La Ascensión del Cultivador Tramposo - Capítulo 518
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Capítulo 518: Los Grandes
Y como si el destino se burlara de él, prediciendo algo que no quiere que suceda, Su Xiaotian dejó escapar un suspiro desde lo más profundo de su ser; un suspiro de decepción, aparentemente, debido a que sus días de paz en este lugar estaban a punto de terminar.
—¿Por qué demonios suspiras, mocos…? —comenzó a hablar una de las figuras enmascaradas con el mismo tono que habían usado antes, como si fueran personas por encima de los seres de este campo de trabajo, pues sentía que no debían experimentar semejante falta de respeto.
Sin embargo, antes de que pudiera terminar la frase, las palabras parecieron atascársele en la garganta al sentir un impulso primario de alejarse de donde estaba; un impulso que lo abrumó tanto que no pudo evitar dar un par de pasos para alejarse de la figura del joven similar a un inmortal.
Sintiendo la misma sensación que el que acababa de hablar, las otras figuras enmascaradas replicaron sus movimientos y dieron unos pasos hacia atrás, revelando la cautela que todos sentían hacia el joven que tenían delante.
«Es igual que esa persona…», pensó para sí una de las figuras con una expresión espantosa en el rostro mientras observaba al joven erguirse de su cómoda postura encorvada para atender los cultivos cercanos, antes de negar con la cabeza, aterrorizado por el hecho de que tal pensamiento le hubiera surgido en la mente.
—¿Hay algún problema, ejecutores? —oyeron las figuras enmascaradas la voz del joven similar a un inmortal, casi como si la presión y el terror que habían sentido antes no fueran más que una ilusión. Era una voz suave y tranquila, opuesta a la sensación opresiva que les acababa de hacer sentir; su expresión, a pesar de ser fría, tenía un toque de familiaridad y calidez que los hizo sentir a gusto, como si fuera capaz de sostenerlo todo aunque los mismos cielos se derrumbaran.
—N-nada en absoluto. Al parecer, hay algunas cosas sobre las que Los Grandes quieren preguntar… y se nos ha encargado traerlo a su lugar, señor… —declaró una de las figuras enmascaradas, aparentemente la verdadera líder de este grupo al llevar la única máscara con una marca. La voz ligeramente vacilante y femenina que salió de la máscara hizo sonreír al joven similar a un inmortal.
—L-lo siento, ¿puedo saber su nombre? —preguntó la dama, mientras hacía todo lo posible por controlarse; esa sonrisa la hacía sentir como si la parte inferior de su cuerpo estuviera a punto de derretirse y obligarla a caer al suelo en ese mismo instante.
—Ah, sí, por supuesto. Soy un humilde sirviente que tuvo la suerte de ser recogido por la Señora Liliana en alguna parte… —A pesar de su comportamiento humilde, haciéndose pasar por alguien inocente, o más bien inexperto, era evidente el inconfundible aire de superioridad, esa grandeza similar a la de un inmortal en la forma en que se desenvolvía, lo que hizo que los dos que habían venido a por él se preguntaran si lo que decía sobre su procedencia era cierto o no.
—Xiaotian, Su Xiaotian —afirmó alto y claro, provocando que apareciera algo de confusión en los rostros de estos dos ejecutores, que se preguntaban qué clase de nombre peculiar era ese.
«Impresionante, es exactamente la misma reacción que la de Liliana», pensó para sí mientras observaba la confusión en los rostros de estos ejecutores; rostros que podía ver con demasiada claridad a pesar de que las máscaras los ocultaban de la vista de los demás. Esta confusión no duró mucho, ya que la líder del grupo volvió a hablar.
—Su, como dije antes, algunos de Los Grandes están interesados en llevarlo a su lugar, por eso estamos aquí en esta plantación… —aclaró la líder, dándose cuenta solo ahora de que podría haber un problema si querían llevar a este joven a ese lugar.
—¡Líder! ¿Por qué le estamos hablando con tanta educación a esta persona? ¡Vamos a agarrarlo y a sacarlo de este lugar! —se quejó uno de los más agresivos del grupo, que no pudo evitar sentirse molesto por tener que bajar la cabeza ante un humano como este, una situación que nunca en su vida pensó que tendría que pasar.
Olvidando la presión y el terror que les había hecho sentir, la mayoría de ellos también estuvo de acuerdo con las palabras de quien acababa de hablar, todos con un tono apresurado, casi como si intentaran terminar la situación lo más rápido posible, como si estuvieran evitando que algo —un problema— sucediera.
Sin embargo, por mucho que les hubiera gustado llevarse al joven sin problemas, las cosas no iban a salir como querían, al menos por hoy. Sintieron una presión dominante y desoladora sobre sus cuerpos, que parecía obligarlos a arrodillarse, y algunos de los más débiles cayeron de bruces al perder el conocimiento con la llegada de la raíz del problema en el que estaban pensando.
Y esta raíz del problema del que desconfiaban descendió, y un rastro de orgullo en su voz se extendió por el campo; una voz melodiosa como un carrillón en primavera y, sin embargo, también fría y calmada, como el arroyo fresco y helado que le quita el calor al cuerpo después de tomar el sol en verano.
—¿Quieren algo de él? —preguntó la dama, descendiendo al suelo sin hacer un solo ruido, con un rastro de ira aparente en su voz tranquila. Sus pupilas rubí carmesí miraban fijamente al grupo de ejecutores enmascarados con una luz gélida que les hizo sentir que la muerte se acercaba.
—S-señorita L-Liliana, algunos de Los Grandes quieren conocer a esta persona suya… —dijo la líder del grupo con voz temblorosa, mientras recordaba los recientes incidentes protagonizados por esta dama; cosas que hicieron que incluso la gente de ese lugar sintiera bastante recelo y curiosidad por ella, y algunos incluso se preguntaban si deberían invitarla a sus filas.
—¿Los Grandes? Pff… Fufufu~~~ jeje~~~ ¡¡¡jajajaja!!! —Al oír esas palabras, la dama no pudo evitar mostrar un rastro de ira en su rostro, una ira que se desvaneció de inmediato y fue reemplazada por una mirada de diversión, luego una sonrisa que se esforzó por ocultar antes de que se convirtiera en un ataque de risa totalmente impropio de ella, con ambos brazos alrededor de su estómago mientras se esforzaba al máximo por detener su risa durante un buen rato.
—Oh… Los Grandes… ajajá… qué gracioso… —Volvió a hablar cuando por fin consiguió controlar su ataque de risa, llevando una de sus níveas manos a su encantador rostro para secarse las lágrimas que le habían brotado. Con una sonrisa en el rostro, comenzó a caminar hacia adelante en medio de aquella gente enmascarada, con un andar confiado e indiferente a cualquier truco que pudieran intentar, casi como si estuviera segura de que, aunque lo hicieran, ni siquiera lograrían acercársele antes de que acabaran con ellos.
—Díganle a sus Grandes que se vayan a la mierda, o también pueden venir y dar la cara aquí si se atreven.
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