Kompendium - Capítulo 61
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
61: LXI 61: LXI Por una cuestión de practicidad, el grupo de viajeros se dividió en tres subgrupos: Izkerus, Deshamaria y Yupachi; Jarkarus, Ropus, Tunek y Geljetraf; Aljokerus, Daguemi y Apoxel.
Al separarse, según creían, iban a hallar con mayor premura las rutas libres de invasores.
La meta final era llegar hasta Arlagadia, viaje que, por cierto, les tomaría una importante cantidad de días.
Una vez cumplido dicho objetivo, cada uno regresaría a casa, o como se dice vulgarmente, cada chancho a su rancho.
De lo poco que se sabe de aquella travesía, conforme a lo escrito, es que fue una de las más trascendentales y famosas en la historia de la Raza Pacifista, dado que dos de sus representantes más gloriosos se arriesgaron aun con la desventaja de tener un ejército inconmensurable en las antípodas.
De hecho, era archisabido que los dragones negros superaban con creces a los pacifistas: un millón de dragones salvajes por cada grifo justiciero.
Izkerus tuvo la mala suerte de toparse con kratsukes, cíclopes y centinelas, a todos ellos derrotó en la liza, los desmembró sin lástima alguna.
Con tal de proteger a las hembras que tenía a cargo, estaba dispuesto a dejarlo todo en la cancha.
Jarkarus le salvó la vida a Geljetraf, pero perdió la suya como resultado de su valentía.
Pasó a mejor vida, sí, pero no sin antes pronunciar una frase célebre que en el futuro Tunek haría circular entre sus familiares y allegados.
Aljokerus pereció en una circunstancia similar, protegiendo a la ardilla y a la zarigüeya, cayó de rodillas ante un sinnúmero de quimeras, centauros y grashrenskes.
Durante un rencuentro de emergencia en Miadicia, los sobrevivientes de cada subgrupo volvieron a verse tras haberse sumergido en las profundidades del báratro.
Izkerus y Deshamaria quedaron frustrados al enterarse de que Jarkarus y Aljokerus perdieron la vida; por otra parte, les enorgullecía el haberlos conocido.
Aquellos ejemplares sí que supieron cómo ennoblecer el nombre de Camus.
Vivieron como héroes y murieron como héroes.
Sobra decir que luego fueron inmortalizados por ello.
Zienzui, que recibió con los brazos abiertos a los agraciados, les pidió que no volviesen al campo de batalla hasta que las turbas armadas finiquitasen el trabajo de limpieza propuesto entre aliados.
Los sáklios y los sátiros, junto con pegasos y unicornios, se entrometieron para aportar con lo poco que tenían al alcance.
Lograron, con el correr del tiempo, frenar las ofensivas más peligrosas y producir un alto al fuego.
Con la destitución de Gargax, las portentosas legiones del Ejército Negro ya no tenían la misma eficiencia, si es que algo de ella.
Deshamaria, una fiel compañera de grupo, se quedó con Izkerus y le prometió servirle de por vida para lo que fuera que necesitase.
Enamorada de él, no podía aceptar vivir alejada de su salvador que con tanto ahínco había batallado para protegerla del peligro externo.
Lo último que quería era que acabase en una cárcava con los demás cabecillas que alguna vez formaron parte de su grupo original.
Jayamak retornó para llevarse a las zarigüeyas de regreso a su tierra natal.
Tunek, por su parte, prefirió hacer el viaje a Grándia con Ropus y Daguemi, a quienes ya consideraba sus mejores amigos.
En el caso de Yupachi la cosa fue distinta, falleció por causas naturales al cabo de unos días.
Le otorgaron un entierro decente con una lápida decente y abandonaron la aldea de los ogros tan pronto como obtuvieron el beneplácito para hacerlo.
Izkerus, el único sobreviviente de la tríada justiciera que luchó contra el minotauro más poderoso del mundo, se dispuso a llevar a Deshamaria a Shuasankaltria.
Como fiel amigo y compañero de Jarkarus, le correspondía la horrible tarea de dar parte a los familiares de su partida.
Belara y sus dos polluelos, Rómurus y Sizerus, merecían saber la verdad.
Los pequeñuelos no volverían a ser los mismos de antes tras la oscura noticia, mentirles no era lo correcto tampoco.
Su padre les había enseñado que decir la verdad era una obligación moral que no debía pasarse por alto en ningún momento.
Por lo pronto, el escriba a cargo de las nuevas obras literarias que serían un furor dentro de la Raza Pacifista, tenía planeado dedicarse de lleno a la vida de ecónomo, uno especializado en el arte de la biblioteconomía y la archivística.
Con la prodigiosa capacidad memorística que poseía, podía llegar a convertirse en un excelente trovador y literato.
Tomó el puesto que Jarkarus siempre había soñado ocupar, no por mal amigo, sino porque representaba todo lo que él, en tan pocos años, había logrado: volverse una leyenda.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com