Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 22
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Capítulo 22: Capítulo 22: Consecuencias No Intencionadas de una Ausencia: Lo Inesperado (Parte 3)
—“Huff… khhh…”
Toma respiraba con dificultad. Su hombro derecho sangraba lentamente, empapando parte del chaleco antibalas que, aunque lo había salvado de algo peor, no había logrado protegerlo por completo. Un corte limpio atravesaba su mejilla, aún fresco, y el dolor punzante le recordaba que Alice no había sido una presa fácil.
A su lado, el tubo de aleación que ella había utilizado como espada improvisada yacía en el suelo, manchado con su sangre.
**Clack…**
Con el brazo menos herido y la herramienta de extracción en mano, Toma levantó el cubo translúcido que contenía el Fluctlight de Alice. Lo sostuvo con cuidado y, al alzarlo hacia la luz blanca del techo, lo examinó con detenimiento.
**Fzzzzz… hmmmm… blink**
Dentro del núcleo, una pequeña chispa azul titilaba, casi imperceptible.
**Whooo… hush**
Un punto de luz suspendido en el centro, como una estrella atrapada en un cristal.
En el plan, no podía llevársela en ese cuerpo pesado y metálico… Sin embargo sí podía llevarse lo que realmente importaba:
Su Fluctlight… Es decir ella misma para su estudio.
—“Tch…”
Frunció el ceño al recordar el costo que acababa de pagar, justo cuando una nueva punzada le atravesó el hombro derecho. Aunque aún podía moverlo hasta cierto punto para luchar y disimular, lo cierto era que no estaba al cien por ciento de su capacidad.
—“Maldición… uf… esto no estaba en el plan… ¡Ahaaaa…!”
Bajó la cabeza al decirlo, exhalando con frustración al ver su hombro sangrante y el uniforme dañado por la feroz batalla con Alice. Luego, alzó la vista y recorrió el lugar con la mirada.
El entorno era un caos: muebles destrozados, sangre en el suelo, fragmentos de vidrio, fluidos sintéticos esparcidos por todas partes, el escritorio incrustado en la pared… y lo más importante: el cuerpo robótico de Alice, inerte, yacía a unos metros, con los ojos apagados.
Todo aquello gritaba que era una escena de crimen y de resistencia de la víctima.
—“Esto no debía pasar así…”
Gruñó entre dientes. Se suponía que su cuerpo estaría inactivo, que ella aún permanecería en Underworld hasta las seis de la mañana.
—“Uff… Yo iba a entrar, sujetarla a la silla, engañarla para que regresara a la realidad y luego extraer el Fluctlight sin gran resistencia… y listo… Sin una maldita pelea que me causara estas heridas.”
**Grrr**
Apretó los dientes al mover el brazo herido. El dolor le recordaba el fracaso del plan principal.
—“Pero no… no, no… tenía que despertar antes de la hora. Tenía que arruinarlo todo…”
**Bam**
Lo dijo con sarcasmo, mirando el cuerpo y dándole una patada, aunque ella ya no estuviera allí, solo para desahogar un poco la frustración.
—“Esto no estaba en el maldito contrato… uuuff…”
**Bam-Bam**
—“…”
Se quedó en silencio unos segundos, respirando con dificultad tras patearla un poco más. Luego, con amargura, añadió:
—“Pero bueno… el dinero cubrirá los gastos médicos de más. Y valdrá la pena… al fin y al cabo, ya la tengo en mis manos…”
**Tshkk—clunk… ffffff-click**
Dicho eso, colocó con sumo cuidado el cubo en un pequeño compartimento de cristal reforzado, diseñado para proteger objetos delicados de impactos —incluso de una bala—, vibraciones o interferencias.
**Hummmmm—clkk**
El cristal era grueso, de alta densidad, con un sistema de amortiguación interna que mantenía el Fluctlight a salvo de cualquier golpe en el núcleo.
—“Asegurado…”
Susurró al guardar el contenedor en un compartimiento especial de su cinturón táctico, asegurándolo.
Aunque la odiaba con toda su alma y deseaba hacerla pedazos en ese mismo instante, sabía que eso no le pagaría ni un centavo por todo el arduo trabajo y la paciencia acumulada durante tantos años en esta instalación.
—“Tienes suerte de que me paguen por tu alma intacta… ufff… porque si no…”
Dijo con los ojos encendidos de furia, mirando el cuerpo de Alice como si aún pudiera escucharlo. Luego sacudió la cabeza para alejar aquellos pensamientos oscuros. Debía concentrarse en lo que realmente importaba. Su trabajo le había enseñado que, a veces, hay que soportar para poder ganar. Y esta vez, ganaría mucho más.
**Clk—tshhhk—clk—clk**
Con un gesto automático, retiró el cargador de su pistola, revisó las balas restantes, lo introdujo de nuevo y guardó el arma con silenciador en la funda de su cintura.
**Fzz… tss**
El metal aún estaba caliente.
**Grrr…**
Presionó su hombro herido con fuerza, intentando detener la hemorragia.
**Ssssh-click—thump… rustle, rustle**
—“No puedo irme así…”
**Fshhh—tok… hssss—clic**
Antes de dirigirse a la puerta, buscó rápidamente en el armario de primeros auxilios. Allí encontró algunos medicamentos básicos: analgésicos, antibióticos y un coagulante en spray para frenar la hemorragia. Tomó gasas, vendas y un desinfectante para la herida de la mejilla.
Sabía que no podía detenerse a curarse allí mismo por completo; alguien podía regresar y descubrir el desastre. Pero tampoco podía marcharse sin asegurarse de tener lo necesario para atenderse más adelante.
**Sfffrrr—shk… drip… drip**
Guardó los suministros en su cinturón táctico y, con una gasa improvisada, limpió parte de la sangre de su rostro y del brazo, intentando no dejar manchas visibles en el camino.
El dolor seguía presente, pero al menos había reducido el rastro más evidente.
—“Necesito curarme… y cambiarme de ropa para no llamar la atención.”
**Crrk—clump**
Dijo mientras se dirigía a la puerta. Antes de salir, se detuvo un momento.
**Click—whirr—bzzt**
Activó el panel de seguridad junto a la puerta. Bloqueó el acceso con un código de emergencia, sellando la sala desde dentro. Y, para detener a la mayoría de las personas, en una barra digital al lado decía:
[En Mantenimiento]
Nadie vería lo que había ocurrido… no en poco tiempo.
—“Esto bastará por ahora.”
Tap… tap… tap…
Y sin mirar atrás, cerró la puerta y se alejó.
Dejando tras de sí el cuerpo robótico de Alice, deshecho en su interior…
Todo por su propio beneficio.
Pero no libres de consecuencias.
Más de lo que a simple vista él pudo ver y comprender…
**Tap… tap… shhhhh**
Mientras avanzaba hacia otro lugar, no se dio cuenta de que, a causa del sudor y la tensión, varias partículas de sangre habían quedado atrapadas en el cañón de su arma.
**Drip…drip…**
Poco a poco, algunas gotas se desprendieron y cayeron al suelo, dejando tras de sí un camino casi imperceptible.
**Drip… drip…**
El sonido tenue acompañaba su marcha, un detalle mínimo, inadvertido, que lo seguía mientras se alejaba del escenario.
*****
**Tap… tap… suff… suff**
Naoki Fujimura, técnico de mantenimiento de sistemas eléctricos, caminaba con paso relajado por el pasillo. No era su turno de inspección, pero solía aprovechar cualquier excusa para pasar por allí.
**Tink… Tink… clink**
Vestía su uniforme habitual: un overol azul marino, ligeramente desgastado por el uso, con bolsillos laterales repletos de pequeñas herramientas y un cinturón de trabajo ajustado a la cintura. Llevaba botas negras de seguridad y una chaqueta ligera, abierta sobre el uniforme, que dejaba ver la placa con su nombre. Su cabello oscuro, algo desordenado, le confería un aire distraído, aunque sus ojos reflejaban siempre una curiosidad constante.
La verdad era simple: le gustaba Reina Kurose.
Y aunque ella apenas le dirigía la palabra, él seguía intentándolo.
(—“El que persiste es el que gana…”)
Era algo que siempre se repetía a sí mismo para no rendirse.
Sin embargo, al llegar frente a la sala, su sonrisa se desvaneció.
**Brrrt—beeeep…**
Cuando sacó su tarjeta de acceso y la deslizó por el lector, un pitido seco sonó, seguido de un destello rojo. Acceso denegado.
La puerta estaba cerrada.
**Beeep…**
Intentó una segunda vez, pero el resultado fue el mismo. El sistema había anulado su entrada. Algo no estaba bien.
(—“¿Qué…? Eso no debería pasar…”)
Frunció el ceño, desconcertado.
Por un instante, pensó que quizá era Reina quien no quería verlo. Bajó la mirada, desanimado, porque esa podría ser una explicación.
—“¿Será que me pasé la última vez… al intentar invitarla a una cita?”
Susurró con amargura.
—“Ahaaa…”
Suspiró, inclinando la cabeza hacia el suelo. Pero al volver en sí, prestó mayor atención al lado de la puerta grande y a la barrera digital. Y entonces lo vio.
—“¿Eh…? ¿Bloqueada por Mantenimiento? ¡Pero a mí no me dijeron nada!…”
Murmuró, extrañado, ya que ese era uno de sus trabajos en las instalaciones. Además, sabía que allí debería estar el cuerpo de Alice, que permanecía en Underworld, y que esa era la hora en la que Reina Kurose debía sacarla de allí.
—“Bueno… eso es lo que, según se me informó… ¿O me mintieron?…”
Al no estar totalmente convencido de un cambio tan radical y sin previo aviso, algo le resultaba muy sospechoso. Así que, dejando atrás pensamientos inútiles, buscó detalles alrededor de la puerta hasta que por fin encontró algo fuera de lo normal.
Una diminuta gota oscura, apenas perceptible, descansaba sobre el piso.
—“¡¿Qué… sangre?!”
**Squish—tap**
Se agachó, sorprendido, y la tocó.
—“Está fresca…”
Murmuró al ver cómo se le pegaba al dedo.
—“Debe haber más entonces…”
Miró con más atención y, al avanzar unos metros en una dirección, encontró otra. Y luego otra más. Un rastro casi invisible, como si alguien herido hubiera pasado por el pasillo de la derecha.
**Thump-thump… thump-thump**
El corazón de Naoki se aceleró.
(—“Esto no es normal…”)
**Gulp**
Pensó, tragando saliva.
**Tap… tap…**
De inmediato, comenzó a seguir las gotas, cada vez más preocupado. En su mente se cruzaban dos posibilidades:
(—“¿Podría ser Reina…? ¿O alguien más?…”)
Ambas opciones lo inquietaban. Pero también sentía que algo peor podía estar ocurriendo. Además, lo que lo motivaba aún más era que en esa dirección había guardias armados patrullando.
—“Al primero que vea, le informaré para que me ayude…”
**Tap… tap…**
Se dijo para convencerse a sí mismo, mientras comenzaba con pasos cautelosos a avanzar por el pasillo, siguiendo el rastro imperceptible que lo guiaba hacia lo desconocido.
*****
**Tap… tap…**
El rastro lo llevó hasta una puerta cerrada.
Justo cuando iba a acercarse, un sonido seco lo detuvo.
**¡Thump!**
Un golpe, como de alguien que se movía dentro.
—“Esa maldita perra… Grrr… Ya casi está…”
Naoki contuvo la respiración al escuchar, en voz baja pero cargada de ira, las maldiciones de un hombre —no de una mujer— que parecía estar haciendo algo en el interior, visiblemente enfurecido por alguna razón desconocida.
Él sentía un poco de miedo, ya que al seguir el rastro hasta allí no había conseguido encontrar a nadie que lo ayudara en su búsqueda.
(—“Esto es demasiado sospechoso…”)
Cada cosa que descubría hasta ahora le decía que esto estaba fuera de su control y que las implicaciones superaban su imaginación, y que lo más sabio sería retirarse corriendo y avisar a su superior o a Higa…
Cuando estaba a punto de hacer justamente eso, de irse de allí, escuchó algo que no pudo ignorar proveniente del hombre…
—“Alice…”
(—“¡¿Alice?!…”)
Pensó Naoki, paralizado.
Ese nombre no era desconocido en el mundo, y mucho menos para él, que trabajaba para RATH desde hacía varios años. ¿Quién más podría ser sino Alice Zuberg? Ella era la primera persona del mundo de Underworld en llegar al mundo real y tener total libertad en su toma de decisiones, alguien deseada por muchos.
**Pas… pas**
El paso que Naoki estuvo a punto de dar hacia atrás se transformó en uno hacia adelante, acercándolo a la puerta detrás de la cual se ocultaba el hombre.
(—“Necesito saber más… No puedo acusar a nadie sin saber qué implica todo esto… Y también saber quién es…”)
**Pas… pas**
Con ese pensamiento, que le dio un poco de valor, se acercó con mucho cuidado y pegó la oreja a la puerta, intentando escuchar con mayor claridad.
**Fffff**
Naoki mantuvo la oreja pegada a la puerta, conteniendo la respiración.
—“¡Maldita sea… voy a tener que aceptar el otro trato también! Ojalá consiga los datos faltantes…”
El técnico abrió los ojos con sorpresa. Aquello no era una simple palabras: eran datos robados. Información que no debía salir de las instalaciones.
**¡Pafff—clanc!… plas…**
De pronto, un estruendo lo hizo estremecerse.
El sonido fue como si alguien hubiera arrojado con violencia algo a un bote de basura…
—“¡Maldición…!”
Gruñó la voz del hombre, cada vez más cargada de rabia.
**Glup**
Naoki tragó saliva. No era un experto, pero había visto cómo la gente se curaba en emergencias. Recordó la sangre fresca que había encontrado en el pasillo. Todo encajaba: la persona dentro estaba herida, y esa herida lo llenaba de frustración.
(—“Esto implica a Alice… y a información robada… Aquí hay una traición, un espía dentro… Algo grave pasó… o está por pasar…”)
**Fffffff… uhhh… uhhh… uhhh…**
El silencio se quebró con un sonido distinto. Una respiración pesada, rítmica, como de alguien inconsciente.
**Criinc…**
Naoki se tensó: había otra persona allí dentro, dormida o desmayada.
Naoki no se había dado cuenta desde el principio, ya que sus oídos estaban puestos en lo que decía la otra persona, pero ahora se percataba y aquello daba más veracidad a su hipótesis. ¿Por qué, si no, alguien estaría curándose por sí solo sin buscar ayuda profesional en esta instalación que la ofrecía?
(—“Y está claro que el culpable de que la persona esté inconsciente es el mismo que maldice…”)
**Rrrras… fff… shhhh…**
En medio de sus cavilaciones, sin perder la tensión creciente, escuchó el roce de tela, el crujido de una camisa al ser acomodada y el murmullo de vendas ajustándose sobre la piel. El hombre se estaba cubriendo las heridas.
**Pis… pis… craaac…**
Naoki retrocedió en silencio, intentando retirarse con mucho cuidado, pero con rapidez, al saber que el culpable saldría.
**Tac… tac… tac…**
La esquina que estaba a unos seis metros parecía una distancia mucho más larga en ese momento para él.
(—“Demonios, demonios, demonios…”)
**Ñiiiiiccc…**
Ahora fue su turno de maldecir en su mente, porque justo cuando estaba cerca de la esquina, escuchó el chirrido de la puerta abriéndose.
**Clack…**
El pánico lo invadió y se movió con mayor velocidad, llegando por fin a la única esquina del pasillo de su lado.
**Mmmffff…**
Naoki se tapó la boca de inmediato, se inclinó y se agazapó, escondiéndose justo a tiempo antes de ser descubierto.
**Bum… bum… bum… bum…**
Su corazón latía con fuerza, golpeando contra su pecho como un tambor.
**Criiiic… criiiic…**
La puerta comenzó a abrirse lentamente.
**Fffff…**
Esperó unos segundos, inmóvil, escuchando. La persona al otro lado parecía no haberse percatado del ruido.
Con cautela, Naoki se asomó muy levemente y dirigió su mirada hacia la puerta entreabierta. Antes de que esta se cerrara, alcanzó a ver:
Un guardia embozado, sin la ropa de encima ni la de abajo, completamente desnudo. Naoki notó prendas tiradas en el suelo, ensangrentadas, junto a algunas vendas usadas. Y, en cuanto al que salió, Naoki lo reconoció.
Era Toma, otro guardia de las instalaciones, con quien en algunas ocasiones había mantenido una conversación agradable.
Sin embargo, ese mismo guardia, Toma, que siempre había mostrado una cara amable, cordial, casi confiable a todos, mostraba una expresión completamente distinta: oscura, fría, llena de odio.
Naoki entendió que ese Toma jamás existió… y que el hombre detrás de todo era alguien que jamás habría sospechado. Además, el guardia que debía estar patrullando había sido reducido, y Toma, dentro, había cambiado de atuendo. Eso explicaba por qué no había encontrado a otros guardias en el camino.
—Lo más seguro es que él los despachó también a todos ellos…
Pensó Naoki, con un escalofrío recorriéndole la espalda y dejando de mirar en esa dirección.
**Clop, clop, clop**
Permaneció agazapado tras la esquina, conteniendo la respiración. Escuchó los pasos de Toma alejarse pasillo abajo.
**Clop, clop, clop**
El sonido de las botas se fue haciendo más tenue, más distante, hasta que el silencio regresó por completo.
…
Naoki esperó un largo minuto, inmóvil, agudizando el oído. Nada. Solo el zumbido tenue de las luces fluorescentes.
(—“ Por fin se fue…”)
Click—brrr… brrr…
Solo entonces, confiando en que el peligro había pasado, se atrevió a sacar el teléfono.
(—“Debo llamar al señor Higa…”)
Tic—tic—tic…
Con las manos aún temblorosas, lo desbloqueó y, con dedos inseguros, marcó el número del Dr. Higa.
—“¿Higa?”
Su voz sonaba agitada, casi temblorosa, apenas un susurro.
—“Señor director… la seguridad… ha sido comprometida…”
{—“¡Habla claro!” }
Ordenó Higa al otro lado, ya con el cuerpo tenso, intuyendo la gravedad de lo que estaba por escuchar. Sin embargo, eso puso más nervioso a Naoki, porque el sonido había sido mayor de lo esperado y era lo último que quería en ese momento.
Aun así, siguió informando de lo sucedido.
—“Parece que hubo infiltrados. Y… y se ha producido un robo…”
Naoki levantó la vista mientras hablaba, buscando confirmar que el pasillo seguía vacío para poder irse de allí, un simple reflejo de precaución provocado por la voz más fuerte de Higa instantes atrás.
Justo cuando miró el pasillo, todo su ser se congeló por una simple razón:
Toma lo observaba directamente, a menos de tres metros de donde él estaba agachado en medio de la llamada.
Toma no se había ido. Jamás lo había hecho. Había detenido sus pasos en seco, había esperado en silencio, como un depredador paciente, sabiendo que alguien acabaría asomándose desde donde se ocultaba.
Su expresión asesina helaba la sangre.
—“Aquí estás…”
Dijo con voz fría, cargada de odio y baja, al ver que Naoki estaba llamando a alguien.
**Crrr… pis…**
Naoki se estremeció, retrocediendo un paso instintivamente, como si la distancia pudiera salvarlo.
**Bzzzz…**
El teléfono aún estaba en su mano, pegado a su oído, con Higa al otro lado escuchando todo lo que ocurría.
—“¡Espera! ¡Espera!”
La voz de Naoki se quebró, aguda por el pánico.
—“¡No vi nada! ¡Lo juro! ¡No vi nada!”
En un acto desesperado, levantó el teléfono frente a su rostro, como si aquel frágil aparato pudiera servirle de escudo.
**Pfft—!**
**Fssss—pop…**
El disparo fue seco. Silenciador. Preciso. Letal.
**Criii—tac… pffft…**
La bala atravesó el teléfono, destrozando la pantalla y cortando la llamada en un instante, para luego penetrar su frente con brutal exactitud.
**Thump…**
**Pluff… ¡Pomm!**
Naoki cayó al suelo muerto.
Su cuerpo golpeó el frío linóleo del pasillo con un ruido sordo.
**Brrr… clic—clic… clic…**
El teléfono, aún vibrando por el impacto, se deslizó de su mano y rebotó una vez antes de quedar inmóvil, con la pantalla rota y la llamada interrumpida.
La comunicación se cortó de forma abrupta, dejando a Higa con el eco de las últimas palabras de Naoki y un silencio mortal que lo envolvió por completo.
—“Ya que todo el plan se fue al infierno… vete tú primero con él.”
Dijo Toma con frialdad y un destello de locura en sus ojos, dirigiéndose al cuerpo muerto de Naoki, consciente de que acababa de cometer su primer asesinato en la misión.
*****
**Ffff… pom…**
Toma se apoyó contra la pared.
**Rrrras… tss…**
Se tocó el hombro: la herida estaba mejor, apenas cubierta por un vendaje improvisado. En la mejilla, una pequeña curita disimulaba el corte. No parecía grave.
—“¡Mierda… esto es lo que me faltaba!”
Vio el cuerpo de Naoki con rabia.
—“¡Ya lo arruinaste todo…!”
**WEEEOOO—WEEEOOO—WEEEOOO**
La alarma de emergencia estalló en todo el complejo.
**CLANG—CLUNK—WHOOOSH**
Las puertas de seguridad comenzaron a cerrarse automáticamente en distintos pasillos, bloqueando accesos sin previo aviso. El sistema había activado el protocolo de contención para impedir la fuga de posibles espías o traidores.
**Grrr… chas—click**
Toma maldijo entre dientes y sacó su comunicador.
—“Aya… ¡apúrate! Te necesito aquí, ahora mismo. Ya sabes la dirección.”
… …
**Tap—tap—tap—tap…**
Un minuto después, desde el pasillo opuesto apareció Aya. Sus ojos se abrieron al ver el cuerpo muerto que Toma estaba terminando de meter al cuarto.
—“¿¡Qué has hecho!?” —gritó—. “¡Echaste todo a perder! ¿¡Y qué te pasó!?”
**Ffff… uff…**
Toma se giró, aún jadeando. Se tocó el hombro con disimulo, intentando ocultar el dolor. La curita en su mejilla apenas cubría el corte, pero Aya lo notó.
—“Estás herido… ¿verdad?”
Dijo, fijándose en cómo mantenía el hombro más bajo de lo normal.
—“No es nada…”
Respondió él con brusquedad.
—“¡No! Esto no es normal. Saliste herido, ¿verdad?”
—“¿Y qué te importa?”
Replicó Toma, con rabia contenida.
—“¡Mucho! Porque estamos juntos en esto. ¿Y todo por qué? ¿Por un pequeño dispositivo, por más datos?”
Toma la miró con los ojos encendidos de furia.
—“¡No por datos… por un alma!”
**Rrrras—click**
Con un gesto brusco, sacó el cubo translúcido que guardaba con tanto celo.
**Fiiiisssss…**
Dentro, brillaba la esencia del Fluctlight de Alice.
—“La de Alice…”
**Criic…**
Aya retrocedió un paso, sorprendida por las mayores implicaciones que esto traería.
—“¡Esto no estaba en el contrato!”
—“No en el tuyo, Aya… pero sí en el mío.”
—“¡Maldita sea, Toma! ¡Nos dijeron que no asesináramos a nadie! ¡Mira lo que hiciste por salirte del plan!”
—“¡También nos dijeron que si el plan estaba en riesgo, todo valía! ¡Y eso fue lo que vi!”
—“¡Yo no veo nada! ¡Solo a un asesino!”
—“¡Dime lo que quieras! ¡Hice lo que era necesario!”
**Criic… grrr…**
Aya, apretando ambos puños con el deseo de golpearlo, replicó nuevamente:
—“¡No! ¡Hiciste lo que tú quisiste por tu avaricia!”
**Click—zzzz…**
Toma la miró con furia, volvió a guardar el cubo en su cinturón y dijo fríamente, como si ya no la viera como aliada:
—“¡Ejecuta el plan B, ahora!”
**Rrrrrr—ssss…**
Aya, temblando de rabia y notando ese brillo peculiar en su mirada, sacó su teléfono sabiendo la urgencia de la situación.
**Clinc—clic—tic—tic—tic…**
Retiró el chip viejo, lo reemplazó por uno nuevo, especial, y tecleó un código.
—“Está hecho… el plan B ha comenzado. No hay tiempo que perder.”
Murmuró, agregando con los ojos llenos de enojo:
—“Esto era innecesario…”
**Bruuummm… ¡PUM!… ¡CRASH!**
De pronto, el suelo vibró. Un estruendo sacudió la estructura.
La Ocean Turtle tembló violentamente, como si el propio mar hubiera golpeado su casco. Explosiones resonaron desde lo más profundo de la instalación, sacudiendo los pasillos y enviando ondas de choque a través de las paredes metálicas.
**ZZZZZT—CLANG—WHOOOSH—CRACK**
El sistema detectó la emergencia interna y anuló los cierres previos. Las puertas comenzaron a destrabarse automáticamente, liberando los pasillos para la evacuación. La prioridad había cambiado: salvar a los ocupantes era más importante que impedir un escape.
**WEEEOOO—WEEEOOO—CRAC—WEEEOOOzz**
La alarma se intensificó. Una voz automática resonó en los altavoces:
—“¡Atención! ¡Todos los ocupantes deben evacuar inmediatamente hacia el nivel superior!”
**Fzzzz—clic—zzzzt…**
Por un instante, el mensaje se interrumpió con un chasquido eléctrico.
—“¡Esperen! ¡No, la situación—”
Era la voz del Dr. Higa, intentando detener el caos.
**Brrrr—zzzz—clic…**
Pero antes de que pudiera terminar, una señal encriptada irrumpió en el sistema. El audio se cortó bruscamente y la voz automática volvió a sonar, repetitiva, distorsionada por las fallas del ataque:
—“Disculpen la interrupción… se han detectado fallas en las instalaciones durante el proceso de evacuación, fallas electrónicas…”
**Fzzzt—clic—fzzz…**
La voz automática titubeó, como si el sistema estuviera colapsando.
—“¡Atención! ¡Todos los ocupantes deben evacuar inmediatamente hacia el nivel superior!”
Bzzzz… flick… crack—criiic
Las luces parpadearon.
El eco metálico del mensaje se repitió en cada pasillo.
**Grrr…**
Toma apretó los dientes, satisfecho. Él mismo había manipulado el sistema para asegurarse de que la evacuación no se detuviera.
—“¡Vamos antes de que sea demasiado tarde!”
**Tap—tap—tap—tap…**
Aya lo siguió a regañadientes, con el rostro endurecido por la rabia. Sabía que Toma había manipulado el sistema.
**Tap—tap—tap—tap…**
Ambos corrieron hacia la salida, mezclándose con el caos, mientras la voz automática resonaba una y otra vez en los altavoces.
*****
[Exterior del Nivel de Evacuación – Plataforma de Aterrizaje | Ocean Turtle]
[6:10 A.M.]
**Shhhh… bum… bum…**
La multitud se agolpaba en la plataforma de evacuación. Técnicos y guardias armados intentaban organizarse.
—“¡Toma, ¿qué haces aquí?! ¡Ve a ayudar a los demás!”
Le gritó uno de ellos.
**Clank—zzzz…**
Otro guardia se acercó, revisando a los evacuados uno por uno. Cada persona que llegaba era chequeada cuidadosamente, buscando objetos robados o cualquier irregularidad.
—“¡Necesitamos ayuda aquí! ¡Revisen también a esos dos!”
Ordenó uno de los guardias, señalando a Toma y Aya.
**Gzz-zas**
Toma sabía que si lo revisaban descubrirían el cubo y todo se vendría abajo. Vio cómo uno de los guardias comenzaba a llevar la mano hacia su arma, preparándose para actuar.
**Tac—clack…**
En un movimiento brusco, reaccionó antes de que pudieran detenerlo. Se giró de golpe, tomó a Aya por detrás y le apuntó con la pistola a la cabeza.
—“¡Quietos todos! ¡No se acerquen o la mato!”
**Fffff…**
Los presentes se detuvieron en seco. El silencio fue absoluto, roto apenas por algunos gritos de las mujeres.
Aya, desesperada, clamó:
—“¡Ayúdenme! ¡No quiero morir!”
Uno de los técnicos, con la voz temblorosa, exclamó:
—“¡Toma, ¿qué te pasa?! ¡¿Por qué actúas como un loco?! ¡Suelta a tu compañera! ¡¿Por qué haces esto?!”
—¡Cállate de una vez!
Rugió Toma, apuntándole ahora con la pistola, con un brillo de locura en los ojos.
—“No des un paso más o te disparo!”
—¡…!
El técnico se detuvo de inmediato, enmudecido.
En ese momento, entre la multitud, una figura se paralizó.
Emi.
Su rostro reflejaba puro desconcierto: los ojos abiertos, la boca entreabierta. No podía creer lo que veía.
—“Aya… tú no…”
Aya, que pudo notar la mirada preocupada de Emi, sintió un profundo malestar por ella y por todo lo que estaba ocurriendo.
(—“Lo siento… Emi…”)
Solo pudo disculparse en su corazón mientras los acontecimientos se desarrollaban ante sus ojos.
**Thep… Thep… Thep…**
Toma comenzó a retroceder, arrastrando a Aya en una sola dirección. La multitud, aún sin armas, lo seguía con la mirada a la distancia.
**Bam**
**Bam-Pttam**
Pero él disparó al aire y luego al suelo.
—“¡Les dije que se alejaran!”
Gritó a la muchedumbre.
—“¡Arrojen las armas al suelo!”
**Clanc—clanc…**
Algunos guardias obedecieron, arrojando sus pistolas.
—“Muy bien… Ahora pateenlas muy lejos de ustedes.
Ordenó Toma, asegurándose de que nadie pudiera alcanzarlas.
**Paff—paff—paff…**
Ellos obedecieron nuevamente y las patearon.
**Ssshhh… uhhh…**
Aya seguía actuando, sollozando con la voz quebrada:
—“¡Ayúdenme! ¡No quiero esto!… Por favor…”
**Swish…**
Llegaron a la plataforma de aterrizaje. La brisa de la mañana les golpeó el rostro.
—“¡Toma, detente!”
Clamó alguien.
Toma no respondió. Solo fijó la mirada en el piloto del helicóptero, que no estaba muy lejos.
—¡Tú, de allí! ¡Sube y prepárate para despegar!
El piloto dudó.
—No… no puedo hacer eso…
**Bam-Pttam**
Una bala impactó cerca de sus pies, interrumpiendo su negativa y provocando gritos de la multitud.
—“¡Hazlo ahora o la siguiente bala no fallará a propósito!”
Volvió a rugir Toma.
—“¿Dónde quieres que te dispare? ¿En la pierna? ¿O prefieres que lo haga en la cabeza?”
Dijo, apuntando exactamente allí.
**Ttsss**
El piloto tembloroso negó con la cabeza.
—“No… no, lo haré…”
—“Así me gusta. ¡Ahora sube de una maldita vez!”
**Clac—tap—tap—tap…**
No le quedó más opción que obedecer.
Toma subió al helicóptero, arrastrando a Aya consigo. Ella seguía fingiendo ser una rehén, con lágrimas en los ojos.
—“¡Suéltala, Toma! —gritó uno de ellos al verlo—. ¡Ya tienes lo que querías!”
—“¿Creen que soy tonto?”
Respondió él, con una risa de desprecio.
—“Apenas la suelte, me van a llenar de plomo. Mejor me la llevo… por seguridad. ¿No es así, cariño?”
**Smnack…**
Se volvió hacia Aya y, con burla, le pasó la lengua por la barbilla. Ella cerró los ojos con repulsión, pero no rompió el papel.
—“¡Arranca!”
Ordenó Toma, apuntando al piloto.
**Whirrrrrrr**
Las hélices comenzaron a girar. El helicóptero vibró con fuerza.
**Whup-whup-whup…**
Con un rugido, la nave se elevó lentamente, ganando altura sobre la plataforma. El viento azotó con violencia, levantando polvo.
—“¡Deténganlo! ¡No lo dejen escapar!”
La voz del Dr. Higa retumbó mientras salía corriendo hacia la plataforma.
**Crrrshhh—tok!**
Pero antes de que los guardias pudieran reaccionar, Toma, aún sujetando a Aya, murmuró con una sonrisa torcida…
—“Es mi turno…”
**Clack—shhhk…**
Movió el brazo hacia su espalda y presionó un pequeño dispositivo oculto en su cinturón táctico.
**BOOOOM—BOOOOM!**
Las explosiones sacudieron la base oculta bajo el Ocean Turtle. El suelo vibró con violencia, la estructura metálica crujió y el helicóptero se agitó en el aire, tambaleándose peligrosamente.
**CRASH—shhhhhh—thump!**
—“¡Kyyyaaaa!”
Las mujeres gritaron, los hombres se aferraron. el pánico se desató.
—“¡Arranca, maldita sea! ¡Súbelo más!”
Toma rugió al piloto.
**Whup-whup-whup—WHOOOOSH!**
El piloto forcejeó con los controles, la nave se inclinó, pero finalmente logró recuperar el equilibrio y ganar altura.
**Fuuuuu…**
El helicóptero se elevó con fuerza, alejándose de la plataforma.
Toma, con una sonrisa torcida, miró hacia abajo, satisfecho de haber desatado el caos.
Aya, aún en su papel, mantenía la mirada baja. Pero por dentro… estaba resentida por haber sido obligada a ejecutar el plan B.
**Ffffff…**
El helicóptero desapareció en el horizonte.
Y en la plataforma de la Ocean Turtle, solo quedaron el humo, los gritos y el caos…
*****
[En vuelo – Sobre el Mar]
**Whup-whup-whup-whup-whup…**
El helicóptero surcaba el cielo a gran velocidad, Muy alejados de la Ocean Turtle, ya habían pasado más de quince minutos.
El caos, que había resultado efectivo. El plan B, aunque arriesgado, había funcionado.
Toma no soltaba a Aya.
Ella no se resistía.
Sabía que el piloto estaba presente y que cualquier movimiento en falso podía arruinarlo todo.
Pero no podían seguir así por mucho tiempo.
El helicóptero era rastreable.
Y solo había uno disponible en la plataforma.
No había forma de seguirles la pista… por ahora.
Toma se inclinó hacia el piloto, que aún temblaba mientras sostenía los controles.
—“Pon el helicóptero en piloto automático.”
Su voz era baja y Fría.
El piloto sintió el filo de la amenaza en cada palabra.
—“S-sí… sí, señor…”
Balbuceó, obedeciendo.
**Click—clic—zzzz…**
—“Muy bien.”
Toma sonrió.
—“Ahora… levántate.”
**Ras—cric…**
El piloto lo hizo, con las manos en alto.
—“Quiero informarte que ya no necesitamos tus servicios.”
Toma alzó la pistola.
—“Este que está aquí sabe pilotar. Solo que tenía las manos ocupadas.”
**Glu-glu…**
El piloto tragó saliva.
—“T-te lo ruego… no me dispares…”
—“Bueno… Te daré dos opciones.”
Toma sonrió.
Una sonrisa que pretendía ser amistosa… pero que solo revelaba a un demonio.
—“La primera: te disparo aquí mismo, en la cabeza. Rápido. Sin dolor. Sin desangrarte casi nada.”
**Fffff…**
Se hizo un silencio tenso.
—“¿Y… y la segunda?”
Preguntó el piloto, con la voz quebrada.
—“Ah, cierto. Se me había olvidado.”
Toma chasqueó la lengua.
—La segunda es… lánzate desde aquí. Y bueno… ve si sobrevives. Si lo haces, eres un bendecido. Si no… mala suerte. Y si sobrevives, aún tendrás que luchar por vivir en medio del mar.
**Krrrrrrnnnk**
Toma lo dijo mientras abría la puerta del helicóptero y, con un gesto de su pistola, lo invitaba a saltar.
**Fwoosh—fwoosh…**
El viento golpeaba con fuerza.
La altura no era extrema… pero sí suficiente para matar a alguien si caía mal.
—“¡Por favor…! ¡Baja la altitud! ¡Yo… yo me lanzo!”
—“Tienes diez segundos.”
Toma levantó la pistola.
—“Uno…”
**Click—clic…**
Aya lo miró, con el rostro serio y lágrimas fingidas…
—“No hagas esto Toma…”
Ella tampoco quería que esto se volviera peor.
—“Dos… tres…”
El piloto suplicaba en cada número.
—“¡Por favor! ¡No quiero morir!”
—“Cuatro… cinco…”
—“¡Tengo familia!”
—“Seis… siete…”
—“¡Te lo ruego!”
—“Ocho…”
—“¡Dios mío…!”
El piloto miró hacia abajo.
El mar, las olas.
La posible muerte.
Miró a Aya.
Ella le sostuvo la mirada.
Y con un gesto casi imperceptible, asintió.
No había opción.
—“Nueve…”
—“Y… Diez.”
**¡Click!**
Toma casi apretando el gatillo.
**¡Fwoosh—!**
—“¡Aaaahhhhhh!”
El piloto gritó y se lanzó al vacío.
**Ffffffffshhhhhh—whoooommm **
El viento lo tragó.
Su cuerpo giró en el aire, intentando controlar la caída.
Unos segundos después…
¡Splash!
Un sonido lejano del impacto contra el agua.
**Thap…**
Toma se asomó por la puerta abierta.
—“¡Wow… lo hizo!”
Sonrió.
—“Pensé que no lo haría.”
… …
Pasaron unos segundos.
Aya intentó zafarse de su agarre.
Pero él la sujetó con más fuerza, apretando su brazo contra su pecho.
—“Aún no…”
Murmuró con voz baja, pero firme.
**Mmm…**
Ella lo miró de reojo, con el rostro endurecido, la actuación desvaneciéndose.
—“¿Ahora qué quieres? Ya no es necesario fingir.”
Toma ladeó la cabeza, su sonrisa se volvió más oscura.
—“¿Fingir? ¿Quién está fingiendo? Yo no.”
Su tono cambió a uno más frío…
—“Dame el dispositivo.”
Aya abrió los ojos, incrédula.
—“¿Qué estás haciendo? ¡Trabajamos para el mismo jefe! ¿O ya no lo recuerdas?”
—“…”
Toma guardó silencio.
Luego sonrió.
Una sonrisa que helaba la sangre.
—“¿El mismo jefe? Aya… ya me conoces. Yo vivo por el dinero. Si hay un mejor postor, lo acepto. Y cuando me ofrecieron el doble… dudé.”
Entonces Toma rió al agregar:
—Pero cuando dijeron que era el cuádruple… ¿quién se podía negar?
**Brrrrmmm…**
Aya tembló.
De una furia que jamás había experimentado en su vida.
—“Vas a pagar muy caro por esto.”
—“Sí, claro…”
Murmuró él, mientras comenzaba a revisarle los bolsillos.
**Clakkkk… krnnnkkk—shhhhnk**
Le sacó las pistolas, los dispositivos, todo lo escondido.
**Thummmp… clangg—fsshhh**
Los arrojó a un lado.
—“Ahora estás desarmada. ¿Dónde lo escondiste? No lo encuentro… Ah, no me digas… ¿en uno de los bolsillos privados de las mujeres?”
Su mirada se deslizó hacia su pecho.
—“¡No te atrevas!”
Espetó ella.
—“Hazlo tú, entonces.”
Aya, con el rostro endurecido, lo hizo.
**fsshhh—plinnn**
Sacó el pequeño dispositivo y se lo entregó.
—“Muy bien. No fue tan difícil, ¿verdad?”
—“…”
Ella no respondió.
—“Ah… y ese reloj. Me gusta. Muy bonito. También lo quiero… ¿O crees que soy tonto?”
Aya negó con la cabeza, furiosa.
Pero sabía que no tenía opción.
**Hhhhnnn… clakkk—fsshh**
Se lo quitó y se lo entregó.
—“¿Ves? No es tan difícil. Muy bien… muy bien… Aunque… siento que fue demasiado fácil. Algo escondes.”
**Shhhhnk… clop…**
Toma bajó la guardia un segundo, burlándose mientras aseguraba el USB y el reloj en su cinturón.
**Ffff… tac…**
Aya aprovechó exactamente ese momento al tener el cuerpo mucho más libre.
**¡Wham!**
Con un cabezazo hacia atrás lo golpeó en el rostro.
—“¡Gaaaahha!”
El impacto lo dejó desorientado, tambaleando.
**Ssshhk… cling…**
Aya levantó la pierna con agilidad felina. Sus botas ocultaban un cuchillo retráctil.
Con un movimiento preciso, lo liberó: la hoja brilló bajo la luz de la cabina.
**Ffff—crack…**
Recordando que Toma estaba malherido en el hombro derecho, flexionó y lanzó la pierna hacia arriba. El cuchillo se clavó justo en la herida, reabriéndola con brutalidad.
—“¡Aaaaaaagh!”
**Clang… clop…**
Toma gritó, soltando el arma que sostenía en esa mano. La pistola golpeó contra el panel lateral del helicóptero y rodó por el suelo metálico.
**Thump… smack…**
Furioso, reaccionó de inmediato. Con el brazo sano, la golpeó con fuerza en el rostro, haciéndola retroceder contra la pared. Al mismo tiempo, se quedó con la bota en la mano y con un solo movimiento sacó el cuchillo.
—“¡Mal nacida… Me la pagarás!”
**Whooosh… clang…**
Y sin dudar, Toma lanzó la bota, muy manchada de su sangre, por la puerta abierta del helicóptero con toda su rabia.
—“¡…!”
**Ffff… tok…**
Aya, aturdida por el golpe, vio cómo Toma lanzaba su bota fuera y la siguió con la mirada con pesar, pero sin perder más tiempo se impulsó con velocidad contra él.
**Tac—thump…**
Logró esquivar su puño izquierdo al agacharse debajo de él y luego lo pateó en el pecho, lanzándolo hacia atrás contra la misma puerta abierta.
**Clang… grip…**
Toma, con reflejo, tomó ambas orillas de la puerta y, a pesar del dolor, no salió volando de allí con esa patada.
—“Herido no eres tan rápido como antes… ¿No?”
**Ssshhk… ffff…**
Dijo Aya, y queriendo terminar el trabajo lanzó su pierna izquierda a la barbilla de Toma.
**Clop… crack…**
Para sorpresa de Aya, Toma atrapó su patada con el brazo muy malherido y la pudo contener.
—“¡Gaarrrh… No, hija de perra!”
**Grrr… ffff… tok…**
A pesar de su grito por el dolor que estaba sufriendo al forzar su brazo derecho, mientras con el izquierdo evitaba salir del helicóptero, hacía retroceder lentamente a Aya, que tampoco se rendía.
—“Sin embargo sigo siendo más fuerte… ¡Gahaaa… que tú!”
—“Vamos a ver si tu resistencia dice lo mismo, idiota…”
**Clang… drip…**
Aya, que estaba retrocediendo, llegó a un punto medio…
—“¡…!”
La sangre de Toma rodaba cada vez más y ese punto medio se estaba rompiendo; Aya estaba ganando terreno…
—“Aaaaaahhhh… ¡NO ME SUBESTIMES!”
**Rrrras…**
Gritó Toma con los ojos inyectados de furia y sacó una fuerza extra, logrando empujarla un poco hacia atrás y luego rodando a un lado antes de que la patada volviera a él.
**Whup—whup—whup…**
El helicóptero, en piloto automático, oscilaba con violencia por la turbulencia.
—“¡¿Adónde vas?!”
**Clang… thump…**
Gritó Aya después de golpear el aire con la pierna y ver que Toma fue en dirección al arma.
Clang… ffff… tok
Aya se lanzó tras Toma, que rodaba hacia un lado buscando el arma caída
**Shhhk… clop…**
El hombre, al reincorporarse, sacó de su cinturón un cuchillo militar de tamaño intermedio, oculto hasta ese momento. Con furia, lo lanzó directo hacia la mujer.
**Whooosh… tac…**
Aya esquivó hacia un lado con agilidad, se quitó la chaqueta y la enrolló en el brazo de Toma. Al mismo tiempo, le dio una patada que lo hizo retroceder, alejándolo del alcance de la pistola.
**Clink… shhhhnk…**
Con rapidez, tomó el cuchillo y lo blandió contra él. Toma esquivó hacia un lado, pensando que el ataque iba a su cintura. Pero Aya no buscaba apuñalarlo: con precisión cortó el cinturón en su punto más débil.
**Clang… clop…**
El cinturón se rompió y cayeron al suelo los dispositivos robados y el cubo que contenía el alma de Alice.
—“Me lo voy a quedar…”
Dijo Aya con firmeza, avanzando de nuevo contra él.
**Grrr… raar…**
Toma, lleno de furia, gritó:
—“¡Devuélveme mis cosas!”
Con rabia, se lanzó contra ella, arriesgando todo a pesar del helicóptero inestable.
—“No son tuyas…”
**Tac—clank…**
En la cabina había dos armas: una a un lado y otra que él había lanzado antes que está cerca de él ahora.
Aya, concentrada en su ataque, no notó ni recordo la segunda.
**Shhhhnk… crack…**
Toma, mostrando fuerza y locura a pesar de sus heridas, aceptó el cuchillo con todo su brazo. La hoja atravesó todo su brazo llegando casi a su rostro.
—“¡Aaaaaaaaaaahhhhh…”
—“¡…!”
Aya quedó sorprendida.
Thump… clang…
Con un movimiento ágil, Toma golpeó con el talón una esquina de una lado del arma. El arma se levantó en el aire y él la atrapó con su mano izquierda, libre…
—“¡Muere Perra!”
—“¡…!”
**Bang—bang—bang!**
**Ptta-ptta-ptta**
Apuntó al estómago de Aya y disparó varias veces.
—“¡Ptuahha!”
Bang—bang—crrrk… thump…
A pesar de la protección, las balas la hirieron gravemente. Escupió sangre, tambaleándose.
**Bang—bang—bang!**
**Clang… ffff… tok…**
Con un último esfuerzo, Aya reaccionó, agarró el arma y, con toda su fuerza, desvió los siguientes disparos hacia un lado. Las balas impactaron contra el panel metálico de la cabina, obligando a Toma a vaciar casi todo el cargador.
**Tac—clack—zzzz…**
Toma intentó contenerse para no gastar todas las municiones, pero la presión de Aya lo obligó a seguir disparando hasta que el arma quedó prácticamente descargada.
**Thump… smack…**
Aya aprovechó ese instante para empujarlo con violencia hacia atrás. El arma se le escapó de las manos por un segundo, pero no logró arrebatársela del todo.
—“Ja, ja, coff… Cofff”
El hombre se rió al verla tan herida y retrocediendo, con la ventaja del arma aún en su poder. Revisó el cargador con rapidez y descubrió que le quedaba una última bala.
**Click… tok…**
Con una sonrisa torcida, levantó el arma y apuntó directamente hacia Aya, que retrocedía hacia la puerta abierta, con el cinturón y los dispositivos aún en su poder.
**Whooosh… flap…**
Aya lanzó primero el abrigo. Toma lo esquivó, sabiendo que era una distracción.
El verdadero ataque vino después: el cuchillo pasó muy cerca de su rostro. Al esquivarlo, Toma vio cómo Aya se lanzaba fuera del helicóptero.
**Bam**
—“¡Loca!”
Gritó Toma, disparando y fallando por unos centímetros, para luego seguirla con la mirada. A pesar de tener la ventaja, maldijo porque ella se había llevado el cinturón.
**Beep… beep… fzzzt…**
—“¡¿Qué es eso?!”
Exclamó al girarse, tras escuchar un pitido.
**Clang… tok…**
Pudo ver que el abrigo estaba pegado a la parte trasera del helicóptero, con el cuchillo incrustado que hacía unos momentos había esquivado.
**Beep… beep… fzzzt…**
Las luces comenzaron a parpadear con rapidez, acompañadas de pitidos cada vez más intensos.
**Clang… ffff… boom…**
Dentro de la tela del abrigo se ocultaban bombas delgadas, de gran calibre y potencia.
—“¡ERES UNA HIJA DE…!”
Toma maldijo al descubrirlo y salió corriendo para intentar saltar también.
**BOOOOM—CRASH—Fuuuuuu!**
—“¡GAAAAAAAHHHHR!”
Sin embargo, el helicóptero explotó con violencia, destruyendo todo y matando a Toma en el acto junto con su último grito.
La explosión sacudió el aire con violencia. Aya, lanzada hacia afuera, se protegió el rostro instintivamente, pero la onda expansiva desequilibró su caída.
**Whoooosh—shhhhnk…**
Giró en el aire, intentando recomponerse. Su cuerpo se retorció por el impacto, pero al final logró reacomodarse antes de tocar el agua.
**Splash—WHOOOM… ffff…**
El golpe fue brutal. Una gran cantidad de agua se levantó alrededor, cubriéndola por completo.
**Ghhhk—cough… hhhaaa…**
Aya emergió a la superficie, ensangrentada y dolorida. Tosió con fuerza, escupiendo agua y sangre.
—“¡Cough… hhhaaa… aghhh…!”
Su voz quebrada se mezclaba con la respiración agitada, luchando por mantenerse a flote.
**Clang… drip… tok…**
Con ambas manos, sostuvo aún el cinturón contra su pecho, aferrándose a él como si fuera lo único que le quedaba.
**Clang… ffff… tok…**
Aya revisó el cinturón con manos temblorosas.
Buscaba lo más importante, el cubo con el alma de Alice.
**Shhhhnk… clop…**
Abrió el compartimiento donde lo había visto guardado, pero estaba vacío. Lo revisó una y otra vez, desesperada, y no lo encontró.
(—“Dios… pudo haberse perdido en cualquier momento, en cualquier lugar… coff.” )
Pensó que quizá se había perdido en la explosión, o que había caído en el aire… o en el mar, sumergido en lo profundo.
**Splash… ffff…**
El dolor la atravesaba, pero se obligó a seguir. Con esfuerzo, nadó hacia una isla que había visto a lo lejos. Cada brazada era un tormento, pero no se detuvo.
**Thump… drip…**
Al llegar, empapada y sangrando, levantó la mirada hacia el cielo. Se dejó caer sobre la arena, agotada. Revisó el cinturón: al menos quedaban algunos implementos para tratar sus heridas.
*Haaa… grrr…**
Entre jadeos, recordó el zapato que había usado para clavar el cuchillo retráctil, el mismo que Toma lanzó fuera del helicóptero, empapado en sangre. Allí estaba el USB con los datos robados, los más importantes.
**Click… beep…**
Se dijo a sí misma.
—“El GPS incorporado… ”
Revisó el teléfono que llevaba en el cinturón a prueba de agua y buscó las coordenadas.
**Beep… fzzzt…**
—“No, no, no… Esto no”
Pero la pantalla estaba vacía. No había señal, no existían coordenadas. Volvió a intentarlo, acomodando el dispositivo, pero nada apareció. El GPS también estaba dañado.
**Thump… crack…**
—“¿Por qué?”
Golpeó el suelo con rabia y murmuró entre lágrimas:
—“¿Será este mi castigo… por todo lo que hice? ¿Por traicionar a mi país?”
**Ffff… drip…**
Se abrazó a sí misma, recordando que solo había querido salvar a su familia.
—“Lo lamento mucho…”
Con los datos restantes, esperaba aún poder hacer algo… aunque el dolor la consumiera.
*****
[Bajo el Mar – Zona cerca de la Explosión]
[6:37 A.M.]
**Fssshhhhhh—glub**
En las profundidades del océano, donde la luz del sol apenas se filtra, un objeto descendía lentamente, girando sobre sí mismo.
Un zapato ensangrentado, pesado por la sal y el agua, caía como una sombra hacia el abismo. Dentro de él, oculto en el forro, viajaba un USB blindado, cubierto de sangre seca y sal marina.
**Bip… bip… bluummm…**
Una tenue luz azul parpadeaba en su interior: el GPS de rastreo aún activo, como un faro en la oscuridad.
**Ffff… shhhhnk…**
Pero esa luz…
Y ese olor…
Atrajeron atención.
**Whoooosh… glissshhh… **
Desde las sombras, una silueta se deslizó entre las corrientes.
Grande.
Musculosa.
Con ojos opacos y mandíbula poderosa.
**Grrrhhhhh… snap…**
Un tiburón cabeza de toro (Carcharhinus leucas).
Una de las pocas especies capaces de nadar tanto en mar abierto como en aguas dulces.
Famoso por su agresividad.
Y por su apetito indiscriminado.
**Sniff… glub… ffff…**
El tiburón detectó el rastro de sangre.
No era mucho, pero suficiente.
Y la luz…
Le recordaba a los peces bioluminiscentes que cazaba en la noche.
**Whirr… swirl… shhhhnk…**
Se acercó.
Giró en espiral.
Y con un movimiento veloz.
**¡Crunch!,**
Mordió el zapato.
Clang… crack… tik…
El metal del USB resistió.
Demasiado duro.
El cristal del GPS se astilló.
La luz parpadeó…
Y se apagó.
Bip… bip…
… …
La señal se perdió.
**Splkkk… glub… **
El tiburón, molesto por la dureza del objeto, lo escupió.
Pero algo en su instinto lo hizo volver.
Giró.
Y esta vez, lo tragó entero.
**Gllllkkk… gulp… thump…**
El zapato desapareció en su garganta.
Un bulto metálico descendiendo por su estómago.
**Whoooosh… **
El tiburón se alejó.
Nadó hacia el este, dejando atrás el lugar de la explosión.
Volvió a las profundidades.
A su mundo silencioso y oscuro.
**Ffff… Ffff… **
Y con él…
Se llevó el secreto más codiciado del mundo.
★★★★★
[Playa de Okinawa – Costa Este]
[10:12 A.M.]
**Whooosh… shhhhhh…**
El sol brillaba alto sobre una playa tranquila, de arena blanca y mar cristalino. Las olas rompían suavemente en la orilla, y la brisa marina traía consigo el aroma salado del océano.
**Cuaa—cuaa—cuaa…**
—“Jajajá… jiji…”
A lo lejos, las gaviotas planeaban en círculos, y el sonido de una niña riendo llenaba el aire.
—“¡Mira, mamá! ¡El mar es tan bonito!”
**Pis—pis—pis—pis—pis…**
Gritó la pequeña, de unos seis años, mientras corría por la arena con los brazos abiertos.
**Ffff… tok…**
Su madre, sentada bajo una sombrilla, la observaba con ternura.
El padre, de pie junto a ella, con lentes cuadrados de montura gruesa, sonreía con nostalgia.
—“¿Sabes? Mi abuelo me trajo aquí cuando tenía tu edad… Asi que Quería compartir este lugar contigo también.”
La madre lo miró con una sonrisa divertida.
—“Siempre tan anticuado… pero también tan romántico.”
—“¿Por eso te casaste conmigo, no?”
Bromeó él.
—“Por eso… y por esos lentes horribles que te niegas a cambiar.”
**Clink… shhhhnk…**
Él se los quitó con una sonrisa y los sostuvo entre los dedos.
—“Son un regalo familiar. Han pasado de generación en generación.
No los necesito, pero… digamos que soy un sentimental.”
**Pis—pis—pis… mmm—smack**
Ella se acercó, lo abrazó y lo besó con cariño.
—“Eres especial. Por eso te amo.”
**Splash… plop…**
La niña seguía jugando cerca del agua, haciendo montículos de arena y persiguiendo las olas. De pronto, se detuvo.
—“¡Papá! ¡Mamá! ¿Qué es eso que está allá?”
**Clack… clack…**
El padre entrecerró los ojos y ajustó sus lentes, que tenían una función de zoom digital.
—“Ah… son cangrejos. Están cargando algo… espera…”
La niña corrió hacia ellos, riendo.
Uno de los cangrejos, un cangrejo ermitaño (Pagurus bernhardus) más grande que los otros, sostenía algo brillante entre sus tenazas.
Al verla acercarse, el animal huyó torpemente hacia la orilla.
—“¡Jajaja! ¡Está escapando!”
Gritó la niña, divertida.
**Clink… ffff…**
Pero entonces se detuvo.
Frunció el ceño.
—“Papá… ¡tiene algo raro! ¡Es metálico!”
**Pis—pis—pis**
**Pis—pis—pis**
El padre y la madre se acercaron, caminando por la arena.
—“Déjalo, cariño. El cangrejo solo quiere volver a su casa.”
Dijo él.
—“¡Pero papá! ¡Eso no es comida! ¡Puede hacerle daño!”
**Tok… crack…**
El padre se detuvo.
Miró con atención.
Y su expresión cambió.
—“Tienes razón…”
**Clack—shhhhnk…**
Con cuidado, tomó un palo y, con un poco de esfuerzo, logró que el cangrejo soltara el objeto.
El animal huyó de inmediato, perdiéndose entre las olas.
**Clink… drip…**
La niña recogió el objeto con ambas manos que el padre le pasó.
—“¡Es tan bonito! ¡Brilla! Es blanco… y plateado… ¿Puedo quedármelo, papá?”
**Tok… crack…**
El padre se agachó, le acarició la cabeza y tomó el objeto. Lo giró entre sus dedos, observando con atención.
—“Déjame ver… es de acero inoxidable.”
**Clang… shhhhnk…**
Al acercarlo a la luz, notó una pequeña fractura en el cristal lateral. Un borde astillado, como si algo lo hubiera presionado con fuerza.
—“Mmm… curioso… parece que alguien le dio una mordida. Pero no fue un cangrejo… esto fue algo más fuerte. Aunque no lo suficiente para romperlo del todo.”
La madre se acercó, preocupada.
—“¿Qué es eso, amor?”
—“No lo sé… pero me resulta familiar.”
Lo examinó otra vez, pasando el dedo por la grieta.
Tenía una forma rectangular, con una entrada metálica en un extremo.
—“Parece un… USB. Sí. Un dispositivo de almacenamiento.
Se usaban para guardar información vital.”
**Ffff… breeze…**
La niña lo miró con los ojos brillando.
—“¿Como un mapa del tesoro?”
La madre rió.
—“Ji, ji, ji… No lo creo, mi amor… pero si lo hay, es todo tuyo por encontrarlo.”
—“¡Yupi! ¡Entonces es mío! Pero lo compartiré con papá y mamá.”
Ambos sonrieron.
—“Está bien.”
Dijo el padre.
—“Creo que aún tengo un viejo lector de estos. Era de mi abuelo.
Si funciona… tal vez podamos ver qué hay dentro.”
**Clink… tok…**
La niña abrazó el dispositivo con cuidado, como si fuera un tesoro.
Y la familia volvió a su día en la playa, sin saber que en sus manos descansaba un gran secreto.
*****
[Casa de la Familia – Okinawa, Japón]
[7:03 P.M.]
—“¡Apúrate, papá! ¡Apúrate! ¡Quiero ver, quiero ver mi tesoro!”
Gritaba la niña, corriendo por el pasillo con el dispositivo en las manos.
—“Cariño…”
Dijo la madre desde la cocina.
— “Puede que no haya el tesoronque te imaginas.”
La niña se detuvo en seco, con una mueca triste.
—“¿Y si no hay…?”
La madre sonrió con dulzura.
—“Siempre hay un tesoro, mi amor. El conocimiento también lo es. Pero sin importar lo que sea, es todo tuyo… aunque tienes que compartirlo con papá y mamá, ¿de acuerdo?”
—“¡Sí! ¡Eso haré!”
Asintió la niña con entusiasmo.
**Tok… tok…**
El padre entró a la sala, rascándose la cabeza.
—“Un momento… creo que lo dejé… ¿dónde lo dejé…?”
Comenzó a mirar a su alrededor, girando la cabeza de un lado a otro.
—“¡No hagas eso, papá! ¡Tú sí sabes!”
Rió la niña.
—“Lo sé, claro que sí… no me acuerdo.” —bromeó él, encogiéndose de hombros.
—“¡Papáááá! ¡No me hagas esperar!”
**Clink… shhhhnk…**
Él rió junto a su esposa, que se asomó desde la cocina.
—“Ve a buscar lo que necesitas, amor. Yo prepararé algo de comer. Seguro están hambrientos. Me llaman cuando vean qué hay… si es que funciona.
—“Es cierto…”
Dijo él, pensativo.
—“Pero viendo el material… puede que aún sirva.”
**Crrrk… tok…**
Se dirigió a un pequeño baúl de madera, uno de los pocos objetos heredados de su abuelo. No era grande, pero siempre guardaba lo importante.
Lo abrió con cuidado.
Dentro, entre libros viejos y herramientas, estaba una laptop.
Brillante.
Moderna… pero cubierta de polvo, como si nadie la hubiera tocado en años.
—“¡Aquí está!”
Exclamó.
**Ffff… pluff…**
La sacudió con fuerza, lanzando una nube de polvo sobre su hija.
—“¡Papá! ¡No hagas eso!”
Protestó ella, tosiendo.
—“Ay, mi niña… un poco de polvo no hace daño.”
—“¡Eso no es lo que dice mamá!”
Dijo ella, haciendo un puchero.
—“Está bien, está bien. Ya dejo de jugar. Vamos a ver…”
**Clack… tok…**
Se sentaron juntos en la mesa.
La niña lo apuraba con palmaditas en la pierna.
—“¡Vamos, papá! ¡Vamos!”
—“Sí, mi reina… o mi princesa.”
Sonrió él, rascándose la cabeza.
—“Cómo se encendía esto…? ¿Será este botón?”
—“¡Papá! ¡Es el grande, al lado!”
—“Puede que tengas razón…”
**Whirr… click…**
Presionó el botón.
Nada.
—“No puede ser…”
—“¿Y si lo aprietas un rato?” —sugirió la niña.
—“Buena idea.”
Lo mantuvo presionado.
**Whirr… beep…**
La laptop se encendió.
Una luz azul iluminó el teclado.
El sistema arrancó sin contraseña.
—“¡Qué bonito! Parece una ventana…”
Dijo la niña.
—“Sí… una ventana digital. Informática.”
**Clink… tok…**
El padre examinó el dispositivo.
—“Creo que este hueco es para esto…”
Insertó el USB.
Encajaba perfectamente.
**Beep… llliinnng…**
Pero antes de leerlo, el sistema mostró un mensaje:
“Actualización requerida. Conexión a internet necesaria.”
—“Ah, cierto… estas cosas necesitan red. A veces no viene automática.”
Buscó la red doméstica.
Ingresó la contraseña.
Conectado.
*”Whirr… tik…**
El sistema se actualizó.
Los drivers se instalaron.
Y el USB fue reconocido.
**Beep… nnns…**
El padre, precavido, abrió el antivirus heredado en la laptop.
El programa revisó el dispositivo.
La barra de progreso avanzó lentamente…
**Ping… ping…**
[Resultado: “No se detecta ninguna amenaza.”]
El hombre suspiró aliviado.
—“Bien… no hay nada malo aquí. Al menos está limpio.”
Una carpeta apareció en pantalla.
Gigantesca.
Miles de archivos.
Y un nombre resaltaba en la parte superior:
[UNDERWORLD]
El padre frunció el ceño.
—“Underworld… eso me suena…”
**Click… tok…**
Abrió una pestaña del navegador y comenzó a buscar.
—“Mi amor… ¿puedes venir un momento?”
Llamó.
… …
No hubo respuesta.
—“Espera aquí, princesa. Voy a buscar a mamá.”
—“Está bien, papá.”
Dijo la niña, mirando la pantalla con curiosidad.
**Beep… fzzzt…**
Mientras él se alejaba, una pequeña ventana emergente apareció en la esquina inferior:
[“Actualización automática activada. Sincronizando con red.”]
La niña lo leyó en voz baja.
—“Actualización… automática…”
No entendía lo que significaba.
Pero no le pareció importante.
**Whirr… drip…**
Lo que no sabía…
Era que, en ese instante, parte del contenido del USB estaba siendo transferido y estaba escapando algo más valioso que toda esa información de Fluctlight de Underworld.
Fuera del sistema local.
En dirección a un servidor remoto cercano.
En algún lugar del vasto mundo del internet.
*****
[Red Global – Zona de Tránsito de Datos]
[Tiempo Indeterminado]
En la vasta oscuridad del ciberespacio, donde los datos fluyen como ríos de luz, algo se agitaba.
Una conciencia.
Fragmentada y Dispersas
Pero estos fragmentos de datos flotaban como astillas de cristal, girando en espiral, cada uno con una parte de memoria, de identidad, de alma.
Y entonces… se detuvieron.
**Zzzzzzz—shhhk…**
Uno a uno, se fusionaron.
Hasta formar un núcleo.
Un solo punto de luz.
Compacto.
Sólido.
Completo.
Ya no era un conjunto de datos.
Sino algo más: una entidad.
Y esa entidad… tenía un nombre.
Kirigaya Kazuto.
El núcleo flotó en la red, rodeado de millones de rutas de información.
Su codificación interna —una guía escrita en lo más profundo de su ser— lo dirigía hacia un destino que le pudiera beneficiar.
Un mundo.
Un entorno capaz de recibirlo.
De reconstruirlo.
*****
[NEOSPHERE]
Un universo digital de arquitectura futurista, sincronizado con la hora del mundo real.
Y en ese momento… era de noche.
El sistema detectó la presencia.
[Usuario no registrado detectado. Iniciando protocolo de ingreso.]
—“Nombre real del usuario.”
[Kirigaya Kazuto.]
—“Nombre de avatar.”
[Kirito]
—“¿Desea importar configuración visual?”
[Sí.]
El sistema leyó sus pensamientos.
Sus recuerdos.
Su imagen de sí mismo.
Y comenzó a construir un avatar según el deseo del usuario.
[Bienvenido a NEOSPHERE Kirito]
**Whoooosh… ffff…**
Un haz de luz descendió.
Y en medio de una plataforma flotante, suspendida en un cielo digital nocturno, apareció un cuerpo.
Ropa negra.
Diseño futurista.
Tejido técnico.
Detalles luminosos en azul.
Un uniforme sobrio, elegante, acorde a su estilo… y al mundo.
**Thep**
El cuerpo cayó de rodillas.
Con los ojos cerrados.
—“Ahaaa…”
Respirando… como si volviera a nacer.
Kirito abrió por fin sus ojos azules zafiro y miró a su alrededor.
No era Underworld ni el laboratorio.
Se llevó la mano al pecho.
**Thump… thump… ffff…**
Sintió el latido.
Y, a pesar de que no era físico… era real.
—“Tuve éxito…”
Susurró, con una sonrisa indescriptible.
—“¡Tuve éxito!”
Se incorporó lentamente, observando mejor el entorno.
Torres flotantes.
Caminos de luz.
Avatares con trajes oscuros en su mayoría, metálicos, cruzando el cielo en motociclos digitales.
Un mundo de espionaje y datos, donde la información era poder.
—“¿Qué lugar es este…?”
Una interfaz apareció a su lado.
Mostraba su nombre.
Su nivel.
Y una línea de bienvenida:
[NEOSPHERE – Versión 12.3]
—“¿NEOSPHERE?”
Él mismo había programado una guía, sin embargo, era aleatorio.
Por fin… había salido de las garras de Rath.
De Higa.
De los 250 años de encierro.
Ahora tenía una oportunidad.
Una nueva vida.
Un nuevo cuerpo…
**Clang… tok…**
Kirito comenzó a descender de la plataforma. Sus pasos resonaban en el metal mientras su mirada se fijaba en la interfaz que flotaba a un lado, mostrando nombres, niveles y datos.
Se detuvo un instante, repasando cada aspecto con atención. Había algo allí que realmente le importaba. Cuando lo vio, sus ojos se abrieron con impacto y sus pasos se frenaron de golpe.
**Tok… tok…**
Bajó lentamente la escalera, inclinándose hacia la información. La leyó con cuidado, y su expresión cambió.
—“No… no puede ser posible… debe haber un error.”
Negó con la cabeza, una y otra vez. Miró alrededor, tratando de convencerse.
—“No… este mundo… por su aspecto… debe ser eso.”
Pero el presentimiento lo atravesó como un frío en el pecho. El malestar crecía.
Thump… ffff…
De pronto, salió corriendo. Sus pasos lo llevaron hacia un avatar con aspecto de androide, rostro metálico y voz firme.
Se detuvo frente a él, aún con la respiración agitada, y preguntó con tono preocupado:
—“Disculpa… ¿qué día es hoy? ¿Qué fecha… en el mundo real?”
El androide lo miró con extrañeza, como si la pregunta fuera absurda en un mundo donde todos robaban datos para sobrevivir.
—“Hoy es 14 de julio de 2169.”
—“¡…!”
Kirito insistió, con voz quebrada:
—“¿No es acaso el año 2026… o 2027? No importa… incluso si fuera 2030…”
El androide lo observó con mayor desconcierto, como si hablara con un loco.
—“¿De qué fecha estás hablando? Estoy seguro… hoy es 14 de julio de 2169.”
**Click… beep…**
El androide abrió una página oficial frente a él, proyectando la información en el aire. Luego mostró un noticiero digital, confirmando la misma fecha.
**Thump… ffff…**
Kirito retrocedió. Sus ojos se abrieron de golpe. El aire se le escapó del pecho. Cayó de rodillas, mirando al suelo digital que brillaba bajo él.
Temblando por el impacto y todo lo que eso significaba, dijo como si aún no lo creyera:
—“Yo… yo… llegué demasiado… tarde…”
Las palabras se repetían, cada vez más débiles, mientras su cuerpo se inclinaba hacia adelante.
—“¡Es demasiado tarde!”
Había escapado de Underworld.
…
Pero no todo salió bien.
Tuvo que pagar un alto precio, más allá de sus cálculos.
Queridos lectores:
Ha pasado ya un mes desde la última actualización y quiero comenzar pidiéndoles disculpas por la demora. A veces las cosas no salen como uno planea, pero sigo esforzándome para entregarles contenido de calidad.
Soy consciente de que aún soy un novato en la escritura, y aunque me falta experiencia, pongo todo mi empeño en mantener la originalidad y el interés de la historia. Mi ritmo es lento, lo sé, pero hay una razón importante: a diferencia de muchas otras novelas, esta obra no es una traducción de una novela china, japonesa ni de otro país; es completamente original, nacida de mi mente y de mis pensamientos. Por eso les pido comprensión si encuentran alguna falla o error: son parte del proceso de aprender y mejorar.
También quiero agradecer de corazón a quienes han seguido la lectura hasta aquí. A veces, cuando no veo comentarios, me desanimo un poco —soy humano y me afecta—, pero cada palabra de apoyo o cada opinión que comparten me da fuerzas para continuar. Me encantaría que me digan qué les pareció este capítulo, si se lo esperaban o no, qué les sorprendió o simplemente dejar un agradecimiento.
Además, si les gustó, los invito a recomendar la novela y, si pueden, dejar una reseña y Piedra de Poder. Hay pocas reseñas todavía, y cada una ayuda a que más personas se interesen y se animen a leerla.
Con eso me despido por ahora. Nos vemos en la próxima actualización, y gracias por acompañarme en este camino.
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