Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos
  4. Capítulo 18 - Capítulo 18: Capítulo 18: Punto de No Retorno: Núcleo e Identidad fragmentados de Kirigaya Kazuto (Parte 2)
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 18: Capítulo 18: Punto de No Retorno: Núcleo e Identidad fragmentados de Kirigaya Kazuto (Parte 2)

**Ping—beep…**

Un nuevo pitido del terminal lo sacó de sus pensamientos de determinación.

[¿Desea proceder con la extracción del Fluctlight?]

Advertencia: este proceso es irreversible.

[Aceptar] [Cancelar]

En la pantalla apareció una nueva ventana que solicitaba la confirmación para extraer el Fluctlight, ahora sincronizado con el sistema principal de la habitación.

Era una situación compleja.

Kirito se encontraba entre dos sistemas:

Uno, el que lo había encarcelado, creado por otros para someterlo.

Y otro, el que él mismo había construido, con el propósito de aislar su conciencia y liberarla de los grilletes impuestos.

Las manos golem, gracias a su programación y a sus ojos auxiliares —las arañas conectadas en la mesa a su lado— comprendieron perfectamente lo que debían hacer.

**Click**

Dando aceptar sin más demora, activando el nuevo comando.

El sistema comenzó a manipular su alma virtual.

Ese sonido seco llegó a sus oídos justo cuando giró ligeramente el rostro.

**Tkk—fsshh…**

La esfera bajo sus manos brilló con intensidad.

En su centro, un punto de luz azul se encendió con fuerza.

—(“…!”)

Kirito sintió que algo lo succionaba desde las palmas.

Y al mismo tiempo, desde su interior.

Un escalofrío recorrió su cuerpo.

El dolor comenzó.

Primero leve.

Luego agudo.

Luego insoportable.

—“Aark…”

Su mente y su voluntad estaban siendo puestas a prueba una vez más.

(—“Este cuerpo no es real. Es solo una imagen… No importa si me cortan en mil pedazos.”)

Se obligó a resistir.

A aguantar.

A no ceder.

A consolarse en medio del inicio de la agonía.

**Tzzzt—whummm…**

Mientras tanto, la esfera luminosa en el centro comenzó a emitir una luz aún más intensa.

Como si naciera de él.

**Ping—ping… **

Las advertencias seguían apareciendo en pantalla.

**Tktktk—clack…**

Pero las manos seguían escribiendo.

**Fsshh—drzzzt…**

Las arañas seguían transmitiendo.

**Fzzzt—pulse… hisssshh**

Kirito sintió cómo la esfera bajo sus manos comenzaba a succionarlo con mayor intensidad.

**Tsshh—drip… hisssshh…**

Desde la superficie donde estaba sujeto, comenzaron a desprenderse partículas diminutas, casi invisibles, que se elevaban lentamente en el aire.

Parecían fragmentos de luz, pero no eran luz.

Eran partes.

Fracciones de él.

**Whummm—glow… drift**

Las partículas se dirigían hacia el centro de la esfera, como si fueran atraídas por una fuerza invisible.

—“¡Grr…!”

Y con cada partícula que se desprendía, el dolor aumentaba. No era un dolor físico, ni siquiera mental; era algo más profundo.

Como si su ser estuviera siendo extraído capa por capa.

Como si algo esencial se le escapara sin poder detenerlo… Ya no podía.

—“Ghhrrr…!”

Apretó los dientes con fuerza, tratando de resistir.

Pero la agonía era creciente.

**Vrrrnnn—tkk…**

Su cuerpo virtual temblaba.

Su conciencia se aferraba a lo poco que aún no había sido tocado.

**Fsshh—sparkle… orbit**

Cuando las partículas llegaron al centro de la esfera, comenzaron a brillar.

Giraban alrededor del punto medio, mucho más grande, como si este fuera un sol, y ellas, estrellas o planetas atrapados en su órbita.

La imagen era hermosa.

Y aterradora.

**Zzzzt—shift… pulse**

Una vez reunidas en cantidad suficiente, el punto central se desplazó.

Se movió lentamente hacia su nuevo destino: el diamante cristalino conectado a la esfera frente a Kirito, donde estaba sujeto.

**Thmp—glide… sync**

El punto de luz mayor se posicionó en el centro del diamante con precisión.

**Prrnn—tsshh…**

Y las partículas lo siguieron.

Una tras otra.

Como patitos detrás de su madre.

Como si supieran que ese era su nuevo hogar.

**Fsshh—link… glow**

Al mismo tiempo, una línea de luz comenzó a formarse entre los dedos de Kirito, trazando un camino en dirección al recorrido de las demás.

Era como si sus nervios se hubieran extendido más allá de su cuerpo, enlazando su alma directamente con el núcleo del sistema.

**Zzzzt—pulse—shock**

Gracias a ese camino abierto, la extracción se aceleró para las demás partículas que salían de su interior.

El flujo se volvió más intenso.

—“Aahh…!”

Y entonces, su voz, que hasta ahora había sido contenida por pura voluntad, escapó.

—“Aaaahhhhhh…!”

Un grito desgarrador, nacido del dolor más profundo.

No por debilidad.

Sino porque ya no había forma de contener lo que estaba ocurriendo.

A pesar de la agonía que recorría su cuerpo virtual, el sistema no se detenía.

**Tktktktk—zzrrnn…**

Las manos golem seguían trabajando en el terminal, manteniendo la sincronía, ejecutando nuevas órdenes y multiplicando procesos con velocidad sobrehumana.

**Fsshh—glow… drift**

El punto luminoso que había llegado al diamante comenzó a girar lentamente.

No era un giro violento, sino controlado.

Como si una fuerza invisible lo guiara con precisión.

**Whummm—swirl…**

**Whummm—swirl…**

Las partículas que lo habían seguido comenzaron a girar también, atrapadas en ese movimiento giratorio.

**Whrrr—sshhhlmm…**

Formaban una espiral suave, como un tornado contenido.

Y en su interior, el diamante se iluminaba con una blancura pura, reflejo de la esencia que estaba recibiendo.

**Trrnn—vsshh…**

Las líneas de luz que conectaban los dedos de Kirito con el diamante también comenzaron a girar, como si fueran arrastradas por esa misma fuerza.

**Zzzzt—ascend…**

Poco a poco, el punto central fue atraído hacia arriba.

El diamante apuntaba directamente a una nueva esfera: un contenedor flotante para la siguiente fase del proceso.

Más arriba, otro diamante idéntico lo esperaba, suspendido en el vértice superior de la sala.

**Ping—Zzzzt—beam…**

Al llegar a la punta del diamante inferior, la luz se concentró como un láser y rápidamente pasó a su nueva habitación: la esfera flotante.

**Fsshh—pulse… glow…**

Sin embargo, su intensidad no disminuyó.

Al contrario, aumentaba con cada nueva partícula que llegaba.

La luz se volvió tan intensa que cegaba la vista.

**Thmm—snap…**

Y entonces, fue disparada hacia el diamante superior.

Pero dejó tras de sí una línea que conectaba con el diamante blanco de abajo.

**Click—ping**

Un sonido seco emergió desde el teclado del terminal.

Fue entonces cuando las manos golem reaccionaron al instante.

**Thmm—snap…**

Ese clic activó una nueva secuencia: el diamante superior disparó otra luz, casi idéntica a la anterior, que descendió en línea recta hacia la esfera, que se aproximaba con gran velocidad en su dirección.

**Fsshh—impact… pulse**

La luz chocó contra la esfera flotante.

La esfera recibió el impacto en su centro exacto.

Como si el sistema hubiera trazado una ruta milimétrica, punto por punto, sin margen de error.

**Kzzkt—whmm… clk**

La esfera estaba siendo empujada desde el principio de forma desigual por los diamantes superior e inferior, más por el primero que por el segundo.

**Tktktktk—zzrrnn…**

Sin embargo, las manos golem no se quedaron a la espera.

Con total precisión y cálculo matemático, introdujeron el comando al sistema para controlar la potencia de ambas partes.

Y, haciéndolo parecer sencillo desde afuera, corrigieron la variación sin problema alguno.

Como si jamás hubiera existido.

Lograron estabilizar la esfera y controlar su posición en medio de la habitación.

**Whummm—stabilize…**

La esfera brillante quedó suspendida en un punto neutro, gracias a su espectacular trabajo.

Ni demasiado alta, ni demasiado baja.

Justo en el centro gravitacional de la sala, unida por dos líneas que eran como lazos conectados a los diamantes…

Y, más importante aún….

—“¡Graaarr… Aaaahhh!…”

A Kirito, que apenas podía percibir todo esto a causa del dolor que sentía en todo su ser.

**Prrnn—tsshh…**

**Prrnn—tsshh…**

En ese momento, las nuevas partículas que venían detrás, guiadas por el camino trazado por su iniciador, siguieron la línea de luz.

Una tras otra, se incorporaron al núcleo flotante en medio de toda esta complejidad.

Cada nueva partícula que se desprendía del cuerpo de Kirito —producto de su dolor, de su resistencia— seguía esa partitura invisible.

Era como si el sistema estuviera componiendo una sinfonía con su alma.

**Fsshh—strain… pulse**

El dolor era tan intenso que su piel virtual se volvió blanquecina, casi translúcida.

Parecía enfermo.

Sus ojos, antes claros y azules, estaban enrojecidos.

Ese azul se había oscurecido por el esfuerzo, reflejando la batalla interna que libraba.

(—“Solo un poco más…”)

Y sin embargo, no se rendía.

Porque cada partícula que se desprendía…

Era una prueba de que seguía avanzando.

—“¡Aaaah…! ¡Ghh… AAAAAHHH!”

A diferencia de su voz interna, salían gritos de agonía y dolor desgarrador desde su boca exterior, como si su alma estuviera siendo arrancada pedazo a pedazo.

**Thrrnnn—Krrrnk**

Kirito rugía, mientras su cuerpo se arqueaba contra las ataduras.

**Whmm—Fsshh—Zzrrnnn—plsshhht!**

La extracción se había acelerado a su máxima velocidad, y lo que antes eran partículas ahora parecían cometas: ráfagas de luz que viajaban desde su cuerpo, sujeto con fuerza, hasta la esfera que flotaba sobre él, suspendida en el centro de la habitación.

**Tsshh—Vrrrnn—blink…**

Cada cometa dejaba una estela brillante, como si el propio espíritu de Kirito estuviera siendo desintegrado y absorbido.

**Fsshh—whisper… drift**

Las partículas que seguían el camino trazado ascendían con suavidad.

Parecían cometas diminutos, cada uno con una estela tenue, como hilos de seda flotando en el aire.

No hacían ruido.

Solo emitían un susurro encantador, casi musical, como si el sistema las recibiera con reverencia.

**Whummm—glimmer… hush**

Al llegar al centro de la esfera flotante, no hubo explosión ni impacto violento.

Solo una fusión silenciosa.

Como si cada partícula se deslizara en su lugar exacto, sin perturbar el equilibrio.

**Tinnnn…**

El sonido era apenas perceptible: un tintineo suave, como cristales tocándose en cámara lenta.

—“¡Ghaaah… AAAAAHHH!”

Mientras tanto, el grito de Kirito aún resonaba en la sala. Su dolor era real, crudo, humano.

Pero el sistema, en contraste, parecía operar con una calma inquebrantable. Como si no sintiera el sufrimiento…

Solo la armonía de la transferencia.

—“¡Ghh… AAAAHHHHH!”

Kirito gritaba de vez en cuando, y en otros momentos se obligaba a contener el llanto, apretando los dientes, temblando.

Para él, aquello era eterno. No sabía cuánto tiempo más podría resistir, si su mente se rompería antes de que el proceso terminara.

Pero la realidad era cruel: cuando alguien sufre, más larga es la espera.

Apenas habían pasado unos minutos… pero para él era otra historia.

En medio de esa agonía, ocurrían cosas que Kirito ya no podía notar, distraído por el dolor.

Su cuerpo comenzaba a volverse transparente, una silueta desvanecida.

Se podía ver a través de él sin dificultad, y sus ojos perdían el fulgor que los mantenía vivos.

El brillo que antes vibraba en su mirada se apagaba poco a poco, cubierto por una neblina que nacía desde dentro.

No se tornaron blancos, pero sí opacos; la luz que los habitaba parecía haberse drenado por completo.

Dos esferas sin reflejo, sin color definido.

La muerte ya los había tocado… aunque aún no los reclamaba.

La esfera, por su parte, ya no podía verse a simple vista.

**Fwoooom…Hmmmm…**

Había mutado en una estrella de un azul hermoso, tan brillante que opacaba todas las demás luces de la habitación.

Su resplandor era tan intenso que parecía devorar el entorno, dejando todo lo demás en sombras.

Las únicas testigos de esta escena eran las arañas golem, dispersas por toda la habitación.

Esperaban su turno para participar en el plan, inmóviles, con sus múltiples ojos brillando como joyas oscuras.

**Tktktktk—zzrrnn…**

Mientras tanto, las manos golem seguían tecleando el siguiente comando, como máquinas sin alma, sin importarles lo que le sucedía a su creador, que seguía gritando sin parar.

—“¡AAAAAAAAAHHHHHH!”

Se escuchó una vez más, su voz quebrada, casi irreconocible.

Era, una vez más, una escena hermosa desde un lado… y desde el otro, el horror absoluto.

La agonía, desde afuera, duró un par de minutos más.

Minutos en los que Kirito se volvió tan transparente que podía pasarse por alto a simple vista.

**Tsshh**

Y entonces, de ese cuerpo casi invisible, salió la última partícula.

La que completó la extracción.

**Tzzzzzz-whum…**

Cuando esta tocó la esfera —ese mini sol azul suspendido en el centro de la habitación— se produjo una onda que recorrió toda su superficie.

**Shhhhhhh…Wuuuuuum-Fwoooosh…**

La onda tardó unos segundos en generar un eco.

Un eco silencioso, pero profundo, que atravesó toda la sala.

Y más aún, atravesó a Kirito.

—“…”

En ese momento, él ya no gritaba.

Ya no se movía.

Respiraba muy lento… demasiado lento.

Parecía más un fantasma que un ser vivo.

Si Alice o Asuna lo vieran ahora, sería como ver de nuevo al mismo Kirito con los ojos vacíos.

Como si ya no estuviera allí.

Como si alguien le hubiera robado el alma.

Y eso, en parte, era la verdad.

**Zzzzap-Huummm…**

Cada onda que lo atravesaba hacía que su cuerpo convulsionara, pero no con violencia.

Era una convulsión en armonía con la esfera.

**Vmmmm-tik…**

Incluso la línea que lo conectaba al mini sol vibraba con cada pulso.

…

Después de emitir ese eco, la esfera guardó un silencio aterrador.

Las manos golem, que ya habían terminado el siguiente comando mucho antes, no producían ni un solo clic.

Esperaban.

Como si supieran que ese silencio era parte del ritual… Y entonces, una de ellas tocó la nueva ventana en el terminal con un solo clic.

**Click**

Ese sonido fue tan claro y nítido que se escuchó hasta el final de la habitación.

La nueva orden tuvo un doble efecto inmediato.

**Vwoooomp…**

La línea —o lazo— que unía a Kirito con la esfera se duplicó en tamaño.

**Shiiink…**

Y su color cambió de blanco a rojo sangre.

**Fwoooosh!**

La esfera hizo una explosión repentina.

Pero no produjo sonido alguno.

Solo luz.

**Pling… ting… shaaaa…**

De su forma esférica salieron muchas partículas, como si fueran fragmentos de una estrella.

Pero no se alejaron.

Como si no tuvieran permiso para ir demasiado lejos, quedaron suspendidas alrededor, brillando con luz propia.

Cada una con un tamaño y un brillo distinto.

**Gasp!**

En ese instante, Kirito despertó.

Como si saliera de un coma profundo.

—“RAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH!”

Y volvió a gritar.

Un grito largo, desesperado.

Por un momento, sintió una necesidad abrumadora de recuperar lo que le habían arrancado.

Una desesperación que lo atravesó por completo.

Pero desapareció tan pronto como llegó.

—“…”

Y de repente, no sintió más dolor.

Ni más agonía.

La claridad de sus pensamientos comenzó a regresar.

Primero lentamente.

Luego, como un destello veloz.

Tenía los ojos cerrados.

Intentó abrirlos, preocupado.

Según la teoría, no debía haber consuelo ni calma hasta el final.

Algo no estaba bien.

(—“¡¿Qué significa esto?!”)

Cuando por fin abrió los ojos, se llevó una sorpresa que superó cualquier cosa que hubiera creído posible.

Él estaba en el cielo—mejor dicho, en medio de la habitación—, pero para ser más preciso, él era la esfera azul, el mini sol.

Y podía ver, de forma sobrehumana, todo lo que lo rodeaba. Debajo de él, vio su cuerpo transparente.

—“¡AAAAAAHHHHHHH!”

Gritaba sin parar, como si fuera otro Kirito. Pero no podían ser dos, porque él podía sentir todo su cuerpo… sin dolor.

Intentando entender la lógica de lo que ocurría, hizo que su cuerpo de abajo abriera los ojos.

Esos ojos opacos, azul rojizo, le devolvieron la mirada.

Y, en ese instante, Kirito sintió algo que no estaba en el plan: confusión y preocupación por esta nueva variante en medio del la manipulación de su Fluctlight.

Kirito intentó manejar ciertas partes de su cuerpo, el que yacía debajo de él. Y lo logró en parte: apenas podía moverlo un poco, pero no en su totalidad. Además, su cuerpo no dejaba de gritar.

La mejor comparación sería como si alguien tocara un cable de alta tensión eléctrica: el cuerpo atrapado por la corriente, incapaz de soltarse, apenas moviendo la extremidad afectada.

Así era… pero en todo su cuerpo.

(—“Vamos…”)

Al intentar con más fuerza y voluntad, de repente sintió un jalón hacia abajo.

Su vista se oscureció.

—“¡GAAAAAAAAAAHHHHHH!”

La calma desapareció en un instante, reemplazada por un dolor extremo, multiplicado.

Cuando abrió los ojos, lo comprendió: ya no estaba en la esfera.

Había vuelto a su cuerpo.

Y como si su ausencia anterior hubiera provocado una reacción, el dolor se sentía tres veces más intenso.

Sintió un arrepentimiento punzante.

(—“¿Por qué lo intenté? ¿Por qué reactivé este suplicio?”)

Se reprochó, al comprender que había provocado con sus actos su regreso al infierno. Aquel fue solo un breve momento de razón, un último lujo antes de la caída. Y, en un intento de consuelo, pensó que tal vez era lo mejor. Así debía ser el plan: sin clemencia, sin descanso alguno.

Pasaron diez segundos más y, como si el sistema se burlara de su pensamiento anterior, sintió otro jalón, esta vez hacia arriba.

—“…”

La calma volvió, sin dolor, acompañada por una extraña serenidad.

Nuevamente estaba en la esfera azul. Esta vez no hizo nada raro; solo sentía una mezcla de alivio e incertidumbre por su extraña condición.

**Bzzzt… ping, ping, ping…**

En esa breve calma de su mente y conciencia, las partículas que flotaban alrededor de la esfera —o de él mismo, en ese estado— comenzaron a brillar más.

Al intentar concentrarse en una de ellas, vio algo nuevo.

**Fwip—vwoooom…**

La partícula se abrió como un portal.

Y dentro de ella se reflejaba una escena en primera persona: él, intentando aprender a manejar una moto por primera vez.

Lo comprendió de inmediato.

(—“Era un recuerdo…”)

Para confirmar su teoría, buscó otra partícula.

**Fwip—vwoooom…**

Y en esta nueva escena, también en primera persona, vio a sus compañeros de clase riéndose de él por estar solo en un rincón, sin amigos.

Fue algo que le dolió.

Y al quedarse más tiempo observando, fue como si lo experimentara por primera vez, a pesar de que había ocurrido muchos años atrás.

Desvió su atención a otras partículas. Y la historia se repitió una y otra vez.

(—“Es verdad…”)

Dándole la razón.

Todas esas partículas en forma de estrellas eran recuerdos.

Y tenía sentido.

Porque lo que define quiénes somos en el presente son todas nuestras memorias, sean buenas o malas.

Eso es lo que nos convierte en lo que somos.

Todas esas partículas eran lo que lo hacía ser quien es:

Kirigaya Kazuto.

O Kirito, como le gusta que lo llamen sus amigos y familia.

(—“¿Y esa?…”)

En ese momento de reflexión, se sintió atraído por una partícula muy, pero muy diminuta.

Casi invisible.

A su vista, era la más pequeña de todas.

Intentó descubrir qué había allí, con curiosidad y gran interés.

**Fwip… Fwip**

Pero no importaba lo que hiciera: la partícula no se abría.

Aunque sí reaccionaba.

Había un efecto, aunque mínimo.

Kirito sentía que había un progreso lento.

Así que puso todo su empeño en lograr abrirla.

Tal vez, al hacerlo, descubriría por qué era más difícil que las demás.

Sin rendirse, y sin darse cuenta, su conciencia se enfocó por completo en ese objetivo.

**vwo….**

Después de unos cinco minutos, logró abrir una brecha.

**Hnnnng—VWOOM!**

Y sin pensarlo, se aferró a ella con su voluntad, ampliándola un poco más.

Pero entonces ocurrió lo inesperado.

**SHWIIIIIP!**

Apenas lo hizo, fue succionado hacia el interior de la partícula.

(—“¿Qué?…”)

Con una fuerza que no le permitió pensar ni resistirse.

Y fue arrastrado a la oscuridad total.

*****

**Shoooop—glug…**

Kirito sintió una sustancia viscosa y pegajosa que lo cubría de pies a cabeza. Sus párpados se mantenían sellados, sumiéndolo en una oscuridad absoluta.

—“Así…”

—“Poco más…”

—“No…rendirse…”

—“¡Gaaarrs!¡Aaaahhh!”

Solo escuchaba voces lejanas, muy vagas, como ecos distantes y gritos de una mujer que transmitían un dolor desgarrador.

—“¡Aaaaaahhh!”

—“Tienes que…pujar… más fuerte…”

Y, de alguna manera, entendió una de ellas: alguien le decía a otra persona que pujara con fuerza.

(—“¡…!”)

Su mente se quedó en blanco por un momento.

(—“¡¿Esto es?…”)

Pero luego, una idea comenzó a formarse.

**Shoooof… pum, pum…**

Una luz tenue apareció sobre su cabeza, proveniente de una abertura más adelante.

Y entonces lo comprendió:

Su presentimiento era correcto.

Era el día de su nacimiento.

—“Aquí está, por fin… el chico fuerte…”

Al escuchar esa voz entrecortada, Kirito hizo un esfuerzo sobrehumano por abrir los párpados. Aunque logró entornarlos lo suficiente para que la luz, ahora dolorosamente intensa, le revelara la figura del doctor con traje quirúrgico que lo sostenía con manos firmes, supo de inmediato que aquel acto no había sido producto de su voluntad, sino un espasmo involuntario del cuerpo que ahora habitaba.

(—“Ya veo…”)

En ese instante, comprendió la terrible paradoja de su existencia: una conciencia lúcida atrapada en un cuerpo ajeno. Sentía cada sensación —el aire frío, el tacto de las manos que lo sujetaban— pero no podía controlar ni un solo músculo. No era él quien movía los brazos ni quien pataleaba; era el cuerpo recién nacido, actuando por puro instinto.

—“Waaaaah! WAAAAAAH!”

(El sonido del llanto fuerte y vigoroso de un recién nacido, lleno de fuerza y vitalidad)

Entonces, un llanto brotó de su pecho sin su consentimiento. Fue un sonido áspero y tembloroso que, sin embargo, arrastró consigo su primera respiración. Aunque los sollozos seguían escapándose de su garganta de forma autónoma, algo en lo más profundo de su ser reconocía la trascendencia del momento: acababa de nacer.

(—“No puedo intervenir en nada…”)

Kirito entendía que no podía hacer nada por voluntad propia.

Pero sabía que esto era un recuerdo oculto en lo más profundo de su inconsciente.

Un recuerdo imposible.

—“Corten justo aquí.”

**Snip**

Su yo del pasado fue entregado a una enfermera, quien con unas tijeras estilizadas seccionó el cordón umbilical, cortando así el vínculo físico que lo unía a su madre.

El doctor dijo con voz satisfecha:

—“Felicidades, señora Narusaka. Es un niño muy saludable y no muestra ningún problema.”

Una voz femenina, cansada pero cálida, respondió:

—“Gracias a Dios… y a ustedes por su trabajo.”

La enfermera con más experiencia añadió:

—“No solo nosotros. Usted también, señora Narusaka, por su arduo trabajo.”

Las demás enfermeras y el doctor asintieron en acuerdo.

Entonces comenzó el protocolo silencioso.

Una enfermera aplicó gotas en sus ojos para protegerlos.

Otra le administró una pequeña dosis de vitamina K.

Le colocaron una pulsera de identificación, y limpiaron con cuidado el muñón umbilical.

No hubo baño, pero sí una limpieza suave, suficiente para protegerlo sin borrar el calor de su nacimiento.

—“Waaaah… aahh…”

Lloraba menos, pero sus lágrimas seguían cayendo por el nuevo ambiente, extraño y frío.

**Shhh-swish…**

Una manta blanca lo envolvió, y un gorrito fue colocado sobre su cabeza para conservar el calor.

Su cuerpo temblaba, pero ya no estaba solo.

**Shhhhh…**

Mientras tanto, a pocos pasos de allí, la madre era atendida con cuidado.

La revisaron brevemente, limpiaron lo necesario, y confirmaron que todo estaba en orden.

Solo entonces, cuando su respiración se estabilizó y sus ojos volvieron a abrirse, la enfermera más experimentada lo cargó con delicadeza, envuelto en aquella cobijita blanca, y lo llevó hasta su madre.

—“Aquí está su hijo, señora Narusaka… Y aquí está tu madre, querido.”

Esas palabras fueron para él.

Sin ninguna duda.

—“Hic… sniff…”

Dejó de llorar al sentirse envuelto por los brazos de su madre. Entonces vio por primera vez a esa persona que lo miraba con ojos maternales, tiernos y desbordantes de amor.

(—“Mamá…”)

Era su madre biológica. Alguien a quien solo había visto en retratos, pero que ahora tenía frente a sí, cara a cara. Aunque solo fuera un recuerdo, aquel momento superaba cualquier otra experiencia de su vida.

—“Hola… Yo soy Aoi, tu mamá, pequeño…”

Dijo con voz cansada pero cargada de una genuinidad innegable.

Kirito sintió ese amor puro recorriendo todo su ser. Era una confianza única, nacida del lazo irrompible entre madre e hijo.

(—“Jamás imaginé…”)

Kirito tenía ganas de llorar.

De felicidad… Y de tristeza, por experimentar algo tan único… y saber que ya no estaba allí.

—Tu papá está afuera… Seguro está muy nervioso, sin saber que ya naciste… ¿Sabes? Hemos decidido llamarte Kazuto. Narusaka Kazuto, ¿te gusta? —preguntó Aoi con felicidad, mientras tomaba su manita que intentaba tocar su rostro con curiosidad.

—“Mmn… ah…”

Kirito sintió, involuntariamente, cómo su cuerpo emitía un sonido que sonaba a asentimiento.

—“Qué bonita sonrisa.”

—“Es tan mono.”

—“Ssshhh… vamos a salir y dejar a la madre y a su bebé solos por un momento. Vamos a darle la noticia al padre.”

Las enfermeras jóvenes fueron regañadas con cariño por la más experimentada, quien además dio el aviso para llamar al padre.

—“Ahora mismo avisaré al señor Narusaka.”

Una de ellas se fue, seguida por las demás que ya habían cumplido con su labor. En la habitación solo quedaron el doctor y la enfermera más experimentada. El médico se quitó la mascarilla con una leve sonrisa, revelando un rostro de unos cuarenta años que mostraba una alegría genuina. Amaba su trabajo, especialmente en momentos como aquel.

—“La dejaré descansar por ahora. Lo más recomendable es que lo haga. En unos días podrá irse a casa, señora Narusaka.”

—“Okey, doctor… Y nuevamente, muchas gracias…”

Aoi asintió y lo despidió con sinceridad.

—“Es un placer, señora Narusaka… Y hasta luego a ti también, pequeño.”

El doctor salió de la habitación, mientras la enfermera terminaba de limpiar —lo cual era muy poco—. Al finalizar, con una inclinación y una sonrisa, se despidió de ambos. Su madre volvió a concentrarse en el nuevo ser en su vida.

—“Eres un niño muy listo. Y esos ojos oscuros… creo que en eso te pareces a mí. Las enfermeras estaban enganchadas a ti.”

Aoi se lo dijo a Kazuto, y era cierto, en parte. Aunque compartían el color de ojos, los de ella tenían un brillo más intenso y hermoso. En cuanto al rostro, el pequeño se parecía en un 80% a su madre, y el resto a su padre.

La puerta de la habitación se abrió por fin, dando paso a un Narusaka Yukito que entraba con emoción contenida. Tras largas horas de espera en el hospital, donde no había podido hacer más que recorrer los pasillos una y otra vez, la enfermera finalmente le había dado la noticia que anhelaba escuchar: podía entrar.

Llegaba directamente de la oficina, como delataba su traje gris de corte impecable, aunque ahora mostraba algunas arrugas tras el tenso periodo de espera. Su cabello negro, cuidadosamente peinado con gel esa mañana, aparecía ligeramente desordenado por los gestos nerviosos de quien había estado aguardando noticias durante horas. Aunque había salido con permiso de su jefe desde temprano, aún conservaba ese aura formal de su entorno laboral, ahora mezclada con la visible emoción del momento.

(—“Papá…”)

Kazuto reconoció al hombre de estructura robusta y masculina, un físico que él apenas había heredado.

—“¿Cómo estás, Aoi? ¿Y el bebé? ¿No tiene nada malo?”

—“Ja, ja… estamos bien los dos, cariño. Solo yo estoy cansada.”

Aoi no pudo evitar reír ante la preocupación de su esposo, sintiendo una mezcla de alegría y ternura por su característica atención.

—“Haaa, gracias a Dios…”

Yukito se sintió aliviado. Su esposa, con voz dulce, propuso:

—“¿No te gustaría cargar a nuestro pequeño Kazuto?”

Al escuchar eso, Yukito se emocionó y respondió con rapidez y amor:

—“Es algo que he querido desde el momento en que entré a esta habitación.”

Sin más preguntas, aceptó la propuesta y tomó al bebé en brazos con el mayor cuidado posible. Al verlo con mayor claridad, no pudo evitar comentar:

—“Kazuto, eres muy parecido a tu madre. Y estoy feliz por ese resultado…”

—“¿Qué dices, Yukito? Me hubiera gustado que se pareciera a ti también…”

—“Tiene algo de mí, pero prefiero que sea así…”

—“Je, je, je.”

—“Ja, ja, ja.”

Ambos rieron y luego se abrazaron, sosteniendo a Kazuto en medio de ellos. Un inicio muy feliz para el pequeño Narusaka.

Y en medio de esa alegría…

—“Así que este fue mi primer día de vida… Junto a mis padres.”

…

Su visión se oscureció de nuevo.

Sintió una nueva succión y dejó atrás esa hermosa reunión que jamás había sentido ni experimentado… hasta ahora.

*****

**Kkkrr—shift…**

Kirito recuperó la sensación de su cuerpo de forma instantánea.

Reconoció de inmediato la textura suave y acogedora de una cama cómoda bajo su espalda, un contraste brutal contra la fría sujeción del laboratorio.

(—“No puedo”….)

Sin embargo, por más que deseaba abrir los ojos, sus párpados se negaban a obedecer su voluntad una vez más.

Tal como había sucedido en el recuerdo reciente.

En ese momento, escuchó una voz cercana.

Una voz joven, femenina, que decía con alegría:

—“¿Dónde está mi sobrino favorito?”

Y luego otra voz, más serena, que reconocía por haberla escuchado hace poco:

—“Solo lo vas a despertar…”

Era la voz de Aoi, su madre.

La decía sin poder hacer nada para detenerla, con ese tono de resignación cariñosa.

—“¿Y qué? Me dijiste que no ha despertado desde ayer. Ha pasado más tiempo dormido de lo necesario… Y eso que yo tengo a mi Suguha, que duerme mucho.”

La voz joven se detuvo de repente.

Y con emoción creciente, exclamó:

—“¡Ah, está despertando Kazuto!”

Kirito sintió cómo sus ojos, aún soñolientos, comenzaban a abrirse, venciendo la resistencia muscular.

Al mirar hacia arriba, boca arriba en su cama, vio tres rostros inclinados sobre él, observándolo con atención, recortados contra la luz tenue de la habitación.

Uno era el de su madre, Aoi, a quien ya había reconocido.

Y el otro…

—“Midori, ¿cómo no va a despertarse con tu escándalo?”

La voz de Aoi lo confirmó.

La segunda mujer, con el cabello un poco más largo de lo que recordaba, era su tía Kirigaya Midori.

Su segunda madre en la vida.

**Mmmn—grnn…**

Kirito movió la cabeza de un lado a otro.

O mejor dicho, su yo del pasado lo hizo, mientras bostezaba al despertar y se estiraba con lentitud, los pequeños puños apretándose frente a su rostro.

(—“Me lo imaginé… Esto es otro…”)

Una vez más, comprendió que estaba viviendo otro recuerdo oculto. Lo experimentaba desde primera fila.

Sentía cada cosa que lo rodeaba, cada parte de su cuerpo con plenitud… la suavidad del pijama, el calor del ambiente.

Pero no podía hacer nada más que vivirlo tal como ocurrió.

En ese momento, estaba en una cuna.

O mejor dicho, su cuna.

—“Mira, mi querida Suguha… Tu primo Kazuto te está viendo con toda su atención.”

Lo que dijo Midori era cierto.

Sus ojos se sintieron atraídos por la tercera persona en la habitación:su prima Suguha.

Ella estaba siendo cargada con suavidad por su madre.

Con el cabello corto hasta las orejas, un poco regordeta, grandes ojos brillantes y curiosos, y un vestido rosado de bebé, con pañales incluidos.

Según su apariencia, Kirito calculó que tendría unos seis meses de edad.

—“Ñaaa… Maaa…”

La bebé Suguha extendió las manos hacia él, los deditos regordetes abriéndose y cerrándose.

—“Aaah…”

Y su yo infantil se incorporó de su posición acostada a una sentada, imitando el gesto en su dirección, un balbuceo alegre escapando de sus labios.

Estaba claro que había pasado tiempo desde su nacimiento.

(—“Por lo menos, casi un año.”)

Y según lo cómodo que se sentía en su presencia, era evidente que ya había desarrollado un vínculo con ellas.

—“Ah, me das envidia, Suguha. ¿Cómo es posible que prefieras estar más con tu prima que conmigo, Kazuto?”

Midori se quejó fingidamente ante la interacción de los dos bebés.

Para Kirito fue una sorpresa.

Según lo que recordaba de su tía, ella solía ser más reservada, menos animada.

(—“Pero supongo que la tragedia que vino después la endureció…”)

Pensó con dolor y tristeza por lo que sucedería más adelante, una opresión familiar apretándose en su pecho.

**Shhh—rustle…**

Mientras reflexionaba, sintió unas manos grandes que lo tomaban con rapidez, pero con delicadeza.

—“Nuuaaa…”

Cuando su yo del pasado vio que era su tía, balbuceó y le puso una de sus diminutas manos en la mejilla, sintiendo la calidez de su piel.

—“Mna-ña-ma…”

—“Ñaa-maaa…”

Y extendió su otra manito hacia su prima, que no dejaba de señalarlo con entusiasmo, emitiendo sonidos de alegría.

—“Ja, ja, ja… Parece que no te quieren ahora mismo, Midori.”

Su madre, Aoi, se reía con cierta elegancia desde un lado, los ojos entrecerrados por la sonrisa.

—“¿De qué te ríes, Aoi? Yo no veo por ningún lado que tu querido hijo te esté buscando a ti también.”

Midori se defendió con un puchero exagerado, pero Aoi, como si no le importara ese punto de vista, respondió con calma:

—“Kazuto es un bebé muy consentido. Y cuando estamos los dos solos, me da toda su atención y amor…”

Luego, con una sonrisa burlona, añadió:

—“Y yo no soy tan mesquina como otras, que no prestan a su hijo para que interactúe con quien le despierte interés…”

—“¿De verdad eres tan…?”

Midori no encontró cómo replicar a su hermana, que se burlaba de ella con picardía.

(—“Así que mi madre tenía este tipo de personalidad…”)

Pensó Kirito con asombro.

Parecía que había heredado parte de ese carácter sin saberlo.

Eso explicaría por qué su tía sonreía con nostalgia cada vez que él hacía algo parecido con los demás…

Incluyendo a su prima Suguha.

(—“Debe ser que le recuerdo a ella…”)

Pensó con una punzada de dolor en su interior, un sabor agridulce inundando su conciencia.

Ante la interacción entre los dos bebés, su tía Midori, decidida a no separarse de él, se ofreció a cargarlos a ambos, uno en cada brazo.

Eso permitió que los pequeños pudieran interactuar libremente:se reían juntos, se abrazaban y se tocaban el rostro con cariño.

Estaba más que claro que tenían buena química desde que eran apenas unos bebés.

**Tap, tap—giggle…**

Todo esto ocurría mientras las dos mujeres jóvenes bajaban por las escaleras de la casa de los Narusaka.

Y mientras sucedía, Kirito —desde su conciencia adulta— observaba con atención cada rincón de aquel lugar.

Ese hogar que alguna vez le perteneció.

Ese hogar que fue suyo…con su familia.

Los cuatro llegaron a la sala.

Aoi y Midori acostaron con cuidado a los bebés sobre una suave alfombra acolchada en el suelo y, para no perderlos de vista ni un momento, se sentaron justo a su lado, conversando mientras velaban por ellos.

—“¿Cómo estás aprovechando las vacaciones, querida hermanita?”

Preguntó Aoi, acomodándose en el sofá grande con un suspiro de comodidad.

—“No sé… se siente extraño no poder trabajar en la editorial. Es mi pasión”

Respondió Midori, con un suspiro, jugando distraídamente con el borde de su suéter.

—“Sabes que no todo en la vida es trabajo, ¿verdad? Y recuerda la razón por la que estás en casa”

Dijo Aoi mientras comenzaba a servir el té que estaba en la mesita del centro, preparado para las visitas, el vapor elevándose en espirales.

—“No me malinterpretes. Me encanta cuidar a mi querida Suguha. Lo que me resulta extraño es que hasta mi esposo me obligue a descansar y no me deje trabajar en nada que tenga que ver con mi editorial.”

—“Claro, te entiendo. Ser madre primeriza no es fácil…”

**Clinksss**

Dijo Aoi con un tono cariñoso, deslizando una taza de té hacia su hermana.

—“Hablas como si tuvieras más experiencia que yo. Solo hay seis meses de diferencia entre nuestros hijos, así que no te creas tanto.”

Replicó Midori con una sonrisa pícara, aceptando la taza de té. Mientras tanto, Aoi observaba a su hijo, que jugaba tranquilamente a sus pies.

—“Ja, ja… cierto. Pero es que siento que esto me sale natural. Estar en casa, cuidar a Kazuto, tener la comida lista para mi esposo… me hace feliz.”

Midori sonrió con complicidad.

—“Ya lo entiendo. Eres feliz siendo ama de casa y madre.

Sé que somos diferentes en eso. A mí me encanta escribir, hablar de tecnología… y a ti no tanto.”

—“Sí, está bien. Fuiste tú quien me enseñó a usar un teléfono. ¡Es tan complicado!”

Aoi se llevó un dedo al mentón, recordando mientras miraba su smartphone sobre la mesa con expresión de falsa exasperación.

—“Ni me lo recuerdes. Fue desesperante enseñarte. Te decía una cosa y hacías otra completamente distinta…”

Midori puso los ojos en blanco, fingiendo fastidio.

—“Ya sabes que mi inclinación siempre fue más hacia la tradición… y el kendo que nos enseñó papá. En eso sí te superé.”

—“Sí, sí… sé que me superaste. Digamos que es un empate: tú a lo tuyo, y yo a lo mío.”

Midori no quiso seguir por ese camino.

Ver a su hermana reírse con la mano en la boca la irritó un poco más…aunque no podía evitar sonreír también.

**Coo—gurgle…**

Mientras todo esto ocurría, Kirito lo veía todo.

O al menos lo escuchaba, mientras su yo infantil gateaba por la alfombra, jugando con su prima, sus risas formando el soundtrack de aquella paz doméstica.

**Thump**

En un momento, Suguha lo tumbó al suelo con un torpe abrazo de bebé, y ambos rieron con esa risa pura y gutural que solo los niños pueden tener.

Kirito se sentía profundamente conmovido por ese ambiente.

Le gustaba.

Le reconfortaba como un abrazo tibio en el alma.

Pero, como suele pasar…

A veces, todo lo bueno llega a su final.

**Tick… tock…**

**Tick… tock…**

Pasaron unos quince minutos más, y en ese momento se abrió la puerta de la casa.

Era su padre, Narusaka Yukito.

—“Siento la tardanza… ni te imaginas cómo está el tráfico afuera”

Dijo, disculpándose mientras se sacudía levemente la chaqueta.

—“Hola, querido. No te preocupes, ni siquiera nos dimos cuenta del tiempo que ha pasado”

Respondió Aoi con cariño, levantándose para darle la bienvenida con un beso en la mejilla.

—“Hola, Yukito. No te preocupes, a lo mucho llevo menos de media hora esperando”

Añadió Midori, restándole importancia con un gesto de la mano.

—“Realmente les agradezco por entenderme.”

Dijo Yukito a ambas, antes de mirar a su esposa.

—“¿Estás lista, Aoi?”

—“Sí, solo te estaba esperando.”

Aoi tomó la cartera que estaba sobre el otro sofá de la sala.

—“Te agradezco de antemano, Midori, por sacar tiempo para cuidar a Kazuto mientras hacemos una diligencia”

Dijo con una sonrisa genuina.

Yukito complementó:

—“Es verdad. Que nos eches una mano significa mucho para nosotros.”

—“Sí, sí… lo que ustedes digan. Ya vayan a tener su cita de enamorados.”

Respondió Midori con tono burlón, sabiendo que no habían tenido mucha intimidad desde el nacimiento de Kazuto.

Esto hizo que ambos se avergonzaran, se sonrojaran y desviaran la mirada.

—“No puedes simplemente fingir… supongo que te estás vengando”

Murmuró Aoi, entre dientes, con las mejillas teñidas de rosa.

—“Hu Jum, hu jum… bueno, creo que ya es hora de irnos.”

Tosió Yukito varias veces, incómodo, y apuró la salida hacia la puerta.

—“Ja, ja… eso te pasa por meterte conmigo, hermanita”

Le susurró Midori al oído de Aoi.

Esta hizo un puchero adorable, pero luego afiló la mirada y respondió en voz baja:

—“Esto no se va a quedar así, hermanita. Espero que me llames para ayudarte en tu casa…”

Midori sintió un escalofrío y respondió con una sonrisa forzada:

—“Okey…Ja, ja…”

Luego tomó a los dos bebés que seguían en la alfombra y les dijo:

—“Suguha, Kazuto… despídanse de sus tíos y padres.”

Ambos, como si entendieran, levantaron sus diminutas manitas en gesto de despedida.

Aoi y Yukito se acercaron.

Mientras Midori los sostenía en brazos, no pudieron evitar sonreír ante el gesto.

—“Mamá y papá van a salir un momento, querido Kazuto”

Dijo Aoi, agachándose para darle un beso en la frente, su aroma suave envolviéndolo, y luego otro a su sobrina Suguha.

—“Te dejo la casa. En este momento, eres el hombre del hogar, Kazuto”

Dijo Yukito, extendiendo el puño con una sonrisa orgullosa.

Kazuto lo regresó con el suyo, como si fuera un gesto que ya habían practicado muchas veces.

Todo era risa y alegría.

La despedida parecía breve, sin importancia.

Pero para Kirito, que lo vivía desde su conciencia adulta.

(—“Algo no estaba bien…”)

Tuvo un mal presentimiento, un nudo de hielo formándose en su estómago.

Y como si ese sentimiento se transfiriera a su cuerpo de bebé, al ver partir a sus padres en el carro, extendió la mano hacia ellos.

Como queriendo ir con ellos.

Como queriendo detenerlos.

Ellos simplemente sonrieron antes de subirse al vehículo, un último destello de felicidad inconsciente.

Y esa emoción…

Ese dolor que desgarraba por dentro…

Era la impotencia de ver algo que no se puede cambiar.

**Click—snap**

La puerta se cerró.

Los tres —Midori, Kazuto y Suguha— entraron al hogar de los Narusaka, la atmósfera cambiando sutilmente.

**Tick… tock…**

**Tick… tock…**

Pasaron un par de horas.

**Brrrring—brrring…**

El teléfono de la casa sonó.

A pesar de ser un bebé, Kirito dirigió la mirada hacia su tía, que contestó sin darle mucha importancia.

—“¿Bueno?”

Era una llamada cotidiana, como tantas otras.

(—“…”)

Pero el presentimiento de Kirito era otro, una certeza sombría que crecía en su interior.

Y entonces lo vio.

Vio cómo los ojos de Midori pasaron de indiferentes a desorbitados, la sangre abandonando su rostro.

Casi se le cayó el teléfono mientras escuchaba a la persona al otro lado de la línea.

Una tragedia.

**Gasp—hic…**

**Drip… drip… plic, plic…**

Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro como una cascada, silenciosas al principio.

**Hnnngh… shhhk…**

Se tapó la boca, sin poder creer lo que escuchaba, un temblor recorriendo todo su cuerpo.

**Clunk.**

Luego bajó la cabeza, con los ojos más oscuros y vacíos que nunca, y colgó el teléfono con un movimiento mecánico.

Con esfuerzo, como si sus piernas pesaran una tonelada, se acercó a Kazuto.

Lo separó de Suguha, que también percibía el ambiente de su madre y permanecía en silencio, los ojos muy abiertos.

—“Kazuto… tu mamá y tu papá se fueron a un viaje muy largo… hic…Y me dijeron que te cuidara el tiempo que fuera necesario…hic”

**Huuuh… shkk…**

Midori lo cargaba con fuerza, como si él fuera un ancla en un mar de dolor.

**Splash… drip, drip…**

Las lágrimas no dejaban de caer, manchando la ropa del bebé.

—“Te prometo… hic… Que te cuidaré con todo el amor de una madre…más que una tía. Te lo prometo…te lo prometo…”

**Hnnngh—crck**

Y sin poder contenerse más, lo abrazó, hundiendo el rostro en su pequeño hombro.

—“Waaaaah!“

Lloró amargamente, un sonido desgarrador que llenó la sala.

—“Waaah! Aaah!”

—“Buaaaah… buaaaaah…”

Y como si ese dolor se transfiriera a los bebés, Kazuto y Suguha comenzaron a llorar en sincronía con ella, sus llantos inocentes mezclándose con el sollozo desconsolado de Midori.

Kirito, desde su interior, sintió cómo se le rompía el corazón.

Sintió que derramar lágrimas no era suficiente.

La calidez del recuerdo se congelaba, transformándose en el frío mármol de un monumento al dolor.

Es sorprendente cómo un momento tan feliz y alegre puede transformarse en algo tan trágico y desgarrador.

**Vwoooom—pull…**

En medio de ese sufrimiento, sintió cómo su conciencia era nuevamente succionada por la oscuridad, la escena desvaneciéndose a su alrededor.

Dejando atrás un día de recuerdos que le cambió la vida…para siempre.

Hola a todos.

Como me ocurrió en el capítulo anterior, intenté incluir todo el contenido que faltaba en esta entrega… pero nuevamente me di cuenta de que se estaba haciendo demasiado largo, y que seguir puliendo iba a retrasar aún más la publicación. Por eso decidí publicar esta parte tal como está, y dejar lo que falta para la siguiente entrega, que será la última de esta transición.

También quiero compartir algo importante: esta parte de la historia toca aspectos para los que no hay mucha información oficial. Algunas cosas son canon, pero otras tuve que reinventarlas, especialmente en lo que respecta a los padres del personaje, que no han sido muy explorados. Mi intención fue siempre respetar a los personajes, mantenerlos coherentes e interesantes, y aportar algo que se sienta fiel al espíritu de la obra original.

Agradezco profundamente a quienes han llegado hasta aquí, a quienes han leído con atención y han compartido sus impresiones. Si les ha gustado, los invito a dejar sus comentarios, reseñas o cualquier opinión que quieran compartir. Me encantaría saber qué les ha parecido.

Una de las razones por las que he dividido este capítulo es, como ya he explicado antes, el tiempo limitado que tengo por mis ocupaciones, y el compromiso que mantengo con la calidad de cada entrega. Prefiero avanzar con calma y cuidar cada detalle, antes que apresurarme y arruinar lo que tanto esfuerzo ha costado construir.

Gracias a todos los que han estado atentos.

Si pueden dejar una piedra de poder, eso ayuda a que más personas descubran esta historia.

Espero que hayan disfrutado este capítulo, y nos vemos en la próxima actualización.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo