Kompendium - Capítulo 73
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73: LXXIII 73: LXXIII Con Gargax fuera del campo de batalla, las demás especies protectoras siguieron defendiéndose de los ataques orquestados por los comandantes taurinos.
Al no haber alguien que llevase la batuta, la decimocuarta legión pronto pereció ante las más temibles legiones de subversivos.
Tukêl hizo un pedido especial a los demás comandantes que aún se encontraban en Korozina, les suplicó que enviaran refuerzos extras para poder retornar sin morir en el camino de regreso.
El día que Kalishna, Rushmaj y Auselio recibieron la petición, la ignoraron por completo, creyeron que se trataba de una broma de mal gusto.
No confiaban en aquel hieno, lo tenían en la lista negra.
El comandante del Ejército Negro pasó meses enteros en coma, se debilitó tanto que perdió masa corporal, aparte de que disminuyeron sus defensas naturales y se volvió más susceptible a enfermarse.
Su acompañante fue el único que permaneció con él todo el tiempo, nadie más lo asistió por temor a que despertase y se pusiese violento como siempre.
De no ser por aquel hieno introvertido, el minotauro negro no habría salido adelante por cuenta propia.
En los siguientes periodos de restablecimiento, la Raza Pacifista y sus aliados recuperaron varios de los reinos devastados, restructuraron las murallas defensivas, reconstruyeron refugios y abastecieron a sus vecinos con alimento y agua en abundancia.
Los grifos que habían lastimado a Gargax eran ahora héroes de renombre que dejaron grabados sus nombres en la tierra que los vio nacer.
La cosa cambió con la aparición de hipogrifos en las costas orientales, por petición de Camus fueron enviadas decenas de tropas con un único objetivo: proteger la región costera de los dragones negros mientras los pocos grifos sobrevivientes retornaban a sus hogares.
Los gigantescos híbridos mitad equino mitad águila no eran como los grifos, tenían una fuerza bruta que no se comparaba con nada.
Volaban en bandadas numerosas, al primer invasor que detectaban lo hacían picadillo a picotazos, zarpazos, coces, hachazos o espadazos.
Si bien era cierto que los hipogrifos eran muchos menos que los dragones salvajes, uno solo podía asesinar a cientos de ellos sin problema.
Los ogros hicieron su parte y se sumaron al nuevo plan de restructuración metiéndose en toda contienda que pudiesen.
A centauros, minotauros, hienas, rifontes y dragones eliminaron.
Tras el asesinato de Virkelinpö, el odio por los enemigos se incrementó de forma fenomenal.
Todo el esfuerzo hecho por Gargax y sus legiones imbatibles no sirvió de nada, los nativos lograron recuperar lo perdido a costa del sufrimiento y la muerte de millones de inocentes.
Dieron que hablar al terciar en las reyertas más sangrientas y bestiales de la historia, derramaron litros y litros de sangre enemiga para poder consumar la venganza que los empujaba hacia la victoria.
Al ver que no se podía hacer nada sin un buen líder que los guiase, las distintas tropas se fueron separando en pequeños grupos hasta perderse en la inmensidad del continente.
Fue así como se expandieron por doquier invasores de toda clase, de Norte a Sur, de Oeste a Este… La resistencia que pusieron sobre la mesa los rebeldes fue mucho mayor de lo que alguna vez se había esperado.
Subestimar a los nativos fue el peor error que Gargax había cometido.
Ahora no podía hacer otra cosa más que lamentarse por sus desatinos.
Los grifos de clase superior, como siempre, fueron los que se llevaron la mayor parte de la reputación.
Fue gracias a ellos que Mitriaria pudo respirar una vez más luego de tantos años de incesantes guerras y monumentales zafacocas, en especial los tres agraciados que se enfrentaron a Gargax: Izkerus, Jarkarus y Aljokerus.
Ellos tres pasaron a la historia como uno de los grupos más trascendentales de la Raza Pacifista, el cual se convertiría en una gran inspiración para futuros caudillos.
Las valiosísimas alianzas entre diferentes especies posibilitaron que surgieran nuevas agrupaciones defensivas como las creadas por Zienzui, Shurkoth, Briok, Mashna, Yuresh y Garloth.
Ahora que las criaturas sabían bien a qué se enfrentaban, no podían subestimar a los invasores.
Cada vez que una invasión se presentase, debían recurrir a sus mejores estrategias ofensivas.
Claro que Dáikron se enteró de lo acontecido en el continente, suspiró defraudado y les pidió a los demás comandantes que fuesen a traer a los supervivientes de regreso.
Viendo que no se había cumplido con lo prometido, al rey no le quedaba más opción que deshacerse de los inútiles.
Como los minotauros de alto rango servían para muchas cosas, no tenía pensado matarlos, sí quitarles el honorífico puesto del que tanto habían estado alardeando a los cuatro vientos.
En cuanto a Gargax y a su hieno, las cosas se opacaron para siempre.
Tuvieron que ser rescatados por los demás comandantes el día menos esperado.
Los encaminaron de regreso a casa con la cabeza gacha y el rabo entre las patas, decepcionados por haber fallado.
Ni una sola palabra intercambiaron mientras desanduvieron.
Todo se tornó grisáceo para el protagonista, quien lejos de convertirse en una leyenda, pasó a ser un bueno para nada.
Los demás comandantes del Ejército Negro serían tenidos en cuenta como los únicos capataces adecuados para enviar tropas de conquista al Sur.
De Gargax ya nadie esperaba nada.
Al fin y al cabo, acabó siendo un guerrillero sin honor.
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