KONMETSU - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 KONMETSU-CAPÍTULO 7 LO QUE NACE DE NOSOTROS
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7: KONMETSU-CAPÍTULO 7: LO QUE NACE DE NOSOTROS 7: KONMETSU-CAPÍTULO 7: LO QUE NACE DE NOSOTROS El silencio dentro de la sala del director no era cómodo.
No lo era nunca.
Seiji, Tetsuya y Kiyomi permanecían de pie, alineados frente al amplio escritorio de madera oscura.
Detrás de él, Shiro Kanza observaba una pared de cristal por la que caía agua de una cascada artificial.
Siempre la misma escena.
Siempre la misma calma inquietante.
Shiro habló sin girarse.
Shiro: «Sobre su última misión… sobrevivieron.»
No era un cumplido.
Era un veredicto.
Shiro se giró lentamente y los miró uno por uno.
Shiro: «Eso ya los pone por encima de la media.»
Seiji apretó los puños.
Kiyomi mantuvo la espalda recta.
Tetsuya bostezó apenas, sin disimular.
Shiro: «Los demonios fueron exterminados Daños colaterales… aceptables, y rescataron a los niños.
Por eso ahora tienen una nueva misión.»
Shiro tocó la pantalla de su escritorio.
Apareció la imagen de un edificio viejo, con ventanas rotas y paredes agrietadas.
Shiro: «Una clínica abandonada.
Lleva cerrada más de diecisiete años.
Desde entonces, hay rumores constantes: luces que se encienden solas, voces, personas que entran y no salen.»
El ambiente se volvió pesado.
Shiro: «Su misión es simple.
Investigar.
Identificar.
Exterminar lo que sea que esté causando esto.»
Los tres asintieron al mismo tiempo.
Seiji: «Entendido.»
Tetsuya: «Bien me da lo mismo.»
Kiyomi: «Nos encargaremos.»
Shiro los observó en silencio durante unos segundos más.
Shiro: «Retírense.
Y no mueran.
Da papeleo innecesario.»
El viaje fue largo.
Demasiado.
Cuando finalmente llegaron, la clínica se alzaba frente a ellos como un cadáver olvidado.
El letrero estaba oxidado, apenas legible.
Las puertas de vidrio estaban rotas desde hacía años.
El aire olía a humedad… y a algo más.
Entraron.
El eco de sus pasos resonó por los pasillos vacíos.
Camas oxidadas, sillas volcadas, archivos tirados por el suelo.
Seiji frunció el ceño.
Seiji: «Oigan… tengo una duda.»
Tetsuya: «Cual es tu duda.»
Seiji: «¿Cuál es la diferencia entre demonios y anomalías?»
Tetsuya suspiró, como si ya hubiera esperado esa pregunta.
Tetsuya: «Escucha con atención.
Los demonios no pueden cruzar a nuestro mundo libremente.
Existen solo dos maneras de que lo hagan.»
Señaló con dos dedos.
Tetsuya: «Uno: Cultos humanos que buscan poder, venganza o inmortalidad realizan rituales prohibidos.
Usan sacrificios, símbolos antiguos y sangre como anclas.
Ellos abren la puerta, pero no pueden controlarla.»
Kiyomi asintió.
Tetsuya: «Dos: Cuando el demonio es demasiado poderoso… Algunos demonios poseen tanta energía que rompen la barrera por la fuerza.
No necesitan rituales ni permiso.
Su sola presencia desgasta la frontera entre mundos.»
Seiji asintió lentamente.
Seiji: «¿Y las anomalías?»
Tetsuya se detuvo.
Tetsuya: «Las anomalías… somos nosotros.»
Seiji se quedó helado.
Seiji: «¿Qué?»
Tetsuya: «Los humanos tenemos energía espiritual llamada: energía ánima.
Proviene del alma.
Pero la mayoría no lo sabe.
No la controla.»
Caminaron mientras hablaba.
Tetsuya: «Emociones extremas como: odio, culpa, miedo, dolor, tristeza… todo eso se acumula.
Se filtra.
Se expulsa.»
Seiji escuchaba en silencio.
Tetsuya: «Cuando esa energía negativa se queda en un lugar durante demasiado tiempo… se deforma.
Gana voluntad.
Se convierte en algo que no debería existir.»
Kiyomi: «Una anomalía no nace para matar… pero siempre termina haciéndolo.»
Seiji apretó los dientes.
Siguieron caminando.
Y entonces… algo no cuadraba.
Pasaron por una sala de operaciones.
Luego un pasillo.
Luego una recepción.
Y otra vez… la sala de operaciones.
Kiyomi se detuvo de golpe.
Kiyomi: «Esperen.»
Seiji miró alrededor.
Seiji: «¿Ya estuvimos aquí verdad?»
Tetsuya observó las paredes, el suelo, las manchas exactas.
Tetsuya: «Sí.»
Silencio.
Kiyomi: «…Esto no tiene sentido.
Llevamos caminando más de veinte minutos y siempre regresamos a este mismo punto.»
Seiji: «¿Y si solo somos malos orientándonos?
Porque yo juraría que ese árbol no estaba ahí antes.»
Tetsuya cerró los ojos unos segundos.
Tetsuya: «La anomalía no solo está escondida… está alterando la realidad del área…
Está creando un bucle espacial.
Caminamos, avanzamos, pero el espacio se reacomoda y nos devuelve al mismo lugar.»
Kiyomi dio un paso al frente
Kiyomi: «No podemos seguir caminando ni intentar escapar.
Eso es justo lo que quiere.»
Seiji sintió un escalofrío.
Seiji: «¿Entonces qué hacemos?»
Tetsuya abrió los ojos.
Tetsuya: «La única opción lógica es enfrentar el origen del bucle.»
Kiyomi: «¿O sea…?.»
Tetsuya: «Exterminar la anomalía.
Mientras exista, el espacio seguirá doblándose.
Si la exterminamos, la distorsión colapsará y el lugar volverá a la normalidad.»
Una vez ya claro que debían hacer siguieron su camino.
Horas pasaron.
Nada cambiaba.
Mismo lugar.
Mismo aire.
Mismo silencio.
Hasta que…
Kiyomi: «Yo seguiré por aquí.»
Seiji giró.
Seiji: «¡Espera!»
Pero Kiyomi ya había desaparecido por un pasillo lateral.
Se separó del grupo sin decir nada, dejando atrás a sus compañeros Seiji y Tetsuya.
Sus pasos resonaban demasiado fuerte en los pasillos vacíos de la clínica, como si el edificio entero escuchara su presencia.
El lugar era horrible.
No por el abandono, sino por la sensación de que alguna vez estuvo vivo… y ahora solo quedaba el eco.
Kiyomi: «Qué lugar tan asqueroso.
Incluso sin la anomalía, esto ya está maldito.»
Y aun así, siguió caminando sola, con la sensación de que el edificio no quería dejarla ir.
El aire se volvió pesado.
Kiyomi avanzó sola.
El pasillo terminaba en una sala de observación, separada por un vidrio grueso, cuarteado por dentro como si algo hubiera intentado salir.
El aire se volvió pesado, denso, difícil de respirar.
Cada paso que dio hacia adelante hacía que el mundo se sintiera… mal alineado.
Y entonces la vio.
La anomalía… no tenía forma fija.
Era una masa distorsionada de cuerpos, rostros gritando desde dentro, como recuerdos atrapados.
La atacó.
El suelo estalló.
La anomalía se lanzó sin aviso, deformando el espacio a su alrededor.
Las paredes de la clínica se doblaron como si fueran de papel, y ella apenas tuvo tiempo de saltar hacia atrás antes de que una extremidad imposible atravesara el lugar donde había estado su cabeza.
Kiyomi esquivo el ataque y uso su técnica.
Kiyomi: «Técnica de liberación: eco del Dolor.»
Corrió hacia adelante, concentrando su energía en el puño, y golpeó.
El impacto conectó… y aun así no lo hizo.
Su brazo se hundió en la masa de la anomalía como si golpeara agua espesa, y una fuerza brutal la lanzó contra una camilla, doblando el metal.
No le dio tiempo de respirar.
El aire se cerró alrededor de su cuerpo.
La anomalía rugió sin sonido, y la gravedad se volvió irregular.
Cada paso que daba pesaba el doble, luego nada, luego demasiado.
Kiyomi uso la pared para impulsarse y lanzó una patada giratoria que rasgó parte de aquella carne oscura, arrancando un chillido agudo.
Kiyomi: «¡Te duele!…
¡Entonces puedes morir!»
La anomalía reaccionó con furia.
El pasillo se alargó de golpe, estirándose como un túnel infinito.
La anomalía apareció detrás de ella en un parpadeo, atravesando la distancia como si no existiera.
Una garra la alcanzó, abriéndole el hombro.
La sangre salpicó el suelo blanco, manchándolo de rojo vivo.
Kiyomi cayó al suelo, sangrando.
Su visión sse volvió borrosa.
Entonces un recuerdo cruzó por su mente.
FLASHBACK.
KIYOMI: [Cuando era niña, siempre caminaba un paso detrás de él.]
Su hermano mayor iba primero, abriéndole camino como si el mundo fuera menos peligroso mientras él estuviera allí.
Era fuerte, decidido, y sonreía incluso en los peores días.
Para ella, no era solo su hermano: era un refugio.
Él fue quien le enseñó a no llorar cuando tenía miedo.
Quien le dijo que huir no era vergonzoso… pero rendirse sí.
Hermano de Kiyomi: [Si algún día no estoy —le dijo una vez, despeinándole el cabello—tú vas a ser más fuerte que yo.]
Ella se río.
Pensó que era imposible.
Un día.
Hubo un accidente de auto donde el hermano de Kiyomi quedó gravemente herido.
Ella gritó su nombre.
Le rogó.
Le prometió que saldrían juntos.
El hermano le dijo que ya era hora que ella siga adelante sin él.
Kiyomi lloraba diciendo que no puede seguir adelante sin él.
Pero las últimas palabras de su hermano antes de morir fueron; yo siempre te protegeré.
Así su hermano murió y Kiyomi solo podía llorar por su hermano.
De vuelta a la realidad.
La anomalía se levantó para rematarla.
Kiyomi ya se daba por muerta y se decía que por fin se encontrará con su hermano en el más allá.
Pero de repente.
El techo explotó.
Una explosión de concreto y metal cayó como lluvia cuando una silueta atravesó desde arriba.
Seiji cayó como un proyectil, golpeando a la anomalía con el puño.
Tetsuya aterrizó a su lado, sombras retorciéndose a su alrededor.
Tetsuya: «Llegamos tarde.»
Seiji: «Pero llegamos.»
Seiji ya estaba frente a Kiyomi.
Sus ojos recorrieron la sangre en el suelo, el hombro herido, la forma en que ella apenas se mantenía en pie.
Seiji: «Kiyomi, ¿Estás bien?»
Ella abrió la boca para responder.
Pero no salió nada.
Las palabras se le atoraron en la garganta.
El dolor, el recuerdo, el cansancio… todo pesaba demasiado.
Pensó en su hermano.
En lo cerca que había estado de quedarse sola otra vez.
Desvió la mirada un segundo.
Luego asintió.
Kiyomi: «Si… estoy bien gracias Seiji.»
Seiji no parecía convencido, pero apretó los puños y se colocó a su lado.
Seiji: «Entonces terminemos esto juntos.»
La anomalía rugió, distorsionando el aire.
Y por primera vez desde que la pelea comenzó, Kiyomi no estaba sola.
Así Kiyomi se levantó aún con su hombro lastimado.
Los tres estaban en posiciones de combate para exterminar a esa anomalía.
La anomalía atacó primero, los tres esquivaron el ataque.
Tetsuya: «Técnica de liberación: creación de sombras.»
Así Tetsuya creó a tres osos pardo, que atacaron con suma furia a la anomalía.
Pero la anomalía destruyó a dos con suma facilidad.
Aunque el tercer oso logró darle un zarpazo que le destruyó el “brazo”.
Seiji no perdió tiempo y le lanzó varios puñetazos al centro de la anomalía.
Viendo atrás Kiyomi con su técnica de liberación.
Kiyomi: «bien ya es hora que seas exterminado.
Técnica de liberación: eco del Dolor.»
Cargando un gran puño de energía ánima.
Dándole en todo el centro, destruyéndolo internamente.
La anomalía comenzó a retroceder expulsando un líquido púrpura por todas las bocas.
Pero la anomalía aún seguía en pie.
Tetsuya: «Vaya si que es bastante resistente.»
Kiyomi volvió a cargar un ataque de energía ánima.
Liberó su energía sin reservas.
No fue un ataque limpio ni elegante.
Fue una explosión de pura energía que golpeó a la anomalía desde dentro y desde fuera al mismo tiempo.
La cosa se sacudió con violencia, su forma colapsando una y otra vez, incapaz de sostenerse.
El pasillo dejó de doblarse.
Las paredes dejaron de respirar.
Tetsuya: «¡Se está deshaciendo!
»
Los tres atacaron al unísono.
Golpes, impactos, ondas de choque que desgarraron a la anomalía hasta que ya no pudo recomponerse.
Su masa se fragmentó, se diluyó, se rompió en sombras que se volvieron ceniza absoluta.
Tetsuya: «Exterminación.
Exitosa.»
Kiyomi cerró los ojos un segundo.
Tetsuya caminaba delante, con las manos en los bolsillos, fingiendo que no había estado preocupado.
Seiji iba detrás de Tetsuya.
Kiyomi estaba de última, dejó escapar una pequeña exhalación.
No fue una risa, pero estuvo cerca.
Al salir, se detuvo un segundo.
El viento frío le rozó el rostro y, por un instante, creyó sentir una presencia familiar.
No habló.
No hizo nada.
Solo cerró los ojos y asintió, como si alguien pudiera verla.
Cuando los abrió solo vio a sus compañeros: Seiji y Tetsuya y con una sonrisa avanzó hacia adelante junto a ellos.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com