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Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 “Ecos y Susurros del pasado Bajo la lluvia de Underworld”
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3: Capítulo 3: “Ecos y Susurros del pasado: Bajo la lluvia de Underworld.” 3: Capítulo 3: “Ecos y Susurros del pasado: Bajo la lluvia de Underworld.” En ese instante, entre el *clic* de Higa y el vacío que lo succionó, ‘Kirito entendió la verdadera naturaleza del infierno’: no era el dolor, sino la ‘anticipación’ del dolor.

[SYSTEM_NOTICE: FLUCTLIGHT_TRANSFER_INITIATED].

Un nuevo mensaje del sistema parpadeó en un rojo ominoso que declaraba el inminente viaje a Underworld.

Entonces una corriente de energía ‘glacial’ lo atravesó, como si millones de agujas de datos reescribieran su existencia.

No era un simple teletransporte: era un ‘desgarro controlado, átomo a átomo, memoria a memoria.

Y entonces…

‘los recuerdos lo atravesaron como espadas’: ***** —‘El olor a hierba dulce en el piso 22 de Aincrad’, donde la brisa acariciaba los campos como un susurro del sistema.

Era uno de esos raros días de tregua, donde las hojas de los árboles mecían su sombra sobre ellos y el sonido de un arroyo cercano ahogaba el lejano eco de monstruos.

Asuna, con su armadura liviana intercambiada por un sencillo vestido blanco, había apoyado la cabeza en su hombro.

El sol filtrándose entre las ramas pintaba destellos dorados en su cabello, y por un momento, ‘Aincrad dejó de ser una prisión’.

—“¿Crees que algún día extrañaremos esto?”.

había susurrado, mientras sus dedos se entrelazaban con los de él.

Kirito recordó cómo el viento llevó su risa esa tarde, cómo el mundo pareció detenerse cuando ella lo miró con esa expresión que solo reservaba para él: ‘frágil y feroz al mismo tiempo’.

***** —‘El crujido de huesos digitales’ bajo los filos gemelos de ‘Elucidator y Dark Repulser’, cuando detuvo el ataque colosal de The Skull Reaper.

La fuerza del impacto lo hizo ‘doblar las rodillas’, sintiendo cómo las grietas se propagaban por el suelo de piedra de la cámara del piso 75.

-“¡Aguantad!

¡Un poco más!” había rugido, aunque sabía que era mentira.

‘Nadie’ aguantaría otro golpe.

Pero lo hizo.

Porque en ese instante, entre el crujir de sus tendones virtuales y el brillo escarlata de su barra de HP, ‘vio el rostro de Asuna’ en su mente.

Y eso fue suficiente.

***** —El vacío en el pecho.

No fue un dolor físico.

No fue el daño del sistema, ni el gélido mensaje de ‘«PLAYER ELIMINATED»’ flotando sobre su cabeza.

Fue algo peor: ‘el instante en que el peso de Asuna en sus brazos se convirtió en nada’.

Kirito recordó con brutal claridad cada microsegundo de aquel momento: ‘El crujido del cristal’ cuando la espada de Kayaba atravesó el pecho de Asuna.

Asuna, con el brillo de sus lágrimas y su voz quebrada…

le sonríe diciendo: -“Perdóname…

No pude…

quedarme contigo hasta el final…” Pausa, mientras su cuerpo empieza a brillar en cristales azules -“Pero…

por favor, vive.

Llévate todo lo que sentí contigo…

Y si escapas de aquí…

cuéntale al mundo que existimos.” Kirito grita: “¡ASUNA!” Pero sus brazos ya solo abrazan ‘el vacío.’ El horror de sentirla desintegrarse entre sus dedos, partícula a partícula, como arena escapando de un puño cerrado.

Por un momento que duró una eternidad, ‘el mundo dejó de existir’.

***** Cada memoria ‘quemaba más que la anterior’, porque ahora sabía la verdad: Esa Asuna—su Asuna—abrazaba a una copia que llevaba su nombre.

Un zumbido agudo —como el pitido de un modem moribundo— llenó su conciencia cuando el mundo comenzó a materializarse a su alrededor.

Pero Kirito no lo registró.

Su mente aún navegaba en el mar de recuerdos que lo ataban a Asuna…

Hasta que ‘un último recuerdo lo golpeó con fuerza’.

***** Cámara alta de la catedral.

‘Kirito yacía inmóvil’ sobre la mesa de piedra, ojos abiertos pero vacíos.

La luz de los vitrales teñía su piel de tonos fríos, como si ya fuera parte de la arquitectura sagrada.

‘Asuna irrumpió’ en la habitación, su túnica blanca y dorada de ‘Stacia’ manchada de polvo y sudor.

Al verlo, ‘se detuvo en seco’, las manos temblorosas frente a su boca.

‘Alice’, con armadura brillante, se interpuso: -“¡Detente!

No hay nada que puedas hacer.

Ni siquiera puede escucharte.“ Asuna la ignoró , avanzando hacia él con pasos que resonaban en el silencio.

-“Kirito-kun…” Su voz ‘lo alcanzó en las profundidades de su inconsciencia.’ ‘Un espasmo en sus dedos’.

Leve, casi imperceptible.

Asuna ‘cae de rodillas’ junto a la cama, agarrando el ‘pecho de Kirito’ con ambas manos.

Su frente se apoya contra el suyo, sus lágrimas cayendo directamente sobre su corazón **Plink**.

Una gota impactando la tela de él.

-“¡Perdóname, Kirito!

¡Perdóname por no llegar antes!” Dice llorando por su impotencia.

-“Prometí que estaríamos juntos…

¡y te dejé solo!”.

Él quiso decirle que estaba equivocada, que ella era su luz incluso en la oscuridad…

Pero su boca solo formó con sus labios secos entreabrieron, un susurro áspero: -“Asuna…

yo también…

te vi…

en el jardín…” Las lágrimas de ambos cayeron al mismo tiempo.

**Plink-Plink**.

Las de Asuna, en su pecho.

**Plink-Plink**.

Las de él, en la piedra después de haber rodeado su rostro.

**Plink-Plink-Plink-Plink**.

Una tras otras, las lágrimas no dejaban de caer de ambos.

***** **Plink-Plink-Plink-Plink**.

Pero entonces…

**Primero fue el tacto** lo que lo sacó del recuerdo.

Un frío penetrante que le recorrió la espalda, tan distinto al mármol liso donde yacía en su memoria.

**CRUNCH**.

Sus dedos se cerraron involuntariamente, arrancando mechones de hierba mojada.

**Plink-Plink-Plink-Plink**.

‘El segundo que llegó fue el olfato’, brutal e innegable.

El aroma a tierra empapada se le coló por las fosas nasales, mezclado con ese olor metálico que deja la lluvia al caer sobre la hojarasca.

-“Aaaaah”.

Respiró hondo, y por primera vez en lo que parecían siglos, sus pulmones se llenaron del aire húmedo de Underworld.

**¡CRAAASH!**.

‘El oído fue el tercero en despertar’.

Un trueno ensordecedor retumbó en la distancia, tan fuerte que sintió la vibración en el esternón.

El estruendo le hizo parpadear, aunque sus ojos aún se negaban a abrirse por completo.

‘Ese sonido…

no pertenecía a la Catedral.

No pertenecía al recuerdo.’ **Plink-Plink-Plink-Plink**.

Sus ‘ojos azules’ se abrieron de golpe.

‘Cuando por fin el cuarto sentido que era la vista regresó’, lo primero que vio fueron gotas de lluvia cayendo hacia sus ojos húmedos.

**Plink-Plink-Plink-Plink**.

Impactaban contra sus pestañas antes de rodar por sus mejillas.

Entre parpadeos, distinguió el cielo encapotado.

‘Un cielo negro por las nubes oscuras, además de que era de noche.’ **Plink-Plink-Plink-Plink**.

(-“No son gotas de lágrimas de Asuna…

Sin gotas de lluvia.”) Con ese pensamiento y entendimiento de su situación real de su actual situación, le acompaño el último sentido que era el gusto…

El sabor amargo y salado de su boca.

al saborear las gotas frías que era su realidad y algunas lágrimas inconscientes propias.

**Glup**.

Tragó con dificultad, notando cómo el sabor se pegaba a su lengua, tan real como el dolor que sentía al recordar.

Dando final a su completo estado conciente de su 5 sentidos en Underworld.

Se incorporó con movimientos torpes, como un recién nacido aprendiendo a usar sus extremidades.

La ‘túnica de lino grueso’ que vestía – idéntica a la de su primer viaje a Underworld – estaba completamente empapada, adheriéndose a su piel como una segunda dermis.

El tejido azul oscuro, normalmente rígido, ahora se mostraba ‘arrugado y pesado’, con los bordes dorados del cuello y mangas descoloridos por la lluvia.

El cinturón de cuero que solía sostener su espada colgaba flácido, ‘goteando agua como un péndulo’ con cada movimiento.

-“Estoy aquí…

De nuevo.” Su voz no solo hablaba de Underworld, sino de ese ‘punto exacto’ donde dos siglos (o más) atrás había despertado por primera vez.

Sus ojos azules escudriñaron el entorno: ‘Robles retorcidos’, sus cortezas negras brillantes por la humedad.

‘Niebla baja’ que serpenteaba entre los troncos como fantasmas ‘Charcos de lluvia’ reflejando su silueta fragmentada.

El ‘Bosque de los Caballeros Negros’, cerca de Rulid.

El mismo claro del bosque.

El mismo escenario, distinta tragedia.

Pero esta vez…

No había ‘chaqueta de cuero’ colgada de las ramas (como en su primer despertar) No había ‘risas y cantos de pajaros’ rebotando entre los árboles.

No había ‘espadas’ clavadas en el suelo como promesas.

No resonaba la voz de ‘Eugeo’ preguntando: -“¿Estás bien, Kirito?”.

**Crik-crak**.

Solo el ‘crujir de sus botas de cuero empapadas’ al levantarse.

**Creck-creck**.

Solo el ‘crujido de su túnica al moverse’, sonando como lamentos.

(-“¿Cuánto tiempo?”) La pregunta flotó en su mente como una hoja atrapada en la corriente.

(-“¿Meses?

¿Años?

¿Siglos?”) El tiempo en el vacío digital no había dejado cicatrices visibles, pero ahora, bajo la ‘lluvia inclemente de Underworld’, cada gota le recordaba que el dolor seguía ahí.

El viento cortante le azotó el rostro, llevándose consigo: ‘El calor residual’ de sus recuerdos ‘La niebla de su aliento’, que se dispersaba en torbellinos efímeros.

‘Las gotas de lluvia’ que se estrellaban contra su piel como ‘dardos de cristal.’ (-“Quiero volver.”) Un deseo infantil.

Una imposibilidad…

Por ahora.

Se obligó a enfocarse en lo inmediato: ‘supervivencia’.

La sed le quemaba la garganta, seca a pesar de la lluvia.

A veinte pasos, un arroyo serpenteba entre los robles, sus aguas turbias por el temporal.

Caminó hacia él con un poco de torpeza.

**Chof-chof**.

Cada paso de Kirito hundiéndose en el fango sonaba como un reloj de arena contando segundos perdidos.

Las huellas que dejaba atrás —‘huecos fantasmas’— se llenaban de agua de lluvia casi de inmediato, como si el mundo intentara borrar su presencia.

*shlorp*.

El fango le succionaba las botas con un sonido húmedo, como si Underworld dudara en dejarlo avanzar.

Sus primeras huellas fueron ‘trazos torpes’, profundas hendiduras donde los tobillos se doblaron levemente, ‘traicionados por siglos de inmovilidad digital’.

Pero entonces…

‘En el tercer paso’, el músculo de su pantorrilla ‘recordó’.

Un espasmo casi imperceptible, como el zumbido de un hilo de cobre reconectándose.

‘En el séptimo’, la rodilla ya no cedió.

El movimiento fue aún rígido, pero ‘preciso’, como un programa reiniciándose línea por línea.

‘Para el decimoquinto’, la cadera encontró su eje.

Ya no arrastraba los pies; los ‘posicionaba’, calculando el peso como si su espina dorsal fuera el mástil de un barco en aguas revueltas.

Cuando llegó al arroyo, ‘no estaba completo’.

No del todo.

La rodilla derecha aún guardaba un ‘temblor de desconexión’, como si los nervios protestaran por haber sido olvidados tanto tiempo.

Los hombros, aunque firmes, ‘no llevaban el peso imaginario de la espadas Night Sky y Blue Rose’.

Y al agacharse.

**Stretch**.

El tendón de su corva tiró con un sonido silencioso, ‘recordándole que este cuerpo era tanto suyo como ajeno’.

El agua del arroyo, agitada por la lluvia pero aún clara, tembló cuando Kirito se arrodilló en la orilla.

En su superficie, el reflejo de sus ojos azules ‘—no el azul pálido del cielo, sino el azul zafiro de las profundidades del mar—’ lo miró fijamente.

Ese color no era casual.

Era el azul que había elegido como promesa.

El azul del lago donde juró volver con ella.

El azul que ahora brillaba, ‘no con demacración, sino con la tristeza serena de quien ha luchado dos siglos y aún no se rinde.’ El agua distorsionó su imagen por un instante —cabello oscuro pegado a la frente, gotas de lluvia resbalando por sus pómulos como lágrimas que se negaba a seguir derramando—, pero sus ojos permanecieron nítidos.

‘Profundos.

Inquebrantables.’ **¡CRAAASH!**.

Un relámpago lejano iluminó su rostro, y por un segundo, el arroyo no reflejó a un hombre derrotado, sino a: ‘El espadachín negro’ que venció a Kayaba.

‘El administrador’ que desafió a Quinella.

‘El alma’ que Higa no pudo destruir.

El agua seguía fluyendo, arrastrando hojas y espuma, pero su mirada —ese azul que parecía guardar todos los secretos de Underworld— no se movió.

-“Todavía puedo vencer”.

Susurró, y el arroyo llevó sus palabras hacia el mar, como si el mundo mismo las necesitara escuchar.

Formó un cuenco con sus manos – esas manos que alguna vez empuñaron espadas legendarias – y sumergió los dedos.

El agua era: ‘Fría, Dulce y clara.’ **Plop**.

El sonido fue ‘un martilleo metálico’, no el chapoteo cristalino que recordaba.

El agua se filtró entre sus dedos como arena, pero atrapó lo suficiente.

Se lo llevó a los labios con urgencia de náufrago.

**Glup-glup-glup**.

Bebió con los ojos cerrados y las gotas escaparon por su barbilla, mezclándose con la lluvia que ya lo empapaba.

No eran pérdidas, sino ‘ofrendas’: -“Para los que ya no están.” “Para la que espera sin saberlo”.

“Para el yo que fui y el que seré”.

Y cuando se levantó, las gotas en su rostro ya no sabían a lluvia, ni a lágrimas, sino ‘a principio’.

Sus ojos afilados no eran los de un prisionero.

Eran los de un hombre que, incluso despojado de todo, ‘aún tenía algo que perder.’ **KNUK-KNUK** ‘El sonido de sus nudillos al apretar los puños era una declaración silenciosa.’ Como respuesta, la lluvia cesó.

Las nubes se abrieron en círculos concéntricos, revelando un cielo herido por claroscuros.

‘como si el mismo Underworld reconociera su determinación.’ Entre las nubes rotas se filtraba una luz pálida, ‘como una aceptación de ese gesto’.

Gotas residuales brillaban en su rostro mientras alzaba la vista hacia el cielo despejado.

-“Veamos…

Sí, aún puedo volar.” La voz de Kirito fue apenas un susurro cargado de escepticismo y esperanza, palabras que se perdieron entre el crujir de las ramas mojadas y el último gemido del viento invernal.

Y entonces, como si Underworld mismo hubiera estado esperando esta prueba, ocurrió: Un hormigueo eléctrico le recorrió la espina dorsal, un cosquilleo que comenzó en la base de su cráneo y se extendió como ondas concéntricas a través de cada vértebra.

No fue el simple despertar de un poder olvidado, sino el reencuentro violento entre su voluntad y las leyes fundamentales de ese mundo.

No fue un salto.

No fue magia.

Fue ‘la memoria de dos siglos de dominio’ lo que resonó en cada átomo de su ser, como un antiguo mantra grabado a fuego en su fluctlight.

Sus pies, todavía entumecidos por el frío de la tierra mojada, comenzaron a elevarse con una lentitud deliberada, desafiando tanto la gravedad como el escepticismo que había cargado hasta ese momento.

Un centímetro.

La distancia suficiente para que una gota residual de lluvia pasara rozando la suela de su bota.

Diez centímetros.

Ahora podía ver las marcas que sus pisadas habían dejado en el fango, huellas efímeras que ya empezaban a llenarse de agua.

Un metro entero.

El suelo, ese testigo mudo de su debilidad inicial, se rendía ante él.

El fango estiró sus garras oscuras hacia arriba, como si Underworld no estuviera dispuesto a dejarlo ir tan fácilmente, pero ya era demasiado tarde.

El aire se volvió más frío a esa altura, pero también más puro.

Kirito inspiró profundamente, llenando pulmones que no habían sentido la libertad del vuelo en lo que parecía una eternidad.

En algún lugar entre el cielo y la tierra, entre el pasado y el presente, encontró el punto de equilibrio perfecto.

‘Estaba volando de nuevo.’ Fue como en aquellos días lejanos donde el aire era suyo.

‘Flotó como hacía antes de irse’, pero esta vez el viento olía a ceniza y tierra mojada.

“Será mejor que me seque.” murmuró Kirito mientras las últimas gotas de lluvia resbalaban por su mejilla.

En ese instante, algo profundo en su Fluctlight resonó – ese núcleo de conciencia que había aprendido a moldear durante sus 200 años como Star King.

No fue un simple pensamiento.

Fue una ‘orden absoluta’ dirigida a la misma estructura de Underworld.

(Sistema de control mental: Liberar calor corporal.

Eliminar humedad.

Restaurar estado óptimo.) El efecto fue inmediato.

Un aura dorada apenas perceptible envolvió su cuerpo durante un microsegundo – el mismo brillo que una vez caracterizó las habilidades de Stacia.

Su ropa empapada vibró como si miles de partículas de agua fueran expulsadas por fuerzas centrífugas, transformándose en una fina neblina que se dispersó en el aire crepuscular.

En menos de tres segundos: Su túnica de lino recuperó su rigidez característica, los bordes dorados brillando como recién tejidos.

Su cabello dejó de gotear, volviéndose suave y esponjoso como plumas de halcón.

Hasta el cinturón de cuero recuperó su flexibilidad natural, sin rastros de haber estado empapado.

Kirito examinó sus mangas con una mezcla de nostalgia y amargura.

-“Asuna siempre decía que esta habilidad era un desperdicio de recursos sagrados.” Recordó.

Pero ahora, en esta soledad, era un recordatorio de que ‘Underworld aún respondía a su voluntad’, incluso después de todo lo que Higa le había hecho.

-“Parece que no mintió, Higa…

Ese maldito”.

Las palabras le ardieron en la garganta.

‘No pudo evitar decirlas por todo lo que le había quitado.’ ‘Higa había mentido en muchas cosas, pero no en esto’: su conexión con Underworld seguía viva, ‘aunque le hubiera robado todo lo demás’.

Entonces en el análisis de su poder de repente pensó.

(-“¿Qué pasaría si tuviera esta fuerza en el mundo real?”) La pregunta flotó en su mente como una brisa de verano, cálida y ligera o un destello de luz en la oscuridad de su cautiverio digital.

No era un anhelo de dominación, sino ‘el simple sueño de un protector’: poder detener el dolor antes de que ocurriera.

Memorias de todos los mundos que había defendido cruzaron su conciencia.

‘cuatro mundos virtuales’ donde había sido más que humano común: ‘Aincrad’: Donde su espada cortó el terrible destino de miles.

‘En Alfheim’ desafió a un dios digital y ganó.

‘Gun Gale Online’: El único donde ‘las balas’ habían obedecido a su reflejos, deteniéndolas con su hoja de luz.

‘Underworld’: Donde detuvo ejércitos con voluntad pura.

‘Cuatro realidades diferentes.

Cuatro pruebas de que lo imposible solo era cuestión de contexto.’ ‘Hazañas Totalmente imposibles para un cuerpo humano normal.’ Pero al regresar siempre a la realidad, volvía a ser ‘Kazuto Kirigaya’, el adolescente que podía ser secuestrado, manipulado, herido…

‘como le demostró Higa.’ Un suspiro.

No de derrota, sino de ‘nostalgia por aquel sueño infantil’ donde los héroes podían proteger todo lo que amaban sin límites.

-“No quiero gobernar ni destruir…

Solo quiero ser un escudo.” Era un deseo tan puro como el primer día que empuñó una espada para salvar a Asuna.

-“Sería hermoso”.

Musitó.

Que ningún gobierno los amenazara.

Que ningún científico los tratara como ratas de laboratorio.

Que nadie volviera a separarlos.

Poder decir *”basta”* con la misma autoridad que cuando empuñaba la ‘Night Sky Sword’.

‘No era ambición’.

‘Era el último vestigio de ese chico que una vez creyó que los héroes podían protegerlo todo.’ -“…” Pero…

‘El sueño duró lo que tarda una libélula en cruzar un rayo de sol…’ Pero…

Como siempre, ‘la realidad lo alcanzó.’ Pero..

Como siempre, ‘el dolor lo devolvió al presente.’ -“Los sueños son sueños…

La realidad es la realidad.” Murmuró con una triste sonrisa, mientras sus dedos se cerraban lentamente, ‘como si aún pudieran sentir el peso de una espada imaginaria.’ **-“Fuuu…”** Un suspiro.

No de derrota, sino de ‘aceptación sobre la realidad de el mundo.’ ‘Sabía la diferencia.’ ‘Sabía que lo imposible solo era imposible…’ ‘…hasta que alguien se atrevía a cambiarlo.’ **-“Fuuuuuh…”** Y con ese segundo aliento más fuerte, ‘arrojó al viento las cadenas de lo imposible**.

(-“Porque si no podía cambiar lo imposible, al menos podía avanzar a pesar de él…”) Se volvió a cocentrar en el presente y lo que tenía que hacer para empezar su plan.

-“Pero antes de empezar…

debo visitar un lugar”.

**Vvvvmm…** Subiendo mucho más encima de los árboles.

Sus palabras se las llevó el viento mientras ascendía en diagonal, ‘como un proyectil humano**.

Los árboles se convirtieron en manchas verdes bajo sus botas.

**Shwoooosh!-¡Shwoooosh!**.

El aire silbaba en sus oídos, pero su mente solo repetía un nombre: (-“Rulid.”) ***** El aire frío de la noche silbaba al rozar sus mejillas, pero Kirito apenas lo notó.

Sus ojos estaban clavados en ‘Rulid’, que se extendía bajo él como un manto de luces temblorosas.

Ya no era el pueblo de calles polvorientas que recordaba.

Ahora, ‘era una ciudad que respiraba en la oscuridad’.

Lo que vio: Las murallas de piedra clara sólidas, reforzadas con vigas de ‘Zakkaria Steel’.

‘Los faroles de cristal’ iluminados con fluido luminiscente extraído de flores del bosque.

La plaza central había: Dos estatuas de mármol, idénticas en tamaño y postura: ‘Eugeo’, con la ‘Blue Rose Sword’ apoyada en el hombro, mirando al horizonte.

– ‘Kirito’, con la ‘Night Sky Sword’ cruzada sobre el pecho, cabeza inclinada.

‘Una placa simple’: -[“Los primeros caballeros que unieron dos mundos.

Nunca olvidados.”] Las estatuas no eran heroicas.

No mostraban gestos dramáticos ni poses de victoria.

Eran ‘Eugeo y Kirito como amigos’: – ‘Misma altura’.

– ‘Mismos rostros jóvenes’.

– ‘Espadas apoyadas con naturalidad’, como si acabaran de detenerse a descansar juntos.

Porque el Kirito que gobernó como Star King jamás habría permitido que su amigo fuera menos que él.

Continuó viendo unos Edificios nuevos: Como los talleres de herrería ampliados.

Un ‘gran salón de reuniones’ con techo de tejas rojas, donde antes estaba la taberna.

Y unos establos mejorados con carruajes más grandes, pero ‘tirados por caballos’.

El viento llevó el olor a ‘hierro forjado y pan recién horneado’.

Era distinto al Rulid que recordaba, pero el ‘corazón del pueblo seguía igual’.

Cerró los ojos y, por un segundo.

Cuando los abrió, la ciudad seguía allí, ‘brillando en silencio’.

Solo ‘una ciudad durmiendo bajo el peso de su propia historia’.

Y él, flotando sobre ella, ‘tan parte de ese pasado como las estatuas de mármol abajo’.

Y entonces, ‘su mirada fue arrastrada’—no por voluntad, sino por esa fuerza antigua que une a los hombres con sus cicatrices—hacia ‘el tocón cubierto de musgo.’ Ese era todo lo que quedaba del árbol que una vez cortó junto a Eugeo.

El viento nocturno le trajo un eco del pasado: ***** Kirito le enseñó la técnica: «Aincrad Style • Horizontal Arc».

A su amigo Eugeo días antes.

– ‘Gritó indicaciones’ durante el corte -“¡Mantén el ángulo!

¡Confía en tu peso!”.

Dejó que Eugeo diera el golpe final.

como símbolo de su crecimiento.

Eugeo sudaba bajo el sol de la tarde, pero ahora tenía algo nuevo: ‘la técnica que Kirito le había enseñado’.

-“No lo veas como un árbol” Murmuró Kirito a su lado.

-“Es solo una línea en el aire.

Una línea que tu espada ya conoce.” La “Blue Rose Sword” brilló en las manos de Eugeo, temblorosa al principio, luego firme.

Adoptó la postura que habían practicado hasta el agotamiento: ‘Pies separados’, raíces humanas clavadas en la tierra.

‘Espada en horizontal perfecta’, paralela al suelo como el horizonte.

– ‘Respiración’.

**Shhh… Shhh…**.

Sincronizada con el susurro del bosque.

-“¡Ahora!”.

gritó Kirito a su lado.

Y entonces— Con el corte horizontal perfecto (180°) El universo contuvo el aliento.

**Tsuuuin!**.

La ‘Blue Rose’ cortó el aire con un ‘destello azul’, tan brillante que por un segundo, el ‘Gigas Cedar’ pareció transparente.

El sonido no fue de madera quebrando, sino de ‘algún antiguo sortilegio rompiéndose’.

**CRAAAAAAAAACK!** El árbol sagrado de Rulid ‘cedió en cámara lenta’, sus anillos de crecimiento expuestos al sol como heridas abiertas.

Eugeo cayó de rodillas, la espada clavada en el suelo, sus lágrimas mezclándose con la savia que brotaba del tocón.

-“Lo… lo logramos…” Jadeó, mirando a Kirito con ojos que brillaban más que cualquier técnica.

(-“Mentira.

Él solo lo había logrado.

Yo solo había sido el eco que empujó su voluntad.”)* *** Pero ahora…

El tocón del ‘Gigas Cedar’ seguía allí, como un **testigo mudo** de la promesa que una vez hicieron bajo sus ramas.

Kirito apretó los puños, imaginando por un segundo el **tacto áspero** del hacha que nunca usaron más…

porque al final, solo necesitaron **una espada y una voluntad compartida**.

‘Un disco negro bajo la luna’, su superficie cubierta de musgo (‘como la piel de un anciano’).

Ahora, bajo la luna, esas marcas eran ‘únicas’.

Como él.

Como su culpa.

Y también pudo notar alrededor, ‘nuevos brotes’.

(“Los árboles caen, pero las raíces siguen vivas.”) Pensó.

(-“Y tal vez—solo tal vez—eso aplicaba también para los héroes.”) **Haaah…**.

Su aliento se condensó en el aire frío, ‘la única prueba de que aún estaba vivo’ en este lugar donde el tiempo lo había convertido en leyenda con su mejor amigo, Eugeo.

Después de reflexionar, sintió que era momento de partir.

Con un impulso silencioso, ‘despegó del cielo nocturno’ hacia la Catedral Central, surcando las nubes con un solo objetivo: encontrar la forma de burlar a Higa y regresar al mundo real y Recuperar lo que le habían robado.

El viento aullaba alrededor de Kirito.

**¡Shwoooosh!**.

Arrastrando consigo ese pensamiento absurdo que no quería reconocer: (-“¿Qué pasaría si tuviera esta fuerza en el mundo real?”) Se burló de sí mismo.

-“Patético”.

murmuró, aunque nadie más pudiera oírlo.

A sus años (¿cuántos llevaba vividos realmente?), esa clase de fantasías eran propias de niños jugando a ser héroes.

‘Él ya no era un niño’.

**¡SHHHHOOOOO!** Apretó los puños y aceleró el vuelo, como si pudiera dejar atrás no solo el bosque, sino ‘esa idea ridícula’ que se aferraba a su mente como una telaraña pegajosa.

-“Imposible.” Se repitió.

-“Estúpido”.

Insistió.

Lo que él ‘no’ sabía era esto: En algún rincón oculto de su Fluctlight, en ese espacio sagrado donde ni los scanners de Rath ni las leyes de Underworld podían penetrar, aquel deseo imposible había dejado su huella.

No era una corrupción, ni un virus en su código existencial.

Era algo mucho más profundo: ‘Una estrella recién nacida.’ Minúscula como un grano de arena, pero con la firmeza de un diamante.

Brillaba con una luz tenue pero constante, alimentada por: El recuerdo de Asuna sonriendo bajo el sol de Aincrad La promesa hecha a Eugeo en sus últimos momentos La determinación que lo mantuvo en pie durante 200 años de reinado Kirito no la vio.

No podía verla.

Pero en ese instante preciso, mientras el viento de Underworld pasaba por todo su cuerpo.

**DOON**.

‘la estrella pulsó’.

No era magia.

No era tecnología.

Era algo que trascendía ambos conceptos: ‘la cristalización de un deseo puro’, el anhelo incontestable de todo ser vivo de proteger lo que ama.

Y aunque su mente consciente ya había descartado esa fantasía como imposible, aunque había reafirmado los límites entre lo real y lo virtual, esa pequeña estrella continuó existiendo en silencio.

‘No era una llave’ que abriría puertas mágicas.

‘No era un arma’ que destruiría obstáculos.

Era simplemente…

‘una posibilidad.’ Una posibilidad que esperaría pacientemente, como las semillas que sobreviven décadas bajo el desierto hasta que llega la lluvia.

Cuando el momento fuera el correcto, cuando Kirito enfrentara la encrucijada definitiva, ‘esa luz respondería’.

Pero eso sería mucho después.

Por ahora, solo era un destello invisible guardado en el corazón del que una vez fue conocido como ‘el Espadachín Negro’, el guerrero de las dos espadas que desafió lo imposible en cada mundo que pisó.

El título de Rey Estrella pertenecía al pasado.

‘El Espadachín Negro’ era su esencia eterna…

Esa parte de sí mis mo que nunca necesitó coronas ni tronos, solo la certeza de empuñar sus armas para proteger lo que amaba.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Max999Max “¿Estás disfrutando esta historia?

Tu Power Stone hace más diferencia de lo que imaginas” “Hola a todos los lectores.

Si este capítulo te ha gustado, te agradecería mucho si pudieras apoyar la historia con una Power Stone.

Cada voto que dejes: – Ayuda a mejorar el ranking de la novela y que más personas puedan encontrarla – Es completamente gratuito (solo necesitas haber iniciado sesión) – Me da motivación para seguir escribiendo y mejorando cada detalle No importa si es tu primer voto o si ya has apoyado antes – cada Power Stone marca la diferencia.

Gracias por acompañarme en esta aventura junto a Kirito.

Les prometo que lo mejor está por venir.

PD: Si quieres compartir tu teoría favorita o lo que esperas del próximo capítulo en los comentarios, los leeré con mucho interés.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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