La Ascensión de la Libertad Eterna - Capítulo 158
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Capítulo 158: ¿Crees que eso es libertad?
El deseo era una palabra fuerte. Era lo que impulsaba las acciones de la mayoría de la gente. Aunque no todo el mundo actuaba según sus deseos, conocer el deseo de una persona solía revelar su estado psicológico y su forma de expresarse.
Hazel era una persona inteligente. Después de pensar en ello durante todas las vacaciones y de reunirse con Kaiser en su habitación, se dio cuenta de algo.
«En realidad, no sé lo que quiere Kaiser».
Todo el mundo tenía una razón para asistir a la academia. Para ella, era una forma de ganarse la aprobación de su padre. Para Ariel, era solo un medio para vivir una vida ordinaria, como él la llamaba. La mayoría de los estudiantes restantes venían para que los entrenaran para ser fuertes Despertados y conseguir un empleo en cuanto se graduaran.
Sin embargo, también había quienes tenían razones personales para venir a la academia. Por lo tanto, creía que el deseo de Kaiser estaba relacionado con su venida a la academia.
—Debo decir que tu pregunta es bastante indiscreta —respondió él, mirándola con ojos indiferentes.
Hazel no se dejó intimidar. Se mantuvo segura de sí misma y asintió. —Sí, podrías decir que es indiscreta. Pero aun así quiero saberlo.
Kaiser estudió su expresión y luego se reclinó en la silla. —Suspiro.
Se cubrió los ojos con el dorso de las manos y luego preguntó: —¿Has pensado alguna vez en la palabra «libertad», Hazel?
Hazel parpadeó, sorprendida. Inmediatamente pensó en lo que él preguntaba y respondió.
—¿Libertad? Creo que es un estado en el que no te frena ninguna responsabilidad o cosa por el estilo.
Él asintió sutilmente. —En cierto modo, tienes razón. Al menos, esa es la explicación que se le da a todo el mundo.
—¿Sin embargo…? —preguntó ella, creyendo que él tenía más que decir.
Kaiser dejó escapar un suspiro y continuó: —Creo que la libertad es un estado en el que eres fiel a ti mismo sin ninguna pretensión. Un ser humano se ve abrumado por varias responsabilidades y expectativas.
Hazel bajó la cabeza, pensando en lo que él había dicho.
Ciertamente, las personas tenían la tendencia a querer complacer a los que las rodeaban. Querían cumplir con las expectativas, construir una reputación particular y, quizás, recibir el reconocimiento de los demás.
Sus ojos se abrieron lentamente. «¿Esto… es lo que decide nuestras acciones?».
Momentos en los que había intentado cumplir las expectativas de su padre y recibir su aprobación en el pasado aparecieron fugazmente en su mente, haciéndola sentir en conflicto.
«Pero… yo…».
Kaiser notó la expresión conflictiva de Hazel y luego continuó: —Es extremadamente difícil liberarse de toda influencia, e incluso yo no puedo alcanzar tal libertad.
«Es algo que anhelo, pero que está tan lejos…».
Hazel exhaló y luego lo miró. Kaiser bajó la mano, cruzando su mirada con la de ella.
—Creo que te entiendo —dijo—. Quieres librarte de asuntos molestos. Quieres tener tu propia elección y actuar en consecuencia.
Kaiser permaneció en silencio, mirándola fijamente.
Hazel continuó: —¿Sin embargo, de verdad crees que eso es la libertad?
La mirada de Kaiser no vaciló. —¿Qué quieres decir?
Hazel se inclinó ligeramente hacia delante, con la mirada afilada.
—Dices que la libertad es ser fiel a uno mismo. Pero ¿qué es ser tú mismo, Kaiser?
Él no respondió, simplemente la miró en silencio.
Ella continuó, con voz tranquila pero insistente.
—Si eliminas las expectativas… las responsabilidades… la influencia… ¿qué queda?
El silencio persistió entre ellos, tranquilo pero pesado.
Los ojos de Kaiser se entrecerraron ligeramente. Una mirada de conflicto brilló en sus ojos, pero desapareció de inmediato.
Hazel no se detuvo.
—Los seres humanos son moldeados por todo lo que los rodea. Sus deseos, sus pensamientos, incluso sus metas… no aparecen de la nada.
Su mirada se clavó en la de él.
—Así que si rechazas todo eso… ¿no te estás quedando simplemente vacío?
Por un breve momento, Kaiser no dijo nada. Inclinó la cabeza y parpadeó.
—¿…Vacío? —repitió en voz baja.
—Sí —asintió Hazel—. Hablas de la libertad como si fuera una separación. Como si cortar con todo te hiciera completo. —Sacudió la cabeza con el ceño fruncido en señal de desaprobación—. Pero eso no es libertad. Eso es aislamiento.
Los dedos de Kaiser tamborilearon ligeramente sobre el reposabrazos —una vez, dos veces— y luego se detuvieron. Hazel lo observó atentamente antes de continuar.
—La libertad no es la ausencia de influencia. Es la capacidad de elegir qué te influencia.
Al oír eso, algo parpadeó en sus ojos. Sus labios se curvaron ligeramente hacia abajo.
—Eso significa… que incluso si algo te ata, si lo aceptas, ya no es una restricción.
—¿…Elección? —murmuró Kaiser, con una mirada perdida.
—Sí. —Hazel se reclinó esta vez, suavizando su expresión.
—No necesitas escapar de todo para ser libre. Solo necesitas decidir qué estás dispuesto a cargar.
El silencio cayó de nuevo, pero esta vez, no estaba vacío.
Kaiser bajó la mirada ligeramente, algo poco común en él.
—…Interesante.
Eso fue todo lo que dijo. Sin embargo, Hazel pudo sentir que su tono había cambiado, aunque solo fuera ligeramente.
«¿Suena… diferente?».
—…Así que estás diciendo —continuó lentamente—, ¿que la libertad no es la ausencia de cadenas… sino la aceptación de estas?
Hazel asintió, con los ojos llenos de seriedad. —Las que tú eliges.
Kaiser guardó silencio una vez más. Y por primera vez en su vida, no tuvo una respuesta inmediata.
«Elección…».
La palabra persistió en su mente.
Un concepto tan simple y, sin embargo, algo que nunca había considerado de verdad.
—…Ja. —Un leve suspiro escapó de sus labios—. Ya veo.
Se reclinó, cerrando los ojos brevemente.
—Quizás… lo he estado viendo de la manera equivocada.
Hazel no respondió, pero sabía que él había entendido su punto de vista.
«Si esto es realmente lo que lo hacía tan inactivo, entonces quizás sea su defecto».
Los ojos de Kaiser se abrieron de golpe y la miró directamente.
—Has sido sorprendentemente influyente esta noche. Estoy impresionado.
Las cejas de Hazel se arrugaron en confusión. ¿Por qué parecía que…?
Él le dirigió una mirada peculiar y preguntó: —¿Me pediste que nos reuniéramos por algo, no? No creo que hicieras esto por pura preocupación por un compañero de clase.
Hazel sonrió con amargura. —Como esperaba, viste mis intenciones.
Una expresión seria apareció en su rostro. —Quiero que me pongas a prueba.
Kaiser enarcó una ceja, divertido.
—¿…Ponerte a prueba?
—Sí —asintió ella—. Antes, dijiste que los humanos se ven abrumados por las expectativas… y que la verdadera libertad es difícil de alcanzar.
Hubo una breve pausa mientras afianzaba su determinación.
—Entonces quiero saber cuál es mi posición. Quiero que encuentres mis defectos —continuó ella, con voz firme—, los que no puedo ver.
Kaiser no dijo nada, pero sus ojos brillaron con interés y sorpresa.
«Someterte voluntariamente a la crítica… qué cosa más extraña».
Hazel no apartó la vista, manteniendo su mirada fija en la de él. Tomando su silencio como una señal de que lo estaba considerando, continuó.
—Y si estoy tan atada como crees que lo está la mayoría de la gente…
Sus ojos se afilaron como cuchillas.
—Entonces, rompe esa ilusión.
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