Kompendium - Capítulo 8
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8: VIII 8: VIII Las diferentes guerrillas surgidas a partir de invasiones regionales dentro de los límites intercontinentales produjeron un desastroso resultado en las misiones de conquista.
En vez de llevarse el gato al agua, los dragones perdían terreno, retrocedían como animales atemorizados.
La conflagración había estallado en todos los puntos estratégicos señalados con posterioridad al Gran Pacto.
En virtud de todos esos fracasos impensados, cada rey se propuso reforzar las estratagemas, aparte de entrenar a las tropas de cada ejército con el objetivo de pulir las habilidades de cada soldado.
En Xeón, los enemigos más molestos fueron los híbridos; en Ashura, los enemigos más molestos fueron los hipogrifos; en Mitriaria, los enemigos más molestos fueron los grifos.
El común denominador de todos ellos era un plan de ataque calibrado con máxima precisión.
Penetraban como misiles desde todos los puntos posibles, por abajo, por arriba, desde los laterales.
Con el correr del tiempo, fueron mermando las ofensivas hasta desaparecer por completo.
Los nativos se percataron de algo importante: se estaban quedando sin ejemplares.
Hubo una gran cantidad de especies que se extinguió por no darle importancia a los números.
Por si fuera poco, el mal clima acompañado de desastres naturales no ayudaba a que las especies procrearan a gusto.
En más de una ocasión, se armaron los Albergues de Reproducción, sitios especiales usados como mancebías en los que un macho fértil era tomado para tener sexo con tantas hembras como fuese posible.
Para los grifos fue la mejor idea del mundo, aunque no progresó tan bien como se esperaba.
Hacer que una población se recuperase necesitaba de animales con una tasa reproductiva altísima, cosa que no se daba entre los críptidos ni entre los híbridos, la cantidad de casos de esterilidad les jugaba una mala pasada.
Los dragones, en cambio, contaban con un serrallo variado, fértil y saludable, se reproducían como microorganismos.
A los Hermanos Trinitarios en reiteradas ocasiones les llamaron la atención los líderes del Monsismo por no hacer un buen trabajo, con regularidad se reunían en el palacio de Kromte.
Dégmon y Vishne eran los que evaluaban el desempeño, bueno o malo, de cada ejército, puntuaban la eficiencia, si existía, y daban a conocer el juicio de valor.
En un periodo relativamente corto, sucedieron tantas cosas que parecía irreal.
Aconteció que, desde la eliminación de Zenatske a manos de un aliado de los oráculos, la balanza no se había inclinado del lado de la Raza Destructora como alguna vez se pensó, la resistencia opuesta hacía que los invasores pensaran dos veces antes de salir a contender.
Si bien es verdad que obtenían la victoria en muchos casos, a veces perdían más de lo que ganaban, y eso se debía, en parte, al escueto desempeño de los esclavos que utilizaban como cuadrillas frontales.
La Santa Hermandad, que de santa nada tenía, se encontraba en un conflicto de intereses siendo que ninguno quería perder el prestigio concedido por Draco.
El haber jurado dominar el mundo impedía que bajaran los brazos e izaran la bandera blanca, no iban a darse por vencido hasta haberse apoderado de todas las tierras que estaban dentro de cada continente.
Cada rey tenía sus problemas, cada uno estaba enfocado en lo suyo.
A Cen-Dam el viento sopló a su favor, logró frenar a los rebeldes y hacer que la paz gobernase en su reino.
Logró limpiar el territorio asignado casi por completo, sólo quedaron con vida algunas especies salvajes y uno que otro del grupo no-salvaje.
Los dragones rojos, originarios de la zona septentrional, pudieron al fin reacomodarse en la zona meridional.
Familias enteras fueron trasladadas a otros puntos recónditos, algunas al centro, otras a la costa.
Puso a Vakum como su comandante favorito, el que mejor le caía a Dégmon y el que más victorias había obtenido en lo que iba del milenio.
A Bork las problemáticas sociales se le habían escapado de las manos.
En primer lugar, la confianza de algunos de sus congéneres perdió por no haber hecho las cosas bien, por haber abusado de su poder como rey y por haber incumplido sus promesas para con los demás dragones blancos; en segundo lugar, se las tuvo que ver negras con los hipogrifos que decidieron contratacar con la intervención de sus aliados, lo que llevó a cabo un gran retroceso en las tropas del Ejército Blanco.
El haber fallado como soberano lo condenó a sufrir gravísimas consecuencias, máxime el día que las especies rebeldes recuperaron puntos clave del mapa que él ya había confiscado para sí.
La aparición de Camus y Sishurus en Ashura produjo un retroceso en las fuerzas armadas del Ejército Blanco, vistas como un montón de inútiles y debiluchos sin dignidad.
Por suerte, los comandantes Fujiroh y Exégenus cedieron para echarle una mano al reyezuelo fracasado.
Con la ayuda del Ejército Rojo, los dragones lograron no sólo eliminar a los rebeldes, sino que también recuperaron tierras perdidas recientemente.
A Dáikron la vida le sonrió por años hasta que emergieron noticias que lo obligaron a mover el culo.
Los grifos, o pajarracos incestuosos como él los llamaba, le dieron ataques de cólera en determinadas temporadas del año.
Su más leal y recio comandante, Gargax, le trajo tranquilidad tras haber reconquistado una gran cantidad de aldeas que los grifos ya habían pisoteado.
Y como lo bueno dura poco, tres insurrectos habilidosos, Jarkarus, Aljokerus e Izkerus, le hicieron frente al minotauro negro y lo derrotaron, sin llegar a matarlo.
La peor noticia no fue la sublevación de Gargax y el fallido intento de magnicidio, claro que no, el continente entero tembló el día que Deimarus, el grifo más poderoso hasta la fecha, marchó junto con sus cinco aliados, Sáurius, Akaliurus, Drácnarus, Deguse Remus y Daisakus, kilómetros y kilómetros en un sendero interminable que dejó millones de víctimas fatales.
El asesinato de Daigaku y Mitus Rituá, los valiosísimos vástagos de Dégmon, provocó que se diera la batalla más increíble de Mitriaria, en la cual Deimarus perdió su cuerpo.
El oráculo Arkadius tuvo la maravillosa idea de armar un refugio lejano para todos aquellos que ya no podían seguir viviendo a la expectativa de una nueva invasión.
Inició el proyecto que lo condujo a la creación definitiva de Arkadia, tierra distante que vería nacer en el futuro a los personajes más osados.
La fundación de la Fuerza Armada Real y el acompañamiento de nuevos aliados otorgó la posibilidad de que los grifos volviesen a salir a combatir en busca de venganza.
El día menos esperado, Dáikron se vio acorralado ante la amenaza inminente de un poderoso frente que no podía frenar por más que lo intentase.
La peor traición la ejecutó su aliado de confianza, un híbrido que él mismo había entrenado con el fin de que lo sirviera de por vida.
Como Cen-Dam nunca jugaba limpio, mandó a varios ejemplares salvajes a que hicieran escándalo en las costas de Mitriaria y Ashura, Bork se enteró de ello y se puso furioso.
Le escribió cartas a su hermano mayor y le pidió, de buena manera, que dejara de molestarlo.
A Dáikron había contactado con anterioridad para pedirle ayuda, la respuesta que recibió fue un NO rotundo acompañado de burlas y ofensas.
El rey de Xeón tampoco se interesó por darle un respiro, siguió adelante con el arrebatamiento de tierras ajenas, sobre todo en la costa norteña de donde obtenía valiosas joyas y tesoros naturales.
La Guerra de los Hermanos Trinitarios ocasionó que los dragones más influyentes del mundo se viesen sumergidos en un conflicto fraternal, territorial y espiritual.
Pelearse entre ellos los condujo a la perdición, tal y como debía de ocurrir.
El quinto y último hijo de Cen-Dam, Jenric, abandonó su hogar para irse a Ashura, donde conoció de cerca a su primo, Nait.
En poco tiempo, trabaría amistad con él y se convertiría en su compañero más querido.
Si bien a Bork no le agradaba mucho que digamos, lo tuvo que aceptar por el somero hecho de ser parte de la Familia Real.
La disputa que marcaría el fin del conflicto llegó con la intervención de los hipogrifos, bajo el mando del comandante Ukertarus, quien se encargó de hacer estragos en las tierras arrebatadas por el Ejército Blanco y sus secuaces.
Ante la posibilidad de perder, Bork tuvo la increíble idea de irse, dejar todo atrás con tal de salvarse el pellejo.
Para ello, recurrió a un dragón púrpura, Zander, que lo ayudó a tomar una decisión definitoria.
Convencido de que no quedaba más nada por hacer en Ashura, optó por abandonar el castillo de Árshia junto a su hijo y su sobrino.
La Trinidad de los Dragones se iba cayendo de a pedazos, convirtiéndose en una utopía inalcanzable, cual sueño comunista.
Nada ni nadie podía sacar las papas del fuego, el mundo perfecto alguna vez soñado por Draco se estaba desmantelando.
Dégmon y Vishne se mantenían incólumes a pesar de las amenazas, no sabían que muy pronto les llegaría su San Martín a ellos también.
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