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Kompendium - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 XXXVIII
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38: XXXVIII 38: XXXVIII Hay días de paz, hay días de guerra.

Hay días de descanso, hay días de trabajo.

Hay días de silencio, hay días de ruido.

En el mundo existen tantos problemas que es imposible que sepamos cómo resolverlos.

Nos han convocado, sí, para que dejemos una huella en el sendero que recorreremos.

Hemos sido convocados, sí, para que marquemos nuestro camino paso por paso.

Somos pocos, en verdad que sí, y aún ansí no nos damos por vencido.

Nos han dicho que jamás de los jamases podremos superar todas las barreras que se nos presenten, sí, jamás podremos hacerlo, pero tampoco pretendemos postergarlo.

Es agora cuando más incertidumbre tenemos, justo antes de la llegada de la tempestad.

Cuando el deber llama hasta los más intrépidos tambalean, los más agraciados dudan y los más débiles se esfuman.

¿Quién reclama derramamiento de sangre en son de una causa justa?

Los grifos; ¿quién reclama desbaratamiento de legiones enemigas en son de una revuelta justiciera?

Los grifos; ¿quién reclama el guillotinamiento de los líderes castrenses en son de una nueva conflagración?

Los grifos.

¡Ay de aquellos que se atrevan a darles la espalda a sus congéneres!

¡Ay de aquellos que se atrevan a flaquear en combate!

¡Ay de aquellos que se atrevan a rendirse antes de tiempo!

¡Ay de aquellos que se atrevan a jurar en falso!

¡Ay de aquellos que se atrevan a guerrear bajo los efectos del miedo!

¡Ay de aquellos que se atrevan a proferir blasfemia alguna contra Ioba Todopoderoso!

Algo que incomoda a los grifos más jóvenes es la falta de experiencia, pues temen perder por impaciencia, caer de rodillas ante los odiosos rivales que siempre presentan resiliencia.

El ignoto sendero no está señalizado; el desconocido futuro no ha sido dilucidado.

Aún no, aún no.

El aviamiento de los guerrilleros, fuera de toda duda, debe resaltar como el sol al amanecer que se niega a perecer, sólo durante la noche que se oculta en aquel firmamento de escuridad absoluta.

El día es la vida y la noche es la muerte; la luz es la esperanza y la escuridad la destemplanza.

A través del infinito box del continente, deben marchar quienes con lealtad han jurado proteger a los afectados, para ansí poder restablecer los juramentos alguna vez pronunciados.

Con sangre y sudor han prometido batallar, con orgullo y pundonor han jurado marchar.

¡Oh, Ioba, rey de reyes, guiad a los tuyos para con los más preciados siervos de la eternidad celestial!

Es hoy o es nunca, dicen los que palpitan la beligerancia, es por el bien de la patria, dicen los que defienden la intolerancia.

¡Eh, si son ellos los invasores los primeros en violar sus propias leyes para luego venir a decirnos a nosotros qué hacer y qué no hacer con nuestras vidas!

¡Eh, si son ellos los traidores los culpables de hacernos sufrir en vano a manos de los dragones!

¡Eh, si son ellos los primeros en salir a bregar en honor a una dignidad despojada!

Las familias de los grevrens no pueden seguir ansí, las familias de los quempkes no pueden seguir ansí, nadie puede seguir ansí.

Han sido ellos, los invasores, los culpables de tanta miseria.

Han sido ellos, los invasores, los causantes de tanta tragedia.

Han sido ellos, los invasores, los promotores de tanta histeria.

¿Quiénes son ellos para decirnos qué hacer y qué no hacer?

Izan una bandera negra con un tentranáculo en un mástil de la plaza, pronuncian plegarias en honor a su rey, suplican por sus míseras vidas mientras arruinan las de nuestras familias.

Son ellos los que nos han despojado del orgullo, los verdaderos enemigos de la Legión Celestial.

Ioba Todopoderoso ha hablado y con fervor ha jurado: “¡Id, hijos míos, aniquilad a todo aquel que os imponga temor y os intente dañar!”.

Los invasores, de la escuridad eterna los portadores, de nuestra perdición los defensores y de nuestro odio los recolectores.

Son ellos, como hemos de suponer, quienes planean atacar de nuevo, aun cuando ya nada haya por hacer más que renacer del fuego.

Son ellos, quiénes más, los que buscan lastimarnos porque sí.

¡Ay de ellos que pretenden vernos sufrir!

¡Ay de ellos que pretenden hacernos sucumbir!

No ha sido suficiente, a nuestro parecer, el haberlos devuelto al infierno.

No ha sido suficiente, a nuestro entender, el haberlos enfrentado en invierno.

No basta con bregar, también hay que conquistar.

No basta con avanzar, también hay que confiscar.

Lo perdido perdido está, lo ganado ganado está.

¿Quién gana y quién pierde?

Nadie lo sabe.

Exclusos de nuestros deseos, nos vemos obligados a partir una vez más.

Vaya a saberse en qué terminaremos una vez que nos hallamos ido.

Vaya a saberse qué recuerdos dexaremos una vez que hallamos fenecido.

Lo que sí sabemos, y que de hecho defendemos, es que volveremos con la frente en alto, vivos o muertos, de eso no dudamos.

Por orden divina, marchan de vuelta grevrens y quempkes, unidos en sagrada fraternidad, a la espera de una nueva aglomeración.

Suplican sangre los esclavos, ruegan venganza los captivos.

Es hora de entrar en acción, es hora de quitar del camino las espinas que obstaculizan el libre paso.

Soplan los cuernos de advertencia, se avisan unos a otros, los enemigos montados en potros.

Se hacinan en las costas, se reúnen en los bosques, se apiñan en los pantanos, se congregan en los montes.

¿Cuántos son?

Nadie lo sabe.

¿Qué buscan?

Todos lo saben.

¡Ay de ellos cuando los encontremos!

¡Ay de ellos cuando los enfrentemos!

Será tarde para pedir perdón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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