KONMETSU - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 KONMETSU-CAPITULO 24 EL MOTIVO DE SER MAS FUERTE
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24: KONMETSU-CAPITULO 24: EL MOTIVO DE SER MAS FUERTE.
24: KONMETSU-CAPITULO 24: EL MOTIVO DE SER MAS FUERTE.
Los pasillos de la Organización estaban llenos de movimiento, pero Seiji solo tenía una cosa en mente.
Encontrar a Mei..
Giró una esquina y vio a Itsuki apoyado contra la pared revisando su teléfono.
Seiji: «Itsuki, ¿has visto a Mei?» Itsuki levantó la mirada con calma.
Itsuki: «Si hablas de la mujer con cara de no haber dormido en tres días, pasó por aquí hace una hora.» Seiji: «¿Espera ah que te refieres con que no ah dormido entres dias y hacia dónde fue?» Itsuki: «Sala de análisis, creo.
Aunque si yo fuera tú, no la despertaría.
Tiene cara de morder.» Seiji no respondió y siguió caminando.
Más adelante en el pasillo se encontró ah Nozomi y Rin saliendo de la sala médica.
Seiji:«Hola chicas como están.» Nozomi cruzó los brazos.
Nozomi:«Estamos bien.» Seiji: «¿Y por qué estaban en la sala médica?» Rin inclinó la cabeza.
Rin: «Regresamos de una misión hace unas horas.
No fue tan complicada, pero hubo algunos golpes.
Vinimos a chequearnos por precaución.» Seiji: «Eso explica las vendas.» Rin: «Sí.
El doctor dijo que es mejor prevenir que lamentar.» Seiji: «Bueno… me voy.
Voy donde Mei.» Y despues de esa conversación continuó con su camino.
Al doblar el siguiente pasillo casi choca con Eiji.
Eiji: «¿Tienes prisa o te persiguen?» Seiji:« voy ah donde esta Mei.» Eiji: «Ah ya veo.
Oye si Mei parece un fantasma.
Deberías decirle que duerma.» Seiji: «¿Qué haces con tantos papeles?» Eiji: «Informes de mi misión anterior.
Alguien tiene que escribir lo que pasó.» Seiji: «¿Oye sabes dónde está Mei?» Eiji: «Última puerta del ala este.» Seiji agradeció y siguió avanzando.
Cerca de la entrada del ala este, Arata estaba entrenando golpeando un saco de boxeo, mientras Emiri lo observaba sentada en una banca.
Emiri: «Arata… llevas rato golpeando ese saco.» Arata: «Necesito despejar la mente.» Emiri: «No tienes que destruirlo para eso.» Arata: «No lo estoy destruyendo.» Emiri «Le estás pegando como si fuera el enemigo.» Arata: «Tal vez lo imagino así.» «Arata, Emiri, como están.» Emiri levantó la mano levemente.
Emiri: «Hola, Seiji.» Arata le dio un último golpe al saco de boxeo que hizo que lo partió por la mitad.
Arata se detuvo apenas un segundo.
«…» Seiji: «No sabía que el saco te había hecho algo personal.» Emiri no se movió.
Emiri: «Te dije que lo iba a romper.» Arata bajó el puño lentamente.
Ni siquiera estaba agitado.
Arata: «Ya terminé.» Seiji miró los restos del saco, luego a Arata.
Seiji: «Voy a fingir que eso estaba programado.» Emiri suspiró.
Emiri: «Compraremos otro.» Arata caminó hacia la salida sin mirar atrás.
Emiri: «Y se puede saber adónde vas.» Seiji: «Voy ah donde Mei.» Emiri sonrió levemente.
Emeri: «Ah ya veo ella se veía algo agotada como si no hubiera dormido por unos cuantos dias.» Luego de eso Seiji siguió su camino hasta llegar al lugar donde Mei debería estar.
Seiji entró sin anunciarse.
La sala era amplia, demasiado grande para una sola persona.
Las paredes estaban cubiertas de pantallas encendidas, cada una mostrando algo distinto: mapas digitales de Tokio, puntos marcados en rojo, líneas de rutas, cámaras en tiempo real.
Algunas imágenes cambiaban cada pocos segundos.
Otras parecían congeladas en una vigilancia eterna.
En una mesa larga de metal había documentos esparcidos sin orden aparente.
Informes abiertos, fotografías, hojas con anotaciones apresuradas.
Un par de tazas vacías.
Una más a medio terminar.
El aire estaba cargado de electricidad y falta de sueño.
Mei estaba sentada frente a la pantalla principal.
No se giró cuando él entró.
Las ojeras bajo sus ojos eran profundas, casi violáceas.
El cabello, normalmente impecable, caía desordenado alrededor de su rostro, como si hubiera pasado la mano por él demasiadas veces.
Un mechón le cubría parcialmente la vista, pero no parecía importarle.
Sus dedos se movían rápido sobre el teclado.
Mei: «Estás haciendo ruido.» Seiji levantó una ceja.
Seiji: «Ni siquiera he cerrado la puerta.» Las pantallas reflejaban luces azules en su rostro, dándole un aspecto más pálido, más frío.
Seiji: «¿Cuánto llevas aquí?» Mei: «No lo suficiente.» Seiji.«Eso no responde mi pregunta.» Mei: «Exacto.» Seiji caminó hasta la mesa y tomó uno de los documentos.
Seiji: «cuanto tiempo llevas sin dormir eh Mei.» Mei: «No te preocupes por mi estoy bien este el deber de un rango kimon.» Mei finalmente dejó de escribir y se reclinó apenas en la silla.
Sus ojos no perdían intensidad, solo estaban agotados.
Una de las pantallas cambió de imagen.
Un punto rojo parpadeó en el mapa.
Ella levantó la mirada con esfuerzo.
Mei: «¿Y bien qué quieres para que viniste?» Su voz sonaba pesada.
Seiji dio un paso al frente.
Seiji: «Quiero que me entrenes.» Mei parpadeó lento.
Estaba cansada apenas se dio la vuelta para mirar ah Seiji.
Mei: «¿Entrenarte?
¿Por qué?» Seiji apretó los puños.
«Desde que Kurohana llegó me di cuenta de algo.
Soy débil.
No soy lo suficientemente fuerte para enfrentar amenazas mayores.» Mei lo miraba… pero su cabeza empezaba a inclinarse.
Seiji: «No quiero volver a quedarme atrás.
No quiero ver cómo los demás me salvan y yo sin poder hacer nada.» Silencio.
Luego ronquidos.
Seiji: «¿Mei?» Nada.
Seiji: «¿Mei?» Estaba dormida.
Seiji frunció el ceño.
«¡MEI!» Ella dio un pequeño salto.
Mei: «Sí, sí, escuché.
Fuerza.
Determinación.
Entrenamiento intenso.
Salvar…
y esas cosas cursis que dicen los idiotas como el que tengo enfrente mío ahora mismo.» Seiji la miró.
Mei se frotó los ojos.
Luego lo miró fijamente.
Mei: «Pero esa no es la razón real ¿cierto?» Seiji guardó silencio.
Mei: «No quieres ser fuerte solo por el equipo.» Ella apoyó el mentón en su mano.
Mei: «¿Es por esa chica de Kioto verdad?
¿cómo fue que dijiste que se llamaba?
¿Asuka?
cierto.» El nombre cayó como un golpe.
Seiji bajó la mirada.
Por unos minutos.
Seiji: «…» Mei: «¿Es para salvarla de ese tipo?» Seiji cerro sus puños tan solo recordar lo que paso ese dia en el callejón en Kioto.
Seiji: «Sí.» Mei suspiró se inclinó un poco y luego comenzó a dar vueltas en la silla como si fuera una niña pequeña.
Mei: «Pensé que dirías eso.» Se levantó lentamente.
Mei: «Sabes algo Seiji la culpa no es una buena base para ser más fuerte.» Seiji la miró.
Seiji: «No es culpa.» Silencio.
Finalmente, Seiji habló.
Seiji: «Fue una promesa.» Mei: «No quiere ser más fuerte por esa promesa que mencionas.
Quieres ser más fuerte porque odias esa sensación de impotencia.» Seiji: «¿Y por eso quiero volverme más fuerte?» Mei: «Sabes eso suena muy heroico.» Seiji: «No es heroísmo.» Mei: «Entonces ¿qué es?» Seiji: «No quiero volver a sentir que dependo de la suerte ni de los demás entiendes ah lo que me refiero.» Mei: «Eso no es orgullo.
Eso tiene un nombre y se llama terquedad.» Mei: «Y si un día no puedes con todo tú solo.» Seiji: «Entonces sabré que hice todo lo que estaba en mis manos.» Mei lo observa en silencio unos segundos.
Los ojos de Seiji ya no muestran duda, solo determinación pura.
Mei: «Bien…
además estoy muy cansada y este tipo de conversaciones de verdad son muy fastidiosas sabes.
Fuerte, débil promesas ahhh un gran dolor de ovarios.» Mei camina hacia Seiji con pasos lentos obviamente cansada por no dormir en los últimos dias.
Mei: «Será intenso.
No habrá pausas ni descansos, no habrá indulgencia y no voy a tratarte bonito solo por que seas tú…
está bien.
Te llevaré al límite hasta que tu cuerpo colapse y grites que me detenga.
Vas ah odiarlo.» Seiji no dudó.
«No importa.» Mei: «Siempre estuviste con la Mei amable y cariñosa…
ahora conocerás ah la Mei estricta y mandona.» Seiji sostuvo su mirada unos segundos.
Luego asintió.
Mei: «Bien.
Mañana al amanecer.» Dio un paso… y casi perdió el equilibrio.
Seiji la sostuvo.
Seiji: «¿En serio Mei cuánto tiempo llevas sin dormir?» Mei: «Eso no es relevante.» Seiji: «Lo es.» Mei cerró los ojos un momento.
Mei: «Esta bien descansaré un poco.» Seiji la ayudó a sentarse.
Luego de eso él se fue de la sala dejando ah Mei hay.
Te voy a construir la escena con atmósfera y tensión, como debe ser.
Nada exagerado.
Solo esa energía silenciosa que pesa más que un grito.
7:24 PM.
Los pasillos de la organización estaban casi vacíos.
Las luces blancas del techo proyectaban sombras largas y frías sobre el suelo pulido.
El eco suave de pasos firmes rompía el silencio.
Mei caminaba sin prisa, pero tampoco parecía cansada.
Las ojeras bajo sus ojos eran profundas, marcadas por noches que no habían conocido descanso.
Su cabello seguía ligeramente desordenado, pero su postura era recta.
Firme.
Determinada.
Se detuvo frente a una puerta al final del corredor.
No tocó.
Solo entró.
La habitación estaba en penumbra, iluminada apenas por una lámpara lateral.
El aire era más cálido allí dentro.
Sobre una silla, cerca de la ventana, alguien ya estaba sentado, con una pierna cruzada sobre la otra.
Esperando.
Desconocido: «Llegas tarde.» La voz era tranquila, casi burlona.
Mei no respondió de inmediato.
Desconocido: «¿Cómo estás, Mei?» Ella cerró la puerta detrás de sí.
Mei: «Cállate.» La persona sentada soltó una risa baja.
Mei caminó hasta la cama y, sin más ceremonia, se dejó caer boca arriba.
El colchón crujió levemente bajo su peso.
Mei: «Necesito un favor.» Silencio breve.
Desconocido: «Qué raro.
Pensé que venías a socializar.» Mei giró apenas la cabeza.
«Quiero que entrenes a alguien.» La figura en la silla inclinó la cabeza.
Desconocido: «Por supuesto que…
no.» Seco.
Sin espacio para negociar.
Mei cerró los ojos un segundo luego dejo escapar un suspiro de cansancio.
Mei: «Te pagaré.» La habitación quedó en silencio.
Solo el leve zumbido de la lámpara.
La persona en la silla dejó de moverse.
Sus dedos dejaron de tamborilear sobre el brazo del asiento.
Pasaron varios segundos.
Desconocido: «…¿Cuánto?» Mei abrió un ojo.
Mei: «¥9,870,000,.» Otro silencio.
Luego, un suspiro.
La figura finalmente se levantó.
Era una mujer.
Alta.
De postura elegante pero relajada.
Cabello oscuro recogido en una coleta baja que dejaba algunos mechones sueltos enmarcando su rostro.
Sus ojos eran afilados, analíticos.
No parecían perder detalle.
Su nombre era Kurotsuki Aozora.
Aozora se estiró ligeramente, como si despertara de un descanso innecesario.
Aozora: «Está bien.» Mei no sonrió.
Solo asintió apenas.
Aozora: «¿Cuándo empiezo?» Mei: «Mañana.» Aozora ladeó la cabeza.
Aozora: «Si que tienes prisa.» Mei se incorporó lentamente en la cama.
Mei: «Al amanecer.» Una sonrisa ligera, casi peligrosa, cruzó los labios de Aozora.
Aozora: «Entonces espero que tu candidato esté listo para odiarme.» Mei volvió a recostarse.
«Tranquila el estará preparado para todo el sufrimiento que le espera.» Aozora caminó hacia la puerta.
Aozora: «Descansa un poco, Mei.» Mei no respondió.
La puerta se cerró con suavidad.
Y en el pasillo, bajo las luces frías, Kurotsuki Aozora ya estaba pensando en cómo hacer sufrir ah esa persona… para su entrenamiento.
Mañana iba a ser interesante para Kurotsuki Aozora
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