KONMETSU - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 KONMETSU-CAPÍTULO 15 UN DÍA TRANQUILO
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15: KONMETSU-CAPÍTULO 15: UN DÍA TRANQUILO 15: KONMETSU-CAPÍTULO 15: UN DÍA TRANQUILO KIOTO .
El cielo estaba despejado el sol dando luz las calles de kioto tranquilas y pacíficas.
Seiji caminaba con las manos en los bolsillos, mirando todo como un turista emocionado.
Tetsuya iba detrás, serio, con esa cara permanente de “la vida me debe dinero”.
Kiyomi caminaba hacia adelante, claramente emocionada aunque intentara parecer normal.
Estar en kioto era una oportunidad que ella no iba a dejar pasar y nada iba ah dañar su gran día.
Kiyomi: «No todos los días tenemos descanso, así que no arruinen esto siendo raros.» Tetsuya: «Debo recordarte que esto no son unas vacaciones ¿verdad?.» Seiji: «Bueno vacaciones o no hay que disfrutar el día ¿Qué es lo primero que se hace en Kioto?» Kiyomi al escuchar eso se le vinieron varias cosas a la mente.
EL MERCADO NISHIKI El Mercado Nishiki los recibió con un pasillo largo y estrecho lleno de luces, carteles coloridos y un murmullo constante de gente.
El aire estaba cargado de olores intensos: pescado fresco, especias dulces, comida frita y té recién hecho.
Para Kiyomi, fue como entrar en un paraíso.
Apenas dieron unos pasos, ella ya estaba mirando de un lado a otro.
Kiyomi: «Esto sí es Kioto.
Mira todo eso, puestos por todos lados, comida rara, souvenirs… al fin algo interesante.» Seiji caminaba con más calma, observando los detalles: la madera antigua de algunos locales, los vendedores hablando con clientes habituales, y la forma en que lo tradicional y lo moderno convivían sin chocar.
Seiji: «Este mercado no es solo turístico.
Muchos locales llevan generaciones aquí.
Es como un archivo vivo de la ciudad de verdad que es asombroso.» Kiyomi no tardó en comprar brochetas, dulces y bebidas, obligando a Seiji a probar casi todo.
Se sentaron un momento a comer mientras observaban a la gente pasar, turistas mezclados con locales.
Tetsuya, en cambio, se mantenía unos pasos atrás, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
Tetsuya: «Hay demasiada gente.
Demasiado ruido.
Y demasiadas distracciones.
Recuerden que no esto no son vacaciones.» Kiyomi le respondió sin mirarlo.
Kiyomi: «Relájate un poco.
Nada va ah pasar no van a aparecer demonios ni anomalías esta bien así que solo déjate llevar por la tranquilidad.» Tetsuya suspir con molestia, pero aun as se qued vigilando, atento a cualquier movimiento extrao, sin disfrutar absolutamente nada del lugar.
El lugar estaba lleno de puestos, olores dulces y salados mezclados en el aire.
Seiji miró todo con una cara de asombro.
Seiji: «Vaya este lugar es increíble ¿Eso qué es eso?» Kiyomi: «Dango.» Seiji: «¿Y eso?» Kiyomi: «Matcha.» Seiji: «¿Y eso?» Tetsuya ya irritó agarro y le metió un takoyaki en la boca.
Tetsuya: «Eso es un cállate.» Seiji masticó.
Seiji: «Está caliente— ¡QUEMA!» Kiyomi se rió.
Kiyomi: «Seiji de verdad que pareces un niño pequeño.» CAMINO AL FUSHIMI INARI El ambiente cambió por completo al alejarse del centro.
El camino hacia Fushimi Inari se volvió más tranquilo, rodeado de árboles y pequeñas calles en pendiente.
Al llegar al inicio del santuario, los torii rojos se alzaban uno tras otro, formando un corredor infinito que parecía perderse en la montaña.
Seiji se detuvo un momento antes de entrar.
Seiji: «En este lugar… la energía se siente muy distinta.
Es muy relajante.» Kiyomi caminaba delante de ellos, pasando la mano por uno de los torii mientras avanzaba.
Kiyomi: «Me gusta.
Es bonito, y al menos no hay tanto ruido como en el mercado.» Subieron lentamente, atravesando los caminos de escaleras.
Seiji tomó fotos mentales de cada detalle, fijándose en las inscripciones de los torii y en las pequeñas estatuas de zorros que observaban en silencio.
Tetsuya no dejó de quejarse en todo el trayecto.
Tetsuya: «Oigan debo recordar que una persona conocida como “el” puede estar vigilandonos este camino es perfecto.» Seiji: «Siempre estás pensando en lo peor, vamos Tetsuya solo despeja tú mente.» Hicieron una pausa para descansar.
Kiyomi se sentó en un escalón, estirando las piernas.
Kiyomi: «Admito que subir cansa… pero vale la pena.» Tetsuya no se sentó.
Permaneció de pie, mirando hacia todos.
Tetsuya: «No me gusta este lugar siento que nos están observando.» Subían las escaleras rodeadas de torii rojos infinitos.
El ambiente era tranquilo.
Viento suave.
Hojas moviéndose.
Seiji: «Esto… es realmente bonito no creen chicos.» Tetsuya lo miró de reojo.
Tetsuya: «No te acostumbres.
Mucho quieres… recuerda que tenemos una misión.» Kiyomi giró mirando a Tetsuya con clara molestia en sus.
Kiyomi: «¿Puedes dejar de sonar como viejo amargado por cinco minutos?
Y disfrutar este momento quieres Tetsuya.» Tetsuya se encogió de hombros.
Tetsuya: «Solo intento proteger mi reputación.» Seiji sonrió levemente.
RÍO KAMOGAWA Al final del día, llegaron al río Kamogawa.
El sol comenzaba a ponerse y el cielo se teñía de tonos anaranjados y rosados.
El río fluía tranquilo, reflejando la luz del atardecer, mientras varias personas caminaban, se sentaban en la orilla o andaban en bicicleta.
Kiyomi se quitó los zapatos y se acercó al borde del agua.
Kiyomi: «Este lugar es perfecto.
Es tan tranquilo y muy bonito… podríamos quedarnos aquí horas.
No creen chicos.» Seiji se sentó sobre el césped, observando el paisaje con una expresión más relajada.
Seiji: «Es interesante cómo Kioto puede ser tan caótico y tan calmado al mismo tiempo.
Lugares como este hacen que todo tenga sentido.» Compraron bebidas de una máquina cercana y se quedaron hablando de cosas simples: la ciudad, el día, lo que habían visto.
Por un momento, todo parecía normal.
Tetsuya, sentado aparte, bebía en silencio, claramente de mal humor.
Tetsuya: «No deberíamos relajarnos tanto», murmuró.
«Este viaje no es un paseo.
Cada minuto que perdemos puede ser una ventaja para “él”.» Kiyomi lo miró de reojo.
«De verdad, Tetsuya, eres incapaz de disfrutar algo este lugar es tan relajante ¿y tú no puedes disfrutarlo?» Él no respondió.
Solo desvió la mirada hacia el río, seria, como si incluso en ese paisaje tranquilo esperara que algo saliera mal.
Mientras el sol se ocultaba por completo, Kioto seguía viva a su alrededor… y aunque el día había estado lleno de movimiento, para Tetsuya no había sido más que una larga molestia de principio a fin.
Todos estaban tranquilos “menos Tetsuya” el sonido del río era tan relajante.
Kiyomi: «Ojalá esto nos pasará más a menudo no estas de acuerdo con migo Seiji.» Seiji: «Si estoy de acuerdo con Tigo.» Huno un silencio.
Tetsuya no dijo nada.
Pero no se burló.
El viento movió el cabello de los tres.
Un día sencillo.
Uno que no intentó matarlos.
Y por eso… Valió más que cualquier victoria.
DEVUELTA AL HOTEL.
La noche ya había caído por completo cuando los tres emprendieron el camino de regreso al hotel.
Las calles de Kioto estaban llenas de vida: luces de tiendas, conversaciones superpuestas, pasos apresurados y grupos de turistas moviéndose en todas direcciones.
El cansancio del día comenzaba a sentirse, pero la ciudad no daba tregua.
Los tres avanzaban juntos entre la multitud cuando, en un cruce particularmente lleno, de un grupo de personas se interpuso entre ellos.
Kiyomi vio a Seiji y le dijo que se quedaría cerca para que no se pierda por toda esta multitud.
Pero ya era tarde.
En cuestión de segundos, el flujo de gente los separará.
Seiji intentó avanzar, luego retroceder, pero cada movimiento lo empujaba más lejos.
Cuando por fin logró detenerse, ya no vio ni a Tetsuya ni a Kiyomi.
Se quedó quieto, respirando hondo, tratando de ubicarse.
Las luces parecían todas iguales, las voces se mezclaban, y por primera vez en todo el día sintió una ligera incomodidad.
Seiji: «Genial… me separaré.» Miró a su alrededor buscando algún punto reconocible, cuando de pronto sintió una mano firme posarse sobre su hombro.
Se giró de inmediato.
Frente a él había un hombre alto, vestido con una vestimenta similar a la de un monje tradicional.
Su cabello era largo, liso, de un negro apagado que caía por su espalda.
Su rostro era sereno, pero sus ojos tenían algo inquietante, como si observaran más de lo que deberían.
Desconocido: «¿Estás perdido?» preguntó con voz calmada.
Seiji frunció ligeramente el ceño y dio un paso atrás.
Seiji: «No yo Solo…
me separaré un momento de mis compañeros.
Ya los encontraré.
Pero gracias por preguntar.» El hombre no retiró la mano de inmediato.
Sonrió apenas, como si la respuesta no le sorprendiera.
Desconocido: «Eso dicen todos.
Verás, Kioto es un lugar donde uno puede perderse incluso sin darse cuenta.» Seiji sintió un leve escalofrío, aunque no supo explicar por qué.
Seiji: «De verdad, estoy bien.
Gracias.» El monje inclinó un poco la cabeza, acercándose apenas lo suficiente para que su voz bajara de tono.
Desconocido: «No importa.
Igual te encontraré muy pronto.» Seiji parpadeó, confundido.
Desconocido: «¿Encontrarme?
¿A qué se refiere?» Pero el hombre ya se estaba alejando, perdiéndose entre la gente con una naturalidad inquietante, como si la multitud se abrió solo para él.
Seiji giró sobre sí mismo, buscándolo con la mirada.
Pero no lo vio.
Ni el cabello gris, ni la túnica, ni su presencia.
Nada.
Fue entonces cuando escuchó voces conocidas.
Desde unos metros más atrás estaba Kiyomi.
Kiyomi: «¡Seiji!
.
¿Qué haces parado ahí?» Tetsuya llegó a su lado de inmediato, observándolo con atención.
Tetsuya: «¿Estás bien?
Te perdimos entre la gente.» Seiji tardó un segundo en responder, aún mirando a su alrededor.
Seiji: «Sí… estoy bien.
Solo que…
apareció un hombre extraño.» Kiyomi arqueó una ceja.
Kiyomi: «¿Un hombre extraño?» Seiji: «Sí.
Vestía como un monje.
Tenía el cabello largo, negro.
Me habló… y dijo cosas raras.» Tetsuya se tensó al instante.
Tetsuya: «¿Qué tipo de cosas?» Seiji negó lentamente con la cabeza.
Seiji: «Me preguntó si estaba perdido.
Luego dijo que me iba a encontrar muy pronto.
Y siendo sincero no entendí a qué se refería… y cuando quise mirarlo otra vez, ya no estaba.» Tetsuya recorrió el lugar con la mirada, seria, como buscando algún rastro de ese “monje”.
Tetsuya: «¿Estás seguro?» Seiji: «Sí.
Desapareció.
Literalmente.» Kiyomi cruzó los brazos, incómoda.
Kiyomi: «Genial… justo lo que nos faltaba.» Tetsuya no dijo nada más.
Solo hizo un gesto con las manos.
(Vámonos al hotel.
Ahora.) Sin discutir, los tres retomaron el camino, esta vez manteniéndose mucho más cerca unos de otros.
Las luces de Kioto seguían brillando como si nada hubiera pasado, la gente seguía caminando, riendo, viviendo su noche tranquilamente.
En lo más alto de un edificio con luces LED de colores rojos y azules de neón estaba ese “Monje” mirando a los tres chicos mientras se iban.
Y detrás de él estaba Renma.
Renma: «Por que no lo atrapaste… lo tenías.» Monje: «Nah aún no es el momento.
Seiji Shirabe aún no está listo… pero muy pronto lo estará.
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