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Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 20

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Capítulo 20: Capítulo 20: Consecuencias No Intencionadas de una Ausencia: Conflictos y Traiciones (Parte 1)

[Mayo 19 De 2031]

[Ubicación: Océano Pacífico, Ocean Turtle]

[6:01 A.M]

**Crrrrr… splash… hummmm**

**Groooaan… whoosh… clank**

El cielo amanecía sobre el Océano Pacífico. En la inmensidad del agua, una estructura imponente se alzaba sobre la superficie. Su diseño, masivo y orgánico, tenía la forma inconfundible de una tortuga marina gigantesca, flotando a millas de la costa japonesa. Era la base experimental de RATH, apodada la Ocean Turtle.

**Whooosh… hummm**

Desde el puente superior, el viento soplaba con fuerza, mezclando el olor salino del mar con el aire metálico de la tecnología. La Ocean Turtle, centro neurálgico del Proyecto Alicization, había permanecido en funcionamiento continuo desde los eventos que marcaron un antes y un después en la historia de la humanidad.

El mundo había cambiado.

El secreto ya no era un secreto.

Años atrás, Japón sorprendió al mundo al presentar públicamente a Alice Zuberg, la primera inteligencia artificial con alma virtual autónoma, transferida a un cuerpo robótico humanoide. Las cámaras captaron su aparición. Dio entrevistas. Caminó entre personas. Habló. Sonrió. Y con ello, el Proyecto Alicization dejó de ser una leyenda para convertirse en una realidad innegable.

La revelación fue cuidadosamente orquestada, pero su impacto fue inmediato.

El mundo entero tomó nota.

Potencias tecnológicas como Estados Unidos, China, Corea del Sur, Rusia y muchas otras reconocieron de inmediato el potencial de esta tecnología. En cuestión de meses, comenzaron a desarrollar sus propios entornos virtuales, cada uno con enfoques distintos: desde simulaciones futuristas, entrenamientos militares avanzados, hasta reinos de fantasía con fines económicos, sociales o bélicos.

Pero la recepción pública fue volátil.

La sociedad se dividió ante la ética de estas creaciones. La práctica de copiar almas de bebés humanos para poblar estos mundos fue calificada por muchos como una aberración moral. Surgieron movimientos que exigían derechos para las almas artificiales, y otros que pedían la prohibición total de la tecnología Fluctlight.

Aun así, la carrera no se detuvo.

Impulsada por intereses militares y económicos, avanzó con fuerza. Algunas parejas de alto rango, motivadas por patriotismo, presión gubernamental o beneficios estatales, aceptaron la copia digital de sus hijos para servir a sus naciones en estos nuevos frentes virtuales.

Sin embargo, Japón se mantuvo a la vanguardia.

Cuatro años atrás, el Dr. Higa Takeru —uno de los arquitectos originales del Proyecto Alicization— logró lo que se creía imposible: romper el tabú del Fluctlight. Descubrió cómo liberar a las almas virtuales de sus limitaciones autoimpuestas, permitiéndoles tomar decisiones propias sin colapsar.

El descubrimiento de Higa no solo consolidó el liderazgo tecnológico de Japón, sino que sorprendió incluso a su propia nación. Su nombre se convirtió en sinónimo de revolución científica. Fue portada de revistas, invitado a foros internacionales, y objeto de admiración y temor por igual.

Otros países intentaron replicar su hazaña, pero los resultados fueron inestables. Muchos Fluctlights extranjeros aún sufrían de fragmentación, rechazo o colapso al ser transferidos a cuerpos físicos. El código de Higa, aunque parcialmente compartido, no fue comprendido del todo. El conocimiento entregado no era completo.

Aunque Japón divulgó parte de sus hallazgos, los líderes científicos y políticos del mundo no eran ingenuos. Sabían que faltaban piezas clave: las interfaces, los protocolos de compresión, los algoritmos de estabilización del alma… todo parecía cuidadosamente editado.

Japón, por su parte, negó haber ocultado información, alegando que ya no había más que ofrecer. Pero esa negativa solo alimentó la desconfianza internacional.

Lo cierto es que Japón mantenía la delantera, y con ella, el control de una tecnología que podía redefinir el concepto mismo de la vida.

La tensión creció aún más cuando se reveló que Japón había comenzado a integrar Fluctlights en sistemas militares autónomos. Bombarderos no tripulados, misiles inteligentes, unidades de combate con reflejos sobrehumanos… todo operado por almas virtuales capaces de tomar decisiones tácticas en tiempo real.

La velocidad y precisión de estas armas superaba cualquier sistema convencional.

Mientras tanto, los demás países solo habían logrado crear representantes humanos virtuales en cuerpos robóticos similares al de Alice, pero sin libre albedrío completo. Eran entidades funcionales, pero limitadas.

Esa diferencia frustraba aún más a los líderes del mundo, que no sabían cómo alcanzar a Japón en el desarrollo del Fluctlight.

El equilibrio global se tambaleó.

Las naciones exigieron acceso total a la tecnología, algunas con diplomacia, otras con amenazas veladas. Pero Japón se mantuvo firme, protegiendo su ventaja estratégica.

Y en medio de esa tensión creciente, algo más se gestaba en las profundidades de la Ocean Turtle…

★★★★★

[Ubicación: Oficina de Dirección Ejecutiva]

La oficina del director de RATH no era ostentosa, pero sí moderna y bien equipada. Las paredes estaban revestidas con paneles de madera clara y detalles metálicos pulidos. Una iluminación blanca, suave y difusa mantenía el ambiente cálido y funcional.

Tenía un ventanal ligeramente amplio, blindado y unidireccional, diseñado para proteger la privacidad y la seguridad de quienes estuvieran dentro… pero que permitía disfrutar de una hermosa vista del exterior.

Cerca de ese ventanal se encontraba un escritorio amplio, de superficie mate, que sostenía solo lo esencial: una taza de café humeante, una pluma de tinta, algunos informes, documentos privados y una laptop de gran tamaño, de diseño robusto y elegante, con el logotipo de RATH grabado en la tapa. Sobre el borde del escritorio, una pequeña placa metálica decía:

 

Detrás del escritorio, sentado con postura relajada pero atenta, estaba Higa Takeru. Habían pasado cinco años desde los eventos que él mismo había llevado en secreto contra Kirigaya Kazuto y su Fluctlight, y el tiempo se notaba en su rostro.

Aunque su complexión seguía siendo delgada, su expresión era más serena, más medida. Llevaba su clásica bata blanca de laboratorio, perfectamente planchada, y unas gafas de montura delgada descansaban sobre su nariz. Su cabello, ahora completamente negro y ligeramente más largo que antes, caía con naturalidad hacia un lado, dándole un aire más maduro.

**Hummm**

—“Entonces déjenme entender… ¿me llamaron a esta hora del día porque querían una extensión de sus vacaciones con RATH?”

Dijo Higa, apoyando un dedo en su mejilla mientras mantenía una media sonrisa. Su postura era relajada, y hablaba en dirección a la gran pantalla de su laptop abierta.

La videollamada seguía activa. Frente a Higa, se veían dos personas adultas, sentadas muy cerca uno del otro, como una pareja. El fondo de la imagen mostraba una habitación luminosa, con paredes de madera clara y una gran ventana abierta al mar.

Afuera, se adivinaban palmeras agitadas por la brisa y un cielo despejado, propio de un clima tropical. El ambiente era relajado, claramente vacacional.

Ambos vestían ropa ligera, acorde al entorno y a su estilo personal.

El hombre, de cabello negro y expresión serena, vestía una camisa de lino blanca, de manga corta, con los primeros botones desabrochados, dejando entrever una camiseta gris debajo. El tejido, suave y ligeramente arrugado por la brisa, transmitía una sensación de comodidad sin perder sobriedad. Un collar sencillo de cuero asomaba discretamente en su cuello, y unas gafas de sol colgaban del bolsillo de la camisa. Su estilo era relajado pero funcional.

A su lado, la mujer llevaba una blusa sin mangas de tela ligera, en tonos coral y blanco, con detalles florales sutiles que evocaban su elegancia natural. El escote, modesto pero delicado, y el corte fluido resaltaban su figura sin recurrir a la ostentación. Su cabello estaba recogido parcialmente con una pinza de madera clara, dejando caer algunos mechones sueltos que enmarcaban su rostro con suavidad. Un pequeño collar de perlas y unos pendientes discretos completaban su atuendo. Su estilo, combinaba gracia, calidez y una sobria sofisticación.

Aunque solo se les veía de la cintura hacia arriba, su cercanía y lenguaje corporal hablaban de una complicidad profunda, forjada por años de relación.

No eran otros que Kirigaya Kazuto y Asuna, ahora en su faceta plenamente adulta.

—[“Ja, ja… eso es correcto, director Higa. Lo siento mucho por permitirme alargar un poco más mis vacaciones del trabajo con RATH…”]

Dijo Kazuto con una expresión de ligera culpa, rascándose la mejilla por costumbre, aunque sin desviar la mirada.

Higa, al otro lado de la pantalla, alzó una ceja ante aquel comentario, lo que hizo que Kazuto se pusiera un poco más nervioso.

[—“Por favor, director Higa, no culpe ni se enoje con Kazuto. En realidad, fui yo quien le sugirió alargar nuestras vacaciones…”]

Sonrojándose ligeramente, Asuna bajó un poco la mirada y añadió con voz más suave:

[—“Nuestra luna de miel…”]

—“Je… Solo les estoy tomando el pelo, pareja de enamorados…”

Respondió Higa, con una chispa divertida en los ojos.

—“Pero dejen de llamarme director. Ya tenemos años conociéndonos… incluso me invitaron a su boda. Así que, simplemente, díganme Higa. Por los viejos tiempos.”

Soltó una leve risa y agitó una mano con despreocupación, manteniendo su característica media sonrisa, incluso al notar la ligera duda reflejada en los rostros de la pareja en pantalla.

—“Bueno, volviendo al motivo de su llamada… no se preocupen. Me imaginé que querrían extender un poco más su luna de miel. Si tienen los recursos, pueden hacerlo sin problema.”

**Shhh… clink…**

Dijo Higa, mientras extendía su mano derecha con calma y tomaba su taza de café, aún humeante, del escritorio.

—“Después de todo…”

Continuó, llevándola a los labios

—“Tú, Kazuto, desde que te uniste a RATH, has sido de gran ayuda para mí… Sip… ahhh”

Esbozó una sonrisa un poco más amplia, bebió un sorbo con tranquilidad y, tras una breve pausa, añadió con un tono juguetón:

—“No representa ningún costo para mí permitirles extender su luna de miel, ¿no es así?”

[—“Muchas gracias, Higa.”]

[—“Muchísimas gracias.”]

Tanto Kazuto como Asuna respondieron al unísono, visiblemente aliviados y con una sonrisa cómplice. La emoción por haber conseguido el permiso deseado se reflejaba en sus rostros, ahora más relajados.

—“Así está mejor…Sip”

Higa asintió con satisfacción, tomando otro sorbo con calma.

[—“Realmente estoy muy agradecida con usted, Higa, por permitirnos viajar un poco más.”]

Dijo Asuna con sinceridad.

[—“Queríamos aprovechar este tiempo antes de volver a nuestras ocupaciones laborales…”]

—“Y hablando de ocupaciones…”

**Thup**

Interrumpió Higa con interés, dejando la taza sobre el escritorio.

—“¿Cómo va tu trabajo como asistente de la directora de Ética y Desarrollo del Medicuboid?”

La mención captó la atención de Asuna, quien parpadeó una vez, sorprendida por el cambio de tema. A su lado, Kazuto esbozó una expresión que decía claramente: “Lo sabía”.

—“He escuchado que ha habido avances muy prometedores…”

**Swirl… Sisss… Sisss**

Continuó Higa mientras tomaba de nuevo la taza y agitaba suavemente su contenido.

—“No solo en aliviar el sufrimiento de los pacientes, sino en algo más profundo. ¿Podrías contarme algo sobre esos misteriosos desarrollos?”

[—“…”]

Asuna dudó por un instante. Luego, recuperando la sonrisa, respondió con tono amable:

[—“Bueno, para empezar, durante estos pocos años me han tratado muy bien. Y, al igual que usted con Kirito-kun, la directora también me permitió extender nuestra luna de miel…”]

Se llevó un dedo al mentón, pensativa, y añadió con un tono más serio mientras negaba suavemente con la cabeza:

[—“—Y respecto a lo segundo… lamento decir que no estoy autorizada para compartir esos avances públicamente.”]

—“Eso es una pena… Sip”

Comentó Higa, fingiendo una expresión de decepción mientras volvía a llevarse la taza a los labios para disimularlo con otro sorbo de café.

[—“Oh, vamos, Asuna…”]

Intervino Kazuto con una sonrisa.

[—“Puedes contárselo. Estamos entre amigos. Estoy seguro de que Higa solo tiene curiosidad, además…”]

[—“Lo sé, Kirito-kun…”]

Respondió ella, interrumpiéndolo con una mirada cómplice.

[—“Solo estaba bromeando un poco, igual que él al principio.”]

Asuna le dedicó una expresión juguetona a su esposo, divertida por su intento de defensa.

[—“Ja, ja… Muy buena esa.”]

Kazuto soltó una risa breve, incapaz de ocultar su aprecio por ese lado espontáneo de ella.

Higa, por su parte, sonrió levemente con resignación, antes de volver a centrarse en la conversación.

[—“Ahora, hablando un poco más en serio..”]

Dijo Asuna, recuperando el tono profesional.

[—“Sé que usted, señor Higa, ha sido una figura clave en los avances tecnológicos del Medicuboid. Por eso, no veo inconveniente en compartirle lo poco que me está permitido mencionar…”]

—“…”

Higa alzó una ceja, intrigado. Asuna mantuvo la seriedad, aunque en su voz se percibía una emoción contenida.

[—“El conocimiento más profundo sobre el estado del Fluctlight de cada ser humano —no solo en entornos virtuales— ha permitido ir más allá de un simple tratamiento paliativo. El Medicuboid ya no solo busca que el paciente sufra menos con su enfermedad terminal…”]

Kazuto tomó su mano con suavidad, como un gesto de apoyo silencioso. Asuna le devolvió una mirada breve, agradecida, y continuó:

[—…Sino que ahora es posible identificar el origen mismo de la enfermedad. Y mediante una resonancia casi microscópica —pero extremadamente precisa— realizada con un Medicuboid de cuerpo completo, se puede atacar esa raíz una y otra vez. Lo más importante es que el sistema permite monitorear en tiempo real si el tratamiento está ayudando… o perjudicando al paciente.”]

Asuna continuó hablando, aunque su voz bajó ligeramente el tono, y su expresión se tornó más seria.

[—“El tratamiento, aunque está dando resultados, sigue siendo un proceso muy lento…”]

Confesó ella, prestando atención a Higa, que ahora mostraba un rostro más serio.

[—“Hemos logrado avances importantes en el tratamiento del cáncer y otras enfermedades de menor complejidad, y eso ya representa un gran paso. Pero cuando se trata de afecciones más complejas, como el VIH o el SIDA… apenas estamos comenzando a rasguñar la superficie.”]

Sus ojos se nublaron un instante, y su sonrisa se desdibujó con una tristeza contenida. Aun así, respiró hondo y, con un esfuerzo visible, recuperó algo de su entusiasmo.

[—“Haaah… Pero… incluso eso ya es un gran avance —añadió, intentando suavizar el bajón emocional con una sonrisa más firme.”]

Kazuto, que no apartaba la mirada de ella, le dedicó una expresión cálida y segura.

[—“No te preocupes. Tarde o temprano, se logrará un avance mayor. Estoy seguro de eso…”]

Asuna asintió en silencio. Luego se acomodó en su asiento y se inclinó ligeramente hacia él, buscando su cercanía. Kazuto la recibió con naturalidad, rodeándola con un brazo para atraerla con suavidad. Ella se recostó un poco sobre su hombro, sin perder la compostura, consciente de que aún estaban en plena videollamada.

Desde el otro lado de la pantalla, Higa observaba la escena con una mezcla de serenidad y reflexión. Asintió con lentitud, y su voz se tornó más grave, más introspectiva.

—“Tienen razón. Con lo poco que me has dicho, Asuna, ya es evidente que estamos avanzando hacia algo realmente extraordinario.”

…

**Hmm… spin… tap**

Hizo una breve pausa, bajando la mirada hacia su taza vacía, que giró lentamente entre sus dedos.

—“Jamás imaginé que el conocimiento que ayudé a desarrollar y transmitir en su momento… no solo revolucionaría la tecnología aplicada a la seguridad y la defensa de nuestro país…”

Su rostro adoptó una expresión más pensativa.

—“… Sino que llegaría a transformar la medicina de esta manera, superando incluso lo que alguna vez creí posible… todo gracias a un sacrificio…”

Sus ojos se desviaron hacia un punto fuera de cámara, como si contemplara algo más allá de la oficina, más allá del presente.

…

El silencio se instaló por unos segundos, denso pero sereno, como si todos respetaran ese momento de introspección.

[—“…”]

[—“…”]

Ni Kazuto ni Asuna dijeron nada. Solo lo observaban con atención, sin interrumpirlo… aunque algunas palabras les sonaban un poco extrañas, intuyendo que se refería al tiempo y la energía invertidos en descubrir y comprender mejor el Fluctlight de cada ser vivo.

Entonces, Higa parpadeó, como si regresara de un pensamiento lejano. Una leve sonrisa volvió a dibujarse en su rostro al notar que ambos lo esperaban en silencio, con respeto.

—Perdón… me dejé llevar un poco allí…

Higa bajó ligeramente la mirada y se disculpó con un gesto de la mano.

—“Pero es que… es increíble ver hasta dónde hemos llegado…

**Thup**

Dejó la taza vacía a un lado y añadió:

—“También creo que entiendo, al menos en parte, lo que te motivó a entrar en este campo, Asuna.”

Dijo con un tono más serio:

—“Tu historia con esa amiga… Yuuki, ¿verdad? No era cualquier persona.”

[—“…”]

Al oír ese nombre, Asuna asintió con una sonrisa suave, aunque sus ojos reflejaban una melancolía contenida.

[—“Sí… Yuuki no era cualquier persona. Fue una de las razones por las que decidí involucrarme en el desarrollo médico. Verla luchar como lo hizo… y no poder hacer nada… me marcó profundamente…”]

Guardó silencio por un momento, como si reviviera aquellos días.

[—“Desde entonces, he querido ayudar a quienes sufren como ella. A quienes aún tienen una oportunidad…”]

Kazuto, a su lado, le apretó la mano con ternura.

[—“Estoy seguro de que ella estaría muy orgullosa de ti…”]

Dijo con voz baja, pero firme.

[—“Y si se hubiera recuperado… probablemente sería tu mano derecha. O incluso la directora del área médica.”]

[—“Je, je…”]

Asuna soltó una risa breve, cálida, que rompió la tensión del momento.

[—“Seguramente sería así…”]

Rrespondió, con una mezcla de alegría y nostalgia.

La pareja, concentrada en animarse mutuamente, no notó que Higa, solo por un instante, esbozó una sonrisa que mezclaba burla y desprecio antes de recuperar su expresión habitual.

Volviendo a centrarse, como si una idea hubiera tomado forma en su mente, Asuna se incorporó un poco y miró a la pantalla con decisión.

[—“Higa… quisiera pedirle otro favor…”]

Desde el otro lado, Higa levantó la mano antes de que ella pudiera continuar.

—“No te preocupes, ya me imagino lo que vas a decir.”

Su tono era más ligero, casi cómplice.

—“Y considerando que estamos hablando de medicina… supongo que te refieres al tratamiento de tu esposo. ¿No es así, Kirigaya Asuna?”

Asuna soltó una pequeña risa, compartiéndola con Kazuto, divertida por el uso de su nuevo apellido de casada.

[—“Todavía me estoy acostumbrando a que me llamen así… pero sí, lo has adivinado. Justamente a eso me refería.”]

Su expresión se tornó más seria, aunque sin perder la calidez.

[—“Tal como imaginas, gracias a los tratamientos que Kazuto ha recibido de ti durante estos últimos cinco años, su recuperación ha sido notable. No solo en lo físico… también en lo emocional. Su estado general ha mejorado mucho…”]

Kazuto estrechó a Asuna con más fuerza mientras la escuchaba, justo cuando Higa, al otro lado de la pantalla, respondió con seriedad:

—“Parece que fue ayer… Aquella mañana, hace cinco años, cuando me llamaste preocupada por el estado de Kazuto. Recuerdo que intenté tranquilizarte, decirte que probablemente era solo estrés. Pero con el tiempo… tu intuición resultó acertada.”

[—“… Umm.”]

Asuna asintió lentamente, con los ojos ligeramente humedecidos.

[“—Me preocupaba mucho. No solo yo… todos nuestros amigos y familiares lo notaban. Algo no estaba bien.”]

Kazuto, que había permanecido en silencio, bajó la vista y luego habló con voz reflexiva:

[—“Jamás imaginé que llegaría a experimentar efectos secundarios tan intensos… Olvidar cosas elementales, detenerme en medio de una conversación sin saber por qué. A veces necesitaba varios minutos para volver a estar bien…”]

Se giró hacia Asuna con una sonrisa agradecida.

[—“Y tú lo notaste antes que nadie. Tomaste una decisión como si lo hubieras presentido. Gracias a eso…”]

Entonces dirigió la mirada hacia Higa.

[—“Y a ti, Higa, que no dudaste en ayudarme… pude recibir el tratamiento a tiempo.”]

Higa asintió con discreta satisfacción.

—“Me alegra ver que los resultados han sido más que positivos.”

Kazuto continuó, con tono esperanzador:

[—“Gracias a esos tratamientos, prácticamente he vuelto a la normalidad. Al principio ocurría todos los días… luego cada semana, después cada mes… y ahora, pasan años sin que vuelva a suceder. Pero quiero terminar con esto por completo.”]

Miró a Asuna que le devolvió la mirada y luego ambos dijeron a Higa.

[—“Cuando regresemos de nuestra luna de miel… me gustaría iniciar el último tratamiento.”]

[—“Por favor…”]

[—“Te lo pedimos, Higa.”]

Asuna también quiso ser lo más sincera en su petición, consciente de que Higa Takeru era ahora un hombre mucho más solicitado que cinco años atrás.

—“…”

Higa los observó en silencio por un segundo, antes de retomar el tono profesional.

—“Cuando regresen, retomaré el trabajo con tu memoria. Ambos recibirán seguimiento, pero tú especialmente, Kazuto. Al fin y al cabo, también eres una pieza clave en la evolución de RATH.”

Kazuto sonrió con humildad, rascándose la nuca… y Asuna, a su lado, no pudo evitar sonreír también y decir:

[—“Nuevamente, muchas gracias, Higa, por sacar tiempo de tu agenda tan apretada.”]

[—“Sí, tal como dice Asuna, gracias… aunque a veces siento que solo vengo a darles dolores de cabeza.”]

—“Eso también es parte del paquete…”

Replicó Higa con un leve encogimiento de hombros.

Kazuto rió suavemente, y luego, como si recordara algo, preguntó:

[—“Por cierto… ¿cómo está Alice? ¿Regresó a la Ocean Turtle para entrar de nuevo a Underworld?”]

Higa asintió con tranquilidad, cruzando los brazos sobre el escritorio.

—“Sí. Ingresó a Underworld hace unas horas, aunque para ella eso represente mucho más tiempo. En cuanto al resto, todo está bajo control. No ha surgido ningún inconveniente relevante.”

Miró su reloj con calma, calculando mentalmente.

—“De hecho, según la aceleración temporal que programamos, falta poco para que complete su ciclo. Mi asistente ya tiene instrucciones para desconectarla en cuanto se cumpla el tiempo que ella misma solicitó.”

Asuna asintió, aliviada. Pero antes de que pudiera decir algo, Kazuto añadió:

[—“Qué bueno saberlo… No he dejado de pensar en ella desde que nos separamos.”]

Apenas terminó la frase, sintió una mirada intensa a su lado. Giró apenas el rostro y vio a Asuna observándolo con una ceja levantada, los labios fruncidos en una mueca de juicio silencioso. Kazuto se tensó de inmediato, como si algo lo hubiera picado en la espalda.

[—“Ah… bueno… solo preguntaba por…”]

Balbuceó, desviando la mirada.

Higa soltó una breve exhalación, una especie de risa elegante, apenas audible.

—“No te pongas celosa, señora Kirigaya. Tú eres su esposa, no Alice.”

Asuna se sonrojó un poco, cruzándose de brazos con un pequeño puchero.

[—“Es verdad…”]

Murmuró, antes de sonreír con más sinceridad.

[—“Solo quería molestarlo un poco. Pero también me preocupo por Alice. Es mi amiga.”]

Su expresión se tornó más pensativa, como si un recuerdo la hubiera alcanzado por sorpresa. Bajó la mirada, y su sonrisa se desdibujó levemente.

[—“…”]

Kazuto, al notarlo, la miró de perfil y también adoptó un gesto más serio, como si compartieran el mismo pensamiento sin necesidad de palabras.

Higa los observó en silencio por un instante, luego habló con un tono más relajado.

—“No deberían pensar tanto. Todo saldrá bien. Son un matrimonio fuerte… y eso también ayuda más de lo que creen.”

Ambos lo miraron, agradecidos.

[—“Gracias, Higa-san.”]

[—“Gracias por todo.”]

Asuna y Kazuto lo dijeron casi al unísono, uno tras otro.

—“Pero recuerden: solo tienen dos semanas más de vacaciones. Ni un día más… ni uno menos. Y en eso seré inflexible.”

Dijo Higa, con un rostro que no dejaba espacio para concesiones.

[—“Entendido… jefe.”]

Respondió Kazuto con una sonrisa resignada.

[—“Prometido. Estaremos allí sin falta…]

ñadió Asuna, con el rostro un poco más serio; le importaba demasiado que Kazuto recibiera su último tratamiento.

—“Entonces… Nos vemos pronto. Y que disfruten más de su luna de miel, pareja Kirigaya.”

Concluyó Higa con una pizca de burla en la voz.

**CLICK—BEEP**

La videollamada se desconectó del lado de Kazuto y Asuna, quienes se sonrojaron al unísono por el comentario final.

La pantalla mostraba que la videollamada había finalizado.

—“…”

**Clic-Tep**

Higa guardó silencio por unos segundos. Luego bajó la tapa de la laptop, provocando un leve clic.

**Fshhh… clicks**

Su media sonrisa se desvaneció poco a poco, dejando al descubierto un rostro sereno, pero visiblemente cansado. Se quitó los lentes con calma y los dejó sobre el escritorio.

**Hmmm… tap… tap…**

—“…Qué problemático…”

Murmuró para sí,entrelazando los dedos mientras su mirada permanecía fija en la pantalla de la laptop.

—“…”

**Shhh… rub… sigh**

El silencio volvió a llenar la sala. Higa se llevó una mano a la frente y se frotó la ceja con lentitud, como si intentara disipar una presión invisible.

—“Actuar… a veces es necesario para mantener las apariencias.”

Su mirada se perdió en el vacío. El gesto de su rostro se volvió más serio, más contenido. Pensaba en lo que había hecho cinco años atrás… y en lo que aún no podía hacer.

Había llegado a una nueva frontera.

Una limitante.

Durante años, había trabajado en silencio, reconstruyendo lo que otros apenas comprendían. Extrajo datos valiosísimos de los restos del conocimiento que Kazuto había dejado en Underworld.

Aquello lo catapultó al reconocimiento mundial. Pero en el fondo, sabía que no todo era suyo. Analizar el legado de alguien que ya no estaba para explicar sus decisiones era como armar un rompecabezas con piezas faltantes. Solo pudo interpretar lo que comprendía… y dejar el resto para después.

(—“Kirigaya… dejó una especie de corrupción en los datos extraídos a la fuerza…”)

Pensó con pesar y rabia contenida. Cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Intentó transferir los datos, limpiar la corrupción, aislarla… pero todo fue en vano.

Más de 250 años de conocimiento se perdieron en cuestión de días. Solo quedó lo poco que alcanzó a entender. Y aun así, ese fragmento bastó para convertirlo en una eminencia.

**Creeeak… hummm… sigh**

Higa se giró lentamente en su silla y contempló el cristal unidireccional que daba al océano. El paisaje seguía allí, inmutable, mientras él repasaba los años que habían pasado.

(—“La copia que tomó su lugar… no le llega ni a los talones.”)

El Kazuto que ahora trabajaba para él era, sin duda, tan inteligente como el original antes de entrar a Underworld. Y eso jugó a su favor: sus amigos, familiares y amante no notaron nada fuera de lugar, salvo algunos lapsos de memoria ocasionales.

Aceptaron a este Kirigaya Kazuto.

Pero también hubo consecuencias.

Con un conocimiento limitado a lo que el verdadero Kazuto sabía hace más de 250 años, esta copia no podía crear ni innovar más allá de lo que ya se había revolucionado. No tenía la experiencia, ni la evolución que el original había alcanzado tras décadas virtuales en Underworld.

—“Se dice que no se puede tener todo en esta vida…”

**Huff… click… step… thud**

Murmuró Higa, negando con la cabeza mientras se levantaba de la silla. Se acercó al cristal y apoyó una mano sobre él.

Gracias al sacrificio del verdadero Kirigaya Kazuto, había logrado avances extraordinarios: en tecnología Fluctlight, en libre albedrío artificial, en robótica…

Pero el precio fue alto.

Tuvo que destruirlo. Porque se convirtió en una amenaza.

(—“¿Cuántas cosas más habría logrado un Kazuto como ese…?”)

**Tsk… sigh…**

Se llevó la mano izquierda al entrecejo y esbozó una sonrisa amarga. Se burló de sí mismo por siquiera pensarlo.

Y aun así, no pudo evitar decir en voz baja:

—“Esto es lo que la gente llama “matar a la gallina de los huevos de oro”…”

Ahora, el avance se había estancado.

Por algo que ni siquiera él podía replicar.

Su expresión se endureció.

Las presiones internacionales. Las amenazas veladas. Las exigencias constantes por reproducir el “milagro japonés”.

Todos querían lo mismo: romper el tabú.

Todos querían su propia versión de Alice.

Y ninguno lo había logrado.

**Crrrrr… splash…**

El océano se extendía hasta el horizonte, sereno e impenetrable.

Durante estos años, había regresado a Underworld en múltiples ocasiones. Tenía el poder, el acceso, la autoridad. Revisó cada rincón, cada bit, cada registro de la destrucción final.

No encontró nada.

Ni un solo indicio de que Kirito hubiera sobrevivido.

Ni una señal de actividad.

Ni una anomalía.

La paz que Kirito había dejado en Underworld era real.

Había estabilizado el sistema.

Había sellado los conflictos.

Había dejado una huella que aún resonaba en las capas más profundas del código.

Pero también dejó secuelas.

Cambios inesperados.

Y un regalo que Higa jamás anticipó: una alteración en la estructura misma de Underworld.

Cerró los ojos por un momento.

No era un hombre que creyera en mitos.

Pero sabía reconocer cuando algo escapaba a su control.

Volvió a su escritorio, se sentó con lentitud y exhaló profundamente.

Su rostro se relajó… pero su mente no.

—“El futuro vendrá… y esta vez, avanzaré a mi ritmo. No al de los demás…”

**Bzzzt!… Bzzzt!… Bzzzt!**

En ese momento, apenas terminó de hablar, un zumbido breve interrumpió el silencio.

Higa bajó la mirada hacia el dispositivo sobre el escritorio. La pantalla mostraba un número que conocía bien: uno reservado exclusivamente para emergencias del sistema.

Frunció el ceño.

**Tap**

Respondió de inmediato.

[—“¿Higa?”]

La voz masculina al otro lado sonaba agitada, casi temblorosa, pero hablaba en un susurro, como si temiera que alguien más lo oyera.

[—“Señor director… la seguridad… ha sido comprometida.”]

—“¡Habla claro!”

Ordenó Higa, ya con el cuerpo tenso.

[—“Parece que hubo infiltrados. Y… y se ha producido un robo.”]

Higa se quedó inmóvil. Su expresión se endureció al instante.

—“¡…!”

No dijo nada.

Solo escuchó algo que no quería oír.

[—“¡Espera! ¡Espera! ¡No vi nada!…]

[¡BAM!]

[ ¡Aaaah…!”]

**Deeeeeeed- Deeeeeeed**

Del otro lado, parecía que el agente había sido descubierto por los implicados.

Y entonces, la línea se cortó de forma repentina.

*****

[DOS HORAS ANTES…]

[Sala De Seguridad De La Ocean Turtle]

[4:00 A.M]

La sala estaba iluminada por el resplandor constante de más de una docena de monitores. Cada pantalla mostraba un ángulo distinto del complejo —pasillos, laboratorios, accesos restringidos, zonas de carga— y las imágenes se actualizaban periódicamente bajo la supervisión de los operadores.

Eran 5 los guardias armados que ocupaban sus respectivos puestos, atentos, cada uno con su gorra negra adornada con el emblema del Ocean Turtle bordado al frente. La atmósfera era tranquila. Desde el incidente de años atrás —cuando Gabriel Miller y su equipo irrumpieron en Underworld—, la seguridad se había reforzado al máximo. Nadie quería repetir aquella pesadilla.

**Beep… swoosh… clack**

La única puerta de acceso se abrió con un leve zumbido mecánico. Su sistema de seguridad era estricto: solo podía activarse desde el exterior mediante una tarjeta con autorización de alto nivel, impidiendo cualquier intento de apertura al interior.

—“¡He vuelto con algo para animarlos a esta hora!”

Dijo una voz joven y familiar.

Era Toma Nishikawa, uno de los miembros más jóvenes del equipo de seguridad, de origen japonés. Tenía unos 26 o 27 años, con el cabello negro ligeramente ondulado, casi castaño oscuro bajo ciertas luces. Su uniforme le quedaba un poco holgado, pero no ocultaba del todo la musculatura discreta que delataba años de entrenamiento constante.

Aunque su rango era igual al de los demás, solía encargarse de tareas menores cuando no estaba en turno activo, algo que hacía sin quejarse. Su rostro, de facciones suaves y mirada amable, transmitía una mezcla de humildad y determinación que lo hacía fácil de querer… aunque al principio no todos confiaban en él.

Esta vez, entraba con una bandeja en las manos, cargada con varios vasos térmicos llenos de café, y una bolsa de papel abultada, repleta de bocadillos para escoger.

—“Sé que a esta hora es difícil mantenerse activo, por eso… tomen, elijan lo que más les guste.”

**Fshhh—clink… tap-tap**

Dijo Toma con una sonrisa tranquila mientras dejaba la bandeja y la bolsa sobre la mesa central de la sala.

Los demás lo miraron con una mezcla de sorpresa y resignación.

—“¿Otra vez con eso, Toma?”

Gruñó Sakamoto, el más veterano del grupo, sin apartar la vista del monitor.

—“Ya te dijimos que no eres nuestro asistente. No tienes que hacer estas cosas cada vez que tienes un rato libre.”

**Rrrtt**

Toma sonrió con humildad y se rascó la nuca, un gesto que ya le era característico.

—“Lo sé… pero no me cuesta nada. Al fin y al cabo, somos compañeros. Y después de tantos años juntos… bueno, son pequeños gestos que valen.”

—“Déjalo, Sakamoto…”

**Tss**

Intervino Kobayashi, tomando su café con leche sin mirar.

—“Este chico lleva más de cuatro años con nosotros y nunca ha fallado en su trabajo. Ya toma tu propio café… ni creas que te lo voy a llevar.”

Sakamoto suspiró, resignado, y justo cuando se disponía a levantarse, Toma ya estaba a su lado, extendiéndole el vaso.

—“Gracias…”

—Ja… Toma, no deberías consentir tanto al veterano. Si fuera yo, lo haría caminar.

Kobayashi se burló con una sonrisa de medio lado, negando con la cabeza. Pero sus palabras eran solo parte del juego: todos estaban acostumbrados a ese tipo de interacción.

—“Sí, sí…”

Asintió Fujita, mientras tomaba su espresso doble sin azúcar.

—“El chico te consiente demasiado, Sakamoto…”

—“¿Y quiénes son ustedes para decir eso? ¿O acaso su caso no es el mismo?”

**Sss**

Soltó Sakamoto con fingida molestia, justo antes de llevarse a los labios su taza de espresso caliente.

Como si le diera la razón, Toma comenzó a repartir los cafés restantes con naturalidad:

—“Nakano, el tuyo con leche de almendras, ¿cierto?”

—“¡Ese mismo! Gracias, Toma.”

—“Y para ti, Inoue, uno con caramelo…”

—“¡Oye, Toma!”

Protestó Inoue entre risas, desenvolviendo uno de los bocadillos.

—“¡Así no nos ayudas a refutar a este viejo canalla!”

—“Es verdad… prácticamente te estás poniendo de su lado.”

Añadió Nakano, solo para molestar más a Toma.

—“¡No, no! Yo solo quiero ayudar… no es que…”

Toma se puso algo nervioso, negando con la cabeza mientras esbozaba una sonrisa incómoda.

—“Ya déjenlo en paz, chicos.”

Gruñó Sakamoto con fingida desesperación.

—“Y dejen de llamarme canalla. ¡Mírense al espejo! No crean que son tan jóvenes como Toma…”

—“Ahí va de nuevo, como si fuera el abogado personal de Toma…”

Comentó Kobayashi, riendo por lo bajo.

—“¿Qué esperabas, Kobayashi? Toma es claramente su favorito, aunque no lo admita.”

Dijo Inoue con cierta indiferencia, pero con un tono que dejaba claro que solo quería echar más leña al fuego.

—“Oh, vamos, jefe.”

Intervino Fujita, exagerando su tono con simpatía

—“Yo también quiero que me trates así…”

—“¡Váyanse al demonio, todos ustedes!”

Sakamoto frunció el ceño, fingiendo molestia mientras alzaba una mano como si fuera a golpearlos por sus payasadas.

Aquello provocó una carcajada general, incluyendo a Toma, que no pudo evitar reírse junto a los demás.

**Hmm… swiv**

Con una media sonrisa, Sakamoto se dio la vuelta lentamente y murmuró:

—“Terminen rápido su bebida y su bocadillo… que hay que volver al trabajo.”

**Shhhhhk-Shhhhhk**

Mientras todos comenzaban a comer y beber con un poco más de prisa tras la sugerencia, Kobayashi le dio un codazo a Toma con una sonrisa pícara.

—“Vamos, cuéntanos… ¿cómo van las cosas con la encantadora y sexy doctora Shizuki?”

Toma se sonrojó al instante, bajando la mirada.

—“Bu-bueno… todo va muy bien…”

Las risas estallaron de nuevo, incluso Sakamoto, que no se giró, dejó escapar una risa ronca mientras escuchaba todo desde su puesto.

—“¡Eres todo un Romeo!”

Soltó Nakano entre carcajadas, dándole una palmada sonora en la espalda.

—“No sé cómo la conquistaste, la verdad, Toma.”

Añadió Fujita, negando con la cabeza.

—“Durante años nadie pudo acercarse a ella… y tú, siendo el novato, terminaste llevándotela poco a poco.”

—“Sí, y ahora es su novia.”

Dijo Nakano con una sonrisa burlona.

—“Aunque eso sí… eres demasiado sobreprotector, ¿eh?”

—“¡Sí que lo es!”

Remató Inoue, levantando su vaso en tono de brindis.

**fwump… sigh**

Toma solo pudo reír, avergonzado, con las mejillas encendidas, mientras se dejaba caer en una esquina de la sala.

Por un momento, todo parecía en calma.

Una escena cotidiana entre compañeros que, tras años juntos, habían aprendido a encontrar refugio en esos pequeños momentos de rutina compartida.

Los minutos pasaban con tranquilidad en la sala de seguridad. Fue entonces cuando Nakano, con una sonrisa traviesa, señaló una de las pantallas.

—“Mira, Toma… hablando de reinas, ahí está la tuya.”

Todos giraron la vista hacia el monitor número 7.

[**click-clack… click-clack**]

En la imagen, caminando con paso rápido pero algo torpe, apareció una joven mujer.

Era la doctora Aya Shizuki, cruzando el pasillo que conectaba directamente con la sala de acceso físico al Lightcube Cluster, el núcleo donde residía Underworld. Aunque era una zona de alta seguridad, su nivel de autorización le permitía ingresar sin restricciones: su labor consistía en verificar el estado de los sistemas, realizar diagnósticos de rutina y asegurar que todo funcionara correctamente.

Esa madrugada, como tantas otras, llevaba una pila de carpetas bajo el brazo, una tableta de datos y un pequeño estuche con herramientas de análisis.

[Swish-swish… click-clack]

Su bata blanca ondeaba con cada paso, dejando entrever una falda de tela oscura que caía justo por encima de las rodillas, combinada con pantimedias negras que acentuaban la firmeza de sus piernas. Su figura era atlética, pero no dejaba de ser femenina: curvas marcadas, proporciones equilibradas, y una postura que combinaba seguridad con un aire distraído.

Su rostro, de facciones delicadas, tenía una belleza serena. Ojos almendrados, ligeramente rasgados, con una mirada enfocada pero suave. Su cabello oscuro caía hasta los hombros, con dos mechones teñidos de rojo que enmarcaban su rostro, dándole un toque juvenil que contrastaba con su expresión concentrada.

[**Step-step… beep… click**]

Al llegar a una de las estaciones de mantenimiento —una terminal secundaria conectada directamente al sistema de Underworld—, se agachó para revisar una lectura en el panel inferior.

[**Tap… fwip… vmmm**]

Mientras lo hacía, colocó la tableta sobre la superficie y comenzó a conectar sensores, desplegando una interfaz holográfica con movimientos precisos.

[**Tic-tic-tic… swipe… bzzt**]

Sus dedos se movían con agilidad, ejecutando comandos, revisando datos, comparando lecturas.

[**Hum… whir… ding**]

Era parte de su rutina diaria a esa hora: un escaneo completo del sistema antes del amanecer.

Justo entonces, su auricular interno emitió un leve **tic-tac**, un sonido codificado que solo ella podía oír.

[**Thump— clank**]

Al continuar su camino con la cabeza gacha, distraída por la reciente prueba del sistema, pasó junto a una estación de trabajo y tropezó con el borde de una silla mal colocada.

[—“¡Kyaa!”]

Exclamó, cayendo de rodillas con un golpe seco.

[**Fwish— scatss— tap-tap-tap**]

Los documentos se esparcieron por el suelo.

**Whirr**

La cámara de seguridad, fija en su ángulo, captó el momento exacto en que su cuerpo cayó hacia adelante, justo frente a la consola.

Su posición bloqueaba por completo la visibilidad del acto desde la cámara, y la silla caída ayudaba a cubrir aún más la escena.

Dejando su trasero en primer plano —acentuado, pero cubierto— justo frente al lente.

—“¡Ooooh! ¡Premio mayor!”

Exclamó Inoue, soltando una carcajada.

—“¡Qué vista!”

Añadió Fujita, entre risas.

**Fwump… grumble…

Toma se levantó de inmediato, visiblemente incómodo.

—“¡Oigan, no deberían estar viendo eso! ¡Ella es mi novia!”

** Step-step**

Caminando hacia el panel de control y colocándose firmemente entre sus compañeros y la imagen.

**Clank— click— vwrrp**

Tomó una de las palancas y desvió la cámara hacia un ángulo más neutral, enfocando ahora una pared vacía.

—“¡Vaya, vaya!”

Rió Kobayashi

—“¡Mírenlo! Súper protector, como siempre.”

—“Es cierto —añadió Nakano, levantando las manos en señal de paz—. Tranquilo, Toma. Solo estábamos admirando el paisaje…”

—“Sí, sí, nada más que el paisaje, je, je.”

Repitió Inoue, riéndose.

Toma se sonrojó hasta las orejas.

—“No deberían… no importa que… ¿No tienen ustedes esposas?”

—“Yo sí…”

Respondió Nakano, encogiéndose de hombros.

“Pero ¿quién te prohíbe mirar el paisaje de vez en cuando? No es pecado, ¿o sí?”

**Rsss-tss**

Toma suspiró, llevándose una mano al lóbulo de la oreja izquierda. Lo frotó con suavidad, como si calmara el calor que le subía por la cara. El gesto era sutil, casi imperceptible… pero no era casual.

Un leve tic-tac, apenas audible, se activó con ese roce.

Un código.

Una señal.

Nadie lo notó.

*****

[Sala de acceso físico al Lightcube Cluster]

**Tck… tck… tck…**

La doctora Aya Shizuki, aún agachada recogiendo los papeles que se le habían caído momentos antes, mantenía la compostura. Su rostro, que hasta hacía poco mostraba una mezcla de torpeza y dulzura, se volvió repentinamente serio al escuchar el leve tic-tac en su auricular interno oculto.

Un mensaje claro:

 

**Shff… tap…**

Sin mirar a los lados, se incorporó con naturalidad y se acercó a una de las estaciones de red. Fingiendo que reorganizaba los documentos en sus brazos, deslizó discretamente la manga de su bata. Bajo ella, llevaba un reloj de diseño clásico, elegante… pero con una función oculta.

**Click… chk—whirr…**

Presionó un lateral.

Un pequeño compartimiento se abrió, revelando un dispositivo retráctil, similar a un USB, del tamaño de una uña. Al desplegarse, adoptó una forma curva y metálica, diseñada para encajar con precisión.

**Clink… bzzt…**

Con un movimiento fluido, lo conectó al puerto lateral de la consola.

Un parpadeo.

Transferencia iniciada.

**Poom… vmmm…**

El dispositivo se iluminó con un tenue pulso azul.

En su interior, una micro-IA se activó al instante.

**Trrrk… zzzzt…**

Le bastaban menos de un minuto —entre 40 y 50 segundos— para escanear el sistema, identificar y extraer toda la información relacionada con Fluctlight, ignorando cualquier otro dato irrelevante.

*****

[Underworld]

[Ruinas del laboratorio subterráneo — Núcleo colapsado]

**Shhhhhh…**

La oscuridad reinaba entre los escombros.

Todo estaba en silencio.

Muerto desde hacía muchos años.

Una negrura espesa lo cubría todo, como una boca de lobo que devoraba incluso el recuerdo de la luz.

Hasta que…

**Tck… tck… tck…**

**Rrrrmmble… crick… crick…**

Una vibración sutil recorrió el suelo agrietado.

El polvo acumulado cayó en hilos desde las grietas del techo.

Y en medio de los restos, una diminuta figura, inmóvil como una estatua olvidada, comenzó a temblar.

**Pik… pik… vrrrm…**

Una de las arañas golem.

Sus ojos, antes apagados, parpadearon con un leve destello rojo. Luego azul. Luego… verde azulado.

Ese mismo pulso cromático se extendió por su cuerpo, tiñendo su superficie con una intensidad creciente.

Las partes dañadas —articulaciones corroídas, sensores apagados— comenzaron a repararse con rapidez, como si el tiempo se revirtiera sobre su estructura.

En medio de la oscuridad, su silueta resplandeciente era imposible de ignorar.

**Zzzzt…**

Un pulso más fuerte recorrió su cuerpo.

**Krrrnk… shhh—crack… fssshhh**

La capa de piedra que la cubría se resquebrajó lentamente, dejando escapar haces de luz desde su núcleo.

Era la misma tonalidad intensa, casi líquida, que irradiaba la semilla de voluntad que Kirito había dejado atrás años atrás.

**Fshhh… clack… clack…**

Sus patas se movieron con torpeza al principio, como si despertara de un sueño eterno.

En sus pupilas, diminutas pero brillantes, comenzaron a danzar cadenas de ceros y unos.

Estaba leyendo.

Analizando cada partícula, cada señal residual, cada fluctuación en el entorno.

Y más allá de lo visible…

Comprendía lo que la había despertado.

**Tck… tck… tck…**

Y no estaba sola.

A su alrededor, otras figuras comenzaron a moverse.

Una a una, más arañas golem emergieron de entre los escombros, sacudiendo el polvo, activando sus núcleos.

Sus ojos también se encendieron, repitiendo el mismo patrón: rojo… azul… verde azulado.

Eran cientos.

Restauradas tras los daños que Higa les había causado tiempo atrás.

Y ahora, sincronizadas.

**Whummm… shnk…**

Se alinearon en círculo con precisión.

Levantaron sus cuerpos, iluminados como estrellas de un azul verdoso, apuntando sus sensores hacia el cielo digital.

Una red invisible se tejía entre ellas, pulsando con una energía única.

**Fzzzzm…**

Y entonces lo vieron.

Una red de líneas de datos —como filamentos de luz líquida— cruzaba el cielo virtual.

Un flujo de información estaba siendo extraído, no solo desde allí, sino desde todo Underworld.

Era un drenaje masivo, selectivo, perfectamente alineado con un propósito final.

Para ellas, se manifestaba como un canal de ceros y unos que se extendía hacia el exterior, como una arteria digital que latía con destino desconocido.

**Vmmm…**

Los cuerpos de las arañas comenzaron a concentrar su brillo.

**Vrrrmmm… tik… tik… shhhhhh**

Desde sus bocas —alimentadas por sus núcleos— emergieron partículas azul verdosas, una a una, como fragmentos dispersos de un rompecabezas.

Cada araña entregaba múltiples fracciones de esa luz.

Un recuerdo.

Un código.

Un eco.

Un Fluctlight fraccionado.

**Tink… tink… tink…**

Las partículas flotaban hacia el centro del círculo, donde comenzaban a formar una esfera suspendida.

No se tocaban.

No se fusionaban.

Pero estaban completas.

Completa en esencia.

Cada fragmento sabía exactamente dónde debía estar.

Cada parte reconocía su lugar.

**Fshhh—Zzzzt—Tck**

Y entonces, justo antes de que la última partícula se estabilizara… comenzó la extracción.

Las partículas, una a una, comenzaron a desvanecerse.

Parecían apagarse como llamas residuales.

Pero no desaparecían.

Eran absorbidas.

Su luz era succionada por el mismo canal de datos que drenaba Underworld, reconociéndolas como parte de su selección programada.

**Vrrrm… hum…**

Las arañas lo vieron.

Y no lo detuvieron.

Al contrario.

Potenciaron el proceso.

Sus cuerpos vibraron.

Sus núcleos brillaron con más intensidad, canalizando toda su energía restante para impulsar la transferencia.

Sabían lo que estaba ocurriendo.

Y lo aceptaban.

**Pshhh… pshhh…**

Una a una, las partículas desaparecieron.

Y con la última chispa absorbida por el canal…

**Clack… clack… clack…**

Las arañas comenzaron a colapsar.

Sus cuerpos, ahora teñidos de un gris opaco, se apagaron por completo.

La luz se extinguió con la última partícula.

**Crk… crk… shrrrk… fsssshh…**

Y luego, lentamente, comenzaron a desmoronarse, pedazo a pedazo, desintegrándose como si hubieran entregado su último aliento.

**Shhhhhh…**

Habían cumplido su propósito con total fidelidad.

El último encargo de su creador.

Y así, entre los escombros del laboratorio destruido, las últimas guardianas de un legado se deshicieron en polvo…

Mientras el canal de datos seguía su curso, llevando consigo algo más que información.

¡Gracias por llegar hasta aquí!

Si estás leyendo esto, significa que has acompañado la historia hasta este punto, y eso ya es un regalo enorme para mí. De verdad, gracias por tu tiempo, tu atención y tu interés en este mundo que con tanto esfuerzo he construido.

Quiero pedirte algo muy simple pero muy valioso: déjame un comentario. Puede ser una opinión, una reacción, una teoría, una frase que te haya gustado… incluso un simple “gracias” o un emoji. Créeme, eso tiene un impacto enorme en la motivación de cualquier escritor. Saber que hay alguien al otro lado, que lo que uno escribe no se pierde en el vacío, es lo que nos da fuerzas para seguir.

En el capítulo anterior, nadie comentó nada. Ni una palabra. Y aunque entiendo que a veces no hay tiempo o no se sabe qué decir, el silencio puede pesar más de lo que parece. Uno empieza a preguntarse si lo que hace realmente está llegando, si vale la pena seguir. Y yo quiero seguir. Pero necesito saber que hay alguien ahí.

También, si estás disfrutando la historia, no olvides dejar una reseña y calificar el libro. Eso ayuda muchísimo a que más personas puedan descubrirlo. Y si puedes, regálame una piedra de poder. Es una forma directa de apoyar este proyecto y de decir “sigue adelante”.

Gracias por estar aquí.

Gracias por leer.

Gracias por acompañarme en este viaje.

Nos vemos en la próxima actualización.

[Sala de acceso físico al Lightcube Cluster”]

**Poom… vmmm…**

El dispositivo se iluminó con un tenue pulso verde.

Transferencia terminada.

La micro-IA notificó que había completado satisfactoriamente la extracción de los datos Fluctlight desde Underworld con esa luz verde.

**Clink… bzzt…**

Aya, con un movimiento ágil de su mano derecha, lo desconectó del puerto lateral de la consola, como si jamás hubiera estado allí.

**Shhh-click… fwip… clink**

El USB avanzado se retrajo hasta alcanzar su tamaño más diminuto, antes de ser insertado en el compartimiento oculto del reloj elegante que llevaba en la muñeca, volviéndose completamente invisible.

**Hmm… smile… swoosh**

Esto provocó una sonrisa casi imperceptible en el rostro de Aya al comprobar que todo había salido bien. Con naturalidad, se colocó un mechón de cabello detrás de la oreja.

**Tap-tap… tic… bzzt**

Luego, envió una serie de pequeños toques codificados en clave Morse: una señal de confirmación positiva del proceso, dirigida a su compañero al otro lado.

**Click… whir… beep-beep**

Inmediatamente después, retomó su labor habitual, concentrándose en el análisis y diagnóstico del sistema, como parte de sus tareas rutinarias dentro de la Ocean Turtle.

No podía desaparecer ahora, porque eso levantaría sospechas desde la sala de seguridad, pondría en aprietos a su compañero y, peor aún, arruinaría el plan que llevaba años esperando este día.

*****

[Sala de Seguridad de la Ocean Turtle”]

**Tap-tap… tic… bzzt**

Toma seguía de pie frente al panel de control, bloqueando la vista de la cámara que había desviado minutos antes. Su postura era firme, pero su incomodidad era evidente. En ese preciso momento, le llegó la confirmación de Aya: todo estaba hecho.

—“Ya está bien, Nishikawa…”

La voz grave de Sakamoto, el veterano, resonó desde su asiento sin apartar la vista del monitor principal.

—“Ya dijimos que no la vamos a mirar más. Puedes quitarte de ahí…”

Toma giró apenas el rostro, levantando una ceja con cautela. La mirada de Sakamoto era neutra, pero había un dejo de sospecha en su tono.

**Gulp**

Toma tragó saliva, intentando mantener la compostura.

—“Sí… está bien. Solo… ya me lo prometieron.”

**Tshk tshk… frrrrr**

Se rascó la nuca, avergonzado, y añadió con una sonrisa forzada:

—“Perdón si reaccioné así. Es solo que… soy un poco celoso. Y no creo que a nadie le gustaría ver a su pareja en esa situación…”

—“Tranquilo, lo entendemos.”

Dijo Kobayashi, alzando su taza con una sonrisa conciliadora.

—“Si ella fuera mi novia, probablemente habría hecho lo mismo. Es parte de madurar, ¿no? Te estás volviendo más hombre de lo que pareces, Toma.”

—“Sí, pero todavía le falta… ¡Ja, ja, ja!”

Soltó Inoue con una carcajada.

—“Sigue siendo demasiado tímido. Deberías ser más valiente, Toma. Así tu chica se enamora más de ti.”

**Thwack!**

—“¡Ja, ja, ja!”

Nakano estalló en risa, dándole una palmada en la espalda.

—“¡Eso! ¡Escucha al maestro del romance!”

**Skreeek!**

—“¡Basta de estupideces!”

Gruñó Sakamoto, interrumpiendo y girando bruscamente en su silla.

—“¡Vuelvan al trabajo, todos!”

Kobayashi, negando con la cabeza y ya acostumbrado al humor cambiante de su jefe, dijo:

—“Ya han oído… a trabajar.”

Los demás asintieron en acuerdo y volvieron a sus puestos.

Sakamoto, clavando su mirada en Toma, dijo con la misma autoridad:

—“Y tú también, Nishikawa… tu hora de receso ya se acabó…”

**Fwump**

—“Sí, jefe… lo siento por lo de ahora…”

Toma asintió con rapidez, aún avergonzado, y se dejó caer en su asiento de trabajo como de costumbre.

**Click… tap… tap…**

Comenzó a revisar los registros de rutina, imitando la concentración de sus compañeros.

**Frrrrp**

Desde su asiento, con aparente normalidad, bajó la mirada por un instante y se tocó disimuladamente el lóbulo de la oreja izquierda.

Una chispa de satisfacción cruzó su rostro.

Pero esta vez, su sonrisa no era la habitual: ni humilde ni nerviosa.

Era otra. Más contenida y oscura.

Una sonrisa que no mostraba a nadie en este lugar… pero que hablaba por dentro.

[4:47 A.M.”]

**Bzzzzzz… tiktiktik… ták**

Pasaron unos treinta minutos. La sala se mantenía en calma, con el zumbido constante de los monitores y el tecleo ocasional de los operadores. Todo parecía en orden.

Sakamoto, el jefe de turno, revisaba las cámaras con la mirada fija. Pero su mente, por alguna razón, volvió a la escena de antes: Toma desviando la cámara con tanta insistencia. En su momento no le dio importancia… pero ahora, en retrospectiva, algo no cuadraba.

Frunció el ceño.

—“Qué raro…”

Murmuró para sí, negando con la cabeza como si quisiera sacudirse la sospecha.

Fue entonces cuando lo sintió.

**Thump…**

Un mareo repentino lo obligó a llevarse la mano a la frente.

**Throb… pulss…**

Su visión se nubló. Las fuerzas comenzaron a abandonarlo. Sus dedos temblaban. El cuerpo no respondía.

—“¿Qué… qué demonios…?”

Balbuceó, con la voz pastosa.

Giró la cabeza con esfuerzo… y lo que vio lo dejó helado.

Sus compañeros —Kobayashi, Inoue, Nakano, Fujita— estaban desplomados sobre sus escritorios, inertes, con los rostros hundidos entre teclados y consolas. Incluso uno de los guardias junto a la puerta yacía caído, inmóvil, afuera de la habitación que mostraba el monitor.

—“¡Chicos! ¡¿Qué les pasa?! ¡Reaccionen!”

Gritó con desesperación, intentando levantarse… pero…

**Crash—thud**

La silla se volcó. Sakamoto cayó al suelo con un golpe seco. Sus piernas no respondían… mejor dicho, todo su cuerpo no respondía.

—“Esto…”

El pánico se apoderó de él.

**Tump… tump… tump…**

Fue entonces cuando escuchó pasos.

Lentos.

Firmes.

**…shhhh**

Se obligó a levantar la cabeza.

**Tump… tump… tump…**

Toma se acercaba.

Pero ya no era el mismo.

Su rostro había cambiado.

No quedaba rastro de timidez, ni de humildad.

Solo una expresión fría, segura… y cruel.

Como si todo lo que había sido durante años no fuera más que una máscara.

—“T-Toma… Tú…”

Sakamoto apenas podía articular palabras.

—“¿Cómo… cómo pudiste…?”

Toma se agachó frente a él, mirándolo desde arriba con una mezcla de lástima y superioridad.

—“Lo siento, jefe. Pero el otro negocio paga mejor. No es nada personal.”

Sakamoto parpadeó con dificultad.

—“Fue… el café… ¿verdad?”

**Tsk, tsk, tsk… hmmph…**

Toma negó lentamente con la cabeza, chasqueando la lengua con una sonrisa torcida.

—“Por supuesto que sí. Solo tuve que acostumbrarlos a la rutina durante años. Saber cuándo bajaban la guardia, cuándo caería cada uno… Hasta yo habría caído en eso sin ninguna advertencia. Así que no te preocupes por no verlo venir.”

**Thsssss—khhh…**

Se incorporó con calma, observando los cuerpos inertes de sus compañeros con frialdad.

—“¿Y sabes algo? No los mataré. No hace falta. Solo… duérmete, como los demás. Así no sufres. Solo serás una víctima más de todo esto.”

**sht-thunk**

Con eso, Toma sacó un arma: una pistola con silenciador, y la apuntó a la cabeza de Sakamoto.

—“Aunque tengo el poder de matarlos… no lo haré. Por los viejos tiempos.”

**clak— zzzip**

Acto seguido, guardó la pistola en su funda con burla.

**Grrrrr… khhhh**

Sakamoto apretó los dientes al entender el porqué, y con las últimas fuerzas que le quedaban, murmuró, apenas audible por no poder alzar más la voz:

—“Eres… un demonio… ¿cómo pudiste… traicionar así…? ¿A tu país…?”

**Tump… tump…**

Toma se encogió de hombros mientras se ponía detrás de él y decía:

—“Ya te lo dije. El otro paga mejor. Digamos que… unos cuantos millones más…”

**Crack—thud**

El golpe fue seco, preciso.

Toma lo dejó inconsciente con un golpe certero en la nuca.

—“Descansa, jefe. No necesitarás echarte la culpa…”

**Shhhk— shhhk— tic**

Se incorporó, se ajustó el uniforme con calma y se llevó la mano a la oreja.

**Tap… bzzt…**

Activó el canal de comunicación.

—“Aquí Toma. El objetivo está asegurado. Procediendo al siguiente paso.”

La voz de Aya resonó en el auricular de Toma, con un tono contenido pero cargado de tensión.

[—“Tenía rato esperando… No los mataste, ¿verdad?”]

**…hmmm… click., click, click…**

Toma sonrió para sí, sin dejar de revisar los sistemas de las computadoras con cierto sarcasmo.

—“¿Cómo crees? Claro que los maté a todos… No sabes cuántas ganas tenía.”

[—“Toma, por favor. No es momento para bromas.”]

—“Sí, sí… Claro que no. Solo te estoy tomando el pelo, mi querida novia.

[—“Sabes que solo estamos fingiendo, ¿no? Ni loca saldría contigo… Te lo he dicho cientos de veces…”]

Toma frunció el ceño. Aunque ella no podía verlo, su expresión se endureció. Respondió con una indiferencia forzada:

—“Claro… eso dicen todas. Hasta que ven lo popular y millonario que soy… Y ahora, mucho más cuando salga de este odioso país al terminar este trabajo tan largo…”

[—“Oye, tú naciste aquí, igual que yo. No es necesario que insultes tu patria.”]

—“Sí, sí… ahórrate tus hipocresías educativas. Tú no eres nadie para darme lecciones, Aya…”

[—“Tú no sabes cuáles son mis razones ni por qué lo hago. Estoy segura de que no es solo por dinero… como alguien como tú.”]

—“Ja, ja, ja… Dejemos esta charla para otro momento, ¿no te parece, Aya?”

[—“…Será lo mejor para mi salud. Primero, antes de salir de aquí de manera discreta, tenemos que reunir la información acumulada y destruir todo lo necesario.”]

—“Sí. Déjame encargarme de estos cuerpos, acomodar todo para que parezca natural… y hacer una pequeña cosa más. Algo que me va a sumar unos milloncitos extra a la cuenta, ¿recuerdas?”

[—“Lo recuerdo. Sin embargo, no me has dicho qué es en realidad ese trabajo extra, Toma…”]

La voz de Aya sonaba desconfiada y molesta; no le agradaba que se alargara su escape, mucho menos sin conocer el riesgo de querer obtener más.

—“Son asuntos que vienen de arriba, y no se me ha dado permiso para hablar de ello… ni siquiera contigo, querida.”

La voz de Toma dejaba clara su intención de no revelarle nada sobre su otra parada. Aya no tuvo más opción que responder:

[—“Está bien, pero no tomes mucho tiempo. Tenemos poco margen para salir de aquí. Si nos demoramos, podrían descubrirnos. Mientras más tiempo pase, más probable es que esto se salga de control.”]

—“Te prometo que será rápido.”

**Click*

La línea se cortó.

**Shhht—thump. Shhht—thump**

Toma se puso en marcha. Con precisión meticulosa, acomodó los cuerpos de sus compañeros caídos, colocándolos en posiciones que simularan cansancio o simple somnolencia frente a los monitores.

Reemplazó el feed en tiempo real con una repetición de una grabación antigua: un turno nocturno cualquiera, con los guardias despiertos, trabajando, bebiendo café, revisando pantallas. Un bucle perfecto. Un engaño visual.

Todo parecía normal.

Todo era una ilusión.

—“Está hecho…”

Toma se detuvo un momento con una leve sonrisa oscura. Miró por última vez la sala. Sus compañeros. Sus “amigos”.

—“Adiós, compañeros…”

Murmuró con una sonrisa más torcida.

—“Fue divertido durante estos años… pero tengo que partir.“

**Clack**

Cerró la puerta tras de sí.

Y sin mirar atrás, se dirigió a su siguiente objetivo.

*****

[Centro de Diagnóstico – Ocean Turtle”]

—“Ahaaaa…”

Aya cerró la comunicación con Toma y dejó escapar un suspiro largo, cargado de frustración.

—“No tengo elección…”

Sentía una irritación profunda por tener que trabajar con él, pero no le quedaba otra opción. Fingir era su única salida. No por ella… sino por los suyos.

Había sido amenazada. Su familia, secuestrada y llevada a un país extranjero. Y aunque no le importaba morir, no podía permitir que ellos sufrieran las consecuencias de su doble vida.

Era su país… o su familia.

Y eligió a su familia.

Incluso si buscara ayuda en Japón, ¿cómo podría salvarlos? No estaban allí. Estaban lejos. Ni siquiera sabía con certeza dónde los tenían retenidos.

—“Son unas escorias… ¿Cómo pueden hacerle eso a personas inocentes?”

**…grrr… sssshh…**

Murmuró con los puños apretados, solo por recordar la situación de su familia mientras seguía caminando.

Era impresionante lo que un gobierno podía hacer por conseguir lo que quería.

Ella era una espía de campo, pero no una traidora por voluntad propia.

Solo una prisionera con una sonrisa bien ensayada.

**Toc… toc… toc… shhhh…**

**Tik-tik-tik…**

Con el rostro nuevamente sereno, se dirigió al área común, donde varios científicos trabajaban frente a sus terminales. Entre ellos, una joven de cabello castaño claro, apenas unos años menor, se acercó con una sonrisa cálida al verla llegar. Era Emi Takasugi, su compañera y amiga más cercana en la Ocean Turtle, a quien había conocido durante estos años.

—“¿Y? ¿Cómo te fue?”

Preguntó Emi con tono amable.

—“ ¿Hubo algún problema? Ya sabes que siempre puedes contar conmigo.”

Aya negó suavemente, esbozando una sonrisa tranquila.

—“No, todo salió bien. Como siempre. El sistema… y el mundo… según mis registros, todo está normal.”

—“Me alegra. Lo cotidiano, al menos. Aunque a veces siento que tratan a esa supercomputadora como si fuera un bebé.”

Aya rió con suavidad.

—“Sí… la miman como si fuera un niño. Pero bueno, para eso nos pagan, ¿no?”

—“Exacto… sin contar las razones lógicas…”

Asintió Emi, y luego se fijó con atención en Aya al notar algo extraño en su expresión.

—“Aunque… ¿estás bien? Te ves un poco pálida…”

**…hm …shh…**

Dijo, preocupada, al tocarle el brazo con suavidad.

Aya bajó la mirada, fingiendo incomodidad.

—“Ah, lo notaste… es que últimamente me he sentido un poco mal… ahora mismo tengo algo de náusea.

Emi frunció el ceño, pensativa.

—“¿Náusea? ¿No estarás embarazada, verdad? Sabes lo problemático que sería ahora, Aya…”

—“¿Pero qué dices, Emi? No, no creo que sea eso…”

Rspondió Aya, actuando con una mezcla de nerviosismo y vergüenza, agitando las manos en negación total.

Emi la observó con una ceja levantada, manteniendo su picardía y sin creer del todo, más aún porque Aya tenía novio.

—“No sé… me han dicho que tu novio Toma ha estado mucho tiempo en tu cuarto últimamente… Digamos que unas horas…”

Aya fingió sonrojarse, bajando la mirada.

—“Es simplemente una charla para conocernos mejor… Nada más. Ni nada menos…”

—“Ja, ja, ja… Lo que tú digas…”

Rió Emi.

—“Pero ya sabes, cualquier cosa o cualquier secreto… puedes contármelo. Para eso son las amigas…”

—“Gracias…”

Dijo Aya, bajando la voz.

—“Lo que sí necesitaría es que me cubrieras mientras voy a mi cuarto. Me siento un poco mal… me gustaría descansar unas horas. ¿Podrías cubrirme este turno, Emi?”

**Fwip— shhh…**

Juntó las manos en un gesto suplicante. Emi la miró con fingida altivez, cruzándose de brazos.

—“Bueno, bueno… ya te he dicho que puedes contar conmigo. Lo haré. Solo porque eres mi amiga. Y porque tú también me has cubierto antes… Aunque ya terminé mi turno, no tengo problema en quedarme un rato más.”

—“Gracias de nuevo…”

**Psshhhh…—ssshh—fff—**

Susurró Aya, abrazándola con fuerza de manera repentina.

—“Realmente agradezco haber trabajado contigo tanto tiempo, Emi… No lo olvides.”

Emi frunció el ceño, algo confundida por tales palabras.

—“Oye… si no te conociera, diría que eso sonó como una despedida tuya…”

—“¿Ah? No, no… solo me dejé llevar y quería decir lo agradecida que estaba de tenerte.”

**Tsk… hh—**

Aya sonrió, algo avergonzada mientras la soltaba.

—“Ahora déjame buscar algo en mi computadora. Tengo que revisar unos archivos mientras descanso un poco en mi cuarto, y después tú te puedes hacer cargo.”

Emi, olvidando lo anterior, asintió. No era raro llevar un poco de trabajo a la habitación; ella misma lo había hecho en ciertas ocasiones.

—“Está bien, Aya. Voy a buscar algo para tomar. ¿Quieres algo?”

—“No, gracias… ahora solo quiero tomar mi medicina, que está en mi habitación. Pero gracias, Emi…”

—“No te preocupes. Entonces nos vemos, Aya…”

Emi asintió y se alejó sin sospechar nada.

**Tik-tik-tik…**

Aya la observó marcharse, y su expresión se tornó melancólica.

—“Te extrañaré mucho, Emi…

A diferencia de Toma, ella sí había sentido compañerismo. Había compartido risas, desvelos, confidencias. Nada de eso fue falso. Nada… hasta hoy.

**Toc… toc… toc…**

Sacudiendo la cabeza, empezó a caminar hacia su puesto de trabajo.

Al llegar, se acercó a su terminal e introdujo la contraseña.

Click… tap… bzzt…

Accedió a los archivos que había recopilado en secreto durante meses: registros, informes, análisis de los demás científicos sobre el Fluctlight.

**Bzzzt… blip… zzzip.**

Los transfirió a un segundo dispositivo, similar al que llevaba en la muñeca, y lo guardó en el bolsillo interior de su bata. Luego formateó el disco de la computadora, dejándolo completamente limpio e irreconocible.

**Toc… toc… toc…**

Sin mirar atrás, se dirigió a su habitación.

*****

[Pasillos del Nivel Residencial – Ocean Turtle”]

**Toc… toc… toc…**

Aya caminaba con paso firme por los pasillos silenciosos del complejo. A esa hora, solo unos pocos empleados cruzaban su camino: técnicos de mantenimiento, dos investigadores que regresaban de turno y una enfermera que bostezaba mientras revisaba su tableta. Todos la saludaban con gestos breves, algunos con una sonrisa, otros con un simple movimiento de cabeza.

Ella devolvía cada saludo con cortesía, aunque por dentro le dolía.

Cada rostro, cada voz, cada gesto…

Sabía que probablemente no volvería a verlos.

*****

[Puerta 3B-17 – Habitación de la Dra. Aya Shizuki”]

**Shhhk**

La puerta se deslizó con un suave sonido, revelando su habitación.

No era grande, pero tampoco pequeña.

Era cómoda. Estable.

Un espacio diseñado para hacer que uno no sintiera la necesidad de volver a tierra firme.

Cualquiera que entrara pensaría que se trataba de un pequeño apartamento: cama amplia, escritorio, estanterías, una pequeña cocina integrada y una ventana desde la que se podía ver el exterior de la instalación flotante.

**Shhhk-Click**

Aya cerró la puerta tras de sí y se quedó en silencio.

Su instinto le gritaba que algo iba a salir mal.

No sabía de dónde venía esa sensación… pero nunca había fallado.

Ese instinto la había salvado más de una vez en diferentes misiones.

—“Es muy extraño…”

Y ahora, con Toma ocultándole detalles, diciendo que su parte de la misión era “confidencial” y “especial”, la sospecha se volvió más densa.

Algo se le escapaba… y era muy importante.

**Frrrp— shhhk**

Sin perder tiempo, comenzó a cambiarse de sus ropas de científica.

**zip— thud— fwip**

Se quitó la bata blanca y la ropa de trabajo, y se colocó un conjunto táctico cuidadosamente preparado que había estado oculto bajo el piso, cubierto por una alfombra.

**clack— vrrrr— snikt**

Primero, un chaleco antibalas flexible, moldeado al cuerpo, invisible bajo la ropa.

**click click— kshhh— tak**

Luego, armas ligeras y dispositivos explosivos miniaturizados, capaces de adherirse a cualquier superficie, ocultos en compartimientos internos.

**Shhhf— khhht**

Se puso unos pantalones de tejido resistente a impactos, azul marino, pero con un diseño moderno, como si fueran parte de un atuendo casual, y una chaqueta para mayor cobertura y combinación.

**Clump— clump— snikt**

Finalmente, se calzó unas botas tácticas negras, de suela reforzada y diseño discreto, perfectamente integradas al conjunto. Cada una ocultaba en la punta un cuchillo retráctil, lo suficientemente largo y afilado como para ser letal en una emergencia. Un recurso silencioso, inesperado… y mortal.

Todo estaba pensado para el combate… pero también para pasar desapercibida.

Luego se colocó frente a su escritorio y encendió su laptop personal.

**Click… tap… bzzt…**

Borró todo el historial.

Antes de formatear el disco, se detuvo.

En la pantalla, una carpeta con fotos familiares.

**Click**

Abrió una.

**Click**

Luego otra.

Su madre. Su hermano menor.

Una imagen de todos juntos en un parque, sonriendo.

—“Lo siento por meterlos en este lío…”

**khh… tsk**

Murmuró, mordiéndose los labios.

**Shhh**

Una lágrima rodó por su mejilla al contenerse.

Solo una.

**fwip**

La secó de inmediato con el dorso de la mano izquierda.

—“No es el momento…”

Todo lo hacía por ellos.

**Klik— bzzzz**

Volviendo a donde había quedado, insertó un pequeño dispositivo que liberó un virus destructivo: cualquier intento de extracción futura activaría un cortocircuito interno, quemando los circuitos y liberando un código que destruiría cualquier sistema conectado.

Nada quedaría.

Sabía que no podía llevarse mucho sin levantar sospechas.

Solo tomó lo esencial: lo que podía ocultar en su ropa, lo que no delataba su verdadera intención por un breve tiempo, lo suficiente para salir del país.

Finalmente, bajó la mirada hacia su muñeca.

El reloj donde estaba el dispositivo USB retráctil.

**Frrrp— thump**

Luego, tocó su chaqueta, donde estaba el otro, oculto en el forro, perfectamente camuflado con su atuendo.

—“…”

Algo le decía que debía hacer algo con ellos.

Aún no sabía qué.

**Shhhk-Click**

**Toc… toc… toc…**

Tras pasar unos minutos más en la habitación, preparándose y viendo que se hacía tarde, salió de su habitación a buscar a su “compañero”, Toma, con esa certeza silenciosa que se reflejaba en su mirada por un breve momento.

*****

[Unidad de Soporte Robótico de Fluctlight – Ocean Turtle”]

[5:31 A.M.]

**Bzzzz… shhhh……tmmmmm…**

El zumbido leve de los sistemas de soporte llenaba la habitación con un murmullo constante. En el centro, sobre una cama de contención acolchada, yacía una figura de cabello dorado, largo y brillante como el sol de primavera. Su cuerpo, aunque robótico, conservaba cada detalle de su apariencia en Underworld: piel suave, proporciones humanas, expresión serena.

Vestía un conjunto moderno en tonos azul oscuro y blanco marfil: una blusa de tela suave con detalles dorados en los bordes, y pantalones ajustados de corte elegante, todo diseñado a medida para que su portadora se sintiera más cómoda en este mundo.

**Hmmmmmm— tunk**

En ese momento, la cama se elevó ligeramente y luego se inclinó unos 45 grados de forma suave, casi incorporando a su ocupante. Gracias a esa posición, se podía ver con claridad una conexión ubicada detrás de su cabellera dorada: el único vínculo físico que la unía a la máquina. Ese conector permitía trasladar su Fluctlight desde el mundo de Underworld al mundo real, hacia un núcleo alojado en su cuerpo robótico, el cual estabilizaba y adaptaba su conciencia para que pudiera manejar esa forma artificial.

**Beep**

Sonó un pitido leve, y alguien se acercó por detrás.

**…shhhh… tik…**

Con sumo cuidado, retiró el conector de su cabeza.

—“Con eso hemos terminado…”

La voz que habló al guardar el conector era femenina.

—“¿Me oye, señorita Alice?”

Preguntó al no ver movimiento en el cuerpo sobre la cama.

**Shhh… fff… click**

Entonces, Alice Zuberg abrió lentamente los ojos.

**Vrrrr… fwip**

Sus pupilas azules se contrajeron al adaptarse a la luz artificial, mientras los sensores ópticos calibraban su visión.

—“Ahaaa…”

Respiró… o al menos lo simuló.

Aunque no era necesario para ese cuerpo, para Alice —una humana virtual— era un gesto natural.

Un reflejo aprendido que no podía olvidar.

Ese gesto también había sido programado para su comodidad. Sería muy perturbador no hacerlo, incluso para quienes la rodeaban.

—“Sí, la oigo… Disculpe por la molestia.”

Su voz sonaba tranquila, pero su mirada no.

Estaba cargada de urgencia.

Había descubierto algo en Underworld hace apenas unos momentos.

Algo importante.

Algo sobre Kirito… que lo cambiaba todo.

Y debía contárselo a los demás lo antes posible.

Especialmente a Asuna… ahora que se había casado.

—“No es ninguna molestia. Sin embargo, ¿se siente mal, señorita Alice?”

La voz suave y profesional de la mujer interrumpió sus pensamientos agitados.

El nombre de esta mujer era Reina Kurose, asistente personal del Dr. Higa. De cabello oscuro recogido en una coleta baja, bata blanca impecable y una tableta en la mano, Reina la observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación.

—“Tienes un rostro… preocupado.”

Alice parpadeó una vez, luego desvió la mirada y respondió:

—“No es nada. Solo… emociones que traje de Underworld. Me encontré con viejos amigos.”

Reina asintió con comprensión, aunque notó el deseo de Alice de no profundizar en el tema.

—“Es normal. Las emociones del otro mundo… son muy reales. Y más para ti, que eres de allí. Aunque este sea el mundo físico, no se pueden ignorar…”

—“Sí… así es…”

Alice no dijo mucho más. Bajó la mirada y asintió.

—“Me sorprendió que pidieras que te despertara antes de la hora programada, señorita Alice. Dijiste que te activara a las seis… pero luego cambiaste a las cinco y media. ¿Por qué?”

—“No lo sé. Solo… sentí que debía hacerlo…”

Alice no pudo decir más sin revelar demasiado. Ya comenzaba a desconfiar, tras lo que había descubierto sobre Kirito.

—“Está bien…”

Reina sonrió con suavidad.

—“Todos tenemos nuestros secretos. Y tú tienes los tuyos… de tu propio mundo. Pero si es algo importante, no deberías guardártelo para ti sola…”

Alice negó con la cabeza y esta vez miró directamente a los ojos de Reina.

—“No es un secreto que deba ocultar. Es algo… para mis amigos.”

—“…”

Reina la observó un segundo más, luego suspiró.

—“Si es así, me alegro. Por eso no insistiré…”

**Shhhh— clask**

Con eso, se dio la vuelta al ver que todo estaba en orden con Alice y su regreso al mundo real. Deteniéndose justo en la salida de la habitación, dijo:

—“Ahora, señorita Alice, me despido. Tengo que irme a hacer otras cosas importantes… ya sabe, vida de secretaria. Ja, ja… Pero no olvide que tiene una cita con el doctor Higa a las 7:30 a. m.”

Alice esbozó una sonrisa leve al verla hacer una reverencia en la puerta y asintió con suavidad.

—“Lo entiendo. Y muchas gracias.”

—“No hay de qué…”

**Shhh…**

Reina se giró y salió de la habitación.

**Clack… hiss…**

La puerta se abrió y se cerró tras ella automáticamente.

**Toc… toc… toc…**

Alice escuchó sus pasos alejarse por el pasillo.

Entonces, con esfuerzo, se incorporó desde la cama inclinada.

**Whirr… hiss…**

Sus articulaciones robóticas respondieron con precisión, pero no con la misma ligereza que recordaba de su cuerpo virtual.

Su cuerpo en el mundo real era más pesado. Más rígido. Mucho menos eficiente.

No como en Underworld, donde su fuerza fluía con naturalidad, donde su espada era una extensión de su alma.

Aquí… todo era distinto.

Más lento, limitado y complicado de realizar.

—“Este cuerpo…”

Murmuró, examinando sus manos, que parecían humanas pero eran metálicas, recubiertas de polímero sintético…

—“Lo que allá es posible… aquí sería impensable.”

**Hmm… thump**

Se puso de pie, aún adaptándose al peso nuevamente de esta realidad.

Pero entonces, algo cambió.

Sus ojos se abrieron con fuerza al sentir un peligro en su alma.

Un escalofrío.

Una sensación.

Como una espada desenvainada a sus espaldas.

**…shhhh**

Como una guerrera que percibe la presencia de un enemigo antes de verlo.

**Fwip**

Giró el rostro con rapidez.

Nada.

La habitación estaba vacía.

Pero su instinto nunca mentía.

Con voz firme, clara y cargada de autoridad, habló al aire mientras escaneaba con la mirada cada rincón.

—“Sal de ahí y deja de esconderte. Sé que estás allí.”

Por fin, Alice pudo ver el lugar donde se ocultaba: la esquina de la entrada, justo donde la puerta no había terminado de cerrarse por completo.

**Clack… hiss…**

La compuerta terminó de abrirse con un leve sonido.

Desde la sombra de esa esquina, emergió un hombre.

**Tap… tap…**

Sus pasos suaves, casi imperceptibles, lo acompañaban mientras se acercaba a ella.

—“Tú eres…”

Su rostro le resultaba vagamente familiar a Alice. Lo había visto de perfil en algunas ocasiones, cruzando pasillos o en los controles de seguridad. Nunca le había prestado más atención de la necesaria.

Pero ahora lo examinaba con extrema cautela.

El hombre vestía el uniforme de seguridad estándar, con la gorra negra del Ocean Turtle ligeramente ladeada. Su expresión era serena, casi humilde, y su sonrisa parecía inofensiva para la mayoría.

Pero no para ella.

Y menos en estas circunstancias.

—“Lo siento…”

Dijo con voz suave.

—“No quería asustarte. Me llamo Toma. Es solo que… siempre te he admirado, Alice. Tu belleza… siempre me ha atraído. Pero no quería molestarte. Solo… quería verte de lejos…”

Pero hoy tuve una gran necesidad de acercarme a ti…

**Tap… tap…**

Dio un paso más. Luego otro, acercándose a Alice.

**Thmp… thmp**

Ella, en cambio, retrocedía con cautela.

—“Me gustaría estrechar tu mano…”

Alice, ya incorporada por completo y a varios metros de distancia, le lanzó una mirada endurecida antes de responder con un tono igual de firme:

—“No te conozco. Eres solo un guardia en este lugar. No tienes autoridad para estar aquí… a menos que sea una emergencia. Y no creo que lo sea. ¿O me equivoco?”

La sonrisa del hombre titubeó. Por un segundo, pareció dolido.

Pero luego, algo en su rostro cambió.

Su expresión se volvió más fría.

—“Te equivocas…”

Dijo, con voz más grave.

Sí es una emergencia. Y me gustaría mostrártela.

Alice sintió una presión en su interior. Su instinto se activó de inmediato.

—“¿Y dónde está esa emergencia?”

Preguntó, con los músculos robóticos tensos.

El hombre sonrió.

Pero ya no era una sonrisa amable.

Era una mueca vacía.

**Shhhh…**

Lentamente, llevó la mano a su espalda.

**Click…**

Sacó un arma con silenciador.

**Shink**

—“Justo aquí.”

**Pfft—!**

El disparo fue silencioso.

**Ssshh— thwip!**

Pero Alice ya se había agachado gracias a su anticipación.

**Phut! — thunk**

La bala pasó por encima de su cabeza, incrustándose en la pared.

—“¡Maldita sea…!”

Gruñó el atacante.

**Fshhhh… thump-thump**

Alice rodó hacia un costado, buscando cobertura, dirigiéndose hacia una posible arma que había visto con el rabillo del ojo antes del primer disparo de Toma.

A su derecha, junto a una estación de emergencia médica, vio la barra de soporte de aleación reforzada, parte del sistema de sujeción para pacientes en rehabilitación.

No era una espada…

Pero serviría.

**Clack—fwip!**

La arrancó con fuerza, girando sobre sí misma, y la sostuvo como si fuera su espada sagrada.

Con un movimiento rápido, lanzó varios objetos de la mesa cercana: una lámpara, una bandeja metálica, un par de frascos de solución salina, todo directo hacia Toma.

**Crash—clang—shatter!**

Él se agachó, cubriéndose y rodando hacia su derecha, lo que lo salvó: la bandeja se clavó en la pared justo detrás de su cuello.

**Shhhkt-Shhhkt**

Retrocedió, sabiendo que a corta distancia tenía desventaja.

Ella había esquivado la primera bala.

Y ahora estaba armada.

—“¿En serio?”

Se burló, con una sonrisa torcida.

—“ ¿Vas a pelear con eso? ¿Una barra de hospital? Qué decepción… pensé que eras una caballera.”

—“…”

Alice no respondió.

**Fshhh**

Pero en lugar de correr hacia él, se desplazó hacia un lado, donde había un gran botón de emergencia de las instalaciones.

Toma lo notó de inmediato.

—“¡Tsk…!

**Pfft—! Pfft—! Pfft—! Pfft—!**

**thump-thump**

Disparó varias veces mientras Alice corría, usando las camillas y columnas como cobertura.

**Clang! Thwack! Zing!**

Las balas silenciadas impactaban cerca, rompiendo paneles, rebotando en superficies metálicas, silbando a centímetros de su cuerpo.

**Fshhh— thump!**

Alice se deslizó por el suelo, girando sobre sí misma, y con un golpe preciso y fuerte de su espada improvisada rompió el cristal protector del botón rojo de emergencia.

**¡Crack!**

Sin dudar, lo presionó.

**¡CLACK!**

Antes de que ella se ocultara rápidamente bajo un escritorio al mismo tiempo que esquivaba un nuevo disparo de detrás.

Tomando un descanso Esperó.

Un segundo.

Dos.

Tres…

—“¡…!”

Nada.

No sonó ninguna alarma.

Ninguna luz.

Ninguna señal.

Solo silencio.

Y entonces, una risa.

—“Ja, ja, ja, ja…. ¿De verdad pensaste que eso funcionaría?”

Dijo Toma, con tono burlón.

—“¿Olvidaste que soy un simple guardia…?”

**Tap… tap**

Continuó él, caminando lentamente por la sala.

—“He trabajado años aquí. ¿Tú crees que no sabría cómo manipular ese maldito botón? Solo hice unas pequeñas modificaciones…”

Se detuvo, disfrutando cada palabra.

—“En pocas palabras… nadie vendrá a salvarte, Alice.”

Desde su escondite, Alice apretó los dientes.

La furia se encendió en su interior.

**Vrrrrm**

Su cuerpo robótico, aunque limitado, aún respondía a su voluntad.

—“Aaaaaahh….”

Con un grito, canalizó toda su fuerza.

**Hrrrgh—! Screeeak…**

Se impulsó desde el suelo, y con ambas manos, levantó el escritorio de madera robusto que la cubría.

—“Grraaahh—!”

Con un giro potente, lo lanzó hacia Toma sin darle tiempo para seguir burlandose.

**Wham—!**

El escritorio voló por el aire.

—“¡¿Qué…?!”

**Khhh—!**

Toma, sorprendido, apenas alcanzó a esquivarlo.

**Fshhh— thump…**

Rodó hacia un lado, jadeando,mientras el mueble se estrellaba contra la pared con un estruendo que, con suerte, no saldría de allí gracias a la amortiguación acústica del recinto.

¡CRASH!

**thump-thump-thump**

Pero en ese instante, algo más se movía hacia él… o mejor dicho, alguien.

**Fshhh**

Alice se lanzó a una velocidad que no parecía posible en un cuerpo robótico. El tubo de aleación silbó en el aire mientras Toma retrocedía de inmediato, levantándose con agilidad, sorprendido por su ímpetu.

Sabía que no podía perder tiempo. Aunque la habitación estaba insonorizada —él mismo se había asegurado de cerrar la puerta al entrar y había dejado a los demás guardias de los alrededores fuera de combate—, no podía arriesgarse a que ella escapara a otro lugar.

**Pfft—pfft—pfft!**

Disparó varias veces con su pistola silenciada.

**Phut! — thunk**

Alice rodó hacia un lado, esquivando con dificultad.

**Shhhhhrk!**

Una de las balas le rozó el hombro, desgarrando parte de la tela y dejando una línea superficial sobre su piel sintética.

**Fshhh— thud!**

Aun así, no se detuvo: logró acercarse lo suficiente.

—“¡Aaaaaahhh!”

**Shooo!**

Sin dudar, alzó el tubo como si fuera su espada sagrada y lo lanzó con fuerza desde arriba con un grito de batalla.

**Fshhh**

Toma, atento, se movió hacia un lado.

**Fwip!**

Pero la trayectoria cambió en el último segundo, sorprendiéndolo.

**Grrr!— clank!**

Un engaño.

Alice giró la muñeca y redirigió el golpe.

**Shhhhhrk!**

El metal rasgó su chaqueta y le abrió un tajo en el costado.

**…drip… drip…**

Un hilo de sangre brotó.

—“¡Maldita sea!

Gruñó Toma, retrocediendo

—“¡Incluso aquí… sigues siendo dura!”

Disparó de nuevo.

Pero esta vez, apuntó a una parte específica: sus piernas.

**Pfft—pfft!**

Alice lo miró con furia.

—“¡Cobarde traidor!”

**Ziiiipp!**

Escupió la palabra como una cuchilla, y se lanzó con una estocada directa, veloz, brutal, hacia su cabeza, sin importarle el daño en sus extremidades.

Toma se enfureció por el alto riesgo de la cercanía.

Sabía que si ella lo alcanzaba, no tendría oportunidad.

Intentó disparar de nuevo, pero la velocidad de Alice lo descolocó.

**Phut-phut…**

Falló los disparos, y apenas logró echar la cabeza hacia atrás.

**Shrrk!**

La punta del tubo le rozó la mejilla, abriéndole un corte limpio que dejó una línea roja sobre su piel.

—¿De verdad crees que por rozarme vas a ganar? ¡Esto no es tu mundo! ¡Es el mío!

—“¡Gaaaaahhh!”

**Thump!**

Con un rugido, flexionó las piernas y dio un salto hacia atrás, impulsándose con fuerza contra una de las columnas metálicas que tenía detrás.

**Fwoosh… click!**

En el aire, giró sobre sí mismo con agilidad entrenada —como un acróbata militar— y, mientras rotaba, apuntó hacia abajo.

**Pfft—pfft!**

Dos disparos.

**Clank!— Thunk!**

Uno impactó en la articulación de la rodilla derecha de Alice; el otro, en el muslo izquierdo, justo donde se conectaban los actuadores hidráulicos.

**Pshhhh— splat-splat…**

Pequeños chorros de fluido sintético salpicaron el suelo, brillando con un tono azulado.

**¡Crack!**

Alice sintió cómo sus piernas fallaban.

**Vrrrrr— Bzzt!**

Sus sensores se apagaron por un instante, y el sistema de balanceo se desestabilizó.

**Thud! Clank!**

Cayó de rodillas, sin equilibrio.

Pero sus brazos aún respondían.

Y su espíritu no se rendía.

—“¡Aaaaaaahhh…! ¡Esquiva esto”

Con un grito de guerra, y aprovechando el impulso de su caída, lanzó el tubo como una lanza hacia su enemigo, que aún descendía del salto.

**¡Whump!**

—“¡Demonios!”

Toma intentó girar en el aire, maldiciendo, para proteger su rostro, pero no fue lo suficientemente rápido.

El impacto le dio de lleno en el hombro derecho.

**¡Thud!**

—¡Gaargh!

Gruñó de dolor al caer al suelo con un golpe seco.

El tubo se había incrustado parcialmente, y aunque no era letal, el daño era real.

—¡Mierda!… ¡Perra, ya me hiciste enojar de verdad!”

Escupió, con el rostro crispado, mientras se arrancaba el tubo con un gemido.

**Schlurp— thud**

El metal salió con dificultad, dejando una mancha oscura en su ropa.

—“Ssssss— huff… huff…”

Su hombro sangraba, y el dolor lo hacía respirar con dificultad.

Pero su mirada seguía fija en ella, encendida por la rabia.

La barra se había incrustado levemente hasta el hueso.

Su cabello estaba despeinado, la ropa desgarrada, y bajo la camisa se revelaba un chaleco antibalas. Pero no cubría mucho esa parte, por no ser considerada vital.

—“Si no fuera por mi movimiento y esto… huff… huff… ya me habrías matado por desangramiento… Maldita.”

Alice, en el suelo, sin poder moverse, lo miró con una mezcla de rabia y desafío. Pero también estaba decepcionada por haber fallado esa gran oportunidad de acabar con él.

—“¿Por qué haces esto…? Yo no te he hecho nada…”

Pero en su mente, la respuesta ya estaba clara.

Había escuchado rumores.

El mundo envidiaba la tecnología japonesa sobre el Fluctlight.

Y algunos harían cualquier cosa por poseerla.

Con desesperación, buscó algo a su alrededor.

Vio unos pedazos de madera del escritorio que había lanzado antes.

Los arrojó con fuerza, aunque sin precisión, debido a su incómoda posición.

**Clang—crash—whizz!**

Toma los esquivó con facilidad, observándola desde arriba.

Sabía que no podía levantarse, no con las balas en las piernas que habían impactado en las articulaciones.

Las balas habían hecho su trabajo.

Pfft—pfft!

**Pshhhh— splat-splat…**

Disparó a sus manos.

Pfft—pfft!

**Pshhhh— splat-splat…**

Y luego a sus brazos.

¡Crack!

—“Grrrr…”

Alice gruñó. No por dolor —su cuerpo no lo sentía como un humano—, sino por la pérdida de funcionalidad.

Cayó completamente.

Inmóvil.

Pero su mirada…

Seguía ardiendo con el deseo de dar batalla.

—“Es cierto, no me has hecho nada antes de esto… pero tu alma tiene una doble paga…”

Toma respondió a la pregunta anterior mientras se acercaba, desangrándose. Pero eso no le importaba en ese momento de triunfo.

**Click-clack. — Shhhhk**

Con velocidad, recargó el arma y se agachó frente a ella a pesar de su propio dolor.

**Clink**

Apoyó el cañón de la pistola bajo su barbilla, levantando su rostro.

—“Uno, por desaparecer de su vista… y el otro, por entregarte a él y poder descubrir tus secretos…”

Los ojos de Alice se abrieron con sorpresa por lo primero que dijo.

—“¿Alguien quiere que desaparezca…?”

Toma sonrió al ver su expresión.

—“Así es. Alguien que conoces me pagó por esto. Diste pelea… huff… huff… Pero te lo advertí. Este es mi mundo, no el tuyo. Si estuviéramos en el tuyo… ya estaría muerto en mil pedazos.”

Alice, volviendo a su rostro frío, no apartó la mirada y dijo:

—“No te equivocas. Pero no dejaría nada de ti…”

No se rindió ni parpadeó, negándose a complacer más su ego.

—“Eres toda una luchadora. Sin embargo… has perdido…”

Susurró él.

—“Y yo… soy el ganador… Y como ganador… reclamo mi premio…”

Pfft—pfft—pfft!

Disparos precisos.

Zonas clave.

No letales… pero paralizantes por completo para mayor seguridad.

Alice murmuró, con la voz apenas audible:

—“¿Por qué… tenía que ser hoy…?”

**Thump**

Su cuerpo cayó, inerte.

**Splosh… ssss…**

Y El líquido se desparramó lentamente bajo ella, formando un charco irregular que se extendía por el suelo metálico, tiñéndolo con un brillo aceitoso.

…

Como si estuviera muerta.

Pero sus ojos mostraban que aún estaba viva.

**…huff… khhh…**

Toma se incorporó con una sonrisa cruel al ver su estado.

**Click— zzzk**

Sacó de su cinturón una herramienta: una especie de tenaza de extracción de precisión.

**Shhhh… fwip…**

Movió con cuidado la cabellera dorada de Alice, localizando el puerto oculto en la base de su cuello.

**…zzz…**

Alice, al ver por el rabillo del ojo la sombra de lo que pasaba encima de su cuerpo, se entristeció al saber lo que ocurriría.

Y antes de la extracción, dijo:

—“Lo siento, chicos… Asuna… Kirito… No pude…

Ciertamente, habría llorado lágrimas… si ese cuerpo metálico se lo permitiera.

**Click… hiss…**

Entonces, Toma extrajo un pequeño cubo translúcido: el Fluctlight Core, donde residía el alma digital de Alice.

Su Fluctlight.

Y con eso, la luz azul, junto con el brillo de sus ojos, se apagó.

… …

El silencio que siguió fue absoluto.

La batalla había terminado.

¡Hola a todos!

Sé que ha pasado más de un mes desde la última actualización, y quiero empezar pidiéndoles una disculpa por la espera. Entre las responsabilidades del día a día y algunos bajones de ánimo, me costó bastante retomar el ritmo. A veces, cuando uno no ve muchos comentarios o reseñas, es fácil preguntarse si lo que uno escribe realmente llega, si alguien está del otro lado esperando el siguiente capítulo.

Pero aun así, aquí estamos. Y si estás leyendo esto, quiero darte las gracias de corazón. Gracias por seguir aquí, por darle una oportunidad a esta historia, por acompañarme en este viaje. A esa persona que siempre deja su comentario o su piedra de poder: gracias infinitas. No saben cuánto significa para mí.

Si disfrutaste este capítulo, te invito a dejar tu opinión, aunque sea una línea. Leo cada comentario con atención, y créeme, son una fuente de motivación enorme. También, si puedes dejar una reseña o una piedra de poder, ayudarías a que más personas descubran esta historia.

Nos veremos en la próxima actualización —que esta vez no tardará tanto, lo prometo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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