La Aventura Pecaminosa del Multimillonario - Capítulo 224
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224: Capítulo 224 224: Capítulo 224 Emmeline asintió, examinando con atención los rasgos de Yuna.
No detectó ningún odio en los ojos de la otra mujer, lo que parecía una buena señal.
—¡Pero eso no significa que no estés enfadada por lo que ha pasado!
En cuanto terminó de vestirse, Yuna cogió bruscamente su abrigo del perchero.
—No me perturba tanto el beso en sí como el hecho de que pareciera disfrutarlo.
Emmeline se apretó la ropa contra el pecho, observando cómo Yuna se ponía el abrigo con indiferencia.
—No me molestaría tanto si hubiera notado su aversión a besar a otra mujer delante de mí.
Pero es un hombre al que le encantan las experiencias nuevas, como él mismo dijo.
¿Quién soy yo para intentar cambiar su naturaleza?
Sintiéndose provocada por el modo en que Yuna hablaba de Zavian como si ella fuera inocente, Emmeline replicó: —Quizá solo quiere ponerte celosa.
Yuna se giró hacia ella, con un destello de esperanza en la mirada.
—¿De verdad lo crees?
Aliviada de que Yuna no pareciera sospechar de ella, Emmeline tuvo que fingir que se ponía de su parte para proteger su pequeño secreto.
—Cuando uno de los dos siente que el otro no le presta suficiente atención, tiende a intentar provocar celos para reavivar esos sentimientos.
Yuna se ajustó la capa sobre los hombros, pareciendo sopesar seriamente las palabras de Emmeline.
—Quizá lo que dices sea verdad.
Yuna cogió el bolso de la silla y se dirigió a Emmeline en un tono más tranquilo.
—Te esperaré fuera.
Emmeline forzó una sonrisa.
—No tardaré.
Cuando Yuna salió, se dejó caer en la silla con las manos sobre el pecho.
—Eso ha estado muy cerca.
Una vez que su corazón desbocado se calmó, empezó a cambiarse de ropa.
No tardó en llegar Minnie a la habitación.
Emmeline esperó a que terminara de vestirse para poder salir juntas.
El grupo tomó un aerocoche de vuelta al complejo turístico y se separaron en la planta compartida para que cada pareja fuera a su propia suite.
Acordaron reunirse a las diez para la cena y las celebraciones de Nochevieja.
Emmeline se quitó el grueso abrigo, lo tiró en el sofá y se desplomó en la cama junto a Richard, que había llegado antes que ella.
Se durmió casi al instante, indiferente a la presencia de él a su lado.
Emmeline se despertó a las nueve para empezar a prepararse para la velada.
Eligió un largo vestido rojo de seda con una atrevida abertura lateral que dejaba ver sus piernas, junto con un elegante abrigo de piel negro.
Después de recogerse el pelo en un moño pulcro y maquillarse con un pintalabios de color vino, despertó a Richard de su letargo.
A las diez en punto, bajaron al vestíbulo, donde la pareja Kim ya los esperaba.
Minnie llevaba un vestido blanco ajustado hasta la rodilla con un abrigo por encima.
Se acercó corriendo y emocionada en cuanto vio a Emmeline.
—¡Oh, Emmy está monísima con ese vestido rojo!
—exclamó, cogiendo la mano de Emmeline y haciéndola girar en círculo—.
Vas a eclipsarnos a todas esta noche.
¡Puede que tenga que elegir otro vestido para mí!
Emmeline se rio de las payasadas de su amiga antes de dejar de girar con una sonrisa.
—Ni intentes halagarme, Minnie.
Nadie en esta sala puede hacerte sombra.
Envidio tu figura perfecta.
Minnie soltó la mano de Emmeline dándole una palmada juguetona en el hombro.
—Con esos tacones de infarto, tu altura también es perfecta.
Su intercambio de cumplidos fue interrumpido por la voz de Richard.
Minnie le dedicó una mirada de apreciación a Richard.
—Su esposo es un hombre afortunado, señora Maine —sonrió con picardía.
Taehyung se adelantó con un traje marrón claro y le lanzó una mirada penetrante a Richard.
—Ambos estáis estupendos, y además habéis llegado puntuales.
Richard le devolvió la mirada con aire competitivo.
—No puedo creer que le estés tirando los tejos a una mujer casada cuando ni siquiera tienes nada con que tentarla.
—Parece que ya estamos todos —dijo Zavian con su profunda voz, cortando el pique entre ambos hombres.
Emmeline se giró hacia él con anhelo, siguiéndolo con la mirada hasta que se sentó junto a ella, con Yuna a su lado.
Su traje, completamente negro, tenía los dos primeros botones desabrochados de forma tentadora.
—Casi nos perdemos nuestra cita para cenar —dijo Yuna en un tono amistoso, con el brazo entrelazado con el de su esposo—.
Ha sido un día extremadamente estresante para nosotros, así que nos ha costado estar listos a tiempo.
Zavian miró a todos con imparcialidad, aunque su mirada se detuvo un poco más en Emmeline, incapaz de apartar los ojos por completo.
—Ese rojo le sienta de maravilla, señora Maine —dijo casi sin aliento, dejando a todos desconcertados.
Emmeline se olvidó por completo de la irritación que le producía el abrazo posesivo de Yuna y, en su lugar, se entregó a un tímido deleite.
—Bueno, gracias, señor Blackthorn.
—Se sonrojó.
—El señor Blackthorn parece muy cercano a Emmeline esta noche —comentó Minnie, arqueando una ceja con picardía—.
¿Es un efecto persistente de ese apasionado beso francés que os disteis antes?
Emmeline sintió que se le cortaba la respiración.
El miedo se apoderó de ella al sentir que su secreto estaba a punto de ser descubierto.
—La…
atractiva apariencia de Emmeline esta noche podría estar atrayendo la mirada errante de cualquier hombre —espetó Yuna con un tono cortante.
Su rostro se había vuelto de piedra y su expresión carecía por completo de calidez.
—Estaba a punto de halagar también a la señora Kim —intervino Zavian—, pero su impaciencia es demasiado transparente.
Me temo que sus suposiciones son erróneas.
Un silencio incómodo se extendió entre ellos.
Emmeline casi podía saborearlo en la lengua…
los celos, el deseo y la furia apenas contenida que bullía justo bajo la superficie.
—Señora Kim —rompió Zavian por fin el tenso silencio, dirigiendo su mirada a la otra mujer—, usted es la verdadera estrella de la noche, está deslumbrantemente preciosa.
Emmeline sintió cómo fruncía el ceño en un arrebato de irritación y celos, sabiendo perfectamente que esas palabras halagadoras no eran sinceras.
Pero Minnie aceptó el cumplido con una sonrisa radiante, aparentemente ajena a las tensiones subyacentes.
—Oh, es usted muy amable —dijo ella efusivamente, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia—.
Pero su esposa es mucho más femenina y elegante que esta servidora.
La mención de Yuna le recordó al instante a Emmeline el agarre posesivo que tenía en el brazo de Zavian.
Lo miró con un fastidio apenas disimulado, clavando las uñas con saña en la tela de su abrigo.
Obligándose a seguirles el juego, Emmeline ofreció una sonrisa forzada.
—Tú también estás preciosa, Yuna —consiguió decir con los dientes apretados.
Una sonrisa complacida, casi depredadora, se dibujó en los labios de Yuna mientras se pavoneaba ante el cumplido.
—Gracias a los dos —ronroneó prácticamente, con aire de satisfecha suficiencia.
Emmeline tuvo que resistir el impulso de poner los ojos en blanco.
La mujer era una desvergonzada con sus descarados intentos de marcar territorio.
Como si no bastara con su agarre en el brazo de Zavian, se inclinó aún más, prácticamente cubriéndolo con su cuerpo en una clara muestra de posesión.
—Intento mantenerme…
presentable —continuó Yuna con voz sedosa—.
Por el bien de mi esposo, por supuesto.
Sus ojos brillaron con un desafío al encontrarse con la mirada de Emmeline, retándola a reaccionar.
El mensaje subyacente era claro: «¡Es mío!».
Emmeline sintió que apretaba la mandíbula con una furia apenas contenida.
¡Qué descaro el de esa mujer!
Actuando como la gata satisfecha que se ha bebido la nata, cuando sabía de sobra lo que realmente pasaba a puerta cerrada.
Taehyung pasó el brazo por los hombros de Minnie.
—¿Nos vamos ya al restaurante?
Tras eso, el grupo caminó en silencio detrás de la pareja Kim.
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