Kompendium - Capítulo 25
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25: XXV 25: XXV La Gran Limpieza, bajo orden y petición del mismísimo Dégmon, había iniciado muchos años atrás, partiendo desde el Norte del continente.
Las innumerables y sanguinarias hordas del Ejército Rojo habían estragado gran parte de las aldeas contiguas, provocando que los nativos de dichas poblaciones escaparan hacia otras regiones, algunas tranquilas y otras peligrosas, dependiendo de la cantidad de animales salvajes que en los alrededores moraban.
El rey Cen-Dam había cedido ante la insistente petición del tan aclamado Mesías, otorgándole permiso de utilizar sus más eficientes legiones para que llevasen a cabo la Purificación de Razas Imperfectas, por no decir genocidio masivo basado en una naturaleza supersticiosa.
Y sí, no había ninguna otra justificación para salir a matar inocentes más que pensar que los mismos se levantarían en su contra en algún momento.
No fue Dégmon ni el profeta Vishne, ni ninguno de los patriarcas, los encargados de inventar la ideología extremista que enorgullecía a los dragones para salir a masacrar herejes, habían sido, aunque nadie sabía, escribas anónimos, tras haber sido menospreciados por otras especies, los que decidieron adulterar las Sagradas Escrituras, poniendo énfasis en la supuesta superioridad de su especie, tildando a los demás de subversivos, y, siendo el sumun de la hipocresía, posibles aniquiladores de inocentes.
Si bien tardó muchísimo tiempo, milenios inclusive, que dichas ideas racistas y misantrópicas tuvieran valor alguno, florecieron en su debido momento.
No dieron problemas hasta que un infame dictador, uno en particular, tomara el poder en Verrauten, propagando así la nueva ideología que, aunque nadie lo esperaba, desencadenaría en un sinfín de atroces masacres y desprestigiantes felonías cuya gravedad no tenía comparación.
El fanatismo religioso se fue forjando mediante adoctrinamiento, constantes amenazas y truculentos castigos, todo ello bajo la supuesta Orden Divina que debía cumplirse sí o sí.
Así, timados fueron muchos y la dignidad perdieron, convirtiéndose en lo que más adelante los identificaría como la Raza Destructora.
En los demás continentes, por más que la cantidad de dragones era inferior, también había constantes confrontaciones que daban lugar a más caos.
Mitriaria, bajo el dominio de Dáikron, tenía que soportar a los dragones negros; Ashura, bajo el dominio de Bork, tenía que soportar a los dragones blancos y a otras especies salvajes, indomesticables, que fastidiaban bastante.
Todas las criaturas del mundo estaban hartas de que los dragones invadieran sus aldeas, robaran sus pertenencias y exterminaran a sus guerreros.
Aquellos monstruos eran los seres más odiados del mundo, incluso tan odiados que ya nadie quería dialogar con ellos.
La única opción que les quedaba a las criaturas era sublevarse y contratacar con lo poco que tenían.
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