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Kuchiyuku ōkoku - Capítulo 67

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Capítulo 67: Capítulo 67 — Cuando el cielo responde

Lejos del acero

No avisó a nadie.

No pidió permiso.

Solo caminó.

Más allá del perímetro interno.

Más allá del campo de entrenamiento.

Más allá de las torres de vigilancia.

El terreno se volvía más irregular.

Tierra húmeda.

Rocas partidas.

Un viejo árbol solitario en la colina este.

Ahí nadie iba.

Ahí no había rango.

No había rumores.

No había ojos evaluando.

Solo viento.

Eiden se detuvo frente al árbol.

Apoyó la mano en el tronco áspero.

Respiró.

No estaba tranquilo.

Estaba conteniéndose.

Se dejó caer sentado, espalda contra la corteza.

Miró el cielo gris.

—Estoy cansado.

No fue acusación.

Fue confesión.

Silencio.

—No de pelear.

Tragó saliva.

—De intentar hacerlo bien… y que igual esté mal.

El viento movió apenas las hojas.

Nada más.

—Dije que no dudé.

Cerró los ojos.

—Y sí dudé.

Su mandíbula tembló.

—Dudé cuando preguntaron si soy estable.

Dudé cuando lo dijeron.

Dudé cuando no hablaste.

El pecho se le apretó.

Golpeó la tierra con el puño.

—¡Estoy tratando!

El eco se perdió en la colina.

—¿Sabés lo que es liderar con esto encima? —se golpeó el pecho—. ¿Sabés lo que es sentir que si fallo… arrastro a todos?

Se puso de pie de golpe.

Caminar inquieto.

—Dicen que soy un niño.

Risa amarga.

—Tal vez lo soy.

Se miró las manos.

—No soy suficiente.

Lo dijo bajo.

Más peligroso así.

—No soy suficientemente frío.

No soy suficientemente calculador.

No soy suficientemente… como ellos.

La voz se quebró.

—¿Por qué no me hablás?

Silencio absoluto.

Más denso que en la sala de entrenamiento.

—No te pido poder.

No te pido victoria.

Solo dirección.

Nada.

Su respiración se volvió irregular.

—¡Decime si estoy equivocado!

El grito salió crudo.

No digno.

No firme.

Humano.

Se llevó las manos a la cabeza.

—¡Decime si estoy usando tu nombre para justificar mi miedo!

Silencio.

El cielo comenzó a oscurecerse más.

No dramático.

Natural.

Nubes densas acumulándose.

El viento cambió.

Eiden cayó de rodillas.

No elegante.

No ordenado.

Rodillas en barro.

—Si esto es orgullo, rompelo.

Si estoy siendo ingenuo, corregime.

Pero no me dejes solo en esto.

El primer trueno no fue explosivo.

Fue profundo.

Lejano.

Eiden no levantó la cabeza.

Segundo trueno.

Más cercano.

El viento agitó el árbol.

Hojas cayendo alrededor.

Eiden abrió los ojos lentamente.

El aire cambió.

Carga eléctrica.

La piel erizada.

Un relámpago cruzó el cielo.

No cayó cerca.

Pero iluminó todo por un segundo.

Blanco absoluto.

El corazón le golpeó fuerte.

No era respuesta en palabras.

Pero no era silencio.

El trueno siguiente fue más violento.

Y esta vez el rayo cayó.

A unos cientos de metros.

Impacto contra la tierra.

Explosión de polvo y luz.

Eiden se puso de pie.

No asustado.

Despierto.

No era consuelo.

Era sacudida.

Y entonces—

BOOM.

Eso no fue trueno.

Fue detonación.

Lejana.

Metálica.

Industrial.

Su cabeza giró hacia la base.

Otra explosión.

Más cercana.

El cielo ya no era lo único iluminándose.

Columnas de humo comenzaban a elevarse en el horizonte.

Sirenas.

Leves al inicio.

Luego más claras.

Alarma perimetral.

Eiden se quedó inmóvil medio segundo.

La base.

Un tercer estallido.

Más fuerte.

Sin duda ahora.

Ataque.

Su respiración cambió instantáneamente.

La angustia desapareció.

Sustituida por enfoque puro.

Corrió hacia el árbol.

Detrás de él, semienterrada, estaba la katana envuelta en tela oscura.

La desenterró con un movimiento firme.

La sostuvo un segundo.

Las manos ya no temblaban.

—No necesito una voz —murmuró—. Necesito estar listo.

Se colocó la katana en la espalda.

Ajuste preciso.

Explosión más cercana.

Columna de humo negro elevándose.

La sirena ya era ensordecedora incluso desde la distancia.

Eiden comenzó a correr.

No desesperado.

Rápido.

Controlado.

Cada zancada firme.

El terreno irregular no lo frenaba.

Otro estallido.

Esta vez pudo ver fuego entre estructuras externas.

En la base, luces rojas intermitentes.

Disparos.

Ráfagas automáticas.

El pulso no era miedo.

Era determinación comprimida.

Mientras corría, una idea lo atravesó:

No subes de rango por discurso.

Subes cuando el caos te obliga.

El cielo rugió otra vez detrás de él.

Pero ahora el sonido principal era otro.

Guerra.

La colina terminó.

La base estaba en caos total.

Torres impactadas.

Muro oeste parcialmente destruido.

Vehículos ardiendo.

Soldados corriendo en formación incompleta.

Y en el cielo…

Emblemas.

Oscuros.

Marcados.

Las insignias de los Tops.

Los habían encontrado.

No era escaramuza.

Era invasión directa.

Eiden no se detuvo.

Ajustó el agarre.

Inhaló profundo.

Exhaló lento.

Y cruzó el perímetro.

El juicio había terminado.

Ahora comenzaba la prueba real.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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