Kompendium - Capítulo 62
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62: LXII 62: LXII Como había acontecido con Sishurus y Camus en Ashura, la muerte de Jarkarus y Aljokerus había marcado un antes y un después en la vida de muchas criaturas.
Lujosos cenotafios y relucientes estatuas se construyeron honoris causa, en Chilvyuy y en Versapile.
Izkerus se encargó de sacar a la luz los códices en los que había estado trabajando durante más de una centuria.
En su testamento había colocado dos tríxodes al inicio de las primeras tres páginas que simbolizaban la unión que hubo existido entre los tres.
Para dejar en claro que él había sido el legítimo autor, armó un acróstico en los textos en el que aparecía su nombre en su idioma original, si se perdían los manuscritos originales, alguien podía descubrir al verdadero autor por la codificación empleada.
Dos grifos comunes y corrientes habían pasado a la historia sin siquiera haberlo soñado.
Su osadía y su astucia prevalecerían durante las siguientes generaciones y servirían como inspiración para futuros guerreros valientes.
Ellos se sumaron a la lista de grifos honorables que los líderes de las aldeas colocaban en sus papiros.
Ambos, pese a sus defectos y errores, merecían la inmortalidad.
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