia ellas lentamente.

—“Según los informes… los emperadores dieron la misma descripción. ¿La misma verdad? Al final, se supo que era uno y no cuatro infiltrados… ¿Cómo reaccionaron cuando les preguntaron por mí… el que les entregó los documentos robados?”

Las chicas se miraron entre sí.

**Tkkk… shhhrnk—clak**

—“…”

—“…”

Vaelinne apretó el puño, incapaz de negarlo.

Lyrielle miró hacia los lados, absorbiendo cada palabra.

Ambas sabían que Kirito tenía razón.

Kirito volvió a mirarlas, esta vez con una convicción serena pero sólida.

—“Si no me equivoco… el reino ha decidido mantener en silencio lo ocurrido con el infiltrado. No hay informes oficiales. Y todos recibieron sus recompensas… ustedes no fueron la excepción, ¿cierto?”

**Shhhht… flk—tkkm…**

**Shhhht… flk—tkkm…**

—“¡…!”

—“¡…!”

Las chicas se estremecieron ante la afirmación.

**Tkkk—shfff… krnnnk—clak**

Vaelinne apretó más los puños. Lyrielle sostuvo la mirada en silencio, tensando la mandíbula. Ambas asintieron, con una incomodidad apenas disimulada.

Kirito continuó sin apartar los ojos de ellas.

—“Aunque, en verdad, eso no me importa. Si ocurre así… mejor.”

**Krrrnk—plsshh… tump—crkk**

Kirito apretó con fuerza su mano, como si también le doliera.

—“Sabía las consecuencias. Y estaba dispuesto a enfrentarlas, incluso si eso significaba callar y romper mi promesa con ustedes… porque no lo hice por mí. Lo hice por el reino y por una paz que durara más.”

…

Guardó silencio unos segundos, dejando que la verdad se asentara.

Sin embargo, notaba que las chicas se sentían cada vez peor y más avergonzadas por haber sacado un tema como ese.

La que más sufría era Vaelinne, porque cada palabra que escuchaba de Kirito era un recordatorio punzante de que el que más había perdido… era él.

Pero antes de que pudieran disculparse, Kirito continuó hablando.

—“No quise dejar asuntos sin resolver… dentro de lo que podía hacer. Sé que surgirán problemas adelante. Ningún reino humano es perfecto.”

Y, dirigiendo su mirada hacia Lyrielle en ese momento, expresó:

—Pero también sé que la estabilidad que dejé… es mucho mayor que la que encontré al llegar, como me contaron…”

…

El taller volvió a quedarse en silencio.

Las chicas desviaron las miradas en ese momento…

Kirito inhaló hondo. Luego alzó la voz, sin dureza, pero con firmeza:

—“Por favor, chicas… mírenme a los ojos.”

Ambas obedecieron sin titubear.

La tensión se había convertido en una mezcla de respeto y un dolor contenido.

—“Sean sinceras conmigo… Si hubieran estado en mis zapatos… Y debieran elegir entre salvar a todo un reino de una tragedia… o cumplir su promesa, aun sabiendo que esa promesa podría traer dolor… ¿Qué habrían hecho?”

Vaelinne abrió los labios. Sus ojos rojizos temblaban.

—“Yo… yo…”

Pero Lyrielle se adelantó.

Con la voz aún ligeramente temblorosa, pero cargada de determinación, respondió:

—“Lo habría hecho. Habría faltado a mi promesa… si eso significaba salvar vidas.”

Vaelinne la miró de reojo. Aquella afirmación le dio fuerzas, y junto con ellas brotó una lágrima que recorrió su mejilla mientras decía:

—“Sí… es verdad. Yo también lo habría hecho…”

Bajó la mirada por un instante, y luego agregó con sinceridad:

—“Perdón… Te pido perdón, Kirito. Tal vez sí habría sido una carga emocional saberlo todo desde el principio. Sabemos que tus intenciones fueron nobles. Solo… dolió. Nos dolió que no lo dijeras. Pero, aun así, no debí…”

Vaelinne se quedó sin voz, mientras las lágrimas comenzaban a brotar incontrolablemente de sus ojos. Al sentir cómo su llanto quería abrirse paso, se tapó la boca, intentando contenerlo. Ya no pudo continuar hablando.

Lyrielle asintió con suavidad y, mientras retomaba el hilo donde Vaelinne lo había dejado, añadió sus palabras. Unas lágrimas comenzaron a deslizarse inconscientemente por sus mejillas también.

—“No estamos enojadas contigo, Kirito. Sabemos que hiciste más por este reino de lo que jamás podría devolverte… Y también… sentimos que el reino no te ha reconocido como merece.”

Kirito sonrió con discreción… Fue una sonrisa sincera, aunque sus ojos conservaban un rastro de tristeza.

—“Lo sé, chicas. Las perdono, al igual que sé que ustedes me perdonan por haber faltado a mi promesa… Además, agradezco lo que han dicho. Pero hice lo que sentí correcto… y no quería irme sin haber aclarado esto…”

—“Haaah.”

Una respiración más profunda lo precedió, como si se preparara para decir aquello que ahora le costaba tanto expresar.

—“Esta… esta podría ser la última vez que nos encontremos.”

Las palabras cayeron como un susurro pesado en el aire.

—“¡…!”

—“¡…!”

Vaelinne alzó la mirada de golpe.

—“¿Te refieres a que… ya estás listo para irte?”

**Ssshhhhhh—klik… mmnnnk—tk**

Lyrielle, aunque más serena en la superficie, apretó los labios. Esperaba la respuesta. Sabía lo que significaba… pero aún no quería aceptarlo.

Kirito asintió con gravedad. Su voz, aunque firme, arrastraba una sombra inevitable y triste.

—“Sí. Ya está todo listo…”

…

Hubo un silencio.

Uno que ni las máquinas ni los recuerdos pudieron llenar.

Sin añadir una palabra más, extendió la mano y tocó el lector central.

**Vmmm—zzzznnk… krip… fsssshhh**

**Tk—klunnn… shaaaarmm—plin**

La piedra reaccionó al instante.

Las runas conectadas comenzaron a resplandecer, como si se activaran no por su gesto, sino por el peso de lo que ya había sido vivido.

—“…”

—“…”

Lyrielle y Vaelinne lo observaron sin hablar.

Pero no pudieron evitar que sus emociones fluyeran a través de sus cuerpos.

Era como si los símbolos grabados respondieran no solo al dispositivo… sino también a ellas.

Y ambas sabían, con una certeza que se sentía más profunda que cualquier palabra,

que este día… inevitablemente, había llegado…

Y lo que Kirito dijo a continuación no dejó más dudas:

—“El Banquete de la Victoria… también será el de la despedida, Vaelinne y Lyrielle…”

Las emociones no quedaron en el aire. Quedaron ahí, en la piedra… como si el dispositivo pudiera recordar lo que se siente perder.

Antes de cerrar este capítulo, quiero tomarme un momento para agradecerles sinceramente por llegar hasta aquí. Sé que ha sido una entrega más larga de lo habitual —prácticamente el equivalente a dos capítulos— y no es casual: lo hice así como una manera de compensar el tiempo en que no pude publicar. A veces, las responsabilidades del día a día interfieren con el ritmo creativo, y aunque deseo mantener constancia, también me esfuerzo por preservar la calidad que ustedes merecen.

Este capítulo está cargado de detalles, emociones, revelaciones y escenas que me costaron días de trabajo y reflexión. Todo lo que hay en él —cada línea, cada símbolo, cada elección— fue escrito con el mayor cuidado posible. Porque ustedes, los lectores que continúan aquí, lo valen.

A veces, la falta de comentarios o de piedras de poder puede ser desalentadora, lo admito. Pero sigo adelante porque creo en la historia y en lo que puede generar. Si les gustó lo que leyeron, los invito a compartirlo con otros, a dejar sus impresiones, sus energías, sus piedras… porque cada gesto así no solo me anima, sino que ayuda a que otros descubran esta historia también.

Gracias por leer, por sentir, por permanecer.

Nos veremos en la próxima publicación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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