KONMETSU - Capítulo 36
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- Capítulo 36 - 36 KONMETSU-CAPÍTULO 35 QUE SIGNIFICA PARÁ TÍ
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36: KONMETSU-CAPÍTULO 35: QUE SIGNIFICA PARÁ TÍ 36: KONMETSU-CAPÍTULO 35: QUE SIGNIFICA PARÁ TÍ La mañana era clara y el cielo estaba despejado cuando Hiroto caminaba hacia la preparatoria.
Su paso era tranquilo, constante, como si cada movimiento estuviera perfectamente medido.
No llevaba prisa, pero tampoco dudaba.
Aunque su expresión era distinta a la de otros días: más seria, más cerrada.
A lo lejos, el edificio de la preparatoria se alzaba como siempre.
Familiar.
Intacto.
Contradictorio frente al caos que había consumido su hogar la noche anterior.
Al cruzar el portón principal, el murmullo del patio comenzó a cambiar.
No fue inmediato.
Primero fueron miradas.
Luego susurros.
Grupos pequeños inclinando la cabeza hacia él, finciendo no observarlo directamente.
—«Es él…» —«¿Supiste lo que pasó?» —«Dicen que su casa se quedó por completo…» —«Y que su mamá murió quemada…» Las voces bajaban cuando Hiroto pasaba cerca, pero volvían a elevarse apenas se alejaba unos pasos.
—«Qué fuerte…» —«¿Cómo estará aquí como si nada?» —«Yo no podría venir después de algo así.» Hiroto escuchaba.
Cada palabra.
Cada susurro.
Pero no reaccionaba.
Sus ojos permanecían al frente, su respiración estable.
No aceleró el paso ni intentó escapar de las miradas.
Tampoco buscó compasión.
Caminó por el patio como si atravesara una corriente invisible de juicio y curiosidad.
Algunos compañeros lo miraban con lástima.
Otros simplemente con incomodidad.
Las puertas del edificio principal estaban abiertas.
Hiroto subió los escalones sin detenerse.
El sonido de sus zapatos contra el suelo resonó levemente en la entrada.
El murmullo quedó atrás.
Pero la sensación no.
Había regresado al mismo lugar.
Sin embargo, algo en él ya no era el mismo.
Hiroto siguió avanzando por el pasillo principal sin girar la cabeza, como si los susurros no existieran.
Los casilleros a ambos lados reflejaban su silueta al pasar.
Cada paso era firme, constante.
No aceleraría.
No se detenía.
Las voces continuaban detrás de él.
—«¿Será verdad que no quedó nada de la casa?» —«Pobre…» —«Yo escuché que fue un accidente…» Hiroto no respondió.
No miro.
No cambió el ritmo.
Subió las escaleras hacia el segundo piso.
El sonido del timbre lejano anunciaba que faltaba poco para iniciar clases.
Estudiantes cruzaban frente a él, algunos bajaban la mirada al encontrarse con la suya.
Entonces, al doblar el pasillo hacia su salón, tres figuras bloquean el camino.
Los mismos de siempre.
Chico 1 se apoyó contra la pared con una sonrisa torcida.
Chico 2 tenía las manos en los bolsillos, impidiendo mirar directamente.
Chico 3 dio un paso al frente, invadiendo el espacio personal de Hiroto.
Chico 3: «Miren quién decidió venir.» Hiroto se detuvo frente a ellos, sin retroceder.
Chico 1 inclinó la cabeza, fingiendo curiosidad.
Chico 1: «Pensé que estarías… no sé… llorando por ahí.» Un par de estudiantes redujeron el paso al notar la tensión.
Chico 3 empujó ligeramente el hombro de Hiroto.
Chico 3: «Oye, ¿ya no tienes una casa ah dónde ir?
¡oh cierto ya no tienes!» Algunos soltaron risas nerviosas.
Chico 2 murmuró, más bajo: Chico 2: «Oigan déjenlo…» Chico 1 lo ignoró.
Chico 1: «¿Dime una cosa qué se siente perderlo todo?» El pasillo quedó en un silencio incómodo.
Hiroto permaneció inmóvil.
Su respiración era lenta.
Controlada.
Sus ojos, sin embargo, ya no eran los mismos de antes no había miedo en ellos solo una calma extraña y profunda el pasillo seguía en silencio.
Chico 1 sonreía con burla.
Chico 3 se inclinó un poco más hacia Hiroto, invadiendo su espacio, disfrutando cada segundo.
Chico 3: «Oye… me pregunto algo.» Hiroto no respondió.
Chico 3 sonrió con crueldad.
Chico 3: «¿Cómo se habrá sentido tu madre estando en esa casa quem—» No terminó la frase.
Algo cambió.
El aire se volvió denso.
Pesado.
Hiroto: «Técnica de liberación… Extensión de Ánima: Tentáculos.» Por un instante, nadie entendió lo que dijo.
Entonces— Una presión invisible se estalló desde su espalda.
Su ropa se tensó violentamente y algo emergió detrás de él: estructuras oscuras, densas, formadas de energía condensada.
No eran sólidas como carne ni humo como sombra.
Eran extensiones vivas, retorcidas, vibrando con una fuerza contenida.
Antes de que Chico 3 pudiera retroceder— Una de esas extensiones se lanzó hacia adelante.
El impacto fue brutal.
Un sonido seco resonó en el pasillo.
El cuerpo de Chico 3 fue aplastado contra el suelo sangre salpico por todos lados.
El suelo tembló.
El silencio dura apenas un segundo.
Luego comenzaron los gritos.
Chico 1 retrocedió tropezando.
Chico 2 cayó sentado, paralizado, incapaz de procesar lo que había pasado.
Los estudiantes alrededor quedaron inmóviles, con los ojos abiertos, sin comprender.
Las extensiones detrás de Hiroto se movían lentamente, como si respiraran.
Un grito desgarrador rompió el shock colectivo.
Entonces el caos explotó.
Alumnos corriendo gritos desesperados puertas abriéndose de golpe pasos acelerados por las escaleras.
Chico 1 y Chico 2 retrocedieron cubiertos de polvo y sangre, temblando, mirando a Hiroto como si ya no fuera humano.
Hiroto permaneció de pie.
Inmóvil.
Las extensiones de ánima se alzaban detrás de él como alas oscuras.
Sus ojos ya no mostraban duda.
Solo un vacío frío y el inicio de algo que ya no podía detenerse el pasillo era un caos.
Gritos.
Pasos alejándose puertas golpeando contra las paredes en medio de todo, Hiroto giró lentamente la cabeza.
Sus ojos se posaron en Chico 2.
El chico estaba en el suelo, temblando, las manos apoyadas detrás de él mientras retrocedia como podía.
Chico 2: «¡Yo… yo no quería esto!» Su voz se quebraba.
Chico 2: «¡No fue mi idea!
¡Te lo juro!» Hiroto no respondió.
Solo dio un paso.
Una de las extensiones oscuras detrás de él se movió, arrastrándose por el suelo con un sonido inquietante.
Chico 2 señaló desesperadamente hacia el otro lado del pasillo.
Chico 2: «¡Fue idea de Takeda!
¡Él dijo que lo hacieramos!
¡Él planeó quemar tu casa!» El nombre quedó suspendido en el aire.
Hiroto se detuvo frente a él.
Lo miró desde arriba.
Sin emoción.
Hiroto se inclinó ligeramente y lo tomó del cuello de la camisa, levantándolo apenas del suelo.
Hiroto: «Repite lo que dijiste.» Su voz era baja.
Controlada.
Pero había algo en ella que helaba la sangre.
Chico 2 tragó saliva.
Chico 2: «Fue… fue Takeda… él dijo que debíamos quemar tu ca—» No pudo terminar.
Una de las extensiones se movió con violencia.
El impacto fue repentino.
El cuerpo de Chico 2 fue atravesado por completo siendo levantado y lanzado contra los casilleros con una fuerza brutal.
El metal se abolló.
El sonido resonó por todo el piso.
El chico permanecía inmóvil, deslizándose lentamente hasta el suelo manchando todo de sangre.
Los pocos estudiantes que aún no habían huido observaron en absoluto horror antes de salir corriendo.
Hiroto soltó la tela rasgada que aún sostenía.
Las extensiones detrás de él se agitan lentamente, como si respondieran a sus emociones.
Su mirada se desplazó.
Buscando.
Takeda Ryo.
El pasillo estaba casi vacío ahora.
Pero la cacería apenas comenzaba.
El nombre todavía resonaba en el pasillo.
Takeda Ryo.
Y él lo sabía.
Ryo ya estaba corriendo.
Empujó a dos estudiantes que intentaban huir y girar bruscamente por la esquina del corredor.
Su respiración era descontrolada, sus pasos torpes por el pánico.
Ryo: «¡Esto no puede estar pasando…!» Detrás de él, algo se arrastraba.
No por el suelo.
Desde arriba.
El techo crujió.
Las luces parpadearon.
De las grietas entre las placas comenzaron a asomarse extensiones oscuras, descendiendo como sombras vivas que se deslizaban por las paredes.
Ryo levantó la vista y gritó.
Uno de los tentáculos cayó frente a él, bloqueando el camino.
Giró hacia las escaleras de emergencia y bajó saltando los últimos escalones.
Ryo: «¡Aléjate de mí maldito monstruo!» Salió al patio trasero, tropezando, casi cayendo.
Miró hacia atrás.
Nada.
Por un segundo, creyó que se había escapado.
El viento soplaba con fuerza en el patio vacío.
Ryo retrocedió lentamente.
Ryo: «…No puede alcanzarme aquí…» Un sonido seco.
Arriba.
Desde el borde del edificio, varias extensiones oscuras se despliegan como una sola.
Descendieron con velocidad.
Ryo intentó correr de nuevo pero una se enrolló alrededor de su pierna cayó al suelo con fuerza otra sujetó su brazo otra rodeó su torso.
Ryo gritaba mientras era levantado del suelo, suspendido en el aire por aquellas estructuras en forma de tentáculos que se movían como si tuvieran voluntad propia.
Frente a él, caminando lentamente desde la entrada del edificio, apareció Hiroto.
Sus pasos eran tranquilos.
Sus ojos vacíos.
Las extensiones respondían a cada mínimo movimiento de su cuerpo.
Ryo forcejeó desesperadamente.
Ryo: «¡F- fue un accidente!
¡Yo no quería que muriera tu madre de verdad solo era una broma que se salio de control!» Hiroto se detuvo a pocos metros las sombras detrás de él se agitan lentamente la presión en el aire era insoportable el patio estaba en completo silencio.
Y Ryo ya no tenía a dónde huir.
El patio trasero de la preparatoria estaba vacío.
Las puertas que daban al exterior se balanceaban lentamente después de que los últimos estudiantes huyeron.
El viento arrastraba papeles sueltos por el suelo.
Ryo colgaba en el aire, atrapado por varias extensiones oscuras que lo sujetaban de brazos y piernas.
Intentaba moverse, pero cada pequeño forcejeo solo hacia que la presión aumente.
Hiroto avanzó un paso.
Y los tentáculos obedecieron.
Ryo fue estrellado contra el suelo con violencia votando sangre.
El impacto le arrancó un grito ahogado.
Ryo: «¡¡Aaah!!» Antes de que pudiera incorporarse, otra extensión lo levantó y lo lanzó contra la pared lateral del gimnasio.
El sonido seco del golpe resonó en todo el patio.
Ryo cayó de rodillas vomitando aún mas sangre que antes, pero no tocó el suelo por mucho tiempo.
Un tentáculo se enroscó en su torso y lo arrastró varios metros, raspándolo contra el pavimento.
Ryo: «¡Por favor!
¡Ya basta!» Hiroto caminaba despacio.
No corría.
No gritaba.
Solo avanzaba.
Hiroto: «¿Duele verdad?» Ryo lloraba sin poder contenerse.
Ryo: «¡Sí!
¡Sí, duele!» Otra sacudida lo levantó y lo estampó contra una columna de concreto.
Hiroto: «A mí también me dolía.» Ryo tosió, intentando respirar.
Ryo: «¡Yo no fui el único!
¡Ellos también estaban ahí!» Hiroto se detuvo frente a él.
Las extensiones lo elevaron hasta dejarlo suspendido a la altura de los ojos de Hiroto.
Hiroto: «Cuando me empujaron por las escaleras… tú te reíste.» Ryo negó desesperadamente.
Ryo: «¡Era una broma!
¡Solo era una broma!» Hiroto: «Cuando me golpeaban entre tres… tú decías que era débil.» Los tentáculos se tensaron alrededor del cuerpo de Ryo.
Ryo: «¡Lo siento!
¡Lo siento!
¡No lo dije en serio!» Hiroto inclinó ligeramente la cabeza.
Hiroto: «Cuando le prendiste fuego ah mi casa con mi madre adentro…» Ryo empezó a temblar más fuerte.
Ryo: «¡Yo no quería que muriera!
¡Solo queríamos asustarte!» Una extensión lo azotó nuevamente contra el suelo.
Ryo gritó, su voz quebrándose.
Hiroto: «¿Asustarme dices?» Silencio.
Hiroto: «¿Así como yo me asusté cuando vi mi casa en llamas?» Ryo sollozaba.
Ryo: «¡Fue un error!
¡Se salió del control!
¡No pensé que el fuego se extendería de esa forma!» Hiroto: «¿Y mi madre?» Las palabras salieron bajas.
Pesadas.
Ryo apenas pudo sostenerle la mirada.
Ryo: «…Yo…» Los tentáculos lo presionaron contra el suelo otra vez, inmovilizándolo.
Hiroto: «¿Pero sabes qué es lo peor?» Ryo lloraba sin control.
Ryo: «¡Perdóname!
¡Te lo suplico!» Hiroto: «Que yo también les pedí que se detuvieran.» El viento soplo con más fuerza.
Hiroto: «Les pedí que me dejaran en paz.» Ryo cerró los ojos, lágrimas mezclándose con su sangre.
Ryo: «¡No lo volveré a hacer!
¡Te lo juro!
¡Haré lo que quieras!» Hiroto: «¿Lo que quiera?» Ryo asintió frenéticamente.
Ryo: «¡Sí!
¡Lo que sea t-te dare dinero una nueva casa mucho mejor que la que tenías antes!» Hiroto lo observó unos segundos que parecieron eternos.
Hiroto: «Escucha bien lo que voy ah decir ni con todo el dinero del mundo va ah devolverme ah mi madre.» Las extensiones lo levantaron una vez más y lo dejaron caer con fuerza suficiente para que el impacto resonara en el patio, pero esta vez no lo volvieron a elevar.
Ryo quedó tendido en su espalda un charco de sangre cubriéndolo por completo, temblando, apenas consciente.
Ryo: «…Lo siento… lo siento mucho Hiroto… de verdad lo siento.» Hiroto permaneció de pie frente a él.
Los tentáculos detrás de su espalda se movían lentamente, como si respiraran junto a él.
Ryo solo podía llorar.
Y pedir perdón.
Pero el eco de sus disculpas se perdía en el viento.
El patio seguía en silencio.
Ryo apenas podía moverse.
Su cuerpo temblaba contra el pavimento lleno de sangre mientras intentaba arrastrarse unos centímetros, dejando marcas irregulares sobre el suelo.
Los tentáculos volvieron a elevarlo lentamente.
No con violencia esta vez.
Con intención.
Una de ellas se tensó frente a él, afilándose, vibrando con una presión que hacía crujir el aire alrededor.
Hiroto avanzó un paso más su mirada era completamente fría Ryo apenas pudo alzar la cabeza.
Ryo: «…Por favor…» Los tentáculos respondieron al leve movimiento de los dedos de Hiroto.
Un segundo más.
Y todo terminaría.
Entonces— Una voz cortó el aire.
Seiji: «¡Hiroto!» El grito resonó por todo el patio.
Los tentáculos se detuvieron.
No desaparecieron.
Pero vacilaron.
Seiji corrió hacia ellos, deteniéndose a varios metros, observando la escena con incredulidad.
Ryo suspendido en el aire.
El suelo agrietado.
Las paredes manchadas de sangre por los impactos.
Y Hiroto…
en el centro de todo.
Seiji dio un paso más, su voz firme.
Seiji: «¿Qué estás haciendo?
carajo.» El viento sopló entre ambos Hiroto no se giró de inmediato los tentáculos seguían tensos, esperando una orden.
Seiji apretó los puños.
Seiji: «¡Hiroto!» Un segundo de silencio.
Luego Hiroto giró lentamente el rostro hacia él sus ojos no eran los mismos había algo más profundo ahí algo que Seiji no había visto antes.
Seiji bajó la voz, pero no la firmeza.
Seiji: «Esto no eres tú.» La extensión frente a Ryo volvió a vibrar.
Ryo lloraba.
Hiroto habló finalmente.
Hiroto: «¿Y qué soy, entonces ah Seiji?» El patio parecía contener la respiración.
El siguiente movimiento decidiría todo.
En la cima de la preparatoria, el viento golpeaba con fuerza el borde del edificio.
Desde allí, el patio parecía un escenario lejano donde dos figuras estaban a punto de chocar inevitablemente.
Raizen observaba en silencio, con los brazos detrás de la espalda.
Dalmor, en cambio, estaba sentado sobre la baranda, balanceando una pierna con expresión completamente aburrida.
Dalmor: «Sigo sin entender por qué me trajiste.
Todo esto parece demasiado… sentimental.» Raizen no apartó la vista.
Raizen: «Tranquilo muy pronto lo entederas.» Dalmor soltó una risa baja.
Dalmor: «Hablas como si estuvieras diseñando una máquina.» Raizen: «Eso es exactamente lo que estoy haciendo.» Dalmor miró hacia abajo, donde Hiroto y Seiji se enfrentaban.
Dalmor: «Entonces me explicó.
¿Qué parte de tu “estructura” implica que esos dos se destruyen?» Raizen respondió con calma absoluta.
Raizen: «Seiji necesita perder.» Dalmor alzó una ceja.
Dalmor: «¿Perder?
Pensé que querías que se hiciera más fuerte para tus futuros planes oh me equivoco.» Raizen: «La fuerza real no nace de la victoria.
Nace del vacío que deja algo irremplazable algo que no se puede recuperar.» El viento soplo con más intensidad.
Dalmor entrecerró los ojos.
Dalmor: «Ah… ya lo entiendo.
No planeas que esta pelea termine con una simple derrota.» Raizen finalmente giró el rostro hacia él.
Raizen: «Hiroto debe morir.» Dalmor lo observó unos segundos, sin sorpresa.
Dalmor: «Así que ese es el final.» Raizen admitió levemente.
Raizen: «Hiroto es simplemente un peón desechable.» Dalmor apoyó los codos en sus rodillas.
Dalmor: «Ya veo…
sí que eres frio…» Raizen completa la idea.
Raizen: «Seiji cargará con la muerte de su querido amigo y caerá en la depresión y solo buscara una manera de salir de hay y esa es hacerse mas fuerte.» Raizen: «Culpa, perdida, fracaso eh impulso todos esos sentimientos invadirán ah Seiji.» El silencio se extiende entre ambos.
Dalmor suspiró.
Dalmor: «Entonces una vez que eso pase le pediras que venga con nosotros.» Raizen negó suavemente.
Raizen: «No.» Dalmor inclinó la cabeza.
Dalmor: «Ah que te refieres con “no”.» Raizen: «Ah lo que me refiero es que Seiji no vendra con nosotros quiero que sufra.
Dime algo Dalmor has oido este dicho: el mejor maestro es el sufrimiento eh.» Dalmor bajó la mirada hacia el patio una vez más.
Dalmor: «Eso es un dicho humano ¿oh te lo acabas de inventar?» Raizen no respondio y solo dijo otra cosa.
Raizen: «Si Seiji duda… si no logra cruzar el límite… tú serás el detonante.» Dalmor sonrió apenas.
Dalmor: «¿Provocarlo?» Raizen: «Empujarlo.» Dalmor: «¿Lastimarlo?» Raizen: «Lo suficiente.» El viento volvió a soplar.
Dalmor se puso de pie lentamente.
Dalmor: «Entonces si Seiji no logra matar ah Hiroto…» Raizen miró al frente.
Raizen: «Seiji entenderá que el poder tiene un precio.» Dalmor soltó una risa breve.
Dalmor: «Crueldad humana nunca cambiara.» Raizen: «Eso se llama ser eficiente y mejor que no hablemos de “crueldad” demonio.» Dalmor se estiró, como si estuviera preparándose para algo apenas interesante.
Dalmor: «Ahhhh ok ok tienes razon hay.» Raizen volvió a fijar su mirada en el enfrentamiento que estaba por estallar.
Raizen: «El resultado sera magnifico.» Abajo, la tensión seguía acumulándose.
Y desde lo alto, uno planeaba el sacrificio.
El otro esperaba el instante exacto para convertirse en el detonante que sellaría el destino de Hiroto… y forzaría a Seiji a avanzar, aunque fuera a través de la pérdida.
El polvo aún flotaba en el aire cuando Seiji terminó de incorporarse afuera del patio.
Su espalda le dolía por el impacto, pero sus ojos seguían firmes.
Dentro, Hiroto avanzó hasta el borde del agujero que había dejado en la pared.
Los tentáculos detrás de él se agitaban como si compartieran su odio interno.
Seiji escupió un poco de sangre al suelo y se limpió la comisura de los labios.
Seiji: «Hiroto por favor detente este no eres tú.» Hiroto lo miró desde arriba.
Hiroto: «Este es el nuevo yo.» Seiji negó con la cabeza.
Seiji: «No claro que no.» Un tentáculo descendió como una lanza.
Seiji rodó hacia un lado y el impacto partió el asfalto donde estaba hace un segundo.
Hiroto saltó hacia abajo, cayendo con fuerza frente a él.
Las extensiones atacaron en ráfaga.
Golpes verticales.
Barridos laterales.
Intentos de atraparlo.
Seiji esquivaba por centímetros, cada movimiento más ajustado que el anterior.
Seiji: «No eres esto, Hiroto.» Hiroto: «Deja de decir eso.» Dos tentáculos intentaron rodearle las piernas.
Seiji saltó, apoyó el pie en uno de ellos y se impulsó hacia adelante, usando la como plataforma.
Hiroto abrió los ojos apenas un segundo.
Seiji cerró la distancia otra vez.
Seiji: «¡Si la unica manera para hacerte razonar es esta…
entonces no me culpes!» Lanzó una combinación rápida al torso el primer golpe chocó contra una extensión defensiva el segundo logró rozar el costado de Hiroto el tercero fue bloqueado.
Los tentáculos se comprimieron y explotaron hacia afuera.
Seiji fue empujado varios metros hacia atrás.
Hiroto: «Deja de interponerte.» Seiji clavó los pies en el suelo para no caer.
Seiji: «¡No voy a dejar que te hundas más!» Hiroto dio un paso.
Los tentaculos se elevaron detrás de él como alas oscuras.
Hiroto: «¿Por qué?» Las extensiones golpearon el suelo alrededor de Seiji, encerrándolo en un círculo de impactos.
El concreto se fracturaba a cada golpe.
Hiroto: «Tú no sabes nada…
no sabes que se siente perderlo todo.» Seiji alzó la voz mientras esquivaba otro ataque que le rozó el hombro.
Seiji: «Te equivocas Hiroto.» Un tentáculo se lanzó directo al pecho.
Seiji lo desvió con el antebrazo, pero la fuerza lo hizo retroceder.
Hiroto avanzó sin detenerse.
Hiroto: «No hables como si entendieras mi dolor.» Seiji respiraba con dificultad, pero su mirada no vacilaba.
Seiji: «Tal vez tengas razon y no lo entienda completamente…» Esquivó otro golpe descendente que abrió una grieta profunda a su lado.
Seiji: «¡Pero entiendo que no tienes que cargarlo solo con todo ese dolor!» Los tentáculos dudaron un instante.
Apenas un instante.
Hiroto apretó los dientes.
Hiroto: «No necesito tu compasión.» Seiji: «Eso es mentira.» Hiroto lanzó tres ataques consecutivos, obligando a Seiji a retroceder hasta chocar contra un muro exterior.
Un tentáculo atrapó su pierna.
Otro se enroscó en su brazo.
Seiji forcejeó.
Hiroto se acercó, con la respiración pesada.
Hiroto: «Deja de intentar que me comprendes.» Seiji, atrapado, lo miró fijamente.
Seiji: «No estoy intentando comprenderte.» Hiroto frunció el ceño.
Seiji: «Estoy intentando que no te conviertas en alguien que después no pueda dar marcha atrás.» Los tentáculos se tensaron con más fuerza.
Seiji apretó los dientes por la presión.
Hiroto: «La mento decepcionarte, pero ya crucé ese límite.» Seiji gritó.
Seiji: «¡Entonces hare que regreses!» Con un esfuerzo arrepentido, giró el cuerpo y usó el impulso de los propios tentáculos para acercarse en lugar de alejarse.
Hiroto abrió los ojos cuando Seiji, aún parcialmente atrapado, logró liberar un brazo y conectar un golpe directo en su rostro.
Un impacto limpio.
Hiroto retrocedió medio paso.
Los tentáculos se agitaron violentamente, como si reaccionaran a la emoción descontrolada.
Hiroto levantó la mirada, furia y duda mezcladas.
Hiroto: «¿Por qué sigues levantándote por que no te quedas en el suelo?» Seiji respiraba con dificultad.
Seiji: «Porque rendirme sería perderte.» El silencio dura apenas un segundo.
Luego los tentaculos estallaron otra vez, más agresivos que antes.
La pelea no era solo fuerza contra fuerza.
Era negación contra determinación.
Dolor contra decisión.
Y ninguno de los dos estaba dispuesto a retroceder.
La pelea no se detuvo ni un segundo.
El patio ya no parecía parte de la escuela, sino un campo devastado por impactos y grietas profundas.
El aire vibraba con cada choque, y los tentáculos detrás de Hiroto se movían con violencia descontrolada, como si respondieran directamente a su dolor.
Seiji respiraba con dificultad, su chaqueta estaba desgarrada y el cuerpo resentido por cada golpe anterior.
Pero aun así, no retrocedía.
Hiroto atacó primero.
Tres tentáculos descendieron en línea recta, obligando a Seiji a rodar hacia un costado.
El suelo explotó donde él había estado.
Antes de que pudiera levantarse por completo, otro ataque lateral lo hizo bloquear con ambos brazos, empujándolo varios metros hacia atrás.
Seiji alzó la voz mientras recuperaba el equilibrio.
Seiji: «¡Hiroto, detente!» Hiroto avanzó sin frenar.
Hiroto: «¡No me digas que me detenga!» Las sombras golpearon el suelo a ambos lados de Seiji, encerrándolo.
Hiroto: «¡No entiendes lo que estoy haciendo!» Seiji apretó los dientes, esquivando por centímetros otro impacto descendente.
Seiji: «¡Entonces explícamelo maldita sea!» Hiroto lanzó una ráfaga brutal, obligándolo a cubrirse.
Hiroto: «¡No necesito explicarte nada!» Seiji dejó de retroceder.
Algo cambió en su postura.
Sus movimientos dejaron de ser defensivos.
Empezó a leer el patrón.
Cada tentáculo tenía un ritmo.
Cada ataque nacía de una emoción.
Seiji avanzó entre los golpes.
Seiji: «¡Entonces si no vas ah decírmelo te lo sacare ah golpes!» Hiroto frunció el ceño al notar que ya no lograba alcanzarlo con la misma facilidad.
Seiji esquivó un golpe vertical, giró el cuerpo y apartó otro con el antebrazo.
Seiji: «¡No eres mi enemigo!» Hiroto gritó mientras lanzaba todos los tentáculos al mismo tiempo.
Hiroto: «¡Sí lo soy!» Los tentáculos descendieron como una tormenta.
En ese instante, Seiji cerró los ojos un segundo y concentró toda su energía en un solo punto.
Seiji: «Técnica de Liberación…» El aire a su alrededor comenzó a comprimirse hacia su puño.
Seiji: «Convergencia.» Todo se reunió en un instante.
Hiroto reaccionó, formando una barrera densa con sus tentáculos frente a él.
Seiji dio el último paso y lanzó el golpe.
El impacto atravesó la defensa.
Los tentáculos se fracturaron bajo la presión concentrada.
El puño conectó directamente en el torso de Hiroto y una onda expansiva lo lanzó lejos, atravesando restos de muro antes de caer entre escombros.
El polvo descendió lentamente.
Seiji caminó hacia él, cada paso pesado.
Se detuvo a pocos metros.
Seiji: «… ¿Por qué lo haces?
responde maldita sea ¿por qué?» Hiroto permaneció en el suelo unos segundos luego se incorporó lentamente sus manos temblaban sus ojos estaban llenos de algo que ya no era rabia pura.
Hiroto habló con la voz quebrada.
Hiroto: «Quieres saber porque…» Silencio.
Hiroto: «Porque por culpa de esos monstruos sin corazón…» Las lágrimas comenzaron a caer.
Hiroto: «Perdí a mi madre.» Seiji no interrumpió.
Hiroto apretó los puños.
Hiroto: «Ella no tenía nada que ver… no hizo nada y…» Su respiración se volvió inestable.
Hiroto: «Murió… y yo no pude hacer nada para evitarlo ellos no se pueden llamar personas.» Seiji bajó levemente la mirada, escuchando cada palabra.
Hiroto levantó la cabeza, los ojos llenos de dolor.
Hiroto: «¿Y ahora quieres que me detenga…
entonces que significa mi dolor para ti quieres que me haga el de la vista gorda…
que olvide que esos monstruos que se hacen llamar personas me quitaron a mi madre eso quieres Seiji?» Seiji dio un paso al frente.
Seiji: «Solo quiero que no te destruyas por eso.» Hiroto negó con fuerza.
Hiroto: «Ya estoy destruido.» Las sombras reaparecieron detrás de él, más afiladas, más desesperadas.
Hiroto: «Si el mundo es cruel… entonces porque yo no puedo serlo.» Los tentáculos salieron disparados como lanzas.
Seiji pudo haberse movido.
Pero no lo hizo.
Los tentáculos lo atravesaron, haciéndolo tambalear.
La sangre comenzó a caer como gotas al suelo mientras el silencio regresaba.
Hiroto lo miró, confundido.
Hiroto: «¿Por qué no lo esquivaste?» Seiji, herido, levantó la vista.
Seiji: «Porque ahora me estoy dando cuenta de algo.» Hiroto tembló.
Seiji dio un paso, luego otro, aunque las heridas le dolieran.
Seiji: «Que todo esté tiempo estuve peleando sin entender que es lo que estaba pasando.» Seiji se acercó lo suficiente.
Y lo abrazó.
Los tentáculos desaparecieron al instante.
Seiji, con voz débil pero firme.
Seiji: «Perdón.» Hiroto quedó inmóvil.
Seiji: «Te juzgué… te insulté… sin saber nada.
Sin saber por qué estabas pasando.» El viento sopló entre los restos del combate.
Seiji: «No tienes que cargar ese dolor tú solo.» Hiroto comenzó a llorar abiertamente, sin furia, sin fuerza para sostener el odio.
Pero ese momento no duró mucho hasta que unos pasos comenzaron a sonar una persona tarareaba una melodia hasta quedar en frente de Hiroto y Seiji.
Dalmor: «Ahhh que linda escena.»
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