Kirito: Datos ilimitados en mundos infinitos - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - Capítulo 8: Capítulo 8: "La Llave de Cristal: El Último Secreto del Rey sin Reino En el Susurro de las Estrellas Olvidadas"
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Capítulo 8: Capítulo 8: “La Llave de Cristal: El Último Secreto del Rey sin Reino En el Susurro de las Estrellas Olvidadas”
La voz de Kirito no solo resonó con claridad en la cueva, sino también en la mente de Lyrielle y Vaelinne.
—“…”
—“…”
El silencio se instaló entre ellos. Era una realidad difícil de asimilar, una verdad que se sentía demasiado repentina. Kirito no intentó romper aquel momento, comprendiendo que necesitaban procesarlo. Esto también estaba dentro de sus cálculos.
**Hooooh… Murmur… Swishhh…**
La cueva era vasta, envuelta en una penumbra ligeramente húmeda. Pequeñas gotas se acumulaban en el techo, reflejando la luz tenue de las esferas que Vaelinne y Lyrielle sostenían en sus manos.
**Plip… Drip…**
**Shhh… Plish…**
**Tlok… Plop…**
Las gotas resbalaban lentamente desde el techo, acumulando humedad en las grietas de la roca antes de caer con un sonido tenue.
**Shhhwoooosh… Ksshhhh… Roaaaar…**
A diferencia del estruendo de la cascada en la distancia, aquí dentro, el sonido del agua era apenas perceptible, un eco delicado que se deslizaba entre las sombras.
Todos estos sonidos, fáciles de ignorar en otro momento, ahora eran demasiado claros, amplificados por el silencio que dominaba el ambiente.
**Gulp…**
**Thhh… Hooooh… Kshhh…**
Ni siquiera Vaelinne, que tragó saliva con dificultad, logró silenciar el sonido de su propia respiración. En el silencio absoluto, hasta el más mínimo eco parecía imposible de ignorar.
**Kururu…**
Tsukigaki mantuvo su postura firme junto a Kirito, su cuerpo dorado reflejando los tenues destellos de luz que lograban atravesar la oscuridad. Aún no entendía por qué Vaelinne y Lyrielle dudaban tanto en aceptarlo. Para él y los demás dragones, la identidad de Kirito era indiscutible.
Pero frente a ellos, Vaelinne y Lyrielle no estaban completamente estables, sus cuerpos reaccionaban con una mezcla de emoción e incredulidad. La tenue iluminación perfilaba la silueta de Kirito con una claridad inquietante.
Ambas compartían el mismo pensamiento.
(—“Pero sus ojos… eran diferentes.”)
Eran azul zafiro.
No eran los ojos que ellas conocían.
—“…”
Vaelinne tensó la mandíbula, sin soltar completamente su espada. Su instinto le decía que era él, pero su mente aún luchaba contra la incertidumbre.
—“…”
Lyrielle, más analítica, mantenía el pulso firme en su arma, evaluando cada detalle con precisión.
(“—Está bien… pronto me reconocerán por completo.”)
Kirito pensó sin inquietud, su expresión permanecía serena.
Su postura seguía relajada, su presencia transmitía el mismo aire despreocupado de siempre, como si entendiera perfectamente la cautela de ellas y supiera que todo se resolvería en cuestión de segundos.
Su sonrisa se mantuvo.
**Kururu-Kururu…**
Antes de que ellas pudieran decir algo, Tsukigaki fue el primero en actuar y romper la situación. Bajó la cabeza y se frotó contra Kirito, dejando escapar un sonido suave, como si quisiera hacerles entender lo que ya era obvio para él.
Kirito esbozó una ligera sonrisa más clara mientras pasaba una mano por la cabeza de Tsukigaki, su tono relajado, como si estuviera hablando con un viejo amigo.
—“No te preocupes… Ellas solo están recordándome. ¿Quieres que te frote la cabeza mientras tanto?”
**”Kurururrr-Kurururrrr-Kurururrrr…”**
Tsukigaki aceptó de inmediato, dejando que su cuerpo se relajara bajo la palma de Kirito, disfrutando el contacto.
Kirito no apartó la mirada de Vaelinne y Lyrielle mientras hacía esto. No era un gesto al azar—sabía que permitir que los dragones lo reconocieran era una manera de reafirmar su identidad ante ellas.
**”Kurururrr-Kurururrrr-Kurururrrr…”**
Vaelinne frunció ligeramente el ceño, sin apartar la vista de ellos. Ver a Tsukigaki confiando plenamente en Kirito la hizo cuestionarse aún más sus propias dudas.
Lyrielle, siempre más analítica, entrecerró los ojos, observando la escena con detenimiento. La lógica era clara—si los dragones lo reconocían sin el menor rastro de incertidumbre, entonces… ¿por qué ellas seguían dudando?
Kirito no pasó por alto las señales en sus rostros. Ya casi lo aceptaban, la duda comenzaba a desvanecerse. Así que decidió terminar con aquello de una vez.
—“¿Qué necesitan para convencerse?”
Su voz sonó tranquila, pero con la intención clara de cerrar aquella brecha. Quería que fueran ellas mismas quienes pusieran el último requisito para relajarse y dejar la diferencia atrás.
—“Queremos escuchar algo que solo tú sepas sobre nosotras.”
—“Sí… Algo especial.”
Vaelinne fue la primera en plantear la idea, y Lyrielle, viendo que era un enfoque lógico, la apoyó sin vacilar.
—“¿Puede ser de cualquier etapa de sus vidas?”
Kirito preguntó con calma, como si el asunto le pareciera entretenido.
—“No importa, puede ser cualquier cosa. Lo importante es que sea algo que realmente nos importe.”
Vaelinne, con un rostro serio, reafirmó su decisión.
—“Eso es correcto…”
Lyrielle asintió también.
Kirito inclinó ligeramente la cabeza, evaluando la petición con una sonrisa apenas perceptible.
—“Me parece razonable. Entonces hablemos de su etapa de infancia.”
La leve sonrisa en su rostro cambió.
Ellas la reconocieron al instante. Era esa sonrisa—la misma que siempre mostraba antes de decir algo que no querían escuchar.
Por alguna razón, ambas sintieron el impulso de retractarse de inmediato.
Pero ya era demasiado tarde.
Kirito miró directamente a Vaelinne y, sin dejarle escape, lanzó la pregunta:
—“Vaelinne, ¿quieres que les cuente la vez que lloraste cuando te hice volar por primera vez?”
Vaelinne parpadeó con fuerza, sus músculos reaccionando antes que su mente.
—“…¡No!”
Su voz salió más fuerte de lo esperado, rompiendo la tensión con un giro completamente distinto.
Kirito sonrió con diversión, sosteniendo el momento en sus manos.
—“Pero fue un recuerdo importante, ¿no?”
Vaelinne apretó los labios, sintiendo el calor subir a su rostro.
—“Solo tenía cinco años.”
—“Y aun así gritaste tan fuerte que casi despertaste a media ciudad.”
Vaelinne entrecerró los ojos, su orgullo siendo atacado sin piedad.
—“Además, recuerdo claramente que apenas bajaste, corriste al baño y te cambiaste de ropa. ¿Por qué será?”
Kirito hizo una expresión de falsa ingenuidad, como si realmente no entendiera el motivo detrás de aquel cambio repentino.
—“¡Por favor, por favor, detente! ¡Te creo, realmente te creo, Kirito!”
Vaelinne, completamente sonrojada, había perdido toda compostura ante el vergonzoso recuerdo de su infancia, algo que no cuadraba con la valentía que solía demostrar.
—“Pero aún no he dicho…”
—“¡Ya te dije que te creo! ¡Okay, Kirito! Así que por favor detente.”
**Thnk… Kshhh… Clack…**
Vaelinne exhaló con frustración mientras guardaba la espada que mantenía en posición de ataque. Su rostro aún reflejaba una mezcla de enojo y vergüenza, interrumpiendo a Kirito antes de que pudiera seguir avergonzándola delante de Lyrielle y Tsukigaki.
**”Kururu-Kururu…”**
Tsukigaki movió la cabeza en confusión, observando a su guardiana con extrañeza al verla tan alterada.
—“Gracias por creerme, Vaelinne.”
Dijo Kirito sin el menor rastro de vergüenza.
—“Hmph. Kirito, tú siempre eres tan…”
Vaelinne cruzó los brazos y desvió la mirada, murmurando en voz baja con un tono frustrado. El gesto le causó gracia a Kirito—verla así era casi nostálgico.
(—“Ya cayó una. Falta la otra.”)
Kirito pensó, y como un depredador que encuentra a su siguiente presa, desvió su mirada hacia Lyrielle, quien aún le apuntaba con su arma, aunque su pulso ya no era tan firme como antes, tras ver lo sucedido con Vaelinne.
—“En cuanto a ti… yo recuerdo…”
**Shhh…**
Un escalofrío recorrió la espalda de Lyrielle antes de que pudiera escuchar el resto.
**Kshhh… Click… Thok…**
Sin perder más tiempo, guardó su arma con movimientos precisos, encajando firmemente en su funda con un sonido seco.
—“Siento realmente mi imprudencia de ahora, Kirito-dono.”
Su voz fue serena, pero había una pequeña tensión en su tono, y sin pensarlo demasiado, se inclinó en disculpa antes de que él pudiera continuar.
Pero Kirito no estaba dispuesto a dejarla escapar tan fácilmente.
—“Creo que aún necesitas refrescar tu memoria. Recuerda, Lyrielle, que nunca me ha gustado que me llamen con títulos como ‘Dono’ o ‘Sama’. Y ahora, mucho menos que ya no soy un rey.”
Kirito dejó escapar una leve sonrisa, aunque había una firmeza oculta en su tono.
—“Nunca me ha gustado la distancia en cómo me hablan. Para mí, es mejor cuando simplemente me llamas ‘Kirito’… como lo hiciste hace un momento.”
Lyrielle desvió ligeramente la mirada, como si intentara encontrar otra justificación antes de responder.
—“Eso fue solo un momento fugaz por la situación repentina…”
—“Entonces, llámame Kirito como siempre te he solicitado en privado. La diferencia es que, de ahora en adelante, siempre me llamarás así.”
Kirito aprovechó la oportunidad para quitarle definitivamente esa costumbre—no quería que Lyrielle volviera a tratarlo con un respeto excesivo que no le gustaba.
—“Pero eso es muy impropio…”
—“Entonces empezaré recordando cuando tú…”
—“Kirito…”
Lyrielle intentó rechazar la idea de nombrarlo así de manera permanente, no estaba acostumbrada. Pero al notar que su negativa solo hacía más probable que Kirito revelara un recuerdo vergonzoso sobre ella, tuvo que ceder.
—“Una vez más. Pero esta vez, un poco más alto y mirándome directamente a los ojos, por favor.”
Kirito dijo al llevar una mano a su oído, como si no quisiera perderse ni un solo detalle.
Lyrielle se esforzó en cumplir con ello, esta vez intentando no desviar la mirada a ningún lado.
—“Kirito… Kirito.”
—“¿Ves, Lyrielle? No fue tan difícil, ¿verdad?”
Dijo Kirito con una sonrisa aún más amplia, entendiendo perfectamente el esfuerzo que le había costado a Lyrielle romper con su vieja costumbre.
Sin perder su ánimo, añadió con tono despreocupado pero firme:
—“Ya que has cumplido con tu parte, Lyrielle, yo también haré lo mismo y no diré nada más sobre tu pasado. Después de todo, soy un hombre de palabra.”
—“Haaah… Sin duda eres tú… Kirito.”
Lyrielle dejó escapar un suspiro antes de negar con la cabeza. Ese comportamiento juguetón de Kirito concordaba perfectamente con sus recuerdos de él, y, como siempre, se las había arreglado para salirse con la suya.
Vaelinne, que había observado todo desde su lado, no pudo evitar quejarse de inmediato.
—“¡Eso no es justo, Kirito! ¿Cómo es posible que fui la única cuyo pasado vergonzoso salió a la luz, y Lyrielle no?”
**Tuk… Tuk… Tuk…**
Vaelinne comenzó a caminar con paso firme, su anterior incertidumbre desvaneciéndose en la distancia. Su mirada se fijó en Kirito, quien la observaba con una mano apoyada en la cadera, su postura relajada pero con una sonrisa que dejaba ver que sabía perfectamente lo que estaba pasando.
—“Quiero escuchar algo sobre ella. Cualquier cosa, pero no—Huff…”
**Fwmp… Thmp…**
Vaelinne no pudo terminar la frase, porque justo cuando estuvo lo suficientemente cerca, Kirito la envolvió en un abrazo inesperado, tan rápido que ni siquiera lo vio venir.
—“¡Idiota! ¿Quién te dio permiso para abrazarme? ¡Suéltame, Kirito!”
**Dmp… Dmp… Dmp…**
Vaelinne golpeaba con su única mano libre el pecho de Kirito, mostrando una resistencia que no parecía genuina, como si el gesto la hubiera tomado por sorpresa.
—“…”
Pero Kirito no la soltó ni dijo nada, porque sabía que su reacción también era una fachada.
—“Te dije que me sueltes… Khh… Kirito…”
**Dmp… Dmp…**
—“Hic… Khh… Snff…”
La voz de Vaelinne comenzó a quebrarse, y sus golpes se debilitaron poco a poco, hasta que su respiración se tornó temblorosa y el sonido de un sollozo contenido rompió la barrera que intentaba mantener.
**Dmp…**
Con ese último golpe, Kirito la abrazó con más fuerza y, acercándose a su oído, le habló con una voz que había dejado atrás todo rastro de juego.
—“Yo también te extrañé, Vaelinne…”
Sus palabras, sinceras y cálidas, terminaron de derrumbar la última fachada de Vaelinne.
**Fwmph… Thmp…**
Vaelinne le devolvió el abrazo aún con más fuerza, y entonces…
**Hic… Khh… Snff…**
Comenzó a llorar.
—“Yo pensé… Hic… que jamás volvería a verte… Snff…”
Su voz salió entrecortada, con la desesperación de alguien que había soportado demasiado tiempo el peso de la ausencia.
—“Lo sé… Lo sé…”
**Plip… Plish… Tlok…**
Las lágrimas de Kirito también empezaron a deslizarse por su mejilla, sin poder evitarlo. No era inmune a ese dolor, porque él mismo lo había sentido.
(“Esto no es fácil para mí…”)
Pensó, cerrando los ojos con fuerza por un instante. ¿Cómo podría olvidar los lazos profundos que tenía en este mundo? Volver al mundo real y dejar atrás lo que vivió aquí nunca fue una opción fácil. Este lugar era real. Las personas, los seres, los vínculos… Todos tenían un alma, todos sentían.
—“Realmente, realmente… realmente… Hic… te extrañé. No sabes cuánto… Snff…”
**Plip… Plish… Tlok…**
—“Te entiendo, Vaelinne… Snff…”
**Plip… Plish… Tlok…**
Kirito solo la dejó desahogarse en su pecho, comprendiendo que lo necesitaba más que cualquier explicación. Y entonces, dirigió su mirada hacia la otra persona que también necesitaba ese consuelo: Lyrielle.
**Plip… Plish… Tlok…**
A unos metros de distancia, Lyrielle permanecía en silencio, pero las lágrimas también rodaban por su rostro, cayendo con inevitabilidad. Ella tampoco lo había olvidado.
(“Te conozco demasiado bien, Lyrielle…”)
Kirito pensó, observando su reacción. Sabía que Lyrielle tenía un carácter reservado, alguien que prefería mantener sus emociones bajo control, pero incluso su propia fortaleza tenía límites, y esta vez, había sido superada.
—“Ven aquí también, Lyrielle…”
Kirito extendió una mano hacia ella, sus ojos mostrando el mismo brillo zafiro, esta vez cargados de emoción.
—“…”
Lyrielle negó con la cabeza, desviando la mirada, dando un paso atrás.
(“Eres realmente terca…”)
Kirito pensó, y negó suavemente, pero por otra razón.
—“Tsukigaki.”
Kirito giró la cabeza hacia su compañero dragón, su voz baja, pero firme.
—“Por favor, tráeme a Lyrielle aquí.”
**Kururu-Kururu…**
Tsukigaki asintió, comprendiendo la petición de Kirito.
**Thud… Rmmph… Shhhff…**
Las patas del dragón golpearon el suelo con firmeza, moviéndose detrás de Lyrielle.
—“¿Qué estás haciendo, Tsukigaki?”
Lyrielle frunció el ceño al verlo moverse, su voz reflejando más inquietud que enfado.
**Kururu-Kururu…**
**Whump… Thmp… Huff…**
Con un movimiento controlado, Tsukigaki empujó suavemente a Lyrielle con su hocico, lo suficiente para desplazarla hacia donde estaba Kirito.
—“¡Ahhh! ¡Tsukigaki!”
Lyrielle gritó por el empujón inesperado, perdiendo ligeramente el equilibrio.
**Thmp… Shff… Stk…**
Dio un paso para estabilizarse, pero antes de poder hacerlo completamente.
**Fwmph… Thmp…**
Kirito ya la esperaba con los brazos abiertos, atrapándola en un abrazo firme.
—“¡Aaahh, Kirito!”
Lyrielle, poco acostumbrada a ese tipo de contacto, elevó la voz, intentando liberarse.
—“Por favor, Lyrielle… No te resistas.”
Su voz fue suave, sincera, temblorosa por la emoción.
—“Solo por un momento… Quédate así, ¿ok?”
Lyrielle levantó la mirada y vio los ojos de Kirito, brillando con absoluta sinceridad. No había otra intención detrás de sus palabras. Solo cariño. Solo honestidad. Solo alguien que había regresado después de demasiado tiempo.
Y entonces…
Lyrielle se relajó en el abrazo, igual que Vaelinne.
—“Gracias, Tsukigaki…”
**Kururu-Kururu…**
El sonido suave, alegre del dragón, indicando que lo comprendía.
—“Eres tan injusto, Kirito… Hicc… ¿Cómo pudiste involucrar a… Snff…”
**“Hic… Khh… Snff…”**
Pero antes de poder terminar su reclamo, su propia barrera se rompió. Sus emociones la desbordaron, igual que a Vaelinne.
**Plip… Plish… Tlok…**
Kirito las sostuvo en silencio, reconfortándolas con su presencia.
—“En esta vida muchas cosas son injustas, Lyrielle, Vaelinne… Solo podemos soportarlas y seguir avanzando.”
**Plip… Plish… Tlok…**
Kirito las abrazó con fuerza, y en su mente, aquellas palabras también resonaron para sí mismo.
(“Eso lo sé demasiado bien…”)
**Thud… Rmmph… Shhhff…**
Tsukigaki se acercó a los tres lentamente, su enorme figura proyectando una sombra sobre el suelo húmedo de la cueva.
**Kururu-Kururu…**
Kirito reconoció de inmediato ese tono. Era la forma en la que Tsukigaki pedía permiso para hacer algo, una petición silenciosa pero clara.
—“Por supuesto que puedes unirte, Tsukigaki…”
Kirito le invitó con naturalidad, sin dudarlo.
**Kururu-Kururu…**
El dragón dejó escapar un sonido suave, reflejando su alegría por la aprobación. Sin embargo, también entendía que su tamaño le impedía abrazarlos como lo haría un humano.
Así que encontró la manera de hacerlo sin romper el momento conmovedor:
Tsukigaki inclinó su enorme cabeza y la apoyó muy levemente sobre Kirito, quien aún sostenía a Lyrielle y Vaelinne entre sus brazos. Un gesto de consuelo silencioso, pero que transmitía el mismo afecto que un abrazo.
Con Tsukigaki en la escena, el cuadro se completó:
Tres personas, abrazadas en la penumbra de la cueva, sus emociones desbordándose tras la larga espera.
Un dragón enorme, compartiendo el momento a su manera, ofreciendo su propio tipo de consuelo.
Kirito cerró los ojos por un instante.
(“Estoy realmente agradecido… A pesar de todo, ellas me han reconocido al final.”)
El pensamiento se hundió en lo más profundo de su corazón, envuelto en la casi absoluta oscuridad de la cueva.
(*****)
Varias horas habían transcurrido, hasta bien entrada la medianoche.
**Plip… Plish…**
La atmósfera se había calmado, aunque aún quedaba un rastro de la intensidad emocional que habían experimentado antes.
El interior de la cueva se mantenía tenuemente iluminado, gracias a las esferas de luz que Vaelinne y Lyrielle sostenían entre sus manos. Sentadas en el suelo, frente a Kirito, la iluminación reflejaba apenas sus siluetas en la penumbra rocosa.
Tsukigaki, fiel a su responsabilidad, se había marchado hace tiempo, retomando su labor de patrullaje. A pesar de su ausencia, otros dragones permanecían en la entrada, atentos a cualquier presencia externa. Su vigilancia aseguraba que ningún desconocido rondara cerca de la cascada, evitando posibles accidentes o situaciones inesperadas.
Ahora, solo quedaban ellos tres.
Vaelinne y Lyrielle seguían algo avergonzadas por el desahogo que habían tenido momentos atrás. Mostrar su vulnerabilidad tan abiertamente no era algo que hicieran con frecuencia, y aunque nadie lo mencionaba, era evidente que ambas todavía procesaban lo ocurrido.
A pesar de ello…
Kirito, por supuesto, se comportaba como si nada hubiera sucedido.
Sin incomodidad, sin comentarios innecesarios, como si el reencuentro y todo lo que había pasado fueran simplemente parte del flujo natural de los hechos.
Tal vez, este comportamiento era intencional. Kirito sabía que si le daba demasiada importancia al momento anterior, solo aumentaría la vergüenza de ellas. Mantener la conversación fluida y sin tensiones era la mejor manera de devolver la normalidad al ambiente.
Pero más allá de eso…
La conversación que habían tenido durante todas esas horas había servido para algo crucial: ponerse al día con lo que estaba sucediendo.
Kirito les relató casi todo lo sucedido, con calma, sin apresurarse.
Pero, como era de esperar, hubo cosas que decidió guardar para sí mismo.
No les dijo que ya no tenía un cuerpo físico al que regresar, ni que su alma había sido copiada y que él había tomado su lugar.
Su razón era clara:
Si ellas supieran que era posible copiar almas sin consentimiento…
Si entendieran que alguien podría hacer lo mismo con ellas, sin que pudieran evitarlo…
Ese miedo persistente sería demasiado abrumador.
Era una verdad inquietante, una idea que podía alterar su percepción del mundo en formas irreversibles.
Por eso, Kirito decidió callarlo, al menos por ahora.
Algunas verdades eran demasiado pesadas para cargar con ellas. Y más aún, si no había nada que pudieran hacer al respecto.
**Hooooh… Murmur…**
Dentro de la cueva, el paso del tiempo se sentía irrelevante, como si su conversación existiera en un espacio ajeno al mundo exterior.
Y, en cierto sentido, así era.
—“Entonces, en resumen, ¿quieres que te ayudemos con tus necesidades diarias mientras investigas la manera de regresar a tu mundo, no?”
Preguntó Vaelinne tras captar la petición de Kirito.
—“Así es. Debo prepararme por un tiempo indeterminado antes de partir al mundo exterior.”
Asintió Kirito con seriedad.
Lyrielle lo observó con atención. No había temor en su mirada, solo una firme determinación de encontrar la salida.
—“Supongo que ya tienes alguna idea.”
comentó, segura de que él no estaba improvisando.
Kirito esbozó una leve sonrisa.
—“Sí, tengo una base… Un camino que puedo seguir.”
Vaelinne bajó la mirada con un matiz de tristeza en su voz.
—“¿Te irás tan pronto como llegaste?”
Kirito negó con suavidad.
—“No. Lo más probable es que esto me tome años… Así que puedes estar tranquila, Vaelinne. Aún no me voy a ningún lado.”
Vaelinne suspiró, esbozando una sonrisa débil. Sabía que eventualmente tendría que partir, pero decidió no insistir en el tema.
—“Imagino que no piensas hacer tus investigaciones y preparativos aquí, en el piso 95…”
Lyrielle coincidió con ella, cruzándose de brazos mientras analizaba su entorno.
—“Es cierto, Kirito. ¿Cómo podrías trabajar en una cueva oscura e incómoda?”
Vaelinne asintió. Era el peor lugar para un trabajo que requería concentración absoluta.
Kirito apoyó una mano en su barbilla, reflexionando.
—“Tienen razón. Aunque este sitio ofrece privacidad, no me permite dar el 100% de mi capacidad de análisis. Además, debo estar alerta a los cuidadores de los dragones.”
Lyrielle captó su razonamiento y preguntó lo obvio.
—“Entonces… ¿tienes un lugar en mente?”
Kirito dejó escapar una sonrisa misteriosa.
—“Sí. Un sitio libre de intrusos y miradas curiosas, donde pueda concentrarme sin interrupciones.”
Vaelinne no pudo ocultar su curiosidad.
—“Oh, qué bien. ¿Y cuál es ese lugar tan especial?”
—“¿Es un sitio que conocemos?”
Preguntó Lyrielle, intrigada. Ella había estudiado cada remodelación de la Catedral, pero no lograba identificar un lugar que encajara con lo que Kirito describía.
Kirito se encogió de hombros con aire juguetón.
—“Tendrán que esperar. Es una sorpresa, pero les prometo que las dejará tan asombradas como a mí la primera vez que lo vi.”
Vaelinne cruzó los brazos con expresión frustrada.
—“¡Eres un tacaño, Kirito! Lo sabías, ¿verdad? Pero espero que realmente valga la pena.”
Lyrielle, por otro lado, sonrió con diversión.
—“¿Qué esperabas, Vaelinne? Así es él. Pero admito que también muero por ver ese lugar.”
Kirito mantuvo su sonrisa enigmática y colocó una mano sobre su pecho, como si hiciera un juramento.
—“Les juro que las sorprenderá.”
Entonces, sin perder más tiempo, planteó la siguiente cuestión con un tono serio.
—“Pero antes de eso, necesito ir a mi antigua habitación…”
Vaelinne levantó una ceja, extrañada.
—“¿Tu habitación? ¿Por qué?”
Kirito sostuvo su mirada sin cambiar su expresión.
—“Quiero saber si ha habido algún cambio desde que me fui.”
Lyrielle respondió primero.
—“Según mis conocimientos, no ha habido ninguna modificación. Solo se ha limpiado con regularidad.”
Vaelinne complementó la información.
—“Han pasado poco más de dos años desde que tú y Asuna intentaron regresar. La habitación fue considerada un lugar de respeto para los antiguos reyes, por lo que nadie la ha ocupado.”
Lyrielle asintió.
—“Sí. Además de mantenerla cuidada, no ha cambiado nada. Es un conocimiento público dentro de la Catedral.”
Kirito meditó por un instante antes de sonreír con satisfacción.
—“Genial. Eso nos evita problemas innecesarios.”
Se puso de pie, decidido.
—“Movámonos antes de que amanezca…”
Dijo Kirito, extendiendo una mano a cada una para ayudarlas a levantarse.
“Cada minuto cuenta.”
Vaelinne lo miró con curiosidad.
—“Supongo que te refieres a tu habitación, no al lugar misterioso…”
Lyrielle fue quien aclaró la duda.
—“Por supuesto. Primero irá a su antigua habitación.”
Ambas se levantaron al mismo tiempo, tomando la mano de Kirito para impulsarse. Al soltarlo, Vaelinne acomodó con rapidez la parte inferior de su atuendo, sin demasiada delicadeza, mientras Lyrielle lo hizo con elegancia y precisión.
Kirito las observó con determinación.
—“Eso es. Primero, la habitación. Y para ello, haremos esto…”
El camino a la siguiente fase de su plan estaba decidido. Ahora solo quedaba ejecutarlo sin margen de error.
(*****)
En algún piso de la Catedral…
**Click… Clic-clac.**
**Shhhkt… Fsss.**
Un suave clic seguido de un deslizamiento refinado. La madera maciza cede con fluidez, y el leve roce de metal pulido contra el marco se acompaña de un susurro apenas audible. Al abrirse, deja escapar un eco discreto que se disuelve en el lujo del ambiente.
Una sombra se deslizó con cuidado dentro de la habitación, seguida por la silueta de una figura femenina. Sus movimientos eran medidos, calculados, avanzando con precisión dentro de la penumbra.
**Thump.**
Con un sonido leve, la puerta se cerró detrás de ella, devolviendo el espacio a la oscuridad. Aún en la penumbra, se distinguían ciertos movimientos de la persona que acababa de entrar.
**Tap.**
De repente, la negrura se disipó parcialmente con el tenue brillo de una tableta personal. La luz reveló el rostro de Vaelinne, su cabellera roja enmarcando sus ojos carmesí, que resaltaban con claridad sobre la pantalla.
**Tap-tap-tap-tap.**
Comenzó a escribir un mensaje breve. El destinatario: Lyrielle.
{—“Todo está despejado.”}
Solo unas palabras simples, pero suficientes para transmitir su intención.
{—“Ok.”}
La respuesta de Lyrielle llegó casi de inmediato, más corta aún, pero igual de concisa.
**Fsh-fsh-fsh-fsh.**
**Fsh-fsh-fsh-fsh.**
Muy pronto, unos pasos ligeros, casi etéreos, llegaron hasta la puerta de la habitación donde se encontraba Vaelinne.
**Click… Clic-clac.**
**Shhhkt… Fsss.**
**Thump.**
La misma precisión, el mismo silencio. Una segunda figura femenina entró al cuarto con rapidez.
**Chk-chk… Clunk.**
Sin embargo, esta vez hubo dos movimientos cortos antes de que la puerta quedara asegurada. El seguro se deslizó hasta su posición final, seguido de un bloqueo firme, el eco leve disipándose en la quietud del ambiente.
**Click… Fzzz.**
El siguiente sonido indicó que la acción surtió efecto. Las luces de la habitación se encendieron instantáneamente, disipando por completo la penumbra y revelando la magnificencia del espacio.
Era el dormitorio de los Reyes Estrella.
El dormitorio no solo reflejaba la grandeza de quienes habían gobernado, sino también el lazo profundo entre ellos. Cada elemento transmitía la historia, el prestigio y la autoridad que compartieron como soberanos.
El espacio era amplio, con techos elevados y detalles dorados incrustados en la piedra blanca. Las columnas, talladas con precisión impecable, narraban pasajes del mundo que Kirito y Asuna lideraron, su presencia aún grabada en cada relieve.
En el centro, sobre una plataforma de mármol tallado con inscripciones doradas, descansaba el lecho imperial. Más grande que una cama matrimonial tradicional, estaba diseñado para reflejar el poder de la pareja real.
Su dosel de terciopelo azul profundo descendía con elegancia, bordeado en plata, envolviendo el espacio con un aire de exclusividad. Los finos grabados en la estructura de la cama representaban la unión de ambos, reforzando su imagen como los “Reyes Estrella”.
A cada lado, mesas ornamentadas sostenían lámparas de cristal que emitían una luz cálida. El reflejo en las paredes de mármol creaba un resplandor etéreo, un testimonio silencioso de las noches compartidas en el trono de Underworld.
Frente al lecho imperial, una chimenea de mármol negro permanecía apagada, con cenizas dispersas, vestigios de tiempos pasados.
Los ventanales de gran tamaño ofrecían una vista imponente de los jardines internos de la Catedral, con cortinas de seda pura que caían desde lo alto, moviéndose con la brisa como un susurro distante.
A un lado, un armario imperial se erguía con presencia solemne. Aún conservaba las ropas de Kirito y Asuna, protegidas por la rigurosa limpieza de las sirvientas de la Catedral.
Junto al armario, un tocador de madera oscura con un espejo tallado en plata reflejaba la luz con matices suaves. Sobre su superficie, varias imágenes capturaban momentos felices de Kirito y Asuna, mostrando su tiempo juntos mientras gobernaban. En cada una, sus sonrisas eran genuinas, reflejando el profundo afecto que los había unido.
Sin embargo, lo más impresionante de la habitación no era la cama imperial, ni el armario, ni la chimenea…
En la pared principal, una magnífica pintura nocturna dominaba el espacio, capturando un cielo estrellado con una precisión deslumbrante. Las estrellas no eran simples pinceladas, sino cristales incrustados, cada uno reflejando la luz de manera realista, creando un efecto de profundidad imposible.
En el centro de la pintura, Kirito y Asuna estaban representados volando bajo la noche eterna, tomados de la mano, como si en ese instante fueran el centro mismo del firmamento.
Asuna, con su traje blanco de Stacia, tenía sus alas de plumas extendidas, su espada descansando en su cadera como símbolo de soberanía. Sus dedos entrelazados con los de Kirito parecían irradiar un fulgor tenue, como si la pintura buscara transmitir la conexión entre ambos más allá de la imagen.
Kirito, en contraste, vestía su ropa oscura de Espadachín de SAO, sus alas etéreas negras desplegadas, con sus espadas—una negra, otra azul—cruzadas en su espalda como siempre. Su mano sostenía la de Asuna con firmeza, y en sus rostros se percibía la misma determinación que los había convertido en los Reyes Estrella.
El cuadro, por su perfección y significado, era considerado un símbolo del prestigio de los antiguos soberanos, un testimonio visual de la historia que dejaron en Underworld.
Aunque Kirito y Asuna preferían una vida sencilla, el protocolo exigía que su habitación reflejara la grandeza de su reinado. Era inconcebible que los gobernantes del reino durmieran en una habitación común.
Con el tiempo, aprendieron a aceptar el entorno, no por deseo, sino porque era lo que se esperaba de ellos. Las noches en esta habitación no eran solo momentos privados, sino un reflejo de la imagen que debían proyectar al mundo.
Lyrielle y Vaelinne permanecieron en el umbral, recorriendo la habitación con precisión. Sabían que se mantenía impecable gracias a la limpieza constante de las sirvientas de la Catedral.
Vaelinne avanzó con calma, asegurándose de que todo estuviera en orden antes de lo que estaban a punto de hacer.
—“No hace falta revisar el estado del lugar.”
Murmuró, observando el mobiliario.
—“Todo aquí se mantiene perfecto desde que se fueron.”
Lyrielle asintió, caminando hacia el centro de la habitación con pasos calculados.
—“La verdadera pregunta es si alguien ha traspasado sus límites…”
Sus palabras dejaban claro el propósito de la inspección. A pesar de la seguridad de la Catedral, no podían descartar la posibilidad de que alguien hubiera intentado invadir la privacidad de los antiguos reyes.
Sin perder tiempo, ambas comenzaron a examinar la habitación. Revisaron detrás de los muebles, entre los objetos ornamentales, incluso bajo la plataforma de la cama imperial.
Vaelinne se acercó al armario y deslizó los dedos por su superficie pulida.
—“Si alguien hubiese colocado algo aquí, habría sido una falta de respeto inconcebible.”
Lyrielle inspeccionó con cuidado el tocador, recorriendo las imágenes de Kirito y Asuna con la mirada.
—“Instalar una cámara en esta habitación sería desafiar directamente las reglas de la Catedral.”
Vaelinne miró el mural con expresión firme.
—“Sería una invasión absoluta de la privacidad de los antiguos reyes. No debería haber lugar para un acto así.”
Lyrielle se movió hacia la chimenea, observando el espacio a su alrededor.
—“Si encontráramos algo… ¿quién se atrevería a justificarlo?”
La tensión flotó un instante antes de que ambas se dirigieran al último rincón de la habitación.
El baño privado.
La puerta se abrió con suavidad, revelando un espacio igual de impecable. Analizaron cada borde, cada estante, cada ángulo de la habitación.
Nada.
Vaelinne suspiró, cruzando los brazos.
—“Todo sigue intacto. Como debe ser”.
Lyrielle relajó los hombros.
—“No hay errores aquí. La privacidad de los antiguos reyes sigue inviolable.”
Con un último vistazo al lugar, ambas se dirigieron de nuevo a la entrada. La seguridad de la habitación estaba confirmada.
Lyrielle asintió con firmeza a Vaelinne y luego ambas hablaron al aparente espacio frente a ellas.
—“Despejado.”
Vaelinne reafirmó con voz firme:
—“Todo está en orden. Kirito, puedes salir.”
**Fwoooosh… Zap…**
Un pulso de energía azul recorrió la habitación con suavidad, disipándose en el aire con precisión. La silueta de Kirito comenzó a materializarse de manera fluida y controlada, sin interrupciones ni efectos dramáticos.
Primero, sus manos emergieron con naturalidad, los dedos flexionándose con suavidad. Luego, su cuerpo entero se reveló, mostrando su túnica azul oscura de lino grueso y rígida, con los bordes dorados del cuello y las mangas aún conservando su brillo sutil.
Su cinturón de cuero estaba ajustado en su lugar.
Por último, sus ojos azul zafiro brillaron bajo la iluminación del dormitorio. El último resplandor desapareció sin dejar rastros de energía, como si nunca hubiera estado oculto.
El camino hacia la antigua habitación de los reyes fue meticulosamente calculado. Vaelinne lideraba el grupo, moviéndose con naturalidad, asegurándose de que cada paso fuera seguro antes de avanzar. En intervalos precisos, enviaba mensajes cortos a Kirito y Lyrielle a través de su tableta, indicándoles cuándo proceder con cautela.
A esa hora, los pasillos de la Catedral estaban prácticamente desiertos. Solo algunos guardias patrullaban sus rutas establecidas, caminando en ritmos predecibles que facilitaron su esquivo. Las sirvientas, dedicadas en su labor diaria, aún dormían en sus habitaciones, pues la jornada comenzaba más tarde.
Cuando una patrulla apareció inesperadamente, Vaelinne reaccionó al instante, desviando el trayecto justo a tiempo, guiando al grupo por un pasillo alternativo que los mantuvo fuera de la vista. No hubo movimientos apresurados, no hubo signos de nerviosismo; simplemente una estrategia precisa y eficiente.
Gracias a su planificación y la sincronización perfecta del grupo, lograron avanzar sin ningún contratiempo hasta llegar a la antigua habitación de los reyes.
A diferencia de otras zonas de la Catedral, este lugar no tenía vigilancia, pues nadie lo habitaba. Sin embargo, su significado aún permanecía. Era considerado un sitio sagrado, un espacio que simbolizaba el legado de Kirito y Asuna.
Los habitantes de la Catedral respetaban profundamente el lugar, no solo por lo que representaba, sino porque los dos antiguos soberanos nunca gobernaron como nobles distantes. Para ellos, los títulos eran meros nombres; lo que realmente importaba era la integridad, la bondad y la forma en que cada persona vivía su vida.
Kirito bajó las manos con tranquilidad.
—“Perfecto. Podemos continuar… pero antes vamos a buscar un cambio para este atuendo.”
Dijo al ver sus ropas, un conjunto que nunca había sido de sus favoritos, y que además le traía recuerdos de su pasado viaje con Eugeo.
Kirito avanzó con calma hacia el armario, y al verlo, Vaelinne no pudo evitar soltar un comentario burlón.
—“¿Oh? Pensé que jamás te lo quitarías.”
Lyrielle suspiró, dándole una mirada de desaprobación.
—“Sabes que Kirito no tenía opción, Vaelinne…”
Kirito, sin reaccionar mucho, simplemente continuó buscando algo para cambiarse, pero aún así, agregó en tono neutral:
—“No me importa, Lyrielle… Me gustaría verla a ella pasar días con la misma ropa, sin poder bañarse, en un lugar oscuro y rodeado de dragones…”
Vaelinne sintió los ojos de Kirito sobre ella, su mirada penetrante cargada de significado. Entendía perfectamente lo que él quería decir.
—“Está bien, lo entiendo… No tienen que verme así, solo quería aligerar el ambiente.”
Murmuró, desviando la mirada al cruzar los brazos, sintiendo cómo sus compañeros la acusaban con los ojos.
Kirito continuó con su búsqueda, sin prestarle más atención. Tomó solo unas pocas prendas, asegurándose de no levantar sospechas cuando las sirvientas hicieran su rutina de limpieza. Cualquier ausencia sería notada, y no quería dejar rastros innecesarios.
Como siempre, evitó elegir algo ostentoso, pues su estilo nunca había sido dirigido hacia la opulencia.
Vaelinne, aún con el ánimo de molestarlo un poco más, soltó otro comentario con cierta verdad.
—“No pensarás ponértelo ahora sin haberte quitado el olor de estos días, ¿verdad, Kirito?”
“…”
Lyrielle, por su parte, tampoco dijo nada. Porque, a fin de cuentas, sabían que Vaelinne tenía razón.
—“Por supuesto que no. Primero me daré un baño.”
Kirito negó con la cabeza al decirlo.
—“Pero no tenemos mucho tiempo, ya que mientras más tiempo estemos aquí…”
—“Más peligro será para que nos descubran.”
Completó Lyrielle, apoyando el punto de vista de Vaelinne.
Kirito exhaló con calma.
—“Tranquila, lo sé. No pienso bañarme ni cambiarme en este cuarto… Lo haré cuando lleguemos al lugar que les mencioné.”
Kirito avanzó con su muda de ropa en mano, pero su mirada se desvió, casi sin querer, hacia el **tocador adornado con imágenes congeladas en el tiempo**.
Allí, **Asuna sonreía con dulzura**, sus ojos reflejaban la calidez de un instante que parecía eterno. **Cada foto era un testimonio de su vida juntos**, momentos íntimos atrapados en papel, un juramento silencioso de que alguna vez existió esa felicidad.
—“…”
Sin poder evitarlo, extendió una mano y tomó uno de los cuadros.
Su pulgar rozó el vidrio con suavidad, sintiendo el frío de la superficie como si fuera una barrera entre él y el recuerdo.
Allí, Asuna sonreía con dulzura, abrazándolo con ternura en medio de un día soleado. El reflejo del cielo en sus ojos, la curva natural de su sonrisa, la forma en que sus dedos entrelazaban los suyos… Todo seguía intacto.
Pero en su pecho, no había consuelo, solo un vacío desgarrador.
Un dolor punzante.
Los recuerdos emergieron como cuchillas atravesando su mente sin piedad.
(*****)
La voz de Higa regresó con una frialdad aplastante.
—“Despierta, Kirito. En este mismo momento, Asuna está en los brazos de ‘otro hombre’… ¿O debería decir, en ‘tus’ brazos? Irónico, ¿no crees?”
La voz vibró en el eco de su conciencia, cada palabra un golpe certero a su esencia.
—“Muy posiblemente aún pienses que ella notará que algo está mal, ¿verdad? Tss, tss…”
Las imágenes se hicieron borrosas. Su respiración se entrecortó.
Higa siguió, implacable:
—“El tiempo solo me dará la razón… Los seres humanos somos increíblemente adaptables a los cambios menores. Cuando menos lo esperamos, dejamos de recordar la importancia de lo que teníamos antes y aceptamos lo nuevo. ¿Cuánto tiempo viviste con ella, sin contar esos 200 años que ‘borró por su propia estupidez’? La copia pasará más tiempo a su lado que tú jamás lo hiciste, y tus recuerdos… tus ‘preciosos’ recuerdos… serán reemplazados por otros nuevos.”
Como un puñal girando lentamente en su alma.
—“Se casarán rodeados de sus amigos y familiares con grandes sonrisas, recibiendo sus felicitaciones… incluidas las mías. ¿Y tú? ¿Dónde estarás cuando ella diga ‘sí, acepto’? Yo te diré…”
Una pausa calculada.
—“Estarás muerto. Borrado de la existencia en esta supercomputadora, reducido a una montaña de 0 y 1. Nadie sabrá la verdad de que alguna vez estuviste aquí, ‘ni siquiera ella’, la persona más cercana a ti.”
—“Así que te recomiendo que tomes mi consejo: ‘Aprovecha al máximo tu tiempo’.”
(*****)
Las palabras todavía quemaban su ser, envenenando cada rincón de su mente.
Se aferró con fuerza a la imagen en el tocador, como si con solo sostenerla pudiera cambiar el destino que le habían impuesto.
Lo que debería hacerle sonreír ahora solo le generaba una inquietud profunda.
(“Soy yo… Lo sé… Pero, ¿por qué siento que estoy viendo a mi otro yo? A mi copia con Asuna y no conmigo, como antes…”)
El reflejo de sus antiguos ojos oscuros en la foto le devolvió una sensación amarga. Era como si él mismo hubiera sido reemplazado.
—“Crkk… crkk… tssk…”
—“Tssk… crkk…”
Su mandíbula se tensó, y sus puños se apretaron involuntariamente, como si su cuerpo estuviera tratando de transmitir el dolor que su mente aún no lograba procesar.
Kirito no se movió, sus hombros temblaban levemente mientras sus lágrimas caían en absoluto silencio, rodando por su rostro sin que él se diera cuenta, reflejando la frustración e impotencia que lo carcomía por dentro.
—“…”
—“…”
Lyrielle y Vaelinne permanecieron en total silencio.
Ellas no tenían toda la historia completa. No podían comprender del todo el peso de su lucha interna, el dolor de ver a la persona que más amaba junto a otra versión de sí mismo. De que todo le fuera arrebatado.
Vaelinne y Lyrielle cruzaron miradas, manteniendo el silencio repentino. En sus pensamientos, ambas coincidían en algo: Kirito solo quería volver lo más pronto posible con Asuna.
Y, en parte, tenían razón.
Pero era más que eso.
—“Kirito… Kirito.”
Vaelinne se acercó y lo tocó suavemente en el hombro, devolviéndolo a la realidad.
—“¿Sí…?”
Kirito se volteó con una sonrisa apenas forzada.
—“¿Estás bien Kirito…?”
—“Estás llorando.”
Vaelinne y Lyrielle expresaron su preocupación al notar las lágrimas en su rostro.
Kirito llevó su mano libre a su mejilla, y al sentir la humedad, comprendió que tenían razón.
Entonces flojó lentamente los dedos y dejó el cuadro sobre el tocador.
**Clink… Thmp…Tssk… Shhh…**
El sonido del vidrio al tocar la madera fue mínimo, pero dentro de él, el impacto fue abrumador.
Como si al soltarlo, también liberara algo que lo estaba destrozando por dentro… Y Se pasó la manga por el rostro, intentando secarse rápidamente.
**Shff… shff…**
—“Estoy bien… Solo son recuerdos.”
Intentó justificarse, adoptando una fachada de indiferencia, como si fueran cosas sin importancia.
Una mentira envuelta en indiferencia.
Pero su voz no tenía convicción, solo la falsa seguridad de quien quiere convencer a los demás, pero sobre todo a sí mismo.
Vaelinne no lo creyó. Lo observó sin convencerse del todo, sus ojos carmesí reflejando la duda.
—“Si tú lo dices…”
—“…”
Pero no insistió. Ni Lyrielle tampoco.
Las dos compartieron un entendimiento tácito. No insistieron más. Seguramente, Kirito tenía razones de peso para no hablar del tema, y ellas **lo respetarían**.
Después de unos segundos de silencio, Kirito exhaló profundamente y retomó el movimiento.
—“Continuemos…”
Kirito se acercó con decisión más al tocador.
**Shhh… crkk…**
La madera rozó contra sí misma, liberando un susurro áspero mientras un compartimiento oculto se deslizaba lentamente.
Kirito extendió la mano hacia la parte más interna.
—“Te tengo.”
La sonrisa de Kirito mostraba más que suficiente para saber que había encontrado lo que buscaba.
Cuando retiró su mano del compartimiento, trajo consigo un adorno: una diminuta estrella de cristal oscuro. Su brillo era tenue, casi etéreo, tan sutil que parecía desvanecerse si no se la observaba con atención. Sus bordes delicadamente tallados apenas capturaban la luz, como un fragmento de la noche atrapado en una forma efímera.
Era un símbolo. Una belleza que solo se revelaba a quienes se detenían a contemplarla.
Vaelinne, al acercarse lo suficiente para verlo, frunció el ceño con desconcierto.
—“¿Un adorno de cabello…? ¿Llegamos aquí solo por un adorno de Asuna?”
Kirito, aún con su sonrisa misteriosa, negó con la cabeza.
—“No… Es más que eso…”
Sin más explicación, separó el adorno en dos partes, quedándose solo con la estrella oscura en su mano.
Lyrielle, quien había estado observando con atención, entrecerró los ojos al notar algo en el gesto de Kirito.
—“Es una llave…”
Kirito la miró con aprobación.
—“Eso es correcto. Es una llave única en su tipo.”
Vaelinne comenzó a prestar más atención, sus ojos rojos enfocándose con detenimiento en la pequeña estrella.
Fue entonces cuando pudo captar lo que la hacía diferente: unas diminutas runas, casi imperceptibles, cubrían su superficie. Eran inscripciones complejas, cánticos sellados que comenzaron a iluminarse apenas se separó el adorno.
Su tamaño era diminuto, pero contenía un poder oculto en su interior.
Lyrielle no estaba menos sorprendida, sus ojos grises reflejaban la complejidad del objeto. Jamás había visto algo parecido en su vida.
—“¡…!”
—“¡…!”
Kirito cerró la mano, ocultando la estrella oscura de su vista.
—“Nada mal, ¿eh?”
Sonrió ligeramente al verlas tan asombradas.
Sin agregar más, Kirito comenzó a caminar hacia la pared donde se encontraba la pintura nocturna de él y Asuna.
Las chicas lo siguieron de cerca. Siempre habían sentido admiración por esa obra, y cada persona que había tenido el privilegio de verla compartía el mismo sentimiento.
Era un cuadro que Kirito había pintado con sus propias manos, un talento que desarrolló con los años hasta alcanzar el nivel de los grandes artistas del mundo exterior.
Se sabía que la pintura era una dedicación especial a Asuna, una muestra de amor que fue vista por muchos como un gesto romántico.
Pero guardaba un secreto.
Un secreto que solo él y Asuna conocían.
(—“Ahora solo yo lo sé… Como aquella vez…”)
El pensamiento flotó en su mente por un instante, pero Kirito intentó sacudirlo.
Asuna había borrado su memoria de aquellos años.
Y con ello, también había borrado este gran secreto.
**Shff… shff… tap… tap…**
**Shff… shff… tap… tap…**
Los pasos de Vaelinne y Lyrielle se acercaron desde detrás de Kirito, justo cuando él levantaba el rostro para observar la enorme pintura.
—“Entiendo…”
Lyrielle aún intentaba procesar la conexión entre la llave y el mural.
—“Esta es la entrada, ¿verdad?”
Vaelinne también entendió. Tenía sentido.
Si la llave estaba oculta, entonces la puerta también debía estarlo, lejos de miradas ajenas, y ¿qué mejor lugar que su dormitorio privado?
Solo quedaba una pregunta sin respuesta.
—“¿Dónde está la cerradura secreta?”
Vaelinne fue la que intercedió por las dos.
No eran ingenuas. Sabían que la forma de estrella oscura de cristal representaba una estrella del cielo en la pintura.
Pero, ¿cuál de todas? La imagen mostraba un cielo estrellado entero, cada rincón cubierto con destellos brillantes.
Kirito esbozó una leve sonrisa antes de responder.
—“Ya lo verán… Pero primero, agárrense de mis hombros con cierta fuerza.”
Sin hacer preguntas, Vaelinne y Lyrielle obedecieron, colocando ambas manos sobre los hombros de Kirito.
Kirito exhaló con calma y, sin mover un solo músculo, pronunció el System Call con una voz apenas audible, como si el mismo mundo respondiera a su voluntad.
(System Call: Adjust Gravity Vector – Target: Vaelinne Schtrinen, Lyrielle Arabel – Elevation: 0.5 meters – Stability: Maintain Position.)
La atmósfera cambió al instante.
Una leve presión envolvió los cuerpos de Vaelinne y Lyrielle, como si un hilo invisible las liberara del peso del suelo. Sus pies se separaron con suavidad, apenas un susurro de movimiento, y sus cabellos ondearon sin resistencia.
No había peso.
No había gravedad.
Solo la sensación de ingravidez absoluta.
Vaelinne contenía la emoción en su expresión, pero la intensidad en sus ojos lo decía todo. Siempre había sentido fascinación por el vuelo, y ahora, experimentarlo en su propio cuerpo la llenaba de adrenalina.
En lugar de reír abiertamente, exhaló con asombro, su agarre en los hombros de Kirito un poco más firme, como si su cuerpo intentara procesar la maravilla de no tocar el suelo.
—“Lo suponía…”
Lyrielle, en contraste, mantuvo la calma, asegurándose de sujetarse con más fuerza a Kirito para evitar cualquier movimiento brusco.
—“No me suelten…”
Kirito les recordó antes de que él también se elevara del suelo, aunque a diferencia de ellas, tenía un control absoluto sobre el vuelo.
—“Arriba, arriba.”
—“Entendido…”
Vaelinne se permitió disfrutar el momento en silencio, mientras que Lyrielle respondió con tranquilidad, asintiendo con un gesto ligero.
**Shhh… Shhh…**
Kirito flotó con calma, elevándose hasta la parte más alta de la pintura, la zona que casi tocaba el techo de la habitación.
Allí, una estrella pequeña y oscura de cristal esperaba.
Su forma era idéntica a la estrella que Kirito tenía en su mano. Pero sus materiales eran diferentes. No tenía las runas ni los cánticos que cubrían la llave verdadera.
Con precisión, Kirito extendió la mano.
**Crkk… shhh… tssk…**
Y con extremo cuidado, retiró la estrella incrustada en la pared.
—“¡…!”
—“¡…!”
Las chicas observaron con asombro.
En el hueco que la estrella falsa dejó atrás, unas runas empezaron a iluminarse, como si despertaran de un letargo antiguo.
Las inscripciones eran idénticas a las de la estrella de cristal real, formando patrones complejos en la superficie interior de la pared.
Era un mecanismo jamás visto.
Kirito, sin perder tiempo, dirigió la estrella oscura real hacia el hueco vacío.
**Tssk… crkk… shff…**
Encajó a la perfección.
Por un instante, todo permaneció inmóvil.
Luego, la transformación comenzó.
La negrura de la estrella comenzó a desvanecerse, dejando atrás un resplandor dorado que emergió desde su interior.
No hubo pulsaciones abruptas.
No hubo destellos excesivos.
Solo un cambio inevitable, como si la oscuridad solo hubiera sido un velo que ocultaba su verdadera esencia.
Kirito, aún flotando con Vaelinne y Lyrielle sujetas a sus hombros, observó con calma.
La estrella no solo brillaba en dorado, sino que comenzaba a expandirse, formando un círculo de luz frente a ellos.
El portal surgió sin interrupciones, sin alterar nada más en la habitación.
Vaelinne y Lyrielle sintieron la energía envolverlas con armonía, sin presión, sin peso, como si el portal estuviera diseñado para recibirlas en equilibrio perfecto.
Ahora todo tenía sentido. Por eso estaban volando.
Sin vacilar, Kirito avanzó.
El resplandor dorado los envolvió completamente mientras cruzaban el umbral.
Detrás de ellos, el aire volvió a asentarse en completo silencio.
La estrella permaneció en su sitio, como si nada hubiera ocurrido.
El resplandor del portal se disipó, dejando atrás la ingravidez que aún flotaba en el aire.
Vaelinne y Lyrielle, por reflejo, cerraron los ojos al atravesar la entrada.
Pero cuando finalmente los abrieron…
Sus ojos se llenaron de asombro.
Desde las alturas, una biblioteca colosal se desplegaba ante ellas.
Un espacio que no debería existir, pero que estaba ahí, extendiéndose con una majestuosidad imposible de ignorar.
Filas interminables de estanterías se alzaban en todas direcciones, cargadas con volúmenes antiguos, sellados con inscripciones que parecían susurrar secretos olvidados.
El techo—si es que podía llamarse así—no tenía límites visibles.
En su lugar, una bóveda de luz flotaba sobre ellos, como si el cielo mismo hubiera sido transformado en un océano de conocimiento.
Corrientes doradas fluían entre los pasillos, guiando el movimiento de información en un orden que solo aquellos con acceso podían comprender.
Vaelinne sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Jamás había visto algo tan vasto, tan imposible.
Su cabello rojo reflejó el dorado tenue que flotaba en el aire.
—“Esto es imposible…”
Su voz salió apenas como un susurro entre la inmensidad del silencio.
Lyrielle no dijo nada.
Su mente intentaba procesar lo irreal de lo que veía, pero no encontraba palabras que pudieran describirlo.
Se quedó muda, atrapada en el impacto de lo incomprensible.
La lógica.
El equilibrio.
Las reglas del mundo.
Todo eso se rompía frente a sus ojos.
Pero Kirito…
Kirito exhaló con calma, su expresión reflejando algo más allá del impacto del momento.
Una sensación profunda.
No solo habían llegado. Él había regresado.
Sus dedos se relajaron ligeramente, como si el peso invisible que había cargado hasta ahora se disipara por un instante.
Su mirada recorrió las interminables estanterías, las corrientes doradas flotando en el aire, la inmensidad del conocimiento encapsulado en este lugar.
Esta no era solo una biblioteca.
Era un refugio.
Un espacio que había visto por primera vez cuando Cardinal los trajo aquí con Eugeo, en aquel momento donde todo aún conservaba un brillo diferente.
Aquella vez, Eugeo estaba a su lado.
Ahora, él estaba aquí de nuevo.
Solo que esta vez, nadie más recordaba el camino, ni siquiera Asuna, excepto él. Hasta ahora.
Sus labios se curvaron ligeramente en una sonrisa, su voz impregnada de una satisfacción silenciosa, como si este momento fuera más que un simple descubrimiento.
—“Bienvenidas, Vaelinne y Lyrielle, a la Biblioteca Oculta…”
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, resonando con un peso que ninguna de ellas pudo ignorar.
Queridos lectores,
Este capítulo ha sido uno de los más largos y complejos que he escrito, y no puedo negar que me ha llevado muchísimo esfuerzo y tiempo. Siempre me ha motivado saber que hay personas disfrutando de esta historia, que valoran cada detalle y apoyan el trabajo que hay detrás de cada publicación.
Sin embargo, debo ser honesto: el nivel de apoyo ha bajado considerablemente, y eso ha impactado mi motivación. Antes publicaba hasta dos capítulos por semana, esforzándome por mantener un ritmo constante. Pero cuando veo que apenas hay contribuciones con piedras de poder, y que muchos solo leen y no deja un comentario sin siquiera agradecer, me hace cuestionar si realmente vale la pena seguir al mismo ritmo.
Por ello, he decidido reducir la publicación a un capítulo por semana y tomarme más tiempo para cada entrega. Quiero seguir brindando calidad, pero sin sentir la presión de esforzarme al máximo cuando el apoyo es tan escaso.
A quienes sí han demostrado su interés y han contribuido con piedras de poder, les doy mi más sincero agradecimiento. Cada gesto de apoyo me motiva a seguir adelante, y es por ustedes que esta historia continúa creciendo.
Espero que comprendan esta decisión, y que, si realmente disfrutan la historia, consideren apoyarla más activamente. El esfuerzo detrás de cada capítulo es enorme, y cualquier contribución ayuda muchísimo.
Gracias por leer, y nos vemos en la próxima publicación.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com