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Kompendium - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 XV
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15: XV 15: XV Asentado en el nuevo terreno que sería el hogar definitivo de Zenatske, los ayudantes auxiliares se dispusieron a trabajar de balde en servicio de un oráculo que, bajo promesa plena, juró devolverles todos los favores de modo tal que ninguno de ellos acabaría defraudado.

Lo primero que hizo, aunque escapaba del estatuto compuesto por Arko, fue prometer un plan estratégico que voltease la tortilla, de ese modo los invasores iban a recibir una cucharada de su propia medicina, a no ser que alguien más lo evitase.

Como un cometa aterrizó sobre la llanura esteparia, la que lindaba con los bosques ombrófilos y la vegetación lacustre del área costera, una figura morada cuyo poder superaba con creces al de cualquier dragón rojo de clase superior.

Se decía que era el ser más poderoso con vida, aun cuando Dégmon y Vishne estuviesen en un escalón más arriba.

Escupió la arena recién tragada y se puso en cuatro patas.

El oráculo se apartó de los demás para ir por él, le daba curiosidad saber quién era y cómo había llegado.

Se trataba de un dragón cuadrúpedo de escamas púrpuras, anillos rojizos, cuernos marrones, garras parduzcas, ojos rojos, cresta violeta, escápulas cafés, membranas alares amarillentas y colmillos blancuzcos.

Era hiperactivo como todo dragón púrpura, algo brusco, inmaduro para su edad y sociable en extremo.

Quería a todo el mundo, excepto a los dragones rojos y a sus líderes espirituales que lo miraban de reojo por no pensar igual que ellos.

No estaba de acuerdo con la Gran Purificación de Seres Imperfectos proclamada por Dégmon.

Como no era un animal maléfico, no daba mala espina, hasta parecía más amigable que peligroso.

—¿De dónde saliste?

—Ay, no lo sé —reconoció confundido—.

Atravesé un portal dimensional y aparecí en este sitio… ¿Qué lugar es este, por cierto?

—Dragón púrpura, estás ante un oráculo de la Orden Real —hizo la presentación—.

Este será mi territorio de ahora en más.

—¿Un oráculo de la qué?

—Permíteme que te lo explique.

Zenatske lo puso al día para que no siguiera en la inopia.

Al enterarse de que los vivérridos se habían aliado con la finalidad de aportar alguito de ayuda al conflicto ideológico-territorial entre la Raza Pacifista y la Raza Destructora, el dragón púrpura, que se decía ser el mismísimo Syrex, sonrió y exclamó que deseaba contribuir con algo, en cualquier cosa que lo mantuviese ocupado.

Lo que más detestaba era el aburrimiento.

Era lógico que se aburriera alguien que jamás envejecía ni sufría problemas de salud.

Recordó que la última vez que había jugado con fuego se quemó una uña, resultado de una riña con un dragón rojo que lo atacó porque sí.

»Quien juega con fuego se quema —declaró—.

Tal parece que tú eres uno de esos legendarios dragones que fueron adorados en el pasado por tribus primitivas.

En parte, reconozco que se portaron mejor que los demás dragones, aunque no apruebo que hayan asesinado grifos por riquezas.

—A otro perro con ese hueso que yo nada tengo que ver con eso.

Jamás en la historia le quité la vida a un grifo, ni lo haría.

Ellos no le arruinan la vida a nadie.

Los que joroban son los dragones salvajes.

—En ningún momento dije que fuiste tú el que lo hizo —le aclaró—.

Tus allegados lo hicieron.

Tomas en tu deudo a los demás dragones púrpuras.

—¿Y eso qué quiere decir?

—Lo miró turulato.

—Olvídalo.

Lo mejor que puedes hacer es unirte al grupo y ayudarlos a construir el refugio que anhelo, de preferencia antes de fin de año.

—Haberlo dicho antes —aseveró confiado en sus palabras—.

Le puedo dar una mano con mis habilidades.

Sólo consiga barro y yo prepararé los bloques.

Por una cuestión de practicidad, y más sabiendo que el clima solía hacer estragos en temporadas inclementes, al oráculo le convenía armarse un refugio basado en la arquitectura brutalista, es decir, un estilo arquitectónico moderno, monocromático y minimalista.

Syrex había aprendido un poco de construcción con Nagar y Ragnar, dos de sus parientes de la misma raza, sabía cómo hacer para edificar inmensas estructuras combinando elementos naturales como el lodo, la arena, el agua, la arcilla y la caliza.

Al contar con un control absoluto sobre los cuatro elementos, podía facilitar un montón el trabajo pesado.

Lo que a Zenatske más le interesaba era tener un refugio en donde ocultarse de los invasores.

Suficientes problemas tenía como para andar exponiéndose a la intemperie en un continente plagado de dragones y monstruos que le podían arrebatar el hálito de vida en un abrir y cerrar de ojos.

Era mil veces mejor tener de amigo a un dragón púrpura que tenerlo de enemigo, en parte porque era muchísimo más útil que cualquier otro dragón y también porque servía de guardián.

Con un dragón púrpura en las cercanías no había riesgo de invasión ni de día ni de noche.

Mientras tanto, los preparativos para las nuevas estratagemas estaban en auge.

Desde el orto hasta el ocaso, la tarea de redactar a mano alzada los planes para futuros encuentros con otros oráculos y aliados de tierras recónditas mantenía ocupado al dueño del terreno en construcción.

Poco a poco se iban sumando otros animales interesados en echarle un cable para así obtener el visto bueno o quizá una recompensa mejor.

Zenatske no era tonto, sabía cómo manipular a los demás, ofrecía ostentosas recompensas a cambio de trabajo forzado, sabía cómo pagar por el trabajo realizado aun sin tener una moneda encima.

Fue durante aquel largo periodo de espera que Zenatske desarrolló las bases argumentales para enaltecer su poderío oracular en la zona asignada.

Competía por un puesto de privilegio, Ferdiand, Nil, Ilgreben y Deiser eran los más inteligentes y perspicaces del grupo de Xeón, lo esperable era que ellos también diesen lo mejor de sí para usurpárselo.

La sed de poder hacía que el protagonista desease con total fervor el puesto de omësfih, un ascenso bien merecido a todos aquellos que hacían aportes significativos en el mundo, un equivalente al Premio Nobel de la Paz.

Ser bueno no bastaba, debía ser buenísimo, el mejor de los mejores, el sobresaliente de la Orden Real.

Arko no se iba a dejar convencer por un simple civeto solitario con ideas novedosas, tenía que dar el do de pecho, ponerse a trabajar duramente para conseguir lo codiciado.

No obstante, al no haber un árbitro que presenciase el desempeño oracular, cada quien podía cumplir la meta de diversas maneras, no necesariamente de la manera correcta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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