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Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 19

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Capítulo 19: Capítulo 19: Punto De No Retorno: Descenso Al Cero Absoluto (Parte 3)

**Tck… Tck… Tck…**

Esta vez, la transición fue diferente.

En lugar de oscuridad, su vista estaba clara.

Su mirada estaba fija en el monitor de su computadora, que iluminaba su rostro en su antigua habitación.

La luz fría y azulada de la pantalla bañaba su rostro concentrado.

**Tck… Tck… Tck…**

Sus dedos volaban sobre el teclado; la adrenalina de una búsqueda ilegal le recorría el cuerpo. No era un juego. Estaba forzando el acceso a los registros del sistema de Registro Familiar (Koseki) de la Prefectura de Saitama, un sistema civil japonés que centraliza los archivos de censo y adopciones.

(—“Ya veo… Ese fue el día en que descubrí la verdad por mi curiosidad… Pero cambió muchas cosas.”)

Kirito entendió en apenas medio segundo en qué recuerdo se encontraba ahora. Una de las razones era que, a diferencia de los dos anteriores, este sí lo recordaba con claridad.

(—“Aquí tenía unos diez años… Poco después de haber terminado de armar mi computadora por mí mismo…”)

**BZZZT—SHHHT!**

**CRACK! FZZZ—Shhht!**

La seguridad del firewall cedió con un pitido agudo, el sonido sordo del hackeo resonando en la quietud de la noche. La pantalla se inundó de códigos. Buscaba archivos de la familia Kirigaya, pero un nombre capturó su atención al instante: “Narusaka Kazuto”. El apellido era distinto. El nombre de pila, el mismo que el suyo: Kazuto.

—“Narusaka… ¿Qué apellido es este?”

Murmuró su yo de diez años.

**Tck… Tck… Tck…**

Investigó durante horas. La conexión era irrefutable: una adopción. Su verdadera identidad. “Narusaka” había sido su apellido de nacimiento.

El shock fue frío, metálico. Su corazón se hundió con un dolor casi físico. Sus ojos infantiles se clavaron en la pantalla, incapaces de asimilarlo.

**Beep. Click. Hiss… Thump.**

En un momento de enojo, se desconectó rápidamente del sitio, borró sus huellas por seguridad, apagó la computadora y se acostó en su cama, pensando en la oscuridad de su habitación que tal vez lo que vio no era verdad… Al final, no pudo dormir esa noche.

Kirito, que estaba viendo esto, pensó que era el final del recuerdo, pero estaba lejos de la verdad. Ocurrió algo que lo sorprendió: el tiempo empezó a acelerarse, como cuando alguien adelanta una película, y llegó a otro punto conectado con ese descubrimiento.

—“Esta es mi oportunidad.”

El peso de esa verdad llevó a su yo de diez años, días después, a buscar la prueba final, tangible; aquella que su mente infantil todavía se negaba a aceptar.

(—“Esto era inevitable que sucediera.”)

Pensó Kirito al ver y sentir todo de nuevo… las intensas emociones de un joven Kazuto.

**Tap… Tap… Tap…**

Mientras tanto, su yo de diez años sintió la urgencia en sus pies. Moviéndose sigilosamente por la casa al atardecer, después de llegar muy temprano del colegio, entró en la habitación de Midori en silencio, sin que nadie se diera cuenta.

**TCHHHK—CRREAAAK…**

Se deslizó al interior, buscando desesperadamente algo que probara que su hackeo era una mentira. Pero, en el fondo del cajón, el sobre sellado de su madre adoptiva lo esperaba, confirmándolo todo.

Después de buscar con cuidado, y sabiendo más o menos dónde estaban los archivos físicos de su madre, encontró lo que buscaba muy al fondo de todo el papeleo, escondido, envuelto en ropa.

Su mirada estaba fija en unos documentos que sostenía entre las manos. En la primera página se leía: “Documento de Adopción.”

**Krrk—shff… hiss**

—“Es verdad…”

Las emociones que recorrían su cuerpo joven eran intensas: incredulidad, tristeza, desconcierto, amargura. Sus manos temblaban con una furia silenciosa, el papel crujiendo rítmicamente bajo la presión de sus dedos.

**shff-tap**

**shff-tap**

Kazuto pasó las páginas con rapidez. Cada línea intensificaba su confusión. El sonido áspero del papel al voltearse era el único testigo de su dolor.

**CLACK! THUD!**

Cerró el documento de golpe, con frustración.

**Crraak—Sssshhh**

La puerta de esa habitación fue abierta.

—“Kazuto, llegaste temprano. Quería saber si…”

Dijo una voz femenina desde la puerta. Era Midori. Su tía. Su madre. La sonrisa que traía se desvaneció al instante, reemplazada por una expresión de tristeza profunda.

—“¿Es esto verdad?”

Murmuró Kazuto, su voz infantil cargada de un peso que no le correspondía, al señalar el documento de adopción en su mano.

—“¿Mamá… o debería decirte tía Midori?”

(—“Fui tan cruel… La amargura de la traición percibida siempre ciega el corazón.”)

Pensó Kirito, sintiendo cómo se le oprimía el pecho al ver el trato injusto que le dio a Midori.

—“Haaah… sí. Es verdad. Eres adoptado, Kazuto…”

Midori suspiró, su voz suave y llena de dolor… aunque también se percibía un leve alivio.

—“Así que no soy tu hijo… Y esta no es mi familia de verdad…”

Susurró el joven Kazuto, sus palabras apenas audibles, pero llenas de desgarro.

—“Eso no es del todo cierto… Eres mi sobrino, y eso te hace parte de mí. De esta familia que te quiere. Solo… déjame contarte la historia completa, ¿sí?”

Midori respondió con rapidez, la voz firme, pero con un temblor subyacente que Kazuto notó.

—“Es lo menos que podrías hacer…”

Murmuró Kazuto con cierta amargura al saber la verdad.

—“Tienes razón. Ven, siéntate con esta mujer que va a responderte todo lo que necesites saber…”

**CRREAAAK… CHK!**

Midori cerró la puerta con cuidado y echó el seguro. El clic del cerrojo sonó.

**Pap-pap-pap**

Se sentó en la cama, dio una palmadita a su lado y dijo:

—“Ven aquí…”

—“Está bien…”

Kazuto se sentó con esfuerzo, dejando un pequeño espacio entre ambos.

(—“En ese momento no tenía idea del dolor que causaba…”)

Kirito pensó en su mal comportamiento de ese día.

—“Haaah… Tu madre era mi hermana…”

Midori respiró hondo y comenzó a contarle la historia. Cada pregunta que él le hacía para comprender mejor su pasado y origen, ella la respondió con gran paciencia, y eso fue algo que tranquilizó a su yo de diez años.

Al final, le tomó la mano con ternura.

—“Te quiero como a un hijo. Jamás olvides quién eres. El apellido… solo es una identificación. No define quiénes somos.”

Entonces, con la otra mano, le tocó el pecho, donde se encuentra el corazón, y agregó:

—“Lo que importa es la persona que eres aquí. Y cómo tus acciones hacen felices a los demás. Kazuto, soy tu madre… si me dejas seguir siéndolo.

—“…”

Su yo del pasado asintió en silencio. Midori sonrió con alivio. Abrió los brazos.

—“Dame un abrazo, si es así, para cerrar el trato…”

**Shhh—fump**

**Mmm… thump…**

Kazuto dudó un momento. Pero luego, sin más pensamientos, la abrazó con fuerza. Ocultó el rostro en su pecho.

—“Por favor… No le digas a Suguha sobre esto… mamá.”

Dijo Kazuto con decisión, su voz quebrándose por la emoción.

—“Sniff… Está bien. Te lo prometo… hijo.”

Midori le acarició la cabeza.

Kirito, desde su interior, sintió cómo ese recuerdo lo atravesaba. Era el dolor sanado de su identidad.

Y entonces, una vez más, sintió el jalón a la oscuridad.

**VWOOM—SHWIIIIIP!**

La conciencia fue succionada hacia la oscuridad, dejando atrás otro momento triste… y hermoso.

*****

**Swish—thwip…**

—“185…”

La claridad volvió de golpe una vez más.

Kirito sintió el peso de la shinai—la espada de bambú usada en el kendo— firmemente sujeta entre sus manos, y la balanceaba en repeticiones.

**Swish—thwip…**

—“186…Haaah.”

Sus dedos, cubiertos por los guantes del bogu, estaban tensos.

El sudor le corría por la frente, empapando el kendogi azul oscuro que vestía, junto con el hakama que apenas le llegaba a los tobillos.

**Swish—thwip…**

—“Haaah…187… Haaah.”

Estaba en el dōjō personal de la familia Kirigaya, el mismo de siempre.

El suelo de madera crujía bajo sus pies descalzos.

El aire olía a madera, esfuerzo… y disciplina.

**Swish—thwip…**

—“188…Haaah… Haaah.”

Su cuerpo joven se movía con precisión, pero con fatiga.

Estaba haciendo balanceos, uno tras otro, con la shinai al frente.

Ya llevaba más de cien, acercándose a los doscientos.

—“Haaah… un poco más… Haaah.”

Y lo sentía.

Cada músculo le ardía.

Cada respiración era más pesada.

El sudor le nublaba la vista.

(—“Este cuerpo… apenas ha cambiado desde el último recuerdo. Deben haber pasado solo unos meses desde que descubrí la verdad…”)

**Swish—thwip…**

—“189…Haaah… Ya no puedo… seguir…”

Su yo del pasado, agotado, bajó la shinai por un instante.

Quería detenerse.

Solo un momento.

Pero entonces, una voz retumbó en el dōjō:

—“¡No te detengas, Kazuto! ¡Rompe tus límites!”

**Swish… WHACK!**

**THUMP**

Y antes de que pudiera reaccionar, sintió un golpe seco en el costado.

No fue fuerte, pero sí certero.

La shinai de su maestro—su abuelo— lo había alcanzado con precisión.

**CLATTER!**

El impacto, sumado al cansancio, hizo que soltara su espada.

Cayó al suelo con un sonido hueco.

—“¡Onii-chan!”

Gritó una voz femenina, preocupada.

Era Suguha, que practicaba a su lado.

—“¡Uff!… Aaaah”

Se detuvo al ver a su hermano en el suelo, llevándose la mano a las costillas.

—“¡No te detengas, Suguha!”

Tronó la voz grave de su abuelo.

—“¡Él tiene que enfrentar esto solo!¡No interfieras! ¡Tiene que aprender que, en muchas ocasiones, no habrá nadie que lo ayude en su momento de debilidad!”

—“Uff… Haaah…”

Kazuto levantó la vista mientras intentaba recuperarse.

Allí estaba Takeshi Kirigaya.

Su abuelo adoptivo.

De pie, con la shinai aún en posición.

Su barba gris, recortada con precisión.

Sus ojos, serios, duros como el roble.

No había compasión en su rostro. Solo exigencia ante el joven Kazuto del recuerdo.

Sin embargo, era otra historia para el Kirito que lo revivía de nuevo.

(—“Él es más de lo que muestra en la superficie…Hay preocupación muy escondida en sus ojos severos.”)

Kirito sabía que, cuando no se trataba del kendo o de fortalecer el carácter, su abuelo Takeshi era bondadoso y un poco indulgente, y mucho más con Suguha que con él…

Pero las personas a veces solo recuerdan lo que no les gusta de alguien más que lo que sí.

Y ese era el caso de su yo pasado, que veía a su abuelo en ese momento.

—“¡Levántate, Kazuto! ¡Te he dicho que rompas tus límites! ¡Tienes ese poder y talento!”

Ordenó y continuó con tono elevado.

—“¡Ahora!¡Recoge la shinai! ¡Y no harás 200… harás 300! ¡No me importa si oscurece o si eres el último en salir de este dōjō!”

Los ojos de su abuelo se afilaron como los de un halcón antes de pronunciar el final:

—“¡Vas a terminarlas!”

—“Gghhh… Grnnn… clench… shkk.”

Kazuto, en el suelo, apretó los dientes.

**Hsss—grip… crinkle**

Se sujetó el costado con una mano, y con la otra, el suelo.

Estaba al borde de romperse.

(—“Yo no soy realmente tu nieto… no tengo tu sangre…”)

Lo pensó Kazuto con rabia, y Kirito lo oyó como un eco en su inconsciente.

Podía sentir el dolor.

Pero Kirito, el verdadero, el que observaba desde dentro de ese recuerdo, negó con la cabeza.

Sabía que su abuelo había sido duro con él en el kendo.

(—“Demasiado, diría.”)

Casi nunca le daba descanso.

Y en esa etapa, con las emociones de un preadolescente a flor de piel, no podía entender el porqué.

(—“Pero estaba equivocado…Porque familia no es solo sangre. Es quien te cría. Quien te forma. Quien te exige porque cree en ti… como Suguha y mi abuelo.”)

Pensó Kirito.

Pero su yo del pasado no pensaba así, no en ese momento, con la cabeza baja.

Takeshi lo observaba, aún sin ver su rostro.

**Huff… clench… scuff**

Kazuto mantenía la cabeza baja, los puños cerrados contra el suelo.

—“¿No me digas que te rindes? ¿Vas a huir cada vez que no encuentres salida? ¡Eso no es lo que hace un Kirigaya! ¡En esta familia somos fuertes! ¡Luchamos contra la adversidad sin importar lo que sea!”

Kazuto murmuró, casi sin voz. No lo oyó Suguha, pero sí Takeshi, gracias a su entrenamiento y experiencia policial.

—“…No soy de esta familia.”

—“…”

El silencio se hizo denso.

—“¡¿Qué dijiste?!”

Preguntó Takeshi, con un tono más severo.

Kazuto levantó apenas la cabeza.

Y con la voz quebrada, pero firme, dijo:

—“…No…No quiero seguir aprendiendo kendo.”

—“…”

**Hmm… swish… grip**

Takeshi Kirigaya lo observaba con los ojos entrecerrados, la shinai aún en su mano, firme como su juicio.

—“…¿Qué estás diciendo, Onii-chan?”

En cambio, Suguha se llevó una mano a la boca, sin creerlo.

—“¿Este es tu límite, Kazuto?”

Y negando con la cabeza, Takeshi dijo:

—“¿Vas a dejar que las palabras de un anciano ex policía hieran tu orgullo?¿O es que esos aparatos a los que te has vuelto adicto últimamente —esas pantallas, esos juegos— han capturado tu atención más que el verdadero combate?”

Su voz era grave, cargada de decepción.

No gritaba, pero cada palabra pesaba como un golpe.

Kazuto, aún en el suelo, sintió cómo la mirada de Suguha lo atravesaba.

Estaba preocupada, pero también contenida, obedeciendo la orden de su abuelo.

Con esfuerzo, se incorporó.

No por obediencia, sino por dignidad.

—“Abuelo…No estamos en guerra. No necesitamos sobrevivir a un combate de vida o muerte como en el pasado… No lo entiendo.”

Se quitó los guantes del bogu con movimientos lentos, doloridos.

Los dejó caer al suelo.

**CLACK—THUD!**

—“¿De qué sirve el kendo, además de ganar un trofeo y un poco de defensa personal en el mundo real y actual?”

De perfil, vio a su prima deprimirse al oír eso. Bajó la cabeza un poco, con los ojos tristes.

**Shhh—click… thump**

Luego, tomó la shinai y la colocó con cuidado sobre la madera, como si cerrara un ciclo.

—“Al final, no dejo el kendo por tus palabras, abuelo Takeshi…”

Dijo con firmeza, sin cruzar la línea del irrespeto.

—“…Y tampoco es por los aparatos.Es que… ya no quiero seguir en algo que no me apasiona ni entiendo como tú.”

Su voz no temblaba.

Pero sus ojos sí, por el peso de lo que estaba diciendo a su abuelo estricto.

—“…”

Takeshi lo miró en silencio.

Su expresión no cambió, pero algo en su postura se tensó, lo cual era peor.

Kazuto bajó la mirada para no seguir enfrentando la suya.

Sabía que estaba rompiendo algo.

Un vínculo.

Una tradición.

Pero también sabía que no podía seguir fingiendo en algo que no le atraía en ese momento.

Kazuto se inclinó.

Como gesto de disculpa y cierre de su entrenamiento.

La postura era firme, respetuosa.

Su frente casi rozaba el suelo del dōjō.

—“Lo siento… y gracias por enseñarme hasta hoy…”

Su voz era baja, pero clara.

Mientras permanecía inclinado, alzó ligeramente la mirada.

Y vio a Suguha.

—“…”

Sus ojos temblaban.

Ella lo observaba con la boca entreabierta, sin saber qué decir.

Verlo renunciar al kendo…

Verlo alejarse de algo que compartían…

Le dolía.

(—“Lo siento, Suguha…”)

Kazuto desvió la mirada.

No quería ver más.

Se incorporó lentamente. Se giró. Y les dio la espalda.

**Echo… thud… thud… sigh…**

**Echo… thud… thud… sigh…**

Caminó hacia la salida del dōjō con pasos firmes, pero cargados de tristeza.

—“¡Regresa aquí ahora, Kazuto!”

Gritó la voz de Takeshi Kirigaya, con autoridad.

Kazuto no se detuvo.

Mantuvo la cabeza un poco baja.

No miró atrás.

—“¡Te lo he dicho, Kazuto! ¡Vuelve aquí ahora mismo! ¡Si no lo haces…!”

El tono era más fuerte.

Más exigente.

**Thup**

Kazuto escuchó un paso detrás de él.

El sonido de alguien que se preparaba para actuar.

Pero entonces, otra voz lo detuvo.

—“¡Abuelo… déjalo que se vaya!”

Era Suguha.

**Grip… clasp**

Había sujetado la mano de Takeshi con firmeza.

Él la miró, sorprendido, al girar el rostro hacia ella.

Ella bajó la mirada, pero no soltó su mano.

—“Él… se ha alejado de mí estas últimas semanas. Está diferente. Y aunque no lo entiendo del todo… sé que está sufriendo.”

Suguha respiró hondo.

Sus palabras salían con dificultad, pero con convicción.

—“Déjalo ir. Te prometo que yo lo sustituiré. Haré lo que él tenía que hacer.”

—“…”

Takeshi la observó en silencio.

—“Suguha…No lo entiendes. Sé que él puede hacer más…”

—“Por favor, abuelo…”

Suguha, con lágrimas en los ojos, suplicó de nuevo al ver que se resistía.

—“Yo…solo déjame mostrarte este año que puedo hacer más de lo que imaginas. Así que…”

Le soltó el brazo y se arrodilló en el suelo para terminar de convencerlo de su compromiso.

**Thud!**

El golpe de su frente contra el piso de madera fue sordo, seco, y lleno de intención.

—“Por favor, no lo obligues más. Déjame a mí tomar su lugar…”

Ese sonido hizo que Kazuto no pudiera ignorarlo. Se volteó, sorprendido, y vio a su abuelo también desconcertado por la acción de su nieta.

—“¿Qué haces, Suguha? ¡Levántate!”

—“¡No!¡Hasta que aceptes! ¡Por favor!”

La joven Suguha respondió con la cabeza aún en el suelo, arrodillada, sin querer ceder.

Takeshi miró a su otro nieto, Kazuto, que le devolvía un rostro cansado, sin voluntad.

El viejo maestro suspiró profundamente.

—“Haaah… tienes razón, Suguha. No puedo obligarlo… Está bien. Puedes tomar su lugar.”

—“Muchas gracias, abuelo…”

Ella levantó el rostro con un poco de ánimo por su respuesta, aunque aún temblaba.

—“No te arrepentirás.Me esforzaré el doble… no, el triple.”

**Shff… grasp… pull**

Se levantó del suelo con la ayuda de su abuelo, que le tendió la mano.

—”Gracias por aceptar el egoísmo de dos inútiles nietos…”

**Wrap… shift… thud**

Dijo mientras rodeaba con sus brazos a Takeshi, que con algo de torpeza también se lo devolvió.

—“¿Qué voy a hacer con ustedes…?”

Dijo Takeshi con cansancio y resignación.Su voz mostraba una mezcla de agotamiento, decepción y tristeza.

(—“Suguha…”)

Kazuto, al ver la frente enrojecida de su prima por estar arrodillada con tanta fuerza, se dio la vuelta para no sentirse más culpable por lo sucedido.

Su expresión no cambió, pero sus ojos se suavizaron apenas.

**SLUSH—DRAG—THUD.**

**SLUSH—DRAG—THUD.**

Kazuto, sin detenerse, cruzó el umbral del dōjō con paso más pesado que el anterior. Supo que Suguha lo había defendido.

Y eso…

Eso dolía más que cualquier golpe de su abuelo Takeshi.

★★★★★

—“…”

En medio del silencio del vestuario, Kirito observaba su reflejo.

—“Maldición…”

**Slap!… Thud**

Y puso su mano contra el espejo con cierta fuerza de frustración.

—“Hah… Hah… Grrr…”

Su yo del pasado, con el ceño fruncido, el rostro marcado por el esfuerzo y la frustración, lo miraba desde el espejo.

Aún llevaba el kendogi empapado, las manos rojas por el entrenamiento, y la mirada… rota.

Y sin embargo, Kirito —el que ahora revivía ese momento— no sentía solo tristeza.

Sentía una mezcla de ironía y resignación.

Porque, aunque en ese instante había querido huir, lo que aprendió de su abuelo Takeshi Kirigaya no se perdió.

(—“Todo ese rigor, esa disciplina, esa exigencia… me transformó.”)

Y lo llevó consigo a los mundos virtuales.

Especialmente al primero.

Al que le cambió la vida para siempre:Sword Art Online.

(—“Es lo que salvó mi vida hasta hoy.”)

Sea como sea, al final era un guerrero por dentro.

Desde la sangre, desde el espíritu.

Solo que en ese momento…aún no lo sabía.

Las enseñanzas básicas del kendo, los valores de resistencia y concentración, evolucionaron.

Se convirtieron en reflejos, en instinto, en convicción.

Y mientras ese pensamiento profundo lo envolvía, Kirito vio cómo su reflejo se desvanecía.

La imagen del niño malhumorado, agotado, se disolvía en la superficie del espejo.

**VWOOM—SHWIIIIIP!**

Y entonces, como si el recuerdo se cerrara por sí solo,

fue jalado nuevamente hacia la oscuridad.

*****

Kirito recibió nuevamente la claridad de otro recuerdo.

Pero esta vez, lo que lo rodeaba no era el mundo real.

**K-CLANK! ZZZzzzt—HUUUM!**

Era la primera vez que experimentaba una inmersión total en realidad virtual.

No estaba en su cuerpo físico, sino en su avatar, al que ya le había dado forma.

Su apariencia era distinta, aunque no demasiado.

Había decidido reservar su transformación más radical para cuando el juego saliera oficialmente.

Tuvo el privilegio de ser uno de los 1.000 jugadores seleccionados para probar la beta de Sword Art Online.

Y en ese momento, su yo del pasado estaba emocionado.

Había dejado atrás, por un día, sus problemas personales y familiares, para vivir una experiencia única: la conexión con el NerveGear, el casco de inmersión total diseñado por el creador del juego, Akihiko Kayaba.

Hasta ese momento de reconfiguración, solo quedaba una cosa por definir antes de entrar al juego: su nombre de avatar.

—“…”

Frente a él flotaba una ventana con teclado virtual.

Solicitaba que escribiera el nombre con el que sería conocido en ese mundo.

No era casualidad que lo hubiera dejado para el final.

Dudaba si usar el mismo nombre que había empleado en otros juegos online y offline: Kirito.

Ese nombre era una combinación de su identidad real: Kirigaya Kazuto.

Aunque habían pasado varios años desde la revelación de su origen, aún tenía conflictos internos.

El recuerdo de la renuncia al kendo y el rostro triste de Suguha lo asaltó.

—“Ella me odia un poco por eso…”

Murmuró su yo del pasado, el sonido de la culpa resonando en el vacío virtual.

Recordaba cómo ella se había amargado.

Cómo le había dicho que odiaba los videojuegos, porque lo habían transformado en alguien que huía de sus obligaciones.

Y que su relación de hermanos jamás había sido la misma.

(—“Busqué otras cosas para no enfrentar mi vida real… Estaba huyendo.”)

Kirito pensó al ver a su yo de 14 años, entrando en una etapa que no le enorgullecía.

Su madre adoptiva, Midori, no intervino directamente.

Pero lo animó desde un costado, diciéndole que confiaba en él.

Que tarde o temprano, todo se solucionaría.

—“Pero ¿cómo…?”

**Fwish… grmmble…**

Susurró Kazuto, rascándose la cabeza virtual con frustración.

—“¿Cómo podía ser “fuerte” en un mundo virtual cuando había fallado en el real?

Sus problemas familiares lo habían afectado más de lo que admitía.

En el colegio se había aislado durante años.

Le costaba comunicarse con fluidez.

Y por eso no podía hacer amigos, y mucho menos tener una novia.

(—“Había caído en un ciclo negativo, que solo impulsaba mi comportamiento antisocial y me introdujo más en lo virtual.”)

Negó Kirito, pensando en ese pasado triste.

Pero entonces recordó algo que Midori le había dicho:

<—“Un nombre o un apellido solo es una forma de identificarnos.”>

<—“Lo que realmente importa… son nuestras acciones.”>

Una sonrisa se formó en su rostro virtual.

—“Está claro… ¿Por qué dudo?”

El Kazuto de 14 años lo entendió:

Si en el mundo real había huido, en este mundo no lo haría.

Kirito sería la promesa de no rendirse.

Y con más firmeza, se acercó al teclado.

**Tck—tck—tck!**

Sin dudar más, escribió el nombre que lo identificaría en los mundos virtuales…

Y que, con el tiempo, también resonaría en la realidad entre sus amigos:

[Kirito]

A continuación, apareció una nueva ventana:

[¿Estás seguro de que quieres que Kirito sea tu nombre?]

[Sí / No]

BEEP—CLICK!

Sin pensarlo un segundo, seleccionó “Sí”.

Todo estaba listo.

**FZZZ—WHIRRR—SHHHHH!**

El entorno blanquecino, con tonos azules, figuras circulares y patrones tecnológicos, comenzó a reconfigurarse.

El sonido de un motor de sistema que se aceleraba llenó sus oídos.

Como si se abriera un túnel de luz, cientos de colores lo envolvieron.

**VWOOOM! VWOOOM!**

Y lo jalaron al mundo beta de Sword Art Online.

Kirito pensó que podría experimentar junto a su yo del pasado el momento exacto de llegada.

Pero no fue así.

Solo pudo ver, en letras doradas, en su visión:

[Bienvenido, Kirito]

**VWOOM—SHWIIIIIP!**

Y luego, una vez más, fue absorbido por la oscuridad.

*****

Kirito recibió nuevamente la claridad de otro recuerdo. Pero esta vez, lo que lo rodeaba no era el mundo real.

**K-CLANK!!**

**Drid-drip**

Las lágrimas caían sin parar por su rostro.

(—“¿Cómo podría olvidar ese día?”)

**SHHHH—CRUMBLE—GRIND!**

Frente a él, la destrucción de Aincrad.

El colapso de Sword Art Online, fragmento por fragmento, en una secuencia visual difícil de describir. Su final representaba el deseo de todos los sobrevivientes hecho realidad.

(—“Seguro que, muy en el fondo, para cada uno de nosotros fue como si una parte se fuera con este juego de muerte.”)

Pensó Kirito, sabiendo que jamás habría formado un carácter tan fuerte por sí mismo sin los obstáculos mortales que enfrentó cada día en SAO.

Su yo de ese momento tenía sentimientos muy complejos, al igual que la persona que estaba a su lado, con los ojos temblorosos… Su pareja y esposa en el juego: Asuna.

Estaban en una plataforma transparente suspendida en el cielo. Habían terminado de hablar con Akihiko Kayaba, el creador del juego. Y aunque el sistema colapsaba, lo que pesaba en el corazón de Kirito no era solo el fin del mundo virtual que les había tomado más de dos años completar… Era el daño que había causado. Las vidas perdidas… incluso aquellas que él mismo había quitado para sobrevivir. Las familias rotas.

(—“¿Qué más podría haber hecho mejor?”)

Pensó Kirito con nostalgia.

Pero lo que más preocupaba a su yo del pasado en ese momento… Era el miedo de no haber cumplido su promesa con Asuna. De no haberla protegido hasta el final.

(—“Si yo hubiera aceptado su muerte y me hubiera rendido ese día… habría muerto de verdad.”)

Kirito lo tenía claro: su determinación de dar el último golpe, a pesar de que el sistema ya lo había declarado muerto, les permitió ganar. Sin embargo, para su yo de ese día —y para Asuna— era el fin de sus vidas junto con la destrucción del juego.

—“¿Me puedes decir tu nombre?”

Dijo ella, con voz tierna, conteniendo también sus lágrimas.

—“…El verdadero. El que usas en el mundo real. El mío es Yuuki… Yuuki Asuna… Y tengo 17 años.”

—“Yuuki… Yuuki Asuna…”

Él repitió su nombre como si no quisiera olvidarlo jamás, incluso si muriera en ese instante. Y luego dudó un poco. No porque no quisiera decirlo. Sino porque el dolor lo ahogaba.

—“Mi nombre es… Kirigaya… Kirigaya Kazuto… Y hace poco cumplí 16 años.”

**GLUE—SYNC**

Al pronunciarlo, sintió que por primera vez, ambas identidades se unían. Kirito y Kazuto. El guerrero virtual y el joven real. Eran uno solo.

—Claro… Kirigaya… Kirigaya Kazuto… Era obvio, ¿no? De allí el nombre Kirito”.

Dijo Asuna con ternura. Y luego, con cariño, volvió a sonreír.

—“¿Así que eres menor que yo? Aunque ya lo sospechaba cuando dormías. Es que… a veces actúas con tanta madurez, que durante todo este tiempo fue difícil saberlo con certeza.”

—“GGH—GRIT.”

Kirito no respondió. Solo apretaba la mandíbula al verla reprimir sus miedos. Solo la miró.

**VWOOOM—CRASH—SHATTER!**

Y juntos, desde aquella plataforma suspendida en el cielo, vieron cómo el mundo de Aincrad comenzaba a desintegrarse más rápido.

**CRASH-CRASH**

Las estructuras flotantes se deshacían como polvo digital. Y entre ellas, la casa del piso 22, donde habían vivido juntos, también se desmoronaba.

—“…”

Asuna la observó con dolor, con la boca entreabierta. Y Kazuto lo comprendió. Ese lugar había sido su refugio. Su hogar compartido como pareja, junto con Yui.

**Sob—Clench—Drip**

Las lágrimas comenzaron a desbordarse por el rostro de Kazuto. Apretó los puños con fuerza, y las gotas cayeron sobre ellos como si intentaran lavar su culpa.

—“Lo siento… hic… Lo siento mucho, Asuna… te fallé… Hic… No pude cumplir mi promesa de llevarte de vuelta al mundo real…”

**Sniff—Clasp—Soft**

Asuna, intentando contenerse, también lloraba. Negó con la cabeza, con ternura. Tomó su mano con suavidad, con el toque de un amor que trasciende la muerte.

—“No importa… Sé que te esforzaste hasta el final…Tal vez… esta situación haga que terminemos juntos… en una mezcla que nos una en el mismo final… Te amo…sniff…”

—“Yo también, Asuna…Sob”

**Fump… rustle… thud-thud…**

Kazuto no pudo más. La abrazó con fuerza.

**Mmm… hich… sob…**

Y ella lo abrazó de vuelta, uniendo sus frentes, como si quisieran fundirse en uno solo.

Kirito, desde su conciencia presente, sentía cada emoción.

Estaba en sincronía con su yo del pasado.

Había aceptado su nombre, su apellido, su historia.

Y ahora, sentía cómo esa desesperación se transmitía a su cuerpo actual.

Pero también admiraba a Asuna.

(—“Su valentía…”)

Su capacidad de mantenerse firme, aunque por dentro estuviera rota.

Ese valor no era improvisado.

Era el resultado de años de lucha, de muerte, de amor en un mundo virtual…

Que la transformó en una guerrera espadachina.

**Shhhhhhhh… pum… pum…**

Mientras se abrazaban, sus siluetas comenzaron a disolverse.

**Zaaaaaaaaaaaaaaaan…**

Todo se volvió blanco.

**Fiuuuuuuuu… … …**

Y luego, oscuro.

★★★★★

Kirito —junto con su yo del pasado— sintió debilidad.

Todo le pesaba. Todo dolía.

**Gaspp**

Abrir los ojos fue un esfuerzo titánico.

**Beeb… Beeb… Beeb**

Cuando por fin lo logró, se dio cuenta de que estaba en un hospital. Hospitalizado. Su cuerpo estaba flaco, desnutrido, pálido.

(—“¿Estará bien? ¿Habrá despertado también?”)

Pensó Kazuto desde la cama. No es que no estuviera feliz. Estaba aliviado. Pero también inquieto. Quería verla. Quería que lo llamara por su nombre.

**Zummmmmm**

Ese deseo se transfirió con fuerza a su yo presente. Y entonces lo sintió Kirito, que revivía la misma situación. No fue un jalón.

**Doom**

Fue una pulsación. Fuerte. En el pecho. Como un latido. Como un látigo.

**Doom**

Una.

**Doom**

Dos.

**Doom**

Tres veces.

**VWOOOM—DOOOMM**

Y la última… La más intensa… Lo arrastró de nuevo a una oscuridad mucho más profunda que cualquiera de las anteriores.

*****

(—“Regresé…”)

Kirito despertó nuevamente en la esfera azul, ese núcleo suspendido en el centro de la habitación.

**Pum… pum… zumbiiii…**

Parecía un mini sol, pulsando con energía contenida.

Y aunque acababa de atravesar una secuencia de recuerdos que abarcaban años de vida, el entorno no había cambiado casi nada.

Era como si el tiempo jamás hubiera pasado, en contraste con las muchas experiencias revividas.

Dentro de los recuerdos, todo había sido extenso, profundo, emocional.

Pero fuera de ellos…

Apenas unos instantes.

—“¡Gaaaaaaaahhhhh!”

Su cuerpo, en agonía abajo, gritaba por el dolor que no había disminuido ni un poco.

Pero a través de él, podía percibir los cambios en el lugar donde su conciencia se encontraba.

**Zummm… click… pum pum**

Kirito observó dos cosas que sí habían cambiado:

Su núcleo interno era más sólido, y las partículas flotantes que lo rodeaban.

**Bzzzt… shiiing…**

Ya no eran simples fragmentos de luz.

**Ting-ting… zzzap…**

Estaban conectadas entre sí por líneas, formando una red compleja, como si se tratara de una telaraña luminosa.

Pero al mismo tiempo, había orden.

Equilibrio.

(—“Esto es… algo fuera de lo normal…”)

Lo sorprendió.

Algo que, según sus teorías e investigaciones de décadas, jamás había ocurrido.

(—“¿Es una anomalía? ¿O algo escapó a mis cálculos?”)

Pensó, desconcertado, al ver algo que no estaba dentro del diseño original.

Algo había cambiado… y no sabía si para bien o para mal.

(—“Espero que sea lo primero.”)

**Tck-Tk-Tck-Tck-Tck**

Debajo de él, el sonido del teclado seguía resonando.

**Tck-Tk-Tck-Tck-Tck**

Las manos de los golems continuaban escribiendo sin pausa.

Estaban ejecutando una nueva orden, adaptada a las circunstancias.

El sistema había sido diseñado para evolucionar, pero su programación base era rígida.

Algunas cosas no podían modificarse en medio del proceso.

Y eso preocupaba a Kirito. Porque ahora venía una fase muy crítica:

La compresión de memoria.

Durante sus 200 años en Underworld, junto a Asuna, había estudiado este fenómeno.

Había enseñado a los habitantes del Reino Humano cómo comprimir sus recuerdos de forma manual, manteniendo su identidad intacta, pero reduciendo el peso de sus memorias.

Era una solución temporal.

Porque al final, cada ser inteligente estaba contenido en un Light Cube —el cubo que almacenaba el alma virtual, o Fluctlight.

(—“Si la memoria se comprime, el cubo puede soportar más tiempo de vida… pero hay límites.”)

Como un disco duro, tenía un límite.

Y cuando se excedía, comenzaba a borrar información antigua.

A dañar el alma.

A matar lentamente. Como le pasó a Quinella.

Kirito sabía que lo que estaba intentando ahora no era manual.

Era un proceso automatizado, llevado al extremo por el sistema.

Y entonces, en medio de sus divagaciones, lo escuchó:

**Clic**

Aunque no podía ver lo que decía el terminal desde su posición, sabía lo que estaba ocurriendo. El sistema pedía confirmación:

[¿Deseas comprimir el Fluctlight?]

[Sí/No]

Sin dudarlo, las manos golem respondieron:

[Sí.]

Había configurado el entorno para que los dos sistemas —el de compresión y el de sincronización— trabajaran en conjunto.

**Vmmmmm… zzzuuuum…**

**Vmmmmm… zzzuuuum…**

En ese instante, los cuatro diamantes blancos incrustados en las paredes de la habitación —ubicados en los cuatro ángulos— comenzaron a girar.

**Shiiink!… click-click…**

**Shiiink!… click-click…**

Apuntaban directamente hacia él, es decir, al núcleo esférico azulado.

**FzzzzZZZAAAP!**

**FzzzzZZZAAAP!**

Y entonces, dispararon cuatro rayos blancos a toda potencia, después de concentrar la energía en sus puntas finas.

**CRACK-BZZZT!**

**CRACK-BZZZT!**

Los rayos de energía impactaron en sincronía contra la esfera central.

—“¡AAAAAAAAGGGHHH!”

Kirito, que hasta ese momento se mantenía en un estado de calma virtual, sintió el dolor transmitido directamente a su conciencia y a su ser.

**Zaz-Zaz-Zaz**

Su cuerpo virtual, ya ronco de tanto gritar, se estremeció.

El dolor invadía el núcleo de su Fluctlight.

Pero desapareció tan rápido como llegó.

**Fiuuuu… zummmmm…**

Las partículas que flotaban alrededor comenzaron a acercarse.

**Crrrrr… shhhk…**

**Crrrrr… shhhk…**

Se comprimían.

**Plic… plic… plic…**

Se volvían más pequeñas, más insignificantes.

**Shwoooooomp…!**

Como si fueran cuerpos celestes atraídos por la gravedad de un planeta, todas convergían hacia la esfera central.

(—“¿Estoy aquí o allá?”)

Y en medio de ese proceso, Kirito sintió algo extraño.

Una dualidad profunda nuevamente.

Dolor y tranquilidad.

Como si estuviera en dos lugares al mismo tiempo.

—“¡Aaaaaaaahhhh!”

Sentía que su cuerpo —el que yacía abajo, atrapado en la estructura— gritaba sin cesar, consumido por el dolor del procedimiento, incapaz de pensar con claridad, como si cada fibra virtual estuviera siendo desgarrada.

Pero al mismo tiempo, su conciencia flotaba por encima, dentro de la esfera, rodeada por las memorias que se comprimían con precisión.

Allí, todo era tranquilidad, raciocinio, ausencia de dolor.

Era como si su alma estuviera siendo reconfigurada… pero también liberada.

Kirito se encontraba atrapado en una paradoja viviente:

su conciencia dividida en dos planos simultáneos,

uno sumido en el dolor y otro envuelto en una calma casi celestial.

Su mente, desdoblada, percibía ambas realidades con igual intensidad,

como si su ser estuviera suspendido entre dos mundos.

**Fiuuuu… zummmmm… crrrrr…**

Las partículas de memoria comenzaron a converger hacia la esfera que contenía una de sus conciencias.

La luz que irradiaba empezó a solidificarse aún más, y en cuestión de segundos, la compresión alcanzó tal grado que todo se fusionó en una sola entidad.

**Grrrrrnnn… ughhh… crack…**

Kirito, desde dentro de la esfera, sintió esa presión como si su alma estuviera siendo moldeada por fuerzas cósmicas.

El cuerpo físico, conectado por una línea invisible, también reaccionó:

la compresión se transmitía como un eco profundo.

**FzzzzZZZAAAP!—VMMMMM…**

**FzzzzZZZAAAP!—VMMMMM…**

**FzzzzZZZAAAP!—VMMMMM…**

Gracias a seis rayos de energía —cuatro provenientes de las paredes, uno del techo y otro desde el suelo— la esfera logró estabilizarse.

Cada rayo era canalizado por diamantes de apariencia pura, que irradiaban una luz cada vez más intensa.

**Tck-Tk-Tck-Tck-Tck**

En la terminal, las manos de los golems trabajaban sin descanso.

**Pling!—ding**

Un sonido emergió, seguido de una ventana de confirmación:

el proceso había sido exitoso… pero temporal.

Si Kirito deseaba que esta unión perdurara, debía avanzar a la siguiente fase:

la transformación.

Bzzzt—click. Vmmmm…

Las manos golem, programados con dos códigos esenciales, activaron la siguiente etapa.

Kirito lo había preparado todo con meticulosa dedicación.

Y ahora era el momento de introducir algo único, algo que ni su propio creador —Akihiko Kayaba— habría imaginado para el uso de un Fluctlight: el código de la semilla.

Este código sería su nuevo ADN virtual, porque la semilla tenía una característica indispensable para la supervivencia.

(—“Adaptabilidad y Evolución…”)

Kirito había aprendido que la semilla —esa fuente de vida virtual que había dado origen a incontables mundos virtuales, incluyendo Underworld—.

Era más de lo que parecía.

Sus estudios le permitieron entender cómo replicarla en su Fluctlight.

Pero…

(—“Tenía que estar en un estado muy vulnerable… como ahora.”)

**Pum-pum… shiiing…**

Él comprendía su esencia: una entidad capaz de adaptarse, crecer y sobrevivir en cualquier entorno.

Su objetivo era claro: convertir su alma en una semilla viviente, capaz de existir sin un contenedor físico o virtual como el Light Cube.

El recipiente actual era apenas una máquina de soporte vital, como un corazón artificial en medio de una cirugía.

Si el sistema fallaba…

Moriría de verdad.

**Tck-Tk-Tck-Tck-Tck**

**Bzzzt—click… vmm-pling**

Las manos golem cargaron el código de la semilla en los seis diamantes que Kirito había dejado codificados en el terminal.

Era de un solo uso: no quería que cayera en manos equivocadas, incluso si moría durante esta prueba.

**Fshhhh—ZUM!**

**Fshhhh—ZUM!**

**Fshhhh—ZUM!**

La luz blanca cambió abruptamente a un verde intenso, como si la mismísima semilla estuviera allí.

Pero no era más que el código…

Uno que llevaba el toque único de Kirito.

**Hnnnnn—BRIIIIM!**

**Hnnnnn—BRIIIIM!**

**Hnnnnn—BRIIIIM!**

Los diamantes se tiñeron de verde y, al alcanzar su punto máximo, dispararon simultáneamente en sus seis direcciones.

**KRAAACK—BZZZOOOOOM!**

Las seis luces impactaron directamente en el alma comprimida de Kirito al mismo tiempo.

—“¡Gaaaaaaaaaahhhh!”

Desde fuera, su cuerpo sintió —y vio— el cambio en medio de sus gritos:

la esfera pasó de un azul profundo a un azul verdoso.

La incomodidad que antes lo invadía comenzó a disiparse, como una medicina que lentamente surte efecto.

Venas verdes emergieron en su piel pálida, ascendiendo hasta sus ojos,

gracias a la conexión del camino dejado…

—“Jaaass…”

Un grito breve, casi de alivio, rompió el silencio.

**Zummm—clic… pum-pum-pum**

En ese instante, Kirito pudo verse a sí mismo:

dividido, pero en armonía.

**Sshhhhhh…**

Sin embargo, la conexión se cortó.

—¡GRAAAGH!

El grito volvió.

La terminal indicaba una situación crítica:

quedaban pocos segundos para actuar.

(—“Debo… permanecer…”)

Kirito, dentro de la esfera, se sentía tan calmado que el sueño lo tentaba.

Pero sabía que no podía rendirse.

La oscuridad lo acechaba.

Y debía resistir.

**Tck-Tk-Tck-Tck-Tck**

Las manos golem, conscientes de que su tarea necesitaba ayuda para completarse, hicieron una señal.

Apuntaron a las diminutas arañas en todas direcciones y luego, con precisión, dirigieron sus dedos hacia la esfera.

Había llegado el momento de que las arañas cumplieran su papel…

Uno crucial para el éxito.

**Zummm—click-click…**

**Zummm—click-click…**

Las arañas golem, gracias a sus múltiples ojos, podían observar en distintas direcciones al mismo tiempo.

**Shhh… pum-pum…**

**Shhh… pum-pum…**

Aunque presenciaban el espectáculo central, permanecían atentas, esperando la señal para actuar.

**Fshhhh—ZZZIIIP!**

**Fshhhh—ZZZIIIP!**

Y cuando llegó su turno, se movieron como un solo cuerpo, con una velocidad que superaba la percepción humana.

**Ting-ting-ting… fiu-fiu-fiu…**

**Ting-ting-ting… fiu-fiu-fiu…**

Desde todas las paredes, dispararon una fina seda, casi imperceptible.

**Bzzzt—vmmm… criss-cross**

**Bzzzt—vmmm… criss-cross**

A pesar de su tamaño insignificante, esa seda era especial:

había sido preparada con antelación, compuesta por un material capaz de transmitir información, como si fueran cables de red orgánicos.

**Shwoooomp…**

**Shwoooomp…**

Las líneas se extendieron por toda la habitación, dirigiéndose al mismo punto: la esfera central, ahora comprimida y transformada, conteniendo las memorias y el Fluctlight de Kirito en un solo núcleo.

**Shiiink… clic-clic-clic**

Al tocar la esfera, las arañas no se quedaron quietas.

**Fiu… fiu… zas!— ting**

Cada una usó la punta de su seda para conectar con las pequeñas esferas receptoras incrustadas en las paredes.

Y justo antes de que la seda tocara el núcleo, las conexiones se completaron.

**ZZZAAAP!— Shhhiiing… criss-cross**

Cuando cada línea de seda hizo contacto, una luz azul verdosa recorrió toda la red, como un rayo eléctrico, rápido y potente, hasta llegar a las puntas donde las arañas habían fijado sus enlaces.

**BZZZT— PULSO… glow**

Sus cuerpos diminutos cambiaron al mismo color del núcleo: azul verdoso.

—Tzzzt-pling!— ding-ding-ding—

Y la razón era que ellas dejaban que cada uno de esos diminutos rayos que llevaban una fracción del Fluctlight de su creador la golpeara y luego se escuchaba un sonido nítido junto con una luz luminosa de sus cuerpos.

Fshooooom… bri-bri**

**Pum-pum-pum…**

Todo esto, justo antes de que esas luces siguieran sus caminos hacia cada esfera receptora —cientos en total— cada una con patrones preconfigurados para recibir una fracción del alma de Kirito.

(—“Yo… no… sé…”)

Kirito sintió de inmediato que su mente se vaciaba. Y ni siquiera recordaba por qué estaba haciendo todo esto.

(—“…”)

Sintió que algo se le arrancaba.

Que olvidaba cosas, aunque no sabía exactamente qué.

Era como tener un colapso cerebral,una pérdida de memoria selectiva, pero sin saber qué se había perdido.

**Shlllk— crck**

**Zummm— shhh**

Todas las sedas estaban unidas por fin en sus lugares indicados.

El núcleo,que mantenía su intensidad, estaba rodeado como un capullo:

como cuando un gusano entra en su estado de transformación hacia mariposa.

**Trrrrnííín— brrzz**

**Trrrrnííín— brrzz**

Las arañas resonaban en sincronía, provocando un sonido que parecía alegría por un trabajo bien hecho…

A pesar de su color azul verdoso.

**Crunch**

**Crunch**

Sin embargo, seguían mordiendo la seda, incluso después de terminar.

**Tck-Tk-Tck-Tck-Tck**

Las manos golem teclearon los últimos comandos al confirmar que el código y la compresión del Fluctlight de su creador habían funcionado.

**Fwoosh… shhh… hum**

Con eso, los seis rayos de los diamantes se detuvieron, y gracias a los hilos, el núcleo logró estabilizarse…

**WEEEOOO!—WEEEOOO!**

Sin embargo, en medio de todo eso, solo una alarma persistía.

**BEEEP-BEEEP-BEEEP!**

La terminal emitía una cacofonía de alertas que resonaban por toda la sala esférica.

La luz pulsaba en rojo…

Y frente a la pantalla apareció unas ventanas de bloqueo:

[Autoridad denegada]

[Bloqueo de sistema]

**Tck-Tk-Tck-Tck-Tck**

Las manos golem intentaron recuperar el control, pero una y otra vez la alarma sonaba, impidiéndolo.

**FZZZT**

…

De repente, el ruido se detuvo.

El sistema de alarma colapsó.

**Buzzz**

La luz roja parpadeó una última vez y se extinguió, dejando la habitación en una penumbra artificial, iluminada solo por el brillo azul verdoso de la esfera de Kirito.

**Vmmmp— zaaap— shiiing**

En medio de la sala comenzó a formarse un holograma que poco a poco tomó forma humana más sólida.

—“Je, je, je… Je, je, je.”

Una risa seca resonó en el silencio, amplificada por el sistema de sonido del laboratorio.

**Fzzzt-fzzzt*

Terminó de materializarse en el centro de la sala, justo al lado de la esfera flotante, hasta que por fin se pudo saber de quién se trataba.

Era Higa Takeru, con su bata blanca, sonriendo con una arrogancia que superaba cualquier límite.

(—“…”)

—“Grraaaag…”

Los ojos del cuerpo de Kirito, enrojecidos, se abrieron con sorpresa, en medio de un grito de dolor.

—“Por favor, joven Kirigaya. No pongas esa expresión de sorpresa.”

Dijo Higa, su voz tranquila y cargada de burla, como si explicara una fórmula a un niño.

—“¿En serio creíste que una biblioteca oculta en el rincón más polvoriento de un mundo virtual escaparía a mi control? Qué ingenuo…”

**Fwoooosh…**

Dijo, mientras volaba en dirección a su cuerpo vulnerable y atrapado.

Higa se inclinó, su rostro afilado luciendo satisfecho al ver a su conejillo de indias en desesperación.

—“Yo soy quien tiene las llaves maestras, héroe Kirito. ¿Recuerdas? Lo supe todo, desde el primer día que entraste en mi… prisión…”

Y, asintiendo con la cabeza, continuó:

—“El tiempo estaba acelerado, sí, pero siempre bajo mi cálculo controlado. ¿De verdad creíste que olvidaría algo tan básico del mundo que ayudé a crear?”

Luego levantó el rostro, viendo a su alrededor con las manos dentro de los bolsillos de su bata.

—“Aunque debo admitir que aquí, en la biblioteca, el tiempo es mucho más rápido. Casi me atrapas allí..”

Fingiendo decepción al verlo de nuevo, dijo:

—“Pero al final, tu gran plan, Kirito… es simplemente una burla. ¿Por qué no tomaste mi consejo final cuando nos despedimos?”

Higa hizo una pausa, moviendo su mano en el aire con desdén.

—“El animal moribundo que finge morir para escapar. Es una metáfora tan hermosa que me dan ganas de conservarla.”

Negando con su dedo índice en el aire, agregó:

—“Pero tú no eres un animal, Kirigaya. Y yo no soy un león de un documental… soy un científico que busca la perfección.”

—“¡HHIIGGAAAAAAAA!”

El cuerpo de Kirito gritó su nombre con furia, como si quisiera despedazarlo. Aun así, a Higa le dio igual.

—“Mírate, joven Kazuto. Eres un desastre… ¿Qué pensarían tus amigos, tu familia, Asuna… al ver hasta dónde has llegado para escapar?”

**Pap-pap-pap**

Se burló con arrogancia, golpeándole el rostro con una de sus manos mientras continuaba:

—“Pero debo admitir que me has traído una sorpresa. Un regalo extra, incluso. Al construir todo esto, me dejaste información valiosa en el terminal…”

Acercando su rostro al oído de Kirito con gran complacencia y satisfacción, añadió:

—“Le sacaré provecho… y mucho más. Sí que has contribuido al futuro, héroe Kirito… no, joven Kirigaya Kazuto.”

**Shhhft…**

Higa se alejó un metro detrás de su espalda y levantó la mano derecha, simulando una pistola.

**BzzzzZZZT**

El aire a su alrededor comenzó a vibrar con una energía visible y concentrada.

—“¿Sabes? Me gustan las armas de fuego. Son mecánicas, Kirito. Obedecen la lógica, como los robots. Y, al igual que ellos, no sienten…”

—No como tú, Kirito… Así que, si tanto deseas morir, te ayudaré a cumplir tu objetivo. Pero lo harás a mi manera, no a la tuya.

**Piiiiiiiiiiii— ZIUM**

Un rayo de energía brillante, delgado como una aguja, se formó en la punta de sus dedos que apuntaba a su espalda desde un poco debajo.

Higa tenía la máxima autoridad en Underworld.

—“Un disparo, dos pájaros… Aquí termina nuestra colaboración para siempre, joven Kirigaya. Sayonara.”

—“HHIIGGAAAAAA!”

Higa sonrió cínicamente.

**ZAP!—SHRRRRK!—SCREAM!**

El rayo impactó simultáneamente el cuerpo virtual que yacía debajo y el núcleo de la esfera azul verdosa atravesándolos a ambos.

—“¡GAAAAA-aaagh!— Splash— Glup”

El cuerpo de Kirito en la plataforma emitió un grito final, un sonido de dolor puro que se quebró a mitad de la palabra.

**Tzack— Cruss— drid**

De su boca brotó un chorro escarlata mientras un agujero del tamaño de un puño se abría en su pecho. Sus ojos, antes vibrantes entre rojizos y azules, se apagaron hacia el blanco, vidriosos, mientras la plataforma de cristal bajo él se teñía de carmesí antes de liberar su cuerpo.

**Crash— Baam— plass**

Su forma cayó inerte al suelo, formando un charco oscuro y pegajoso que siguió creciendo alrededor del vacío de su torso.

**KABOOM!— CRAAACK!— TING-TING-TING**

La esfera estalló en pedazos, volando por toda la sala.

**CRASH!— SNAP-SNAP-SNAP— TZZZT!**

La red de transferencia tejida por las arañas invisibles se rompió por el impacto del rayo.

Pero no sin antes activar su última defensa.

**SHHHNK!—GLOW—BURST!**

Las arañas golem se lanzaron contra Higa.

**Snap!— ZAAP!**

Higa retrocedió un paso y, con un chasquido de dedos, provocó un pulso.

**Tssss-Crunch**

—“Molestas…”

Gruñó, viendo cómo las arañas visibles caían derrotadas y en pedazos a su alrededor.

—“Hssss…”

Luego, observando el cuerpo de Kirito, que poco a poco dejaba de respirar, dijo con arrogancia:

—“Al final, valió la pena… Me dejaste información muy útil para mis máquinas, joven Kirigaya. Realmente vales mucho…”

**Tck-Tk-Tck-Tck-Tck**

**Fwoosh— Crunch— Puff**

Higa movió la mano, y las manos golem que aún intentaban operar el terminal fueron reducidas a polvo digital.

—“Veamos qué más estabas haciendo…”

**Fwoooosh…**

Dijo mientras flotaba hasta el terminal.

**Tack-Tak-Tack**

**Ding-ding**

Pasó varios minutos recopilando la información y la envió a sus archivos personales.

También entendió el plan de Kirito.

Al revisar las memorias del Fluctlight, descubrió que, aunque estaba roto, aún contenía datos.

Datos sin vida… pero datos al fin.

—“Je, je, je”

—**click**

—“Bastante ingenioso… Lástima que yo iba un paso por delante de ti.”

**Fshhhhh… pum…**

**Fshhhhh… pum…**

En ese momento dirigió su mirada hacia donde estaría el cuerpo, que se había casi desintegrado en partículas de un color azul verdoso que flotaban y desaparecían, dejando solo un piso sangriento.

—“De verdad me habrías engañado si no hubiera tomado precauciones.”

Levantó el rostro para observar mejor el lugar que había creado su prisionero.

Le daba lástima destruirlo, pero su deseo de acabar con todo era más fuerte, por alguna razón desconocida.

**FAAAH… CRUUU**

Sin dudarlo, levantó ambas manos, hizo un gesto de agarre y dijo:

—“Mejor me aseguro de que todo lo tuyo desaparezca junto contigo… incluyendo esas pequeñas esferas en las paredes.”

**GRRR… ZAA**

**CRRRAAACK— BOOOOM— ¡TZZZAP!**

El laboratorio comenzó a derrumbarse: techos, paredes y suelo partiéndose en pedazos, destruyendo las esferas verdosas con incrustaciones de runas.

**BZZZT— CRUNCH— SCAN**

Higa volvió a revisar el terminal en medio de la demolición y destrucción de la habitación.

La pantalla mostraba:

[Fluctlight— Colapsado]

—“Querías que sobreviviera más…”

Murmuró Higa con decepción calculada.

—“Te esforzaste mucho, joven Kirigaya… pero creo que causarás menos problemas si estás muerto de verdad. Por lo menos tengo mis resultados.”

**Fwoosh… click**

Con los datos ya seguros en sus manos y completamente satisfecho con el resultado, no necesitaba nada más.

**CRUMB… BOOM…**

Permaneció un momento adicional, observando cómo todo se demolía por completo hasta quedar sumido en una oscuridad absoluta, y sonrió con profunda satisfacción.

**Vmmmp…**

Finalmente, Higa desapareció de la sala de la misma manera en que había llegado, dejando únicamente oscuridad y escombros a su paso.

… …

**Fshhh… brirr**

En medio de los restos y la oscuridad, una partícula flotó desde el techo.

Diminuta, casi invisible, de un color verde azulado intenso.

**Ploft…**

La partícula descendió lentamente, aterrizando sobre una de las arañas golem diminutas que había sobrevivido al ataque de Higa.

Sus ojos emitían una tenue luz roja.

**Zumb…**

Se oyó un susurro casi imperceptible, a pesar del silencio sepulcral:

—“Mi nombre… es Kirigaya… Kirigaya Kazuto.”

**Fiuuu… criskkss**

Y luego, la luz de la araña también se apagó, como una estrella que se disuelve en partículas,congelándose en el proceso como una estatua.

… …

Su diminuto cuerpo quedó como una decoración más en aquel lugar, ahora sumido en una oscuridad completa, junto con sus hermanas.

★★★★★

**WHIRRR—TICK**

La noche era profunda.

En una habitación silenciosa, iluminada apenas por la luz tenue de la luna, Asuna Yuuki dormía en su cama, envuelta en sábanas blancas.

**TCHHHK—GASP!**

De pronto, se incorporó de golpe, jadeando.

Su respiración era agitada, como si acabara de escapar de una pesadilla.

—“¡Kirito!… Haaah… Haaah…”

Gritó con la voz temblorosa, llevándose la mano al pecho, el rostro marcado por la preocupación.

**Pum-pum… Pum-pum…**

Su corazón latía con fuerza.

Miró a su alrededor, desorientada.

…

Todo estaba en calma.

Pero dentro de ella, algo no lo estaba.

**BEEP—TAP—DIALING…**

Tomó su teléfono de la mesita junto a la cama y marcó el número de Kirito.

**Diiiiid—Diiiiid—Diiiiid…**

Esperó.

El tono seguía sonando.

**Diiiiid—Clack.**

Y entonces, una voz respondió:

{—“Hola… ¿Asuna?”}

—“Kirito-kun…”

{—“Sí, soy yo. ¿Estás bien? Suenas un poco… agitada…”}

La voz era la misma.

El tono, familiar.

Pero algo en ella… no se calmaba.

—“…Sí, un poco. Es que tuve una pesadilla… horrible. Sentí que te perdía. Que te alejabas de mí… y que nunca volvería a verte…”

**Sniff… Drid-drid**

Las lágrimas rodaron por su mejilla.

—“Fue tan real… No sé por qué, pero me dolió tanto…”

**Gggrr**

Su voz temblaba mientras sujetaba el teléfono con fuerza.

{—“…”)

La voz al otro lado guardó silencio por un momento.

Luego respondió con suavidad:

{—“Tranquila, Asuna. Jamás haría eso… ya me conoces. Solo fue una pesadilla. Hemos pasado mucho tiempo en Underworld… Es normal que el cuerpo y la mente reaccionen así. Pero estoy aquí. Todo está bien.”}

—“Sí… tienes razón, Kirito-kun… Haaah.”

Asuna suspiró, intentando calmarse.

—“Perdón por llamarte tan tarde… pero quería oír tu voz antes…”

{“—No hay problema, Asuna. Cuando quieras, siempre estaré aquí para ti. Descansa, ¿okey? Mañana será un mejor día.”}

—“Gracias por comprenderme… Kirito-kun… Buenas noches.”

{—Buenas noches, Asuna…}

**CLICK—Deeeed-Deeeed**

Asuna dejó el teléfono a un lado de su cama.

**Suffhh**

Se recostó lentamente.

**Psss**

Pero antes de cerrar los ojos, se llevó la mano al pecho.

**Pum-pum… Pum-pum…**

—“Algo está mal…”

Susurró.

—“No sé qué… pero algo está mal…”

… …

La habitación volvió a sumirse en la calma.

Pero el susurro de Asuna quedó flotando en el aire, como una advertencia que nadie más escuchó.

Y justo antes de cerrar los ojos, con una lágrima silenciosa rodando por su mejilla,

murmuró:

—“¿Porque Siento que perdí a Kirito para siempre…?”

**TAP—SWIss**

Y al no poder dormir.

Asuna tomó el teléfono una vez más.

Abrió una aplicación especial, diseñada para monitorear el ritmo cardíaco de Kirito.

Una función que le traía una sonrisa Siempre.

**Pum-pum… Pum-pum… Pum-pum**

La pantalla mostraba un pulso estable de alguien que dormía.

(—“…”)

Pero está vez ella no sonrió.

**Squeeek… russs**

Abrazó con fuerza el peluche de un gato negro que reposaba junto a la almohada.

Era el mismo que Kirito le había regalado un año atrás, durante una cita que aún guardaba en su corazón.

**Hmm… sigh…**

Y entonces, en voz baja, con los ojos clavados en la pantalla, formuló la pregunta que no podía ignorar:

—“¿Por qué siento… Todo esto?… Debo… Debo estar pensando demasiado como dijo Kirito–kun…”

Asuna cerro los ojos.

—“Shhh… Kirito-kun…Zzz… Zzz”

**Drid-drid**

Luego de un gran esfuerzo por olvidar aquella pesadilla, finalmente se quedó dormida, con algunas lágrimas aún resbalando por sus mejillas.

¡Hola a todos mis queridos lectores!

Con inmensa satisfacción, les entrego el Capítulo 19: Punto De No Retorno: Descenso Al Cero Absoluto (Parte 3).

Primero y ante todo, mi más profundo agradecimiento por haber llegado hasta aquí. Este ha sido un arco crucial, lleno de decisiones dolorosas y grandes sacrificios.

Aunque este capítulo me tomó aproximadamente dos semanas en completarse, me siento inmensamente satisfecho con el resultado narrativo. Mi objetivo siempre ha sido contar una buena historia, honrando la complejidad del viaje de Kirito sin apresurar ni un solo momento. Espero que la intensidad de los flashbacks y la adrenalina del clímax hayan resonado con ustedes. Fue un capítulo que exigió mucho.

Para aquellos fans del canon original de Sword Art Online: espero haber respetado la esencia y la personalidad de Kirito (Kazuto), Asuna y el resto de los personajes. Me esfuerzo por ser lo más fiel posible.

El desarrollo de la relación de Kirito con su abuelo Takeshi Kirigaya (sí, me tomé la libertad de darle un nombre) y su entrenamiento de kendo fue un elemento que quise desarrollar. Me parece que ese rigor y disciplina son la verdadera base invisible que salvó a Kirito en Aincrad. Espero que les haya gustado ver el origen de su fuerza.

Con este final, hemos cruzado el umbral hacia lo desconocido en el lore de SAO. Lo que viene ahora es algo que, espero, superará sus expectativas y honrará el título de nuestro fanfic: Datos Ilimitados en Mundos Infinitos.

Su apoyo es mi combustible.

Leer un simple “¡Gracias por el capítulo!” o saber qué escena les ha gustado más me anima enormemente. Los leo todos, y son mi principal motivación.

Si disfrutaron este capítulo y el arco, por favor, dejen una reseña y esas cinco estrellas. Cada reseña y cada “piedra de poder” contribuye a que más lectores puedan encontrar y sumergirse en la historia de Kirito.

Gracias de nuevo por su paciencia y su continuo apoyo.

¡Nos vemos en la próxima actualización, donde la verdadera aventura apenas comienza!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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