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Kompendium - Capítulo 75

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75: LXXV 75: LXXV No pasó mucho hasta que los demás minotauros empezaron a notar un comportamiento inusual en Gargax, pasaba demasiado tiempo a solas, se escondía de todos, no entablaba conversación con nadie, hacía su vida sin necesidad de intercambiar palabras con ningún otro interlocutor.

Añoraba los viejos tiempos más que ninguna otra cosa; la nostalgia era un pensamiento del que no podía desprenderse.

El día que tocó hacer relevamiento, dejó atrás a los minotauros grises para meterse en las viviendas de los dragones negros que formaban parte de la nobleza.

Hacia ellos se dirigió con la supuesta intención de obtener consejos prácticos.

Los engatusó haciéndoles creer que quería aprender algo de ellos, cuando en realidad buscaba timarlos para luego exterminarlos.

Fue así como inició un plan de exterminio local que consistía en matar a cada dragón negro del reino de tapadillo.

Se favorecía de las sugerencias otorgadas en detrimento de los más crueles asesinatos.

Poco a poco, fue deshaciéndose de cada dragón antropomórfico que veía.

A los únicos que dejaba vivir era a los cuadrúpedos que se encontraban en otra región.

Dáikron se percató de que los demás dragones ya no aparecían en ningún lado, supuso que se habían ido a alguna parte sin avisárselo.

Mandó unos minotauros grises a que echaran un vistazo.

Varios días pasaron hasta que la verdad salió a la luz.

Cuando los demás esclavos descubrieron que Gargax era el causante de la desaparición de los demás, guardaron silencio por temor a que éste los matara.

Era evidenciable que el asesino de dragones era él siendo que se armó una nueva túnica con las pieles de los cadáveres que dejó.

La respuesta que los sirvientes le dieron a Dáikron fue la siguiente: “No sabemos en dónde se encuentran los demás.

No los hemos visto en ningún lado”.

Molesto por la respuesta recibida, el rey ordenó que se suspendieran todos los viajes de conquista, exigió la presencia inmediata de todos los generales y comandantes activos del Ejército Negro so pena de severos castigos si no reaparecían pronto.

Se sentó a esperar por ello, se cruzó de piernas y cogió un reloj de arena que tenía cerca, ansioso por ver a los convocados en persona de nuevo.

Habiéndose pasado de la raya, Gargax esperó a que el resto de los comandantes volviese a pisar tierra para darles una última oportunidad de cambiar la historia de su especie.

O bien se unían a él y se ponían de acuerdo en arrancarle la cabeza al dragón negro que tenían de jefe, o bien se las verían con él.

Por más que lo intentasen, los demás minotauros no estaban a la altura del protagonista para hacerle frente.

Trik intervino antes de que las demás legiones se apiñaran todas de vuelta en Korozina.

Se dirigió a Gargax, de buena fe le suplicó que no hiciese nada ilícito porque temía que Dáikron se enfureciese y se desquitase con todos los demás.

Viniendo de un dragón de clase superior, lo normal era que acabase perdiendo la cordura y enloqueciese cual psicópata.

Para el minotauro negro no existía ningún impedimento que lo detuviese, su meta era clara: acabar con el dragón que lo rechazó.

Al contarle al mensajero lo que había hecho a escondidas, lo dejó patidifuso, anonadado, estupefacto.

Casi se desmayó cuando le dijo que se había encargado de asesinar a los demás dragones negros del reino.

No sólo era una estupidez sin precedentes, también era un suicidio asegurado.

Matar dragones era peor que jugar con fuego, era sinónimo de provocar a la muerte para adelantar el camino hacia la horca.

Al pensarlo con detenimiento, Gargax cambió de parecer a último momento.

Conociendo a los demás minotauros, supuso que ninguno tendría los suficientes huevos como para unírsele con el afán de vengarse.

Era él solo contra un demonio de carne y hueso, una fiera que nadie se animaba a desafiar por temor a padecer el peor tormento.

Ni con todas las súplicas del mundo Trik pudo persuadirlo para que abandonase aquellas ideas absurdas que ponían en peligro a toda la especie.

Lo más lógico sería que Dáikron tomase represalias contra los nativos de Trongladia si Gargax se animaba a desafiarlo en un duelo a muerte.

Ya nada se podía hacer para parar al lunático encolerizado cuyo único deseo era terminar de una vez por todas con aquel infeliz que lo bajó de rango por capricho.

Una batalla brutal se aproximaba y nadie podía evitarla.

Todo estaba en manos del injusto destino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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