La Ascensión de la Libertad Eterna - Capítulo 92
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92: Casi un color 92: Casi un color Durante el mes siguiente, la vida escolar continuó pacíficamente.
No hubo ninguna trama inesperada, ninguna sorprendente Evaluación Especial, ni se informó de nada en el campus.
Esta sensación de serenidad sumió a los estudiantes en un estado de relajación.
Después de todo, se habían enfrentado a una situación tras otra que les hizo darse cuenta de que aquello no era un simple internado para niños.
En cambio, era un campo de batalla para jóvenes despertados, donde competían en los ámbitos académico, político y de habilidad.
En la Clase-E, la tensión se había disipado en su mayor parte, y la clase había recuperado su atmósfera distendida.
Por supuesto que hubo algunos cambios.
Ya nadie se acercaba activamente a Kaiser.
Hazel, su compañera de asiento, apenas intercambiaba unas pocas palabras con él a diario.
Ysabella también evitaba que la vieran con él, ya que podría dañar su reputación.
Por supuesto, seguía visitando a Kaiser con regularidad en su habitación para desahogar sus frustraciones.
El mayor cambio lo sufrió Eric.
Tras aquel traumatizante incidente, su orgullo había sido aplastado y destrozado sin piedad.
Ya no era el de antes, que siempre andaba gritando y hablando de chicas.
En su lugar, se había convertido en una persona insegura.
Claro que esto solo era en el mal sentido.
Había dejado de ser un estudiante poco serio y se tomaba las clases con mucha seriedad.
Su repentino cambio de comportamiento había hecho que José y Logan también se lo tomaran todo en serio.
Ahora, ya no se reunían solo para jugar o hablar de chicas, sino que leían juntos e incluso entrenaban juntos.
Al terminar las clases, la Instructora Rina les informó antes de marcharse.
—Los exámenes finales son en una semana.
Deberíais iros preparando.
En cuanto salió del aula, Liam propuso hacer grupos de estudio como en los parciales.
Toda la clase aceptó de inmediato, a excepción de Mordica y Sebastian, por supuesto.
«La clase está bajo presión por lo que Kaiser le hizo a Eric».
Observó Ariel, mientras se peinaba con despreocupación el pelo plateado.
«Es realmente bueno con las tácticas psicológicas.
Ahora todo el mundo se toma en serio los estudios y ya nadie se atreve a ofenderlo.
Ni siquiera las otras clases se atreven a decir nada sobre que sea Sherlock Holmes».
Sus ojos verdes recorrieron el aula y luego se posaron en Ysabella.
«Esta chica… hay algo en ella que no cuadra.
¿Se habrá dado cuenta Kaiser también?».
…
Durante la hora del almuerzo, Kaiser se dirigió a la cafetería y pidió un menú equilibrado, repleto de costosos productos vegetales y animales del Reino Nirad.
«Las vacaciones deberían empezar en dos semanas.
Entonces, tendré que abandonar el campus.
Espero que Tío ya haya hablado con el Presidente.
Sería un engorro tener que hacerlo yo mismo».
Pensó mientras comía despacio.
El sabor no estaba mal; lo bastante bueno como para resultarle agradable.
«Estas hormigas.
¿Acaso tienen que mirar tan descaradamente?».
Pensó, sin inmutarse en lo más mínimo por las miradas descaradas que estaba recibiendo.
Desde que había rechazado la propuesta del Vicepresidente Eren, había notado que varios estudiantes de segundo año estaban vigilando sus movimientos.
Algunos incluso mostraban abiertamente su hostilidad con la mirada, intentando presionarlo psicológicamente.
«Un buen método, pero ineficaz en mi caso».
Presionar psicológicamente a un miembro del Clan Solace…
él no sabía qué clase de cosa horrible sería capaz de lograrlo.
No solo porque habían sido entrenados, sino, más aún, porque habían nacido con un bajo apego emocional.
«En fin, es cosa de familia».
Tras terminar de almorzar, dio un paseo ocioso por la escuela para hacer tiempo hasta que acabara el descanso.
Para su sorpresa, al pasar por la puerta de la Clase A, alguien lo llamó.
—¡Eh!
¡Por favor, espera!
Se detuvo y volvió la cabeza, confuso.
La persona que lo había llamado le resultaba familiar.
«Creo que me la crucé en la tienda 24 horas el mes pasado».
Iruca se le acercó corriendo, con una leve sonrisa en los labios.
—Emm… Sé que es raro que te llame así, pero… —vaciló un instante antes de continuar—.
¡Gracias!
—¿Mmm?
—La confusión de Kaiser aumentó, pues no entendía por qué le daba las gracias.
Al notar su confusión, Iruca se lo explicó.
—Ayudaste a mi clase al vendernos las cámaras.
Eso nos ahorró muchísimos puntos y nos permitió llegar a nuestra posición actual como Clase A.
—Ah…
—asintió Kaiser—.
Solo fueron negocios.
La chica sonrió.
—Lo sé, pero aun así te lo agradezco.
Además, recuerdo que me ayudaste una tarde, cuando estuve a punto de tropezar de camino a los dormitorios.
No pude encontrarte después, pero estoy agradecida por ello.
Kaiser frunció el ceño, intentando recordar aquel momento.
No había sido nada especial, ya que solo había sujetado a alguien que iba con prisas para que no le bloqueara el paso al caerse.
No se esperaba que fuera Iruca, y mucho menos que le diera las gracias por ello.
—Vale, agradecimiento aceptado.
¿Contenta?
—dijo, levantando el pulgar con torpeza, desacostumbrado a una pureza tan genuina.
Iruca sonrió y asintió.
—Si alguna vez necesitas ayuda, no dudes en pedírmela.
Kaiser asintió y se marchó a toda prisa.
Estar cerca de alguien tan puro lo hacía sentir incómodo; como la oscuridad incapaz de soportar la presencia de la luz.
«Aún no posee un color… porque algo se lo está impidiendo».
Se detuvo y miró hacia el lugar donde ella había estado.
Sin esperárselo, había encontrado a otra persona como Maya y el Presidente Anthony.
«Esta chica es realmente especial… Es capaz de hacerme sentir incómodo…».
Sus ojos centellearon y se deleitó con esa caótica sensación.
Una sonrisa demencial asomó a sus labios, pero pronto se desvaneció como una mentira.
No muy lejos, Tamara lo observaba a escondidas.
Había estado siguiendo sus movimientos por su cuenta durante los últimos días.
Por supuesto, Adela estaba al tanto, pero la heredera Oriental lo había ignorado con calma, permitiéndole actuar сon libertad.
«Este tío… ¿qué clase de expresión demencial era esa?».
Aquello le dio un poco de repelús, y frunció el ceño.
Sin embargo, pronto le restó importancia y siguió tras él.
Estuvo deambulando sin rumbo fijo y luego regresó a clase justo un minuto antes de que sonara el timbre.
«Hoy no ha hecho nada especial.
Mmm, a ver…».
Sacó una pequeña libreta y garabateó algo en ella.
Cuando lo perdió de vista, se dio la vuelta, dispuesta a regresar a su aula.
De repente, una chica de pelo corto y verde y penetrantes ojos negros apareció de pie tras ella.
Sus miradas se cruzaron al instante y el ambiente se cargó de tensión.
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