Kompendium - Capítulo 40
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
40: XL 40: XL El día posterior a nuestra gran victoria, nos reciben con total vanagloria.
En una recoleta, que luce como bombonera, nos tomamos un descanso, del letargo nos deshacemos y del hartazgo nos olvidamos.
Parece como si hubiese pasado un año, todo es tan distinto que apenas lo distinguimos.
Por una eternidad hemos vivido sin darnos cuenta de lo mucho que hemos sufrido.
Tras haber bebido azumbres de agua cristalina, el cansancio se ha ido.
Se nos ha otorgado, muy a nuestro pesar, un arma especial con el que podremos establecer orden y abrir los mares en dos.
Antraske, la legendaria espada de las aguas, en nuestras raspadas manos ha caído por mor de nuestra osadía inigualable.
Con ella no sólo triunfaremos, con ella por los encrespados mares navegaremos, y os juro, en nombre de Ioba, que a ningún dragón acuático se le ocurra interponerse, a menos que quiera ante mis ojos desvanecerse.
Volvimos a reunirnos, conglomerados con nuestros valiosísimos aliados de Ashura, con el objetivo de organizar nuevas estratagemas que nos serán útiles para cuando hayamos pisado tierra enemiga otra vez.
Nos hemos dispuesto a viajar de nuevo, en la odisea de Camus, hijo primogénito de un terrateniente que renace como el sol naciente, con vistas a recuperar las tierras que se nos han quitado forciblemente.
A tenor de lo que los clérigos nos digan, nos marcharemos de noche o de día.
Deimakuse, valioso aliado y virtuoso estratega de tierra anónima, ha dado un paso al frente a fin de que Camus, hijo primogénito de un terrateniente que renace como el sol naciente, le otorgue su más preciada bendición.
Ante la casta sacerdotal, ante el pueblo entero, ante todos, se ha dado el visto bueno para que un nuevo guerrillero se sume al pelotón.
Ulisurus, caudillo honorable al que nadie puede tratar de cobarde, también ha proferido plegaria de bienvenida a aquel que alguna vez le salvó la vida.
Será su más preciado colega, su principal estratega.
Viralus nos ha profetizado, a quien ya nos hemos encomendado, que caminemos bajo la luz de la luna y el tiempo no perdamos en la puna.
Habremos de atravesar las cordilleras, las pampas y las laderas, mas no las ciénagas, las dunas y los manantiales.
Luego de que los aliados hubieron hecho todos los preparativos, hicimos las ofrendas a nuestros ángeles de la guarda.
Oramos en silencio y pedimos por la salvación de todos nuestros allegados, a todos aquellos que moran entre las sombras y el malestar, con el temor de no volver a abrir los ojos nunca más.
Antes de marchar, damos las gracias y suplicamos por que nos sea ameno el viaje, por que nos salga todo bien y por que nos conduzca al camino correcto.
Ya habíamos perdido mucho tiempo dando vueltas, ya no merecíamos seguir haciendo cuentas.
Somos los únicos capaces de salir adelante a pesar de los pesares.
Boqueamos al unísono, rogamos por no volver a caer nunca más.
Un baquiano se ofrece a llevarnos, con amabilidad y corteza acude a tratarnos.
Les damos las gracias y lo bendecimos.
“¿Qué habíamos hecho para merecer todo eso?”, me pregunta mi compañero de viaje.
“Nada tan grave como para merecerlo”, le respondo sin pensar.
¿Acaso Ioba estaba poniéndonos a prueba para ver si valíamos la pena estar a su servicio?
Es lo primero que pienso y lo último que imagino.
Me apercibo de mi fragilidad con el sólo hecho de pensar lo mucho que nos queda por explorar.
Agradezco con la frente en alto antes de partir, sin saber lo que me puede ocurrir.
Entretanto, Deimakuse, valioso aliado y virtuoso estratega de tierra anónima, se me aproxima y me pide un favor antes de salir.
Me suplica que no me deje engañar, que engañifas, muñidores y embusteros hay por doquier, y que cuando menos lo espere, ellos aparecerán para mi camino entorpecer.
No hay trola, tapujo, calote ni zancadilla con la que me puedan perjudicar.
Ya a todos conozco, sé cuándo fiarme de ellos y cuándo no.
Sishurus, hijo legítimo de un soberano escudero que se alza como ave de buen agüero, me pregunta si estoy listo para hacer el más peligroso viaje hacia quién sabe dónde.
A Ashura nos dirigimos, ya todos lo saben.
Hacia el Este marchamos, todos lo sospechamos.
Somos prudentes, sabemos qué hacer en caso de accidentes.
No pretendemos derrelinquir a nuestros conterráneos, cuando menos dexarlos a merced de los foráneos.
La tángana en la que nos hemos metido no dexa de hostigarnos en nuestros sueños.
Recurre a nosotros esa extraña sensación de haberlo todo ya vivido.
Es como si ya supiésemos de antemano lo que nos ha de pasar sin siquiera haber salido a caminar.
De vuelo en vuelo hemos deprendido que todo es posible fuera del nido.
En casa estamos seguros, afuera estamos expuestos.
Es de suponer que las cosas no nos saldrán perfectas dende el principio, por ello a Ioba recurrimos para pedirle que nos encamine.
En respuesta a nuestras plegarias, nuestro Padre Celestial dende el Cielo nos cuenta, cómo será nuestro viaje por ultramar hasta llegar a la otra punta, tras atravesar el lesueste, hasta el extremo sueste.
“Hipondria es nuestro destino final”, me aclara Ulisurus, caudillo honorable al que nadie puede tratar de cobarde, antes de que tome una importante decisión.
¿A qué parte iríamos primero?
Confesamos que no estamos del todo seguros.
¿En qué conflicto nos meteríamos?
No lo sabemos, aunque sospechamos que aliende la costa lo que nos espera no es cualquier cosa.
Aposta nos preguntamos si todo estará listo para cuando lleguemos, no queremos saber con antelación a quién socorrer.
Nuestras corazonadas deben persuadirnos.
Es entonces que nos disponemos a irnos, pero antes de hacerlo, Sishurus, hijo legítimo de un soberano escudero que se alza como ave de buen agüero, me aconseja dar aviso de lo acaecido para no dexar a los demás adormecidos.
Entre súplicas y ruegos, a mis más distantes compañeros advierto que se cuiden, que los invasores volverán tan pronto como el barco despegue.
Ni el maléfico rey Dáikron nos detendrá ni el protervo Dégmon nos hallará.
Somos nosotros, un montón de orates, contra el mundo y sus demonios.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com