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Kompendium - Capítulo 84

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  4. Capítulo 84 - 84 LXXXIV
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84: LXXXIV 84: LXXXIV Fue durante un día de invierno, época en donde la temperatura descendía mucho por las mañanas, que los mensajeros de Vishne (Gotsai, Akugare y Zatsu), dragones de piel oscura, se reunieron en Tranquetobia para reorganizar el itinerario.

Los esbirros de Dáikron los trataron bien y les ofrecieron sus más gratas riquezas.

Ellos eran conocidos por extorsionar a todos los de menor rango, por ser, justamente, mensajeros de un tirano cuyo poder abarcaba de una punta a la otra del mundo.

Vishne era temido incluso por los más valientes, sólo un desquiciado se atrevería a enfrentarlo.

Los tres dragones eran muy parecidos: tenían más o menos la misma estatura y cabellera bruna, sus túnicas eran del mismo gris opaco y el mismo material.

Lo único que los distinguía, a ojos vistas, era el color de ojos (valga la redundancia).

Gotsai tenía ojos lilas, Akugare ojos verdes y Zatsu ojos azules.

Sus voces sí eran distintas, el acento que tenían denotaba que provenían de Xeón.

Dichos mensajeros abandonaron Tranquetobia a los pocos días y se dirigieron a Korozina.

Un espía los había detectado y decidió seguirlos desde lejos.

Era un destacado arquero de Oprusia cuya misión era alertar a los demás sobre posibles amenazas.

Su nombre real era desconocido, lo llamaban Gracsen, que en Kérico antiguo significaba “gato veloz”.

Iba acompañado de un pegaso dorado de Suprasepia llamado Ipuki.

Las invasiones habían estado en estado de suspensión desde hacía algunos años (antanaclasis fortuita).

Las criaturas sabían que los dragones iban a seguir atacando y acaparando territorios ajenos.

Dáikron había pedido que, una vez tomadas las aldeas del Norte, próximas a Korozina, la invasión cesara.

El rey observó que, para poder apoderarse de las aldeas de Mitriaria, debía incrementar la cantidad de soldados.

Mientras más soldados tuviera, más fácil iba a ser tomar las aldeas restantes.

Las constantes visiones inconscientes que el rey de Korozina tenía comenzaban a inquietarle.

Había soñado, iterativas veces, con una criatura feroz que despedazaba a sus soldados y aniquilaba tropas enteras a flor de piel.

Esa criatura feroz era grande, robusta y portaba una extensa lanza ensangrentada.

Luego de haber visto perecer a los mejores guerreros de Velsefor a manos de Sishurus, pensó que lo mejor era preparar bien a los soldados, si no lo hacía, podía perderlos.

Trik, quien más adelante sería remplazado por Rino, recibió a los mensajeros en las afueras del castillo.

Los condujo hacia la última torre donde se encontraba el rey con el objetivo de que hablasen con él en persona.

Trik era de piel oscura y cabello marrón.

Era introvertido y casi nunca hablaba.

Era un mensajero eficiente que se mantenía alerta ante cualquier acontecimiento importante que merecía la debida atención.

Tenía algunos compañeros que le contaban todo lo que sucedía dentro y fuera del castillo.

Era etiquetado como el buey mudo, el Tomás de Aquino de Korozina, cuando en realidad era mucho más inteligente que otros minotauros de su calaña.

Los mensajeros habían estado viajando desde hacía meses de un continente a otro, para informar a los superiores sobre una cuestión externa, que podía traerles problemas si no la tenían en cuenta.

Varios oráculos pertenecientes a la Orden Real, tanto de Ashura como de Xeón, habían planificado una estratagema para burlar a los conquistadores.

Dégmon, que ya se había enterado de ello, decidió ser diplomático y actuar de manera discreta.

Respetaba a los oráculos, sólo no quería que se entrometieran en sus planes.

Se rumoreaba por ahí que el espíritu rebelde de Zenatske todavía seguía vigente entre los oráculos activos que iban y venían de tierra en tierra, cuyas ideas, en muchas ocasiones, resultaban nocivas para la Raza Destructora.

En cierto sentido, ningún oráculo era tan tonto como para cometer la idiotez de levantarse en armas contra los amos del mundo, aun así, había comentarios sobre una posible conspiración para deshacerse de Dégmon y de Vishne, sin contar a todos los esbirros, lacayos, pajes, criados, corchetes y verdugos que tenían a cargo.

Los oráculos que estaban en la mira, por el momento, eran cuatro: Gazure, Anugoi, Desacrois y Zaishureth.

Ellos eran los típicos rebeldes que arrojaban la piedra y escondían la mano, actuaban al compás de movimientos sombríos, entretejidos por circunspectos espías encubiertos.

El otro dilema era que tenían grifos e hipogrifos de aliados, cosa mucho muy grave.

Aparecieron algunos nárikos y bendijeron a los mensajeros, les otorgaron una muestra de lealtad y los condujeron hacia la parte interna de la torre, donde el rey esperaba, sentado en el trono.

Dos minotauros negros se apartaron de en medio y dejaron que los mensajeros se presentaran.

Una alfombra roja los sirvientes colocaron en el suelo, así los mensajeros podían arrodillarse y recibir al rey.

Rendir pleitesía siempre era un requisito obligatorio para los visitantes que se encontraban con Dáikron, no hacerlo les podía costar la vida.

Dáikron, quien estaba un poco cansado ese día, se puso de pie, exhaló de manera serena y dirigió el pesado cuerpo hacia adelante.

Se aproximó a los mensajeros y se quedó quieto para que lo bendijeran.

Se mantenía firme como una estatua y atento como un búho.

—¡Bendito sea el rey y próspero sea su reino!

Un mensaje importante del Altísimo hemos traído —declaró Gotsai, el más listo de todos, que estaba justo enfrente del rey, entre Akugare y Zatsu.

—Bien.

Escucho —respondió Dáikron.

—El Altísimo se ha reunido con el comandante Vakum para discutir sobre algunas cuestiones concernientes a la conquista de las nuevas tierras.

Lo ha citado a usted, su majestad, para que lo acompañe en una de las honorables asambleas en Frissonk.

Su Eminencia y los patriarcas Belsemuth y Velsefor estarán presentes.

Ansían mucho verlo —le contó y se lo quedó mirando, a la espera de una respuesta.

—La Purificación de Razas Imperfectas es un tema importante que no puedo pasar por alto —adicionó y se quedó pensando un momento mientras le daba vueltas al asunto en su mente—.

Será un honor para mí asistir a esa asamblea.

Quiero hacerle algunas preguntas a Vishne respecto a sus planes.

—Disculpe mi atrevimiento, su majestad, pero quisiera saber si no le molesta que lo acompañemos hasta la frontera.

Un compañero nos espera y queremos darles nuestras gratas noticias antes de que parta hacia Xeón —le comunicó, con un poco de inseguridad en sus palabras.

Dáikron cayó en la cuenta, al instante, de que esa última oración ocultaba algo más que una simple petición de honor.

Los minotauros le hicieron una seña que él negó con la cabeza, estuvieron a punto de desenvainar las espadas y hacer rodar cabezas como mejor sabían hacer.

Fue bastante irrespetuosa la última parte, no obstante, la inmensa paciencia del rey no se vio afectada.

—Estimados mensajeros, no hay de qué temer —aseguró Dáikron con toda la franqueza que podía expeler por la boca—.

El Norte de Mitriaria es seguro.

Recuerden que este continente está bajo mi control.

Si no se sienten seguros, puedo decirles a mis sirvientes que los acompañen.

Pero yo jamás realizaría un viaje con ustedes, no sólo por el simple hecho de que, como se sabe, un rey no viaja con criaturas de clase inferior, ya que pondría en vergüenza mi honor.

¿Qué pensarían los demás si se enteraran de eso?

—Alguien nos ha estado siguiendo —susurró Zatsu, temblando de miedo porque pensaba que lo iban a ejecutar por hablar sin permiso.

Gotsai se sintió como un completo idiota.

Zatsu lo había puesto en vergüenza frente a una autoridad superior.

Con eso ya lo había delatado.

Lo que Dáikron decidiese hacer a continuación podía costarles la vida a los tres.

Era un momento de alta, altísima tensión entre los presentes.

Las palabras del dragón negro de poderío inimaginable eran lo que daría el visto bueno o el visto malo.

—Ya veo.

Aprecio su sinceridad, mensajero —suspiró—.

No lo ejecutaré esta vez.

Pero no quiero volver a ver su inmunda cara nunca más.

Llamaré a mis arqueros para que los lleven hasta la frontera —expuso con cierto disgusto y mandó llamar a uno de los sirvientes a afectos de que preparara un grupo de escoltas.

Antes de marcharse, un minotauro de piel oscura, que se encargaba de entrenar a las tropas, apareció de improviso y dio aviso de algo importante.

El soldado Deyevoh, quien en ese momento era un adulto maduro, había demostrado ser una máquina de matar.

Lo habían sometido a un riguroso entrenamiento en la zona Sur de Lesentia.

Tras haber derrotado a un grupo de osos salvajes, llevó a cabo una cruenta escena de decapitación y mutilación de esclavos que impresionó al público.

Se ganó el respeto y la admiración de los generales, aunque todavía debían seguir con el entrenamiento algunos meses más.

Al enterarse del buen rendimiento del híbrido, Dáikron se puso contento.

Felicitó al general por el buen trabajo que había hecho.

Le dijo que necesitaba la mayor cantidad de soldados para poder seguir adelante con la conquista.

Argredia y Rantasia iban a ser las siguientes aldeas en ser conquistadas.

A fin de que los tres mensajeros viajaran más seguros, el rey les ofreció el servicio respaldatorio de cuatro centauros bien entrenados.

Les cobró una pequeña suma de dinero por ello y dejó que se fueran tranquilos.

Aplicó la lógica del ladrón que roba ladrón… Trik acudió al llamado del rey y se presentó ante él en cuestión de segundos.

Como era un siervo de confianza, Dáikron le dio permiso para quedarse a cargo del castillo mientras él iba a visitar a sus congéneres en Xeón.

Ese mismo día, antes de la puesta de sol, Dáikron inició el viaje hacia el continente de los dragones rojos.

Estaba ansioso por encontrarse de nuevo con Vishne y con Dégmon, ver qué podía sacar de provecho durante la asamblea.

El rey de Korozina se había ganado el respeto y la admiración de muchos de sus allegados.

Dégmon, quien ponía a sus hijos a prueba desde una temprana edad, le había prometido que iba a otorgarle a uno de sus hijos para que formara parte de sus legiones.

Más adelante, ese privilegiado puesto le sería otorgado a Dimus.

Los tres mensajeros partieron antes de que empezara a oscurecer.

Los centauros iban varios metros detrás de ellos, se cercioraban de que ningún extraño los atacara por sorpresa.

Tomaron un camino más corto al cruzar por la zona montañosa de Trongladia.

Gracsen los había visto salir de Korozina y decidió seguirlos desde lejos.

No pretendía atacarlos, sólo ver qué planeaban hacer.

Supuso que estaban armando un plan para asaltar Oprusia.

Las invasiones seguían un orden territorial y no faltaba mucho tiempo para que la conflagración continuara.

Un buen par de días los mensajeros tuvieron que andar hasta llegar a la zona fronteriza de Tutranclesia.

Gracsen no se despegó de ellos, ni un día, y los siguió hasta la frontera.

La ropa que llevaba puesta le servía como camuflaje.

Nadie podía notarlo, se mimetizaba con el entorno.

Vakken los encontró cerca de la orilla.

Había una embarcación peculiar, no muy grande, en donde habían guardado una gran cantidad de oro y objetos valiosos.

Dos minotauros de piel rojiza lo acompañaban.

Más atrás, se encontraba Yatsuki, quien en ese momento aún no contaba con el título honorable de hechicero supremo.

Aquel dragón era alguien cercano a Vishne.

Yatsuki era un habilidoso luchador, originario de Dankeler, una aldea que quedaba en el Norte de Ashura.

Su piel era blanca como la nieve, tenía dos cortos cuernos celestes que se doblaban hacia atrás, ojos azules, cabello grisáceo, alas de gran tamaño, aros dorados en las orejas, un amuleto brillante en el cuello, brazaletes plateados y un valioso báculo blanco.

Era respetado incluso por los de clase superior por ser asaz ágil manejando técnicas peligrosas.

Era practicante de la nigromancia y sabía cómo hacer para manipular a los débiles.

Antes de que abandonaran el continente, una horda de lémures justicieros entró en acción.

Llevaban máscaras emplumadas, y junto a un numeroso grupo de mapaches encubiertos, asaetearon a los foráneos sin previa advertencia.

Gracsen había dado el pitazo para iniciar la emboscada.

Vakken gritó enfadado y se hizo a un lado.

Corrió a mil por hora hasta llegar a la balsa.

Una flecha se le clavó en el muslo y cayó al suelo.

Yatsuki lo ayudó a ponerse de pie antes de que lo bañaran con flechas.

Akugare y Zatsu no tuvieron tanta suerte, fueron asesinados a flechazos.

Al verlos caer, Gotsai se enfadó y quiso enfrentar a los enemigos.

Yatsuki se interpuso y no permitió que se arriesgara.

Acto seguido, creó un poderoso campo de fuerza con el que mantuvo a salvo a los demás.

Los minotauros que habían quedado en la balsa fueron interceptados por dos grifos de clase Alfha cuyos nombres nunca se hicieron públicos.

Despedazaron a los minotauros con espadas y destruyeron la balsa, evitando así que los dragones escaparan.

Yatsuki lanzó un fuerte silbido.

A los pocos segundos, un rifonte apareció y los rescató.

Se subieron a él y viajaron por vía aérea, método útil para evadir los flechazos.

Antes de irse, el hechicero les dio su saludo a los atacantes y les lanzó un poderoso rayo violeta que acabó haciendo añicos a los lémures que estaban sobre el malecón de la costa.

Los grifos llevaron a los mapaches de regreso a Raicuselsia.

Gracsen, junto con Ipuki, retornó a Oprusia y dio el soplo a los demás de todo lo acaecido.

El mensaje tenía que llegar a todo el continente.

Sabían que Dáikron iba a responder al ataque, aunque no se habían enterado de que él había abandonado Korozina por unos cuantos días.

En Klevisemia y en Fialconia, habían estado dos oráculos de Ashura, quienes, bajo la orden de Desacrois, uno de los más poderosos y respetados, dieron aviso de la estratagema de sabotaje para lidiar con los insistentes problemas que les generaban los dragones.

Uno de los oráculos que siempre se metía en todas partes era Ferboc.

Era uno de los pocos que recorría las aldeas de Xeón en busca de información.

Así fue como los datos comenzaron a filtrarse a todas partes.

La Raza Destructora no podía permitir que echaran a perder sus planes.

Por esa razón, decidieron reunirse de nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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