Kuchiyuku ōkoku - Capítulo 70
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Capítulo 70: Capítulo 70 — La Bestia del Rango
El polvo aún no había terminado de asentarse cuando la risa del General atravesó el campo abierto.
Grave.
Distorsionada.
—Ya fue suficiente juego.
El aire se comprimió hacia él.
Su cuerpo comenzó a expandirse.
Huesos creciendo.
Músculos desgarrando uniforme.
La capa explotó en pedazos.
La piel se volvió oscura.
Marcas luminosas recorrieron su torso como grietas de magma.
En segundos…
Una bestia de más de quince metros se erguía frente a ellos.
Ojos amarillos.
Mandíbula ampliada.
Cuatro brazos.
Garras que hundían el suelo solo al apoyarse.
El suelo tembló.
Eiden apretó la katana.
El fuego carmesí respondió.
A su lado, Azu levantó el mazo.
—Así que ahora sí muestras tu rango —murmuró.
La bestia rugió.
El sonido dobló árboles.
El primer golpe bajó como un meteorito.
Azu empujó a Eiden.
El puño destruyó el terreno donde estaban.
Explosión de tierra.
Eiden rodó, se incorporó y saltó hacia la pierna de la bestia.
Corte vertical.
Chispas.
La piel era dura como acero reforzado.
La bestia giró con velocidad absurda para su tamaño.
Un segundo puño impactó directo.
Eiden no alcanzó a bloquear completamente.
El golpe lo lanzó atravesando tres árboles.
El cuarto detuvo su cuerpo.
La corteza explotó.
Silencio breve.
—¡EIDEN! —gritó Azu.
La bestia ya venía sobre él.
Azu saltó.
Mazo descendiendo sobre el cráneo monstruoso.
Impacto brutal.
La cabeza se inclinó un poco.
Solo un poco.
La bestia respondió con un manotazo lateral.
Azu bloqueó con el mango del mazo.
Sus brazos temblaron.
El impacto la arrojó varios metros.
Cayó de rodillas.
Tierra levantándose a su alrededor.
La bestia levantó una roca gigantesca.
Más grande que una casa.
La elevó por encima de su cabeza.
Y la lanzó hacia donde Eiden apenas comenzaba a incorporarse.
El cielo se oscureció bajo la sombra de la roca.
Azu gritó—
Pero entonces—
Una figura descendió desde arriba.
Envuelta en llamas.
—¡NO LO TOQUES!
Riku apareció en el aire.
Su cuerpo ardía.
Pero no como antes.
No inestable.
No torpe.
Controlado.
Sus ojos brillaban con fuego puro.
Azu lo miró sorprendida.
—¿Desde cuándo…?
Riku extendió la mano.
El fuego se concentró.
Se comprimió.
Se volvió blanco en el centro.
—¡APÁRTENSE!
Lanzó la esfera.
La bola de fuego impactó la roca en pleno descenso.
Explosión aérea.
Fragmentos convertidos en polvo ardiente.
Una lluvia de chispas cayó alrededor.
La bestia rugió.
Eiden se incorporó del todo.
Respiración pesada.
Costillas doloridas.
Pero consciente.
Riku aterrizó frente a ellos.
Sonrió con esa sonrisa despreocupada de siempre.
—¿Me extrañaron?
La bestia atacó sin pausa.
Un brazo descendió.
Riku lo interceptó con una explosión de fuego en las piernas.
Impulso hacia arriba.
Golpe ardiente directo al antebrazo monstruoso.
Quemadura real.
La bestia retrocedió medio paso.
—Oh… eso sí dolió —gruñó la criatura.
Eiden miró a Riku.
Orgullo silencioso.
La bestia abrió la boca.
Un rugido concentrado en forma de onda expansiva.
Riku creó un muro de fuego.
La onda lo atravesó parcialmente.
Riku fue lanzado hacia atrás.
Se estrelló contra escombros al lado sur.
Tormenta de polvo elevándose.
Silencio denso.
—Riku… —susurró Eiden.
Antes de que pudiera moverse—
Una presencia suave apareció detrás de él.
—Quietos.
Lia.
Vendajes brillando tenuemente.
Sus manos tocaron la espalda de Eiden y el hombro de Azu.
Energía cálida.
No ardiente.
No agresiva.
Estable.
Dolor disminuyendo.
Respiración estabilizándose.
—Tienen treinta segundos —dijo con voz firme, diferente a su tono habitual.
Azu la miró sorprendida.
—¿Desde cuándo das órdenes?
Lia no respondió.
Sus ojos estaban enfocados en la bestia.
Eiden cerró los ojos un segundo.
Sintió las costillas acomodarse lo justo.
Suficiente para seguir.
El polvo al lado sur comenzó a disiparse.
Una silueta ardiente emergía lentamente.
Riku.
Caminando.
Tosió.
Escupió sangre.
Pero sonrió.
—Creo… que ahora sí estamos completos.
La bestia los miró.
Cuatro humanos frente a ella.
Rugió con furia verdadera.
El suelo se partió bajo sus patas.
La batalla acababa de escalar.
Y apenas era el inicio.
Capítulo 70 — Parte 2
El Cielo Responde
La bestia no dudó.
Apenas vio que estaban reorganizándose—
Su brazo cayó con intención de aplastarlos a todos.
—¡AHORA! —gritó Azu.
Saltaron en direcciones distintas.
El puño impactó el suelo.
Explosión de tierra.
Grietas extendiéndose como relámpagos sobre el campo.
Eiden tomó a Lia en brazos y corrió sin mirar atrás.
Rocas cayendo.
Árboles partiéndose.
La bestia giró, pero ya Riku estaba frente a ella envuelto en llamas.
—¡Eh! ¡Mírame a mí, grandote!
Una ráfaga de fuego directo a los ojos.
La bestia rugió y atacó.
Azu apareció por el flanco.
Mazo contra rodilla monstruosa.
Impacto seco.
La distracción funcionaba.
Eiden dejó a Lia detrás de una estructura natural de roca partida.
Zona relativamente estable.
La apoyó con cuidado.
—Quédate aquí.
Ella lo sujetó de la muñeca.
Sus ojos estaban distintos.
No frágiles.
Firmes.
—Eiden…
Él la miró un segundo.
Silencio en medio del caos.
—Después hablamos.
Ella negó suavemente.
Se acercó.
Y lo besó.
En los labios.
No tembloroso.
Claro.
Directo.
Eiden se quedó congelado.
Sus ojos abiertos.
El mundo… callado por dos segundos.
Luego sus manos reaccionaron tarde, apenas sosteniéndola.
Correspondió.
Instintivo.
Breve.
Pero real.
Cuando se separaron, el suelo volvió a temblar.
Explosión lejana.
Eiden respiró hondo.
Sus mejillas ligeramente marcadas por el momento.
—Después —repitió más bajo.
Y se fue.
Corrió hacia el combate.
Riku voló por los aires tras recibir un manotazo.
Cayó rodando.
Se levantó escupiendo sangre.
—¡Plan ya!
Azu aterrizó junto a Eiden.
—Rápido. Te abro guardia izquierda. Cuando baje el brazo, vas al pecho. No dudes.
Eiden asintió.
Riku inhaló profundo.
Las llamas aumentaron.
Creó un muro de fuego gigantesco frente a la bestia.
Una cortina ardiente que ocultó completamente el terreno.
—¡NO PUEDES GOLPEAR LO QUE NO VES! —gritó Riku.
La bestia respondió con furia.
Un movimiento pesado del brazo.
El muro explotó.
Fuego dispersándose.
Pero—
Cuando las llamas desaparecieron—
Eiden y Azu ya estaban ahí.
Demasiado cerca.
Frente al torso colosal.
La bestia reaccionó tarde.
Levantó el puño para pulverizarlos.
Azu dio un paso adelante.
Se plantó frente a Eiden.
—¡AHORA CONFÍA!
El mazo subió.
Puño monstruoso descendió.
Choque brutal.
El impacto generó una onda expansiva que arrancó árboles de raíz.
Azu fue lanzada violentamente hacia atrás.
Pero el puño de la bestia bajó.
Expuesto.
Era el momento.
Eiden no dudó.
Corte diagonal.
La katana carmesí atravesó piel endurecida.
Esta vez sí.
Profundo.
Un tajo ardiente cruzó el pecho monstruoso.
Sangre oscura cayó como lluvia.
La bestia rugió con odio real.
Golpeó con el brazo libre.
Eiden intentó bloquear—
Demasiado tarde.
Salió disparado contra una pared natural de roca.
La roca explotó.
Cayó de rodillas.
Tosió sangre.
El mundo giró.
Pero no cayó.
Se levantó.
Lento.
El fuego de su katana cambió.
Más rojo.
Más denso.
Carmesí absoluto.
Respiración pesada.
Sus ojos ya no eran solo determinación.
Eran furia contenida.
Corrió.
La bestia también.
Velocidad absurda para su tamaño.
Golpes cayendo como lluvia.
Eiden esquivaba apenas.
El suelo se destruía a cada impacto.
Saltó sobre una roca enorme.
Luego otra.
Luego otra más alta.
La bestia lo perseguía aplastando todo.
El cielo comenzó a oscurecerse.
Nubes densas.
Viento girando.
Eiden corrió directo hacia la bestia.
Saltó.
Pisó su cabeza monstruosa.
Impulso total.
Se lanzó al cielo.
Altísimo.
Silencio aéreo.
Tomó la katana con ambas manos.
La llevó detrás de su nuca.
Preparando el corte más brutal que había intentado jamás.
Y entonces—
Un trueno cayó detrás de él.
Pero no fue un rayo común.
Tenía forma de cruz.
Iluminando el cielo oscuro.
La luz marcó su silueta.
El General-bestia abrió los ojos con sorpresa genuina.
Levantó el puño.
Choque.
Puño monstruoso contra katana carmesí.
Explosión.
Una onda expansiva cruzó kilómetros.
Desde el campo central—
Thomas detuvo su combate.
Miró al horizonte.
—¿Ese poder…?
Brisa dejó de sonreír por primera vez.
—Interesante…
Emily abrió los ojos completamente.
—La presión espiritual subió tres niveles…
Incluso Kael, a la distancia, frunció el ceño.
—Lo subestimamos.
En el epicentro—
Eiden descendía empujando el puño monstruoso hacia abajo.
El suelo se hundía bajo la presión.
El fuego carmesí crecía mezclado con la luz del trueno en cruz.
El General rugía.
No de burla.
De esfuerzo.
Eiden gritó.
No de rabia.
De determinación pura.
Y por primera vez—
La bestia fue forzada a retroceder un paso.
Uno solo.
Pero fue suficiente.
El cielo seguía rugiendo.
Y el umbral…
ya no parecía tan lejano.
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