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Kompendium - Capítulo 64

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64: LXIV 64: LXIV Trongladia era la tierra que vio nacer a todos los minotauros del mundo (bovinos antropomorfos con una musculatura bien desarrollada y una gran resistencia a los cambios climáticos).

Entre las clases de minotauros estaban los toros, los uros, los angus, los nguni, los cachena, los Bloškarin, entre otros.

Se creía que existieron alrededor de noventa subclases distintas, todos descendientes de la raza más pura llamada Tronglen (de ahí provenía el nombre de la aldea).

En la amplia familia tauro estaban los de nivel mínimo e intermedio; los de raza superior, intermedia e inferior; los de clase superior, media e inferior; los de escala mayor, intermedia y menor.

Ningún minotauro había representado un peligro para la civilización antigua hasta el día que la Raza Destructora les propuso unirse a ellos, so pena de exterminio si no lo hacían.

Por la fuerza, los primeros minotauros de alta pureza cedieron a los caprichos de los dragones.

Para poner a prueba la resistencia de dicha especie, los dragones tomaron una buena porción de ejemplares y se la llevaron a cada uno de los continentes.

Los cambios bruscos de temperatura produjeron una rápida especiación, de esa manera, con el pasar del tiempo aparecieron los minotauros rojos (de fuego), los minotauros blancos (de hielo), los minotauros grises o marrones (comunes), los minotauros negros (de oscuridad) y los minotauros celestes (de agua).

Se creía que hubo otros colores, pero no se tenían fuentes fidedignas que lo confirmasen.

Los primeros minotauros eran herbívoros, luego se volvieron omnívoros por necesidad, incluso llegaron a desarrollar colmillos como los de un gorila.

Estos animales se adaptaron al maltrato más truculento de parte de los supuestos dueños del mundo.

Los dragones los adoptaron como esclavos y sirvientes, con la condición de que nunca ocupasen un cargo que no fuese en las fuerzas armadas o en seguridad perimetral.

Todo minotauro que quería sobrevivir debía convertirse en celador, guardia, protector, guardaespaldas, guerrillero, navegador, auxiliar o mensajero.

De las hembras (las minotauras) no existían datos.

Si bien todos los mamíferos que se conocían hasta la fecha (excepto los monotremas) se reproducían sexualmente, en el caso de los minotauros no se sabía cómo hacían para procrear tanto.

Lo más probable era que un macho fértil preñara un harén entero y de sus fluidos genitales (y los óvulos de las hembras) nacieran cientos de ejemplares.

En cierto sentido, todos eran tan parecidos unos a otros que parecían ser hijos del mismo padre.

A los once años de vida ya se los podía considerar adultos, dejaban de crecer.

El promedio de vida era de novecientos años, salvo raras excepciones.

La reproducción de los minotauros era descrita como una de las más lentas debido a la forma de aparearse que tenían.

En promedio, un macho tardaba entre una y dos horas en fecundar por completo a una hembra.

A causa del gran tamaño de los testículos y la estrechez de la uretra, eyaculaban en cómodas cuotas.

De hecho, una forma de castigarlos por mal desempeño era la castración o la emasculación (de acuerdo al correctivo proferido).

Las hienas, las criaturas de menor rango que existían entre los esclavos, eran violadas con frecuencia por minotauros lascivos, quienes, a falta de hembras, las utilizaban como fuentes de placer.

Siendo que todas las hienas eran míseras inspectoras y carroñeras, no se les otorgaba un cargo importante.

A lo sumo, una hiena experimentada podía cumplir el papel de avizora, no más que eso.

Los minotauros eran los combatientes favoritos de los dragones, eran los más duros y los que más dolor soportaban.

Desde temprana edad los hacían sufrir los peores suplicios con la intención de convertirlos en fieras.

Entre sus parientes cercanos estaban los centauros, los ictiocentauros, los onocentauros y los hipocentauros.

De los últimos dos no quedaron ejemplares con vida tras la última glaciación universal.

Tanto los centauros como los ictiocentauros eran ayudantes de los minotauros, por eso casi siempre se los veía juntos, rara vez andaban separados.

Los primeros eran maestros de la arquería, los segundos eran maestros de la cacería; unos se defendían con flechas, otros con tridentes.

A pesar del parentesco compartido, los minotauros de Trongladia siempre ocuparon un puesto privilegiado entre las líneas defensivas de los tres ejércitos, no así los dragones cuadrúpedos que se encargaban de lanzar el primer ataque en la mayoría de los casos.

Los dragones salvajes eran usados como carnada para atrapar a las criaturas que moraban en distintos sectores de los continentes.

A diferencia de los dragones salvajes que requerían de un entrenamiento durísimo, los minotauros eran más fáciles de manipular, motivo por que fueron adoptados por los líderes de sangre azul.

Por ejemplo: Dégmon tenía minotauros rojos a su servicio y Vishne tenía minotauros negros a su servicio.

Como en Ashura había una cantidad excesiva de dragones indomables, los pocos minotauros domesticados por Bork (los celestes) fueron asesinados hasta extinguirse.

Sólo quedaron comunes (un 52%), de oscuridad (un 4%), de fuego (un 25%) y de hielo (un 18%).

El 1% restante se debía a la existencia de una especie experimental de Inbrevumk (Sudoeste de Xeón) conocida en todas partes bajo en nombre de kratsuke o minotauro azul.

En total, se estimaba que había más de cien millones de minotauros con vida dispersados en cantidades más o menos iguales en Xeón y en Mitriaria.

Desde que Trongladia y las aldeas aledañas fueron avasalladas al mando de la Trinidad de los Dragones, las demás criaturas los vieron como traidores, lo mismo se dio con las hienas, los cíclopes, los kolosos, las quimeras, los cancerberos, los centinelas, los rifontes y los grashrenskes.

Entre dichas especies, no se sabía de qué región provenían los centinelas y los grashrenskes, se suponía que tenían que ser de reinos ancestrales, a lo mejor de islas que no figuraba en los mapas de los geógrafos.

Fuese bravo o sumiso, a los dragones les convenía tener animales recios a su servicio, así se ahorraban el tener que salir a ensuciarse las manos con los rebeldes que no los querían aceptar como los amos del mundo.

Era archisabido que desobedecer las órdenes de un dragón (cualquiera fuera su color) implicaba una violación gravísima contra la especie más poderosa del mundo.

A los únicos dragones a los que no se tomaban en serio eran a los del Ejército Blanco, siendo éstos los más débiles y menos agresivos de todos.

Cipayos los llamaban a los minotauros que les daban la espalda a los nativos de las demás regiones por haberse unido al enemigo.

Por decisión de los primeros minotauros, la especie entera pasó a formar parte del peor grupo animalesco de todos los tiempos.

Trongladia, más que un reino independiente, se tornó una extensión más de Korozina, al igual que Lesentia, Tranquetobia, Branconia, Miatrisia, Exklavitiamia y Rantasia; En Xeón, Inbrevumk y Pushaj de Verrauten; en Ashura, Gaikúa de Árshia.

Conforme al Indominae (sistema de castas sociales y purezas de razas) los minotauros negros y los azules eran los más valiosos para los dragones, de modo que recibían un mejor trato de parte de los líderes, por así decirlo.

Los negros, al ser más pequeños que los azules, eran los únicos que podían alcanzar el puesto de generalato o comandancia.

En la milicia, nadie se destacaba con tanta supremacía como los minotauros.

Los destacamentos de los rebeldes, como máximo, armaban un grupúsculo de caudillos sin preparación castrense.

Los únicos más o menos moderados eran los hipogrifos, cuyas hordas sí que daban que hablar.

Es menester reconocer que entre los grifos había habido agrupaciones que les sacaron canas verdes a los comandantes más destacados del Ejército Rojo en más de una oportunidad.

Camus y Sishurus se habían dado a conocer en Mitriaria y en Ashura, contra los oponentes más fuertes se enfrentaron y vaya que se dieron un festín.

En Trongladia, al igual que en las aldeas contiguas, los grifos nunca se acercaban.

Cruzar la última línea del Norte era un suicidio colectivo, y ni hablar de los que ingresaban a Korozina.

Se sabía que allende el horizonte, millones de dragones negros esperaban con ansias la llegada de rebeldes armados.

Dáikron sabía que ningún mortal sería tan tonto como para cruzar hasta su reino, hacerlo le costaría la vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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