KONMETSU - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 KONMETSU-CAPITULO 28 AMANECER DE ACERO
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28: KONMETSU-CAPITULO 28: AMANECER DE ACERO.
28: KONMETSU-CAPITULO 28: AMANECER DE ACERO.
El amanecer apenas pintaba el cielo cuando Seiji ya estaba en el campo de entrenamiento.
La neblina cubría el suelo y el aire estaba frío, pero él no se movía.
De pie en el centro, respirando lento, recordando cada golpe de Aozora el día anterior.
No era miedo lo que sentía.
Era rabia.
Rabia contra su propio límite.
A las 5:00 exactas, pasos suaves rompieron el silencio.
Kurotsuki Aozora apareció saliendo de la niebla como si hubiera estado ahí desde siempre.
Manos en los bolsillos.
Mirada tranquila.
Evaluándolo.
Aozora: «Llegaste temprano.
Eso no compensa lo débil que eres.» Seiji giró apenas la cabeza.
Seiji: «No vine a compensar nada.» Ella lo miró unos segundos.
Sin burla.
Sin sonrisa.
Aozora: «Bien.
Entonces empezamos.» Sin aviso, el suelo bajo Seiji vibró.
Los sellos negros comenzaron a extenderse por el campo como grietas dibujadas a tinta.
La presión cambió.
El aire se volvió denso.
Seiji dio un paso… y sintió que su cuerpo pesaba el doble.
Aozora caminó frente a él sin dificultad.
Aozora: «Este campo altera la gravedad en zonas irregulares.
No es constante.
No es predecible.
Si no puedes controlar tu cuerpo, no puedes controlar una pelea.» Seiji intentó avanzar.
El segundo paso fue más pesado que el primero.
El tercero casi lo hizo caer.
Seiji: «¿Solo correr?» Aozora: «Corre.» No grité.
No repitió.
Solo eso.
Seiji comenzó.
Torpe al inicio.
Cada tramo del suelo respondía diferente.
A veces ligero, a veces como si estuviera bajo toneladas invisibles.
A los veinte metros su rodilla pasó y cayó de lado.
No escuchó ninguna risa.
Solo silencio.
Se levantó.
Corrió otra vez.
El peso cambió bruscamente hacia su lado izquierdo y perdió el equilibrio.
Rodó por el suelo y se levantó con el labio partido.
Aozora: «Tu cuerpo pelea contra la presión.
No la aceptas.
Las rechazas.
Eso te vuelve lento.» Seiji respiraba fuerte.
Seiji: «No estoy rechazando nada.» Intento de nuevo.
Esta vez no empujó contra la gravedad.
Ajustó su postura.
Bajo el centro de gravedad.
Distribuyó mejor el peso.
Los pasos comenzaron a ser menos desordenados.
La presión aumentó de repente.
Triple intensidad en una radio corta.
Sus piernas temblaron.
Seiji gritó entre dientes y avanzó igual.
Aozora lo observaba con atención clínica.
Aozora: «En combate, el entorno nunca es estable.
Si tu equilibrio depende de que todo esté perfecto… morirás.» El campo volvió a cambiar.
Esta vez el peso cayó directamente sobre su espalda, obligándolo a inclinarse hacia adelante.
Seiji apoyó una mano en el suelo, impulsándose para no caer completamente.
Se levantó con esfuerzo y siguió corriendo.
Sudor en la frente.
Respiración irregular.
Músculos ardiendo.
Pero seguía.
El sol comenzó a asomarse por el horizonte, iluminando el campo marcado por sellos negros.
Aozora dio un paso adelante y la presión aumentó un nivel más.
Seiji cayó de rodillas.
El impacto polvo.
Sus brazos temblaban sosteniendo su propio peso.
Aozora: «Si te quedas ahí, terminamos.» Silencio.
Seiji apretó los dientes y empujó el suelo con ambas manos.
Se levantó.
No rápido.
No elegante.
Pero se levantó.
Y dio otro paso.
Luego otro.
El ritmo era lento, pero constante.
Aozora lo miró fijamente, sin emoción visible.
Aozora: «Esto no es para volverte más fuerte.» Seiji apenas podía respirar.
Seiji: «Entonces… ¿para qué?» Aozora: «Para que tu cuerpo deje de ser un obstáculo.» El peso volvió a cambiar.
Seiji no cayó esta vez.
Se adaptó.
Se inclina apenas.
Ajustó.
Avanzó.
El entrenamiento apenas llevaba quince minutos.
Y ya sentía que habían pasado horas.
Aozora cruzó los brazos.
Aozora: «Si sobrevives a la semana… empezamos a entrenar de verdad.» Seiji levantó la mirada hacia el sol naciente sudor cayendo por su rostro dolor en cada músculo pero una nueva estabilidad comienza a formarse no estaba siendo golpeado no estaba siendo arrastrado.
Estaba siendo moldeado y el día apenas comenzaba Seiji respiraba con dificultad, sudor recorriendo su frente.
Frente a él, Aozora permanecía firme, serena, con esa mirada tranquila que siempre parecía esconder algo más profundo.
Ella bajó ligeramente la guardia y lo observó.
Aozora: «Has avanzado bastante, Seiji.» Él levantó la vista, sorprendido por el tono serio de su voz.
Seiji: «¿En serio…?» Aozora asintió.
Aozora: «Tu control ha mejorado.
Tu postura ya no es inestable.
Y tu reacción es más rápida.
Pero si quieres seguir creciendo… es hora de subir de nivel.» El viento cruzó el campo abierto, moviendo su cabello azul oscuro.
Seiji frunció el ceño.
Seiji: «¿Subir de nivel ah que te refieres con eso?» Aozora cerró los ojos un instante, como si midiera sus palabras.
Aozora: «Voy ah usar mi técnica de liberación.» Seiji se tensó.
Seiji: «Espera… ¿Tu técnica de liberación?.» Aozora abrió los ojos.
En ellos había una calma peligrosa sin advertencia, levantó lentamente su mano izquierda.
No hubo explosión.
No hubo destello.
Solo una distorsión casi invisible en el aire.
Seiji dio un paso atrás… pero fue inútil.
Sintió su cuerpo tironearse hacia adelante.
Seiji: «¿Qué—?!» El suelo bajo sus pies se desgarró mientras era arrastrado violentamente hacia Aozora, como si una fuerza invisible lo hubiera enganchado desde el pecho.
No era viento.
No era energía visible.
Era atracción pura.
Cuanto más intentaba resistirse, más fuerte se volvía la fuerza que lo jalaba.
Su ropa vibraba, el polvo del suelo se arremolinaba hacia la mano izquierda de Aozora.
En menos de un segundo, Seiji ya estaba frente a ella, incapaz de frenar.
Y justo cuando estuvo a centímetros de su rostro— Aozora bajó su mano izquierda.
Y su mano derecha se cerró en un puño el golpe fue seco.
No fue un simple puñetazo.
Fue como si todo el impulso de la atracción se hubiera comprimido en un solo punto.
El impacto retumbó en el campo.
Seiji fue disparado hacia atrás con una explosión de aire comprimido, su cuerpo atravesando el polvo y estrellándose contra la pared del campo de entrenamiento.
El concreto se agrietó al instante, fragmentos cayendo al suelo.
El eco del impacto resonó varios segundos el polvo se asentó lentamente.
Aozora bajó el brazo, su expresión intacta.
Seiji tosió entre los escombros, intentando incorporarse.
Aozora lo miró con seriedad.
Aozora: «Cuando vayas a luchar con un enemigo debes estar preparado para todo y… tienes que aprender a enfrentarte a fuerzas que no puedes entender.» El aire está quieto.
Seiji estaba en el suysin sabes que fue lo que pasó mientras Aozora solo estiraba los dedos lentamente.
Seiji: «Que fue lo que pasó.» Aozora lo miro por unos minutos.
Aozora Levanta su mano izquierda.
Y comienza ah explicar.
Aozora: «Primero entiende esto, Seiji… mi técnica de liberación se trata del magnetismo el magnetismo no es atraer cosas.
Es crear una diferencia.
Mi Técnica de Liberación funciona generando dos estados opuestos de polaridad.
No dependen del material, ni del peso, ni del entorno.» Dio una pequeño paso hacia adelante y levantó su mano izquierda.
Aozora: «Dependen exclusivamente de lo que yo seleccione.» Seiji:«¿Seleccionar… cómo?» Aozora: «Con intención y enfoque.» Aozora: «Cuando activo mi mano izquierda, establezco un punto de convergencia.
Y todo lo que marco dentro de mi rango se convierte en “opuesto” a ese punto.» Aozora: «Y la naturaleza de polos opuestos es clara… se atraen.» De repente el cuerpo de Seiji comenzó ah deslizarse ligeramente hacia ella.
Aozora: «No estoy jalando tu ropa.
No estoy empujando el aire.» Aozora: «Estoy reescribiendo la relación espacial entre tú y mi palma.
Para el mundo… tú ahora perteneces aquí.» Cierra ligeramente los dedos y Seiji es arrastrado varios metros.
Seiji: «Entonces no es una fuerza externa…» Aozora: «Exacto.
Es una regla impuesta.» Ahora levanta la mano derecha.
Aozora: «Esta es la fase inversa.» Aozora: «Repulsión.
Aquí no creo convergencia… creo exclusión.
Lo que marco adquiere la misma polaridad que mi palma.» Aozora: «Y cuando dos polos iguales se encuentran… el espacio mismo los separa.» Una onda invisible empuja a Seiji hacia atrás sin tocarlo.
Aozora: «No es un golpe.
Es el rechazo del sistema.» Aozora: «El mundo corrige la superposición expulsando el objetivo.» Seiji: «Entonces… ¿no es que tú empujes o jales…?» Aozora: «Yo no empujo.
Yo no jalo… yo decido qué puede coexistir conmigo… y qué no.» Extiende ambas manos.
Aozora: «Ahora viene la parte importante.» Aozora: «Si establezco convergencia con la izquierda… y exclusión con la derecha… sobre el mismo objetivo…» El espacio alrededor de Seiji vibra.
Aozora: «El objetivo recibe dos órdenes contradictorias.» Aozora: «Acércate.
Aléjate.
El resultado no es equilibrio.» «Es compresión.» (El aire se densifica alrededor de Seiji por un segundo y luego se libera.) Aozora: «La energía liberada en esa corrección es lo que llamo Colapso Polar.» Aozora: «No es una explosión creada por mí.
Es la realidad intentando resolver una paradoja.» Seiji comienza ah respira hondo.
Seiji: «Entonces tu técnica no es ofensiva por naturaleza…» Aozora: «Correcto.
Es estructural controla relaciones, no objetos.» Aozora: «Y mientras pueda concentrarme… puedo decidir qué entra en mi campo y qué es expulsado de él.» Baja lentamente las manos.
Aozora: «Pero recuerda esto, Seiji… cuanto mayor es la contradicción que impongo… mayor es el desgaste en mi cuerpo.» Aozora: «Porque incluso si la realidad corrige la paradoja…» Aozora: «Soy yo quien la crea.» Silencio en el campo de entrenamiento.
Aozora: «Ahora ven otra vez… esta vez intenta resistir la convergencia antes de que marque tu polaridad.» El campo de entrenamiento ya no parecía un campo.
Parecía una anomalía física.
Seiji estaba en el centro, respirando con dificultad, mientras pequeñas piedras, polvo y fragmentos de tierra flotaban alrededor de él.
No era gravedad alterada esta vez.
Era algo más preciso.
Kurotsuki Aozora caminaba lentamente a unos metros, su mano derecha apenas levantada.
Sus dedos no estaban tensos.
No necesitaban estarlo.
Su hombro chocó contra una masa compacta de tierra que flotaba como si fuera una pared invisible.
Seiji cayó rodando cuando la fuerza desapareció.
Aozora Extendió la mano de repente un tronco fue arrancado del suelo.
No tenía componentes ferrosos.
Y aun así, se movía como si estuviera atrapado por una fuerza gravitacional selectiva.
Aozora: «Anticipa el cambio antes de que ocurra.» Seiji respiraba fuerte, mirando el cielo unos segundos antes de incorporarse.
Pasaron varios minutos más de entrenamiento brutal.
Fuerzas cambiando de dirección en pleno salto.
Aozora asignando atracción a su propio impulso para hacerlo perder equilibrio.
Repulsión en el suelo para que no pudiera impulsarse.
Cada error era un golpe invisible.
Finalmente, Aozora bajó lad manos.
El campo quedó en silencio otra vez.
Seiji apoyó las manos en las rodillas, recuperando el aire.
Aozora lo miró sin emoción.
Kurotsuki Aozora: «¿Oye una pregunta qué día es hoy?» Seiji parpadeó, confundido por el cambio repentino.
Seiji: «Ahhh es martes… 12.» Aozora desvió la mirada hacia el horizonte.
Aozora: «Entonces sólo faltan dos semanas.» Seiji levantó la cabeza.
Seiji: «¿Y se puede saber para qué oh que?» Aozora lo miró de reojo.
Aozora: «Para el gran Evento.» No explicó más.
El viento movió apenas su cabello Seiji frunció el ceño.
Seiji: «¿Qué evento?» Aozora comenzó a caminar hacia la salida del campo.
Kurotsuki Aozora: «Si sobrevives estas dos semanas… lo verás por tus propios ojos.» Y lo dejó ahí con el cuerpo adolorido y una cuenta regresiva que acababa de empezar.
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