Kuchiyuku ōkoku - Capítulo 58
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Capítulo 58: Capítulo 58 —los ojos que no parpadean
El pueblo despertó más temprano de lo habitual.
No por miedo.
Por reconstrucción.
Martillos golpeaban madera nueva.
El olor a resina fresca llenaba el aire.
La vida seguía.
Y entre la vida… caminaron ellos.
👁️ El primero llegó como comerciante.
Carreta sencilla. Ropa común. Voz tranquila.
Vendía especias que nadie reconocía del todo.
Sonreía demasiado poco.
Pero lo suficiente.
Observaba las manos de los hombres.
Las cicatrices.
La postura de los guardias.
Las rutas de escape.
No preguntó por Eiden.
No hacía falta.
Sabía reconocer a alguien que el aire rodea distinto.
—
👁️ El segundo llegó antes del mediodía.
Se presentó como voluntario para ayudar en las reparaciones.
Fuerte. Silencioso. Trabajador.
Nadie sospecha del que carga vigas.
Sus ojos no eran curiosos.
Eran medidos.
Cada vez que el suelo crujía… memorizaba el patrón.
—
👁️ La tercera llegó al atardecer.
Cabello recogido. Ropa sencilla.
Un libro bajo el brazo.
Se acercó a la zona donde Lia organizaba vendajes.
—Escuché que aquí atienden heridos —dijo con voz suave.
Lia sonrió sin sospecha.
—Sí, aunque ahora ya son menos.
La mujer inclinó levemente la cabeza.
—Eso habla bien de quien los protegió.
Lia bajó la mirada.
—Sí… habla bien de él.
La mujer anotó algo mentalmente.
No sonrió.
Pero tampoco dejó de observar.
—
🌄 Mientras tanto…
Azu caminaba por el límite del bosque.
Eiden la seguía.
—Aquí nadie interrumpe —dijo ella sin mirarlo.
Silencio.
Llegaron a un claro pequeño.
La tierra aún marcada por entrenamientos pasados.
Azu se giró.
—Muéstrala.
Eiden cerró los ojos.
Respiró.
La llama apareció.
Pequeña. Densa. Compacta.
No vibraba.
No rugía.
Era un punto vivo.
Azu no habló de inmediato.
Se acercó.
—Más pequeña.
Eiden frunció el ceño.
—Ya es pequeña.
—No.
—Ahora elimínala sin apagarla.
Silencio.
Eso no tenía sentido.
Pero lo intentó.
La llama titubeó.
Por un instante, creció.
Azu dio un paso atrás.
—Eso es orgullo.
Eiden abrió los ojos.
—No quise—
—No importa lo que quisiste. Importa lo que hiciste.
La llama volvió a comprimirse.
Más.
Y más.
Hasta que dejó de verse.
El aire quedó vacío.
Pero…
La presión seguía allí.
Azu entrecerró los ojos.
—Bien.
Se acercó y puso dos dedos en el centro del pecho de Eiden.
Sintió el pulso.
No del corazón.
Algo más profundo.
—Ahora está dentro.
Eiden respiraba con dificultad.
No por esfuerzo físico.
Por contención.
—¿Es correcto? —preguntó.
Azu sostuvo su mirada.
—Es firme.
Pausa.
—Y la firmeza no necesita espectáculo.
Eiden asintió.
En ese mismo instante—
A varios kilómetros.
La tercera de los Ojos levantó levemente el rostro.
Sintió algo.
No calor.
No energía desatada.
Algo comprimido.
Una presencia que no gritaba.
Tomó una pequeña lámina metálica del interior de su manga.
La superficie vibró suavemente.
Escribió una sola línea con su dedo.
“Confirmado. La llama ya no expande. Se concentra.”
La lámina se oscureció y la información desapareció.
—
🌲 En el claro…
Azu se giró para irse.
—Descansa. Mañana repetimos.
Eiden quedó solo.
Mano sobre el pecho.
Sintiendo ese núcleo latir en silencio.
No era más fuerte.
Era más profundo.
Y por primera vez…
La cicatriz de su brazo respondió.
Un pulso.
Leve.
Como si supiera que alguien lo estaba mirando.
Eiden levantó la vista hacia el bosque.
No vio nada.
Pero el aire…
No estaba vacío.
ContinuaráUna neblina ligera cubría el bosque.
Eiden ya estaba despierto.
No había dormido mal.
Pero tampoco bien.
La cicatriz no dolía.
Respondía.
Un pulso.
Cada cierto tiempo.
Como si contara algo que él aún no entendía.
Se vendó el brazo con calma.
Tradicional. Ordenado.
Sin dramatismo.
Al salir de la casa improvisada, el pueblo ya se movía.
Y desde un tejado…
Un par de ojos lo seguían.
👁️ El segundo.
El “voluntario”.
No respiraba agitado.
No estaba tenso.
Simplemente observaba el ritmo de Eiden.
Cómo caminaba.
Cómo saludaba.
Cómo sostenía la mirada sin imponerse.
—No busca dominar —murmuró para sí.
Memorizó eso.
—
🛠️ En la plaza
El comerciante ofrecía especias a una anciana.
—Esta ayuda con el dolor de articulaciones —decía con tono amable.
Mentía con naturalidad.
Pero sus ojos se desviaron apenas cuando Eiden pasó cerca.
No miró directo.
Observó el reflejo en una superficie metálica.
Y ahí lo sintió.
Presión comprimida.
No expansiva.
Interesante.
—
📚 Cerca de los vendajes
La tercera cerró su libro.
Lia hablaba animadamente.
Riku gesticulaba exagerando algo que claramente no era tan heroico como él decía.
La mujer inclinó levemente la cabeza.
—Él no parece arrogante —comentó con suavidad.
Lia sonrió.
—No lo es.
La mujer miró a lo lejos, hacia Eiden.
—Eso lo hace más difícil de romper.
Lia no entendió esa frase.
Pensó que hablaba de entrenamiento.
La mujer ya había terminado de medir lo que necesitaba.
—
🌲 En el claro
Azu cruzó los brazos.
—Hoy no vas a usar fuego.
Eiden parpadeó.
—¿Entonces?
—Vas a intentar perder el control.
Silencio.
—¿Perderlo?
—Provócate.
Insúltame.
Recuerda la grieta.
Recuerda la oferta.
Eiden tensó la mandíbula.
Azu dio un paso más cerca.
—Recuerda que podrías haberlo salvado.
El aire vibró apenas.
La cicatriz pulsó.
Una vez.
Dos.
La llama quiso salir.
No por orgullo.
Por rabia contenida.
Eiden cerró los ojos.
Respiró.
La presión interna aumentó.
Pero no explotó.
Azu observaba sin pestañear.
—Otra vez.
—Recuerda a tu padre.
Eso fue más profundo.
El núcleo se agitó.
El aire alrededor del suelo se agrietó levemente.
Una línea fina en la tierra.
Pero no hubo llamarada.
No hubo estallido.
Eiden abrió los ojos.
Firmes.
No furiosos.
Firmes.
La presión se estabilizó.
Azu no sonrió.
Pero su tono bajó medio grado.
—Bien.
—
👁️ Desde la distancia
El segundo Ojo sintió la vibración mínima del suelo.
Apoyó la mano en la tierra.
No era un terremoto.
Era algo localizado.
Pequeño.
Preciso.
Sacó una pequeña placa oscura y apoyó dos dedos.
“Reporte: Control emocional alto. El fuego responde a memoria, no a provocación superficial.”
La placa absorbió el mensaje.
—
🌘 Atardecer
Eiden caminaba de regreso al pueblo.
El aire estaba tranquilo.
Demasiado tranquilo.
La cicatriz pulsó de nuevo.
Más fuerte esta vez.
Se detuvo.
Miró a su alrededor.
Nada.
Pero algo no estaba alineado.
Un perro que no ladraba.
Un ave que no cantaba.
Un silencio que no pertenecía al campo.
Eiden apoyó la mano sobre su pecho.
El núcleo respondió.
No con calor.
Con presión.
A varios metros…
En un tejado distinto.
La tercera lo observaba directamente ahora.
Por primera vez sin ocultar su mirada.
No intención de atacar.
Solo medir la reacción.
Eiden levantó la vista.
Sus ojos casi se cruzan.
Pero ella ya se había movido.
Desapareciendo entre sombras.
Eiden frunció el ceño.
No miedo.
No paranoia.
Conciencia.
—Azu… —murmuró cuando ella apareció detrás de él sin hacer ruido.
—Lo sé —respondió ella.
Silencio.
Ambos mirando el pueblo.
—No atacan —dijo Eiden.
—Porque están evaluando —corrigió Azu.
La cicatriz pulsó otra vez.
Más firme.
No dolor.
Alerta.
Y muy lejos de allí…
Una voz grave habló en la oscuridad.
—Comienza la fase dos.
La moneda partida fue colocada sobre el trono.
Y esta vez…
No hubo temblor.
Solo decisión.
Continuará.
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