Kompendium - Capítulo 66
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
66: LXVI 66: LXVI Desde temprana edad, sobresaliente en el combate y destacado en la cinegética, un joven minotauro se dio a conocer como uno de los más bravos de todos los tiempos.
Gargax era como lo llamaban todos, aunque su nombre completo era más extenso en realidad.
Echó fama a base de los sangrientos enfrentamientos que tenía con criaturas salvajes de rango inferior.
La piel que le recubría el cuerpo era de un tono más oscuro que el negro típico de los minotauros de oscuridad, era Vantablack (un tono nigérrimo que lo convertía en un auténtico ser de las tinieblas).
De no ser por la armadura plateada y la túnica beis que siempre llevaba puesta, nadie lo vería de noche.
Era más bruno que un agujero negro.
Lo único que se le veía eran los ojos rojos de demonio y los cuernos grisáceos.
En Ashura, su equivalente era un uro de grandes dotes marciales llamado Usmundrensil.
Incluso los dragones negros más desobedientes y agresivos le tenían respeto, preferían mantenerlo a raya, de un puñetazo les podía partir el cráneo.
Cuando lo veían pasar cerca se quedaban en silencio y no hacían escándalo, ni siquiera se atrevían a gruñirle, ni hablar de atacarlo.
Gargax tenía todo lo que tenía que tener un buen guerrillero.
Conforme fue pasando el tiempo, la fortaleza física de Gargax fue incrementando a paso agigantado.
No había día de su vida que no hiciera ejercicios de resistencia, desde levantar inmensas cargas de peso hasta correr largas distancias durante horas sin parar.
El terrible dolor muscular que le ocasionaban las rutinas extremas era paliado con un buen baño de agua fría y alimento en abundancia.
Como el desempeño castrense siempre era óptimo, los dragones le otorgaron una vivienda digna, un habitáculo cómodo y un sirviente que estuviese siempre a su disposición para lo que quisiese.
El hieno moteado que le fue asignado se llamaba Tukêl, era un jovenzuelo sumiso y retraído que siempre llevaba puesta una túnica pajiza.
Trik era el único amigo más o menos cercano que tenía, era el único minotauro común que le caía bien.
Como mensajero hacía un buen trabajo, aunque a Dáikron no siempre le parecía así.
En más de una ocasión le llamó la atención por su ineficiencia, tardaba mucho entre viaje y viaje, y eso le molestaba.
Gargax era un simple recluta que se destacaba en el arte de la matanza, se la pasaba ocupado en sus entrenamientos, no hablaba de otra cosa que no fuese su instrucción militar.
Detestaba que lo subestimaran dentro y fuera de la palestra.
En la Meseta de Encuentro entrenaba duro día y noche, semana tras semana, mes tras mes, año tras año.
La obsesión enfermiza por ser el mejor lo empujaba más allá de lo que podía imaginar.
Les hizo frente a monstruos milenarios que ningún otro luchador regional se animaba a enfrentar.
Combatía contra gérenes, quásires, güishas, deltrones, gashleppes, shanuros, grukens, grashrenskes, basiliscos, cancerberos, cocatrices, kolosos y gólems.
Nadie podía doblegarlo, contra cualquier cosa se enfrentaba.
El puesto de generalato quedó desocupado tras la muerte del último general interfecto en una gresca contra grifos de clase superior.
Uno de los ayudantes de Dáikron informó sobre la situación, el rey propuso poner a prueba las capacidades cognitivas de Gargax y pidió que se le otorgara el puesto de general hasta que hallasen un remplazo.
No se trataba de una ascensión real, aunque podría decirse que era algo similar.
Ni bien Gargax se enteró de que le habían dado la oportunidad de preparar estrategias de ataque, se dispuso a poner manos a la obra.
Dibujó en su mente los primeros planos de lo que serían las estratagemas principales que implicaban hacer que hordas septentrionales penetraran por los flancos de las aldeas contiguas.
En menos de un mes, tenía diseñado un plano completo de cada una de las estrategias castrenses.
El día que puso a prueba sus ideas en el campo de batalla, consiguió destruir decenas de aldeas, incluyendo las ubicadas en el Nordeste y en el Noroeste.
Los minotauros grises que eran enviados a conquistar volvían con la frente en alto.
Lo malo era que Gargax, aun siendo un buen estratega, no quería quedarse en Korozina mientras sus congéneres sacrificaban el pellejo por él.
Pidió que se le diera el beneplácito de salir a guerrear junto con los demás minotauros.
Los dragones negros que estaban al tanto de sus cualidades de combate, le dieron permiso de salir a luchar en los alrededores.
Sólo se le permitió marchar hacia Yasümel, Betsemú y Tutranclesia.
El día que pisó el territorio de los unicornios causó tanto escándalo que sus legiones produjeron la fragmentación de un reino entero.
Los nativos de Betsemú tuvieron que tomar el olivo antes de que los minotauros los asesinaran a todos.
Los huemules y los lémures, por el contrario, fueron exterminados casi en su totalidad.
Garlec, que vivía más o menos cerca de la última península del Nordeste, recibió a unos pocos sobrevivientes en su isla.
Cuando le dijeron que un poderoso minotauro negro estaba haciendo añicos las aldeas del continente, se dispuso a entrometerse con el fin de armar una alianza con algún soberano que tuviese el poder suficiente de frenar las huestes infernales del Norte.
Al poco tiempo, Garlec se encontró con Theofros VII, uno de los monarcas independientes más importantes del continente.
Considerado un subversivo para los dragones, lo tenían en la mira.
Pactaron una alianza entre uno y otro con la finalidad de evitar que los reinos inferiores, los que estaban ubicados de Fialconia para abajo, fuesen invadidos.
Dicho oráculo tuvo la osadía de meterse en terreno fangoso, a sabiendas de que hacerlo le podía costar caro.
Informó a Markhonni sobre la nueva alianza, recibió una advertencia de su parte: “Todo lo que suceda de ahora en más, será responsabilidad tuya, no de la Orden Real.
No comprometeré a los demás oráculos por una decisión personal”.
Garlec no estaba violando ninguna norma del Testamento de Arko, sólo estaba defendiendo el territorio de criaturas inocentes que no tenían por qué seguir aguantando las injusticias del destino.
Mientras no fomentase la violencia de ninguna manera, no se le amonestaría.
Se suponía que era un ser pacifista, no un guerrillero.
Como era de esperar, los dragones se enteraron de lo que estaba sucediendo en el Sur, dieron aviso para que el rey propusiera un nuevo plan de ataque.
Siendo que la zona que tenían pensado conquistar estaba lejos, debían ser precavidos al momento de meterse.
No querían perder valiosos soldados durante la acometida.
Sólo un guerrero lo suficientemente osado podía llevar a cabo tamaña hazaña.
Antes de tomar una decisión definitoria, se propuso hacer una última evaluación: un entrenamiento con el segundo animal más poderoso de Korozina.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com