Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

KONMETSU - Capítulo 31

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. KONMETSU
  4. Capítulo 31 - 31 KONMETSU-CAPÍTULO 30 REGISTRO
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

31: KONMETSU-CAPÍTULO 30: REGISTRO 31: KONMETSU-CAPÍTULO 30: REGISTRO Seiji y Aozora estaban de pie frente ah un enorme edificio de cristal de la compañía tecnológica de Nexxen.

El logotipo brillante coronaba la entrada principal, mientras las luces interiores parpadeaban de forma intermitente, como si algo estuviera interfiriéndose con la energía del lugar.

La noche caía pesada, y el viento arrastraba papeles sueltos por la cera vacía.

Seiji frunció el ceño al notar la cinta de seguridad rodeando parte de la entrada.

Seiji: «¿Qué hacemos aquí?»
Ella mantuvo la vista fija en las ventanas oscuras del edificio.

Aozora: «Esto es parte de tu entrenamiento… de tu entendimiento» —respondió con calma—.

Cuatro trabajadores murieron aquí dentro.

Sus muertes fueron extrañas… y perturbadoras.

No hubo señales claras de ataque físico, pero algo drenó su energía hasta dejarlos sin vida.»
Seiji tragó saliva.

Seiji: «¿Una anomalía?»
Aozora asintió levemente
Aozora: «Eso es lo que vamos a confirmar.»
Las puertas automáticas no se abrieron al acercarse, así que Aozora empujó una de las hojas de vidrio manualmente.

El interior estaba en silencio absoluto.

Las pantallas de los escritorios permanecían encendidas, mostrando líneas de código congeladas y gráficos incompletos.

Algunas sillas estaban volcadas, como si quienes trabajaban allí hubieran intentado levantarse de golpe.

El aire era denso, pesado, y una sensación incómoda recordaba la piel de Seiji como electricidad estática.

Aozora: «Mantente alerta.»
Aozora: «Lo que sea que esté aquí… no ataca de frente.

Se infiltra.

Observa.

Espera.»
Un monitor al fondo comenzó a encenderse y apagarse por sí solo.

Seiji tensó los puños.

Seiji: «Puede ser un simple fallo técnico.»
Y así, con pasos firmes pero cautelosos, ambos se adentraron más en la compañía, sabiendo que lo que encontrarían dentro no sería algo que pudiera explicarse con tecnología… sino con algo mucho más oscuro.

El sonido de sus pasos resonaba en el amplio piso de oficinas mientras avanzaban entre filas de escritorios iluminados por la luz fría de las pantallas.

Seiji observaba cada rincón con atención, intentando percibir cualquier rastro de energía extraña.

Seiji: «No siento una presencia directa…»
Aozora pasó sus dedos por una mesa donde aún había una taza de café seca y un teclado con varias teclas hundidas.

Aozora: «No fue un ataque inmediato.

Algo permaneció aquí durante días…quizás semanas.»
Ambos comenzaron a investigar por separado.

Seiji revisó los monitores.

Encontró archivos abiertos, registros de seguridad, grabaciones internas.

En varias cámaras aparecían interferencias justo antes de que los trabajadores colapsaran.

No se veía ninguna figura, pero las sombras parecían moverse en direcciones antinaturales.

Seiji: «Aozora, mira esto.»
Ella se acercó.

En la pantalla, uno de los empleados se llevaba las manos al pecho, como si le faltara el aire, antes de caer al suelo.

La imagen se distorsionó justo en ese instante.

Aozora entrecerró los ojos.

Aozora: «No fue físico.

Fue algo que atacó desde dentro.»
Decidieron revisar el área donde ocurrió el último incidente: la sala de servidores.

Al abrir la puerta, una ráfaga de aire helado los envolvió.

Las luces parpadearon con más intensidad allí dentro.

El zumbido constante de las máquinas parecía irregular.

Seiji dio un paso adelante y se detuvo.

Seiji: «¿Sientes eso?»
Aozora asintió lentamente.

En el suelo, cerca de uno de los estantes principales, se encontraron marcas oscuras que se extendían como grietas, pero no eran quemaduras ni manchas comunes.

Parecían sombras adheridas al piso
Aozora se agachó y extendió la mano sin tocar directamente la superficie.

Aozora: «Aquí es donde se manifestó con mayor fuerza.»
De pronto, una de las pantallas de monitoreo mostró un mensaje que no estaba antes.

Las letras aparecieron solas, una por una:
“SIGUEN AQUÍ.”
Seiji apretó los dientes.

Aozora: «Después de investigar… creo que no estamos cazando algo que ya se fue.»
Las luces se apagan por completo durante un segundo.

Y cuando volvieron… una silueta distorsionada se reflejaba en el cristal del servidor, justo detrás de ellos.

El aire en la sala de servidores se volvió más pesado mientras avanzaban con cautela hacia el fondo del área restringida.

Aozora: «Aquí es donde los reportes marcaron la última actividad.»
 Seiji observo un pasillo lateral apenas iluminado por luces de emergencia.

Seiji tragó saliva y empujó la puerta metálica al final del corredor.

El olor era extraño.

No era exactamente putrefacción… era algo más seco, más vacío.

Como si el aire mismo estuviera muerto.

Al encender la linterna de su teléfono, la luz reveló la escena.

Los cuatro trabajadores estaban allí.

No había sangre ni señales de violencia directa, pero sus cuerpos estaban en posiciones antinaturales, como si algo invisible los hubiera retorcido desde dentro.

Sus rostros estaban congelados en expresiones de terror absoluto.

Sus ojos abiertos parecían mirar algo que aún seguía en la habitación.

Uno estaba sentado contra la pared, con los brazos rígidos extendidos hacia el techo.

Otro yacía en el suelo con la espalda arqueada de manera imposible, como si la gravedad hubiera perdido sentido en el momento de su muerte.

Seiji sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Seiji: «Esto no es normal… ni siquiera para una anomalía.»
Aozora se acercó a uno de los cuerpos y examinó sin tocar.

Aozora: «No hay heridas externas.

Pero sus cuerpos están completamente drenados.»
La piel de los trabajadores tenía un tono pálido y opaco, como si toda su vitalidad hubiera sido extraída.

No parecía una muerte rápida… sino algo que los consumió lentamente.

De pronto, una de las luces del techo parpadeó.

El ambiente cambió.

Seiji dio un paso atrás.

Aozora: «Aozora…»
Ella lo sintió también
Una presión invisible comenzó a llenar la habitación, como si el mismo espacio se comprimiera alrededor de ellos.

Aozora: «Estamos dentro del territorio de lo que los mataron.»
La presión en la habitación aumentó de golpe.

Las sombras pegadas al suelo comenzaron a desprenderse como si fueran arrancadas por manos invisibles.

Del techo, de las paredes, incluso de entre los servidores… emergieron ocho figuras deformes , de cuerpos alargados y rostros desfigurados, como si estuvieran hechos de humo denso comprimido.

Seiji adoptó postura de combate.

Seiji: «¿Qué son anomalías…?»
Aozora dio un paso al frente, serena.

Aozora: «Son demonios de segunda categoría.

No son ninguna amenaza real.

Solo números.»
Las criaturas emitieron sonidos ásperos, como interferencia digital mezclada con respiraciones rotas.

Una de ellas se lanzó primero.

Aozora levantó su mano izquierda.

Aozora: «Técnica de Liberación: Polaridad Izquierda.»
El aire vibró.

El demonio fue arrastrado violentamente hacia ella, como si el espacio mismo lo hubiera enganchado con una fuerza invisible.

Justo cuando estuvo a centímetros
Aozora giró su cuerpo y extendió la mano derecha.

Aozora: «Polaridad Derecha.»
La fuerza cambió bruscamente.

El demonio fue repelido con una explosión de presión que lo lanzó contra el techo.

El impacto resonó como metal retorciéndose.

La criatura se desintegró en cenizas antes de tocar el suelo
Aozora: «Atracción y repulsión… control absoluto del flujo»
Otro demonio intentaba atacarla por la espalda.

Sin siquiera mirar, invirtió la polaridad bajo sus pies, atrayendo a dos enemigos entre sí hasta que chocaron con tal violencia que sus cuerpos colapsaron en una masa informe.

Mientras tanto, Seiji se enfrentaba a tres al mismo tiempo.

Uno lo embistió de frente.

Otro intentó rodearlo.

El tercero saltó desde arriba.

Seiji: «Técnica de Liberación; Convergencia…»
Su técnica aún no era estable.

La energía se acumulaba de manera irregular alrededor de su brazo, como pequeñas fracturas luminosas que aparecían y desaparecían.

No era un destello uniforme… era más bien como si el aire se comprimiera en capas invisibles, cada una vibrando en distinta frecuencia.

Golpeó.

Pero falló.

La energía explotó antes del impacto completo, lanzando ah Seiji hacia atrás junto con el demonio
Aozora lo miró de reojo.

Aozora: «Controla el punto exacto.

No las fuerzas.»
Seiji respiró hondo.

Otro demonio se abalanzó directo hacia él.

Esta vez esperó
Sintió el momento preciso: el instante en que su puño y el cuerpo del demonio coincidieron en espacio y tiempo.

Seiji: «Ahora.»
El impacto no produjo un simple golpe.

Fue como si todo el aire en una radio de varios metros se comprimiera en un punto microscópico y luego se liberara en una sola dirección
Un estruendo seco sacudió la sala.

El demonio no solo se desintegró; su cuerpo se borró en línea recta hacia atrás.

La onda de choque perforó la primera pared , atravesó la sala contigua y aún tuvo fuerza suficiente para destrozar una segunda pared , dejando un túnel irregular lleno de polvo y concreto pulverizado.

El edificio entero tembló.

Seiji quedó inmóvil, con el brazo humeante y los ojos abiertos por la sorpresa.

Seiji: «Yo… no calculé eso.»
Aozora observó el agujero en las paredes y luego a él.

Aozora: «Tu Técnica de Liberación aún es inestable.

Pero cuando la controles ah la perfección… podrás superar tus propios limites.»
El último demonio intentó huir.

Aozora simplemente cerró el puño izquierdo.

La criatura fue arrastrada hacia el centro de la habitación, comprimida por fuerzas opuestas hasta colapsar en silencio.

El polvo comenzó a asentarse.

Entre cables rotos y concreto destruido, Seiji miró su mano aún temblorosa.

Seiji: «Me doy cuenta que aún soy muy malo en controlar mi técnica.»
Aozora caminó hacia la salida del pasillo devastado.

Aozora: «Por eso esto es entrenamiento.»
Pero en el fondo del edificio, más allá de las paredes destruidas… algo más fuerte había sentido esa explosión de energía.

El polvo aún flotaba en el aire.

Fragmentos de concreto crujían bajo sus pasos mientras las luces de emergencia parpadeaban con debilidad.

Seiji respiraba con dificultad, mirando el agujero que había abierto con su Técnica de Liberación.

Seiji: «Entonces… ¿ya terminamos la misión?»
Aozora no respondió de inmediato.

Caminó lentamente hacia donde estaban los cuerpos de los trabajadores.

Se detuvo frente a ellos, observando en silencio las posturas forzadas, la ausencia total de energía en sus rostros.

Luego negó suavemente con la cabeza.

Aozora: «No.»
Seiji frunció el ceño.

Seiji: «¿Cómo que no?

Acabamos de exterminar ah los demonios.»
Aozora se agachó junto a uno de los cuerpos, analizando el entorno más que el cadáver en sí.

Aozora: «Esos demonios no pudieron hacer algo así.»
Seiji miró nuevamente a los trabajadores.

Seiji: «Pero estaban aquí…»
Aozora: «Sí.

Pero su energía era inestable, ruidosa.

Actuaban por impulso—Aozora señaló el ambiente alrededor— lo que ocurrió aquí fue preciso.

Sistemático.

Los drenaron por completo… sin destruir el entorno.»
Seiji recordó cómo los demonios atacaban: torpes, agresivos, desordenados.

Nada que ver con la escena calculada frente a ellos.

Seiji: «Entonces… ¿fueron enviados?»
Aozora se puso de pie.

Aozora: «Exacto.»
Sus ojos se afilaron.

Aozora: «Alguien más hizo esto.

Y después uso ah esos demonios para ensuciar la escena.

Para que pareciera un incidente común.»
Seiji sintió un escalofrío.

Seiji: «¿Un encubrimiento?»
Aozora: «Más bien… una distracción.»
El edificio emitió un leve crujido estructural, grabándoles el daño reciente
Aozora observó el túnel que la Técnica de Seiji había abierto.

Aozora: «Y con ese estallido que provocaste… probablemente ya sabe que estamos aquí.»
El silencio que siguió fue diferente al anterior.

Más profundo.

Más consciente
Seiji apretó los puños.

Seiji: «¿Entonces la misión no ah terminado?»
Aozora caminó hacia el pasillo oscuro que conducía a los niveles inferiores del edificio.

Aozora: «No.»
Su voz fue firme.

Aozora: «La misión apenas comienza.»
Las puertas del edificio se cerraron detrás de ellos con un sonido pesado.

La brisa nocturna movió la cinta de seguridad mientras Seiji estiraba ligeramente su brazo aún adolorido por su técnica.

Seiji: «Necesito practicar más…»
Aozora observó el edificio por última vez.

Aozora: «Lo harás.

Pero por ahora nos retiramos.»
Estaban a punto de alejarse cuando una voz los llamó desde la acera.

Voz: «¡¿Seiji?!»
Seiji se detuvo en seco.

Esa voz… la reconoció.

Se giró
Bajo la luz del poste estaba un joven con mochila al hombro y expresión sorprendida.

Seiji: «¿Hiroto…?»
El chico sonrió ampliamente.

Hiroto: «¡Si!

¡No puedo creerlo!

¡Pensé que te habías ido del país o algo así!»
Aozora miró a Seiji de reojo.

Aozora: «¿Lo conoces?»
Seiji asintió, todavía procesando el encuentro.

Seiji: «Sí.

Su nombre es Hiroto Shinomiya.

Íbamos juntos en secundaria… desde el primer año.»
Hiroto se acercó con entusiasmo.

Hiroto: «¡Desapareciste de la nada!

Cambiaste de escuela y nadie sabía qué pasó.»
Seiji soltó una pequeña risa nerviosa.

Seiji: «Fue… complicado.»
Hiroto miró el edificio detrás de ellos.

Hiroto: «¿Y ustedes qué hacen por aquí tan tarde?

Este lugar está lleno de policías desde hace días.»
Aozora respondió con naturalidad.

Aozora: «Trabajo.»
Hiroto no insistió, simplemente se encogió de hombros.

Hiroto: «Bueno, ¿qué coincidencia encontrarte aquí?

Deberíamos ponernos al día algún día.»
Seiji asintió.

Seiji: «Sí… estaría bien.»
Tras intercambiar un par de palabras y sus números y prometer hablar pronto, Hiroto se despidió con la mano y continuó su camino por la calle
Cuando se alejó lo suficiente, Aozora miró a Seiji.

Aozora: «Así que amigo de la infancia.»
Seiji sonrió levemente.

Seiji: «Sí.

Es buena persona.»
Aozora comenzó a caminar
Aozora: «Entonces intenta que tu vida normal no se mezcle demasiado con esto por qué podría acabar muy mal.»
Seiji la siguió, lanzando una última mirada hacia donde Hiroto había desaparecido entre las luces de la ciudad.

Por un momento… la noche volvió a sentirse casi normal.

Miércoles = 8:08 a.m.

El timbre de entrada acababa de sonar en la preparatoria.

El murmullo de estudiantes llenaba los pasillos mientras algunos corrían a sus salones y otros se quedaban conversando cerca de las ventanas abiertas.

En el patio trasero, junto a unas escaleras metálicas que daban a las aulas superiores, Hiroto estaba sentado tranquilamente en una banca.

Tenía su mochila a un lado y sostenía un pan relleno envuelto en papel.

El sol de la mañana iluminaba el lugar con suavidad.

Hiroto dio un mordisco a su desayuno, revisando su teléfono con calma.

Parecía completamente ajeno al ruido alrededor.

Hiroto: «Al menos hoy no llegué tarde…»
De pronto, una sombra cayó sobre él.

Chico 1: «Miren nada más… el chico perfecto desayunando solo.»
Hiroto levantó la vista.

Tres estudiantes mayores estaban frente a él.

Uno de ellos llevaba la chaqueta del uniforme abierta y una sonrisa burlona.

Chico 2: «¿Otra vez comiendo aquí solo, Shinomiya?»
Otro lo empujó levemente su hombro con el pie.

Hiroto suspiró, intentando mantener la calma.

Hiroto: «No estoy molestando a nadie.»
El tercero le arrebató el pan de las manos y lo levantó en el aire.

Chico 3: «Claro que no… pero es aburrido verte tan tranquilo.»
Alrededor, algunos estudiantes miraban de reojo, pero nadie intervenía.

Hiroto se puso de pie lentamente.

Hiroto: «Devuélvemelo.»
El chico soltó una risa seca.

Chico 3: «¿Y si no quiero?»
El ambiente, que hace segundos era cotidiano y normal, comenzó a tensarse.

No había nada sobrenatural allí… solo la presión incómoda de una situación injusta.

Hiroto apretó los puños, conteniendo la frustración.

El miércoles apenas estaba comenzando.

El más alto de los tres dio un paso al frente, todavía con el pan en la mano.

Chico 3: «Te hice una pregunta, Shinomiya.»
Hiroto lo miró fijamente, pero no respondió.

El silencio pareció molestar más que cualquier palabra.

Chico 3: «¿Te comiste la lengua?»
Insistió el chico, acercándose más.

Hiroto bajó la mirada.

No quería provocar más.

El otro estudiante soltó una risa.

Chico 1: «Siempre igual… actuando como si fueras mejor que todos.»
Hiroto siguió en silencio.

Ese gesto fue suficiente.

El líder frunció el ceño y, de repente, avanzó y lo empujó con fuerza contra la pared cercana.

Chico 3: «¡Cuando te hablo, respondes!»
Hiroto apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando recibió un golpe directo en el estómago.

El aire se le escapó de golpe.

El agresor lo sostuvo del cuello de la camisa.

Chico 3: «Aprende cuál es tu lugar… escoria.»
Acto seguido, lo soltó solo para darle otro golpe en el rostro que lo hizo caer al suelo.

Los otros dos se unieron sin dudar.

Patadas, empujones, golpes desordenados.

Hiroto intentó cubrirse la cabeza con los brazos, encogiendo el cuerpo para protegerse lo más posible.

Algunos estudiantes observaban desde lejos.

Nadie intervenía.

El murmullo del patio parecía distante, como si la escena estuviera aislada del resto del mundo.

Chico 1: «¿Sigues creyéndote especial?»
Uno de ellos escupió mientras lo empujaba contra el suelo otra vez.

Hiroto no respondió.

Solo resistía, en silencio, soportando cada impacto mientras el miércoles por la mañana se tornaba cada vez más pesado.

3:10 p.m.

Haruto salió del edificio con la mochila colgando de un solo hombro.

Caminaba despacio, con el labio partido y un moretón comenzando a formarse bajo el ojo.

Intentaba aparentar normalidad, aunque cada paso le dolía.

El sol de la tarde bañaba la calle frente a la preparatoria.

Una voz lo llamó desde un costado de la acera.

Raizen: «Oye, ¿estás bien?»
Hiroto levantó la vista.

Frente a él estaba un hombre de vestido de monje postura recta y mirada tranquila.

Hiroto frunció ligeramente el ceño.

No lo conocía para nada.

Haruto: «¿Perdón…?»
Raizen dio un paso más cerca, observando los golpes en su rostro.

Raizen: «Te ves bastante golpeado.»
Hiroto apartó la mirada con una sonrisa incómoda.

Haruto: «Estoy bien.

No es nada.»
Raizen lo miró en silencio unos segundos, como si evaluara su respuesta.

Raizen: «Te acompaño.»
Hiroto parpadeó.

Haruto: «¿Qué?»
Raizen comenzó a caminar con naturalidad.

Raizen: «Así evitarás que vuelvan a molestarte.»
Hiroto se quedó quieto.

Hiroto: «¿De qué estás hablando?»
Raizen lo miró de reojo.

Raizen: «Takeda.

Moriyama.

Fujii.»
Los mencionó uno por uno, con total calma.

Hiroto sintió un pequeño escalofrío.

Haruto: «¿Cómo es que sabes sus nombres?»
Raizen: «Los he visto antes.

No son muy discretos que digamos.»
Hubo un momento de silencio.

Finalmente, Hiroto comenzó a caminar junto a él, todavía confundido.

Las calles estaban tranquilas mientras avanzaban.

Después de unos minutos, Raizen volvió a hablar.

Raizen: «Puedo preguntarte algo.»
Hiroto: «¿Qué cosa?»
Raizen: «¿Qué harías si tuvieras poderes?»
Hiroto frunció el ceño.

Haruto: «¿Poderes?»
Raizen: «La capacidad de cambiar las cosas.

De no quedarte callado.»
Hiroto guardó silencio.

No sabía qué responder.

Pero entonces recordó la mañana.

Las risas.

Los golpes.

La humillación.

Apretó los puños dentro de los bolsillos.

Caminaron unos pasos más antes de que finalmente Hiroto hablara.

Hiroto: «Supongo… que les daría una lección.»
Raizen lo miró con interés.

Hiroto: «Para que no vuelvan a molestarme.»
El viento sopló suavemente entre los árboles.

Raizen mostró una leve sonrisa.

Raizen: «Tal vez… haya una forma.»
Hiroto lo miró, confundido, sin saber exactamente qué significaban esas palabras

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo