La Ascensión de la Libertad Eterna - Capítulo 86
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- Capítulo 86 - 86 Examen de Entrenamiento de Combate 3
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86: Examen de Entrenamiento de Combate (3) 86: Examen de Entrenamiento de Combate (3) Un zumbido se produjo cuando el autómata levantó su martillo descomunal.
La mirada de Logan se endureció e inmediatamente cruzó los brazos.
Una fracción de segundo después, el martillo descendió sobre él.
¡Bang!
El impacto fue ensordecedor, e hizo que algunos estudiantes retrocedieran asustados.
¿Acaso podía soportar eso?
—¡Fuera!
Logan rugió a pleno pulmón mientras apartaba el martillo de un empujón.
La armadura que cubría sus brazos estaba abollada, pero no destruida.
En cuanto apartó el arma, se abalanzó hacia delante como una bestia salvaje, con la mano derecha extendida como una garra.
La mano se aferró al cuello de la máquina, mientras la otra preparaba un potente puñetazo al torso.
¡Bang!
Su puñetazo se disparó hacia el peto, pero un brazo lo bloqueó.
De inmediato, se distanció de la máquina para esquivar un abrazo mortal y aplastante.
El autómata volvió a levantar el martillo y arremetió contra Logan.
Los ojos rojos del chico se entrecerraron.
«Es demasiado rápido.
No puedo esquivarlo… ¡Solo puedo aguantar el golpe!».
Volvió a cruzar los brazos para aguantar el golpe.
Esta vez, sus botas se deslizaron por el suelo, y la fricción creó chispas.
Siseó al ver el vapor que emanaba de sus brazales.
Ya mostraban signos de resquebrajarse, lo que significaba que no podía aguantar más golpes.
«¡Mierda!
¡Lo atravesaré a puñetazos!».
Mientras se inspeccionaba, el autómata volvió a atacar.
Al ver el arma descomunal acercarse, Logan sintió que el tiempo se ralentizaba ligeramente.
Activó su habilidad —Físico Mejorado— y sintió cómo su piel y sus músculos se endurecían.
Sin dudarlo, dejó que la esencia fluyera hacia sus nodos, potenciando su afinidad con la energía lunar.
Un suave resplandor plateado envolvió su brazo y lanzó un puñetazo directo.
Un martillo y un puñetazo acorazado.
Mientras la clase observaba conteniendo el aliento, ambos chocaron en el aire.
¡BANG!
Contra todo pronóstico, Logan no salió volando por los aires.
En su lugar, tan solo retrocedió cuatro pasos.
Con el impacto, los brazales se habían hecho añicos, dejando al descubierto su piel enrojecida.
—¡Joder, sí!
Al ver que había sobrevivido, los ojos de Logan se encendieron con espíritu de lucha.
De forma temeraria, cargó contra el autómata.
Usó su esencia lunar sin reservas, insuflando a sus brazos una fuerza sobrenatural.
¡Bum!
¡Bum!
¡Bum!
Apartó el martillo de un manotazo y le dio un codazo en la muñeca.
La fuerza del golpe hizo que el autómata soltara el martillo y pasara al modo de combate cuerpo a cuerpo.
Al instante, Logan se arrepintió.
Dos puñetazos consecutivos impactaron en su mandíbula, fracturándosela.
Apretó los dientes y contraatacó con ferocidad.
Como una bestia salvaje acorralada, asestó varios puñetazos en el abdomen del autómata.
Los golpes eran pesados y resonantes, y sus ecos rebotaban en las blancas paredes de la sala.
La armadura se abolló bajo sus puñetazos, pero el autómata apenas reaccionó.
En lugar de eso, soportó el ataque con paciencia y le propinó un fuerte golpe en la cabeza.
¡Crac-!
Se oyó un leve crujido, probablemente de su cráneo.
Logan sintió que el cerebro se le sacudía y su visión se volvió borrosa.
«¡Maldita sea!
Fui un temerario…».
La sangre caliente le brotó de debajo del pelo y le entró en los ojos, tiñendo de rojo su visión borrosa.
Apenas podía distinguir la silueta del autómata, que se le acercaba como un fantasma.
Intentó lanzar puñetazos a ciegas, pero falló todos y cada uno.
El autómata le agarró el puño con frialdad y le dio un fuerte puñetazo en el estómago.
Su armadura se hundió por la fuerza del golpe y salió despedido del escenario.
[«Examen finalizado.
Resultado: Derrota.
Margen: –2.1 %»]
Rina llamó de inmediato al personal médico, que lo llevó con los sanadores para que recibiera tratamiento urgente.
—Fue un temerario…
Hazel suspiró, decepcionada.
Si Logan hubiera luchado con más cabeza, quizá habría durado más.
El desempeño de sus compañeros era realmente decepcionante.
Ojalá hubiera una forma de cambiar eso automáticamente, pero no era más que eso: un deseo.
—El siguiente, Sebastian Hemsworth.
El narcisista de larga melena dorada subió al escenario como si fuera el dueño, con el cuerpo cubierto por una armadura de oro puro.
Un mandoble se materializó en su mano, y esperó con confianza al autómata que le habían asignado.
La máquina negra subió y se plantó frente a él, aún inactiva.
En la mano sostenía un arco de plata, aunque no se veía ningún carcaj.
Sebastian enarcó una ceja.
—Un arquero, ¿eh?
Interesante.
No le afectó el aura pasiva e intimidante que exudaba el autómata.
Una suave brisa le alborotó el pelo y adoptó una postura de combate.
[«Modo de Combate: Nivel 6.
Iniciando combate.»]
Antes de que el autómata pudiera moverse, él ya estaba delante.
Su mandoble descendió con la intención de partirlo en dos.
Sorprendentemente, la máquina lo esquivó con una agilidad sin igual, manteniendo una distancia segura.
Sebastian se rio y se giró para mirar al autómata.
Este había alzado el arco y una flecha de plata, hecha de pura esencia, se materializaba en su mano.
¡Fiuuu-!
La flecha salió disparada al instante, directa hacia Sebastian a una velocidad pasmosa.
El chico giró la hoja de su espada para bloquear el disparo.
Del impacto saltaron chispas mientras la flecha intentaba abrirse paso, pero fue en vano.
La sonrisa de Sebastian se ensanchó y, con indiferencia, desvió la obstinada flecha hacia un lado.
Esta se clavó en la pared de la sala, creando una gran grieta.
—¿Quieres mantener las distancias?
Pues no hay problema.
El autómata disparó varias flechas en rápida sucesión, pero Sebastian las desvió todas con facilidad.
En menos de un minuto, la pared estaba plagada de grietas.
«¿Hm?».
Sonrió con aire de suficiencia e inclinó la cabeza.
Algo pasó zumbando junto a su cabeza y se clavó en la pared que tenía detrás.
—Recurriendo a ataques furtivos, ¿hm?
Qué cobarde y rastrero.
Perdió el interés en el inútil asalto e invocó otra reliquia.
Una elegante pistola roja se materializó en su mano; su diseño prometía una precisión letal.
La levantó y, con indiferencia, efectuó tres disparos consecutivos.
¡Piu!
¡Piu!
¡Piu!
Dos de las balas reforzadas con esencia se clavaron en los hombros del autómata, mientras que la última le impactó en el cuello.
Por supuesto, aquello apenas afectó o mermó sus movimientos, pero el ataque se clasificó como mortal.
El autómata se detuvo y, a continuación, se desactivó.
[«Examen finalizado.
Resultado: Victoria.
Margen: –8 %»]
anunció la voz mecánica, aunque apenas hubo reacción.
La mayoría de los estudiantes estaban demasiado atónitos para hablar, y los que no lo estaban no se molestaron en decir ni una palabra.
Solo la Instructora Rina asintió.
—Impresionante.
Sigue así, Sebastian.
El chico se echó hacia atrás su larga melena y bajó del escenario como un rey.
En lugar de volver a su sitio, se acercó a Kaiser, que miraba con aburrimiento las paredes agrietadas.
—Chico Solace, quiero que me muestres algo más hermoso.
Mirando directamente a aquellos ojos azules y sin luz, Sebastian sonrió de forma radiante.
Lentamente, Kaiser se giró hacia él.
Su rostro no mostraba expresión alguna mientras hablaba.
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