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Kompendium - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 III
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3: III 3: III Entre los primeros acontecimientos que marcaron un antes y un después, aparecía en los anales de historia antigua la conformación de las primeras sociedades arcaicas, habitadas por animales de diferentes clases.

Para una mejor clasificación, se dividieron grupos de animales: los salvajes y los no-salvajes.

Dentro del grupo de los no-salvajes había otra subdivisión: los animales antropomorfos (a veces denominados humanimales por la mezcla de rasgos antropoides y animalescos) y los animales zoomorfos (animales cuadrúpedos con una inteligencia superior a la de los animales salvajes).

Las leyes establecidas por consentimiento mutuo propusieron que matar a otros animales no-salvajes estaba justificado si y sólo si el fin último era la supervivencia.

Matar seres sintientes y racionales era un delito, constituía un daño moral.

A los animales salvajes, por otra parte, se los podía masacrar sin ningún tipo de inconveniente ya que no se los consideraba portadores de derechos naturales.

Para los carnívoros y los omnívoros, matar era parte del día a día, lo hacían por necesidad o por capricho, les daba igual el sufrimiento de seres inocentes.

Por cuestiones de espacialidad, los diferentes grupos de animales se vieron obligados a esparcirse por doquier a efectos de establecer sus propios territorios, alejados unos de otros como tribus aborígenes por el continente americano antes de la llegada de los conquistadores.

Cada grupo adoptó sus normas morales, sus códigos de conducta y sus estatutos de convivencia.

Dentro de cada territorio la ley estaba supeditada al régimen local.

La sexualidad fue limitada a grupos específicos: sólo se aceptaba el apareamiento como método reproductivo entre especies afines o dentro de la misma categoría taxonómica.

De esa manera, un animal no-salvaje no podía tener sexo con un animal salvaje, ni viceversa.

Entre los antropomorfos y los zoomorfos el sexo fue prohibido recién cuando se notaron graves problemas genéticos como consecuencia.

De hecho, como ya vimos más arriba, los críptidos (los ancestros de los que hoy llamamos animales mitológicos) fueron fenómenos nacidos a partir de relaciones antrozoofílicas, a saber, entre animales antropomorfos y animales zoomorfos.

Por ejemplo, el ancestro del centauro fue producido por una cruza entre un animal antropomorfo (parecido a un humano) y un animal zoomorfo (parecido a un equino).

Como forma de marcar un límite entre lo ontológico y lo biológico, se empezó a usar el término pureza.

Para poder clasificar mejor a los animales de las diversas familias se utilizaba un parámetro que iba desde lo más puro a lo menos puro.

Así, un canino sería más puro cuanto más parecido fuese a un perro, un semicanino podía ser un animal parecido a un perro, pero que no era un perro, ya sea que fuese antropomorfo o cuadrúpedo.

La misma lógica se aplicaba para todos los animales.

El problema surgió cuando, en vez de usar el término más o menos puro, se propuso usar el término impuro.

Un animal impuro vendría a ser algo así como un esperpento sin categoría, un aborto de la naturaleza.

A las especies se las llamaba clanes, a las razas se las llamaba clases y a las adaptabilidades se las llamaba escalas.

Aquella primigenia categorización fue lo que luego se empleó para diferenciar entre grupos de menor y mayor pureza, además de grupos de menor y mayor clase.

De una discriminación práctica se pasó a una segmentación racial.

El concepto «impuro» trajo aparejado un nuevo enfoque: la gradación zoológica.

Entre los animales, como era de suponer, los grados de animalización fueron considerados importantes para saber cuán civilizado era el ejemplar de un clan.

A mayor grado zoológico, mayor impureza.

Como las sociedades primitivas eran separatistas en niveles estratosféricos, no querían que un territorio fuese compartido por todos los ejemplares de un mismo clan.

¿La solución?

Se optó por someter algunos grupos al servicio de otros.

Los animales considerados impuros fueron condenados a la esclavitud, los esbirros de los animales considerados puros.

El nivel de pureza iba de la mano con el nivel de superioridad de clase.

Al haber tamaña distinción entre manadas, emergieron desacuerdos dentro de los animales impuros que no veían con buenos ojos las decisiones tomadas por otros en detrimento de la subyugación racial.

No era justo que los más débiles fuesen siervos de los más fuertes, debía ser al revés.

A falta de acuerdos pacíficos, algunos ejemplares impuros eligieron el camino fácil: derrelinquir el territorio donde se habían asentado a la espera de un futuro más próspero.

Por su lado, los ejemplares puros propusieron mantener el sistema de dominancia conocido como Indominae, el cual prohibía que los esclavos fuesen puestos en libertad.

Se suponía que un animal impuro nacía esclavo, y como tal, debía morir siendo esclavo.

El sistema de castas sociales establecía que no se podía salir de un grupo oprimido por mucho que se quisiera.

Por más que hubo ejemplares de la Raza Pura que intentaron hacer cambios en la estructura social, los líderes de los clanes no daban brazo a torcer.

A todos aquellos que proponían sistemas distintos al Indominae eran perseguidos y aniquilados bajo la excusa de que sus ideales fomentaban la rebelión y la insurrección.

Los animales subversivos eran peligrosos, y más aún si formaban manadas numerosas, podían arrebatarles la vida a sus opresores en el momento menos esperado.

El sistema ultrasegregacionista era de tal calibre que incluso estaban prohibidos los matrimonios entre un ejemplar puro y un ejemplar impuro, ni siquiera se les tenía permitido tener contacto sexual.

Un animal puro que se atrevía a quebrantar la ley al unirse carnalmente a un animal impuro era condenado al anatema.

Por temor a que naciesen híbridos, se evitaban las relaciones sexuales entre ejemplares de distinta pureza.

Siendo el colmo de lo bizarro, las parejas eran elegidas por los padres del ejemplar puro, quienes eran los únicos habilitados para decidir con quién se aparearía su vástago y formaría una nueva familia.

Era similar a la querella de las investiduras.

Claro que las leyes nunca se cumplieron a rajatabla, excepciones a la regla hubo arrolete.

Como consecuencia de cruzas entre ejemplares de distinta pureza, aparecieron las razas intermedias y especiales.

Las clases y las escalas eran indistintas dentro de la clasificación de pureza.

Nótese que el término clase como remplazo de raza no guardaba relación alguna con la pureza, pese a que al principio el sistema de pureza tomó como base la raza de cada animal.

La pureza era más un constructo social que una realidad objetiva.

Como si con eso no fuese suficiente, con el correr de los milenios uno de los ejemplares de la Raza Pura tuvo la idea de distanciarse con la finalidad de formar grupos más homogéneos y no tan diversos.

Esos mismos animales fueron los que más adelante serían conocidos de punta a punta como la Raza Superior por antonomasia, los demás eran integrantes de la Raza Inferior.

Fue una sola especie la que se dio cuenta de que vivir en paz y armonía con otros no valía la pena, por consiguiente, se autodenominaron los dueños del mundo.

A esa especie se la conocía como repkåre, rama filogenética de la cual emergerían, en unas millaradas de años, lo que después se dio a conocer con el nombre de drakne.

Puestos los pies firmes sobre la tierra, los ancestros de los dragones fueron los animales más violentos y territoriales que hicieron de las suyas a sus anchas en todos los sectores que visitaron.

El primer dragón puro de la historia, conocido por tener su propia constelación, fue Draco, el ser más perfecto que podía haber dentro de la Raza Superior.

Fue ese mismo personaje el promotor de la Guerra de las Razas, conflicto beligerante que se cobró la vida de miles de millones de animales inocentes.

La bestialidad de la Raza Superior provocó que algunos ejemplares de la Raza Inferior se volviesen esclavos de los dragones.

Entre los parientes más próximos de los semidragones estaban los grevrelkax, ancestros cuadrúpedos de los grifos antropomorfos, y los quempkshax, ancestros cuadrúpedos de los hipogrifos, ambos descendientes de una especie llamada asketroskeptix, un protodragón con características reptilianas, aviares y mamíferas.

Los primeros fueron los archienemigos de los semidragones, a quienes bautizaron como plumíferos salvajes.

A esos seres de corazón rebelde se los designó como integrantes de la Raza Pacifista, un invento empleado para diferenciarlos de sus enemigos.

Con la aparición de los primeros dragones puros, la Raza Superior pasó a llamarse Raza Destructora.

La velocidad con la que evolucionaban los dragones era increíble, se adaptaban a todo tipo de climas, cual si fuesen tardígrados.

El dragón entre los dragones, el gran Draco, sólo tuvo tres hijos a lo largo de su vida, con la misma pareja.

Esos tres descendientes que tuvo eran, nada más y nada menos, que los dragones más famosos de la historia.

Un cataclismo de nivel colosal sacudió el mundo entero haciendo que el único continente existente, Rodashklef, se partiera en tres pedazos de distinto tamaño: uno grande, uno mediano y uno pequeño.

Los nuevos tres continentes pasaron a llamarse: Xëxlex (cuyo significado era volcán), Asskleth (cuyo significado era jungla) y Metraxösk (cuyo significado era monte).

Dichos nombres fueron readaptados a una versión moderna de la lengua Serfi para convertirse en Xeón, Ashura y Mitriaria.

Draco, el dueño del mundo, al ver que su imperio era inquebrantable, decidió inventar una religión oficial para la especie, la cual evitaría el fin del mundo y les otorgaría a los dragones la vida eterna una vez muertos.

Fundó los cimientos de lo que más adelante sería llamado Monsismo, religión basada en la supuesta existencia del dios Mön, el dragón supremo que creó el mundo con el fin de que éste fuese dominado por sus descendientes de carne y hueso.

Sus tres descendientes fueron calificados Hermanos Trinitarios, los únicos herederos del Trono Real, y, además, los representantes de Mön en el mundo terrenal.

Como Draco era el ser más temido del mundo entero, puso a sus tres hijos a cargo de cada continente.

Les asignó un territorio propicio para que cada uno se apoderara de todas las tierras que todavía quedaban por conquistar.

Al primer hijo, Cen-Dam, le otorgó Xeón; al segundo hijo, Dáikron, le otorgó Mitriaria; al tercer hijo, Bork, le otorgó Ashura.

Desarrollada la base estructural de la Trinidad de los Dragones, el mundo quedó a merced de una formidable amenaza que pronto conocería en persona.

Los dragones se autoconsideraban los amos y señores de todos los reinos y aldeas habidos y por haber, aunque ni siquiera sabían cuántos territorios existían fuera de su tierra natal.

El anhelo por apoderarse de todo lo existente los motivaba a querer llevarse el mundo por delante, como si nada les preocupara en la vida.

Contaban con millones de esclavos que hacían el trabajo sucio por ellos, qué más podían pedir.

Por una cuestión de practicidad, o más bien de conveniencia, cada rey armó su propio ejército identificándolo con un color particular: Cen-Dam creó el Ejército Rojo; Dáikron creó el Ejército Negro; Bork creó el Ejército Blanco.

Los tres ejércitos juntos eran verdaderamente poderosos, separados no tenían el mismo alcance.

Cada hermano era consciente de que no sería fácil adueñarse de un continente en su totalidad, pero intentarlo valía la pena.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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