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Kuchiyuku ōkoku - Capítulo 59

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Capítulo 59: Capítulo 59 — La decisión que no se ve

Se asentó.

Como si el cielo hubiera decidido escuchar antes de oscurecer.

El pueblo dormía.

Pero no todo.

👁️ Desde el borde del bosque, la tercera caminaba sin prisa.

No ocultaba su presencia esta vez.

No era descuido.

Era intención.

—

🌲 En el claro

Eiden estaba de pie, solo.

No entrenaba.

No invocaba la llama.

Solo respiraba.

El núcleo latía dentro de su pecho.

Silencioso.

Firme.

—Ya puedes salir —dijo sin voltear.

La mujer emergió entre los árboles.

Sin arma.

Sin amenaza.

Solo mirada directa.

Azu no estaba cerca.

Eso también era parte del cálculo.

—

La tercera inclinó apenas la cabeza.

—No vine a atacar.

Eiden no respondió.

—Vine a confirmar algo.

Silencio.

El viento no soplaba.

Ni un insecto.

Como si el bosque mismo midiera la conversación.

—

Ella dio dos pasos.

No invadía.

No desafiaba.

—Tu padre no murió por sorpresa.

El aire cambió.

No explotó.

Se comprimió.

La cicatriz pulsó.

Una vez.

Eiden no habló.

—

—Él sabía que los Ojos estaban en movimiento.

Sabía que el Top Uno bajaría personalmente.

Una pausa.

—Y aun así decidió quedarse.

El núcleo dentro del pecho de Eiden se agitó.

No rabia.

Algo más profundo.

Dolor que no busca salida.

—

—¿Por qué? —preguntó Eiden finalmente.

La voz firme.

No quebrada.

La tercera lo observó con más atención que antes.

—Porque tú eras la variable que no podíamos calcular.

Silencio absoluto.

Ni hoja cayendo.

—

—Te observaban desde niño —continuó ella—. No por tu fuego. Aún no lo tenías.

Un paso más cerca.

—Por tu firmeza.

La palabra no fue acusación.

Fue diagnóstico.

—

La cicatriz ardió… pero frío.

No llamas.

Frío metálico.

Como espada sumergida en agua.

Eiden cerró los ojos un segundo.

Respiró.

No dejó que la llama saliera.

No dejó que el orgullo respondiera.

Solo preguntó:

—¿Qué quieren?

Ella lo sostuvo con la mirada.

—Ver si la firmeza es tuya…

o si depende de lo que pierdes.

Eso golpeó distinto.

No era amenaza directa.

Era una prueba declarada.

—

El suelo no se agrietó.

El aire no vibró.

Eiden abrió los ojos.

Firmes.

—No depende de lo que pierda.

La tercera inclinó la cabeza apenas.

Como si hubiese esperado esa respuesta.

—Entonces pronto lo sabremos.

Se giró.

Pero antes de desaparecer entre la neblina…

Dejó caer algo.

Una moneda.

Partida en dos.

No rota por fuerza.

Cortada con precisión.

—

Eiden la recogió.

Las mitades no encajaban del todo.

Como si faltara algo invisible entre ellas.

En el instante en que sus dedos la tocaron—

La cicatriz respondió.

No con dolor.

Con memoria.

Un destello.

Una imagen.

Su padre.

De rodillas.

No derrotado.

Decidiendo.

Eiden soltó el aire lentamente.

No lloró.

No gritó.

Solo entendió algo pequeño… pero irreversible.

No fue sacrificado.

Eligió.

—

A lo lejos, en la oscuridad profunda—

Una voz grave habló sin emoción:

—Confirmado. No reaccionó con odio.

Silencio.

Luego:

—Procedan con la Fase Dos.

—

🌫️ En el claro

Eiden cerró el puño alrededor de la moneda partida.

El núcleo latía estable.

Pero ahora…

Había algo nuevo.

No poder.

Dirección.

Y por primera vez…

Sintió que la observación no era solo enemiga.

La moneda partida aún estaba en la mano de Eiden cuando Azu apareció detrás de él.

No hizo ruido.

Pero su presencia no era ligera.

—No debiste hablar con ella solo —dijo.

No fue grito.

Fue control.

Eiden no volteó.

—Sabías que estaba allí.

—Lo sabía.

Silencio.

—Y no hiciste nada.

Azu entrecerró los ojos.

—Porque quería ver qué hacías.

Eso fue un golpe.

Eiden giró lentamente.

—¿Ver qué hacía?

—Sí.

—¿Era otra prueba?

La palabra pesó en el aire.

Azu no respondió de inmediato.

Eso fue respuesta suficiente.

—

La mandíbula de Eiden se tensó.

—¿Desde cuándo soy experimento?

—Desde que eres objetivo —contestó ella sin suavizarlo.

El núcleo en su pecho vibró.

No salió.

Pero empujó contra sus costillas.

—

—Ella dijo que mi padre eligió morir —dijo Eiden.

Azu lo sostuvo con la mirada.

—Es posible.

Eso lo descolocó.

—¿Eso es todo? ¿“Es posible”?

—Tu padre era estratega. Sabía lo que hacía.

—Era mi padre.

El tono cambió.

No fuerte.

Profundo.

—

Azu cruzó los brazos.

—Y como padre cometió un error.

Silencio.

Denso.

Peligroso.

La cicatriz ardió frío.

—¿Qué dijiste?

—Que dejó que el Top Uno se acercara demasiado. Que te dejó expuesto.

La presión alrededor de Eiden cambió.

Las hojas del claro temblaron.

No por viento.

Por contención.

—

—No hables así de él.

Azu dio un paso al frente.

—Entonces escúchalo sin romanticismo. Si sabía que te observaban desde niño y no te movió antes, dudó.

El suelo crujió.

Una línea fina apareció bajo los pies de Eiden.

—No dudó.

—Murió.

Eso fue demasiado.

El núcleo empujó con fuerza brutal.

El aire alrededor de Eiden se comprimió de golpe.

Un estallido sordo.

No fuego.

Pero sí presión expansiva que obligó a Azu a clavar los talones.

—

—¡No fue debilidad! —la voz de Eiden ya no era baja.

Era firme.

Dolida.

—No murió por estrategia. No murió por cálculo. Eligió quedarse porque no iba a huir.

Azu respondió sin medir la herida:

—Eligió mal.

Silencio total.

Ni bosque.

Ni insectos.

Nada.

—

Eiden la miró como si algo dentro se hubiera quebrado.

No rabia ciega.

Decepción.

—Tú no lo conocías.

—Conozco el campo de batalla.

—No era un campo. Era su hijo.

Eso la atravesó un segundo.

Pero respondió igual:

—Un líder no puede permitirse pensar solo como padre.

El núcleo se agitó con violencia.

La cicatriz pulsó fuerte.

Tres veces.

El suelo bajo ellos se fracturó en varias líneas finas.

Azu lo notó.

Y aun así siguió.

Error.

—

—Si tu firmeza depende de creer que su muerte fue perfecta… entonces es frágil.

Eso fue la estocada.

La presión explotó en círculo.

No fuego.

Una onda de choque que lanzó polvo y hojas en todas direcciones.

Azu retrocedió medio paso.

Eiden respiraba agitado.

—No vuelvas a llamar frágil lo que no entiendes.

Azu sostuvo la mirada.

Pero ahora había algo distinto en sus ojos.

No cálculo.

Preocupación.

—

—Te están midiendo, Eiden. Te quieren hacer elegir entre fe y supervivencia.

—No son opuestos.

—En guerra lo son.

Silencio.

Eiden negó levemente con la cabeza.

—Eso es lo que tú crees.

Eso fue nuevo.

No la seguía.

La confrontaba.

—

—Si para ganar tengo que convertirme en lo que ellos esperan… entonces ya perdí.

Azu dio un paso adelante.

—Y si por no endurecerte pierdes a todos otra vez, ¿también lo aceptarás?

Eso fue bajo.

Muy bajo.

Eiden quedó inmóvil.

La herida abrió algo más antiguo.

—

—No uses eso.

—Es la realidad.

—No uses eso contra mí.

La voz de Eiden ya no tenía presión.

Tenía dolor.

Azu lo vio.

Y en ese instante entendió que había ido demasiado lejos.

Pero las palabras ya estaban en el aire.

—

—Yo no perdí a mi padre por ser débil —dijo Eiden con voz temblorosa pero firme—. Lo perdí porque el mal no soporta lo que permanece de pie sin odiar.

Azu abrió la boca para responder.

No encontró algo inmediato.

Eso la frustró.

—

—La guerra no se gana con nobleza —dijo finalmente, más seca de lo que quería.

—Entonces no quiero ganar así.

Silencio.

Eso la golpeó.

Porque no era ingenuidad.

Era decisión.

—

Eiden la miró una última vez.

Sin rabia.

Sin sumisión.

—No soy tu arma.

Y caminó.

No corrió.

No gritó.

Se fue.

—

La presión en el claro se disipó lentamente.

El bosque volvió a respirar.

Azu quedó sola.

Mirando las grietas en la tierra.

No eran profundas.

Pero eran reales.

—

Bajó la mirada.

—Idiot— … se detuvo.

Exhaló.

No con enojo.

Con arrepentimiento.

—No debí decir eso.

Recordó el momento exacto en que vio la herida en sus ojos.

No era fragilidad.

Era lealtad.

Y ella la había golpeado.

—

Azu caminó un par de pasos hacia donde se había ido.

Se detuvo.

Sabía que si lo seguía ahora, lo haría peor.

Pero tampoco podía dejarlo así.

Porque por primera vez…

Él no había perdido el control.

Había elegido irse.

Eso no era debilidad.

Eso era carácter.

Y eso…

No lo había formado ella.

—

A lo lejos, desde un tejado invisible…

El segundo Ojo observaba el claro vacío.

—Reporte actualizado —murmuró.

“Conflicto interno con mentora. No perdió control. Se retiró.”

La placa absorbió la información.

—

Muy lejos de allí…

La voz grave respondió:

—Perfecto.

Silencio.

—Ahora sí comenzará la verdadera prueba.

—

🌘 En el límite del bosque

Eiden caminaba solo.

Respirando fuerte.

No había fuego.

Pero la cicatriz…

Ya no pulsaba por alerta.

Pulsaba por decisión.

Y algo en él se había afirmado.

No contra Azu.

Sino por encima de ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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