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Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 “La Elección del Abismo El Primer Eslabón”
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2: Capítulo 2: “La Elección del Abismo: El Primer Eslabón” 2: Capítulo 2: “La Elección del Abismo: El Primer Eslabón” Higa que estaba observando el botón de borrado, dijo fríamente.

-“Tu terquedad no tiene sentido, Kirito.

Eres un patrón de datos en un Buffer.

Ni siquiera tienes manos para luchar.” Kirito con la serenidad que ganó de los 200 años de dolor (sin contar los que estuvo atrapado hace poco), contesto.

-“Lo sé.” Y sin perder el ritmo agregó.

-“Pero también sé que no me borrarás…

todavía.” Higa tuvo un pequeño estremecimiento en el entrecejo, un microgesto, imperceptible para cualquier humano.

Y sabiendo que él no puede verlo, dijo como si nada.

-“¿Oh?

¿Y por qué no?” Kirito con una mayor frialdad calculadora que la de Higa continuó.

-“Porque si quisieras hacerlo, ya lo habrías hecho.

Necesitas mis datos.

Necesitas ver ‘cuánto’ puede resistir mi Fluctlight antes de romperse.” -“…” Higa no lo niega.

Su silencio es la confirmación.

Kirito continúa, aprovechando el espacio mental que abrió.

-“Así que esto es lo que voy a hacer, mi decisión: aceptaré Underworld.

Pero no por rendición.

Es…

Por la reubicación.” Higa no entendió del todo.

Sus dedos enguantados se detuvieron un milisegundo sobre el teclado, los ojos marrones —fríos como el cristal de un microscopio— analizando cada píxel del Fluctlight atrapado.

(-“¿Reubicación?”) Pensó, desmenuzando la palabra.

(-“¿Acaso cree que Underworld lo liberará?

Patético.

Allí solo cambiará de celda: de un Buffer a una simulación.

Pero…”) Una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios.

(-“Si quiere creer que un avatar digital le dará ventaja, que lo intente.

Será un experimento fascinante: medir su resistencia al darse cuenta de que incluso con ‘cuerpo’, sigue siendo mi ratón de laboratorio.”) Para Higa, Underworld era otra variable controlada.

Un laberinto con paredes de código que él había ayudado a construir.

Pero lo que no calculó —lo que su mente científica jamás podría cuantificar— era que Kirito no buscaba libertad en ese momento.

Buscaba ‘un punto de apoyo’.

Y un prisionero con solo ‘una mano libre’ era más peligroso que uno encadenado por completo.

Para Kirito, es el primer eslabón roto de sus cadenas.

Ya que Kirito está pensando en la lógica del escapista.

Kirito no dice “escaparé”.

No lo piensa siquiera en términos concretos.

Pero en su Fluctlight, ya hay un plan en formación.

(-“Un cuerpo…”).

reflexionó.

(-“No importa cuán limitado sea.

Un cuerpo significa palancas.

Puntos de presión.

Superficies de contacto con el mundo.”)  En cambio aquí, en el Buffer era la prisión perfecta: sin extremidades, sin voz real, sin nada que pudiera torcer o romper.

Pero Underworld…

Underworld ofrecía posibilidades.

En Underworld, tendrá ‘dedos’.

Y con dedos, se pueden hacer ‘nudos’, ‘grietas’, ‘señales’.

Higa cree que lo controla.

Pero al darle ‘opciones’, por mínimas que sean, ya ha cometido un error.

Kirito lo sabe.

Y esperará.

(-“Allí abajo, los segundos se estiran como melaza.”) Calculó Kirito.

(-“Un día real equivaldrá a semanas, meses o como en la Guerra del Underworld, donde días allí eran segundos en el mundo real…

Higa no puede vigilar cada microsegundo.

Se confiará.

Cometerá errores.”) -“Muy bien, héroe.

Acepto tu juego de palabras.

Al fin y al cabo, incluso un ratón necesita creer que el laberinto tiene salida para correr con entusiasmo.” Higa alzó un dedo enguantado y, con la frialdad de quien borra un archivo innecesario, hizo desaparecer la ominosa advertencia roja.

[WARNING: COMMAND_DELETE_FLUCTLIGHT?

Y/N].

El holograma sangriento se disolvió en píxeles agonizantes, revelando nuevamente las dos opciones frías y técnicas: [1.

RESTORE_AVATAR: Kirito_UNDERWORLD_200YR].

[2.

CUSTOMIZE: PARAMETERS_MOD].

Pero en vez de proceder Kirito dijo de sorpresa.

—“Solo tengo una pregunta en cuanto a todo esto de enviarme a Underworld…Y quiero una respuesta sincera de parte tuya.” Higa ajustó inconscientemente su postura en la silla ergonómica de Rath.

Sus guantes de látex crujieron al cerrar los puños.

—“¿Cuál sería esa pregunta?” respondió, forzando su tono hacia la neutralidad clínica.

-“Y mi respuesta dependerá de ella.” —“Al enviarme a Underworld…” Kirito hizo una pausa estratégica, dejando que las palabras resonaran en el silicio como gotas de ácido.

-“Estaré expuesto a ojos que superan tu rango de autoridad en Rath.” Un latido de silencio.

—”¿No temes que alguien vea la verdad?” En la sala de control, las luces LED parpadearon.

Higa observó el reflejo de su rostro en la pantalla: sus ojos, tras las gafas, brillaban con algo que podría haber sido…

¿‘diversión’?

—”Eso también está calculado.” Su risa fue un susurro de ventiladores sobrecalentados.

-“Por eso me tomé el tiempo de hablar hasta este momento contigo.” Se inclinó hacia adelante, y el resplandor azulado del monitor le dibujó sombras de depredador en el rostro.

—“Estoy a cargo por una semana.

Mi superior, el Director Kikuoka se fue a otro de sus…

‘viajes de negocios’…

y en esta ocasión es ‘recupera inversiones’ en Hong Kong.” Higa hizo comillas imaginarias con los dedos.

-“Unos dos o tres días me habrían bastado para el experimento.

Pero una semana…” La sonrisa que estiró sus labios no llegó a los ojos.

—“Es un lujo que aprovecharé para asegurarme de que ni los fantasmas de Rath husmeen donde no deben…

Tendré ‘control absoluto’ sobre lo que se ve y lo que no en Underworld.” Declaró, su voz tan fría como el metal de una mesa de autopsias.

“Tú no serás más que un espectro perdido en los recovecos del sistema…

Porque nadie sabrá que estás allí.” Su sonrisa que no tenia ganas de desaparecer, mientras continuaba.

—”Solo necesito acelerar un poco más el tiempo de Underworld durante tu estancia.

Para cuando pasen los siete días aquí afuera y el Director Kikuoka, tu Fluctlight ya no estará en ninguna base de datos.

Unos cuantos archivos modificados, unos registros alterados…

y todo volverá a la ‘normalidad’.” Higa mirando la pantalla donde la esencia digital de Kirito flotaba.

—“¿Qué tal?” Preguntó, con la condescendencia de un profesor que examina a un alumno.

-“¿Estás satisfecho con la respuesta, o quieres que te detalle ‘cada paso’ de mi plan?” Kirito no necesitó más.

—“No.” Respondió, su voz un eco distorsionado pero firme.

“Con eso me basta.

Ya puedo imaginar el resto.” Higa asintió, casi ‘aprobando’ su inteligencia.

—“Sabía que lo entenderías.

Eres un joven excepcional, Kirito.

Tus estudios, tus investigaciones, tu capacidad de análisis…

todo lo demuestra.” Sus palabras sonaban como un elogio, pero había algo ‘peligroso’ en su tono, como si admirara un arma bien pulida.

“Disfruto conversando con mentes como la tuya.” Kirito sintió un hervor en su Fluctlight, una ira que no podía contener.

—“Pero yo ‘detesto’ hablar con personas como tú.” Replicó, su voz cargada de un desprecio que atravesaba lo digital.

“Gente que juega con vidas como si fueran ‘datos desechables’.” Higa no se inmutó.

—”Eso lo entiendo perfectamente.” Dijo, y por primera vez, hubo un destello de algo ‘casi humano’ en su mirada.

-“Pero no la comparto.” Con esa respuesta de Higa también desapareció ese destello.

Y luego, ‘silencio’.

Un silencio que pesaba más que cualquier palabra.

Porque era ‘el peso de dos cosmovisiones chocando’ sin posibilidad de reconciliación.

-“Está claro, que nuestras escalas morales no están calibradas en la misma unidad…

entonces seguiré en mi selección.” concluyó Kirito, cortando el diálogo.

Una duda final se abrió paso entre sus pensamientos, emergiendo como un susurro cauteloso: —“Imagino que no intentarás borrar mis recuerdos antes del traslado…” Preguntó, manteniendo su tono deliberadamente neutro, aunque en las profundidades de su Fluctlight, una corriente de ansiedad latía con fuerza.

“¿Verdad?”.

Higa dejó escapar un leve resoplido, casi ofendido por la insinuación.

—“Por supuesto que no”.

Respondió con la exasperación de un científico a quien le preguntan algo evidente.

-“¿De qué me serviría un sujeto de prueba amnésico?

Necesito tus patrones cognitivos intactos, cada recuerdo, cada trauma, cada victoria…

Son precisamente esas experiencias las que hacen tu Fluctlight tan excepcionalmente resistente.” Kirito sintió cómo un nudo de tensión que no sabía que llevaba comenzaba a deshacerse en su interior.

—“Me alegra oír eso”.

Admitió.

-“Entonces…

Procedamos.” Y decide tocar la opción 2 para poder modificar su cuerpo.

Higa con tono burlón dice.

-“¿Quieres cambiar algo?

Quizá…

¿Quizá ser más masculino, alto o tener los ojos azules?

Detalles tan triviales como superficiales.” -“…” Kirito calló.

No por falta de respuesta, sino porque algo más poderoso que las palabras lo había atrapado: un recuerdo.

*…* ‘El lago de Underworld brillaba bajo un cielo infinito.’ La brisa jugueteaba con el cabello de Asuna mientras sus manos se entrelazaban, cálidas y vivas a pesar de ser datos puros.

—“Aunque este mundo sea artificial…” Susurró Kirito, sus ojos tan marrones reflejaban el azul del agua.

-“Mis sentimientos no lo son.” Asuna lo miró, y en ese instante, el tiempo dejó de existir.

—“No importa cuánto tiempo pase, ni en qué mundo estemos…” Continuó, sintiendo cómo su corazón digital latía con fuerza.

“Quiero seguir a tu lado.

¿Aceptarías ser mi esposa…

otra vez?” Las lágrimas brillaron en los ojos de Asuna antes de que la sonrisa más radiante que Kirito había visto en dos siglos iluminara su rostro.

—“Sí.” —Su voz era un susurro cargado de promesas.

-“En esta vida, en la próxima, y en todas las que siguieran.” *…* Kirito volvió al presente con un dolor agridulce en el pecho.

(—“Necesito algo que me ate a ella…

aunque solo sea un símbolo.”) La determinación que lo inundó entonces fue más fuerte que cualquier otra cosa.

Más fuerte que el miedo, más fuerte que la rabia.

—“Tienes razón.” Su voz sonó clara, sin rastro de la ironía que Higa esperaba.

“No parece una mala idea…

tener ese color de ojos.” Higa arqueó una ceja, sorprendido no por el cambio en sí, sino por la firmeza en el tono de Kirito.

—“Azules.” Añadió el joven, y esta vez no pudo evitar que su voz se quebrara levemente.

“Como el cielo sobre el lago donde le propuse matrimonio.” Por un instante, solo un instante, Higa pareció desequilibrarse.

Sus dedos se detuvieron sobre el teclado, sus ojos (tan calculadores siempre) parpadearon.

Había entendido: no era un capricho.

Era un ‘recordatorio’.

—“Sentimentalismo inútil.” Murmuró, encogiéndose de hombros con afectada indiferencia.

—“Pero lo permitiré…

Al fin y al cabo…

¿qué daño puede hacer un color?” Kirito no respondió.

Porque sabía algo que Higa ignoraba: ‘los símbolos tienen poder’.

Y esos ojos azules serían su juramento silencioso, su promesa de volver a ella…

sin importar cuántos mundos tuviera que atravesar.

—“¿También planeas modificar tu edad y eliminar esas…

‘cicatrices ilustrativas’?” Su tono goteaba sarcasmo, como si discutiera el menú de un restaurante en lugar del destino de un alma humana.

Kirito no se inmutó.

—“¿Quién rechazaría la juventud etern teniendo la oportunidad?” respondió Kirito, serenamente y con lógica.

-“Fíjadas en veinte años.

Permanentemente.

Sin importar cuánto tiempo deba soportar después.” Higa soltó una risa cortante, el eco metálico rebotando en las paredes de acero del laboratorio.

—“Mentiras autoimpuestas, nada más.” Ajustó sus gafas con un dedo, los lentes reflejando la pantalla.

-“Tienes más años acumulados que cualquier Fluctlight en Underworld.

Pero si necesitas ‘juguetes psicológicos’ para sobrevivir, esa es ‘tu’ elección.” Una pausa.

Luego, con un humor negro que helaría la sangre: —“Aunque, siendo justos…

es un deseo bastante común.

Las mujeres ‘matarían’ por conservar su juventud, ¿no crees?” Kirito sintió cómo el odio —un fuego frío y preciso— se enroscaba en su Fluctlight.

—“Pero no hasta el punto de ‘perder sus cuerpos’.” Replicó, cada palabra afilada como el filo de Elucidator.

‘Ni de convertirse en ‘experimentos involuntarios’.” Higa se inclinó hacia adelante, y con una sonrisa genuina —tan afilada como un bisturí— que apareció en su rostro.

—“Para eso ‘te tengo a ti’, mi valiente conejillo de indias.” El aire se espesó.

Kirito ‘sabía’ que cada segundo en ese infierno digital era una tortura calculada.

—“Apresúrate.” Higa miró un reloj que no existía.

“Nuestro ‘precioso tiempo’ se agota.” (-“¿Precioso?

Solo deseo desaparecer de aquí más rápido de lo que puedes parpadear.) Penso Kirito.

El odio de Kirito era un agujero negro en su pecho, devorando todo menos su determinación.

—“He terminado.” Higa escaneó los parámetros con una mirada clínica.

—“Veamos…

ojos azules, juventud eterna, cicatrices eliminadas…” Hizo un ruido de aprobación, como un chef satisfecho con su receta.

“Acepto estas ‘pequeñas indulgencias’.

Volverás a tu avatar de Underworld con todas sus capacidades intactas.” Kirito contuvo un sarcasmo que le quemaba la lengua.

—”Estoy ‘inmensamente agradecido’ por su ‘magnanimidad’.” Pero entonces…

La voz de Higa cambió.

De repente, toda burla desapareció, reemplazada por un tono ‘sereno y escalofriante’, como el filo de una hoja de acero presionando contra la yugular.

—“Esta será nuestra última conversación…” Su voz, ahora carente de toda burla, resonó con una solemnidad funeraria.

-“Te enviaré a Underworld y esperaré pacientemente hasta que tu Fluctlight se consuma por el tiempo.

Mientras tanto, yo estaré aquí…

Recogiendo los datos de tu último aliento con mi café aún humeante.” El científico continuó sin importarle que sentía Kirito, su tono adoptando una cadencia casi hipnótica: —“Permíteme darte un consejo, ‘héroe’…” Las comillas invisibles alrededor de la palabra eran audibles.

-“No malgastes tu insignificante tiempo pensando en escapar, solo disfrútala…Cásate, ten una esposa…

o varias.

Al fin y al cabo, ¿No eras el Rey del Mundo Underworld y tienes esos privilegios?

Engendra una docena de niños y muere satisfecho al rededor de tu familia numerosas y tú súbditos.” Sonaba como la tentación del diablo.

—“¿No suena como un final perfecto?” Kirito respondió con una voz que temblaba levemente, no por miedo, sino por la fuerza de su convicción: —“No elegiré a ninguna mujer que no sea Asuna.

¿Cómo podría—?” —“¿Le harías eso ‘a ella’?” Higa lo interrumpió con la brusquedad de un bisturí abriendo carne.

Su voz goteaba falsa compasión -“Despierta, Kirito.

En este mismo momento, Asuna está en los brazos de ‘otro hombre’…

¿O debería decir, en ‘tus’ brazos?

Irónico, ¿no crees?” Un silencio cargado.

Luego, con cruel deliberación: —“Muy posiblemente aún estés pensando que ella notará que algo está mal, ¿verdad?

Tss, tss…” Higa negó con los labios mientras entrechocaba los dedos enguantados.

-“El tiempo solo me dará la razón…

Los seres humanos somos muy adaptables a los cambios menores de una persona y cuando menos lo esperamos ya no recordamos la importancia de los anteriores y aceptamos los nuevos…¿Cuánto viviste con ella, sin contar esos 200 años que ‘borro por su propia estupidez’?

La copia pasará más tiempo a su lado, y tus recuerdos…

tus ‘preciosos’ recuerdos…

serán reemplazados por otros nuevos.” Kirito sintió cómo cada palabra era un puñal girando en su alma.

Higa siguió con una voz que disfrutaba de su sufrimiento.

-“Se casarán rodeados de sus amigos y familiares con grandes sonrisas, recibiendo sus felicitaciones…

Incluyendo los mio, ¿y Tú?

¿Dónde estarás cuando ella diga ‘sí, acepto’?

Yo te diré…” Una pausa calculada.

-“Estarás muerto.

Borrado de la existencia en esta supercomputadora en una montañas de 0 y 1.

Nadie sabrá la verdad de que estuviste aquí alguna vez, ‘ni siquiera ella’ la persona más cercana a ti.” “Así que te recomiendo que tomes mi consejo: ‘Aprovecha al maximo tu tiempo’.” No hubo un alboroto, un grito o una maldición como la última vez.

Pero Cuando Kirito habló, su voz era el susurro de un viento glacial: —“Eso haré.

Te prometo que eso haré…

y no lo olvidaré jamás.” Un leve escalofrío paso por la columna de Higa en ese momento, pero solo se burló de ese sentimiento ridículo —algo que no sentía desde su primer experimento fallido—.

-“Entonces me alegro de ello…” Su mano se cernió sobre la tecla final.

-“Esto es el adiós eterno ‘héroe’ Kirito…

Kirigaya Kazuto.” Sus últimas palabras fueron tan frías como el vacío del espacio.

—”Sí…

Adiós.” Dos palabras que dijo Kirito.

Dos palabras que contenían universos de dolor, de rabia, y sobre todo…

de una determinación inquebrantable.

**Clic** Con ese sonido de tecla se decidió el destino de él.

Un destino que superaría todo lo imaginable.

Un destino que ninguno de los dos -ni el prisionero ni su carcelero- llegó a vislumbrar por completo en ese instante decisivo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Max999Max “¡Gracias por leer!

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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