KONMETSU - Capítulo 26
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26: KONMETSU-CAPITULO 26: ASALTO.
26: KONMETSU-CAPITULO 26: ASALTO.
El polvo aún flotaba sobre el cráter.
La figura terminó de salir de entre los escombros alto una silueta humana movimientos demasiado tranquilos para alguien que acababa de caer del cielo.
Mei no retrocedió.
Mei: «¿Quién carajos eres tú?» La figura no respondió.
Solo inclinó levemente la cabeza un segundo de silencio el aire se tensó.
Y sin previo aviso— Desapareció.
El pavimento explotó donde había estado un instante antes.
Mei apenas alcanzó a mover el pie cuando el sujeto apareció frente a ella.
Un impacto brutal descendió directo hacia su posición.
El suelo donde Mei estaba parada se pulverizó en una explosión de concreto y humo.
La onda expansiva levantó escombros en todas direcciones.
Mei ya no estaba ahí.
Había saltado hacia atrás justo antes del impacto.
Aterrizó varios metros más lejos, deslizándose sobre el asfalto agrietado el sujeto no se detuvo.
Giró el torso y lanzó otro golpe, esta vez hacia la motocicleta el impacto fue devastador.
La motocicleta se partió en dos bajo la fuerza del ataque el metal se dobló como papel el tanque explotó en chispas y fragmentos.
Las piezas salieron disparadas por la carretera mientras el pavimento volvía a romperse bajo la presión.
El sonido fue ensordecedor cuando el polvo empezó a bajar… la carretera estaba irreconocible grietas profundas asfalto levantado la motocicleta reducida a restos humeantes.
Mei se incorporó lentamente desde donde había aterrizado.
Su expresión ya no era de análisis.
Era fría.
El sujeto estaba de pie en medio de la destrucción que acababa de causar.
Sin prisa.
Sin palabras solo intención violenta.
Mei dejó caer el casco al suelo se acomodó ligeramente la postura.
Mei: «…Qué molesto oye sabes algo esa motocicleta que acabas de destruir me costó a partir de ¥5,400,000 y sin mencionar que era de edición limitada.» Mei puso una mirada de furia total.
Mei: «Vas a pagar por eso maldita escoria.» El humo todavía salía de los restos retorcidos de la motocicleta metal doblado.
Plástico derretido.
Fragmentos esparcidos por toda la carretera destruida Mei observó los restos unos segundos.
Silencio.
El sujeto miró la escena… y comenzó a reír no era una risa fuerte era baja despreciativa.
Sujeto: «¿Eso te molesta?» Su voz era grave, cargada de burla.
Sujeto: «¿De verdad te importa una cosa tan insignificante?» Se llevó una mano a la frente como si no pudiera creerlo.
Sujeto: «Metal con ruedas.
Eso es todo.» Volvió a reír.
Sujeto: «Los humanos sí que se encariñan con objetos como si tuvieran valor real.» Mei no respondió.
Solo lo miraba.
Sujeto: «Caen edificios.
Mueren personas.
Y tú miras… una máquina.» Su risa se hizo un poco más amplia.
Sujeto: «Qué patético.» El viento movía el polvo entre ambos.
El sujeto dio un paso adelante, todavía sonriendo.
Sujeto: «Explícame algo.» Inclinó la cabeza ligeramente.
Sujeto: «¿Por qué te importa algo tan reemplazable?» La carretera estaba destrozada.
La motocicleta era chatarra.
El sujeto seguía riendo, convencido de que acababa de señalar una debilidad.
Y Mei… Seguía completamente quieta.
Eso era lo preocupante.
El sujeto seguía sonriendo, convencido de que había tocado un punto débil.
El humo se elevaba detrás de él.
Mei finalmente habló.
Mei: «¿Te importa tanto entenderlo?» El sujeto ladeó la cabeza.
Sujeto: «Solo intento comprender por qué miras basura con esa cara.» Mei desvió la mirada un segundo hacia los restos de la motocicleta.
Metal retorcido.
Silencio.
Mei: «No me importa la motocicleta.» El sujeto arqueó una ceja.
Sujeto: «¿No?» Mei volvió a mirarlo.
Mei: «Puedo comprar veinte más como esa y más caras.» Su voz era tranquila.
Fría.
Mei: «Cinco millones cuatrocientos mil yenes no son un problema.» La sonrisa del sujeto seguia.
Mei: «Lo que importa…» Hizo una pausa breve.
Mei: «…es que fue la primera que me compré.» El viento movió un mechón de su cabello.
Mei: «La primera cosa que compré con mi propio dinero con mi gran esfuerzo y dedicación.» Su tono no cambió.
No había dramatismo.
Solo un hecho.
Mei: «No era el precio.» Miró otra vez los restos.
Mei: «Era el recuerdo de cómo se sintió comprar esa motocicleta.» El sujeto guardó silencio unos segundos.
Luego soltó una risa corta.
Sujeto: «Sigues hablando de apego.» Mei lo miró directo a los ojos.
Mei: «No.» Su postura cambió apenas.
Más firme.
Mei: «Estoy hablando de respeto.» El aire volvió a tensarse.
Mei: «Rompiste algo que tenía mucho valor para mí.» Sus ojos ya no estaban cansados.
Estaban afilados.
Mei: «Y eso sí me importa.» El humo seguía saliendo del asfalto destruido.
La diferencia era clara ahora.
No era una máquina lo que estaba en juego.
Era orgullo.
Y el sujeto acababa de pisarlo.
Ahora sí.
Se acabó la charla sentimental.
Hora de ponerle nombre al problema.
El humo se disipaba lentamente.
La carretera estaba abierta en grietas profundas.
El cráter detrás del sujeto todavía humeaba.
Mei dio un paso al frente.
Su postura ya no era relajada.
Mei: «Última vez.» Su voz fue baja.
Directa.
Mei: «¿Quién carajos eres?» El sujeto la observó unos segundos.
Luego sonrió.
Y comenzó a reír.
No era una risa nerviosa.
Era amplia.
Vacía.
Como si la pregunta misma fuera absurda.
Sujeto: «¿Importa?» Mei no parpadeó.
Mei: «Sí.» El sujeto extendió ligeramente los brazos, como si estuviera presentándose ante un escenario.
Sujeto: «Un nombre es algo humano.» Sus ojos brillaron apenas, de una forma que no encajaba con la luz del día.
Sujeto: «Y yo no soy eso.» Mei lo analizó en silencio.
Apariencia humana.
Proporciones correctas.
Respiración estable.
Pero había algo… incorrecto.
El aire a su alrededor vibraba de forma antinatural la presión que se sentía desde que cayó no desaparecía.
No era energía común no era presencia normal.
No había latido perceptible no había fatiga después del impacto desde el cielo demasiado control demasiada estabilidad Mei entrecerró los ojos pensó rápido no humano no completamente físico no energía común el patrón encajaba.
La conclusión fue fría y directa.
Mei: «…Un demonio.» El sujeto dejó de reír por un segundo.
Luego sonrió más amplio.
Sujeto: «Bingo.» Mei dio otro paso.
Mei: «Y por lo que veo sexta categoría.» Un demonio de sexta categoría no era una amenaza menor no era una aparición accidental era una entidad con un poder suficiente para destruir una ciudad entera en tan solo seis minutos.
El sujeto inclinó ligeramente la cabeza.
Sujeto: «Clasificas rápido.» Mei no respondió.
Sus ojos estaban completamente enfocados ahora la carretera estaba destruida la motocicleta era chatarra y frente a Mei no había un simple atacante.
El aire volvió a comprimirse el sujeto inclinó la cabeza como si recordara algo importante sonrió con entusiasmo casi juguetón.
Sujeto: «Tengo nombre.» Mei no bajó la guardia.
Sujeto: «Mi nombre es Dalmor.» Lo dijo como si estuviera orgulloso Dalmor abrió los brazos con energía despreocupada.
Dalmor: «Es de mala educación pelear sin presentarse no crees.» Y sin previo aviso— Se lanzó hacia el aire su cuerpo se elevó con una explosión de fuerza que rompió aún más el pavimento bajo sus pies.
En el punto más alto, se detuvo apenas un instante.
Luego cayó en picada.
Como un proyectil el impacto fue brutal la carretera explotó otra vez el cráter se expandió, el asfalto se levantó en bloques gigantes, el polvo cubrió todo el campo visual.
Pero Mei ya no estaba ahí se movió lateralmente con precisión quirúrgica aterrizó limpia sin esfuerzo visible Dalmor emergió del nuevo cráter riendo.
Dalmor: «¡Uy!
Casi.» Desapareció Mei sintió el cambio de presión detrás de ella se agachó antes de que el golpe llegara el puño de Dalmor atravesó el aire justo donde su cabeza había estado.
El impacto contra el suelo abrió otra grieta larga.
Mei giró sobre su talón y retrocedió sin perder equilibrio.
Dalmor apareció de nuevo a su izquierda.
Ataque rápido patada horizontal.
Mei inclinó el torso hacia atrás la pierna pasó a centímetros de su rostro.
Sin expresión.
Sin tensión.
Movimiento mínimo.
Eficiencia absoluta.
Mei llevó la mano a su costado.
Sacó su pistola G-18 con fluidez limpia.
El metal brilló bajo el sol.
Adoptó postura de guardia estable.
Dalmor la miró parpadeó luego inclinó la cabeza como si estuviera viendo algo curioso.
Dalmor: «¿Eso es todo?» Sonrió con entusiasmo infantil.
Dalmor: «Qué pequeña.» Caminó un paso hacia ella, sin miedo.
Dalmor: «Pensé que harías algo más divertido.» Mei mantuvo la pistola firme, apuntando directo a su frente.
Sus ojos no mostraban duda Dalmor balanceó ligeramente los brazos, despreocupado.
Dalmor: «Dispara si quieres.» Su sonrisa era amplia.
Despreocupada como un niño jugando a romper cosas que no entiende la carretera estaba destrozada el aire vibraba.
Y Dalmor parecía estar divirtiéndose.
Eso lo hacía más peligroso que si estuviera enojado la carretera estaba abierta en grietas profundas fragmentos de asfalto aún caían como lluvia lenta alrededor del cráter donde Dalmor había aterrizado.
Mei respiró una vez lento controlado sacó su G-18 con fluidez impecable la sostuvo firme no temblaba.
Mei: «Última vez que pregunto.
¿Qué eres?» Dalmor ladeó la cabeza como si estuviera escuchando una canción divertida.
Dalmor: «¿Qué soy?
Mmm…» Sonrió.
Dalmor: «Estoy aburrido.» Y desapareció no fue un parpadeo normal el aire se comprimió donde estaba su cuerpo y explotó hacia los lados en una onda ligera.
Mei ya había disparado antes de que él terminara de moverse.
Tres disparos.
Secos.
Precisos.
Las balas cruzaron el espacio donde Dalmor iba a aparecer.
Él inclinó el torso apenas unos centímetros la primera bala pasó rozando su mejilla la segunda cortó un mechón de su cabello la tercera impactó el suelo detrás Dalmor apareció justo a la derecha de Mei.
Dalmor: «¡Uy!
Eso estuvo cerca.» Mei giró sobre el talón y disparó otra ráfaga corta cinco tiros ritmo constante sin desperdiciar munición Dalmor no corría se movía como si el espacio le estorbara.
Cada vez que una bala estaba por tocarlo, su cuerpo se distorsionaba levemente, como si el aire alrededor lo empujara fuera del trayecto.
No esquivaba con velocidad normal era anticipación absoluta.
Mei entrecerró los ojos.
Mei: «No es simple velocidad.» Dalmor sonrió, emocionado.
Dalmor: «¡Oh!
¡Te estás acercando!» Mei disparó directamente al pecho.
Impacto limpio el proyectil tocó su ropa y en ese instante… se deshizo la bala se volvió polvo gris antes de penetrar.
Se desintegró como si jamás hubiera sido sólida.
Mei dejó de disparar.
Analizó.
Mei: «No estás esquivando todo.» Dalmor aplaudió.
Dalmor: «¡Exacto!
¡Exacto!» Dio un pequeño giro sobre sí mismo, como si celebrara una respuesta correcta.
Dalmor: «No necesito esquivar lo que deja de existir.» Mei apretó la empuñadura.
Mei: «Explícalo.» Dalmor sonrió con orgullo infantil.
Dalmor: «Mi técnica de liberación… Disolución Primordial.» Extendió la mano hacia el suelo.
No lo tocó.
El asfalto comenzó a vibrar.
Primero pequeñas grietas.
Luego el material empezó a desprenderse en partículas microscópicas no explotaba no se quemaba simplemente perdía cohesión.
Dalmor: «Todo lo que existe está unido por algo.» Movió los dedos en el aire.
Dalmor: «Moléculas.
Enlaces.
Fuerzas.
Cositas invisibles.» El suelo debajo de Mei empezó a crujir.
Ella saltó hacia atrás justo cuando la zona donde estaba parada se convirtió en polvo suspendido.
Mei aterrizó firme.
Mei: «En conclusión descompones la estructura.» Dalmor señaló como si ella hubiera acertado en clase.
Dalmor: «¡Sí!
¡Rompo el vínculo más básico!» Su voz se volvió más aguda de emoción.
Dalmor: «No destruyo desde afuera.
Desarmo desde adentro.» Mei volvió a disparar ráfaga directa a la cabeza Dalmor no se movió.
Las balas tocaron el espacio frente a su rostro y comenzaron a fragmentarse en capas finísimas como si una mano invisible estuviera pelándolas.
Metal.
Luego polvo.
Luego nada.
Mei bajó el arma apenas un centímetro.
Mei: «¿Rango?» Dalmor inclinó la cabeza.
Dalmor: «Depende.» Mei frunció el ceño.
Dalmor: «Si te toco… inmediato.» Desapareció y reapareció frente a ella rozó el cañón del arma con la punta de los dedos.
Mei se deslizó lateralmente al mismo tiempo movimiento perfecto pero ya era tarde la superficie del arma comenzó ah desintegrarse una línea oscura recorrió el metal desde la punta hasta la empuñadura.
Mei miró el arma.
Mei: «Diablos…» El arma no explotó.
No se partió.
Se desintegró lentamente.
Como si el tiempo avanzara miles de años en segundos la pintura se desprendió el acero perdió densidad las piezas internas colapsaron en polvo fino que flotó y luego desapareció.
El cargador cayó.
Pero antes de tocar el suelo se convirtió en partículas invisibles solo quedó su mano vacía Dalmor dio un pequeño salto hacia atrás, satisfecho.
Dalmor: «El contacto directo acelera el proceso de desintegrar.» Se señaló a sí mismo.
Dalmor: «Pero también puedo expandirlo.» El aire alrededor de su cuerpo comenzó a vibrar un círculo invisible de distorsión lo rodeó el suelo dentro de ese radio empezó a deteriorarse.
Lento.
Pero constante.
Mei dio tres pasos hacia atrás.
Mei: «¿Un campo de desintegración?» Dalmor abrió los brazos como si estuviera presentando un espectáculo.
Dalmor: «Vaya por fin lo has descifrado.» Se rió.
Dalmor: «Es principio.» Se agachó y tocó una piedra.
La piedra dejó de existir antes de que su dedo terminara el movimiento.
Dalmor: «Todo regresa a su estado más básico.» Mei lo miró fijo.
Mei: «¿Y cuál es ese estado?» Dalmor mostró los dientes en una sonrisa amplia.
Dalmor: «Nada.» El viento arrastró polvo del asfalto destruido la carretera ahora parecía arena erosionada Dalmor inclinó la cabeza.
Dalmor: «¿Tienes algo más?» Su tono era ligero.
Divertido.
Como un niño esperando que el juego suba de nivel.
Mei flexionó los dedos lentamente.
Desarmada.
Pero no derrotada.
Su mirada cambió.
Fría.
Calculadora.
Mei: «Entonces en conclusión no puedo dejar que me toques.» Dalmor aplaudió una vez más.
Dalmor: «¡Exacto!» Se agachó ligeramente, listo para lanzarse otra vez.
Dalmor: «Hazlo divertido.»
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