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KONMETSU - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 KONMETSU-CAPÍTULO 16 “EL”
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16: KONMETSU-CAPÍTULO 16: “EL” 16: KONMETSU-CAPÍTULO 16: “EL” Una chica corría sin mirar atrás, con los pasos resonando contra el suelo húmedo del callejón.

El aire frío le quemaba los pulmones y cada respiración salía entrecortada.

Las luces de neón parpadeaban arriba, proyectando sombras largas que parecían moverse con ella.

Chica: «¡Ayuda!

¡Por favor, alguien ayúdeme!» Su voz rebotó contra las paredes estrechas, pero no obtuvo respuesta.

El callejón parecía interminable, torcido, como si la ciudad misma quisiera perderla.

Tropezó con una bolsa de basura, casi cayendo pero antes de caerse se apoyó en la pared para no desplomarse.

Chica: «No… no puedo parar…» Escuchó pasos detrás de ella.

No necesitó mirar para saber que no estaba sola.

Chica: «¡Déjame en paz!» gritó, con la voz quebrada.

Aceleró el paso, las lágrimas nublándole la vista.

Al final del callejón creyó ver una salida, una calle más amplia, gente… esperanza.

Chica: «¡Ayuda!

¡Estoy aquí!

¡Por favor!» Pero una puerta de alambres se interponía.

Desesperada corrió hacia otro lado.

Corrió y corrío.

Hasta que encontré una puerta.

Golpeó la puerta gritando pero estaba cerrada.

Chica: «¡Abra a alguien, por favor!

¡No quiero morir!» Pasos se acercaban.

Su corazón latía tan fuerte que le dolía el pecho.

Giró en una esquina y casi chocó con una pared sin salida.

Se quedó paralizada un segundo, mirando a su alrededor, buscando cualquier escape.

Chica: «No… no… esto no…» La chica corría.

Zapatos golpeando el pavimento mojado.

Respiración rota.

Lágrimas mezcladas con sudor.

Chica: «¡A–ayuda…!

¡Por favor!» Los callejones de Kioto no respondieron.

Solo luces débiles, cables colgando y basura moviéndose con el viento.

Giró una esquina.

Otra cosa.

Otra cosa.

Error.

Un callejón sin salida.

Se giró temblando.

Chica: «No… no… no…» No había nadie frente a ella.

Pero arriba… Algo se movía.

Dos manos largas, grises, deformes, descendieron desde la oscuridad como patas de araña.

Chica: «No por favor Dios no quiero morir no qui—» El sonido fue seco.

El cuerpo cayó.

La cabeza…

no.

La sangre se expandió por todo el suelo.

Y con esa misma sangre, algo escribió torpemente en la pared: “YO LOS OBLIGUÉ.” TIENDA DE DULCES, KIOTO La tienda de dulces era pequeña pero rebosaba color.

Frascos de vidrio llenos de caramelos brillantes cubrían las paredes, cajas de madera exhibían dulces tradicionales y el aire estaba impregnado de un aroma dulce y cálido que hacía imposible no sonreír.

Las campanillas sonaron suavemente cuando los tres entraron.

Seiji caminó despacio entre los estantes, con una expresión tranquila pero curiosa.

Se inclinó para observar unos dulces envueltos en papel artesanal, leyendo las etiquetas con atención.

Seiji: «Estos parecen wagashi antiguos… mira los colores, no son solo para verse bonitos, cada uno representa una estación» Comentó con interés.

Tomó uno con cuidado y lo giró entre sus dedos.

Seiji: «Es curioso cómo algo tan simple como un dulce puede tener tanta historia detrás.» Kiyomi, en cambio, estaba completamente en su elemento.

Se movía de un lado a otro con los ojos brillando, señalando frascos y vitrinas.

Kiyomi: «¡Mira esto, Seiji!

¡Estos tienen forma de flores!» Luego se giró hacia otro estante sin esperar respuesta.

Kiyomi «¿Y estos?

¡Son demasiado lindos para comerlos… aunque claramente me los voy a comer igual!» Se acercó al mostrador, apoyándose con entusiasmo.

Kiyomi: «Voy a llevar varios.

No pienso elegir solo uno.» Mientras tanto, Tetsuya estaba unos pasos atrás, cerca de la entrada, con los brazos cruzados y una expresión claramente irritada.

No miraba los dulces, sino a la gente que entraba y salía, atento a todo menos a la tienda.

Tetsuya: «No entiendo cómo pueden perder el tiempo aquí.» murmuró.

Tetsuya: «Es solo azúcar.

Además, este lugar está cerrado y concurrido.» Kiyomi lo miró por encima del hombro.

Kiyomi: «Eres incapaz de disfrutar la vida, ¿lo sabías?» Tetsuya no respondió.

Solo desvió la mirada hacia la calle, seria, como si incluso rodeada de colores y dulzura, siguiera esperando que algo saliera mal.

Seiji suena levemente al ver la escena, sosteniendo aún el dulce.

Seiji miró los estantes pensando en qué dulce elegir.

Seiji: «¿Por qué hay dulces con forma de frijol triste?» Kiyomi: «No lo se realmente pero elije rápido.» Tetsuya no hablaba.

Solo miraba la calle.

Su teléfono empezó a vibrar.

El sonido del teléfono de Tetsuya rompió la dulce atmósfera de la tienda.

La vibración fue corta, insistente.

Él reaccionó de inmediato, sacando el móvil casi por reflejo y apartándose unos pasos, con el ceño ya fruncido.

Tetsuya: «¿Itsuki?» La voz al otro lado era baja y tensa.

Itsuki: «En los últimos cuatro días han aparecido varias personas muertas.

Todas presentan el mismo patrón.» Tetsuya se giró un poco, dándole la espalda a Seiji y Kiyomi, que seguían mirando dulces sin notar el cambio brusco.

Tetsuya: «Que clase de patrón.» Itsuki: «La causa es siempre la misma… la cabeza aplastada.

Sin señales claras de pelea.

Como si no hubieran podido reaccionar a tiempo.» Tetsuya: «¿Dónde fueron los accidentes?» Itsuki: “En los Distritos Yamashina-ku en zonas distintas, horarios distintos, pero hay algo más.» La voz de Itsuki se volvió más grave.

Itsuki: «En dos escenas, la sangre de las víctimas fue usada para escribir un mensaje.» Tetsuya abrió los ojos de golpe.

Tetsuya: «¿Qué clase de mensaje?» Itsuki: «“YO LOS OBLIGUÉ”.» El ruido de la tienda pareció apagarse alrededor de Tetsuya.

Miró de reojo a Seiji, que reía suavemente por algo que Kiyomi le mostraba, completamente ajenos.

Tetsuya bajó un poco más la voz.

Tetsuya: «Itsuki… ¿crees que puede ser “él”?» Hubo un silencio pesado al otro lado de la línea.

Itsuki: «Puede ser» dijo finalmente.

Itsuki: «El método, el mensaje… todo encaja con alguien que quiere ser visto, pero no detenido aún.» Tetsuya respiró hondo.

Tetsuya: «Entendido.» Itsuki: «Tetsuya…cuidado.

Si es él, ya sabes que están en Kioto.» La llamada terminó.

Tetsuya guardó el teléfono lentamente y se quedó quieto unos segundos, con la mirada fija en el suelo.

Kiyomi se acercó con una bolsa de dulces en la mano.

Kiyomi: «¿Todo bien?

Tienes cara de funeral.» Kiyomi: «Dime que no es una misión verdad.» Silencio.

Kiyomi: «Odio tu silencio.» Tetsuya: «Nos vamos ahora al distrito Yamashina-ku.» Kiyomi chasqueó la lengua.

Kiyomi: «¿No pueden mandar a otros por una vez?» Tetsuya: «Nos mandó a nosotros por qué somos los únicos que están en Kioto.» DISTRITO YAMASHINA-KU El trayecto hacia Yamashina-ku fue silencioso.

El bullicio del centro quedó atrás y la ciudad cambió de rostro: calles más estrechas, luces más espaciadas, edificios bajos y un ambiente extrañamente contenido, como si el distrito respirara con cautela.

Cuando bajaron del transporte, el aire era más frío.

Las farolas iluminaban apenas lo suficiente para revelar fachadas antiguas y callejones que parecían repetirse unos a otros.

Seiji miró alrededor con atención.

Seiji: «Este lugar es muy bonito.» Kiyomi se acercó un poco más a él, bajando la voz sin darse cuenta.

Kiyomi: «Es demasiado tranquilo me agrada.» Tetsuya ya iba varios pasos adelante, con el teléfono en la mano, siguiendo indicaciones precisas.

Tetsuya: «El último caso fue a tres calles de aquí.

Un callejón residencial, cerca de un almacén viejo.» Avanzaron hasta que vieron cintas de seguridad aún colocadas, algunas torcidas por el viento.

No había policías ya, solo el rastro de una escena que había sido limpiada con prisa.

El callejón era estrecho, con paredes altas y humedad acumulada en el suelo.

Seiji se detuvo apenas cruzar la cinta.

Seiji: «Es aquí…» Cerró los ojos un segundo.

Seiji: «Siento residuo de energía pero no es fuerte.» Kiyomi tragó saliva.

Kiyomi: «¿Aquí fue donde…?» No terminó la frase.

Tetsuya asintió.

Tetsuya: “Si.

Última víctima confirmada.

Mismo patrón.» Miró las paredes con atención.

Aunque no quedaba sangre visible, había marcas tenues, casi imperceptibles, como si algo hubiera sido limpiado pero no borrado del todo.

Seiji dio un paso más al fondo del callejón.

Seiji: «Quien hizo esto sabía que nadie intervendría.

Eligió el lugar… elegido el momento.» Kiyomi apretó los puños.

Kiyomi: «Y el mensaje… “YO LOS OBLIGUÉ”…» Levantó la vista.

Kiyomi: «Eso significa que no solo los mató.

Quería que se sintieran responsables.» Tetsuya clavó la mirada en el punto exacto donde había ocurrido el crimen.

Tetsuya: «O quería que alguien más lo supiera.» El silencio se volvió denso.

Ninguno habló por unos segundos.

Seiji fue el primero en romperlo.

Seiji: «No estamos siguiendo a un asesino común.» Tetsuya asintió lentamente.

El callejón era oscuro.

Humedo.

Callado.

Demasiado callado.

Investigaron.

Techos.

Calles.

Olores.

Residuos.

Nada.

Nada.

Y nada.

kiyomi suspiro  Kiyomi: «No hay nada.

Esto es—» Se separó unos pasos.

Arriba.

Un sonido viscoso.

Dos manos cayeron hacia su cabeza.

Un lobo blanco apareció como un rayo y mordió las muñecas del ente.

GRAAAH— El demonio se enfrió.

Seiji y Tetsuya aterrizaron detrás.

Deforme.

Delgado.

Piel colgante.

Sonrisa torcida.

Kiyomi: «Tardaron.» Seiji ladeó la cabeza.

Seiji: «Tú te adelantaste.» Ella sonrió apenas.

Kiyomi: «Obvio.» El demonio miró alrededor.

Tres enemigos.

Huyó.

Persecución Saltos entre techos.

Respiraciones sincronizadas.

El demonio golpeando paredes para impulsarse.

Seiji lo derribó de una patada aérea.

Tetsuya invocó sombras que sujetaron sus extremidades.

Kiyomi atravesó su núcleo con energía concentrada.

Explosión negra.

Silencio.

El cuerpo se deshizo.

Tetsuya: «…Exterminación completa.» Seiji sonrió.

Seiji: «Buen trabajo.» Tetsuya miró los restos volverse ceniza  Algo no encajaba.

Tetsuya: [Una segunda categoría… no hace esto.] Se giró.

Tetsuya: «Nos vamos.» A lo lejos, entre sombras… Una chica observaba.

Ojos fijos.

Sin expresión.

Esperó a que desaparecieran.

Luego caminó en dirección opuesta desapareciendo entre las sombras del callejón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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