KONMETSU - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 KONMETSU-CAPITULO 25 COMIENZA EL SUFRIMIENTO
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25: KONMETSU-CAPITULO 25: COMIENZA EL SUFRIMIENTO.
25: KONMETSU-CAPITULO 25: COMIENZA EL SUFRIMIENTO.
El cielo apenas comenzaba a aclararse.
Seiji estaba en el campo de entrenamiento que estaba vacío.
Seiji estaba de pie en la entrada.
No había dado un paso adentro todavía.
El aire era frío, pero no lo suficiente como para justificar la rigidez en sus hombros.
Cerró los ojos por un instante.
Las palabras de Mei volvieron con claridad.
Mei: «Será intenso.
No habrá indulgencia.
Voy a intentar quebrarte.» No había exageración en su voz cuando lo dijo.
No era amenaza.
Era advertencia.
Seiji abrió los ojos.
El campo seguía igual de silencioso.
Vacío.
Esperando.
Mei: «Descansa hoy.
Mañana empiezas a pagar el precio.» El precio.
Seiji miró sus manos.
Cerró los puños lentamente.
Caminó hacia el centro del campo.
Cada paso firme.
Sin titubeos.
El cuerpo relajado, pero la mente enfocada no estaba ahí para demostrar nada a nadie.
Seiji seguía en el centro habían pasado minutos demasiados minutos miró hacia la entrada nada solo el viento moviendo ligeramente la arena del suelo.
Exhaló por la nariz.
Seiji: «Al amanecer.» (Sus palabras, no las de ella) Seiji revisó la hora en su telefono.
veinticinco minutos tarde.
Treinta.
Su mandíbula se tensó.
No era impaciencia era algo más punzante había llegado antes.
Había esperado.
Había estado listo.
Y el campo seguía vacío.
Caminó unos pasos, luego volvió al mismo punto.
Se pasó una mano por el cabello con evidente frustración.
Miró otra vez hacia la entrada.
Silencio.
El sonido lejano de una puerta metálica cerrándose en otro edificio resonó, pero no era ella.
El viento volvió a soplar Seiji apretó los puños no le molestaba entrenar no le molestaba sufrir.
Le molestaba esperar ya estaba harto de segundos perdidos.
Clavó la mirada en el suelo.
Mei:«Si esto es el entrenamiento que ella me dijo… es una pérdida de tiempo.» Mei seguía sin aparecer.
La frustración empezó ah mostrarse en la cara de Seiji.
No gritaría.
No se iría.
Pero cuando ella llegara… iba a decirle muchas cosas.
Definitivamente iba a decirle.
El sol ya estaba completamente arriba.
La luz golpeaba directo sobre el campo de entrenamiento, sin sombras que suavizaran nada.
El aire ya no era frío.
Era seco.
Pesado.
Había pasado una hora.
Sesenta minutos exactos.
Seiji seguía ahí.
De pie.
Esperando.
La paciencia no se le había ido de golpe.
Se había desgastado.
Como una cuerda tensándose demasiado.
Miró hacia la entrada por enésima vez.
Vacía.
Su respiración se volvió más pesada.
Seiji: «Ok esto ya es ridículo.» Dio unos pasos rápidos hacia el borde del campo y volvió al centro.
Seiji: «Al amanecer, dijo.» Apretó los dientes.
Una hora una hora completa en silencio el lugar estaba vacío no había ningún ruido aparte de las pisadas y respiración de Seiji.
Se llevó ambas manos a la cabeza, frustrado.
Seiji: «¡DONDE ESTAS MEI LLEVO UNA HORA ESPERANDO!
El grito rompió el aire abierto del campo.
Rebotó contra las estructuras metálicas y se perdió en la distancia no hubo respuesta.
Solo el eco.
Seiji giró sobre sí mismo, mirando alrededor como si en cualquier momento ella fuera a aparecer desde algún punto invisible.
Nada.
Se quedó quieto.
Una duda incómoda empezó a abrirse paso.
Seiji: «…¿Acaso me abre equivoqué de lugar?» Miró las marcas en el suelo.
Las estructuras.
El portón el campo de entrenamiento era donde debía encontrarse con Mei.
Seiji: «No…
este es el lugar no cabe duda.» Pero la duda ya estaba ahí.¿Y si era otro edificio?¿Y si ella lo dijo de manera ambigua a propósito?
Se pasó una mano por el rostro la frustración ahora tenía un matiz diferente.
No solo molestia inseguridad.
Respiró hondo.
Si esto era una prueba, era cruel.
Si no lo era… entonces todo esto fue una gran pérdida de tiempo.
El viento levantó polvo a su alrededor.
Seiji cerró los puños otra vez.
No se iría.
Pero su voz volvió a romper el aire, más fuerte esta vez.
Seiji: «¡MEI!» Y por primera vez desde que llegó, Seiji sintió que el entrenamiento ya estaba afectándolo… incluso antes de empezar.
El eco del último grito de Seiji todavía parecía flotar en el aire cuando escuchó algo distinto.
Pasos.
Firmes.
Lentos.
Sin prisa.
Seiji giró hacia la entrada del campo.
Una silueta cruzó el portón bajo la luz del sol.
No era Mei.
Era una mujer.
Alta.
Cabello oscuro moviéndose apenas con el viento.
Su postura era relajada, casi despreocupada, como si el campo no impusiera nada.
Caminaba directo hacia él sin mostrar el más mínimo esfuerzo.
Seiji frunció el ceño.
Seiji: «… ¿Quién eres?» La mujer se detuvo a varios metros de distancia.
Lo observó de arriba abajo, evaluándolo.
Mujer: «Qué recepción tan cálida.» Seiji no se movió.
Seiji: «Te pregunté quién eres.» Ella inclinó ligeramente la cabeza.
Mujer: «Alguien que no deberías hacer esperar.» Seiji: «Esperar…
pero si fui yo quien estuve esperando por más de una hora aqui.» La mujer no respondio al comentario de Seiji solo hubo un silencio se tensó entre ambos.
Luego Seiji rompio el silencio.
Seiji: «Entonces ¿qué haces aquí?» La mujer llevó una mano al bolsillo de su chaqueta.
Mujer: «Entrenarte.» Seiji parpadeó.
Seiji: «¿Qué?» Mujer: «Mei me dejó el trabajo.» Seiiji: «¿No era ella quien iba a entrenarme?» Mujer: «Hubo un cambio de planes.» Seiji parpadeo varias veces aun incrédulo.
Seiji: «¿Y se puede saber el por qué?» Una sonrisa pequeña, apenas perceptible, apareció en el rostro de la mujer.
Mujer: «La respuesta ah esa pregunta es muy sencilla de responder…
ella me pagó.» Seiji frunció más el ceño.
Seiji: «¿Pagarte.
Ok…
como cuanto te pago Mei?» Ella lo miró directo a los ojos.
Mujer: «¥9,870,000.» El viento pasó entre ellos.
Seiji se quedó inmóvil.
Seiji: «… ¿Ok tal vez escuche más me puedes repetir Cuánto?» Mujer: «¥9,870,000.» Lo repitió con calma, como si estuviera hablando del precio de un café.
Mujer: «Y ni loca pienso perder una paga así.» Seiji abrió ligeramente la boca no era una cifra pequeña no era una cifra razonable.
Era absurda.
Seiji: «¿Te pagó eso… por entrenarme?» Mujer: «Exacto.» Seiji se quedó mirando al vacío un segundo, procesándolo.
Seiji: «Está loca.» Mujer: «Probablemente.» La mujer dio un paso más hacia él.
Mujer: «Pero tú eres lo único que se interpone en obtener ese dinero.» Seiji seguía con la boca apenas abierta, incrédulo.
Seiji: «…Ah que te refieres.» Mujer: «Ah lo que me refiero es que Mei no me pagara hasta que ella vea algún progreso.» Aozora: «Ah y por cierto mi nombre es Kurotsuki Aozora.» Sus ojos no mostraban duda.
Ni amabilidad solo interés.
Aozora: «Así que espero que valgas cada yen.» Seiji todavía no había cerrado la boca y el entrenamiento aún no había empezado, pero ahora entendía algo con claridad brutal esto no era un favor era una inversión millonaria.
Y Aozora no pensaba desperdiciarlo.
Aozora empezó a caminar alrededor de Seiji con paso tranquilo, casi elegante.
No parecía apresurada.
Aozora: [¥9,870,000.] Repitió la cifra en su mente con mucha calma.
Aozora: [Es una paga interesante.] Seiji frunció el ceño, aún tratando de procesarlo.
Seiji: «Sigo sin entender por qué Mei pagaría tanto.» Aozora pasó detrás de él, sin dejar de moverse.
Aozora: «Porque si te entreno bien…» Su voz se desplazaba con ella.
Aozora: «…mi valor monetario aumentara bastante después de entrenarte.» Seiji giró apenas la cabeza.
Seiji: «¿Tu valor?» Aozora: «Mi reputación.
Mi tarifa.
Todo sube si el resultado es impresionante.
No crees.» Seiji apretó los puños.
Seiji: «No soy un experimento.» Aozora soltó una risa baja.
Aozora: «Eso aún no lo decides tú.» Seiji inhaló, listo para cuestionarla.
Seiji: «Entonces lo que estás diciendo es que si—» No terminó.
Aozora desapareció de su lado en un movimiento seco.
Un giro mínimo de cadera.
Una barrida limpia.
El cuerpo de Seiji perdió equilibrio antes de que su mente entendiera el movimiento.
El suelo lo golpeó con fuerza.
El impacto le arrancó el aire de los pulmones y el polvo se levantó alrededor.
Todo ocurrió en menos de un segundo.
Aozora ya estaba de pie frente a él.
Aozora: «Primera lección.» Seiji tosió, intentando incorporarse.
Seiji: «¿Qué fue todo eso?» Aozora: «No hables cuando alguien con más experiencia se está moviendo si esto fuera una pelea de verdad ya estuvieras tieso muy tieso.» Seiji se apoyó en una mano y la miró con molestia contenida.
Seiji: «Ni siquiera te vi.» Aozora lo observó sin emoción.
Aozora: «Exacto.» Seiji apretó los dientes mientras se levantaba.
Aozora dio un paso atrás, tranquila.
Aozora: «Si quiero que valgas cada yen… necesito que dejes de reaccionar tarde.» Seiji respiraba más pesado ahora.
Seiji: «No volverá a pasar.» Aozora ladeó apenas la cabeza.
Aozora: «Eso espero.» Sus ojos se afilaron.
Aozora: «Porque la próxima vez no voy a avisar.» El entrenamiento no había sido anunciado.
Pero Seiji ya estaba cubierto de polvo.
Y Aozora ni siquiera había cambiado su expresión.
Seiji apenas terminó de ponerse en guardia Aozora sonrió levemente.
Aozora: «Intenta seguirme esta vez.» Y desapareció.
No fue que corriera.
Simplemente dejó de estar frente a él.
El aire cambió de presión Seiji giró la cabeza muy tarde una mano firme le sujetó el rostro con violencia.
Los dedos de Aozora se clavaron contra su mandíbula y mejilla, bloqueándole la vista.
Aozora: «Segunda lección.» Antes de que pudiera reaccionar, su cuerpo fue arrastrado brutalmente hacia adelante.
El suelo explotó bajo su espalda.
La fricción levantó polvo y fragmentos de concreto mientras Aozora lo deslizaba por todo el campo como si no pesara nada.
El sonido era áspero, violento, el cemento quebrándose bajo el impacto constante de su cuerpo.
Las grietas se extendían detrás de ellos en una línea de destrucción.
Seiji intentó agarrar el brazo que lo sostenía.
No logró nada.
Aozora: «Tu cuerpo no puede dudar.» El piso seguía rompiéndose.
Aozora: «Si tu mente tarda medio segundo…» Con un movimiento seco, lo levantó aún sujetándolo del rostro.
Aozora: «…Simplemente mueres.» Lo lanzó con fuerza brutal contra una de las paredes del campo.
El impacto retumbó el concreto se fracturó en una red de grietas profundas pero antes de que Seiji pudiera caer al suelo… Aozora ya estaba frente a él.
Seiji apenas alcanzó a verla.
Su pierna se levantó en un movimiento limpio y devastador.
Aozora: «Fin de la segunda lección…» La patada conectó directo en su rostro el sonido fue explosivo.
La pared detrás de Seiji se desintegró en pedazos, bloques de concreto volando hacia afuera mientras la fuerza del impacto lo atravesaba todo.
Polvo.
Fragmentos.
Ruido ensordecedor.
Seiji salió disparado entre los restos de la estructura, cayendo varios metros más allá entre escombros.
El silencio regresó lentamente.
El polvo flotaba en el aire.
Aozora bajó la pierna como si nada extraordinario hubiera pasado.
Miró la pared destruida.
Luego caminó hacia los restos.
Aozora: «Tu cuerpo debe moverse antes que tu pensamiento.» Seiji estaba entre los escombros, respirando con dificultad.
Aozora lo observó sin compasión.
Aozora: «Porque el enemigo no te dará tiempo para pensar oh entender.» El sol iluminaba el desastre el campo ya no estaba intacto y apenas iban por la segunda lección.
Y lo peor… Aozora ni siquiera parecía estar usando toda su fuerza.
El polvo todavía flotaba en el aire cuando Seiji se movió.
Todo le dolía, pero aun asi se levantó lento al principio.
Luego firme.
Aozora lo observaba acercarse entre los restos de concreto.
Aozora: «Bien.
No te quedaste en el suelo.» Seiji escupió sangre ah un lado del pavimento.
Seiji: «Cállate.» Esta vez no esperó se lanzó al ataque.
Su velocidad era real.
Su determinación también.
Dio un paso largo, giró el torso y lanzó un golpe directo al rostro de Aozora con toda su fuerza acumulada.
El aire silbó con el impacto que prometía.
Pero Aozora lo vio.
Su brazo se movió apenas.
Bloqueó el puño con la palma abierta.
El golpe quedó detenido en seco.
El sonido no fue explosivo.
Fue sólido.
Controlado.
Los ojos de Seiji se abrieron apenas.
Aozora: «Tercera lección.» Giró la muñeca.
Un movimiento pequeño.
Suficiente.
Seiji perdió el equilibrio al instante.
Aozora redirigió su impulso y lo estampó contra el suelo con violencia.
El impacto levantó otra nube de polvo.
El piso volvió a agrietarse bajo su espalda.
Aozora no le dio tiempo.
Su pierna se movió en un arco rápido.
Aozora: «Atacar sin medir…» La patada impactó directo en el estómago de Seiji.
El golpe le arrancó el aire del cuerpo el mundo se comprimió en dolor.
Su cuerpo salió disparado varios metros hacia atrás, rebotando una vez antes de detenerse contra el suelo del campo.
Silencio.
Solo el eco del impacto.
Seiji quedó de lado, intentando recuperar la respiración que no quería volver.
Aozora caminó hacia él sin prisa.
Aozora: «…es regalarle tu fuerza al enemigo.» Se detuvo a unos pasos.
Aozora: «Si vas a atacar, hazlo con intención.
No con furia entiendes.» Seiji intentó incorporarse, temblando apenas.
Aozora lo observó.
Aozora: «Esa fue la tercera.» El campo estaba lleno de grietas, escombros y marcas de arrastre.
Y apenas iban comenzando.
Seiji levantó la mirada.
Dolía.
Pero esta vez, en sus ojos no había solo frustración.
Había comprensión.
Y eso era exactamente lo que Aozora quería.
Seiji apenas logró ponerse de rodillas.
Respiraba pesado.
El estómago le ardía.
El polvo se pegaba a su piel sudada.
Aozora lo miraba como si estuviera evaluando un arma que todavía no termina de forjarse.
Aozora: «Levántate ahora mismo…
el enemigo no va ah estar esperando que te levantes.» Seiji apoyó una mano en el suelo agrietado y se puso de pie.
No dijo nada.
Aozora dio un paso hacia él.
Aozora: «Cuarta lección.» Desapareció otra vez.
Pero esta vez Seiji no atacó.
Giró el cuerpo.
Escuchó el aire.
Sintió la vibración en el suelo.
Aozora apareció a su derecha con un golpe dirigido a su mandíbula.
Seiji alcanzó a cubrirse.
El impacto lo hizo retroceder varios pasos, pero no cayó.
Aozora: «Mejor.» No le dio tregua.
Otro golpe al costado.
Luego una rodilla directa al pecho.
Seiji bloqueó uno recibió el otro su cuerpo se dobló hacia atrás, pero mantuvo los pies firmes.
Aozora giró sobre sí misma y lanzó un codazo descendente.
Esta vez sí lo derribó el suelo volvió a crujir bajo su peso.
Aozora lo sujetó de su camisa y lo levantó apenas para que la mirara.
Aozora: «La cuarta lección es simple.» Lo soltó y lo dejó caer.
Aozora: «Resistencia.» Seiji intentó incorporarse otra vez, pero Aozora no esperó.
Una patada lateral lo lanzó hacia una estructura metálica que se deformó con el impacto.
Seiji cayó de rodillas.
Aozora: «No importa cuánto golpees.» Se acercó.
Aozora: «Importa cuánto puedes seguir de pie.» Seiji escupió sangre leve al suelo.
Pero se levantó.
Otra vez.
Sus piernas temblaban Aozora lo observó con más atención ahora.
Aozora: «Bien.» Se colocó frente a él.
Aozora: «Quinta lección.» Seiji apretó los puños.
Aozora atacó con una secuencia brutal.
Puño.
Rodilla.
Codo.
Patada baja.
Seiji bloqueó dos, pero recibió tres cada impacto lo empujaba hacia atrás el suelo se marcaba bajo sus pies al resistir.
Aozora apareció detrás de él en un parpadeo y lo golpeó en la espalda, obligándolo a caer boca abajo.
Antes de que pudiera reaccionar, lo giró con el pie y lo miró desde arriba.
Aozora: «Adaptación.» Se inclinó ligeramente.
Aozora: «Si sigues reaccionando igual… seguiré derribándote igual.» Seiji respiraba con dificultad, pero sus ojos no se apartaban de ella.
Aozora dio un paso atrás.
Aozora: «Tienes que cambiar tu forma de pensar y de pelear.» Seiji, aún en el suelo, apretó los dientes.
y en lugar de intentar levantarse como antes… Rodó hacia un lado justo cuando Aozora lanzó otra patada al punto donde él estaba un segundo antes.
El suelo explotó.
Pero Seiji no estaba ahí.
Aozora sonrió apenas.
Aozora: «Eso es ya vas entendiendo.» El entrenamiento seguía Seiji estaba golpeado.
Cansado.
Dolorido.
Pero ya no estaba reaccionando igual y Aozora, por primera vez desde que empezó todo, parecía ligeramente satisfecha.
Apenas iban por la quinta lección y todavía podía ponerse peor de lo que ya estaba.
EN ALGUN LUGAR: 2:35 PM.
La carretera estaba casi vacía.
El sol ya estaba alto, pero el tráfico era mínimo.
El asfalto se extendía largo y gris, perdiéndose en la distancia entre líneas eléctricas.
El sonido constante del motor rompía la calma.
Mei conducía su motocicleta con estabilidad absoluta.
Espalda recta.
Mirada fija al frente.
El viento movía su cabello hacia atrás mientras avanzaba a velocidad constante.
No parecía apurada solo concentrada el paisaje pasaba con monotonía.
Entonces lo sintió no fue un sonido.
fue una presión.
Una sensación pesada en el aire, como si algo invisible comprimiera el espacio alrededor Mei frunció ligeramente el ceño dentro del casco redujo un poco la velocidad.
El aire vibró.
Un segundo después— El cielo se abrió con un estruendo brutal.
Algo descendió desde arriba como un proyectil impactó la carretera a varios metros frente a ella el pavimento explotó.
El asfalto se levantó en pedazos gigantescos.
La onda de choque recorrió el suelo, agrietándolo en una red que se expandió rápidamente.
Polvo, fragmentos y humo cubrieron el área.
Mei reaccionó al instante.
Frenó con precisión y desvió la motocicleta justo antes de alcanzar la zona destruida el vehículo se detuvo en seco.
Silencio.
El polvo comenzaba a asentarse.
Frente a ella, la carretera ya no existía.
Solo un cráter humeante rodeado de concreto fracturado Mei se bajó lentamente de la motocicleta Se quitó el casco sus ojos recorrieron la destrucción sin mostrar sorpresa exagerada.
Solo análisis.
Entre el humo… Algo se movió.
Una figura.
Se incorporó desde el centro del cráter no parecía herida no parecía afectada caminó hacia afuera con calma inquietante, pisando los restos del pavimento como si no pesaran nada.
La silueta se fue definiendo.
Humana oh al menos con forma humana el polvo terminó de disiparse.
Mei entrecerró los ojos Su voz fue baja pero directa.
Mei: «¿Quién carajos eres tú?» La figura humana levantó ligeramente la cabeza el aire todavía vibraba alrededor la carretera estaba destrozada y la calma que había hace un minuto… ya no existía.
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