Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 21
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Capítulo 21: Capítulo 21: Consecuencias No Intencionadas de una Ausencia: Razones Sin Retorno (Parte 2)
[Sala de acceso físico al Lightcube Cluster”]
**Poom… vmmm…**
El dispositivo se iluminó con un tenue pulso verde.
Transferencia terminada.
La micro-IA notificó que había completado satisfactoriamente la extracción de los datos Fluctlight desde Underworld con esa luz verde.
**Clink… bzzt…**
Aya, con un movimiento ágil de su mano derecha, lo desconectó del puerto lateral de la consola, como si jamás hubiera estado allí.
**Shhh-click… fwip… clink**
El USB avanzado se retrajo hasta alcanzar su tamaño más diminuto, antes de ser insertado en el compartimiento oculto del reloj elegante que llevaba en la muñeca, volviéndose completamente invisible.
**Hmm… smile… swoosh**
Esto provocó una sonrisa casi imperceptible en el rostro de Aya al comprobar que todo había salido bien. Con naturalidad, se colocó un mechón de cabello detrás de la oreja.
**Tap-tap… tic… bzzt**
Luego, envió una serie de pequeños toques codificados en clave Morse: una señal de confirmación positiva del proceso, dirigida a su compañero al otro lado.
**Click… whir… beep-beep**
Inmediatamente después, retomó su labor habitual, concentrándose en el análisis y diagnóstico del sistema, como parte de sus tareas rutinarias dentro de la Ocean Turtle.
No podía desaparecer ahora, porque eso levantaría sospechas desde la sala de seguridad, pondría en aprietos a su compañero y, peor aún, arruinaría el plan que llevaba años esperando este día.
*****
[Sala de Seguridad de la Ocean Turtle”]
**Tap-tap… tic… bzzt**
Toma seguía de pie frente al panel de control, bloqueando la vista de la cámara que había desviado minutos antes. Su postura era firme, pero su incomodidad era evidente. En ese preciso momento, le llegó la confirmación de Aya: todo estaba hecho.
—“Ya está bien, Nishikawa…”
La voz grave de Sakamoto, el veterano, resonó desde su asiento sin apartar la vista del monitor principal.
—“Ya dijimos que no la vamos a mirar más. Puedes quitarte de ahí…”
Toma giró apenas el rostro, levantando una ceja con cautela. La mirada de Sakamoto era neutra, pero había un dejo de sospecha en su tono.
**Gulp**
Toma tragó saliva, intentando mantener la compostura.
—“Sí… está bien. Solo… ya me lo prometieron.”
**Tshk tshk… frrrrr**
Se rascó la nuca, avergonzado, y añadió con una sonrisa forzada:
—“Perdón si reaccioné así. Es solo que… soy un poco celoso. Y no creo que a nadie le gustaría ver a su pareja en esa situación…”
—“Tranquilo, lo entendemos.”
Dijo Kobayashi, alzando su taza con una sonrisa conciliadora.
—“Si ella fuera mi novia, probablemente habría hecho lo mismo. Es parte de madurar, ¿no? Te estás volviendo más hombre de lo que pareces, Toma.”
—“Sí, pero todavía le falta… ¡Ja, ja, ja!”
Soltó Inoue con una carcajada.
—“Sigue siendo demasiado tímido. Deberías ser más valiente, Toma. Así tu chica se enamora más de ti.”
**Thwack!**
—“¡Ja, ja, ja!”
Nakano estalló en risa, dándole una palmada en la espalda.
—“¡Eso! ¡Escucha al maestro del romance!”
**Skreeek!**
—“¡Basta de estupideces!”
Gruñó Sakamoto, interrumpiendo y girando bruscamente en su silla.
—“¡Vuelvan al trabajo, todos!”
Kobayashi, negando con la cabeza y ya acostumbrado al humor cambiante de su jefe, dijo:
—“Ya han oído… a trabajar.”
Los demás asintieron en acuerdo y volvieron a sus puestos.
Sakamoto, clavando su mirada en Toma, dijo con la misma autoridad:
—“Y tú también, Nishikawa… tu hora de receso ya se acabó…”
**Fwump**
—“Sí, jefe… lo siento por lo de ahora…”
Toma asintió con rapidez, aún avergonzado, y se dejó caer en su asiento de trabajo como de costumbre.
**Click… tap… tap…**
Comenzó a revisar los registros de rutina, imitando la concentración de sus compañeros.
**Frrrrp**
Desde su asiento, con aparente normalidad, bajó la mirada por un instante y se tocó disimuladamente el lóbulo de la oreja izquierda.
Una chispa de satisfacción cruzó su rostro.
Pero esta vez, su sonrisa no era la habitual: ni humilde ni nerviosa.
Era otra. Más contenida y oscura.
Una sonrisa que no mostraba a nadie en este lugar… pero que hablaba por dentro.
[4:47 A.M.”]
**Bzzzzzz… tiktiktik… ták**
Pasaron unos treinta minutos. La sala se mantenía en calma, con el zumbido constante de los monitores y el tecleo ocasional de los operadores. Todo parecía en orden.
Sakamoto, el jefe de turno, revisaba las cámaras con la mirada fija. Pero su mente, por alguna razón, volvió a la escena de antes: Toma desviando la cámara con tanta insistencia. En su momento no le dio importancia… pero ahora, en retrospectiva, algo no cuadraba.
Frunció el ceño.
—“Qué raro…”
Murmuró para sí, negando con la cabeza como si quisiera sacudirse la sospecha.
Fue entonces cuando lo sintió.
**Thump…**
Un mareo repentino lo obligó a llevarse la mano a la frente.
**Throb… pulss…**
Su visión se nubló. Las fuerzas comenzaron a abandonarlo. Sus dedos temblaban. El cuerpo no respondía.
—“¿Qué… qué demonios…?”
Balbuceó, con la voz pastosa.
Giró la cabeza con esfuerzo… y lo que vio lo dejó helado.
Sus compañeros —Kobayashi, Inoue, Nakano, Fujita— estaban desplomados sobre sus escritorios, inertes, con los rostros hundidos entre teclados y consolas. Incluso uno de los guardias junto a la puerta yacía caído, inmóvil, afuera de la habitación que mostraba el monitor.
—“¡Chicos! ¡¿Qué les pasa?! ¡Reaccionen!”
Gritó con desesperación, intentando levantarse… pero…
**Crash—thud**
La silla se volcó. Sakamoto cayó al suelo con un golpe seco. Sus piernas no respondían… mejor dicho, todo su cuerpo no respondía.
—“Esto…”
El pánico se apoderó de él.
**Tump… tump… tump…**
Fue entonces cuando escuchó pasos.
Lentos.
Firmes.
**…shhhh**
Se obligó a levantar la cabeza.
**Tump… tump… tump…**
Toma se acercaba.
Pero ya no era el mismo.
Su rostro había cambiado.
No quedaba rastro de timidez, ni de humildad.
Solo una expresión fría, segura… y cruel.
Como si todo lo que había sido durante años no fuera más que una máscara.
—“T-Toma… Tú…”
Sakamoto apenas podía articular palabras.
—“¿Cómo… cómo pudiste…?”
Toma se agachó frente a él, mirándolo desde arriba con una mezcla de lástima y superioridad.
—“Lo siento, jefe. Pero el otro negocio paga mejor. No es nada personal.”
Sakamoto parpadeó con dificultad.
—“Fue… el café… ¿verdad?”
**Tsk, tsk, tsk… hmmph…**
Toma negó lentamente con la cabeza, chasqueando la lengua con una sonrisa torcida.
—“Por supuesto que sí. Solo tuve que acostumbrarlos a la rutina durante años. Saber cuándo bajaban la guardia, cuándo caería cada uno… Hasta yo habría caído en eso sin ninguna advertencia. Así que no te preocupes por no verlo venir.”
**Thsssss—khhh…**
Se incorporó con calma, observando los cuerpos inertes de sus compañeros con frialdad.
—“¿Y sabes algo? No los mataré. No hace falta. Solo… duérmete, como los demás. Así no sufres. Solo serás una víctima más de todo esto.”
**sht-thunk**
Con eso, Toma sacó un arma: una pistola con silenciador, y la apuntó a la cabeza de Sakamoto.
—“Aunque tengo el poder de matarlos… no lo haré. Por los viejos tiempos.”
**clak— zzzip**
Acto seguido, guardó la pistola en su funda con burla.
**Grrrrr… khhhh**
Sakamoto apretó los dientes al entender el porqué, y con las últimas fuerzas que le quedaban, murmuró, apenas audible por no poder alzar más la voz:
—“Eres… un demonio… ¿cómo pudiste… traicionar así…? ¿A tu país…?”
**Tump… tump…**
Toma se encogió de hombros mientras se ponía detrás de él y decía:
—“Ya te lo dije. El otro paga mejor. Digamos que… unos cuantos millones más…”
**Crack—thud**
El golpe fue seco, preciso.
Toma lo dejó inconsciente con un golpe certero en la nuca.
—“Descansa, jefe. No necesitarás echarte la culpa…”
**Shhhk— shhhk— tic**
Se incorporó, se ajustó el uniforme con calma y se llevó la mano a la oreja.
**Tap… bzzt…**
Activó el canal de comunicación.
—“Aquí Toma. El objetivo está asegurado. Procediendo al siguiente paso.”
La voz de Aya resonó en el auricular de Toma, con un tono contenido pero cargado de tensión.
[—“Tenía rato esperando… No los mataste, ¿verdad?”]
**…hmmm… click., click, click…**
Toma sonrió para sí, sin dejar de revisar los sistemas de las computadoras con cierto sarcasmo.
—“¿Cómo crees? Claro que los maté a todos… No sabes cuántas ganas tenía.”
[—“Toma, por favor. No es momento para bromas.”]
—“Sí, sí… Claro que no. Solo te estoy tomando el pelo, mi querida novia.
[—“Sabes que solo estamos fingiendo, ¿no? Ni loca saldría contigo… Te lo he dicho cientos de veces…”]
Toma frunció el ceño. Aunque ella no podía verlo, su expresión se endureció. Respondió con una indiferencia forzada:
—“Claro… eso dicen todas. Hasta que ven lo popular y millonario que soy… Y ahora, mucho más cuando salga de este odioso país al terminar este trabajo tan largo…”
[—“Oye, tú naciste aquí, igual que yo. No es necesario que insultes tu patria.”]
—“Sí, sí… ahórrate tus hipocresías educativas. Tú no eres nadie para darme lecciones, Aya…”
[—“Tú no sabes cuáles son mis razones ni por qué lo hago. Estoy segura de que no es solo por dinero… como alguien como tú.”]
—“Ja, ja, ja… Dejemos esta charla para otro momento, ¿no te parece, Aya?”
[—“…Será lo mejor para mi salud. Primero, antes de salir de aquí de manera discreta, tenemos que reunir la información acumulada y destruir todo lo necesario.”]
—“Sí. Déjame encargarme de estos cuerpos, acomodar todo para que parezca natural… y hacer una pequeña cosa más. Algo que me va a sumar unos milloncitos extra a la cuenta, ¿recuerdas?”
[—“Lo recuerdo. Sin embargo, no me has dicho qué es en realidad ese trabajo extra, Toma…”]
La voz de Aya sonaba desconfiada y molesta; no le agradaba que se alargara su escape, mucho menos sin conocer el riesgo de querer obtener más.
—“Son asuntos que vienen de arriba, y no se me ha dado permiso para hablar de ello… ni siquiera contigo, querida.”
La voz de Toma dejaba clara su intención de no revelarle nada sobre su otra parada. Aya no tuvo más opción que responder:
[—“Está bien, pero no tomes mucho tiempo. Tenemos poco margen para salir de aquí. Si nos demoramos, podrían descubrirnos. Mientras más tiempo pase, más probable es que esto se salga de control.”]
—“Te prometo que será rápido.”
**Click*
La línea se cortó.
**Shhht—thump. Shhht—thump**
Toma se puso en marcha. Con precisión meticulosa, acomodó los cuerpos de sus compañeros caídos, colocándolos en posiciones que simularan cansancio o simple somnolencia frente a los monitores.
Reemplazó el feed en tiempo real con una repetición de una grabación antigua: un turno nocturno cualquiera, con los guardias despiertos, trabajando, bebiendo café, revisando pantallas. Un bucle perfecto. Un engaño visual.
Todo parecía normal.
Todo era una ilusión.
—“Está hecho…”
Toma se detuvo un momento con una leve sonrisa oscura. Miró por última vez la sala. Sus compañeros. Sus “amigos”.
—“Adiós, compañeros…”
Murmuró con una sonrisa más torcida.
—“Fue divertido durante estos años… pero tengo que partir.“
**Clack**
Cerró la puerta tras de sí.
Y sin mirar atrás, se dirigió a su siguiente objetivo.
*****
[Centro de Diagnóstico – Ocean Turtle”]
—“Ahaaaa…”
Aya cerró la comunicación con Toma y dejó escapar un suspiro largo, cargado de frustración.
—“No tengo elección…”
Sentía una irritación profunda por tener que trabajar con él, pero no le quedaba otra opción. Fingir era su única salida. No por ella… sino por los suyos.
Había sido amenazada. Su familia, secuestrada y llevada a un país extranjero. Y aunque no le importaba morir, no podía permitir que ellos sufrieran las consecuencias de su doble vida.
Era su país… o su familia.
Y eligió a su familia.
Incluso si buscara ayuda en Japón, ¿cómo podría salvarlos? No estaban allí. Estaban lejos. Ni siquiera sabía con certeza dónde los tenían retenidos.
—“Son unas escorias… ¿Cómo pueden hacerle eso a personas inocentes?”
**…grrr… sssshh…**
Murmuró con los puños apretados, solo por recordar la situación de su familia mientras seguía caminando.
Era impresionante lo que un gobierno podía hacer por conseguir lo que quería.
Ella era una espía de campo, pero no una traidora por voluntad propia.
Solo una prisionera con una sonrisa bien ensayada.
**Toc… toc… toc… shhhh…**
**Tik-tik-tik…**
Con el rostro nuevamente sereno, se dirigió al área común, donde varios científicos trabajaban frente a sus terminales. Entre ellos, una joven de cabello castaño claro, apenas unos años menor, se acercó con una sonrisa cálida al verla llegar. Era Emi Takasugi, su compañera y amiga más cercana en la Ocean Turtle, a quien había conocido durante estos años.
—“¿Y? ¿Cómo te fue?”
Preguntó Emi con tono amable.
—“ ¿Hubo algún problema? Ya sabes que siempre puedes contar conmigo.”
Aya negó suavemente, esbozando una sonrisa tranquila.
—“No, todo salió bien. Como siempre. El sistema… y el mundo… según mis registros, todo está normal.”
—“Me alegra. Lo cotidiano, al menos. Aunque a veces siento que tratan a esa supercomputadora como si fuera un bebé.”
Aya rió con suavidad.
—“Sí… la miman como si fuera un niño. Pero bueno, para eso nos pagan, ¿no?”
—“Exacto… sin contar las razones lógicas…”
Asintió Emi, y luego se fijó con atención en Aya al notar algo extraño en su expresión.
—“Aunque… ¿estás bien? Te ves un poco pálida…”
**…hm …shh…**
Dijo, preocupada, al tocarle el brazo con suavidad.
Aya bajó la mirada, fingiendo incomodidad.
—“Ah, lo notaste… es que últimamente me he sentido un poco mal… ahora mismo tengo algo de náusea.
Emi frunció el ceño, pensativa.
—“¿Náusea? ¿No estarás embarazada, verdad? Sabes lo problemático que sería ahora, Aya…”
—“¿Pero qué dices, Emi? No, no creo que sea eso…”
Rspondió Aya, actuando con una mezcla de nerviosismo y vergüenza, agitando las manos en negación total.
Emi la observó con una ceja levantada, manteniendo su picardía y sin creer del todo, más aún porque Aya tenía novio.
—“No sé… me han dicho que tu novio Toma ha estado mucho tiempo en tu cuarto últimamente… Digamos que unas horas…”
Aya fingió sonrojarse, bajando la mirada.
—“Es simplemente una charla para conocernos mejor… Nada más. Ni nada menos…”
—“Ja, ja, ja… Lo que tú digas…”
Rió Emi.
—“Pero ya sabes, cualquier cosa o cualquier secreto… puedes contármelo. Para eso son las amigas…”
—“Gracias…”
Dijo Aya, bajando la voz.
—“Lo que sí necesitaría es que me cubrieras mientras voy a mi cuarto. Me siento un poco mal… me gustaría descansar unas horas. ¿Podrías cubrirme este turno, Emi?”
**Fwip— shhh…**
Juntó las manos en un gesto suplicante. Emi la miró con fingida altivez, cruzándose de brazos.
—“Bueno, bueno… ya te he dicho que puedes contar conmigo. Lo haré. Solo porque eres mi amiga. Y porque tú también me has cubierto antes… Aunque ya terminé mi turno, no tengo problema en quedarme un rato más.”
—“Gracias de nuevo…”
**Psshhhh…—ssshh—fff—**
Susurró Aya, abrazándola con fuerza de manera repentina.
—“Realmente agradezco haber trabajado contigo tanto tiempo, Emi… No lo olvides.”
Emi frunció el ceño, algo confundida por tales palabras.
—“Oye… si no te conociera, diría que eso sonó como una despedida tuya…”
—“¿Ah? No, no… solo me dejé llevar y quería decir lo agradecida que estaba de tenerte.”
**Tsk… hh—**
Aya sonrió, algo avergonzada mientras la soltaba.
—“Ahora déjame buscar algo en mi computadora. Tengo que revisar unos archivos mientras descanso un poco en mi cuarto, y después tú te puedes hacer cargo.”
Emi, olvidando lo anterior, asintió. No era raro llevar un poco de trabajo a la habitación; ella misma lo había hecho en ciertas ocasiones.
—“Está bien, Aya. Voy a buscar algo para tomar. ¿Quieres algo?”
—“No, gracias… ahora solo quiero tomar mi medicina, que está en mi habitación. Pero gracias, Emi…”
—“No te preocupes. Entonces nos vemos, Aya…”
Emi asintió y se alejó sin sospechar nada.
**Tik-tik-tik…**
Aya la observó marcharse, y su expresión se tornó melancólica.
—“Te extrañaré mucho, Emi…
A diferencia de Toma, ella sí había sentido compañerismo. Había compartido risas, desvelos, confidencias. Nada de eso fue falso. Nada… hasta hoy.
**Toc… toc… toc…**
Sacudiendo la cabeza, empezó a caminar hacia su puesto de trabajo.
Al llegar, se acercó a su terminal e introdujo la contraseña.
Click… tap… bzzt…
Accedió a los archivos que había recopilado en secreto durante meses: registros, informes, análisis de los demás científicos sobre el Fluctlight.
**Bzzzt… blip… zzzip.**
Los transfirió a un segundo dispositivo, similar al que llevaba en la muñeca, y lo guardó en el bolsillo interior de su bata. Luego formateó el disco de la computadora, dejándolo completamente limpio e irreconocible.
**Toc… toc… toc…**
Sin mirar atrás, se dirigió a su habitación.
*****
[Pasillos del Nivel Residencial – Ocean Turtle”]
**Toc… toc… toc…**
Aya caminaba con paso firme por los pasillos silenciosos del complejo. A esa hora, solo unos pocos empleados cruzaban su camino: técnicos de mantenimiento, dos investigadores que regresaban de turno y una enfermera que bostezaba mientras revisaba su tableta. Todos la saludaban con gestos breves, algunos con una sonrisa, otros con un simple movimiento de cabeza.
Ella devolvía cada saludo con cortesía, aunque por dentro le dolía.
Cada rostro, cada voz, cada gesto…
Sabía que probablemente no volvería a verlos.
*****
[Puerta 3B-17 – Habitación de la Dra. Aya Shizuki”]
**Shhhk**
La puerta se deslizó con un suave sonido, revelando su habitación.
No era grande, pero tampoco pequeña.
Era cómoda. Estable.
Un espacio diseñado para hacer que uno no sintiera la necesidad de volver a tierra firme.
Cualquiera que entrara pensaría que se trataba de un pequeño apartamento: cama amplia, escritorio, estanterías, una pequeña cocina integrada y una ventana desde la que se podía ver el exterior de la instalación flotante.
**Shhhk-Click**
Aya cerró la puerta tras de sí y se quedó en silencio.
Su instinto le gritaba que algo iba a salir mal.
No sabía de dónde venía esa sensación… pero nunca había fallado.
Ese instinto la había salvado más de una vez en diferentes misiones.
—“Es muy extraño…”
Y ahora, con Toma ocultándole detalles, diciendo que su parte de la misión era “confidencial” y “especial”, la sospecha se volvió más densa.
Algo se le escapaba… y era muy importante.
**Frrrp— shhhk**
Sin perder tiempo, comenzó a cambiarse de sus ropas de científica.
**zip— thud— fwip**
Se quitó la bata blanca y la ropa de trabajo, y se colocó un conjunto táctico cuidadosamente preparado que había estado oculto bajo el piso, cubierto por una alfombra.
**clack— vrrrr— snikt**
Primero, un chaleco antibalas flexible, moldeado al cuerpo, invisible bajo la ropa.
**click click— kshhh— tak**
Luego, armas ligeras y dispositivos explosivos miniaturizados, capaces de adherirse a cualquier superficie, ocultos en compartimientos internos.
**Shhhf— khhht**
Se puso unos pantalones de tejido resistente a impactos, azul marino, pero con un diseño moderno, como si fueran parte de un atuendo casual, y una chaqueta para mayor cobertura y combinación.
**Clump— clump— snikt**
Finalmente, se calzó unas botas tácticas negras, de suela reforzada y diseño discreto, perfectamente integradas al conjunto. Cada una ocultaba en la punta un cuchillo retráctil, lo suficientemente largo y afilado como para ser letal en una emergencia. Un recurso silencioso, inesperado… y mortal.
Todo estaba pensado para el combate… pero también para pasar desapercibida.
Luego se colocó frente a su escritorio y encendió su laptop personal.
**Click… tap… bzzt…**
Borró todo el historial.
Antes de formatear el disco, se detuvo.
En la pantalla, una carpeta con fotos familiares.
**Click**
Abrió una.
**Click**
Luego otra.
Su madre. Su hermano menor.
Una imagen de todos juntos en un parque, sonriendo.
—“Lo siento por meterlos en este lío…”
**khh… tsk**
Murmuró, mordiéndose los labios.
**Shhh**
Una lágrima rodó por su mejilla al contenerse.
Solo una.
**fwip**
La secó de inmediato con el dorso de la mano izquierda.
—“No es el momento…”
Todo lo hacía por ellos.
**Klik— bzzzz**
Volviendo a donde había quedado, insertó un pequeño dispositivo que liberó un virus destructivo: cualquier intento de extracción futura activaría un cortocircuito interno, quemando los circuitos y liberando un código que destruiría cualquier sistema conectado.
Nada quedaría.
Sabía que no podía llevarse mucho sin levantar sospechas.
Solo tomó lo esencial: lo que podía ocultar en su ropa, lo que no delataba su verdadera intención por un breve tiempo, lo suficiente para salir del país.
Finalmente, bajó la mirada hacia su muñeca.
El reloj donde estaba el dispositivo USB retráctil.
**Frrrp— thump**
Luego, tocó su chaqueta, donde estaba el otro, oculto en el forro, perfectamente camuflado con su atuendo.
—“…”
Algo le decía que debía hacer algo con ellos.
Aún no sabía qué.
**Shhhk-Click**
**Toc… toc… toc…**
Tras pasar unos minutos más en la habitación, preparándose y viendo que se hacía tarde, salió de su habitación a buscar a su “compañero”, Toma, con esa certeza silenciosa que se reflejaba en su mirada por un breve momento.
*****
[Unidad de Soporte Robótico de Fluctlight – Ocean Turtle”]
[5:31 A.M.]
**Bzzzz… shhhh……tmmmmm…**
El zumbido leve de los sistemas de soporte llenaba la habitación con un murmullo constante. En el centro, sobre una cama de contención acolchada, yacía una figura de cabello dorado, largo y brillante como el sol de primavera. Su cuerpo, aunque robótico, conservaba cada detalle de su apariencia en Underworld: piel suave, proporciones humanas, expresión serena.
Vestía un conjunto moderno en tonos azul oscuro y blanco marfil: una blusa de tela suave con detalles dorados en los bordes, y pantalones ajustados de corte elegante, todo diseñado a medida para que su portadora se sintiera más cómoda en este mundo.
**Hmmmmmm— tunk**
En ese momento, la cama se elevó ligeramente y luego se inclinó unos 45 grados de forma suave, casi incorporando a su ocupante. Gracias a esa posición, se podía ver con claridad una conexión ubicada detrás de su cabellera dorada: el único vínculo físico que la unía a la máquina. Ese conector permitía trasladar su Fluctlight desde el mundo de Underworld al mundo real, hacia un núcleo alojado en su cuerpo robótico, el cual estabilizaba y adaptaba su conciencia para que pudiera manejar esa forma artificial.
**Beep**
Sonó un pitido leve, y alguien se acercó por detrás.
**…shhhh… tik…**
Con sumo cuidado, retiró el conector de su cabeza.
—“Con eso hemos terminado…”
La voz que habló al guardar el conector era femenina.
—“¿Me oye, señorita Alice?”
Preguntó al no ver movimiento en el cuerpo sobre la cama.
**Shhh… fff… click**
Entonces, Alice Zuberg abrió lentamente los ojos.
**Vrrrr… fwip**
Sus pupilas azules se contrajeron al adaptarse a la luz artificial, mientras los sensores ópticos calibraban su visión.
—“Ahaaa…”
Respiró… o al menos lo simuló.
Aunque no era necesario para ese cuerpo, para Alice —una humana virtual— era un gesto natural.
Un reflejo aprendido que no podía olvidar.
Ese gesto también había sido programado para su comodidad. Sería muy perturbador no hacerlo, incluso para quienes la rodeaban.
—“Sí, la oigo… Disculpe por la molestia.”
Su voz sonaba tranquila, pero su mirada no.
Estaba cargada de urgencia.
Había descubierto algo en Underworld hace apenas unos momentos.
Algo importante.
Algo sobre Kirito… que lo cambiaba todo.
Y debía contárselo a los demás lo antes posible.
Especialmente a Asuna… ahora que se había casado.
—“No es ninguna molestia. Sin embargo, ¿se siente mal, señorita Alice?”
La voz suave y profesional de la mujer interrumpió sus pensamientos agitados.
El nombre de esta mujer era Reina Kurose, asistente personal del Dr. Higa. De cabello oscuro recogido en una coleta baja, bata blanca impecable y una tableta en la mano, Reina la observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación.
—“Tienes un rostro… preocupado.”
Alice parpadeó una vez, luego desvió la mirada y respondió:
—“No es nada. Solo… emociones que traje de Underworld. Me encontré con viejos amigos.”
Reina asintió con comprensión, aunque notó el deseo de Alice de no profundizar en el tema.
—“Es normal. Las emociones del otro mundo… son muy reales. Y más para ti, que eres de allí. Aunque este sea el mundo físico, no se pueden ignorar…”
—“Sí… así es…”
Alice no dijo mucho más. Bajó la mirada y asintió.
—“Me sorprendió que pidieras que te despertara antes de la hora programada, señorita Alice. Dijiste que te activara a las seis… pero luego cambiaste a las cinco y media. ¿Por qué?”
—“No lo sé. Solo… sentí que debía hacerlo…”
Alice no pudo decir más sin revelar demasiado. Ya comenzaba a desconfiar, tras lo que había descubierto sobre Kirito.
—“Está bien…”
Reina sonrió con suavidad.
—“Todos tenemos nuestros secretos. Y tú tienes los tuyos… de tu propio mundo. Pero si es algo importante, no deberías guardártelo para ti sola…”
Alice negó con la cabeza y esta vez miró directamente a los ojos de Reina.
—“No es un secreto que deba ocultar. Es algo… para mis amigos.”
—“…”
Reina la observó un segundo más, luego suspiró.
—“Si es así, me alegro. Por eso no insistiré…”
**Shhhh— clask**
Con eso, se dio la vuelta al ver que todo estaba en orden con Alice y su regreso al mundo real. Deteniéndose justo en la salida de la habitación, dijo:
—“Ahora, señorita Alice, me despido. Tengo que irme a hacer otras cosas importantes… ya sabe, vida de secretaria. Ja, ja… Pero no olvide que tiene una cita con el doctor Higa a las 7:30 a. m.”
Alice esbozó una sonrisa leve al verla hacer una reverencia en la puerta y asintió con suavidad.
—“Lo entiendo. Y muchas gracias.”
—“No hay de qué…”
**Shhh…**
Reina se giró y salió de la habitación.
**Clack… hiss…**
La puerta se abrió y se cerró tras ella automáticamente.
**Toc… toc… toc…**
Alice escuchó sus pasos alejarse por el pasillo.
Entonces, con esfuerzo, se incorporó desde la cama inclinada.
**Whirr… hiss…**
Sus articulaciones robóticas respondieron con precisión, pero no con la misma ligereza que recordaba de su cuerpo virtual.
Su cuerpo en el mundo real era más pesado. Más rígido. Mucho menos eficiente.
No como en Underworld, donde su fuerza fluía con naturalidad, donde su espada era una extensión de su alma.
Aquí… todo era distinto.
Más lento, limitado y complicado de realizar.
—“Este cuerpo…”
Murmuró, examinando sus manos, que parecían humanas pero eran metálicas, recubiertas de polímero sintético…
—“Lo que allá es posible… aquí sería impensable.”
**Hmm… thump**
Se puso de pie, aún adaptándose al peso nuevamente de esta realidad.
Pero entonces, algo cambió.
Sus ojos se abrieron con fuerza al sentir un peligro en su alma.
Un escalofrío.
Una sensación.
Como una espada desenvainada a sus espaldas.
**…shhhh**
Como una guerrera que percibe la presencia de un enemigo antes de verlo.
**Fwip**
Giró el rostro con rapidez.
Nada.
La habitación estaba vacía.
Pero su instinto nunca mentía.
Con voz firme, clara y cargada de autoridad, habló al aire mientras escaneaba con la mirada cada rincón.
—“Sal de ahí y deja de esconderte. Sé que estás allí.”
Por fin, Alice pudo ver el lugar donde se ocultaba: la esquina de la entrada, justo donde la puerta no había terminado de cerrarse por completo.
**Clack… hiss…**
La compuerta terminó de abrirse con un leve sonido.
Desde la sombra de esa esquina, emergió un hombre.
**Tap… tap…**
Sus pasos suaves, casi imperceptibles, lo acompañaban mientras se acercaba a ella.
—“Tú eres…”
Su rostro le resultaba vagamente familiar a Alice. Lo había visto de perfil en algunas ocasiones, cruzando pasillos o en los controles de seguridad. Nunca le había prestado más atención de la necesaria.
Pero ahora lo examinaba con extrema cautela.
El hombre vestía el uniforme de seguridad estándar, con la gorra negra del Ocean Turtle ligeramente ladeada. Su expresión era serena, casi humilde, y su sonrisa parecía inofensiva para la mayoría.
Pero no para ella.
Y menos en estas circunstancias.
—“Lo siento…”
Dijo con voz suave.
—“No quería asustarte. Me llamo Toma. Es solo que… siempre te he admirado, Alice. Tu belleza… siempre me ha atraído. Pero no quería molestarte. Solo… quería verte de lejos…”
Pero hoy tuve una gran necesidad de acercarme a ti…
**Tap… tap…**
Dio un paso más. Luego otro, acercándose a Alice.
**Thmp… thmp**
Ella, en cambio, retrocedía con cautela.
—“Me gustaría estrechar tu mano…”
Alice, ya incorporada por completo y a varios metros de distancia, le lanzó una mirada endurecida antes de responder con un tono igual de firme:
—“No te conozco. Eres solo un guardia en este lugar. No tienes autoridad para estar aquí… a menos que sea una emergencia. Y no creo que lo sea. ¿O me equivoco?”
La sonrisa del hombre titubeó. Por un segundo, pareció dolido.
Pero luego, algo en su rostro cambió.
Su expresión se volvió más fría.
—“Te equivocas…”
Dijo, con voz más grave.
Sí es una emergencia. Y me gustaría mostrártela.
Alice sintió una presión en su interior. Su instinto se activó de inmediato.
—“¿Y dónde está esa emergencia?”
Preguntó, con los músculos robóticos tensos.
El hombre sonrió.
Pero ya no era una sonrisa amable.
Era una mueca vacía.
**Shhhh…**
Lentamente, llevó la mano a su espalda.
**Click…**
Sacó un arma con silenciador.
**Shink**
—“Justo aquí.”
**Pfft—!**
El disparo fue silencioso.
**Ssshh— thwip!**
Pero Alice ya se había agachado gracias a su anticipación.
**Phut! — thunk**
La bala pasó por encima de su cabeza, incrustándose en la pared.
—“¡Maldita sea…!”
Gruñó el atacante.
**Fshhhh… thump-thump**
Alice rodó hacia un costado, buscando cobertura, dirigiéndose hacia una posible arma que había visto con el rabillo del ojo antes del primer disparo de Toma.
A su derecha, junto a una estación de emergencia médica, vio la barra de soporte de aleación reforzada, parte del sistema de sujeción para pacientes en rehabilitación.
No era una espada…
Pero serviría.
**Clack—fwip!**
La arrancó con fuerza, girando sobre sí misma, y la sostuvo como si fuera su espada sagrada.
Con un movimiento rápido, lanzó varios objetos de la mesa cercana: una lámpara, una bandeja metálica, un par de frascos de solución salina, todo directo hacia Toma.
**Crash—clang—shatter!**
Él se agachó, cubriéndose y rodando hacia su derecha, lo que lo salvó: la bandeja se clavó en la pared justo detrás de su cuello.
**Shhhkt-Shhhkt**
Retrocedió, sabiendo que a corta distancia tenía desventaja.
Ella había esquivado la primera bala.
Y ahora estaba armada.
—“¿En serio?”
Se burló, con una sonrisa torcida.
—“ ¿Vas a pelear con eso? ¿Una barra de hospital? Qué decepción… pensé que eras una caballera.”
—“…”
Alice no respondió.
**Fshhh**
Pero en lugar de correr hacia él, se desplazó hacia un lado, donde había un gran botón de emergencia de las instalaciones.
Toma lo notó de inmediato.
—“¡Tsk…!
**Pfft—! Pfft—! Pfft—! Pfft—!**
**thump-thump**
Disparó varias veces mientras Alice corría, usando las camillas y columnas como cobertura.
**Clang! Thwack! Zing!**
Las balas silenciadas impactaban cerca, rompiendo paneles, rebotando en superficies metálicas, silbando a centímetros de su cuerpo.
**Fshhh— thump!**
Alice se deslizó por el suelo, girando sobre sí misma, y con un golpe preciso y fuerte de su espada improvisada rompió el cristal protector del botón rojo de emergencia.
**¡Crack!**
Sin dudar, lo presionó.
**¡CLACK!**
Antes de que ella se ocultara rápidamente bajo un escritorio al mismo tiempo que esquivaba un nuevo disparo de detrás.
Tomando un descanso Esperó.
Un segundo.
Dos.
Tres…
—“¡…!”
Nada.
No sonó ninguna alarma.
Ninguna luz.
Ninguna señal.
Solo silencio.
Y entonces, una risa.
—“Ja, ja, ja, ja…. ¿De verdad pensaste que eso funcionaría?”
Dijo Toma, con tono burlón.
—“¿Olvidaste que soy un simple guardia…?”
**Tap… tap**
Continuó él, caminando lentamente por la sala.
—“He trabajado años aquí. ¿Tú crees que no sabría cómo manipular ese maldito botón? Solo hice unas pequeñas modificaciones…”
Se detuvo, disfrutando cada palabra.
—“En pocas palabras… nadie vendrá a salvarte, Alice.”
Desde su escondite, Alice apretó los dientes.
La furia se encendió en su interior.
**Vrrrrm**
Su cuerpo robótico, aunque limitado, aún respondía a su voluntad.
—“Aaaaaahh….”
Con un grito, canalizó toda su fuerza.
**Hrrrgh—! Screeeak…**
Se impulsó desde el suelo, y con ambas manos, levantó el escritorio de madera robusto que la cubría.
—“Grraaahh—!”
Con un giro potente, lo lanzó hacia Toma sin darle tiempo para seguir burlandose.
**Wham—!**
El escritorio voló por el aire.
—“¡¿Qué…?!”
**Khhh—!**
Toma, sorprendido, apenas alcanzó a esquivarlo.
**Fshhh— thump…**
Rodó hacia un lado, jadeando,mientras el mueble se estrellaba contra la pared con un estruendo que, con suerte, no saldría de allí gracias a la amortiguación acústica del recinto.
¡CRASH!
**thump-thump-thump**
Pero en ese instante, algo más se movía hacia él… o mejor dicho, alguien.
**Fshhh**
Alice se lanzó a una velocidad que no parecía posible en un cuerpo robótico. El tubo de aleación silbó en el aire mientras Toma retrocedía de inmediato, levantándose con agilidad, sorprendido por su ímpetu.
Sabía que no podía perder tiempo. Aunque la habitación estaba insonorizada —él mismo se había asegurado de cerrar la puerta al entrar y había dejado a los demás guardias de los alrededores fuera de combate—, no podía arriesgarse a que ella escapara a otro lugar.
**Pfft—pfft—pfft!**
Disparó varias veces con su pistola silenciada.
**Phut! — thunk**
Alice rodó hacia un lado, esquivando con dificultad.
**Shhhhhrk!**
Una de las balas le rozó el hombro, desgarrando parte de la tela y dejando una línea superficial sobre su piel sintética.
**Fshhh— thud!**
Aun así, no se detuvo: logró acercarse lo suficiente.
—“¡Aaaaaahhh!”
**Shooo!**
Sin dudar, alzó el tubo como si fuera su espada sagrada y lo lanzó con fuerza desde arriba con un grito de batalla.
**Fshhh**
Toma, atento, se movió hacia un lado.
**Fwip!**
Pero la trayectoria cambió en el último segundo, sorprendiéndolo.
**Grrr!— clank!**
Un engaño.
Alice giró la muñeca y redirigió el golpe.
**Shhhhhrk!**
El metal rasgó su chaqueta y le abrió un tajo en el costado.
**…drip… drip…**
Un hilo de sangre brotó.
—“¡Maldita sea!
Gruñó Toma, retrocediendo
—“¡Incluso aquí… sigues siendo dura!”
Disparó de nuevo.
Pero esta vez, apuntó a una parte específica: sus piernas.
**Pfft—pfft!**
Alice lo miró con furia.
—“¡Cobarde traidor!”
**Ziiiipp!**
Escupió la palabra como una cuchilla, y se lanzó con una estocada directa, veloz, brutal, hacia su cabeza, sin importarle el daño en sus extremidades.
Toma se enfureció por el alto riesgo de la cercanía.
Sabía que si ella lo alcanzaba, no tendría oportunidad.
Intentó disparar de nuevo, pero la velocidad de Alice lo descolocó.
**Phut-phut…**
Falló los disparos, y apenas logró echar la cabeza hacia atrás.
**Shrrk!**
La punta del tubo le rozó la mejilla, abriéndole un corte limpio que dejó una línea roja sobre su piel.
—¿De verdad crees que por rozarme vas a ganar? ¡Esto no es tu mundo! ¡Es el mío!
—“¡Gaaaaahhh!”
**Thump!**
Con un rugido, flexionó las piernas y dio un salto hacia atrás, impulsándose con fuerza contra una de las columnas metálicas que tenía detrás.
**Fwoosh… click!**
En el aire, giró sobre sí mismo con agilidad entrenada —como un acróbata militar— y, mientras rotaba, apuntó hacia abajo.
**Pfft—pfft!**
Dos disparos.
**Clank!— Thunk!**
Uno impactó en la articulación de la rodilla derecha de Alice; el otro, en el muslo izquierdo, justo donde se conectaban los actuadores hidráulicos.
**Pshhhh— splat-splat…**
Pequeños chorros de fluido sintético salpicaron el suelo, brillando con un tono azulado.
**¡Crack!**
Alice sintió cómo sus piernas fallaban.
**Vrrrrr— Bzzt!**
Sus sensores se apagaron por un instante, y el sistema de balanceo se desestabilizó.
**Thud! Clank!**
Cayó de rodillas, sin equilibrio.
Pero sus brazos aún respondían.
Y su espíritu no se rendía.
—“¡Aaaaaaahhh…! ¡Esquiva esto”
Con un grito de guerra, y aprovechando el impulso de su caída, lanzó el tubo como una lanza hacia su enemigo, que aún descendía del salto.
**¡Whump!**
—“¡Demonios!”
Toma intentó girar en el aire, maldiciendo, para proteger su rostro, pero no fue lo suficientemente rápido.
El impacto le dio de lleno en el hombro derecho.
**¡Thud!**
—¡Gaargh!
Gruñó de dolor al caer al suelo con un golpe seco.
El tubo se había incrustado parcialmente, y aunque no era letal, el daño era real.
—¡Mierda!… ¡Perra, ya me hiciste enojar de verdad!”
Escupió, con el rostro crispado, mientras se arrancaba el tubo con un gemido.
**Schlurp— thud**
El metal salió con dificultad, dejando una mancha oscura en su ropa.
—“Ssssss— huff… huff…”
Su hombro sangraba, y el dolor lo hacía respirar con dificultad.
Pero su mirada seguía fija en ella, encendida por la rabia.
La barra se había incrustado levemente hasta el hueso.
Su cabello estaba despeinado, la ropa desgarrada, y bajo la camisa se revelaba un chaleco antibalas. Pero no cubría mucho esa parte, por no ser considerada vital.
—“Si no fuera por mi movimiento y esto… huff… huff… ya me habrías matado por desangramiento… Maldita.”
Alice, en el suelo, sin poder moverse, lo miró con una mezcla de rabia y desafío. Pero también estaba decepcionada por haber fallado esa gran oportunidad de acabar con él.
—“¿Por qué haces esto…? Yo no te he hecho nada…”
Pero en su mente, la respuesta ya estaba clara.
Había escuchado rumores.
El mundo envidiaba la tecnología japonesa sobre el Fluctlight.
Y algunos harían cualquier cosa por poseerla.
Con desesperación, buscó algo a su alrededor.
Vio unos pedazos de madera del escritorio que había lanzado antes.
Los arrojó con fuerza, aunque sin precisión, debido a su incómoda posición.
**Clang—crash—whizz!**
Toma los esquivó con facilidad, observándola desde arriba.
Sabía que no podía levantarse, no con las balas en las piernas que habían impactado en las articulaciones.
Las balas habían hecho su trabajo.
Pfft—pfft!
**Pshhhh— splat-splat…**
Disparó a sus manos.
Pfft—pfft!
**Pshhhh— splat-splat…**
Y luego a sus brazos.
¡Crack!
—“Grrrr…”
Alice gruñó. No por dolor —su cuerpo no lo sentía como un humano—, sino por la pérdida de funcionalidad.
Cayó completamente.
Inmóvil.
Pero su mirada…
Seguía ardiendo con el deseo de dar batalla.
—“Es cierto, no me has hecho nada antes de esto… pero tu alma tiene una doble paga…”
Toma respondió a la pregunta anterior mientras se acercaba, desangrándose. Pero eso no le importaba en ese momento de triunfo.
**Click-clack. — Shhhhk**
Con velocidad, recargó el arma y se agachó frente a ella a pesar de su propio dolor.
**Clink**
Apoyó el cañón de la pistola bajo su barbilla, levantando su rostro.
—“Uno, por desaparecer de su vista… y el otro, por entregarte a él y poder descubrir tus secretos…”
Los ojos de Alice se abrieron con sorpresa por lo primero que dijo.
—“¿Alguien quiere que desaparezca…?”
Toma sonrió al ver su expresión.
—“Así es. Alguien que conoces me pagó por esto. Diste pelea… huff… huff… Pero te lo advertí. Este es mi mundo, no el tuyo. Si estuviéramos en el tuyo… ya estaría muerto en mil pedazos.”
Alice, volviendo a su rostro frío, no apartó la mirada y dijo:
—“No te equivocas. Pero no dejaría nada de ti…”
No se rindió ni parpadeó, negándose a complacer más su ego.
—“Eres toda una luchadora. Sin embargo… has perdido…”
Susurró él.
—“Y yo… soy el ganador… Y como ganador… reclamo mi premio…”
Pfft—pfft—pfft!
Disparos precisos.
Zonas clave.
No letales… pero paralizantes por completo para mayor seguridad.
Alice murmuró, con la voz apenas audible:
—“¿Por qué… tenía que ser hoy…?”
**Thump**
Su cuerpo cayó, inerte.
**Splosh… ssss…**
Y El líquido se desparramó lentamente bajo ella, formando un charco irregular que se extendía por el suelo metálico, tiñéndolo con un brillo aceitoso.
…
Como si estuviera muerta.
Pero sus ojos mostraban que aún estaba viva.
**…huff… khhh…**
Toma se incorporó con una sonrisa cruel al ver su estado.
**Click— zzzk**
Sacó de su cinturón una herramienta: una especie de tenaza de extracción de precisión.
**Shhhh… fwip…**
Movió con cuidado la cabellera dorada de Alice, localizando el puerto oculto en la base de su cuello.
**…zzz…**
Alice, al ver por el rabillo del ojo la sombra de lo que pasaba encima de su cuerpo, se entristeció al saber lo que ocurriría.
Y antes de la extracción, dijo:
—“Lo siento, chicos… Asuna… Kirito… No pude…
Ciertamente, habría llorado lágrimas… si ese cuerpo metálico se lo permitiera.
**Click… hiss…**
Entonces, Toma extrajo un pequeño cubo translúcido: el Fluctlight Core, donde residía el alma digital de Alice.
Su Fluctlight.
Y con eso, la luz azul, junto con el brillo de sus ojos, se apagó.
… …
El silencio que siguió fue absoluto.
La batalla había terminado.
¡Hola a todos!
Sé que ha pasado más de un mes desde la última actualización, y quiero empezar pidiéndoles una disculpa por la espera. Entre las responsabilidades del día a día y algunos bajones de ánimo, me costó bastante retomar el ritmo. A veces, cuando uno no ve muchos comentarios o reseñas, es fácil preguntarse si lo que uno escribe realmente llega, si alguien está del otro lado esperando el siguiente capítulo.
Pero aun así, aquí estamos. Y si estás leyendo esto, quiero darte las gracias de corazón. Gracias por seguir aquí, por darle una oportunidad a esta historia, por acompañarme en este viaje. A esa persona que siempre deja su comentario o su piedra de poder: gracias infinitas. No saben cuánto significa para mí.
Si disfrutaste este capítulo, te invito a dejar tu opinión, aunque sea una línea. Leo cada comentario con atención, y créeme, son una fuente de motivación enorme. También, si puedes dejar una reseña o una piedra de poder, ayudarías a que más personas descubran esta historia.
Nos veremos en la próxima actualización —que esta vez no tardará tanto, lo prometo.
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