Kompendium - Capítulo 21
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21: XXI 21: XXI Poco después de que Dégmon fuese puesto al tanto del asesinato de Grabur, Zenatske ya estaba planificando el asesinato de Mitus Depoir.
Al descubrir que arrebatarles el alma a sus hijos era pan comido, tenía pensado seguir adelante con la venganza.
Ahora que los híbridos estaban de regreso, pretendía hacer uso de sus dotes guerrilleras para hacer rodar cabezas una vez más, sólo que esta vez, a diferencia de la primera, debía recorrer miles de kilómetros, los que igual podía evitar si se teletransportaba.
Al explicarle a Syrex el nuevo plan de viaje, creyó que sería una estupenda idea contar con otros dragones púrpuras para sellar gran parte de Xeón mientras estuviese fuera de casa.
Nagar y Ragnar se unieron a Syrex y formaron un triángulo: un cateto que iba desde Darksunuh a Vivbrukuv, otro cateto que iba desde Verrauten a Gaulkurmoh, y una hipotenusa que conectaba los dos puntos meridionales arriba mencionados.
El sellado intercontinental servía para evitar que los dragones rojos salieran de sus nichos en busca de pleitos.
La técnica especial empleada recibía el nombre de Pirámide Energética, similar a una que utilizaban los oráculos para proteger las aldeas de los invasores durante cortos intervalos de tiempo.
El astuto civeto en ningún momento le contó a Syrex que planeaba asesinar al segundo hijo de Dégmon, lo que hizo fue decirle que haría un viajecito hasta la isla de Ancshah para reunirse con otros oráculos.
El dragón púrpura, que siempre tenía la cabeza en la luna, ni siquiera sabía que Grabur había sido asesinado.
Poca importancia, si es que algo, les daba a las problemáticas sociales del Ejército Rojo, hacía caso omiso a todas las advertencias habidas y por haber.
El entrometerse en la Gran Limpieza lo llevaba al degolladero a él y a los demás entrometidos dragones púrpuras.
La notificación de desalojo fue recibida, cosa que el locatario ignoró por completo.
Aun cuando los demás oráculos apareciesen para echarlo del castillo y apoderarse de todas sus pertenencias, no recularía así nomás.
Al ver lo poderoso que era Syrex, le pidió que retornase tan pronto como terminara el viaje.
De su colosal poder quería hacer uso para obtener beneficios inigualables.
Aún tenía un as bajo la manga que iba a utilizar recién cuando la más peliaguda circunstancia lo obligase a hacerlo.
Hasta tanto, se conformaba con seguir jugando sucio.
El día que por fin llegaron al Sur, Zenatske y sus aliados fueron recibidos por un numeroso grupo de minotauros, quimeras, cancerberos y grukens.
Como al oráculo envidioso ya nada le importaba, se lució despedazando fieras a gusto.
Fue la primera vez que luchó con tanto ahínco, mostró que podía ser muy osado cuando se lo proponía.
Impresionó a los aliados, les dejó en claro que no estaba dispuesto a bajar los brazos a pesar de los obstáculos.
Al cabo de unas horas, Mitus Depoir reapareció luego de haber estado en el Norte de Ashura robando las riquezas de la tierra de Bork.
A petición de los patriarcas, él y otros tantos hacían viajes exploratorios de cuando en cuando para traer joyas allende el Océano Zeminástico.
Una quincena de minotauros rojos lo acompañaba, cada uno cargaba un cajón repleto de perlas, gemas, diamantes, monedas y circones.
El antropomorfo dragón que buscaba Zenatske era de cabellera oscura, ojos rojos, piel blancuzca, anillos dorados, alas cenicientas y garras marrones.
Como era hijo de otra dragona, no la misma que había aovado a Grabur, no se parecía a él.
Por otra parte, cabe mencionar que el mismo ni siquiera sabía que su hermano mayor había perecido por culpa de unos inescrupulosos grifones.
Llevaba puesta una túnica negra y una armadura ligera que lo protegía parcialmente.
Los híbridos que acompañaban al oráculo rebelde se manifestaron frente a los recién llegados.
Contra ellos arremetieron, los hirieron de gravedad hasta dejarlos ensangrentados.
Los escoltas se desangraron pronto, no así el dragón que yacía malherido sobre el suelo polvoroso.
Al toparse con una minúscula criatura peluda creyó estar delirando, era la primera vez que veía un animalito tan pequeño con una intrepidez tan formidable.
Antes de matarlo, Zenatske pronunció su frase célebre: “Quien juega con fuego se quema”.
Con el báculo solar le dio muerte al dragón, le atravesó el corazón para facilitarle el viaje hacia el inframundo.
Ahora bien, la nota que dejó sobre el cadáver fue distinta, en ella escribió que el asesinato había sido perpetrado por la Orden Real, la cual estaba bajo el mando de un tal Arko, quien delegaba tareas y daba órdenes.
A su vez, dejó expresado su enfermizo deseo de ver morir al líder de la organización por no haberlo elegido a él como omësfih.
Con eso puso de manifiesto que era un ser despreciable en toda la extensión de la palabra.
Dio media vuelta y regresó con sus aliados al Norte.
Grifos sediciosos que merodeaban por las cercanías hallaron la nota sobre el cadáver putrefacto antes que los dragones, corrieron la bola, volaron hacia diferentes puntos con el fin de informar a todos de lo acaecido en las afueras de Toustankum.
Los oráculos de Xeón, al menos la mayoría de ellos, cayeron en la cuenta de que aquella espantosa fechoría comprometía a todos por igual.
La peor parte le había tocado a Arko, quien era ahora el encargado de salir a dar explicaciones.
Ferdiand y Deiser, otra vez, se las apañaron para ir por Arko y contarle que Zenatske acababa de cometer otro horroroso crimen.
Si bien el bastardo ya no era miembro de la Orden Real, lo que estaba haciendo era terribilísimo y ponía en jaque a toda la organización.
A menos que se lo eliminase, el expulsado seguiría haciendo de las suyas a sus anchas.
Expulsarlo y marginarlo no bastaba, había que liquidarlo a como diera lugar.
Arko aprobó la petición, sugirió a los cabecillas de cada continente que interviniesen.
Como todos sabían que el asesino no tenía un pelo de tonto, se aseguraron de ir en busca de aliados poderosos por las dudas.
Tras una semana de la sentencia de muerte, dos de los híbridos que anteriormente habían servido a los antedichos oráculos cambiaron de parecer respecto a la postura antes sostenida, pidieron disculpas por no haberse presentado con formalidad, explicaron el motivo de su decisión, prepararon las armas y le dieron muerte a la dupla de vivérridos.
Muerto el cabecilla oracular de Xeón, Arko rogó por que se capturase a Zenatske cuanto antes costara lo que costara.
Puso a Ferboc en lugar de Ferdiand, le otorgó el cargo de omësfih sin necesidad de hacer una pomposa ceremonia.
No había tiempo que perder, los dragones iban a ir por ellos en cualquier momento.
El día que se enterasen de aquella travesura, derechito al horno irían a parar todos.
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