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Kompendium - Capítulo 57

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  4. Capítulo 57 - 57 LVII
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57: LVII 57: LVII Al caer sobre el áspero suelo rocoso de la zona, los protagonistas se apercibieron de que no estaban en el mismo lugar de antes.

Se dieron un buen costalazo tras haber aparecido de un instante a otro.

Teletransportarse, ni de una forma ni de otra, era fácil.

El que más dolor sintió fue Aljokerus que casi se rompió la cabeza contra el suelo.

Utilizar aquel pequeño fragmento semitraslúcido los podía hacer aparecer en cualquier parte, pero no de la mejor manera.

Fue por ello que Jarkarus decidió no volver a usarlo, se lo entregó a Tunek.

Guanacos harapientos emergieron detrás de los frondosos entornos, bajaron las armas al ver que los visitantes no eran invasores.

Cinco ejemplares aparecieron de sopetón y les dieron la bienvenida.

El que estaba a cargo tenía un costurón en el rostro y una oreja caída, fue quien explicó el motivo de su aparición.

Introdujo en el discurso una serie de advertencias con respecto a los viajes de aldea en aldea, tantos dragones negros merodeando por aquellos lares les podrían traer graves problemas.

Jarkarus fue el que se presentó como líder, el más astuto y despierto de todos, avisó de la misión en la que estaban trabajando y cómo habían llegado hasta esa área.

El líder de la tropa los llevó hasta la caceta de emergencia donde trabajaban curanderos y auxiliares.

Allí fue donde vieron por primera vez a la grifa.

Deshamaria poseía un encanto sin igual aun siendo un tanto retraída.

Tenía plumas de color blanco como la nieve, parecía tener plumones en lugar de plumas, se asemejaba a la gallina sedosa por su suave plumaje.

Los ojos celestes, los escamosos brazos argénteos y el penacho de cacatúa oftálmica la distinguían de las demás grifas.

Descubrieron que Canyelum les había mentido para sacárselos de encima, ella jamás fue raptada por los piratas.

Izkerus, el interesado, fue el primero en arrimársele, se aproximó a ella con la intención de analizar su estado de salud.

No la veía ni lastimada ni preocupada, más bien lo contrario.

No cabía duda de que esa era la grifa mencionada por la hiena, la misma que había perdido plumas en el camino.

Al enseñárselas y preguntarle si le pertenecían, le respondió que sí.

Jarkarus y Aljokerus se sumaron a la conversación y le hicieron una especie de entrevista para saber dónde había estado durante los últimos días.

Poco, si es que algo, era lo que ella podía contar.

Tanto tiempo en soledad la había dejado destrozada por dentro.

Se sentía vacía, inmunda, olvidada.

Izkerus tuvo el atrevimiento de tocarle las rémiges del ala izquierda con la mano, se sorprendió de lo suave que era su plumaje.

Lo cautivaba por completo, casi se puede decir que lo magnetizaba.

En realidad, aquella grifa era la cosa más bella que había visto en su vida.

Bajo el epicúreo hechizo de Venus parecía haber caído.

—Siéntense a mi lado —les pidió de todo corazón.

Le hicieron caso y acomodaron las posaderas sobre el suelo.

La miraron con detenimiento, veían en ella la pureza más clara que podía existir—.

Sepan disculpar mi insensibilidad.

Es que me han sucedido tantas desgracias que ya no sé si podré volver a sonreír.

—Nosotros te protegeremos adondequiera que vayamos —Izkerus le dio su palabra de honor—.

Es una promesa.

—Se le acercó lo suficiente para olfatear el aroma femíneo que desprendía.

Le resultaba increíblemente atractiva aun sin haber tenido contacto estrecho con ella—.

Somos exploradores regionales en busca de nuestros compañeros extraviados.

—Si te apetece, puedes acompañarnos en nuestro viaje —Aljokerus habló—.

No nos molestará tenerte en el grupo.

—Por un momento creímos que te habían secuestrado —aportó Jarkarus—.

Un pirata enloquecido nos dijo que te habían raptado y encadenado a un mástil.

Por suerte, eso jamás pasó.

—No, pero los minotauros casi me acuchillaron —cortó de lleno la calidez y elevó la tensión comunicativa—.

Estuvieron a nada de matarme.

Unos zorros de pelaje oscuro me rescataron a tiempo.

Lo malo es que los perdí de vista luego de la última tormenta.

—¿Zorros de pelaje oscuro?

—Jarkarus formuló la pregunta.

—Eran habitantes de una aldea de no sé dónde… Aparecieron junto a un oráculo, un tal Spailet si no recuerdo mal, viajaban con él hacia alguna parte del Norte.

Oí decir que un minotauro negro anda haciendo estragos por estos lares.

Temo que llegue hasta este punto y nos liquide.

—Con nosotros acá eso no pasará —Aljokerus se lo confirmó—.

Si quieren seguir adelante, tendrán que pasar sobre nuestros cadáveres.

La grifa que se acurrucaba junto a un árbol sacudía la polvorienta túnica amarillenta que tenía puesta y ponía especial atención en las palabras que profería cada uno de ellos.

Le inspiraban confianza, le transmitían buenas vibras, lo suficiente como para dejarse llevar por la corriente.

Izkerus, que no podía quitarle los ojos de encima ni a tiros, tiraba los tejos, pretendía convertirla en algo más que una compañera de viaje, anhelaba que se volviese su amiga del alma.

En su indiscreto rostro resaltaba el encantamiento, casi mágico, que la grifa provocaba en él.

En parte, se debía a que Deshamaria le recordaba a su expareja de antaño.

Al enterarse Jarkarus de que un oráculo andaba por aquella región, se le ocurrió que sería buena idea salir a buscarlo, al menos hacer el intento.

Si no lo encontraban al cabo de unas semanas, se darían por vencido y retomarían la búsqueda de los doce cabecillas perdidos.

Aljokerus intercambió palabras con él en privado mientras Izkerus se limitó a indagar con mayor hondura en la vida de la grifa.

Deshamaria parecía tímida a primera vista, le costaba expresarse con soltura, apenas se atrevía a escupir una que otra palabra.

De a poquito se fue amoldado a las vicisitudes de la vida.

Al extender el brazo derecho y tocarle el rostro a Izkerus, casi lo hizo ruborizarse de vergüenza.

El somero hecho de que hiciera contacto físico tan pronto era una señal de que estaba dispuesta a trabar amistad con él, aun con todas las traumatizantes experiencias vividas en periodos recientes.

Desde luego que no disfrutó el día que la capturaron con la intención de torturarla, se salvó por un pelito, la podrían haber maltratado de manera atroz.

Los minotauros eran conocidos en todos los continentes por ser violadores seriales, se follaban hasta los cadáveres putrefactos de sus esclavos.

La grifa era demasiado buena como para andar metiéndose en sitios tan peligrosos, por mor de una cuestión incontrolable se había alejado de su hogar, destruidos los lazos familiares y rotos los más valiosos recuerdos de la infancia, la existencia de la hembra se tornó un desfiladero, la depresión pronto emergió hasta dejarla hecha una piltrafa.

Normal siempre hubo sido, las cosas cambiaron el día que los progenitores pasaron a mejor vida, aparte de tener la mala suerte de ver morir a sus dos hermanos mayores como consecuencia de la peste.

Heredado el infortunio de su abuela que vio sucumbir a medio mundo, tenía la cuita de hacer borrón y cuenta nueva, de la forma que fuese.

Todavía existía la posibilidad de conocer un macho que le ofreciese compañía y le otorgase todo el cariño que se merecía por haber sobrevivido incluso en las peores tempestades internas.

Eso de caerse y no volver a levantarse nunca fue su estilo, prefería padecer de mil formas a tener que reconocer la derrota.

A Izkerus le produjo admiración lo denodada que era, tanto por dentro como por fuera, siendo que había luchado para no abatirse y también para sobrevivir.

Por las peores crisis existenciales había pasado y, a pesar de todo, la catarsis jamás la llevó al extremo.

Con fe en sí misma, logró salir a flote tras haber estado hundida en el mar de la desolación, llámese depresión, llámese tristeza, llámese desamparo… Finiquitado el pasado, se concentraba en el presente y soñaba con un futuro próspero y colorido.

Ya no más sollozos de angustia, ya no más suspiros de desánimo, ya no más llantos de dolor.

Entre las maravillosas cualidades de la grifa, por si no fuera suficiente con ser una heroína sin igual, resaltaba la habilidad para tratar enfermos y heridos.

Ad honorem había trabajado en una organización sin fines de lucros (algo así como una ONG), en la cual auxilió a otros grifos que requerían de asistencia médica inmediata.

Le salvó la vida a más de uno, algo de lo que jamás obtuvo un pago más que el agradecimiento sincero y genuino de sus pares.

Con aquellas aptitudes, más que bienvenida sería en la agrupación de Jarkarus.

Era la perfecta candidata a enfermera.

En ese ínterin, Daguemi, Ropus y Yupachi fueron puestos al día en lo concerniente a la delicada tesitura de los alrededores.

A falta de buenas ofensivas, las hordas invasoras estaban penetrando desde todos los sectores, venían por aire, mar y tierra y diezmaban todos los recovecos del globo.

Por mérito propio, quienes lograron salir adelante fueron unos pocos suertudos con los cojones bien puestos.

No era fácil, todos lo sabían, adaptarse a la inquebrantable hostilidad impulsada por el Ejército Negro.

Los comandantes de Dáikron eran especialistas en el arte de la guerra, sabían qué, cómo, cuándo y dónde atacar, el por qué, ídem de ídem, salía sobrando.

Los grifos, ahora acompañados por una encomiástica hembra, concluyeron que proseguir con la misión era esencial, de modo que quedarse a dormir en la tierra de los guanacos no les convenció.

Antes de ir en busca de Spailet, como Jarkarus pensó en un principio, Tunek se ofreció a llevarlos hasta un refugio donde contaba con una amplísima variedad de hierbas medicinales, las que le dieron la posibilidad de ganarse la vida sin tener que recurrir a trabajos en el exterior.

Aún había tiempo de retornar a las afueras de Grándia, antes de que los dragones negros llegaran al área asignada.

Partieron cuando el líder decidió dar la orden.

Tomada la iniciativa de hallar al oráculo perdido para luego desandar y hacer una visita a la costa septentrional antes del invierno, pactaron un acuerdo entre los viajes subsiguientes.

Por cuestiones de seguridad, optaron hacer el recorrido en volandas, cada grifo con uno de los aliados en su lomo.

Así se iban a ahorrar tiempo y plenitud de problemas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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