Kuchiyuku ōkoku - Capítulo 57
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Capítulo 57: Capítulo 57 — La cicatriz que responde
Capítulo 57 — La cicatriz que responde
El pueblo todavía olía a madera recién cortada.
Eiden estaba de pie en el centro de la plaza cuando la sintió.
Una presión en el aire.
No hostil.
Familiar.
Un segundo después—
Un golpe seco contra el suelo.
Polvo levantado.
Botas negras.
—Te dije que no te murieras antes de que yo lo permitiera.
Eiden levantó la vista.
Azu.
Cabello ligeramente desordenado por el viaje.
Mirada filosa.
Brazos cruzados.
Silencio.
Luego sus ojos bajaron.
Vendajes en el brazo. Costado envuelto. Marcas en la mejilla.
Y su expresión cambió.
No a preocupación.
A enojo.
Caminó directo hacia él.
—¿Qué hiciste?
Eiden sonrió apenas.
—También me alegra verte.
Ella lo agarró del mentón sin suavidad, girándole el rostro para ver la quemadura.
—No es una herida de ataque externo.
Lo soltó.
—Te quemaste conteniendo algo.
Eiden no respondió.
Eso fue suficiente respuesta.
Azu exhaló por la nariz.
—Eres un idiota.
Pausa.
—Pero no un imprudente.
Eso era lo más cercano a un elogio.
🔥 La llama
—Muéstramela —ordenó.
Eiden dudó.
Extendió la mano sana.
Respiró.
La llama apareció.
Pero no explotó.
No rugió.
No iluminó toda la plaza.
Era pequeña.
Densa.
Compacta.
Como un núcleo.
Azu se quedó en silencio más tiempo de lo habitual.
Se acercó.
La llama no quemaba el aire alrededor.
No consumía oxígeno.
No temblaba.
—Interesante… —murmuró.
Extendió dos dedos y los acercó apenas.
Sintió presión.
No calor.
Presión.
Retiró la mano.
—No te quemaste porque perdiste el control —dijo finalmente—. Te quemaste porque lo comprimiste.
Miró su brazo vendado.
—Antes tu fuego quería arrasar.
Ahora… perfora.
Eiden bajó la mano.
La llama se extinguió sola.
—No sé si eso es bueno —admitió.
Azu lo miró fijo.
—Es peligroso.
Pausa.
—Para tus enemigos.
🌑 Corte — Otro continente
Una sala amplia.
Columnas altas.
Oscuridad.
Una figura sentada en un trono de piedra abrió los ojos.
Una grieta flotaba frente a él.
Vacía.
—El ejecutor cayó.
Una segunda figura habló desde la sombra.
—El chico eligió.
Silencio.
Luego…
Una leve sonrisa.
—Eso lo hace más interesante.
La grieta vibró apenas.
—No envíen ejército.
La segunda figura inclinó la cabeza.
—¿Entonces?
—Envíen ojos.
Oscuridad expandiéndose.
—Quiero saber qué clase de fuego nace cuando alguien rechaza lo imposible.
La grieta se cerró.
🌙 Noche
Eiden dormía.
Inquieto.
Sudor frío.
El sueño llegó sin aviso.
No vio a su padre completo.
Solo una silueta.
De espaldas.
—No confundas fuerza con orgullo.
Eiden intentó avanzar.
La silueta no se giró.
—La verdadera firmeza no grita.
Oscuridad.
Despertó de golpe.
Respiración agitada.
Miró su mano vendada.
Se quitó lentamente el vendaje.
La piel estaba roja.
Cicatrizada.
Pero en el centro…
Una marca.
Sutil.
Como una grieta fina.
O como una llama cerrada sobre sí misma.
No dolía.
Pero pulsaba.
Una vez.
Lenta.
Como si respondiera.
Eiden frunció el ceño.
No miedo.
Conciencia.
Algo cambió esa noche.
No en el mundo.
En él.
Y muy lejos de allí…
Alguien lo estaba observando.Oscuridad.
No una habitación común.
Un espacio alto. Amplio. Silencioso.
Solo una luz azul suspendida en el aire.
Y una sombra.
Sentada.
No se veía rostro.
No se veía cuerpo.
Solo contorno.
Frente a él flotaban imágenes.
Grabaciones.
Energía proyectada en el aire.
📽️ KHOREN
La imagen mostraba el campo devastado.
El Teniente en Jefe de Khoren de pie.
Armadura fracturada.
Sonriendo con arrogancia.
Luego—
El momento exacto.
Eiden lanzando la katana.
Precisión limpia.
La hoja atravesando el pecho.
Silencio en la grabación.
La sombra inclinó apenas la cabeza.
—Sin vacilación… —murmuró una voz grave.
La escena cambió.
📽️ El bosque
La grieta abierta.
El ejecutor frente a Eiden.
La oferta.
El instante decisivo.
Y después—
La apuñalada directa al corazón.
Sin grito.
Sin discurso.
Solo ejecución.
La imagen se detuvo justo cuando el fuego se hundía en el pecho del ejecutor.
La sombra no habló durante varios segundos.
Luego…
Una risa leve.
No de burla.
De interés.
—Rechazó la tentación… y aun así perforó la grieta.
El aire vibró levemente.
—Eso no estaba en los cálculos.
La sombra extendió una mano.
Una moneda metálica apareció entre sus dedos.
La observó.
Una cara tenía grabada una corona.
La otra, una grieta.
—Destino o elección… —susurró.
Apretó la moneda.
No fuerte.
Pero con intención.
El metal comenzó a deformarse.
El suelo del salón vibró.
Luego—
Lejos.
Muy lejos.
En el país entero.
Un temblor leve sacudió edificios.
Vidrios vibraron.
Animales huyeron.
No fue devastador.
Fue advertencia.
La sombra apretó más.
La moneda crujió.
—Mis planes no se alteran por un chico que elige correctamente.
La presión aumentó.
La moneda se partió en dos.
El temblor cesó.
Silencio absoluto.
👁️ Los Ojos
Tres figuras emergieron desde la oscuridad del salón.
Rostros cubiertos.
Presencias ligeras.
No guerreros de fuerza bruta.
Observadores.
—Sí, mi señor —dijeron al unísono.
La sombra no se movió.
—No lo toquen.
—No interfieran.
—No provoquen.
Pausa.
—Obsérvenlo.
Las luces flotantes mostraron nuevamente el rostro de Eiden.
Vendado.
Sereno.
—Quiero informes constantes.
—Cada combate.
—Cada duda.
—Cada conversación.
La sombra se inclinó apenas hacia adelante.
—Si su fuego cambia… quiero saber cómo.
Los tres Ojos inclinaron la cabeza.
—Como ordene.
Sus cuerpos se disolvieron en partículas negras.
Desaparecieron.
La sala volvió a quedar en silencio.
La sombra miró una vez más la grabación congelada del ejecutor siendo atravesado.
—Veamos cuánto tiempo puedes sostener esa convicción… Eiden.
Las imágenes se apagaron.
Y la oscuridad sonrió.
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