KONMETSU - Capítulo 37
- Inicio
- Todas las novelas
- KONMETSU
- Capítulo 37 - Capítulo 37: KONMETSU-CAPÍTULO 36: PROMESAS VACÍAS.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 37: KONMETSU-CAPÍTULO 36: PROMESAS VACÍAS.
El aire estaba pesado.
Seiji aún sostenía ah Hiroto cuando la voz volvió ah escucharse, calmada… distante… casi desinteresada.
Dalmor: «Qué linda escena.»
Seiji levantó la cabeza lentamente.
La sangre seguía bajando por su chaqueta destroza pero su mirada no perdió firmeza
Seiji: «¿Quién diablos eres tú?»
Dalmor dio un paso adelante, sus zapatos crujieron sobre el concreto agrietado.
Dalmor: «No soy alguien que importe. Pero tú… sí.»
Seiji: «Hiroto acaso lo conoces.»
Hiroto, todavía con los ojos húmedos, frunció el ceño.
Hiroto: «No… no lo conozco.»
Seiji miró de reojo ah Hiroto.
Seiji: «¿Seguro?»
Hiroto negó con la cabeza.
Hiroto: «Nunca lo había visto.»
Dalmor suspiro como si estuviera cansado de la conversación.
Dalmor: «Eso es lo triste. Ni siquiera saben en qué parte de la historia están parados.»
Seiji intentó ponerse de pie completamente, apartándose un poco de Hiroto, aunque el dolor en su abdomen y las heridas abiertas lo hacían tambalear.
Seiji: «Habla carajo quien eres.»
Dalmor inclinó la cabeza.
Dalmor: «Hablar claro arruinó la sorpresa.»
Seiji apretó los dientes.
Seiji: «No estoy para juegos.»
Dalmor lo miró directo a los ojos.
Dalmor: «Y yo no estoy para escenas emotivas.»
El viento sopló con fuerza entre los tres.
Hiroto, todavía de rodillas, murmuró.
Hiroto: «¿Qué quieres…?»
Dalmor lo ignoró.
Sus ojos estaban fijos en Seiji
Dalmor: «Tú…eres el interesante.»
Seiji frunció el ceño.
Seiji: «¿Interesante?»
Dalmor dio otro paso.
Dalmor: «Te atraviesan… y sigues caminando. Te golpean… y sigues levantándote. Es molesto.»
Seiji sostuvo su mirada.
Seiji: «Si viniste a pelear…dilo.»
Dalmor sonrió apenas.
Dalmor: «No. Vine ah cambiar la escena.»
Y desapareció
No hubo sonido.
No hubo desplazamiento visible.
Simplemente ya no estaba
Los ojos de Seiji se abrieron.
Seiji: «¿Pero qué—¿»
Una presencia explotó justo frente a él.
Dalmor reapareció a centímetros de su rostro
Seiji apenas alcanzó a tensar el cuerpo.
Dalmor susurró:
Dalmor: «Sorpresa~.»
El puño impactó directamente en el estómago de Seiji
No fue solo un golpe.
Fue como si el aire alrededor se comprimiera y estallara al mismo tiempo.
El sonido fue seco.
Brutal.
Los ojos de Seiji se abrieron por completo mientras el impacto le robaba el aliento
Hiroto gritó:
Hiroto: «¡SEIJI!»
El cuerpo de Seiji se dobló por la fuerza antes de salir disparado hacia atrás
Atravesó los restos del muro del patio.
El concreto explotó en fragmentos.
Ventanas se hicieron añicos.
El estruendo retumbó por todo el edificio.
Seiji cruzó el aire como un proyecto humano y se estrelló contra la estructura del gimnasio.
La pared cayó.
Su cuerpo atravesó el concreto y cayó dentro.
En el interior del gimnasio, las luces se movieron por el impacto
Seiji golpeó el suelo destruido, rodó violentamente varias veces y terminó estrellándose contra la base metálica de las graduadas.
El eco del choque resonó en el espacio vacío.
Afuera, el polvo todavía caía lentamente.
Dalmor bajó el brazo con total tranquilidad.
Dalmor: «Demasiado frágil.»
Hiroto se puso de pie con dificultad, furia mezclándose con confusión
Hiroto: «¿Por qué hiciste eso?»
Dalmor lo miró por primera vez con algo parecido a interés.
Dalmor: «Porque ahora empieza lo real.»
El viento volvió a soplar.
Dentro del gimnasio, entre escombros y silencio… Seiji apenas comenzaba a moverse otra vez.
Dentro del gimnasio, el polvo flotaba como niebla espesa bajo las luces temblorosas.
Un bloque de concreto se movió apenas.
Luego otro.
Un brazo emergió entre los escombros.
Seiji empujó con dificultad y logró incorporarse las rodillas. Tosió con fuerza
Seiji: «…ghh…»
Escupió sangre sobre el suelo la mancha roja extendiéndose lentamente
Su abdomen ardía por dentro.
El golpe no solo había sido físico.
Había sentido algo más… una presión que comprimió su energía ánima desde adentro.
Seiji apoyó una mano contra su estómago, respirando con dificultad.
Seiji: «Ese tipo… no es humano aunque tiene apariencia de un ser humano.»
Intentó ponerse de pie, tambaleándose.
Cada respiración dolía
Recordó el instante del impacto.
No hubo preparación.
No hubo advertencia.
Simplemente apareció
Y el golpe fue brutal.
Seiji apretó los dientes.
Seiji: «Es demasiado fuerte.»
Seiji levantó la mirada hacia el enorme agujero en la pared del gimnasio, por donde había sido lanzado.
La energía que sintió en ese instante no parecía a la de un humano.
Era más densa.
Más pesada.
Más oscura.
Seiji: «Eso no era presencia humana…»
Su mente comenzó a analizarlo.
La velocidad de desplazamiento.
La presión en el impacto.
La ausencia total de emoción.
Seiji respiró hondo, aunque el dolor le atravesó el pecho.
Seiji: «No…»
Su expresión cambió lentamente.
Seiji: «Es un demonio.»
El pensamiento cayó con claridad brutal.
Pero no ningún demonio.
Seiji recordó las clasificaciones que le había dado Mei.
Primera categoría.
Segunda categoría.
Tercera y cuarta categoría.
Quinta categoría.
Sexta categoría…
Seiji sintió un escalofrío al recorrerle la espalda
Seiji: «Si estoy en lo correcto ese demonio debe ser de sexta categoría…»
Su mano tembló apenas.
Los demonios de sexta categoría no eran simples amenazas.
Eran calamidades que sólo los de rangos Kimon podían hacerle frente.
Seiji apretó los puños.
Seiji: «No tengo ninguna oportunidad contra él.»
Lo dijo en voz baja.
No era cobardía.
Era lógica.
Grabó el golpe.
Ni siquiera vio el movimiento.
Seiji: [Si ese sujeto hubiera decidió matarme… ya estaría muerto.]
Seiji dio un paso hacia atrás instintivamente.
Seiji: «No puedo ganar esta pelea… eso está más que claro cómo el agua.»
Pensó en Hiroto.
Seiji respiró con dificultad.
Seiji: «Tengo que salir de aquí rápidamente con Hiroto oh si no ambos moriremos aquí.»
No era el momento de orgullo.
No era el momento de demostrar nada.
Era supervivencia.
Si se quedaba…
Ambos podrían Morir.
Seiji miró alrededor del gimnasio, buscando una salida lateral, una ruta menos expuesta que el agujero principal.
Seiji: «Retirarse es la opción más viable.»
Se obligó a mantenerse firme.
Seiji: «Debo volverme más fuerte.»
Un último vistazo hacia el patio a través del muro destruido.
Seiji: «Ahora mismo… escapar es la única opción.»
Y dio el primer paso hacia la salida trasera, decidido ah sobrevivir… aunque eso significara abandonar el campo de batalla por ahora.
El pasillo trasero del gimnasio estaba parcialmente destruido.
Las luces parpadeaban, el techo tenía grietas profundas y el polvo caía lentamente desde arriba.
Seiji avanzaba tambaleándose, dejando pequeñas manchas de sangre en el suelo destruido.
Se llevó una mano al abdomen, respirando con dificultad.
Había tomado la decisión correcta.
Escapar.
No podía ganar.
No contra algo así.
De pronto, el aire se volvió más pesado.
La temperatura pareció descender apenas unos grados.
Seiji se detuvo en seco.
Frente a él, bloqueando la salida, Dalmor ya estaba allí.
Sin pasos.
Sin sonido.
Simplemente apareció.
Dalmor: «¿Ya estás listo para la segunda ronda muchacho.»
Seiji apretó los dientes y adoptó una postura defensiva, aunque sus piernas temblaban.
Dalmor inclinó ligeramente la cabeza, como si evaluara algo.
Dalmor: «Listo oh no aquí voy.»
Seiji respiró hondo, intentando mantener la calma.
Seiji: «Eres un demonio verdad.»
Una breve pausa.
Seiji: «Y de suponer que sexta categoría.»
Dalmor dejó escapar una pequeña exhalación, casi divertida.
Dalmor: «Bien al menos sabes ah lo que estás ah punto de enfrentar pero eso no te sirve de mucho que digamos.»
Seiji no apartó la mirada.
Seiji: «Se que no tengo ninguna oportunidad contra ti.»
Dalmor dio un paso hacia adelante.
El suelo crujió bajo la presión de su presencia.
Dalmor: «Correcto.»
El silencio se volvió opresivo.
Seiji dio medio paso hacia atrás, calculando una ruta de escape lateral.
Seiji: [Debo retirarme oh si no voy ah morir.]
Dalmor lo observó unos segundos más.
Dalmor: «¿En que piensas?»
Un parpadeo.
Y desapareció.
Los ojos de Seiji se abrieron al instante.
Sintió la presencia justo enfrente.
Demasiado cerca.
Dalmor reapareció a centímetros de su rostro.
Dalmor: «Creo que es demasiado tarde para pensar.»
El golpe fue inmediato.
Dalmor: «Morirás.»
El puño impactó directo en el estómago de Seiji.
El sonido fue seco y brutal.
El aire explotó alrededor del punto de contacto como si el espacio se hubiera comprimido violentamente.
Los pies de Seiji dejaron el suelo.
Su cuerpo salió disparado hacia atrás como un proyectil.
Atravesó la pared del pasillo en una explosión de concreto y polvo.
No se detuvo ahí.
Cruzó el gimnasio lateral, destrozando estructuras metálicas, arrancando fragmentos del techo.
El estruendo sacudió toda la preparatoria.
Ventanas estallaron.
Columnas se fracturaron.
El cuerpo de Seiji atravesó una segunda pared exterior y voló varios metros antes de estrellarse contra el edificio contiguo, creando un cráter en la fachada antes de caer entre escombros.
El polvo cubrió el patio trasero como una nube densa.
Silencio.
Entre los restos de concreto y metal doblado, Seiji permaneció inmóvil unos segundos.
Luego, apenas, su pecho se movió.
Respiraba.
A varios metros, Dalmor apareció caminando lentamente entre la destrucción, completamente ileso.
Observó el desastre con expresión vacía.
Dalmor: «Si esto te dejó en ese estado… entonces no vales la pena.»
El polvo seguía cayendo alrededor.
Y en medio de las ruinas, Seiji luchaba por mantenerse consciente… mientras entendía que aquello apenas era el inició.
El polvo aún no terminaba de asentarse cuando Seiji logró ponerse de rodillas entre los escombros.
Su respiración era irregular, pesada, y cada intento de levantarse hacía que su visión se nublara por segundos.
Una sombra cayó frente a él.
Dalmor ya estaba allí.
Sin prisa.
Sin tensión.
Solo caminando entre la destrucción que él mismo había provocado.
Seiji intentó incorporarse completamente, forzando a su cuerpo a responder.
Dio un paso hacia adelante.
Dalmor no esperó.
Desapareció.
Un impacto seco golpeó el costado de Seiji antes de que pudiera reaccionar.
Su cuerpo salió despedido contra el suelo, rebotando y arrastrándose varios metros entre fragmentos de concreto.
Apenas intentó levantarse—
Otro golpe.
Esta vez desde arriba.
Dalmor lo estrelló contra el pavimento, agrietándolo bajo su espalda.
Dalmor: «Patético.»
Seiji escupió sangre, intentando girar el cuerpo para rodar y ganar distancia.
No lo logró.
Dalmor lo tomó de lo que le quedaba de su chaqueta y lo levantó con una sola mano, como si no pesara nada.
Dalmor: «Solo eres escoria humana.»
Un rodillazo directo al abdomen.
El aire abandonó nuevamente los pulmones de Seiji.
Su cuerpo cayó otra vez, y antes de tocar el suelo, un golpe lateral lo lanzó contra los restos de un muro derrumbado.
El concreto se pulverizó.
Dalmor caminó hacia él mientras Seiji intentaba arrastrarse.
Cada intento de levantarse era castigado con otro impacto.
Puñetazo.
Patada.
Golpe descendente.
Era una diferencia abismal de poder entre ellos dos.
No era una pelea.
Era una ejecución prolongada.
Dalmor: «Vas ah morir en este sitio y sabes lo mejor que nadie te recordara »
Seiji intentó concentrar su energía en su puño.
No fue suficiente.
Dalmor apareció a su lado y lo golpeó nuevamente, arrastrándolo por el suelo como si lo estuviera barriendo con violencia.
El pavimento dejó un surco profundo bajo el cuerpo de Seiji.
Dalmor lo levantó una vez más.
Preparó otro golpe directo al rostro—
Y entonces—
El aire cambió.
Una presión distinta.
Más emocional.
Desde lo alto del edificio destrozado, una figura descendió envuelta en tentáculos agitados.
Tentáculos oscuros emergieron violentamente y se interpusieron entre Dalmor y Seiji.
El golpe de Dalmor impactó contra la masa oscura, generando una onda de choque que hizo retroceder incluso al demonio medio paso.
Hiroto aterrizó frente a Seiji.
Las extensiones salían de su espalda, agitándose con intensidad renovada.
Hiroto: «No dejare que des un paso más me has escuchado.»
Dalmor observó las sombras con leve curiosidad.
Dalmor: «Ya veo con que esa es tu Técnica de Liberación que interesante.»
Hiroto giró apenas la cabeza hacia Seiji, sin dejar de mirar a Dalmor.
Hiroto: «¿Seiji estas bien?… ¿crees poder moverte?»
Seiji, apenas consciente, respondió con dificultad.
Seiji: «Si estoy bien aunque un poco molido ah golpes pero en lo que cabe si… si estoy bien.»
Dalmor dio un paso adelante.
Dalmor: «Al parecer que la situación ah dado un giro inesperado.»
Los tentáculos se expandieron en abanico, golpeando el suelo con fuerza y levantando polvo.
Hiroto adoptó una postura firme.
Seiji, apoyándose en los restos de concreto, logró ponerse de pie junto a él.
Ambos, uno herido y el otro temblando pero decidido.
Las sombras de Hiroto se lanzaron primero, atacando desde múltiples ángulos.
Dalmor esquivó el primero, bloqueó el segundo con el antebrazo y destruyó el tercero de un solo golpe.
Seiji aprovechó la apertura.
Se impulsó hacia adelante, concentrando energía en su puño.
Golpeó desde el flanco mientras Hiroto presionaba desde el frente.
Dalmor retrocedió un paso esta vez.
El suelo se fracturó bajo el intercambio.
Hiroto atacaba con ráfagas constantes de tentáculos, forzando ah Dalmor a moverse.
Seiji intervenía en los espacios mínimos, lanzando golpes precisos, coordinándose instintivamente con Hiroto.
Era sincronía nacida de la necesidad.
Dalmor bloqueó un ataque de sombra y giró para desviar un golpe de Seiji.
Dalmor: «Tienen buena sincronización debo admitir eso.»
Hiroto lanzó dos extensiones desde arriba mientras Seiji barría desde abajo.
El impacto conjunto generó una explosión de polvo.
Por primera vez—
Dalmor fue empujado varios metros hacia atrás.
El silencio se rompió con el sonido del concreto desmoronándose.
Hiroto respiraba con intensidad.
Seiji apenas podía mantenerse firme.
Pero ahora estaban juntos.
Frente a ellos, Dalmor se enderezó lentamente, limpiándose el polvo del hombro con absoluta calma.
El patio ya no existía como tal.
Las grietas se habían convertido en cráteres.
Las paredes estaban abiertas, las ventanas hechas polvo, y el gimnasio parcialmente colapsado.
Entre humo y escombros, Hiroto y Seiji avanzaban juntos.
Dalmor los observaba con una calma inquietante.
Hiroto fue el primero en moverse.
Sus tentáculos se expandieron en múltiples direcciones, golpeando el suelo para impulsarse y lanzándose como látigos oscuros hacia Dalmor.
El demonio bloqueó el primero, esquivó el segundo y destruyó el tercero de un solo golpe.
Seiji apareció por el flanco derecho, lanzando una patada directa al torso.
El impacto obligó a Dalmor ah retroceder medio paso.
El suelo se partió bajo sus pies.
Sin pausa, Hiroto envió dos tentáculos desde arriba mientras otro se arrastraba por el suelo intentando sujetar las piernas de Dalmor.
Seiji atacó desde el frente con una combinación rápida de golpes, obligándolo a dividir su atención.
El edificio principal crujió cuando uno de los tentáculos falló y atravesó una columna de soporte.
Parte del techo colapsó detrás de ellos.
Dalmor contraatacó con un movimiento brusco del brazo, generando una onda de choque que lanzó a ambos hacia atrás, atravesando lo que quedaba de una pared del segundo piso.
Cayeron entre pupitres rotos y fragmentos de techo.
Pero esta vez se levantaron casi al mismo tiempo.
Se miraron apenas un segundo.
Entendieron.
Hiroto volvió a desplegar sus sombras, esta vez más densas, más compactas.
En lugar de atacar sin control, comenzó a dirigirlas con precisión, forzando a Dalmor a moverse exactamente hacia donde Seiji quería.
Cada golpe de Dalmor destrozaba parte del edificio.
Cada evasión de Seiji lo llevaba más cerca.
La biblioteca se derrumbó cuando un tentáculo falló por centímetros.
El laboratorio explotó en fragmentos de vidrio cuando Dalmor fue empujado contra las mesas.
La preparatoria entera estaba siendo arrasada.
Hiroto lanzó cinco extensiones al mismo tiempo.
Tres fallaron.
Dos lograron envolver el brazo izquierdo de Dalmor.
Seiji apareció desde arriba, descendiendo con una patada que lo obligó ah arrodillarse por primera vez.
El suelo se hundió bajo el impacto.
Hiroto no perdió el momento.
Todas sus sombras se lanzaron como serpientes, enroscándose alrededor del torso y las piernas de Dalmor, apretándolo con fuerza.
El demonio tensó los músculos.
Las sombras comenzaron a agrietarse por la presión.
Hiroto gritó mientras aumentaba la fuerza, clavando los tentáculos en el concreto para anclarse.
Seiji aterrizó frente a ellos.
Respiró profundo.
Cerró los ojos.
Toda su energía comenzó a concentrarse hacia un solo punto.
El aire vibró.
Los escombros a su alrededor temblaron.
Seiji abrió los ojos.
Seiji: «Técnica de Liberación… Convergencia.»
La energía Ánima se comprimió brutalmente en su puño, distorsionando el espacio alrededor de su brazo.
Hiroto apretó aún más el agarre.
Dalmor intentó moverse—
Pero por una fracción de segundo quedó inmovilizado.
Seiji dio el paso final.
Y lanzó el golpe.
El impacto fue devastador.
La energía concentrada explotó al contacto, atravesando la defensa física de Dalmor y generando una onda expansiva que arrasó con lo que quedaba del edificio principal.
Un estruendo ensordecedor sacudió todo el terreno.
Las sombras de Hiroto se rompieron por la fuerza liberada.
Dalmor fue lanzado violentamente a través de varias estructuras, atravesando muros, columnas y finalmente saliendo disparado fuera del perímetro de la escuela, perdiéndose entre una nube gigantesca de polvo.
El silencio cayó lentamente.
El viento sopló entre los restos de la preparatoria, ahora casi completamente destruida.
Hiroto cayó de rodillas, agotado.
Seiji permaneció de pie unos segundos más antes de tambalearse.
Ambos miraron hacia el punto donde Dalmor había desaparecido.
No había movimiento.
No había presencia.
Solo ruinas.
Hiroto respiró con dificultad.
Seiji bajó lentamente el puño aún humeante.
Por primera vez desde que comenzó todo—
Creyeron que lo habían logrado.
Que juntos…
Habían derrotado a un demonio de sexta categoría.
El polvo aún flotaba en el aire.
El silencio era pesado… casi irreal.
Hiroto respiraba con dificultad, de rodillas entre los restos del concreto. Seiji, a unos metros, intentaba estabilizar su respiración mientras el dolor recorría cada músculo de su cuerpo.
Por primera vez en toda la batalla… no había presión.
No había esa presencia aplastante.
El viento sopló entre las ruinas.
Hiroto levantó la mirada.
Hiroto: «Ganamos.»
Seiji dejó escapar una risa débil.
Seiji: «Si ganamos.»
Y entonces—
Dos manos oscuras emergieron desde la nada y se cerraron sobre el rostro de Hiroto.
No hubo sonido previo.
No hubo advertencia.
Simplemente aparecieron.
Hiroto se tensó de inmediato.
Seiji abrió los ojos de par en par.
Dalmor estaba de pie detrás de él.
Intacto.
Su cuerpo no mostraba daño alguno.
Sus ojos brillaban con una calma monstruosa.
Dalmor: «¿De verdad pensaron que eso era suficiente?»
Las manos comenzaron ah emitir una vibración extraña.
El aire alrededor de Hiroto se distorsionó.
Seiji intentó moverse—
Pero sus piernas no respondieron al instante.
Dalmor: «Técnica de Liberación… Desolución Primordial »
Una energía grisácea comenzó a expandirse desde las palmas.
Hiroto intentó crear tentáculos—
Pero estos se deshicieron antes de formarse.
La piel de su rostro comenzó a fragmentarse… no con sangre, no con violencia visible… sino como si se estuviera convirtiendo lentamente en ceniza.
Partículas finas flotaban en el aire.
Hiroto dejó de resistirse.
Sus manos bajaron lentamente.
Su voz salió quebrada, pero firme.
Hiroto: «Seiji…»
Las partículas aumentaban.
Su cabeza comenzaba a perder forma, desmoronándose como arena arrastrada por el viento.
Seiji dio un paso adelante.
—¡No…!
Hiroto: «No mires atrás…»
El proceso avanzaba.
El cuerpo de Hiroto temblaba mientras la desintegración subía.
Hiroto: «No cargues con mi odio…»
Dalmor observaba sin emoción.
Hiroto: «Vive… aunque yo no pueda.»
Seiji gritó su nombre.
Dalmor inclinó levemente la cabeza.
Dalmor: «Qué escena tan humana.»
Y entonces—
Retiró las manos por una fracción de segundo.
El tiempo pareció congelarse.
Seiji: «¡DETENTE!»
Pero Dalmor volvió ah acercar las manos con violencia.
Las palmas chocaron.
Hubo un breve crujido seco.
La cabeza de Hiroto colapsó en el instante.
Lo que quedó… no fue sangre.
Fue un cuerpo.
Fue una nube de ceniza y polvo que el viento arrastró lentamente por el patio destruido.
El silencio regresó.
Más pesado que antes.
Más cruel.
Seiji quedó inmóvil.
Su mente se negó a procesarlo.
Frente a él…
Ya no había nada.
Solo restos grises flotando en el aire.
Dalmor dio un paso al frente.
Sus pisadas resonaron entre las ruinas.
Dalmor: «Ahora sí…»
Sus ojos se fijaron en Seiji.
Dalmor: «¿Estás listo para lo que sigue?»
El viento arrastró la ceniza.
El presente se quebró.
Recuerdos.
Luces de neón.
Sonidos electrónicos.
El olor ah cables calientes y plástico viejo.
El pequeño arcade del barrio estaba lleno de risas y pantallas parpadeantes.
Yuto golpeó la máquina con frustración mientras la pantalla mostraba el marcador final.
1° Lugar — SEIJI
Yuto: «¡¿Cómo rayos hiciste eso?!»
Kenji se inclinó hacia adelante, mirando el puntaje como si estuviera defectuoso.
Kenji: «Eso no tiene sentido…»
Isamu cruzó los brazos, serio como siempre, pero con una leve sonrisa en el borde de los labios.
Isamu: «Ni siquiera yo sabía que existía ese combo.»
Seiji soltó el control con calma.
Seiji: «Siendo sincero yo tampoco lo sabía.»
Yuto lo miró como si acabara de escuchar una traición.
Yuto: «¡¿CÓMO QUE “YO TAMPOCO”?!»
La máquina volvió ah reproducir la repetición final: Seiji había encadenado movimientos imposibles, leyendo cada patrón del juego como si lo hubiera practicado durante años.
Yuto se acercó ah él, señalándolo con el dedo.
Yuto: «¡Es imposible que seas tan bueno en este juego si nunca lo habías jugado antes!»
Seiji se rascó la mejilla, incómodo.
Seiji: «Solo… observé.»
Kenji levantó una ceja.
Kenji: «¿Observaste qué específicamente?»
Seiji señaló la pantalla.
Seiji: «Los patrones… los enemigos repiten los patrones cada ocho segundos. Los proyectiles siempre vienen en secuencias de tres. Y cuando la barra baja al 30%, el jefe entra en modo agresivo pero deja abierta la defensa lateral izquierda por medio segundo y así.»
Silencio.
Yuto parpadeó.
Kenji parpadeó.
Isamu soltó una pequeña risa.
Isamu: «Oye Seiji estás enfermo.»
Yuto: «¡Eso no es observar! ¡Eso es diseccionar el juego amigo!»
Seiji sonrió apenas.
Seiji: «En serio es más fácil de lo que parece.»
Yuto cruzó los brazos, indignado.
Yuto: «Pues parece que naciste con un chip oculto oh algo así porque lo que haces no es algo normal.»
Kenji apoyó el codo sobre la máquina.
Kenji: «Oh quizá solo es competitivo.»
Isamu miró a Seiji de reojo.
Isamu: «No. Él no compite por ganar.»
Seiji levantó la vista.
Isamu: « Nahh no creo que sea competitivo.»
Yuto volvió a mirar la pantalla.
Yuto: «Bueno, entendido oh no… la próxima ronda te voy ah aplastar.»
Seiji se rió suavemente.
Seiji: «Puedes intentarlo si quieres.»
Yuto: «¡¿PUEDO INTENTARLO?!»
Kenji se metió entre ellos.
Kenji: «Tranquilos, genios. Mejor vamos ah la máquina de peleas.»
Isamu caminó hacia otra cabina.
Isamu: «Si Seiji aprende tan rápido como dice… quizá hoy encontremos algo que no pueda descifrar no lo creen.»
Seiji los siguió.
Las luces del arcade reflejaban en sus ojos.
En ese momento…
Solo eran sus amigos.
Yuto lanzó una moneda al aire.
Yuto: «Bien hagamos esto el perdedor paga los refrescos.»
Kenji: «Entonces ve sacando esa cartera mi amigo.»
Isamu miró ah Seiji.
Isamu: «No nos contengamos de acuerdo Seiji.»
Seiji tomó el control.
Seiji: «Descuida yo nunca lo hago.»
La pantalla brilló.
Y las risas llenaron el lugar.
Los cuatro jugaban tranquilamente.
Hasta que Yuto escucho algo y cuando se asomo ah ver vio que unos chicos.
Que estaban molestando a otro Yuto se los contó ah los demás.
Pero Kenji y Isamu LE dijeron que mejor no se metan en eso.
Pero cuando miraron ah donde Seiji el ya no estaba hay.
Afuera del lugar los chicos seguían golpeando al otro que estaba en el suelo.
Seiji: «Oigan déjenlo y Lárguense.»
Uno de los chicos dejo de patinar al otro y fue donde Seiji.
Chico: «Oye escucha bien si… mejor date media vuelta y haré que no te vi ¿Si?»
Pero antes que el chico dijera algo más Seiji le dio un golpe en el rostro que lo lanzo contra una pared los otros que estaban hay se lanzaron ah atacar.
Pero después de unos minutos los cuatro estaban en el suelo tirados.
Luego de eso Seiji fue donde el chico.
Seiji: «Oye estás bien.»
Chico: «S-si gracias por ayudarme.»
De repente la puerta se abrió de golpe y de hay salieron Yuto, Kenji y Isamu listos para pelear pero los tres vieron ah los abusadores en el suelo.
Yuto: «¿Qué pasó aquí?»
Seiji: «Nada importante.»
Seiji se dio la vuelta para mirar al chico.
Seiji: «Oye me podrías decir tu nombre el mío es Seiji Shirabe.»
Hiroto: «Mi nombre es Hiroto.»
Seiji «Bien Hiroto dime quieres venir y jugar con nosotros Yuto pagará las bebidas.»
Yuto: «Wow Wow párate de ahí como que yo pagaré las bebidas.»
Seiji: «recuerda que el que pierda las pagará.»
Yuto: «Y de verdad crees que yo perderé.»
Y así los cinco entraron al arcade.
FIN DEL RECUERDO.
El recuerdo comenzó a desvanecerse.
Las luces del arcade se apagaron.
Las risas se distorsionaron.
La imagen de Hiroto aceptando entrar… se convirtió en ceniza arrastrada por el viento.
Y el presente volvió de golpe.
Ruinas.
Polvo.
Silencio.
Seiji seguía de pie donde antes estaba Hiroto.
Sus manos temblaban.
Su respiración era irregular.
Frente ah él, Dalmor observaba con la misma calma inhumana.
Pero algo cambió.
El aire vibró.
Una presión comenzó ah expandirse desde el cuerpo de Seiji.
Primero fue leve.
Luego intensa.
Luego insoportable.
Su energía Ánima comenzó ah escapar sin control, filtrándose por su piel como una llama invisible que distorsionaba el espacio alrededor.
Fragmentos de concreto empezaron ah elevarse del suelo, suspendidos por la presión espiritual.
Dalmor inclinó ligeramente la cabeza.
Dalmor: «Que interesante…»
La energía de Seiji dejó de fluir de forma desordenada.
A varios metros, fuera del perímetro destruido de la preparatoria, una figura observaba en silencio.
Raizen permanecía de pie sobre los restos de un muro caído.
Sus ojos analizaban la presión que emanaba del cuerpo de Seiji.
El viento agitó su abrigo oscuro.
Raizen: «Bien por lo que puedo ver Seiji ya debe tener un 37% de avance…»
La energía de Seiji cambió de frecuencia.
Más densa.
Más inestable.
Raizen cerró los ojos un segundo.
Raizen: «Muy bien si sigue así muy pronto podrá avanzar más… solo es cuestión de tiempo.»
No sonrió pero su expresión mostró satisfacción se dio la vuelta lentamente.
Raizen: «Ya no tengo ningún motivo de estar aquí… además siento que alguien está por venir.»
Comenzó ah alejarse entre el polvo y el caos, desapareciendo sin hacer ruido.
En el centro de las ruinas, la energía Ánima de Seiji se volvía cada vez más descontrolada alrededor de su cuerpo como una capa invisible que deformaba el aire.
Dalmor dio un paso adelante.
El suelo se fracturó bajo la presión combinada.
Dalmor: «Ahora sí comienzas ah parecer interesante.»
Seiji levantó la mirada.
Sus ojos brillaban con una intensidad nueva la energía ya no estaba fuera de control estaba alineada concentrada. Letal.
Seiji dio un paso al frente.
El concreto explotó bajo su pisada.
Seiji: «Te voy ah matar me escuchaste maldito. ¡TE VOY AH MATAR!»
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com