KONMETSU - Capítulo 52
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 52: KONMETSU-CAÍTULO 51: COSAS DE RUTINA.
Un edificio explotó en mil pedazos, nubes de polvo y escombros volando por todos lados.
Entre el estruendo y el humo, Seiji emergió primero, tambaleándose un poco debido ah las heridas en su brazo derecho, la sangre empapando su camisa.
Con un rápido movimiento, arrancó un trozo de tela y lo enrolló alrededor de su herida, aplicando presión para frenar la pérdida de sangre.
De entre la nube, Sharon apareció elegantemente, cayendo de manera casi felina, sus ojos brillando con un extraño fuego mientras sonreía de manera peligrosa.
Sharon: «Parece que estás más lastimado de lo que pensé… ¿seguirás en pie mucho tiempo, chico?»
Seiji: «No… no me subestimes… aún puedo pelear.»
Se acercaron rápidamente y comenzaron ah intercambiar golpes cada impacto resonaba por los restos del edificio destruido, pedazos de concreto y polvo volando por el aire.
Sharon, con una velocidad impresionante, transformó su brazo en una afilada hoz metálica, girándola como si fuera una extensión natural de su cuerpo.
La hoz cortaba el aire con un silbido mortal, dirigida directamente ah Seiji con intención de partirlo por la mitad.
Seiji: [¡Esto… es una clase de broma! No puedo permitir que eso me alcance… debo esquivar lo ahora!]
Con un salto ágil, Seiji logró esquivar la hoz por apenas unos centímetros, sintiendo el filo rozar su hombro mientras giraba en el aire y caía sobre un montón de escombros.
Su respiración estaba agitada.
Sharon solo reía.
Sharon: «¿Vas ah seguir esquivando todo el tiempo? Oh vas ah mostrarme algo interesante.»
Seiji no sabía que hacer respirando con dificultad y con la sangre aún goteando, se puso en guardia nuevamente, observando cómo Sharon transformaba su brazo de la hoz ah múltiples cuchillas pequeñas que giraban como un abanico mortal.
Seiji: [Tiene demasiada versatilidad… debo concentrarme en esquivar, encontrar un patrón… cualquier error y podría morir.]
Ambos se miraron por un instante, evaluando cada movimiento, cada respiración.
La tensión entre ellos era casi palpable; cada segundo que pasaba Seiji sabía que podía sufrir un corte fatal.
Sharon lanzó una ráfaga de cuchillas giratorias hacia Seiji, quien las esquivó ágilmente rodando hacia un lado, levantando una nube de polvo.
Seiji: [No puedo seguir solo esquivando… debo buscar una oportunidad… algo que ella no vea venir.]
Sharon: «¿Esperas atacar? Ni lo sueñes… cada movimiento que hagas será predecible para mí.»
El enfrentamiento continuaba, cada intercambio más feroz que el anterior, el suelo destruido ah su alrededor, columnas de concreto rotas volando con cada golpe.
EN ALGÚN LUGAR.
Riku y Jin avanzaban entre los escombros del complejo, el humo del polvo todavía flotando en el aire, con las paredes derrumbadas y cristales rotos por todas partes.
El sonido de madera astillándose y metal retorciéndose acompañaba cada paso que daban.
Riku: «No puedo creer lo que está pasando… todo esto… ¿cómo pudo suceder tan rápido?»
mirando alrededor con seriedad.
Jin: «Cada pelea Ah sido una locura… esto no es simplemente ataque.»
Riku bajó la vista, observando los restos de una columna derrumbada.
Riku: «Y pensar que hace solo unas horas este lugar estaba… organizado. Todo tenía un orden… y ahora…» parece que nada de eso importa.»
Jin negó con la cabeza, ajustándose la venda que aún cubría parcialmente su ojo izquierdo.
Jin: «Sí… y aún no hemos visto lo peor. Seiji sigue luchando… y no sabemos si todos los demás pudieron escapar. Cada segundo que pasa, la situación se vuelve más peligrosa.»
Mientras hablaban, notaron ah lo lejos ah Tetsuya avanzando por el mismo pasillo, esquivando escombros y observando el terreno con la cautela de alguien que siempre analiza cada detalle antes de actuar.
Tetsuya: «Riku… Jin… parece que ustedes también están vivitos y coleando. Bueno, viendo este desastre, me alegra encontrar ah alguien que todavía tenga cabeza fría.»
Riku: «Tetsuya… pero no puedo negar que la organización está hecha pedazos. Esto… esto es peor de lo que imaginé.»
Tetsuya asintió mientras revisaba el entorno con la mirada.
Tetsuya: «Es cierto… y en este tipo de situaciones, cualquier error puede ser fatal. Por eso estoy usando mis sombras de forma estratégica… no puedo permitirme desperdiciar recursos.»
Riku frunció el ceño mientras recordaba su pelea contra Raku.
Riku: «Yo también… con mis esferas, tengo que cuidar cada movimiento. Un descuido y… podría costarme todo.»
Jin respiró hondo y habló con determinación.
Jin: «No podemos permitirnos rendirnos. No ahora. Hemos visto cómo se mueven los enemigos, conocemos un poco de sus técnicas… y eso nos da ventaja. Pero debemos coordinarnos si queremos sobrevivir.»
Tetsuya: «Exacto… y debemos mantenernos conscientes de todo. Aquí no hay margen para improvisar demasiado. Cada acción tiene consecuencias inmediatas.»
Los tres caminaron un poco más en silencio, observando los restos de la organización.
Las paredes colapsadas, los pasillos inundados de humo y los equipos destruidos eran testigos de la intensidad del ataque.
Riku rompio el silencio.
Riku: «Cuando esto termine… y si logramos sobrevivir… nada volverá ah ser igual.»
Jin: «Eso ya lo sabemos. Lo importante es que nosotros… no nos perdamos en el proceso. Mantengamos la calma y sigamos avanzando.»
Tetsuya: «Bien dicho… entonces, ¿ah dónde vamos ahora? ¿Nos reunimos con los demás oh buscamos primero un lugar seguro?»
Riku: «Primero seguridad. Luego, evaluamos. Cada segundo cuenta y no podemos permitir que nos sorprendan como hicieron con los demás.»
Jin: «De acuerdo… entonces, atentos ah todo, nadie se distraiga. Esto apenas comienza.»
Los tres continuaron avanzando entre los escombros, cada uno con la mente enfocada en sobrevivir y encontrase con los demás.
CAMBIO DE LUGAR.
Reina avanzaba rápidamente hacia Rensai, con su puño extendido para un golpe directo al torso del enemigo.
Sin embargo, antes de que su golpe llegara ah su objetivo, comenzó ah sentirse extraña.
Su brazo parecía moverse más lento de lo normal, como si una fuerza invisible lo frenara.
Reina: «¿Qué… qué me está pasando? ¡Mi puño… no llega!»
Rensai, con una sonrisa fría en el rostro, se movió con calma, esquivando su ataque con facilidad.
Rensai: «Si no sigues el ritmo… no podrás ganar.»
Reina frunció el ceño, confundida y frustrada al mismo tiempo.
Reina: «¿Ritmo? ¿Qué… qué quieres decir con eso?»
Rensai dio un paso hacia ella, moviéndose de manera que cada movimiento parecía medido, calculado.
Rensai: «Mi técnica de liberación se llama Ritmo Armónico que me permite afectar la velocidad de mis oponentes en un radio de 100 metros. Cada acción que realices debe seguir un ritmo específico. Si no lo haces… tu velocidad se reduce, y cada ataque se vuelve inútil.»
Reina intentó lanzar otro golpe, esta vez con más fuerza, pero nuevamente su puño se volvió pesado, como si golpeara ah través de agua densa.
Reina: «¡Esto… esto es imposible!»
Rensai: «Como puedes luchar con lo que no puedes comprender.»
Reina respiró hondo y comenzó ah analizar mentalmente cada movimiento de Rensai, intentando anticipar cómo debía sincronizarse con él.
Reina: [Si cada uno de sus movimientos marca el ritmo… entonces debo sentirlo, seguirlo… coordinarme con él.]
Rensai: «Bien, por lo que puedo ver parece que comienzas ah entenderlo. Pero aún no es suficiente.»
Cada movimiento debía ser medido, cada ataque calculado con precisión.
Sabía que su fuerza y habilidades por sí solas no serían suficientes si no se adaptaba ah la extraña restricción de la técnica de Rensai.
Reina: «Entonces… debo seguir tu ritmo… pero aun así no voy ah rendirme. ¡No me importa cuán lento me vuelva, voy ah encontrar una oportunidad!»
Rensai se recostó levemente, con una sonrisa casi burlona, mientras la observa.
Reina comenzaba ah ajustar sus movimientos, tratando de adaptarse ah la técnica que la obligaba ah seguir un patrón que no podía romper.
Rensai: «Bien… ahora sí empieza el verdadero desafío. Veremos cuánto tiempo puedes mantenerte dentro de mi ritmo antes de que cometas un error.»
Reina apretó los dientes y se lanzó nuevamente, cada golpe cuidadosamente medido, cada movimiento calculado para mantener el ritmo que Rensai imponía.
La batalla se volvía una prueba mental y física ah la vez, donde no solo la fuerza, sino la concentración y la sincronización determinaban quién podría ganar.
CAMBIO DE LUGAR.
El aire estaba lleno de polvo y escombros.
Los restos del edificio destruido crujían bajo el peso de las ruinas mientras Seiji avanzaba con dificultad.
Su brazo derecho estaba gravemente herido.
Un corte profundo recorría su antebrazo, goteando sangre que manchaba el suelo.
Con un movimiento rápido, arrancó otro pedazo de su camisa y lo enrolló sobre la herida, aplicando presión para detener la hemorragia.
Seiji: «No puedo dejar que esto me detenga… debo resistir.»
Desde la nube de polvo frente ah él, Sharon emergió con una sonrisa cruel, sus ojos brillando de excitación por la pelea.
Su brazo derecho comenzó ah transformarse lentamente, alargándose y tomando la forma de una hoz afilada, cada filo listo para cortar ah su objetivo en pedazos.
Sharon: «Veo que eres muy resistente. Aun me pregunto… ¿cómo gritarás cuando te despedace mi hoja?»
Seiji retrocedió apenas ah tiempo, esquivando el primer tajo que cortó el aire donde segundos antes estaba su torso.
Seiji: «¡Maldita sea! No me dejaré vencer por alguien como tú…»
Sharon rió, disfrutando cada instante del enfrentamiento.
Sharon: «Qué divertido… me encanta cuando los hombres intentan resistirse. Tan valientes… y tan insignificantes.»
Seiji respiró profundamente, analizando los movimientos de Sharon.
Sabía que no podía atacar directamente mientras su brazo estaba tan debilitado.
Seiji: [Debo esperar… encontrar un patrón en sus movimientos. No puedo permitir que un solo error me cueste la vida.]
Sharon giró rápidamente, lanzando un segundo ataque, esta vez bajando su hoz en un arco descendente que cortó parte del concreto ah su alrededor, haciendo que piedras y escombros volaran por todos lados.
Sharon: «¡Atrápame si puedes!»
Seiji rodó hacia un lado, evitando que la hoz le alcanzara.
El suelo temblaba con cada golpe de Sharon, y cada movimiento suyo estaba cargado de fuerza y precisión.
Seiji: «No… debo cansarme. Si fallo… sera mi final.»
Sharon se detuvo un momento, observando cómo Seiji se mantenía en pie ah pesar de la herida.
Sus ojos brillaron con una emoción que mezclaba sorpresa y excitación.
Sharon: «Interesante… un hombre herido que todavía puede mantenerse de pie. Esto se va ah poner realmente divertido.»
Seiji se reincorporó, respirando con dificultad, la sangre manchando su camisa y sus pantalones.
Sus ojos se fijaron en Sharon, con determinación.
Seiji: «No importa lo fuerte que seas… no dejaré que me derrotes. ¡Debo ganar esto!»
Sharon rió de nuevo, lanzándose hacia él con la hoz girando en múltiples direcciones, cada filo buscando el más mínimo descuido de Seiji.
Sharon: «¡Perfecto! ¡Así quiero que luchen los hombres que merecen mi atención! ¡VAMOS MUESTRAME LO QUE TIENES!»
Seiji esquivó de nuevo, usando todo su entrenamiento para anticipar y esquivar cada corte, mientras buscaba una oportunidad para contraatacar, consciente de que un solo error podría significar su fin.
El campo de batalla era un caos absoluto.
Los edificios ah su alrededor habían sido reducidos ah escombros, el polvo flotaba como niebla y fragmentos de concreto caían constantemente.
Sharon giraba con su hoz, cortando todo ah su paso, mientras Seiji esquivaba con precisión milimétrica, cada movimiento de su cuerpo drenando su energía al límite.
Su brazo derecho, aún vendado, goteaba sangre, pero no mostraba señales de rendirse.
Sharon: «¡Vamos, Seiji! ¿Es eso todo lo que tienes? ¡No puedo esperar ah ver tu final como rogaras por tu vida!»
Seiji: «¡Jamás me rendiré! ¡Aunque me cueste todo, no dejaré que me dorrotes!»
Seiji rodó entre los escombros, aprovechando un instante de distracción de Sharon.
Su mirada estaba fija, calculando cada ángulo, cada patrón de ataque.
Con un movimiento rápido, logró colocar un golpe directo hacia la pierna de Sharon, haciéndola tambalear por primera vez en toda la pelea.
Sharon: «…Hmph. No está mal… pero esto no termina aquí.»
La hoz se transformó en un filo largo y curvado, intentando partirlo por la mitad.
Seiji, usando su agilidad, esquivó con un salto lateral, evitando que el filo lo alcanzara.
En el impacto, varias columnas de concreto se derrumbaron alrededor, levantando una nube de polvo que envolvía ah ambos combatientes.
Seiji: [Debo terminar esto rápido… cada segundo aquí solo pierdo más sangre…]
Avanzó entre el humo, esquivando ataques, cada golpe de Sharon destruía el suelo ah su alrededor.
En un instante de concentración total, Seiji identificó un patrón: Sharon tendía ah bajar ligeramente el brazo tras cada giro para ajustar su posición.
Seiji: [Ahí está… es mi oportunidad.]
Con un movimiento veloz, Seiji rodó bajo la hoz descendente y, usando toda la fuerza que le quedaba, lanzó un puñetazo directo al abdomen de Sharon.
Ella intentó bloquearlo, pero la combinación de velocidad y fuerza fue demasiado.
Sharon fue lanzada hacia atrás, cayendo al suelo con un estruendo.
Sharon: «…Imposible… cómo…»
Seiji: «…No subestimes nunca ah alguien que lucha por proteger… los demas.»
Sharon, derrotada, se quedó en el suelo unos segundos, respirando con dificultad, reconociendo la victoria de Seiji.
Su mirada, aunque llena de frustración, mostró respeto.
Sharon: «…Está bien… acepto mi derrota… pero esto… no termina aquí…»
Con un salto ágil, se levantó, limpiándose el polvo de su ropa y retrocediendo unos pasos.
Sharon: «¡Nos volveremos ah encontrar, Seiji! No creas que esto es el final…»
Antes de que Seiji pudiera reaccionar, Sharon desapareció corriendo entre los escombros y la nube de polvo, dejando tras de sí solo el eco de su risa desafiante.
Seiji cayó de rodillas, exhausto, su cuerpo sangrando y temblando.
Se apoyó en los escombros para mantenerse en pie mientras su respiración se volvía más lenta y pesada.
El campo de batalla estaba destruido, y él había sobrevivido, pero al costo de su fuerza, drenado por completo por la intensa lucha.
Seiji: «…Lo logré… pero… perdi… demasiada… sangre.»
Así Seiji cayó al suelo inconsciente.
Mientras tanto, ah lo lejos, entre el humo y los escombros, Jin, Riku y Tetsuya observaban la escena, comprendiendo la magnitud de la batalla que Seiji acababa de librar.
Jin: «Increíble… sobrevivió a eso… y logro vencerla.»
Riku: «Si pero la mujer logro escapar.»
Seiji permaneció allí, agotado, mientras la destrucción ah su alrededor servía como recordatorio del poder de su adversaria y de la fuerza que él debía mantener para lo que aún estaba por venir.
CAMBIO DE LUGAR.
El campo de combate estaba destrozado: piedras flotaban en el aire, escombros caían por todas partes y el humo hacía que la visibilidad fuera casi nula.
Reina y Rensai seguían midiendo cada movimiento, con la intensidad de la batalla alcanzando su punto máximo.
Cada golpe y esquiva seguían el ritmo invisible que Rensai imponía, y Reina finalmente había aprendido ah sincronizarse, lista para ejecutar su técnica de liberación.
Reina: [¡Esto es…! Si puedo sincronizarme perfectamente… puedo usar mi técnica y terminar esto.]
Reina: «¡Ahora… Técnica de Liberación: ¡Manto del Zorro de nueve colas!»
Justo cuando su energía comenzó ah expandirse y cubrir su cuerpo tomando la forma de un zorro de nueve colas.
De repente un sonido distante interrumpió la tensión: un comunicador vibró y una voz firme resonó en el auricular de Rensai.
Yuna «Rensai misión cumplida ya tenemos lo que vinimos ah buscar.»
Rensai se detuvo de inmediato, evaluando la situación y viendo ah Reina lista para el golpe final.
Su expresión cambió, y por primera vez en la pelea, un ligero destello de respeto apareció en su mirada.
Rensai: «Hmm… entiendo… no terminaré esto hoy. Pero no lo olvides, Reina…»
Reina: «¿Qué?»
Rensai: «Terminaré este combate contigo en otro momento.»
Sin esperar respuesta, Rensai retrocedió con movimientos fluidos y desapareció entre los escombros y el humo, dejando atrás un silencio cargado de tensión.
Reina quedó allí, respirando con fuerza, sintiendo la descarga de adrenalina y la presión de la batalla que casi alcanzaba su clímax.
Reina: «…»
CAMBIO DE LUGAR.
El campo de batalla era un infierno silencioso.
Todo ah su alrededor estaba destruido no, peor derretido.
El suelo parecía haber sido fundido por una fuerza abrumadora, las paredes colapsadas y convertidas en masas deformes de concreto.
El aire ardía, cargado de calor y cenizas que caían lentamente como nieve oscura.
En medio de ese escenario estaba Kuroto.
Su cuerpo ya no era completo.
La mitad inferior había desaparecido, y lo poco que quedaba comenzaba ah desintegrarse lentamente en cenizas que el viento arrastraba.
Su forma, antes monstruosa y cambiante, ahora apenas se sostenía.
Pero aún seguía vivo.
La boca en su pecho se abrió lentamente, como si le costara incluso hablar.
Kuroto: «…Así que… este es… el final…»
Frente ah él, de pie estaba Shiro.
Su cuerpo estaba cubierto de heridas, su respiración era pesada y su uniforme estaba completamente destruido.
Su brazo temblaba y al observarlo mejor.
Le faltaban cuatro dedos.
La sangre caía lentamente desde su mano mutilada, pero aun así se mantenía en pie.
Kuroto: «Interesante… realmente… un humano logro llevarme… hasta este punto…»
Shiro no respondió de inmediato.
Su mirada era fría, firme pero cansada.
Kuroto: «Un humano… derrotando ah un demonio de sexta categoría… supongo… que te subestime demasiado humano… no Shiro.»
El cuerpo de Kuroto comenzó ah desmoronarse más rápido.
Su piel se convertía en ceniza, desintegrándose poco ah poco, como si el viento se lo estuviera llevando.
Kuroto: «…Pero esto… no cambia nada… otros vendrán… más fuertes… más crueles… que yo.»
Hizo una pequeña pausa, como si reunir fuerzas para sus últimas palabras fuera un esfuerzo imposible.
Kuroto: «…Espero… que cuando llegue ese momento… sigas vivo… Shiro…»
Sus últimas palabras se desvanecieron junto con su cuerpo.
Y en el siguiente instante.
Kuroto desapareció por completo.
Solo quedaron cenizas flotando en el aire.
El silencio invadió el campo de batalla.
Shiro permaneció de pie unos segundos más, observando el lugar donde su enemigo había desaparecido.
Su respiración era pesada su cuerpo ya no respondía igual
Pero aun así habló.
Shiro: «Exterminación… completada.»
El peso de la batalla finalmente lo alcanzó.
Sus piernas cedieron.
Y sin más fuerza para sostenerse.
Shiro cayó al suelo.
El eco de su cuerpo golpeando el terreno destruido resonó débilmente mientras las cenizas seguían cayendo ah su alrededor.
El combate había terminado.
Pero el costo había sido enorme.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com