KONMETSU - Capítulo 10
- Inicio
- Todas las novelas
- KONMETSU
- Capítulo 10 - 10 KONMETSU-CAPÍTULO 10 EL INCIDENTE PARTE 1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
10: KONMETSU-CAPÍTULO: 10 EL INCIDENTE PARTE 1 10: KONMETSU-CAPÍTULO: 10 EL INCIDENTE PARTE 1 Seiji estaba sentado en la misma mesa de siempre.
La comida estaba humeante frente a él.
El local olía a caldo fuerte y aceite caliente, pero había algo relajante en esa rutina.
De pronto, la puerta se abrió y Hina entró.
Su cabello caía suavemente sobre sus hombros, y sus ojos brillaban con un destello amigable.
Hina: «Aquí tienes… no quiero que se enfríe.» Dejó la bandeja frente a él y, sin dudarlo, se sentó en la mesa.
Seiji: «Gracias… Hina me moría de hambre.» Hina estaba nerviosa pero un así hablo con Seiji.
Hina: «Oye, ¿tú crees que dos personas pueden verse lindas juntas sin planearlo?…» Seiji frunció el ceño.
Seiji: «Sí, pasa mucho.
Como cuando dos personas compran la misma camisa.» Hina soltó una risita suave, casi musical.
Hina: «Ajá… yo pensaba en nosotros.» Hina puso sus manos sobre la mesa.
Hina: «Oye, si yo desapareciera mañana, ¿me extrañarías?» Seiji: «Claro, perdería a una amiga muy importante para mí.» Hina: «No me refería a eso…».
Seiji: «Ah, ¿te irías muy lejos?».
Luego de unos minutos Hina tomo algo de valor.
Hina: «Oye… hay algo que quería decirte desde hace mucho tiempo.» Seiji: «Claro puedes decírmelo que quieras, para que están los amigos.» Las manos de Hina temblaban de los nervios.
Seiji se percató de eso.
Seiji: «¿Ah Hina, te sientes bien?» Hina tenia demasiados pensamientos por la cabeza.
Hasta que tomó el coraje suficiente.
Y hablo.
Hina: «… yo quería decir que… hace mucho tiempo, que tu me…» En ese momento, la puerta del local se abrió de golpe.
Tetsuya y Kiyomi entraron, caminando directo hacia ellos.
Tetsuya: «Seiji, debemos irnos ahora.» Seiji: «¿Irnos?
¿Ahora?» Kiyomi: «Sí, tenemos algo urgente que hacer.» Hina miró a Seiji con una mirada claramente de tristeza.
Hina: «Bueno…
parece que tienes cosas importantes que hacer.» Seiji suspiró y se levantó, tomando su chaqueta.
Seiji: «Está bien… nos vemos luego Hina.» Cuando salieron del local tomaron un vehículo que estaba afuera esperando por ellos.
En el vehículo Seiji preguntó cual era la misión.
Kiyomi: «Es una misión, en una correccional parece que ha habido actividad demoníaca.
Y no hay tiempo que perder.» Seiji asintió, aún procesando la conversación con Hina y pensando que era lo que le iba a decir.
En el vehículo asignado para la misión los tres estaban preparándose.
Después de unas horas habían llegado a la correccional.
El ambiente se sentía extraño.
Tetsuya: «La Correccional Juvenil de Fuchū, Tokio.» Seiji: «…Oigan, soy el único que siente una sensación completamente extraña del lugar.» Seiji: «¿Que paso exactamente en el lugar?» Kiyomi: «Hace 72 horas se perdió contacto con un pabellón completo.
Ocho internos juveniles quedaron atrapados durante una evacuación.» Tetsuya: «Creemos que hay demonios en la correccional.
Así nuestro objetivo es el siguiente exterminar a los demonios y rescatar a los jóvenes…
si aun estan con vida.» Una vez explicado lo siguiente los tres avanzaron.
La entrada a la correccional juvenil se alzaba ante ellos como una boca sellada a la fuerza.
Un portón de hierro ennegrecido por el óxido permanecía entreabierto, torcido, como si alguien lo hubiera empujado sin preocuparse por volver a cerrarlo.
El letrero oficial colgaba inclinado, con las letras desgastadas por el tiempo; el lugar parecía abandonado desde hacía años, y solo había pasado 72 horas.
Tetsuya: «Debería haber rastros alguno … pero no hay nada.» Tetsuya se agachó junto al suelo, pasando los dedos por una grieta del concreto.
No había polvo removido, ni señales recientes.
Tetsuya: «Ni pasos, ni arrastres, ni energía residual.» Kiyomi: «Si hubo demonios aquí, es obvio que no dejaron absolutamente nada.» Avanzaron hacia el vestíbulo.
Las puertas dobles de metal se abrieron con un chirrido seco que resonó demasiado fuerte en el silencio.
Dentro, el lugar estaba ordenado de forma inquietante: escritorios alineados, sillas en su sitio, papeles perfectamente acomodados.
No había señales de evacuación, ni de pánico.
Seiji recorrió el lugar con la mirada asombrado de que todo estuviera tan bien organizado.
Kiyomi: «Es como si nunca hubieran pasado nada todo esta muy… normal.» Tetsuya: «Si, Kiyomi tiene razón los jóvenes no están… y los demonios no aparecen.
Todo esto es muy extraño.» Tetsuya cerró los ojos un momento, concentrándose, pero luego negó con la cabeza.
Tetsuya: «Algo está mal aquí.» Kiyomi: «Sea lo que sea que pasó aquí… debemos investigar a profundidad.» Avanzaron más adentro de la correccional, recorriendo pasillos largos y estrechos donde las luces parpadeaban débilmente.
Cada puerta que abrían mostraba la misma escena inquietante: dormitorios ordenados, camas intactas, casilleros cerrados.
No había ropa tirada, ni señales de pelea, ni rastros de huida.
Es como si lo de la “evacuación” nunca hubiera pasado.
Seiji empujó la puerta del comedor.
Las mesas estaban alineadas, las bandejas limpias, sin un solo indicio de uso reciente.
Seiji: «Esto es muy extraño.» Seiji: «Ni un plato fuera de lugar.» Tetsuya caminaba detrás, observando las paredes y el techo.
Tetsuya: «Demasiado perfecto.
Cuando algo borra el caos… es porque no quiere ser visto.» Kiyomi sintió que el silencio se hacía más pesado a cada paso.
Al fondo del edificio, una puerta metálica llevaba al área de talleres y castigo.
Al abrirla, el aire cambió de golpe: era más frío, más denso.
Dieron unos pasos… y entonces los vieron.
Tres cuerpos yacían al final de la sala, irreconocibles, aplastados contra el suelo y las paredes, como si una fuerza descomunal los hubiera reducido sin esfuerzo.
No había señales de lucha; todo había ocurrido en un instante.
Brutal y definitivo.
Kiyomi llevó una mano a su boca, conteniendo sus náuseas.
Kiyomi: «Dios… que paso aquí.» Seiji apretó los dientes, con la mirada fija en la escena.
Tetsuya: «Al parecer los trituraron.» Tetsuya se arrodilló a cierta distancia, sin tocar nada.
Su expresión era sombría.
Tetsuya: «Y aun así… No hay rastro demoníaco claro.
Ni energía desbordada.
Solo… fuerza.
De verdad algo no está bien aquí.» El silencio volvió a caer sobre ellos, más pesado que antes.
Tres cuerpos estaban allí, pero aún quedaban cinco jóvenes desaparecidos.
Siguieron avanzando, internándose cada vez más en la correccional.
Los pasillos se volvían más estrechos, las paredes más manchadas por la humedad del lugar.
A cada paso, el aire parecía espesarse, como si costara más respirar cuanto más lejos de adentraban.
Abrieron otra puerta.
Esta vez no fue silencio lo que los recibió.
Un cuerpo yacía retorcido junto a las literas, con las extremidades dobladas en ángulos imposibles, como si hubiera sido arrojado con violencia contra la litera.
El rostro estaba congelado en una expresión de terror absoluto.
Kiyomi dio un paso atrás, con el estómago revuelto.
Kiyomi: «Esto… ya no es casualidad.» Más adelante, en una sala de recreación, encontraron otro.
El cuerpo estaba incrustado parcialmente en la pared, como si algo lo hubiera estrellado una y otra vez hasta dejarlo irreconocible El olor metálico y rancio de la sangre coagulada impregnaba el lugar.
Cuanto más avanzaban, peor se volvía.
En los baños, en los pasillos secundarios, en las escaleras de emergencia.
Cuerpos de los jóvenes aparecían uno tras otro, destrozados de formas distintas pero igual de inhumanas.
No había un patrón claro, solo brutalidad sin sentido, como si algo hubiera estado probando su fuerza.
Kiyomi: «Eran ocho no pues Ya casi están todos.» De pronto, Tetsuya se detuvo en seco.
Su expresión cambió por completo.
Cerró los ojos.
Tetsuya abrió los ojos lentamente, con el rostro serio.
Tetsuya: «Energía demoníaca.» Kiyomi: «Bien busquemos y exterminémoslo.» El silencio que siguió fue distinto.
Ya no era vacío.
Era presencia.
Y todos lo sabían: cuanto más avanzaban, más cerca estarían de aquello que había convertido la correccional en un matadero sin testigos.
Después de bajar Llegaronpor unas escaleras llegaron a la zona más profunda de la correccional, un sector aislado que no figuraba en los planos: una antigua área de contención, amplia y circular, con el techo alto y las paredes marcadas por símbolos desgastados.
El aire allí era distinto, pesado, cargado de una presión que hacía zumbar los oídos.
Los tres se detuvieron al mismo tiempo.
En el centro del lugar había una figura de pie.
Era un demonio de forma humanoide, de piel completamente blanca, lisa y antinatural, como si nunca hubiera conocido la luz del sol.
Su cuerpo era alto y delgado, inmóvil, pero transmitía una sensación de dominio absoluto del espacio.
Donde debería estar su cabeza… había algo que heló la sangre de los tres: el rostro de uno de los jóvenes desaparecidos, vacío, sin vida, usado como si fuera una máscara.
Era un demonio.
De forma humanoide, de piel completamente blanca, lisa y antinatural, como si nunca hubiera conocido la luz del sol.
Su cuerpo era alto y delgado, inmóvil, pero transmitía una sensación de dominio absoluto del espacio.
Donde debería estar sus ojos no había nada.
No había ojos ni nariz y boca era liza.
Tetsuya, con la piel erizada, podía sentir la energía demoníaca con claridad ahora.
Ya no estaba dispersa.
Estaba concentrada ahí, observándolos.
Tetsuya: «asi que este… es el origen.» El demonio inclinó lentamente la cabeza, como si los examinara uno por uno.
Una sonrisa torcida se dibujó en el estómago.
Demonio: «Vaya, por fiiiin llegan… no saben qué tan aburrido estaba… pero ahora están aquí.
Y eso es lo que cuenta ohh no.» El silencio que siguió fue absoluto.
Los tres comprendieron, sin necesidad de decirlo, que ese era el final de su busqueda.
Y era el comienzo de su enfrentamiento contra ese demonio.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com